La dadivosidad de Dorcas

Dorcas era un mujer buena y trabajadora. Era muy querida, casi como doña Beatriz por los niños de su vecindario. Algunos le decían Tabita otros le decían Dorcas.

Tabita creía en el Señor Jesús. Ella había escuchado decir que Él ayudaba a los que tenían necesidades. Por eso, ella quería hacer lo mismo.

Tabita vivía en Jope. Se esmeraba en hacer buenas obras y en ayudar a los pobres. Ella era costurera; cosía vestidos y túnicas, especialmente para las viudas.

¿Crees que Tabita tenía muchas amigas? Eso no sería raro, tan buena que era.

Muerte de Dorcas

Un día sucedió algo muy triste. Tabita enfermó gravemente, y murió. Todos los que la conocían se pusieron tristes.

–Tenemos que avisarle a Pedro que Tabita ha muerto –dijeron sus amigas.

Algunas mujeres lavaron el cuerpo de Tabita y lo pusieron en una sala. Dos hombres fueron a traer a Pedro, uno de los apóstoles que había estado con Jesús. Él estaba en Lida, una ciudad cercana, y vino rápidamente a Jope.

Al llegar Pedro, las mujeres le mostraron los vestidos y las túnicas que Tabita hacía cuando estaba con ellas.

–Mira, hermano Pedro –decían, llorando–. Tabita era muy buena. Mira las túnicas que cosía. Mira estos vestidos.

Dorcas resucita

Pedro mandó que todos salgan de la sala. Al quedar solo, se arrodilló junto al cuerpo de Tabita y oró al Señor. Luego, mirando al cuerpo muerto, dijo: «Tabita, levántate.»

¡Y Tabita abrió los ojos!

–¿Dónde estoy? ¿Qué ha pasado? –preguntó ella.

–No te preocupes –le dijo Pedro–. Dame la mano y te voy a ayudar. Has estado un poco enferma, pero ya estás bien.

Cuando Tabita se levantó, Pedro abrió la puerta y llamó a todos para que entraran.

–¡Tabita, Tabita! –gritaron las mujeres, abrazando a su querida amiga–.¡Qué alegría es tenerte viva otra vez!

Las noticias de la resurrección de Tabita corrieron por toda la ciudad. «¡Tabita ha vuelto a vivir! ¡Dorcas está viva!»

Y la gente comenzaba a creer en Jesús.

«¿Has oído la última noticia? –se preguntaban unos a otros–. Tabita estaba muerta, ¡pero está viva!»

Dios había hecho un lindo milagro para una buena mujer.

Invitada de honor

Los niños del Club habían estado ocupados haciendo trabajos y mandados para llenar otro «frasco de amor». Pepita sugirió que lo den a la abuelita Damaris, una anciana que vivía sola. Pepita sentía amor y compasión por ella.

Cuando doña Beatriz lo puso a votación todos estuvieron de acuerdo. Decidieron que Pepita fuera a buscarla y la trajera al Club. Y eso es lo que hizo.

Ahora la abuela Damaris estaba con ellos, sentada en un sillón de honor, sintiéndose como una reina.

Al terminar de contar la historia, doña Beatriz se volvió hacia la invitada de honor, y dijo:

–Amada Damaris, le tenemos una sorpresa. En un «frasco de amor» los niños reúnen dinero para alegrar a alguien. Pepita ha sugerido que esta vez el frasco sea para usted.

–¿Para mí? ¿Por qué para mí? –preguntó la anciana.

–Porque usted es la abuelita más linda de nuestro vecindario –dijo Pepita, y se acercó para entregarle el frasco.

–La quiero mucho –dijo la niña, y le dio un fuerte abrazo.

Seamos dadivosos

–En mi juventud yo era como Dorcas –dijo la abuelita Damaris–. Yo cosía ropa para los niños pobres. Ahora tengo mala vista y no puedo coser. Pero me gusta ayudar.

Los niños se emocionaron y empezaron a hacerle preguntas. La vecina Damaris les contó acerca de los niños que habían recibido los vestidos y las camisas que ella cosía.

–Ahora Dios me está premiando con un regalo –dijo ella–. Gracias, niños. Su gesto de amor me llena de alegría.

Doña Beatriz pidió a Sal que leyera Proverbios 19:17, y Sal leyó:.

Servir al pobre es hacerle un préstamo al Señor;
Dios pagará esas buenas acciones.

 

Era cierto, ¡Dios estaba premiando a la abuela Damaris!

 

Dadivosidad = Generosidad

La próxima semana hablaremos de una prueba de dadivosidad
que es la HOSPITALIDAD
.

MIS PERLITAS

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Recibe los milagros que Dios quiere hacer en tu vida.

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De cojo olvidado a príncipe restaurado

Sal y Pimienta me hacen pensar en David y su amigo Jonatán –dijo doña Beatriz–. Siempre los veo juntos.

–Es verdad –dijo Pimienta–. Sal es mi mejor amigo. Pero ahora tenemos un nuevo amigo. Sal ha invitado a Samuel a andar con nosotros.

–La buena amistad dura toda la vida –dijo la buena vecina–. ¿Recuerdan la promesa que hicieron David y Jonatán?

–Hicieron un pacto de amistad –dijo Pepita–. Jonatán prometió cuidar de la familia de David si algo le pasaba a su amigo.

David y Jonatán hicieron un pacto de amistad

–Y David prometió cuidar de la familia de Jonatán –dijo Estrella–. Jonatán era hijo del rey Saúl.

El rey Saúl y su hijo Jonatán murieron en una batalla. Por muchos años Saúl odió a David y buscaba matarlo.

¿Crees que David se alegró por la muerte de su enemigo? ¡No! David lloró la muerte del rey Saúl. Mucho más lloró por la muerte de su gran amigo Jonatán.

Mefi-boset, el hijo de Jonatán

Jonatán tenía un hijo pequeño, que se llamaba Mefi-boset. Cuando llegó la noticia de que el rey Saúl y su hijo Jonatán habían muerto en la guerra, la nana del niño lo tomó en sus brazos para escapar. Con el apuro, se le cayó a Mefi-boset y el pequeño quedó herido de los pies, cojo para siempre.

Dios había escogido a David para que sea el próximo rey del pueblo de Israel. David fue proclamado rey y estableció la capital de su reino en Jerusalén. Pasaron los años. El rey estaba ocupado en defender su reino de los enemigos. Pero no se olvidó de su amigo Jonatán y del pacto de amistad que habían hecho.

David piensa en su amigo Jonatán

Un día, mientras pensaba en su amigo, David decidió averiguar si había alguien de la familia de Jonatán a quien pudiera beneficiar. Tenía que cumplir la promesa que le había hecho a su buen amigo.

David mandó llamar a Siba, que había sido administrador del rey Saúl y su familia. Le preguntó si quedaba alguien de la familia de Saúl a quien pudiera ayudar.

Siba se presenta ante el rey David

¿Qué había pasado con el hijo de Jonatán que quedó cojo cuando su nana lo hizo caer? Ahora era un hombre adulto. Siba le informó al rey acerca de Mefi-boset, el hijo de Jonatán.

Mefi-boset va al palacio

–Su Majestad –dijo Siba–. Queda un hijo de Jonatán; pero está cojo.

Eso no le importó a David. De inmediato mandó a buscarlo.

–¿Creen que Mefi-boset se emocionó cuando el rey lo hizo llamar? –preguntó doña Beatriz a los niños.

–¡Sííí! –gritaron todos.

¿O habrá sentido miedo? Mefi-boset no sabía que su padre había hecho un pacto de amistad con David. Sin duda se sintió muy nervioso, preguntándose por qué el rey lo había mandado a llamar.

Mefi-boset se inclina ante el rey David

Al llegar al palacio, Mefi-boset se inclinó ante el rey en señal de respeto.

–No tengas miedo –le dijo David–. Tu padre Jonatán y yo éramos buenos amigos. En memoria de él voy a cuidar de ti. Te voy a devolver todas las tierras de tu abuelo Saúl. Además, de ahora en adelante, comerás conmigo todos los días.

–¿Quién soy yo para que el rey se fije en mí? –dijo Mefi-boset–. ¡No valgo más que un perro muerto!

David no consideró a Mefi-boset como un perro muerto. ¡El hijo de su amigo era valioso! No le importó que Mefi-boset estuviera cojo y que la gente lo despreciara.

Mefi-boset le traía hermosos recuerdos de su amigo, con quien había hecho un pacto de amistad.

David promete restaurar a Mefi-boset
las tierras de su abuelo Saúl

Siba tenía quince hijos y veinte criados. David les encargó que cultivaran los terrenos que habían sido de Saúl, porque ahora se los daba a Mefi-boset. Siba debía encargarse de entregar toda la cosecha a Mefi-boset y su familia.

De un día para otro todo cambió. ¡Mefi-boset ya no era un cojo olvidado, sino un príncipe restaurado! A su servicio estaba toda la familia de Siba, el hombre que antes había sido el administrador de su abuelo.

Mefi-boset come siempre a la mesa del rey

Desde ese día Mefi-boset fue a vivir en Jerusalén, y siempre se sentaba a la mesa con el rey David. Se cumplió el pacto que hicieron dos buenos amigos.

¿Tienes amigos? Valora su amistad. Sé un buen y fiel amigo como el rey David. En las buenas y en las malas, defiende a tus amigos. ¡Cuida el precioso regalo de la amistad!

MIS PERLITAS

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La ofrenda generosa de Sara

Una tarde cuando los niños se reunieron en casa de doña Beatriz para el Club Tesoros, se sorprendieron al ver unas muletas junto a la mesa donde la buena vecina tenía su Biblia.

–¡Muletas! –gritó Pimienta–. Quiero andar con muletas.

–Nadie toca mis muletas hasta después de la clase –dijo doña Beatriz–. Después de la historia saldremos al jardín y uno por uno probarán a andar con las muletas.

Pepita le dio un abrazo a su amiga Estrella, emocionada al pensar que las dos andarían con muletas.

Doña Beatriz les contó acerca de Sara, una niña inválida que no podía salir a jugar con otros niños. Todos los días se arrodillaba junto a la ventana y miraba a los niños que jugaban frente a su casa. Muchas veces Sara lloraba porque no podía jugar con ellos.

Muletas para Sara

Sara vivía con su mamá y sus dos hermanitos. Ellos eran pobres; sin embargo, su mamá empezó a ahorrar dinero para comprarle muletas a su hija. Le daba mucha tristeza verla llorar.

Después de ahorrar por mucho tiempo pudo comprarle un par de muletas. ¡Imagina lo feliz que se sintió Sara al recibirlas! Ahora podía salir de la casa para estar con los niños cuando jugaban.

Sara tuvo que practicar para aprender a usar las muletas. Al poco tiempo las manejaba como una experta.

Sara recibe a Jesús

Ahora que tenía muletas, Sara podía acompañar a sus amigas a la escuela dominical. Sara llevó a sus hermanitos, y su mamá también fue con ellos.

Un inolvidable domingo, Sara recibió en su corazón al Señor Jesús. Le pidió perdón por sus pecados y lo aceptó como su Salvador. ¡Cómo cambiaron las cosas! Ya no tuvo que sentirse sola. Ahora tenía un Amigo que siempre estaba con ella.

La visita de un misionero

Poco tiempo después un misionero llegó de visita a la iglesia. Había venido para contar sus experiencias acerca de otras tierras, donde los niños también querían oír acerca de Jesucristo.

Cuando el misionero terminó de hablar, el pastor anunció que recogerían una ofrenda para que niños en otros países oyeran acerca de Jesús.

¿Qué daría Sara?

Sara no tenía ni un solo billete para dar como ofrenda, ni siquiera una moneda. Ella tenía muchas ganas de dar algo y pidió al Señor Jesús que le diera una idea.

«Mi amado Salvador Jesús –oró Sara–, quisiera dar algo para que otros niños escuchen de ti. No tengo nada para dar como ofrenda. ¡Ayúdame, Señor!»

Cuando el plato de las ofrendas llegó adonde estaba Sara, rápidamente una idea cruzó por su mente. ¡Eso es lo que daría! Tomó sus muletas y las puso atravesadas sobre el plato.

Luego oró otra vez: «Amado Jesús, me siento feliz por darte las muletas. Te pido que las uses para que niños de otras tierras puedan ser salvos.»

La mejor ofrenda

Jesucristo contestó de forma maravillosa la oración de Sara. Un buen hombre, que amaba al Señor, «compró» las muletas de Sara. Luego se las devolvió. Todo el dinero lo puso en el plato de las ofrendas.

Los hermanos adultos se avergonzaron al ver la ofrenda que dio la niña inválida. Sacaron nuevamente sus billeteras y dieron más ofrendas. ¡El plato se llenó hasta rebosar!

¡Ese día hubo gran alegría en la iglesia! Las piernas de Sara no podían saltar, pero su corazón saltaba de alegría. Ahora muchos niños podrían oír el mensaje del amor de Dios.

Cuando le tocó a Pimienta andar con las muletas, había una pregunta en su corazón: ¿qué daría a Jesús? Tal vez te preguntas lo mismo. Cada uno tiene algo. Lo más valiosos es que entregues tu corazón a Jesús.

MIS PERLITAS

En Mis Perlitas está la historia para imprimir. Hay dibujo para colorear, una actividad, tarjetas con el versículo, láminas y multimedia.

Bety y la muñeca de Navidad

Era el mes de la Navidad. Los niños del Club Tesoros hablaban de regalos y lo que esperaban recibir. Doña Beatriz decidió contarles la historia de una niña que aprendió que hay más gozo en dar que en recibir, y que el bien que hacemos a otros, vuelve a nuestra vida.

Bety tenía una muñeca que sus padres le habían comprado con mucho esfuerzo. Ella les había rogado tanto, tanto que decidieron prescindir de algunas cosas que necesitaban en el hogar para que ella tuviera la muñeca. La recibió en Navidad.

¡Qué alegría sintió Bety al tener la muñeca de sus sueños! Los primeros días la llevaba a todas partes; comía con la muñeca y dormía con la muñeca. Al poco tiempo, pasó la novedad y la muñeca quedó tirada en un rincón del dormitorio.

Bety volvió a los juegos que le encantaban. Trepaba árboles con sus hermanos, jugaba a las escondidas con los niños vecinos, saltaba a la soga con sus amigas, y jugaba con su rubics.

UNA COLECTA DE JUGUETES

Un día la mamá de Bety le dijo que en la iglesia estaban haciendo una colecta de víveres y juguetes para alegrar a algunas familias en Navidad. Le sugirió que regalara su muñeca.

¿Su muñeca? ¡Nunca! No quería regalar su muñeca.

–Hijita, no juegas con la muñeca –le dijo su mamá–. Otra niña se puede alegrar muchísimo si se la regalas.

Bety se puso muy terca y por poco hace pataletas.

–¡No, no! ¡Es mí muñeca! ¿Por qué tengo que regalarla?

La mamá no insistió; solo le dijo:

–Hijita, el bien que haces a otros, vuelve a tu vida.

El pastor había animado a todos en la iglesia a dar algo para alegrar la Navidad de algunas familias. Bety reconoció que su muñeca había pasado casi todo el año tirada en un rincón; pero era su muñeca y no quería regalarla.

Abrazó a su muñeca querida y le susurró al oído: «¿Por qué tengo que regalarte? ¡Eres mía! ¡Siempre serás mía!»

Esa noche fue difícil para Bety dormir. Solo podía pensar en la muñeca y en alguna niñita que podría alegrarse al recibirla. Sus padres habían ahorrado dinero para comprarle la muñeca y ella no la había apreciado. ¡No merecía tener esa muñeca!

Al fin decidió que la regalaría. ¡Sorpresa, sorpresa! Al decidir ser generosa, se durmió tranquila.

TODOS DIERON ALGO

Cada uno en la familia regaló algo que le era precioso. Pepe regaló su auto de juguete, Yolanda regaló su chompa favorita, Andrés regaló su avioncito, y Olga regaló su pelota. ¿Y Bety? Aunque un poco de mala gana, regaló su muñeca.

–Dios te bendiga, hijita –dijo su mamá–. No olvides que el bien que haces a otros, vuelve a tu vida.

–Dios bendiga a cada uno de mis hijos por su generosidad –dijo el papá–. La Biblia dice que Dios ama al que da con alegría. Me siento contento de tener hijos generosos.

Al día siguiente la mamá llevó la caja a la iglesia. Bety se preguntaba quién tendría la suerte de recibir su muñeca.

SORPRESA EN NOCHEBUENA

Pasaron los días y llegó la Navidad. Bety casi se había olvidado de la muñeca que había regalado.

En Nochebuena toda la familia se reunió para celebrar el nacimiento del Salvador. El papá abrió su Biblia y leyó la historia de la primera Navidad. Fue interrumpido por alguien que tocó la puerta.

La mamá fue a ver quién era y regresó con una caja grande.

¡Qué emoción! Bety y sus hermanos se reunieron alrededor de la caja. Era la primera vez que recibían una caja con regalos en Nochebuena. Había un regalo para cada uno de los niños. Cuando Bety abrió su regalo, ¡era su muñeca!

–¡Mi muñeca! –gritó Bety con todas sus fuerzas, y la abrazó.

La mamá de Bety tenía razón: el bien que hacemos a otros, vuelve a nuestra vida.

SEAMOS GENEROSOS

Bety nunca ha olvidado la lección que aprendió esa Navidad acerca de la generosidad.

Cuando damos con generosidad, cosechamos con abundancia. Era verdad lo que había dicho la mamá de Bety, que una niña se alegraría mucho al recibir la muñeca. Bety no se había imaginado que ella sería esa niña.

–Sean generosos –dijo doña Beatriz–­. Nunca se sabe cómo el bien que hacemos volverá a nuestra vida.
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–Yo quiero ser un dador como panal de miel –dijo Sal.

–A veces soy como esponja –dijo Pimienta–. Tienen que exprimirme para que dé. Pero quiero aprender a ser generoso.

–Tengo una muñeca que puedo regalar ­–dijo Pepita–. Quiero dársela a una niña que no tenga muñeca.

Así, ese día, los niños del Club hicieron planes para ser generosos y alegrar con sencillos regalos a muchos niños.

¿Quisieras tú ser un dador como panal de miel?

LOS DADORES

En MIS PERLITAS hay lindo material que acompaña a esta historia.

 

Mira el video de la historia: https://www.youtube.com/watch?v=H1VkqgePKJ8

 

La generosidad de Abram

Cuando Dios llamó a Abram y le prometió que haría de él una nación grande, Abram salió de su tierra y fue a una tierra que Dios le mostraría. Abram salió sin saber adónde iba. Pero estaba seguro de que Dios lo iba a guiar.

En el largo viaje hacia una tierra desconocida, Abram y su esposa Sarai, recorrieron como 1.650 kilómetros (mil millas). Demoraron días, semanas, y meses. En el viaje los acompañó su sobrino Lot con su familia.

Abram era un hombre rico. Tenía mucho ganado y muchos siervos. Una vez llevó a 318 de sus siervos para defender a su sobrino contra reyes que le hicieron guerra. Eso fue porque Abram y Lot se habían separado. ¿Por qué se separaron?

ABRAM Y LOT SE SEPARAN

Lot también era un hombre rico en ganado. Hubo peleas entre los pastores de Lot y los pastores de Abram. La tierra de Canaán, adonde Dios había llevado a Abram era hermosa, con lindos prados para el ganado. Aun así no era suficiente para que viviesen ambos juntos.

Abram y Lot eran buenos amigos; pero era un problema que había peleas entre los pastores de ellos, porque no había pasto suficiente para todo el ganado. A veces los pastores se confundían entre las ovejas de Lot y las de Abram.

–Querido sobrino –le dijo Abram a Lot–, no quiero que haya peleas. Es mejor que nos separemos. La tierra es grande y espaciosa; no hay porqué pelear. Si tú vas a la izquierda, yo voy a la derecha. Si tú vas a la derecha, yo voy a la izquierda. Escoge, sobrino.

Lot miró la tierra que estaba delante de él. Vio un valle hermoso y fértil, con lindos pastos para el ganado. Lot escogió la mejor tierra. Así fue como las dos familias se separaron.

Lot, con todo lo que le pertenecía, fue a vivir en la tierra que había escogido. Abram, a quien Dios le dio todas esas tierras, se quedó a vivir en las colinas.

UN HOMBRE GENEROSO

Abram era bueno. No le importó que Lot haya escogido lo mejor. Él sabía que Dios estaba con él y que lo seguiría ayudando en todo. Dios habló nuevamente a su amigo Abram:

«Levanta la vista y mira desde el lugar donde estás; mira hacia el norte y el sur, hacia el este y el oeste. Todo lo que ves será para ti y tu descendencia para siempre. ¡Recorre todo el país, porque a ti te lo daré!»

Dios vio el corazón generoso de Abram y le confirmó la promesa de hacerlo una nación grande. Para que todos supieran esto, Dios le cambió el nombre de Abram a Abraham, que significa padre de muchos.

A Sarai, la esposa de Abram, Dios le puso el nombre de Sara, que significa princesa.

Abraham y Sara eran ancianos y no tenían hijos. ¿Cómo podría Abraham ser padre de muchos? A los cien años de edad Dios le dio un hijo, Isaac. Con ese hijo se cumplió la promesa. Nuestro buen Dios siempre cumple lo que promete.

DIFERENTES DADORES

Al contar esta historia a los niños del Club Tesoros, doña Beatriz les habló de tres clases de dadores:

1. Dadores como piedra.

Para conseguir algo hay que darles duro con el martillo, y sólo salen chispas y polvo. A duras penas dan una limosna.

2. Dadores como esponja.

Para obtener agua hay que exprimir la esponja; mientras más se exprime, más agua da. A muchas personas hay que empujarlas para que den.

3. Dadores como panal.

El panal de miel se desborda con su propia dulzura. Hay dadores que sienten alegría al dar, sin que nadie les pida favores. La Biblia dice que Dios ama a quienes dan con alegría.

Ser generoso es como sembrar semilla. Más semilla, mayor cosecha. No demos lo que nos sobra, sino algo de valor para nosotros.

Si Roberto está comiendo unas ricas uvas, y viene su hermanito, y Roberto le dice: «Toma las que quieras», esa es una actitud generosa. Pero si Roberto de mala gana le invita con las más feas de sus uvas, eso no es generosidad.

UN REGALO GENEROSO

–Esta semana, cada uno haga un regalo generoso –les dijo doña Beatiz a los niños del Club–. Obsequien algo que tengan, no que compren. Denlo a un niño o a una niña que lo necesite más que ustedes. No regalen algo que no les sirve, o que les sobra, y háganlo con alegría.

Digamos que tienes una caja de galletas. No te las comas tú solo, sino compártelas. Sentirás la alegría de ver a todos felices comiendo las ricas galletas.

Sal, Pimienta, Pepita, Estrella, y los demás niños del Club decidieron ser generosos para alegrar a un niño o a una niña.

¿Y tú? ¿Qué puedes hacer para alegrar a alguien?

En MIS PERLITAS hay lindo material para acompañar a esta historia.

Instrucciones: Arbolito navideño

 

La niña más buena

Competencias. Hay distintas clases de competencias. ¿Has participado alguna vez en una competencia? Cuando yo era niña y vivíamos un tiempo en Canadá, gané una competencia por traer más invitados a la escuela dominical. Pero había un problema. Estábamos en camino al Perú, donde mis padres iban a hacer obra misionera.

¿Cuál era el problema? El premio que gané fueron unos canarios. Esos pajaritos no podían viajar con nosotros. El viaje de Canadá al Perú iba a ser primero en auto, desde Toronto hasta Miami en Florida. De allí íbamos a viajar en barco y no nos permitían llevar a bordo una jaula con canarios. ¡Tuve que dejar mi premio!

Los profesores prometieron vender los canarios y mandarme el dinero. Ese dinero se perdió por el camino. ¡Quizá se lo comió un pez! Nunca llegó, y quedé muy decepcionada. ¿De qué vale ganar un premio si no lo puedes disfrutar?

VOTACIÓN POR EL NIÑO MÁS BUENO

Ahora vamos a hablar de otro tipo de competencia. En uno de los canales de televisión de mi país hicieron votación por el niño más bueno. ¿Qué harías tú para ganar ese puesto?

Sierra, una niña de 7 años, sanada de cáncer de los riñones, quiso hacer algo por los niños enfermos en el hospital. Ella y su hermana mayor empezaron a reunir dinero para llevar regalos a estos niños. Cuando ella va al hospital conversa con los niños y les da buenos consejos.

Kayden, un niño de 6 años, inició una campaña de «Sonrisas para Navidad». Cuando se enteró de que su tío, que es militar, iba a pasar la Navidad en Afganistán, él y sus compañeros de clase en la escuela hicieron tarjetas para alegrar a los soldados. Este amiguito hizo más de 300 tarjetas para los soldados.

Jayla, una niña de 5 años, hizo bolsitas con regalos para los niños que viven en la calle. Tuvo esa idea cuando vio a una madre con su hijita que mendigaban.

Colin, un niño de 8 años, se ocupó en reunir casacas y abrigos para niños pobres. Su meta fue reunir 100 casacas o abrigos y entregarlos por medio del Ejército de Salvación. Le vino la idea cuando vio a una madre y su niño sin abrigos en el frío del invierno.

Tavin, un niño de 5 años, entregó todos sus ahorros para ayudar a las víctimas de un tornado. Él dice que su trabajo es ayudar a los necesitados.

Ser chico no significa que no se puede hacer algo grande por otros. En esta competencia, ¿quién fue nombrado el más bueno?

Después del conteo de los votos, Sierra salió ganadora. La niña que lleva regalos a los niños en el hospital fue nombrada «la niña más buena».

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UN NIÑO CON HABILIDADES DIFERENTES

Alguien que no entró en la competencia fue Zach (se pronuncia Zak). Durante toda su vida ha apoyado a su hermano discapacitado, un niño con habilidades diferentes. Siempre lo ha cuidado con mucho amor. Su esperanza es que cuando lleguen al cielo, su hermano va a correr y hablar, porque su hermano es sordomudo y cojo.

Zach ahora va a ingresar a la universidad para estudiar pediatría. Quiere especializarse en niños con habilidades diferentes, para ayudar a niños como su hermanito.

Un niño sordomudo y cojo es tan importante como cualquier niño. Todos llegan al mundo con promesa y esperanza; cada uno trae su propia bendición. A un niño discapacitado debemos apreciarlo por los talentos y las habilidades que tiene. Todos podemos contribuir con algo.

¿QUÉ PUEDES HACER?

¿Qué podrías hacer tú esta Navidad para traer sonrisas? Piensa en tu escuela, tu vecindario, tu iglesia… Pide que Dios te muestre lo que puedes hacer para alegrar a alguien.

Podrías ayudar a un niño con sus tareas escolares; podrías ayudar a un anciano con algún mandado; podrías ayudar a tu mamá con la limpieza… cualquier cosa que hagas para ayudar traerá sonrisas.

Regala muchas sonrisas en esta Navidad. Te quiere, Tía Margarita

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Todos los materiales pertinentes a esta historia están en MIS PERLITA.

 

Ayuda para Tía Matilde

tia Matilde 5Los niños del barrio le decían Tía Matilde.

Todos la querían por su sonrisa de sol y sus ojos buenísimos. Susana, Carlos, Rita, Esteban, Maritza, Pedrito, y todos los demás niños pasaban más tiempo donde Tía Matilde que en sus casas. Apenas llegaban de la escuela, se cambiaban de ropa, y ¡a correr donde la Tía!

LA PUERTA CERRADA

Tía Matilde tenía una pequeña pastelería y hacía los dulces más ricos de toda la ciudad. Hasta de otras ciudades venían para comprar sus ricos pasteles, y los niños juntaban sus propinas para comprar dulces en la pastelería.

Una tarde cuando los niños llegaron a la pastelería la puerta estaba cerrada.

–Tal vez Tía Matilde ha ido a su casa a traer alguna receta –dijo Pedrito.

–No lo creo –dijo Susana–. Ella sabe de memoria todas las recetas.

–¡Ah, pero allá viene! –gritaron los otros niños.

–Niños –dijo la Tía al llegar–. Hoy tuve que tomar una siesta. Estoy muy cansada, tan cansada que creo que tengo que cerrar la pastelería.

–¡No! ¡No! –gritaron los niños, angustiados–. ¿Qué haremos sin sus ricos pasteles?

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LOS NIÑOS AYUDARON

–Pensábamos que usted no se cansaba –dijo Maritza–. Creo que nosotros podríamos ayudarle.

–¡Sí! ¡Sí! –dijeron todos con entusiasmo.

–En la escuela dominical cantamos un coro que me gusta mucho –dijo Carlos–. «Y si todos trabajamos unidos…» Ésta es nuestra oportunidad de trabajar juntos.

–Yo voy a barrer –dijo Esteban.

–Yo voy a lavar las ollas –dijo Rita.

–Perdónenos por no haberle ayudado antes –dijo Susana.

Todos inmediatamente se pusieron a trabajar; todos menos Carlos, que se fue a su casa.

EL CARTEL DE CARLOS

Media hora más tarde Carlos volvió con un cartel en la mano. Todos lo leyeron juntos:

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–Descanse usted, Tía –dijo Carlos–. El lunes nosotros lo tendremos todo bien limpio y usted podrá trabajar con nuevas fuerzas.

–Gracias, niños. Ésta ha sido la mejor sorpresa de mi vida. Nunca pensé tener vecinitos tan amables. Creo que iré con ustedes a la escuela dominical. Muchas veces me han invitado y no he ido. Ahora que ustedes me ayudarán podré ir.

LA TÍA FUE A LA IGLESIA

Ese domingo los niños llegaron muy alegres a sus clases. Y traían de la mano a su «visita». La tía más querida del barrio al fin había ido con ellos a la iglesia. Todo porque los niños pusieron en práctica lo que habían aprendido:

«Y si todos trabajamos unidos… ¡qué gozo será!»

tia Matilde coLa pastelería siguió con sus puertas abiertas. De uno y otro lado venía gente para comprar los ricos pasteles; todo como antes.

NO TODO COMO ANTES

Pero todo no era como antes. Porque ahora la Tía Matilde estaba más alegre y más descansada. Ya no trabajaba tan duro, porque todas las tardes unos niños muy amables iban a ayudarla. Y todos los domingos ese grupo de niños generosos iba con la tía a su querida escuela dominical.

SÉ GENEROSO

Tú también puedes ayudar. Piensa en alguna persona a quien últimamente has visto cansada. Ofrécele tu ayuda y verás cómo se va a alegrar.

Es más; tú también te sentirás feliz, porque estarás haciendo lo que el Señor Jesús quiere que hagas: ¡AYUDAR!

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Para imprimir:  Ayuda para Tia Matilde color    Ayuda para Tia Matilde

Para colorear: Tia Matilde   Póster: Prov 11_25   Actividad bíblica:  Generosidad