El error de Balín

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Balín era un perrito inteligente y cariñoso. Vivía con sus amos en una casa de campo. Le encantaba corretear con su amo, un muchachito llamado Javier.

Cuando Javier iba a la escuela Balín lo esperaba sentado a la puerta, y cuando su pequeño amo llegaba a casa daba saltos de alegría. Luego Javier lo abrazaba y el perrito le lamía la cara.

–Tú eres mi mejor amigo –le decía Javier a su querido perrito. Como si Balín comprendiera lo que le decía Javier, se paraba en dos patitas y con las otras dos abrazaba a su amo y amigo.

–Yo quiero que siempre estés conmigo –le repetía Javier muchas veces–. Me encanta cuando me lames la cara.

¡Y como si Balín comprendiera, lo lamía más!

UN HERMOSO INSECTO

Un día cuando Balín jugaba en el patio, se fijó en un insecto que andaba en el suelo. Al perrito le interesó el insecto y se acercó para mirarlo. El insecto tenía un cuerpo de hermoso color azul y sus alas eran de rojo vivo.

Después de dar unas vueltas alrededor del insecto, Balín comenzó a dar saltos y a ladrar; pero se cuidaba de no acercarse demasiado. Si Javier hubiera estado en casa le hubiera dicho: «¡Cuidado, Balín!» Pero Javier estaba en la escuela.

TENTADO POR EL INSECTO

El insecto estaba indiferente, y seguía andando, a la vez que movía sus hermosas alas, como si tratara de atraer a Balín. Balín se puso más valiente y se acercó poco a poco al insecto.

Las hermosas alas rojas del insecto lo tentaban. Como el insecto no le hacía nada, decidió una vez por todas mostrarle que él era más grande y fuerte. Muy decidido, pisó con una de sus patitas al insecto.

Parece que el insecto sólo estaba esperando el momento preciso, porque con la rapidez de un rayo se dio vuelta, sacó un aguijón que hasta ese momento tenía escondido, y lo clavó en la patita de Balín.

UN GRITO DE DOLOR

¿Te imaginas el grito de dolor que dio el pequeño Balín? Se fue corriendo en tres patitas, dando gritos de angustia: «¡Guau, guau, GUAU!» Con esto aprendió una lección importante: no hay que jugar con los insectos.

Cuando Javier llegó de la escuela lo encontró sentado en el fondo del jardín, lamiendo su patita.

–¿Qué te pasa, amiguito? –le preguntó a su querido Balín.

Como los perros no pueden hablar, lo único que hizo Balín fue mirar a su amo con ojos grandes y tristes. En vez de lamerle la cara a Javier, seguía lamiendo su patita.

Javier tomó a Balín en sus brazos y lo llevó a la cocina, donde estaba su mamá. Ella examinó la patita de Balín y encontró el aguijón. ¡Qué alivio para Balín cuando se lo sacó!

–¿Qué hiciste perrito travieso? –dijo la mamá.

Lo único que Balín hizo para contestar fue mover rápidamente la cola y lamer la cara de su amo Javier.

¡Qué bueno era para Balín estar en los brazos de su amo!

EL AGUIJÓN DEL PECADO

La experiencia de Balín nos enseña algo importante. En la vida hay muchas cosas que buscan atraer nuestra atención. El diablo quiere atacarnos con el aguijón del pecado.

Ten cuidado con lo que miras en la televisión y cuídate de los juegos en video, que pueden llenar tu mente con mucha violencia. Si tienes acceso a computadora o a un teléfono, cuídate de los lugares que visitas en la Internet.

Así como a Balín le pareció interesante jugar con el insecto, hay niños que juegan con el pecado. No se dan cuenta del gran peligro que representan las cosas que el diablo presenta como bonitas y atractivas.

RESISTE LA TENTACIÓN

La Biblia considera dichosos a los que resisten la tentación. ¿Sabes por qué? Cada vez que haces lo bueno en vez de lo malo, ganas una victoria sobre el pecado. El premio de obedecer a Dios es la vida eterna.

Así como Javier amaba a su perrito Balín, y nunca quería separarse de él, Dios te ama y quiere que siempre estés con Él.

Pero Dios es santo y puro, y en su presencia no puede haber pecado. Por eso Jesucristo vino al mundo para ser nuestro Salvador. Si aceptas su amor podrás estar siempre con Dios.

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En MIS PERLITAS está todo lo que corresponde a esta historia.

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