Flores para Bety

Bety amaba a doña Clara. Era su vecina favorita. Doña Clara siempre estaba alegre, y cuando iba a hacer compras, casi siempre traía algo para los niños del barrio.

Un día Bety recibió un hermoso paquete de doña Clara. Se lo trajo Tito, su hijo mayor. ¡Qué emoción! Bety corrió al dormitorio y cerró la puerta con llave. Quería estar sola para ver que lo que doña Clara le había mandado.

UNA GRAN DESILUSIÓN

Con mucho cuidado, para no malograr el papel, Bety abrió el paquete… pero, ¡qué desilusión! En el paquete había un macetero con flores marchitas.

Bety se echó sobre la cama a llorar. ¿Qué le habré hecho a doña Clara para que me haga esto? ¡Ni más le voy a hablar! ¡No voy a ir a las clases bíblicas en su casa! ¡No, no voy a ir!

Pasaron dos días. En la tarde Bety se encontró con doña Clara en la tienda de la esquina. Volteó la cara para no tener que saludarla, aunque ella sabía que era feo hacer eso. Bety estaba muy enojada. Pero doña Clara la vio y, con una sonrisa, le preguntó:

–Dime, Bety, ¿recibiste mi regalo? ¿Te gustó?

–Sí lo recibí y ni más pienso ir a esas clases de Biblia que usted da en su casa. ¡No me gustan flores marchitas!

LA LUCHA EN EL CORAZÓN

–Bety –dijo cariñosamente la amable señora–, sólo quería darte una lección. Muchas veces te he preguntado si no quisieras entregar tu vida al Señor Jesús, y siempre dices que lo vas a hacer cuando seas viejita. ¿No te das cuenta de que el Señor te quiere ahora cuando eres niña? Tú quieres darle tu vida cuando Él ya no pueda usarla para mucho.

Bety estaba callada mirando al suelo. En su corazón había una lucha. Al escuchar a doña Clara comprendió muchas cosas. Cuántas veces Jesús le había dicho: «Dame tu corazón», y ella había contestado: «Cuando esté viejita.»

UNA FLOR FRAGANTE

–Tu vida es como una flor fragante y hermosa –siguió diciendo doña Clara–. Todavía tienes el perfume de una vida inocente y limpia. El Señor Jesús quiere conservarte siempre así. ¿No quisieras darle tu vida joven y hermosa, o quieres marchitarte en pecado y maldad?

–No me importa. Quiero hacer MI VIDA –dijo Bety.

EL LUGAR VACÍO

Llegó el día de la clase bíblica y el lugar de Bety estaba vacío. Pasaron varias semanas y Bety ya no iba a escuchar las clases. Doña Clara estaba muy triste; pero cada día oraba por Bety.

Los compañeros de Bety también oraban por ella, para que volviera a las clases. Pero más que nada para que Bety comprendiera la importancia de seguir a Cristo.

BETY SE ARREPIENTE

Una tarde, cuando doña Clara estaba limpiando su pequeño jardín, llegó Bety. Llorando, se echó al cuello de su querida vecina y, entre sollozos, dijo:

–Lo siento mucho, doña Clara. Me he portado muy mal. ¿Puede usted perdonarme?

–Sí, Bety. Por supuesto que te perdono.

–No quiero esperar más para entregar mi corazón a Cristo. ¿Quisiera ayudarme a hacerlo?

¡Qué alegría para doña Clara! Con mucho amor le explicó a la niña cómo entregar su vida al Señor Jesús.

–Jesús, perdóname por haberte rechazado –oró Bety–. Gracias porque diste tu vida en la Cruz para darme la salvación. Te doy mi vida. Quiero ser una flor fragante en tus manos. ¡Quiero servirte toda mi vida!

EL MEJOR DÍA

Para Bety fue un día inolvidable; el mejor de todos.

No hay nada mejor que entregar nuestra vida a Cristo. La Biblia dice que Dios y los ángeles en el cielo se alegran cuando un pecador se arrepiente.

¿Te has arrepentido? ¿Has entregado tu corazón a Cristo? Si no, hazlo ahora mismo. Dale la fragancia de tu vida cuando eres niño. No esperes hasta que seas grande.

En MIS PERLITAS está la historia para imprimir; hay una hoja para colorear, un póster, láminas, y actividad.

Jaime y el huevito de Pascua

Jaime era un muchachito alegre de doce años de edad; pero tenía un problema. Su cuerpo  había desarrollado casi normalmente pero su mente era como la de un niño de siete años.

A veces Jaime actuaba como los muchachos de su edad pero otras veces se portaba como un niño de segundo grado. Su profesora tenía poca paciencia con él.

JAIME Y SU MAESTRA

Un día la maestra habló con los padres de Jaime. Les dijo que debían poner a su hijo en una escuela para niños con necesidades especiales. Eso los sorprendió, porque Jaime estaba contento en su escuela y amaba mucho a su maestra. No había cerca de allí una de esas escuelas.

La maestra pidió a Dios que la ayudara a tener paciencia con Jaime. A veces él entraba al salón gritando con fuerza: «La quiero mucho, maestra.» Entonces la señorita Doris se ponía roja como un tomate.

UN HUEVO DE LA NUEVA VIDA

Se acercaba la Semana Santa. La maestra contó a sus alumnos la historia de la muerte y resurrección de Jesús. Les dijo que Jesús vino para darnos vida nueva. Después dio a cada uno de los niños un huevo de plástico vacío.

–Quiero que cada uno ponga en su huevo algo que represente la nueva vida que Jesús vino a darnos –dijo la señorita Doris–. Traigan mañana sus huevos.

Todos respondieron con entusiasmo; todos menos Jaime. Él sólo miraba atentamente el rostro de la maestra. No quería perderse ni una palabra de lo que ella decía. La maestra, a su vez, se preguntaba si Jaime había comprendido la tarea que les había asignado.

LA CANASTA CON HUEVOS

Al día siguiente todos los niños llegaron entusiasmados, cada uno con su huevo de plástico. Pusieran los huevos en una canasta que la maestra tenía en su pupitre. Después de la clase de matemáticas ella los abriría.

Cuando abrió los huevos, ¿qué crees que encontró?

En el primer huevo había una flor.

–La flor es una buena representación de vida nueva –dijo la maestra.

Luego abrió otro huevo. En ese huevo había una oruga. Era el huevo de Rosita. Ella sonrió alegre cuando la maestra dijo:

–La oruga crece y se transforma en mariposa. ¡Qué buena representación de vida nueva!

La señorita Doris siguió abriendo huevos. Algunos tenían una cruz o un clavo.

Cada huevo tenía algo que representaba que Jesús murió por nosotros.

EL HUEVO VACÍO

Después llegó a un huevo que estaba vacío. La maestra se quedó callada y pensativa.

–Maestra, ¿no va a decir nada acerca de mi huevo? –preguntó Jaime, entusiasmado.

Un poco nerviosa, la maestra respondió que el huevo estaba vacío.

LA TUMBA VACÍA DE JESÚS

–Sí, profesora –dijo Jaime–. Mi huevo está vacío porque la tumba de Jesús estaba vacía.

–¿Sabes por qué la tumba estaba vacía? –le preguntó la maestra.

–Oh, sí –respondió Jaime–. Cuando Jesús murió en la cruz lo pusieron en una tumba. Pero Dios abrió la tumba y Jesús salió. Él no está muerto. ¡Jesús vive!

La señorita Doris se sintió avergonzada. Ella había dudado de Jaime. Pero ese muchacho, de mente poco desarrollada, era el que mejor había comprendido la vida nueva que Jesús nos da.

LA MARAVILLA DE LA SEMANA SANTA

La gran maravilla de la Semana Santa es que Jesús murió en la cruz, y que resucitó. ¡Él vive! Tenemos un Dios vivo, que está a nuestro lado en todo momento.

Jesús murió y resucitó para ser nuestro Salvador. ¿Has recibido a Jesús en tu corazón? Para ser salvo, cree en Jesucristo y recíbelo como tu Salvador. Esa es la decisión más importante de tu vida.

Mira la historia en YouTube:  El huevito de Pascua

En MIS PERLITAS encontrarás las ayudas para esta historia.

 

El muchacho que ya no tuvo miedo

Teodoro vivía en la selva del África, donde había leones, elefantes, tigres, leopardos… Había muchos otros animales salvajes, que si tú los vieras seguramente tendrías miedo.

Teodoro era valiente y sabía defenderse de los peligros de la selva. Pero había algo que le daba mucho miedo.

Todos lo sabían. A veces los muchachos del pueblo donde vivía Teodoro se burlaban de él. ¿Qué le daba mucho miedo? ¡La oscuridad!

MIEDO A LA OSCURIDAD

En la selva del África la oscuridad puede ser tan negra como el carbón. Teodoro nunca quería andar solo de noche. Los leones y los tigres no le daban tanto miedo como la oscuridad.

Una noche, Teodoro y algunos de sus amigos estaban conversando con el misionero que había llegado al pueblo. ¿Sabes lo que es un misionero? Es alguien que lleva el mensaje del amor de Dios a otras tierras.

Los muchachos hablaban del temor. Aunque a veces se burlaban de Teodoro porque él no quería andar solo en la oscuridad, ellos también tenían temores. Los muchachos temían a los brujos y los espíritus malos.

El misionero les había enseñado acerca del Señor Jesús, que puede quitarnos el temor y darnos su paz.

–¿Sabían ustedes que Teodoro ya no tiene miedo? –dijo el misionero–. Él ha entregado su corazón a Cristo.

EL TÍMIDO TEODORO TOCA LA CAMPANA

Los muchachos no podían creer que el tímido Teodoro no tuviera miedo.

–Pidan a Teodoro que vaya a la iglesia a tocar la campana –les sugirió el misionero.

Todos se rieron. Eso les parecía imposible. Era de noche y no había luna. La oscuridad, de veras, era negra como el carbón. ¿Quién se atrevería a salir solo?

Entonces Teodoro salió a la oscuridad. Los muchachos se miraron asombrados. Al rato se escuchó el repicar de la campana de la iglesia. Cuando Teodoro regresó, los maravillados muchachos le preguntaron si no tuvo miedo.

Con una sonrisa, que mostraba sus hermosos dientes blancos, Teodoro les contestó que ahora amaba a Jesús y que ya no tenía tanto miedo.

GANÓ RESPETO

Desde ese día los muchachos ya no se burlaron de Teodoro. Cuando salió solo en la oscuridad y fue a tocar la campana de la iglesia, se ganó el respeto y la admiración de los que antes se habían burlado de él.

¿Crees que Teodoro ya no sentía miedo? Siempre temblaba un poco cuando salía a la oscuridad; pero el saber que Jesús estaba con él le daba ánimo. Cuando sus amigos le preguntaban cómo era que ya no tenía miedo, Teodoro respondía: «Amo a Jesús. Por eso no tengo miedo.»

DOS MISIONEROS VALIENTES

Muchísimos años antes de que Teodoro corrió a tocar la campana esa noche negra como el carbón, en una fría y oscura celda estaban sentados dos hombres, con las espaldas completamente heridas por azotes. Tenían los pies aprisionados en unas maderas llamadas cepos.

Esos dos hombres eran Pablo y Silas, dos misioneros que habían viajado a Europa para predicar el evangelio.

¿Por qué estaban en la cárcel? ¿Habían robado? ¿Habían matado a alguien? ¡No! ¿Qué habían hecho? Una muchacha adivina había sido sanada en el nombre de Jesús. Sus amos se enojaron porque ella ya no podía adivinar y traerles ganancias. Acusaron a Pablo y Silas ante las autoridades; por eso estaban en la cárcel.

Lee en Hechos 16:11-34 el emocionante milagro que Dios hizo para ponerlos en libertad.

NO TEMAS

En el frío de la noche Pablo y Silas cantaron alabanzas a Dios. No tenían miedo porque Jesús estaba con ellos.

Con la ayuda de Dios Teodoro venció sus temores. Así también tú puedes vencer el miedo.

Si contaras todas las veces que en la Biblia dice «no temas», encontrarías una para cada día. Dios quiere que sepas con toda seguridad que Él está contigo. ¡No temas!

En MIS PERLITAS están las ayudas para esta historia.

Fanny, una ciega agradecida

Cierra los ojos e imagina cómo sería vivir así. Imagina que nunca hubieras visto la luz del sol, las maravillas de la naturaleza, los rostros de tu familia, ni siquiera tu propio rostro. ¿Cómo crees que sería eso?

¿Has visto alguna vez a un ciego? Los ciegos suelen caminar con una vara blanca para sentir lo que hay en su camino y para que la gente sepa que allí va un ciego.

Durante todos los tiempos ha habido ciegos. Dios ha puesto una advertencia en su Palabra de que no pongamos tropiezo a los ciegos; más bien, debemos ayudarles.

 

Fanny Crosby, poeta ciega que escribió 8.000 himnos.

JESÚS Y LOS CIEGOS

Cuando Jesús estuvo en la tierra sanó a muchos ciegos. Una vez Él escupió en los ojos de un ciego para sanarlo; otra vez hizo barro para untar los ojos de un ciego. «Ve a lavarte en el estanque de Siloé», le dijo.

¿Qué crees que pasó? El ciego fue a lavarse y, por primera vez en su vida, pudo ver. ¡Qué maravilla!

Si fueras ciego, ¿quisieras recibir la vista? Uno de los ciegos sanados por Jesús se llamaba Bartimeo. Cuando él clamó por ayuda, Jesús le preguntó: «¿Qué quieres que haga por ti?»

El ciego dijo: «Quiero ver.» ¡Y recibió la vista!

LA CIEGA FANNY CROSBY

Hace muchos años, una bebé llamada Fanny quedó ciega. Fanny vivió 94 años sin ver nada. Nunca vio a sus padres. Tampoco vio a sus amigas, y muchas veces no podía hacer lo que ellas hacían. Pero decidió algo importante, que aunque no pudiera ver, sería feliz y estaría agradecida en todo.

Fanny aprendió a leer y escribir en Braille, el alfabeto de los ciegos. Cada letra es un conjunto de puntitos. En vez de leer con la vista, los ciegos «leen» con los dedos.

Durante toda su vida Fanny escribió poesías y canciones. Esas canciones eran alabanzas a Dios, que se llaman himnos. ¿Puedes creer que escribió 8.000 himnos?

LA PRIMERA POESÍA DE FANNY

A los ocho años de edad Fanny escribió su primera poesía, que es toda una expresión de alegría. Esto escribió:

Soy una persona muy feliz aunque no puedo ver.
Me he propuesto que en este mundo satisfecha voy a ser.
¡Cuántas bendiciones tengo, que otros no pueden tener!
No voy a llorar y suspirar por ser ciega. ¡No, no lo voy a hacer!

LA ABUELA DE FANNY

Fanny quería mucho a su abuela, que le describía todas las cosas hermosas que ella no podía ver: el amanecer y la puesta del sol, las estrellas, las nubes… Y le contaba de los pajaritos y sus costumbres. Mientras Fanny tocaba y olía las flores, su abuela describía la forma y el color de cada una. Junto al arroyo recogían violetas.

Lo mejor de todo era que su abuela le enseñaba las hermosas historias de la Biblia.

En las noches la abuela le contaba a Fanny acerca de Dios, el Padre celestial, que mandó a su Hijo Jesucristo a este mundo para que sea nuestro Salvador. Fanny amaba su Biblia más que cualquier otro libro y a temprana edad aceptó a Cristo como su Salvador.

ESCUELA DE CIEGOS

Cuando Fanny tenía quince años de edad pudo ir a una escuela especial para ciegos. Allí aprendió a hacer muchas cosas que le ayudaron. Con el tiempo llegó a ser maestra.

Fanny era ciega, pero tal vez ella veía más que tú y yo que tenemos dos ojos. Ella veía las maravillas de Dios y escribía poesías sobre esto. Cuando comenzó a escribir himnos, dijo: «He encontrado el trabajo que Dios tiene para mí. Soy la persona más feliz del mundo.»

SIRVIÓ A DIOS CON GOZO

Fanny vivió 94 años. ¿Cómo pasó ella todos esos años de ceguera?  Fanny sirvió con gozo al Señor Jesús. Todos sus himnos expresan alegría y gratitud. Muchas veces decía: «Pudo haber sido peor. ¿Cómo podría haber llevado una vida útil si no hubiera sido ciega? Mi corazón está lleno de gratitud hacia Jesús.» ¡Qué buen ejemplo!

Trata siempre a los ciegos con respeto y amabilidad.

 

En MIS PERLITAS hay lindo material relacionado con esta historia.

El joven que se fue triste

Paco era un muchacho alegre, obediente y respetuoso, muy querido por las señoras de su barrio. Siempre les daba una mano de ayuda. Llevaba las canastas de las compras de sus vecinas, cuidaba a los niñitos, ayudaba a barrer los patios, en fin… ¡hacía casi de todo! Todas las señoras hablaban de la bondad de Paco.

–Doña Felipa, su hijo es un amor. ¡Es muy respetuoso!  –le decían las vecinas a la mamá de Paco.

–Ese hijo de los López es un encanto. Ayer estuvo toda la tarde sentado junto a la cama de un niño enfermo –le contaba doña María a doña Juana.

–¡Ah! No sabe usted…  Así hablaban las señoras.

ORGULLO EN EL CORAZÓN

Cuando Paco descubrió que las señoras lo admiraban se mostró aun más acomedido; pero los elogios le hicieron mal. Los elogios se le subieron a la cabeza.

Todas las señoras dicen que soy muy bueno, y mi mamá me asegura que ninguno de sus hijos ha sido tan obediente como yo –pensaba nuestro amiguito–. Dios debe estar muy contento conmigo.

Pero nuestro buen Señor le tenía preparada una buena lección. Un domingo, en el culto de la noche, el predicador anunció que hablaría a los orgullosos. Paco se volvió para ver si estaban allí Jaime y Manuel. Según su criterio, ellos eran muy orgullosos. No estaban allí.

Paco se distrajo durante la predicación, porque estaba seguro de que el mensaje no era para él. De pronto el predicador dijo algo que le llamó la atención.

«Hay quienes piensan que este mensaje no es para ellos. Se creen muy buenos y amables, y son admirados y queridos; pero se han olvidado que a los ojos de Dios todos somos pecadores; no hay ni uno que sea justo.»

SU CORAZÓN NECESITABA LIMPIEZA

Con cada palabra Paco agachaba más la cabeza. Comprendió que era un niño muy orgulloso y sintió vergüenza. Las palabras «todos somos pecadores» le quemaban como fuego. El hecho de ser bueno no lo justificaba ante Dios.

Su corazón orgulloso y presumido necesitaba una buena limpieza. Con lágrimas en los ojos pasó al frente cuando el predicador hizo la invitación.

¡Esa noche el muchacho bueno pidió perdón por sus pecados! Recibió la salvación que Jesús ofrece a todos los que creen en Él. Paco se fue feliz a su casa esa noche.

LA PREGUNTA MÁS IMPORTANTE

Cierto día un joven se arrodilló ante Jesús, y le hizo la pregunta más importante: «¿Qué puedo hacer para tener vida eterna?» Era un buen joven, tal y como Paco.

Cuando Jesús le dijo que guarde los mandamientos, eso no era nada nuevo para él; los había cumplido desde pequeño. Aunque había sido uno de esos muchachos buenos, como Paco, le hacía falta una cosa.

No es suficiente cumplir los mandamientos para recibir la vida eterna. Ser buenos y portarnos bien no nos da la salvación. Jesús le dijo al joven que vendiera todo lo que tenía y lo diera a los pobres, y que luego siguiera a Jesús.

SE FUE TRISTE

Paco se fue feliz la noche que entregó su vida a Cristo; pero el joven que habló con Jesús se fue triste. Tenía muchas riquezas y no quería deshacerse de ellas para seguir a Jesús. ¡Prefirió sus riquezas antes que a Jesús!

Todo en la vida tiene su precio; hasta un simple caramelo cuesta algo. Para el joven rico el precio de seguir a Jesús le pareció muy alto. No quería dejar sus riquezas.

La invitación de Jesús: «Ven y sígueme», es para todos. Hay muchas cosas que podemos amar más que a Jesús, pero nada es de tanto valor como seguirlo a Él.

No seas como el joven que se fue triste. Acepta la invitación de Jesús, síguelo, y recibe la vida eterna.

En MIS PERLITAS hay mucho bonito material que acompaña a esta historia.

Pancho, el niño que sabía esperar

Todas las tardes, Pancho espera a que su papá vuelva del trabajo. Pancho se llama Francisco, aunque todos le dicen Panchito. Él quiere que le digan Pancho, porque en su opinión ya es grande y «Panchito» es para niñitos. Pancho tiene seis años de edad y se siente muy importante.

LO QUE PANCHO ESPERA

Pancho es un niño que sabe esperar. Él espera a su mamá cada vez que ella va al mercado. Como es un niño responsable, se queda a cuidar a su hermanita. Cuando ella se pone a llorar, a Pancho le parece que su mamá demora mucho.

Pancho también espera que comiencen las clases en la escuela, pues va a entrar al primer grado. Como ya dije, él se siente grande y muy importante. En la escuela no va a permitir que le digan Panchito.

Todos los años nuestro amiguito espera a que llegue su cumpleaños. Espera también la Navidad, porque en la iglesia hay una gran fiesta. A Pancho también le gusta esperar la visita de su tía Edita. Ella siempre le trae alguna sorpresa.

Lo mejor para Pancho es esperar a sus abuelos. Lo que no le gusta son los besos de la abuela. Eso le parece que es para niñitos y, como sabes, Pancho ya es grande. Pero se aguanta los besos porque quiere mucho a su abuela.

Ahora está esperando que llegue el Domingo de Ramos, porque él va a participar en una actuación en la iglesia. Él y los otros niños van a gritar «¡Hosanna!» y agitar hojas de palma. Va a ser una gran celebración de la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén. Después van a celebrar la resurrección de Jesús. ¡Ese es un día de gran fiesta!

HAY MUCHAS COSAS QUE ESPERAR

¿Verdad que hay muchas cosas que uno puede esperar? Muchos niños esperan el día en que sean grandes. Piensan que entonces no tendrán que obedecer a nadie. Pero no es así. Siempre hay que ser obediente y respetuoso.

Lo que no le gusta a Pancho es cuando ha sido desobediente y su mamá le dice: «Espera a que llegue tu papá. Con él te las vas a arreglar.» Cuando ella le dice esas palabras, Pancho se esconde y no sale a esperar a su papá. ¿Por qué? Porque sabe que le espera un castigo.

PANCHO SE DESCUIDA

Pancho sabe que hay muchos niños que no tienen papá; por eso, antes de dormir, siempre dice: «Gracias, Dios, por mi lindo papá.» (Aun después de que su papá lo ha castigado.)

Una tarde, cuando como de costumbre esperaba a su papá, se descuidó un poco. De repente vio a unos perros que peleaban y eso lo distrajo. Después vio a un gato que cazaba a un ratón. Todo eso era muy interesante para un niño como Pancho.

¿DÓNDE ESTÁ PAPÁ?

Cuando empezó a oscurecer se acordó de su papá. ¿Dónde podía estar? ¿Por qué no regresaba del trabajo? Tenía que averiguarlo.

–Mamita, ¿dónde está papá?

–Papá está aquí; pero ¿dónde has estado tú? –le preguntó su mamá–. Papá y yo nos hemos preocupado mucho por ti.

¡Uff! Felizmente… ¡Papá estaba en casa!

Por unos momentos de descuido, Pancho perdió la alegría de recibir a su papá cuando llegó del trabajo.

UNA ESPERA DE MILES DE AÑOS

¿Sabes? La Biblia habla de esperar. Durante miles de años la gente esperó la llegada del Salvador Jesús, porque Dios lo había prometido. Cuando Jesucristo nació en Belén, se cumplió esa promesa. Después, cuando Jesús murió en la cruz, se cumplió la promesa de que Él sería nuestro Salvador.

LA PROMESA DE JESÚS

Hay una gran promesa que no se ha cumplido todavía. Es la promesa de que Jesús va a volver otra vez. Después de su muerte y resurrección, antes de que volviera al cielo, Jesús dijo: «¡VENDRÉ OTRA VEZ!»

Yo espero cada día que se cumpla esa promesa. Nadie sabe cuándo será; sólo nuestro Padre celestial.

La primera vez, Jesús vino como un niño que nació en Belén. Ahora, Jesús va a volver como Rey.

Jesús ha preparado un hermoso hogar para todos los que lo aman y esperan su venida. Esta es la gran promesa que nos ha dado:

«En el hogar de mi Padre hay muchas viviendas;
si no fuera así, ya se lo habría dicho a ustedes.
Voy a prepararles un lugar. Y si me voy y se
lo preparo, vendré para llevármelos conmigo.
 Así ustedes estarán donde yo esté.»
Juan 14:2,3 NVI

¿Qué esperas tú? No hay nada mejor que esperar el día en que Jesús volverá.

En MIS PERLITAS encontrarás los materiales que acompañan a esta lección.

La rosita que quería ser libre

Esta es la historia de una rosa, hermosa y fragante. Ella crecía en la punta de una larga rama, contra la pared de una casa, en un bello jardín.

Como la rosa era pequeña y débil, el jardinero la había amarrado con un hilo grueso a un clavo en la pared. Pero a la rosa no le gustaba estar amarrada.

Cada vez que venía su amigo el viento, ella le decía:

«No me gusta este hilo. No me gusta este clavo que me sostiene; ni me gusta la pared.»

La rosa no sólo se quejaba del hijo y del clavo. Tampoco le gustaba el jardinero.

LA SABIDURÍA DEL VIENTO

«Quiero ser libre para hacer lo que quiero. No me gusta el jardinero que me amarró. ¡Cómo me gustaría ser libre y suelta! Quisiera bailar y balancearme a mi gusto.»

El viento, con gran sabiduría, le hacía ver que le convenía estar amarrada a la pared.

«Tú eres pequeña y débil, bella rosita. El jardinero sabe que te conviene estar sujeta a la pared», le decía su amigo, el viento.

EL CARO PRECIO DE LA LIBERTAD

Todos los días la rosa insistía en que quería ser libre, y tanto insistió que una noche el viento sopló con gran fuerza. Sopló tan fuerte, que el hilo que sostenía la rama se cortó.

Esa noche no sólo sopló el viento, sino que llovió torrencialmente, y también cayó granizo.

A la mañana siguiente, el jardinero encontró a la rosa caída en el barro, muerta de frío. Había perdido para siempre su hermosura. La pobre rosa había pagado un precio muy caro por sus deseos de ser libre.

La rosa nunca más emanó fragancia; nadie más disfrutó de su belleza. La verdad es que fue pisoteada en el barro, y olvidada para siempre.

APRENDE A OBEDECER

Hay niños que son como esa rosa. Se quejan porque quieren ser libres. Quieren hacer sólo las cosas que les agradan, sin obedecer los consejos de sus padres, de sus maestros, y de otras personas mayores. Quizá tú has pensado así alguna vez.

¿Sabes una cosa? Todavía no eres fuerte como para que hagas las cosas a tu manera. Necesitas quienes te guíen y te ayuden. Necesitas también quienes te castiguen cuando eres desobediente. La Biblia, la Palabra de Dios, dice: «Hijos, obedezcan en el Señor a sus padres, porque esto es justo.»

Si aprendes a obedecer a tus padres y a tus maestros será más fácil hacer lo más importante: obedecer a Dios.

En MIS PERLITAS están todas las ayudas para esta historia.