El alfabeto de fragancia

Pepita y Estrella inventaron una canción acerca del «otro camino». Salieron del Club camino a casa cantando una melodía alegre:

Con Jesús vamos por otro camino.
Con Jesús vamos por el camino de victoria.

La semana siguiente entraron de brazo a la sala de doña Beatriz, donde se reunía el Club, cantando alegres lo mismo. Toda la semana habían cantado acerca del camino de victoria. Los niños que ya habían llegado se unieron con ellas y todos cantaron.

Pimienta entró saltando, moviendo un papel.

–Tengo palabras –gritó, mirando a doña Beatriz–. He hecho una lista de palabras para el alfabeto. ¿Quién más ha traído palabras?

Pimienta miró a sus amigos del Club, moviendo con más fuerza su papel. Pero nadie más había traído una lista.

Doña Beatriz saludó a los niños y felicitó a Pimienta.

–Vecinita, ¿quiere ver mi lista? –le preguntó el niño.

Doña Beatriz se inclinó para mirar la lista de palabras. Por cada letra Pimienta había escrito una o dos palabras, excepto en K, Ñ, Q, y las últimas letras del alfabeto.

–Te felicito, Pimienta –dijo la buena vecina–. ¿Cómo conseguiste tantas palabras?

–¡Fácil! –respondió nuestro amiguito–. Mi papá me prestó su diccionario. Sal y Samuel me ayudaron.

Pimienta estaba tan animado que no quiso esperar a que lleguen los demás niños. Al momento quería leer su lista; pero tuvo que esperar.

Zorrillo o fragancia

Doña Beatriz explicó a los niños el significado de la palabra fragancia, que es algo agradable, como el aroma de una flor.

–¿Qué es un zorrillo? –les preguntó.

–Ni se acerquen a ese animal –dijo Sal–. Mi papá sabe cómo es eso. Una tarde se encontró con un zorrillo, que desprendió un olor muy desagradable sobre él. Cuando llegó a la casa nos tapamos la nariz porque olía horrible. Mi mamá lavó sus pantalones pero no salía el olor.

–A veces mi hermano me dice que huelo a zorrillo –dijo uno de los niños.

–Oler a zorrillo es feo y desagradable –dijo doña Beatriz–. La fragancia es todo lo contario. Es como el perfume agradable de una flor. Cuando nos portamos mal con alguien olemos a zorrillo; dejamos un hedor.

Vamos a aprender cómo nuestra vida puede ser un aroma fragante como de una flor.

–Mi lista… ¿cuándo voy a leer mi lista? –preguntó Pimienta, moviendo nuevamente su papel.

Así que, comenzaron a armar la lista en la pizarra.

Una lista de bellas palabras

Doña Beatriz escribió todo el alfabeto en fila y los niños nombraron palabras. Pimienta tuvo que tener paciencia para dejar que sus compañeros participen, aunque realmente él quería decir todas las palabras.

Amor, bueno, compasión, energía, fiel, gracias, honrado, inspirado… Los niños daban las sugerencias y doña Beatriz las escribía en la pizarra para llenar el alfabeto.

–¡Jesús! –gritaron varios niños cuando llegaron a la jota–. Jesús… justo, joya.

–¿Qué palabra has escrito para la o? –le preguntó doña Beatriz a Pimienta cuando llegaron a la o.

–Sólo encontré una palabra.

–Obedecer –dijo Sal–. Para no ser como zorrillos creo que debemos obedecer; pero muchas veces es difícil.

–La obediencia es un aroma fragante –dijo la buena vecina–. Sal tiene razón. Desobedecer es como el olor feo del zorrillo. Agradamos a Dios al ser obedientes.

–Hablar malas palabras huele a zorrillo –dijo Pepita.

–Hablar mal de alguien también huele feo –agregó Estrella–. A mí me gusta dar abrazos y besos. No quiero oler a zorrillo. ¿Quién quiere que le dé un abrazo?

Cuando ninguno de los niños quiso recibir un abrazo, para que ella no se sintiera triste, doña Beatriz dijo:

–Yo quiero un abrazo.

Estrella tiene un diagnóstico llamado Síndrome de Down. Sus rasgos físicos son un poco diferentes y no tiene la misma capacidad mental que otros niños. Pero hay algo muy especial que la caracteriza; ella es alegre y amorosa.

Con el alfabeto de fragancia doña Beatriz quiere enseñar a los niños la importancia de que nuestra vida sea un aroma. Juntamente con los niños del Club Tesoros aprenderás muchas cosas lindas para que tu vida sea como un perfume que anuncia el amor de Dios.

¡No te pierdas ningún capítulo de la serie del ABC de fragancia!

¿Qué crees que piensa Pimienta?

MIS PERLITAS

En Mis Perlitas está el material que corresponde con esta historia.

 

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El camino de victoria

Estrella, la amiga de Pepita, estaba feliz con su corona de estrellas.

–Soy Estrella y tengo estrellas –repetía una y otra vez.

Cada vez, doña Beatriz le decía que no interrumpa la historia que ella les estaba contando; pero Estrella se olvidaba y volvía a repetir: «¡Soy Estrella y tengo estrellas!»

Pimienta, que había recibido la corona para representar al rey Herodes, bromeó con Estrella, diciendo:

–Soy Herodes y tengo una corona. ¡Tú tienes estrellas pero yo tengo una corona!

–No te sientas tan orgulloso –le dijo su amigo Sal–. El rey Herodes era un rey malo.

–Pero yo soy un Herodes bueno –dijo Pimienta.

–Herodes buscó al niño Jesús para matarlo –dijo Pepita.

–Yo soy un Herodes bueno –volvió a decir Pimienta.

–Yo soy una maestra buena –dijo doña Beatriz, y sacó una estrella de una caja sobre la mesa. La estrella tenía un palito para que sea fácil sostenerla.

UNA ESTRELLA PARA ESTRELLA

–Estrellita, ahora serás la estrella de Belén –le dijo doña Beatriz y le dio la estrella–. Vas a guiar a los magos para que encuentren a Jesús. ¡Eres una estrella brillante!

–¡Bravo! Soy la estrella de Belén –gritó Estrella.

Fue una tarde muy divertida. Cada uno de los niños representó a uno de los personajes de la historia del nacimiento de Jesús. Doña Beatriz había llevado disfraces para todos, y una muñeca para que represente a Jesús.

Pimienta, que había estado tan orgulloso de su corona, ya no quería ser Herodes.

–¿Quién quiere mi corona? –preguntó al sacársela–. Yo quiero ser uno de los reyes magos.

Nadie quería ser el rey malo; pero al fin Sal aceptó serlo.

Los padres de doña Beatriz estaban de visita, así que ella los invitó a que vieran la actuación.

–Me llamo Estrella y soy la estrella de Belén –dijo Estrella y le dio un fuerte abrazo a la mamá de doña Beatriz. A ella le gusta sonreír y dar abrazos.

ESTRELLAS PARA TODOS

Después que los niños actuaron la historia de los pastores y el pesebre, y de los magos y los regalos que ofrecieron al niño Jesús, doña Beatriz sacó más estrellas de su caja y dio una a cada uno.

–Las estrellas tienen palabras –dijo la buena vecina–. Con las palabras vamos a formar un versículo.

–A mí me tocó “Jesús” –gritó Pimienta.

–Yo tengo la palabra “Dios” –dijo Estrella.

–A mí me tocó “triunfo” –dijo Sal–. Eso significa “victoria”. Me gusta esa palabra.

Uno por uno mencionaron la palabra que les había toca-do y empezaron a formarse en orden. Doña Beatriz les ayudó. Los que no tenían palabras en su estrella se sentaron, y leyeron lo que sus compañeros formaron:

Mas a Dios gracias, el cual nos lleva siempre en triunfo en Cristo Jesús.

–Cuando los magos visitaron a Jesús, ¿por qué regresaron a su país por otro camino? –preguntó doña Beatriz.

–Porque soñaron que debían hacerlo –dijo Pimienta.

–Dios les advirtió que no vuelvan al palacio –dijo Sal–. Era porque Herodes iba a buscar a Jesús para matarlo.

–Vamos a aprender lo que significa andar por otro camino –dijo doña Beatriz–. Haremos un abecedario que muestra cómo seguir por otro camino. Lo llamo el camino de victoria.

UNA CANCIÓN DE VICTORIA

Pepita y Estrella inventaron una canción acerca del «otro camino» y la cantaron con una melodía alegre.

Con Jesús vamos por otro camino.
Con Jesús vamos por el camino de victoria.

Varios de los niños se unieron con ellas y cantaron. Doña Beatriz también cantó. Les dijo que tenían todo un año para aprender del camino de victoria.

–Quiero que todos piensen en una palabra para nuestro abecedario. En la próxima reunión lo armaremos.

–Fácil –dijo Pimienta–. ¡Para mí que la A es por amor!

Pepita y Estrella se despidieron y fueron cantando la canción de victoria por el camino de regreso a casa.

–Yo digo que la V es por victoria –dijo Estrella. Luego le sonrió a su amiga Pepita y le dio un fuerte abrazo.

MIS PERLITAS

En Mis Perlitas está todo lo que corresponde con esta historia.

 

Los magos y el otro camino

Era la reunión de fin de año. Como siempre, doña Beatriz tenía sorpresas y regalos para los niños. A Estrella, la amiga de Pepita, le puso una corona de estrellas.

–Estrella, hoy serás la «estrella» del Club –le dijo doña Beatriz.

–¡Bravo! Soy Estrella y tengo estrellas –gritó la niña llena de emoción.

El salón estaba decorado con estrellas y todos recibieron estrellas, con una vela en el medio. Al encender la vela, la estrella les protegería para que no se quemaran.

–¿Qué vamos a hacer hoy y para qué es la vela? –preguntó Pimienta, el amigo de Sal que siempre tenía preguntas–. ¿Y por qué sólo Estrella ha recibido una corona?

–Lo siento, Pimienta –respondió doña Beatriz–. Te pondré una corona para que seas el rey Herodes. Las velas son para encender como estrellas.

La buena vecina les advirtió que tuvieran mucho cuidado con las velas encendidas. Luego apagó la luz, encendió su vela, y pasó de uno a otro niño encendiendo las velas de cada uno. Fue emocionante cuando todas las velas estaban encendidas y los niños las movían lentamente de un lado a otro en la oscuridad del salón.

–Brillen estrellitas, brillen –cantó doña Beatriz. Y los niños le siguieron en el canto. Pimienta se hizo oír sobre todos por cantar con todas sus fuerzas.

Luego apagaron las velas y doña Beatriz les contó la historia de la estrella de Belén. Ella dejó encendida su vela. Su rostro brillaba en la oscuridad del salón. A un lado tenía a Estrella y al otro a Pimienta. Los niños del Club escucharon atentos.

La estrella de Belén

La noche cuando Jesús nació en Belén Dios puso en el cielo una estrella mensajera. Lejos de Belén, en el Oriente, unos magos, hombres sabios que estudiaban las estrellas, habían oído que nacería un rey de los judíos. Decidieron viajar en busca del rey.

Al llegar a Jerusalén preguntaron dónde estaba el niño que había nacido para ser el rey de los judíos. Habían visto su estrella y ahora venían para adorarlo.

En Jerusalén vivía el rey Herodes. Él se puso nervioso al oír la pregunta de los magos. Herodes sabía que iba a nacer un rey, el Mesías, y preguntó a los sacerdotes y a los maestros de la Ley dónde tenía que nacer ese rey.

Cientos de años antes un profeta de Dios había anunciado que en Belén de Judea iba a nacer Cristo, el rey que guiaría al pueblo de Dios.

El rey Herodes mandó a llamar en secreto a los magos y les dijo que vayan a Belén y averigüen todo acerca del niño. «Cuando lo encuentren, avísenme –les dijo–. Yo también quiero ir a adorarlo.» ¡Pero eso no era verdad!

La estrella que los magos habían visto en su país los guió hasta que se detuvo sobre la casa donde estaba Jesús. ¡Qué felices se sintieron al ver la estrella!

Los magos habían viajado desde muy lejos. Habían pasado mucho tiempo viajando. Jesús ya no era un bebé acostado en un pesebre; era un niñito que seguramente ya corría y jugaba. Estaba en la casa con María, su madre. Cuando los magos lo vieron, se arrodillaron para adorarlo. Luego abrieron sus cofres y le regalaron oro, incienso y mirra.

Dios salva a su Hijo

El rey Herodes tenía planes malvados. En un sueño, Dios les avisó a los magos que no volvieran al palacio del rey. Entonces, regresaron a su país por otro camino.

Cuando Herodes comprendió que los magos no volverían a Jerusalén, se puso furioso. No quería saber nada del rey que había nacido en Belén. En su ira, mandó matar a todos los niños menores de dos años de la ciudad de Belén y alrededores.

¿Cómo se salvó el niñito Jesús? Un ángel de Dios se le apareció a José en un sueño y le advirtió que Herodes iba a buscar a Jesús para matarlo. Esa misma noche José escapó a Egipto con Jesús y María, y se quedó allí hasta que Herodes murió.

Así salvó Dios a su Hijo Jesús, y guió a los magos para que
volvieran a su país por otro camino.

 

MIS PERLITAS

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La travesura de un ratón

Pimienta llegó al Club de brazo con sus amigos Sal y Samuel. Como es un muchacho observador, de inmediato vio que doña Beatriz había decorado las paredes con números; varios 200, 2018 y 1818.

–¿Para qué son los números? –preguntó a la buena vecina, y le pidió a Sal que lo ayudara a hacer cálculos.

–¿Cuánto es 2018 menos 1818? –le respondió su amigo, y sin decir más le señaló al número 200.

En la pizarra doña Beatriz había escrito «Noche de paz, noche de amor» y en la pared había puesto todos esos números. Es más, en la mesa estaba un ratón de peluche. ¿Qué sorpresa les tenía la buena vecina?

–Yo sé esa canción de Navidad –dijo Pepita.

Varios de los niños levantaron la mano para decir que también conocían «Noche de paz, noche de amor».

–Hace 200 años desde que por primera vez se cantó ese himno de Navidad, famoso por todo el mundo. Se lo debemos a un ratón travieso.

–¿Qué tiene que ver un ratón con esa canción? –le preguntó Pimienta–. ¡Cuéntenos, doña Beatriz!

 

Esta es la historia de la travesura de un ratón:

Sucedió en Obendorf, en un país de Europa llamado Austria. El profesor Franz Gruber estaba confundido. Era la Nochebuena el año 1818, y él había ido a la iglesia para tocar el órgano. Necesitaba practicar las canciones que iba a tocar en el culto de medianoche.

UN RATÓN TRAVIESO

¿Por qué estaba confundido? Por más que movía los pedales y apretaba las teclas del órgano, ¡no salía ningún sonido!

Llegó el pastor, José Mohr, y Franz le preguntó qué había pasado con el órgano. Si los ratones hablaran, un ratón travieso les hubiera dicho: «Yo sé lo que ha pasado. Es mi culpa.»

El ratón se limpió los bigotes, muy satisfecho. ¡Había pasado unos días increíbles! En sus travesuras se había comido la parte del órgano que producía el sonido. ¡Y en la víspera de la Navidad!

El ratón no les dijo eso, por supuesto; pero Franz y José lo descubrieron al revisar el órgano.

Era invierno, y en Europa hace mucho frío en esa época del año. No podían hacer nada para reparar el órgano hasta la primavera. Tenían que esperar hasta que pasara el frío para hacer las reparaciones.

LA POESÍA DE JOSÉ

–Qué triste que no tendremos música para el culto de Navidad –dijo el pastor; pero recordó que tenía una poesía.

–¿De qué vale una poesía? –le preguntó Franz.

–Podrías ponerle una tonada y tocarla con tu guitarra.

Franz se emocionó. Nunca había tocado su guitarra en la iglesia. La gente estaba acostumbrada a escuchar el órgano. José, el pastor, le sugirió que el coro de niños podría cantar la canción.

José le dio la poesía a Franz y él fue de prisa a su casa para componer una melodía. Hizo la prueba con una tonada, luego con otra, después con otra, hasta que al fin se sintió conforme. Rápidamente volvió a la iglesia. Allí lo esperaban doce niños para aprender la nueva canción.

Llegó la hora del servicio. En ese tiempo no había luz eléctrica, así que el templo estaba iluminado con velas. Se veía hermoso.

Pero algo faltaba. Así como Franz estuvo confundido porque el órgano no producía sonido, la gente estaba confundida porque Franz no tocaba el órgano.

–Ha pasado algo con nuestro órgano –dijo el pastor–. Pero no se preocupen. Franz ha traído su guitarra. Y tenemos una nueva canción.

NOCHE DE PAZ

El pastor leyó la historia del nacimiento de Jesús.

Después pasaron al frente doce niños y el profesor Franz.

Por primera vez, con el acompañamiento de guitarra, un coro de niños cantó el himno de Navidad que ahora es el más amado y conocido: «¡Noche de paz, noche de amor!»

¿Qué te parece? Porque un ratón travieso averió el órgano de una iglesia en Austria tenemos un hermoso himno de Navidad. Por 200 años se ha cantado este himno, que ha sido traducido a más de trescientos idiomas.

Doña Beatriz y los niños del Club cantaron el himno que ahora cumple 200 años. Y tú, ¿lo has cantado alguna vez?

¡Noche de paz, noche de amor!
Todo duerme en derredor
Entre los astros que esparcen su luz,
Bella anunciando al niñito Jesús
Brilla la estrella de paz,
Brilla la estrella de paz.

¡Noche de paz, noche de amor!
Oye humilde el fiel pastor
Coros celestes que anuncian salud,
Gracias y glorias en gran plenitud,
Por nuestro buen Redentor,
Por nuestro buen Redentor.

¡Noche de paz, noche de amor!
Ved qué bello resplandor,
Luce en el rostro del niño Jesús,
En el pesebre del mundo la luz,
Astro de eterno fulgor,
Astro de eterno fulgor.

 

MIS PERLITAS

En MIS PERLITAS está todo lo que corresponde a esta historia.

 

Los nuevos zapatos de Pepe

Los zapatos de Pepe estaban tan viejos y gastados que le daba vergüenza ponérselos para ir a la escuela. Pepe se los mostró a su mamá y le preguntó si ella le podía comprar nuevos zapatos.

La mamá miró los zapatos con tristeza. Realmente estaban muy gastados, y con gusto le hubiera comprado nuevos zapatos; pero no había dinero para comprar zapatos.

–Pepe, me parece que te pueden durar un poco más estos zapatos. El dinero que tengo sólo alcanza para comprar los alimentos que necesitamos –le dijo ella–. Por favor, hijo, no me pidas zapatos.

El papá de Pepe había sufrido un accidente y no podía trabajar como antes. Pepe podía comprender por qué sus padres no podían comprarle zapatos; sin embargo, se puso a llorar.

–No llores, Pepe –le dijo su mamá–. Papá y yo no podemos comparte nuevos zapatos; pero podemos pedirlos a Dios, nuestro Padre en el cielo. Él nunca nos abandona.

Pepe pide a Dios nuevos zapatos

Sin perder tiempo se arrodillaron junto a la cama y pidieron a nuestro buen Dios nuevos zapatos para Pepe. Con la seguridad de que Dios iba a contestar la oración, la mamá fue a hacer las compras.

Don Oscar, el dueño de la tienda, la saludó amablemente y le dijo:

–¿Ha tenido usted buena suerte hoy, señora? Parece estar muy contenta.

–Estoy contenta pero no por alguna buena suerte –contestó ella–. Al contrario, el tiempo es malo. Me siento feliz porque sé que Dios nos ayuda.

–Hay gente que siempre se queja. ¿Qué la alegra a usted?

–Como le dije, Dios nos ayuda. Estoy contenta porque sé que Dios ha escuchado la oración que le hicimos mi hijo y yo.

Un par de nuevos zapatos

Cuando la mamá de Pepe terminó de hacer sus compras, don Oscar le dijo:

–Tengo un par de zapatos casi nuevos que mi hijo Alfredo no puede usar. Él es un poco más grande que su hijo Pepe. Si me permite, se los daré.

¡Qué gran sorpresa! La mamá de Pepe le contó al buen hombre que ese día ella y su hijo habían pedido a Dios un par de zapatos.

–¡Es verdad que Dios cuida de sus hijos! –repitió don Oscar una y otra vez.

Después de agradecer al buen hombre por los zapatos, la mamá de Pepe volvió a casa. Se imaginaba la cara feliz que iba a poner su hijo. ¡Una vez más su Padre en el cielo les había mostrado su amor y cuidado!

¿Quién se alegró más?

En tu opinión, ¿quién se alegró más por los nuevos zapatos?

  • Don Oscar, que Dios usó para contestar la oración de Pepe y su mamá.
  • La mamá de Pepe, que confió en su Padre celestial.
  • Pepe, al ponerse los nuevos zapatos.

Dios es tu Padre y cuida de ti

¿Tienes una necesidad? Recuerda que Dios es tu Padre y que cuida de ti.

No siempre la respuesta a nuestras oraciones llega de una vez, como con Pepe; pero Dios nunca falla. De distintas maneras nos muestra su amor. Pon tus cargas en las manos del Señor, pues Él tiene cuidado de ti. Confía en Dios de todo corazón. Él nunca te abandona.

MIS PERLITAS

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Necesidad de hospedaje en Ciudad de México

Hermanos de la hermosa capital de México necesitamos su ayuda. Tres de nuestros hermanos peruanos que trabajan con niños discapacitados necesitan hospedaje en el mes de febrero. Aquí sigue una carta explicativa. Cualquiera que pueda ayudar o darnos alguna información, déjeme un comentario. En la carta hay direcciones.

Carta: Solicitud de hospedaje en Ciudad de Mexico

Un cachorrito como Javier


A Javier, el sobrino de doña Beatriz, le encantan los perros. Un día, la buena vecina les contó a los niños del Club Tesoros acerca de su sobrino Javier y cómo consiguió un perrito que es como él.

Felipe, un joven amable y compasivo, tenía unos cachorros que necesitaba vender. Un día puso un aviso cerca de su casa para anunciar la venta.

No bien había acabado de ponerlo, escuchó la voz tímida de un niño. Era Javier que al pasar por allí vio el aviso y se interesó en comprar un perrito.

CACHORROS DE RAZA PURA

–Felipe, quisiera comprar uno de tus perros.

–Muy bien, muchacho –respondió Felipe, mientras se limpiaba el sudor de la frente–, pero estos cachorros son de raza pura y cuestan mucho dinero.

Javier, cabizbajo, metió la mano en el bolsillo y sacó un puñado de monedas.

–Es todo lo que tengo –dijo Javier–. ¿Puedo verlos?

–Claro que sí –le respondió Felipe.

Con un silbido llamó a la madre de los cachorros. La perra salió corriendo de la casa, seguida de cuatro encantadores perritos. Javier no pudo disimular el placer que sintió al verlos.

EL PERRITO QUE COJEABA

Mientras los cachorros se acercaban a la cerca de alambre, Javier se dio cuenta de que otro perrito se había asomado a la puerta.

Ese perro salió lentamente, sin poder ocultar lo pequeño que era comparado con los demás. Se esforzó al máximo por alcanzar a sus hermanitos, pero le costó mucho trabajo porque cojeaba de una pata.

–Yo quiero ése –dijo Javier y señaló al perrito cojo.

Felipe se acercó a Javier y le aconsejó:

–Ese cachorro no te conviene. Él jamás podrá correr y jugar contigo como otros perros.

Javier dio un paso atrás, se inclinó, y comenzó a remangarse el pantalón. Tenía un aparato ortopédico que lo ayudaba a caminar, sujetado a su zapato con tornillos.

Miró a Felipe, y le explicó:

–Como puedes ver, para mí también es difícil correr. El cachorrito va a necesitar a alguien que lo comprenda.

UN CORAZÓN COMPASIVO

¡Qué bello corazón el de Javier! Desde pequeño había aprendido a ser amable y compasivo. Sus padres le habían enseñado a tener una buena actitud, a pesar de su discapacidad.

El joven Felipe quedó tan conmovido por la actitud de Javier que decidió darle el perrito.

–Muchacho, ese perrito te necesita –dijo Felipe–. Te lo regalo. ¡Llévalo y cuídalo!

–¿Me lo regalas? –exclamó Javier, muy emocionado–. ¡No lo puedo creer!

–Sí, muchacho, veo que tienes un buen corazón. Este perrito va a ser feliz contigo.

–Gracias, Felipe. Gracias, ¡muchas gracias!

Muy feliz, Javier miró al perrito y dijo:

–¡Feliz! Te llamarás Feliz. Tú y yo seremos felices. ¡Qué bueno que encontré un perro que es como yo!

Javier dio un fuerte abrazo a Feliz y ambos se fueron cojeando por la calle. El perrito cojo ahora tenía un amo que lo iba a comprender y amar.

Doña Beatriz animó a los niños a ser amables y compasivos, tal como Javier. El Señor Jesús puede ayudarte a ti también a ser amable y de buen corazón.

 

MIS PERLITAS

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