Celebrando 500 Perlitas

Este día, 27 de marzo, es muy especial para mí. Hace 50 años nació mi primogénita y llegué a ser madre. Dios me concedió 31 años con ella antes de llevarla a su gloria. Celebro la alegría de que un día nos veremos en el cielo. Creo que este es el gozo más grande que podemos tener como padres, que nuestros hijos sigan en los caminos de Dios.

«No tengo yo mayor gozo que este, el oír que mis hijos
andan en la verdad»
(3 Juan 1:4).

Celebro a mi hija Eva-Marie, que vino y se fue, y que ahora está con Dios.

Celebro 50 años de ser madre y 500 Perlitas en línea. En 1966 comencé a hacer hojas con historias para repartir a los niños de mi escuela dominical. En 2009 abrí una página en internet llamada MIS PERLITAS y empecé a poner las historias. Agradezco a todos los que me han acompañado en esta página. Ahora tenemos las historias en CLUB PERLITA porque hemos llenado el espacio disponible gratuitamente en MisPerlitas.

Es increíble que para este número celebrativo tengamos una historia de Jesús. No es algo que he planeado y calculado, simplemente resultó así. Jesús es el Rey y Señor de mi vida y ministerio. Ahora lo honramos con el número 500. ¡Bendito sea su nombre!

Pasamos ahora por tiempos difíciles. En muchos países estamos en cuarentena. Debemos cuidarnos de no contraer el coronavirus y cuidar a nuestros seres amados. Como escribí la semana pasada, el Salmo 91 ofrece consuelo y fortaleza. El Señor Dios es nuestro protector.

No podemos reunirnos para los cultos como acostumbramos. A los que son padres les insto a que se reúnan con sus hijos y hagan un culto familiar. Anímenlos a poner su confianza en Dios. Oren que Dios los proteja de contraer el virus. Celebren en el hogar las 500 Perlitas.

La Perlita 500

Historia:  10 Jesús el niño diferente

Historia en color:  10 Jesús el niño diferente color

Lección bíblica:  10 Jesús niño diferente
Ayuda visual:  10 Versículo CO

Corazón para armar en 3 tamaños:
Carta:  Niño diferente   A4: Niño diferente A4  

Corazón para que los niños coloreen:  Corazón Hoja

Para colorear 1 por hoja:  500 Actividad grande 1

Para colorear 2 por hoja:  500 Jesús Hoja

Póster:  10 Poster Lucas 2_52

Tarjetas bíblicas:  TB Lucas 2_52    A4: TB Lucas 2_52 A4

Láminas:  10 Jesús Niños de la Biblia AV     10 Paco y Manuel AV

Multimedia:  PPT 10 Jesús el niño diferente    PDF  10 Jesús el niño diferente

Manualidad: Desarrollo de Jesús

Carta:  500 ACT Jesús     A4:  500 ACT Jesús A4

Cada hoja cubre dos alumnos. Después de colorear el dibujos pueden pegarlo en una cartulina para hacer un pequeño cuadro.

Actividad 1 por hoja:  500 Actividad grande 2

Actividad 2 por hoja: 500 Desarrollo de Jesús Actividad

Respuestas: Desarrollo de Jesús

Físico: crecia en estatura
Intelectual: crecia en sabiduría
Moral: gozaba del favor de la gente
Espiritual: gozaba del favor de Dios

Los alumnos escribirán algo que ellos pueden hacer para desarrollar en cada aspecto. Sugerencias:

Desarrollo físico: cuidar del cuerpo con buena higiene, alimentación adecuada y ejercicio físico.
Desarrollo intelectual: cumplir con las tareas en la escuela.
Desarrollo moral: llevarse bien con los padres, hermanos, profesores, compañeros de escuela, etc. Ser respetuoso.
Desarrollo espiritual: asistir a la iglesia para recibir enseñanza de la Palabra de Dios. Leer la Biblia y orar en casa.

 

Jesús obedece a su Padre

Pepita y Estrella iban saltando felices por la calle, cantando una canción que Sal había inventado y que les había enseñado a sus amigos del Club.

Obedecer, ese es nuestro deber.
Si quieres ser feliz debes obedecer.

Luego inventaron sus propias palabras:

Es mi deber obedecer. Porque quiero ser feliz voy a obedecer.

–¿A quién vas a obedecer? –le preguntó Pepita a su amiga Estrella.

–A papá y a mamá –respondió Estrella, cantando. Luego ella le hizo la misma pregunta a Pepita.

Las niñas siguieron preguntando y respondiendo, cantando acerca de las personas a quienes iban a obedecer.

Resultó una lista larga: abuelos, maestros, tíos, hermanos, doña Beatriz, policías y otros.

Llegaron al Club cantando, y le contaron a doña Beatriz acerca de todas las personas a quienes iban a obedecer.

–Creo que se han olvidado de la Persona más importante –les dijo la buena vecina–. ¿No van a obedecer a Dios?

–¡Dios! –exclamó Pepita–. ¿Cómo nos olvidamos de Dios?

–Yo no me olvidé –dijo Estrella–. Quería que tú lo digas.

–¿Recuerdan que Dios es el Padre de Jesús? –les preguntó doña Beatriz–. Jesús obedeció a su Padre en todo.

La obediencia de Jesús

Cuando Dios creó el mundo, puso allí un hermoso jardín. En ese jardín puso al primer hombre y a la primera mujer.

Había armonía y paz en el hermoso mundo de Dios. En las tardes Él se paseaba en el jardín y conversaba con el hombre y la mujer.

–Yo sé a quién Dios puso en el hermoso jardín –dijo Pepita–. Dios puso a Adán y a Eva en el jardín.

–Pero ellos fueron desobedientes –dijo Sal–. Y se escondieron cuando oyeron que Dios se paseaba en el jardín.

Con ellos entró el pecado en el mundo. Dios tuvo que expulsarlos del hermoso jardín. Pero los amaba y prometió que enviaría un Salvador para pagar el castigo por el pecado. El Hijo de Dios sería ese Salvador.

Para cumplir el plan de Dios, su Hijo se hizo humano. Jesús dejó toda la gloria del cielo y vino a nacer como hombre. Llegó a un hogar humilde y sencillo. Nació en un establo y su primera cuna fue un pesebre.

Como Hijo de Dios Jesús pudo haber escogido un palacio o una casa lujosa; pero dejó de lado todas las comodidades del cielo porque quería obedecer a su Padre.

Cuando inició su ministerio, Jesús fue al río Jordán para ser bautizado por Juan el Bautista, que predicaba el arrepentimiento y bautizaba. Jesús no necesitaba arrepentirse porque nunca había hecho nada malo. Pero quería obedecer a su Padre, y fue bautizado.

El cielo se abrió y el Espíritu de Dios bajó sobre Jesús como una paloma. Dios habló del cielo y dijo:
«Este es mi Hijo amado. Estoy muy complacido con Él.»

Obediencia absoluta a su Padre

Jesús no hizo nada por sí mismo, sino solamente lo que le indicaba Dios su Padre. Él andaba de pueblo en pueblo y de ciudad en ciudad enseñando a la gente, sanando a los enfermos, y echando fuera demonios.

Una noche lo visitó un fariseo llamado Nicodemo. Nicodemo le dijo que sabía que Jesús había venido de Dios, porque nadie podía hacer las obras que Él hacía. Jesús le dijo las palabras más conocidas y amadas, Juan 3:16.

«Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado
a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree,
no se pierda, mas tenga vida eterna.»

Cuando se encontró con una mujer despreciada porque llevaba una mala vida, Jesús le ofreció el agua de vida, que es la salvación. ¡Jesús cambió la vida de esta mujer y de todo el pueblo donde ella vivía! Así, Jesús obedecía a su Padre.

Obediente hasta la muerte

Jesús había venido al mundo con un propósito, el de obedecer a su Padre, y llevar el castigo de nuestros pecados. Para hacer esto, Jesús debía morir en la cruz. Eso sería muy difícil. Jesús necesitaba mucha ayuda de su Padre para hacerlo. Fue con sus discípulos a orar a Dios en el huerto de Getsemaní.

Tres veces Jesús pidió a su Padre que lo librara del sufrimiento de morir en la cruz.

Pero oró: «Padre, no se haga mi voluntad, sino la tuya.»

Fue tanta la agonía de Jesús que sudó gotas de sangre. Dios mandó ángeles para fortalecerlo.

El plan de Dios era que Jesús sea el Salvador. Jesús murió en la cruz por nuestros pecados y nuestras enfermedades. Todo lo hizo en obediencia a Dios y por amor a nosotros.

Como Jesús obedeció a su Padre, Dios lo ha exaltado y le ha dado el honor más grande. Un día, todos doblarán las rodillas ante Jesús y reconocerán que Él es el Rey y Señor.

Así como Jesús fue obediente a su Padre, busca en todo ser obediente a Dios y su Palabra.

MIS PERLITAS

En Mis Perlitas están los materiales para esta historia.

Jesús en el hogar de Nazaret

En el ABC de Fragancia hemos llegado a la virtud de obediencia.
Jesús de niño será nuestro ejemplo.

Jesús era el muchacho más bueno y amable que ha vivido sobre esta tierra. Él se portó bien, para enseñarnos cómo debemos portarnos.

Antes de venir a la tierra Jesús vivía en el cielo. Junto con su Padre, hizo el hermoso mundo en que vivimos. Porque la gente era desobediente y pecadora, Jesús vino al mundo como el Salvador.

Dios escogió a María para que Jesús naciera en este mundo. Él fue un niño diferente; en primer lugar porque era el Hijo de Dios. Sabía que no era como otros niños, y que había venido al mundo para hacer un trabajo especial. Sus hermanos –Jacobo, José, Simón y Judas– muchas veces no lo entendían.

Jesús fue siempre un niño obediente.

  • Respetaba a sus padres.
  • No engañaba.
  • No mentía.
  • No robaba.
  • Hacía solamente lo bueno.

Jesús crecía en sabiduría y estatura,
y gozaba del favor de Dios y de toda la gente.

 

¿Has pensado cómo era la vida del niño Jesús? Jesús creció en Nazaret, en el hogar del carpintero José, que era su padre en la tierra. Su madre era María.

Imaginemos cómo era su vida en Nazaret. El hogar donde creció Jesús era sencillo. La casa era de adobe, de una sola pieza, y junto a la casa estaba la carpintería. Había un patio donde jugaban Jesús y sus hermanos.

En el suelo, en medio de la casa, estaba el fuego que María usaba para hornear el pan y para cocinar.
Los primeros años de su vida Jesús los pasó en casa, aprendiendo muchas cosas de su madre.

María le enseñó a enrollar su colchón y guardarlo en el cofre de la ropa de cama. Eso lo hacían cada mañana. A la hora de dormir los colchones se colocaban sobre una plataforma donde todos dormían juntos.

Según la costumbre, Jesús acompañaba a su madre al pozo para traer agua, y le ayudaba a hacer los panes.

Desde sus cinco o seis años Jesús estuvo con José. Como él estaba ocupado en su trabajo, mandó a Jesús a la escuela.

La escuela quedaba en la sinagoga, el pequeño templo del pueblo. Allí los muchachos aprendían la ley de Dios. Solamente los varones iban a la escuela; los estudios no eran para las niñas.

Los niños se sentaban en un semicírculo en el suelo, con las piernas cruzadas, y escuchaban las enseñanzas del maestro, llamado rabí. ¿Qué estudiaban? Aprendían de memoria todos los libros que escribió Moisés: Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio. ¡Qué trabajo duro para los muchachos!

La visita al templo en Jerusalén

Cuando Jesús cumplió doce años acompañó a sus padres al templo en Jerusalén para la fiesta de la Pascua. Ese fue un gran día para él. No se preocupó en jugar con sus amigos; fue directamente a conversar con los maestros de la ley. Tan interesado estaba en las cosas de Dios que olvidó todo lo demás.

Después de la fiesta, cuando iban de regreso, José y María buscaron a Jesús entre los niños; pero no lo encontraron. Inquietos, volvieron a Jerusalén para buscarlo. Tres días después lo encontraron en el templo, sentado entre los maestros de la ley.

–Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? –le dijo María–. Tu padre y yo te hemos buscado, muy preocupados.

–¿Por qué me buscaron? –contestó Jesús–. ¿No sabían que debo estar en los negocios de mi Padre?

¿Se habían olvidado ellos que Jesús era el Hijo de Dios?

Un hijo obediente

Jesús era un hijo obediente y volvió con sus padres a Nazaret. Siguió creciendo en sabiduría y estatura, y gozaba cada vez más del favor de Dios y de toda la gente. Jesús nos dio ejemplo de cómo comportarnos.

A Dios le agrada que seamos obedientes a nuestros padres.

¿Serás obediente como Jesús?

MIS PERLITAS

En Mis Perlitas están todas las ayudas para esta historia.

 

El día más feliz

Alberto, el muchacho conocido como Sal, estaba muy contento. El premio que había ganado en la fiesta de Pepita era su tesoro. Su amigo Félix, conocido como Pimienta, sentía un poco de envidia. Él hubiera querido ganar ese premio: una Biblia.

–La próxima vez te va a tocar a ti –le dijo su amigo Sal–. Te voy a ayudar para que te ganes una Biblia.

Mientras tanto, Sal decidió compartir su Biblia con Pimienta. Todas las tardes se sentaban juntos a leer.

A veces en la casa de Sal, otras veces donde Pimienta. Algunas veces se reunían con Pepita. Cada vez aprendían algo nuevo de la Palabra de Dios.

Los sábados iban a casa de doña Beatriz para la reunión del Club Tesoros. Todos los niños del vecindario amaban a la buena vecina. Jugaban con el perrito Dino y con la gata Dina, aunque ella casi siempre se escondía de los niños.

Doña Beatriz había prometido que la próxima vez les iba a contar acerca del día más feliz.

–El día más feliz fue cuando yo recibí mi Biblia –dijo Sal.

–No –intervino Pepita–. Fue el día cuando yo recibí mi Biblia.

–Yo estoy esperando el día más feliz –dijo Pimienta.

¿Cuál será el día más feliz? se preguntaban los niños.

JESÚS Y LOS NIÑOS

Era un hermoso día. El sol brillaba en un cielo azul, calentando con sus suaves rayos a los niños que jugaban en las praderas. Algunas mamás lavaban ropa en el arroyo, otras acariciaban a sus pequeñines. De repente, alguien dio la noticia: «¡Viene Jesús! ¡Viene Jesús!»

¡Qué buena noticia! Todos corrieron para encontrarse con Él. Los grandecitos iban primero y los pequeños seguían con sus mamás. Nadie quería perder la oportunidad de estar con Jesús.

Jesús estaba rodeado de mucha gente y era difícil acercarse a Él. «Queremos ver a Jesús», decían los niños; pero los discípulos los reprendían.

–Jesús está muy ocupado. No tiene tiempo para ustedes.

¡No lo molesten! –decía un hombre con mirada seria.

–¿Qué es lo que oigo? –preguntó Jesús–. Pedro, ¿por qué dices que no tengo tiempo para los niños? Siempre tengo tiempo para estar con ellos. Diles que vengan a mí.

La gente que rodeaba a Jesús empezó a abrir paso para los niños y sus madres. ¡Qué felicidad! Jesús tomó a los más pequeños en sus brazos. Sobre los más grandes puso sus manos. Luego dio a todos su bendición.

UN NIÑO COMO EJEMPLO

–Para los niños que estuvieron con Jesús, ese día fue el más feliz de su vida –dijo doña Beatriz.

–Me hubiera encantado estar allí con Jesús –dijo Pepita.

–Tal vez Jesús te hubiera usado como ejemplo –dijo doña Beatriz–. Cuando los discípulos le preguntaron quién era el más importante en el reino de Dios, Jesús llamó a un niño.

–Las personas más importantes en el reino de Dios son humildes como un niño –dijo Jesús.

Para Jesús los niños son muy importantes. Una vez dijo que sería mejor hundir en lo profundo del mar a alguien que hace desanimar a un niño que cree en Él. Habría que atarle al cuello una piedra enorme y ahogarlo. ¡Tan importantes son los niños!

–¿Es verdad que Jesús ama tanto a los niños? –preguntó Pimienta, muy asombrado.

–Sí –dijo doña Beatriz–. Jesús dijo que no debemos despreciar a los niños, porque los ángeles del cielo los cuidan. Tú, mi amiguito Pimienta, eres muy importante para Jesús.

Luego la buena vecina señaló a los niños, uno por uno, para decirles lo importantes que son para Jesús, ¡y para ella!

LA OVEJA PERDIDA

Jesús dio el ejemplo de un pastor que tenía cien ovejas. Cuando vio que se le había perdido una, ¿qué crees que hizo?

Como era solo una, no le dio importancia. ¡NO! El pastor dejó las noventa y nueve en la montaña y fue a buscar la oveja perdida. Cuando la encontró, se alegró tanto que reunió a sus amigos y vecinos para que se gocen con él por la oveja perdida pero encontrada.

«Así, no es la voluntad de vuestro Padre que está en los cielos,
que se pierda uno de estos pequeños», dijo Jesús.

JESÚS TE AMA

Jesús te ama tanto que dejó las glorias del cielo para venir a la tierra y ser tu Salvador. Para Él eres lo más importante.

El día más feliz de tu vida es cuando aceptas el amor y el perdón de Jesús.

¿Lo has hecho?

En MIS PERLITAS hay material didáctico para esta historia.

El fiador de Tomás

Pero [Jesús] fue herido por nuestras rebeliones, fue golpeado por nuestras maldades; él sufrió en nuestro lugar, y gracias a sus heridas recibimos la paz y fuimos sanados. Isaías 53:5 NVI

fiadorEn una escuela, no muy lejos de donde tú vives, había un muchacho que se portaba muy mal. Muchas veces lo aconsejaron y lo castigaron; pero sin resultado. Por fin, este muchacho, llamado Tomás, fue expulsado de la escuela.

LA SÚPLICA DE LA MADRE

Al día siguiente la madre de Tomás fue a hablar con el profesor para pedirle que admitiera de nuevo a Tomás.

–No es posible –dijo el profesor–. Su mal ejemplo hace que los otros niños se porten mal. No puedo permitir que vuelva.

–Pero, señor, ¿qué será de él? –suplicó la madre de Tomás–. Si usted no vuelve a admitirlo irá de mal en peor, y no sé qué será de su vida. ¡Tenga compasión de esta pobre madre!

Ella siguió suplicando hasta que el profesor se conmovió.

UNA BUENA IDEA

El profesor sabía que si admitía de nuevo a Tomás habría muchos líos. Al fin le vino a la mente una buena idea.

–Si vuelvo a admitir a Tomás –dijo el profesor, dirigiéndose a los demás muchachos–, ¿hay alguno de ustedes que quisiera ser su fiador?

Reinó un profundo silencio, y sólo se oían los sollozos de la madre de Tomás.

fiador 2UN FIADOR PARA TOMÁS

De pronto se oyó una vocecita que dijo:

–Yo, profesor.

Se trataba de Manuel, un niño de diez años.

–¿Tú, Manuel? –preguntó el profesor. ¿Sabes lo que es ser fiador de tu compañero?

–Sí, profesor. Si él se porta mal yo seré castigado.

–¿Estás dispuesto a ser castigado en vez de Tomás?

–Sí, profesor –dijo Manuel, y miró pensativo al desobediente Tomás.

Manuel se preguntaba cuántas veces lo castigarían por las maldades de Tomás; pero estaba dispuesto. Él era un niño de muy buen corazón.

SENTADOS JUNTOS

–Bien, pues –dijo el profesor–, que Tomás se siente a tu lado.

La madre dio una mirada de mucho agradecimiento a Manuel y salió del salón. El muchacho incorregible se sentó al lado de su fiador.

Ese día no hubo castigo para Manuel; tampoco al día siguiente, ni al siguiente.

fiador 1UN GRAN CAMBIO

Desde el día en que Manuel aceptó ser su fiador, hubo un gran cambio en Tomás. Cada vez se portaba mejor. Para Tomás fue una cuestión de honor que su pequeño fiador no fuera castigado por culpa de él.

Lo que no habían podido hacer las amonestaciones y los castigos del profesor, ni las lágrimas de su madre, lo hizo el pequeño fiador.

GRANDES AMIGOS

Tomás y Manuel se hicieron grandes amigos. Tomás nunca olvidó la gran bondad de Manuel, que se había arriesgado por causa de él. Siguieron como amigos todos sus años en la escuela y Tomás nunca dio motivo a que Manuel fuera castigado.

TU PROPIO FIADOR

Tú tienes un fiador. Es el Señor Jesús. Así como Manuel estuvo dispuesto a tomar el castigo en vez de Tomás, Jesucristo fue castigado en tu lugar.

Jesús murió en la cruz para perdonar tus pecados. Él tomó el castigo por todos nosotros.

La Biblia dice que Jesús

  • fue herido por nuestras rebeliones,
  • fue golpeado por nuestras maldades,
  • sufrió en nuestro lugar, y
  • —gracias a sus heridas recibimos la paz.

JESÚS TE PERDONA

Cuando pides perdón a Dios, Él te perdona. ¿Sabes por qué? Porque Jesús fue castigado en tu lugar. ¿Le has dado gracias por ser tu fiador?

FIADOR: persona que voluntariamente se hace responsable del cumplimiento de las obligaciones de otra.

Para imprimir la historia: El fiador de Tomas color

 

La desobediencia de José

Jose coSamuel y José eran hermanos, hijos de un carpintero. Desde pequeños habían aprendido a usar martillo y clavos. José soñaba con ser carpintero como su padre.

José se sentía muy honrado porque llevaba el mismo nombre que un carpintero muy famoso. Ese carpintero fue escogido por Dios para ser el padre de Jesús. Esa fue la mayor honra que jamás se ha dado a un hombre. José tuvo el privilegio de criar en su hogar al Hijo de Dios.

José se imaginaba a Jesús ayudando a su padre en la carpintería. Jesús era el hijo mayor y, como tal, le tocaba aprender el oficio de su padre. Pero Jesús no era como otros niños. José era solamente su padre de crianza. Dios era el Padre de Jesús. Jesús nunca sería carpintero. Su misión al venir al mundo era ser nuestro Salvador. Jesús iba a ser maestro y predicador.

Jesús había clavado muchos clavos en la carpintería de Nazaret, la aldea donde él vivía. Como era un hijo obediente, ayudaba a José en la carpintería. Un día, alguien iba a clavar a Jesús en la cruz. ¿Crees que Jesús pensaba en eso cuando trabajaba en la carpintería? Desde niño Jesús sabía que su misión era salvar al mundo de sus pecados.

JESÚS, UN HIJO OBEDIENTE

Así como Jesús ayudaba a José en la carpintería, ayudaba también a su madre con algunos quehaceres. Según la costumbre, Jesús acompañaba a María al pozo para traer agua, y le ayudaba a hacer los panes. Jesús también cuidaba a sus hermanitos. Los hermanos de Jesús eran Jacobo, José, Simón y Judas. También tenía hermanas.

Jesus de nino

Jesús y sus hermanos asistían a la escuela, pero no sus hermanas. En ese tiempo solo los varones estudiaban; las niñas no podían ir a la escuela. La escuela estaba en la sinagoga, que era la «iglesia» de los judíos.

Los niños se sentaban en un semicírculo en el piso, con las piernas cruzadas, y escuchaban las enseñanzas del rabí (rabí significa maestro). Allí aprendían de memoria los libros que escribió Moisés: Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio. ¡Trabajo duro para los muchachos!

hermanos carpinteros coSOÑABA CON SER CARPINTERO

José había aprendido todo esto acerca de Jesús. Muchas veces pensaba en esto cuando martillaba con su hermano Samuel. Ellos eran muy diestros en ayudar a su padre. «Voy a ser muy buen carpintero cuando sea grande», decía José. Ese era su gran sueño.

Un día pasó algo muy triste. José desobedeció a su padre y se subió a jugar sobre un montón de maderas que estaban en el patio de la casa.

Samuel le advirtió que no jugara allí, porque su padre lo había prohibido. Era peligroso que se subiera a las maderas. Pero José no quiso oír a su hermano.

Las maderas estaban mal amontonadas, y cuando José saltó encima del montón, las maderas mal puestas se movieron, y el niño cayó de golpe al suelo.

Jose enyesado coEL SUEÑO ARRUINADO

Sus padres no estaban en casa y Samuel se desesperó al ver a su hermano tirado en el suelo, gritando de dolor. Felizmente tenían teléfono y pudo llamar al celular de su madre. Samuel también llamó al hospital y pidió que mandaran una ambulancia.

Esa caída arruinó los sueños de José. Al caer, se rompió el brazo derecho. Los médicos hicieron todo de su parte para curarlo; pero el brazo se había roto de tal modo que no volvió a su estado original. El brazo quedó muy débil y José nunca más pudo usar martillo y clavos.

Murió para siempre el sueño de José de ser carpintero. ¡Toda la vida sufrió por su desobediencia!

OBEDECE A TUS PADRES

Jesús es el Hijo de Dios. Él tenía mucho más fuerza y poder que José y María. Jesús pudo haberse rebelado contra ellos, como hacen muchos niños y jóvenes. Pero Jesús fue un hijo obediente. La Biblia dice que él se sujetó a sus padres. Lee esto en Lucas 2:51,52.

Aprende de Jesús y sé obediente a tus padres. Pero si te piden que hagas algo que va en contra de la Palabra de Dios, responde con respeto; pero no desobedezcas a Dios.

Lucas 2 52

Para imprimir la historia: 274 La desobediencia de Jose co

 

 

 

La promesa de la abuela

JorgeJorge quería mucho a su abuelita. Decía a todos sus amigos que ella era la mejor abuela del mundo.

Un día la abuela le preguntó a Jorge qué quería para su cumpleaños. Sin vacilar Jorge dijo que quería una pelota como la de Pepe. Jorge le explicó a su abuela cómo era esa pelota.

Como su abuela vivía en otra ciudad, no estaría con Jorge en el día de su cumpleaños. Sin embargo, Jorge estaba seguro de que recibiría la pelota.

«MI ABUELA NO MIENTE»

Llegó el día esperado, en que Jorge cumplió diez años. Su mamá le preparó un delicioso pastel, su papá le regaló unos pantalones vaqueros, y sus hermanitos le regalaron tarjetas que ellos mismos habían dibujado. Jorge estaba feliz; pero no comprendía por qué no llegaba la pelota prometida por su abuela.

Esa tarde, cuando vinieron de visita sus amigos, Jorge lucía sus nuevos pantalones y decía a todos: «Mi abuelita me ha regalado una linda pelota.»

Sus amigos querían jugar con la pelota y Jorge tuvo que decirles que todavía no había llegado.

–¿Cómo sabes que de verdad tu abuela te va a regalar una pelota? –le preguntaron sus amigos.

–Yo lo sé, porque mi abuelita no miente. Ella cumple lo que promete.

NIÑO CARTA 1 COLLEGÓ UNA CARTA

Pasaron varios días y Jorge seguía hablando de su pelota; pero no llegaba ninguna encomienda de la abuela. Al fin, un día llegó una carta que decía:

Querido Jorge:

Siento mucho no haberte mandado la pelota para tu cumpleaños. Estuve buscando una de esas pelotas que quisieras tener; pero no he encontrado ese modelo. Te envío dinero para que tú mismo la compres.

Te quiero mucho, Abuela

NIÑO PELOTA–¡Ya ven, ya ven! –gritaba Jorge–. ¡Abuelita no se había olvidado de la pelota!

Era verdad. ¡La abuela de Jorge cumplía sus promesas!

SIMEÓN Y LA PROMESA

Cuando Jesús nació en Belén, vivía en Jerusalén un buen hombre, llamado Simeón. Dios le había dado una gran promesa: «No morirás hasta que veas al Salvador.»

¡Cómo anhelaba Simeón que se cumpliera la promesa! Así como Jorge esperaba la pelota que le había prometido su abuela, Simeón esperaba que se cumpla la promesa del nacimiento de Jesús.

Cierta mañana, el Espíritu de Dios le dijo a Simeón que debía ir al templo. No se lo dijo en una voz que él podía oír, pero en la Biblia leemos que Simeón fue «movido por el Espíritu» para que vaya al templo.

Ese fue el día en que José y María llevaron a Jesús al templo. Tan pronto como Simeón los vio, tomó a Jesús en sus brazos. Bendijo a Dios, y dijo:

«Ahora puedo morir tranquilo, porque Dios ha cumplido lo que me prometió. ¡He visto con mis propios ojos al Salvador!»

VdeJ 03 B

LA GRAN PROMESA

¿Te gustan las promesas? Hay una gran promesa que no se ha cumplido todavía. Antes de volver a su Padre en el cielo, Jesús prometió que regresará. Él dijo que en el cielo hay lugar más que suficiente para todos y que iba a ir para prepararnos un lugar. «Cuando todo esté listo, volveré para llevarlos», dijo Jesús.

¿Por qué no se ha cumplido aún esta promesa? En la Biblia está la respuesta.

«El Señor no tarda en cumplir su promesa –leemos en 2 Pedro 3:9–. Más bien, él tiene paciencia con ustedes, porque no quiere que nadie perezca sino que todos se arrepientan.»

JESÚS VIENE PRONTO

Jorge confiaba que se cumpliría la promesa de su abuela, ¡y se cumplió! Jesús ha prometido venir pronto, y que va a traer recompensas. ¡La promesa se va a cumplir!

¿Amas a Jesús? ¿Esperas su venida? Arrepiéntete de tus pecados y recibe a Jesús como tu Señor y Salvador. Así estarás listo para ir con Jesús al cielo.

¡Qué maravilloso será el día cuando venga Jesús!

Vengo pronto

Para imprimir la historia: 271 La promesa de la abuela color