Jesús visita a Zaqueo

Imaginemos que hemos regresado en el tiempo dos mil años –dijo doña Beatriz una tarde en el Club Tesoros–. Estamos con Jesús entrando a Jericó.

Jericó era una ciudad hermosa en el valle del Jordán, cerca de Jerusalén, en el país de Israel. Cuando Jesús visitó Jericó, era una ciudad reconstruida. Miles de años antes, cuando el pueblo de Dios llegó de Egipto para conquistar la Tierra Prometida, cayeron los muros y toda la ciudad.

Lee la historia en Josué, capítulo 6.

Los israelitas, al mando de Josué, marcharon siete días alrededor de Jericó. El séptimo día rodearon la ciudad siete veces. Entonces cayeron los muros y los israelitas conquistaron la ciudad. En sus excavaciones, los arqueólogos han descubierto restos de esos muros.

JESÚS PASA POR JERICÓ

Era una tarde hermosa. De boca en boca corría la noticia de que Jesús pasaba por la ciudad. Las nuevas llegaron también a oídos de Zaqueo.

¿Quién era Zaqueo? Él era un hombre odiado por la gente. ¿Por qué lo odiaban? Zaqueo era cobrador de impuestos, un hombre muy rico. Él trabajaba para los romanos, que gobernaban sobre los judíos, el pueblo al que pertenecía Jesús.

Zaqueo había escuchado hablar mucho acerca de Jesús, y ahora que Él pasaba por su ciudad, no quería perder la oportunidad de verlo. Pero era imposible para Zaqueo acercarse a Jesús, porque lo rodeaba mucha gente.

–Ábranme paso, ábranme paso –pedía Zaqueo; pero nadie le hacía caso.

ZAQUEO SE SUBE A UN ÁRBOL

No había manera de que Zaqueo llegara cerca del Señor. Él era pequeño de estatura, y no podía mirar sobre las cabezas de los demás. Zaqueo era rico; pero para ver a Jesús de nada le valía su dinero.

¡Ah! Pero Zaqueo conocía su ciudad. Sabía que más adelante en el camino había un sicómoro. Un sicómoro es un tipo de higuera. Corrió para adelantarse a la gente y se subió al árbol.

¡Qué buena vista tenía desde allí! Podía ver y escuchar a Jesús. Lo mejor de todo era que nadie lo veía. Como la gente no quería a Zaqueo, él se sentía feliz de estar escondido en el árbol.

JESÚS LLAMA A ZAQUEO

De repente sucedió algo inesperado. Jesús y la multitud que lo acompañaba iban avanzando por el camino. Entonces Él hizo un alto. Justamente debajo del lugar donde estaba Zaqueo, Jesús se detuvo. Miró hacia arriba y dijo:

–Zaqueo, apúrate, ¡bájate del árbol! Quiero ir a tu casa.

¿Qué? ¡Jesús ir a la casa de Zaqueo! La gente se miraba una a otra, asombrada. ¿Sería posible? ¡Jesús ir a la casa del odiado cobrador de impuestos! ¡No podía ser! ¿Cómo Jesús podía rebajarse tanto? ¡Imposible!

Pero era posible. La gente odiaba a Zaqueo, pero el Señor Jesús lo amaba, así como Él ama a todas las personas. Jesús quería visitar a Zaqueo en su casa.

ALEGRÍA PARA ZAQUEO

Zaqueo no lo pensó dos veces. Inmediatamente, bajó del árbol y corrió a su casa. Sin duda mandó preparar una deliciosa cena para recibir a Jesús. ¡Qué gran alegría!

En la Biblia leemos que Zaqueo recibió a Jesús muy contento. La gente murmuraba porque Jesús había entrado a la casa de un pecador. Jesús no le dio importancia, porque Él había venido para buscar y salvar a pecadores.

Cuando Jesús entró a la casa de Zaqueo, pasó algo maravilloso. ¡Zaqueo fue cambiado! Los cobradores de impuestos engañaban a la gente; cobraban más de lo debido y se hacían ricos. Es posible que Zaqueo había engañado y que por eso era un hombre rico.

Zaqueo ya no pensaba en sus riquezas. Quería, más bien, arreglar todas sus cuentas.

–Si en algo he defraudado a alguien, le voy a devolver cuatro veces la cantidad –dijo Zaqueo–. ¡Y voy a dar la mitad de mis bienes a los pobres!

–Hoy ha venido la salvación a esta casa –dijo Jesús.

JESÚS TE INVITA

A Jesús no le importa si somos chicos o grandes, ricos o pobres. Todos somos pecadores y necesitamos de su perdón.

Los niños del Club Tesoros se imaginaron que estaban con Jesús y Zaqueo. Pero para recibir a Jesús no hay nada que imaginar. Jesús te invita a que lo recibas como tu Salvador. Él quiere perdonar tus pecados y darte un corazón limpio.

Zaqueo recibió al Señor Jesús con alegría. ¿Recibirás tú con corazón alegre la invitación de Jesús?

En MIS PERLITAS hay mucho lindo material para esta historia.

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El recuerdo más precioso de mi vida

El hermano Leighton tenía tres casas. Las casas eran de madera. En el segundo piso de la primera casa vivíamos mis padres, mis dos hermanas y yo. En el primer piso la iglesia tenía su lugar de cultos.

Allí, un domingo en la noche, entregué mi corazón a Cristo. Ese fue el comienzo de mi vida feliz de seguir al Señor. No hay nada mejor que entregar nuestro corazón a Jesús y servirle.

UN SUEÑO DE MONTAR A CABALLO

Mi papá era el pastor. Mi mamá le ayudaba en los cultos; ella tocaba guitarra y cantaba. ¿Recuerdas que te conté que teníamos un auto Ford-A y que íbamos a los pueblos a predicar?

Un domingo, en uno de los pueblos que visitamos, unos hermanos invitaron a mis padres a montar a caballo. Mamá siempre había soñado con montar a caballo así que no quiso perder esa oportunidad emocionante.

Antes que tomara las riendas, el caballo comenzó a galopar. Mamá apenas podía quedarse en la silla de montar. Felizmente, alguien vio al caballo y lo detuvo; pero ¡pum! Mamá cayó al suelo y se golpeó la espalda y la cabeza en una piedra grande.

EL MILAGRO DE SANIDAD

Los hermanos del pueblo ayudaron a Mamá a llegar al Ford-A. Le dolía mucho la espalda y apenas podía caminar. Al llegar a casa, tuvo que subir penosamente los catorce peldaños de las gradas hasta el segundo piso. Una vez en cama, casi no podía mover el cuerpo ni levantar la cabeza.

¡Mamá estaba paralizada! Esa noche no pudo ir al culto para tocar su guitarra y cantar. Desde su cama en el segundo piso escuchó que los hermanos oraban fervientemente por ella y pedían que Dios la sanara. Entonces, llena de fe, dijo: «¡Me voy a levantar en el nombre de Jesús!»

Primero movió una pierna, luego la otra… ¡y se levantó! Así como los paralíticos a quienes Jesús decía que se levanten y caminen, Mamá se levantó… caminó… ¡y fue sanada!

Ese fue uno de los muchos milagros que Dios hizo en la iglesia, en la casa de madera del hermano Leighton.

Incendio 53

SE QUEMAN TRES CASAS

La Semana Santa de 1953 yo estaba en el campo con la familia Rauque. Mis padres habían viajado a Santiago, la capital de Chile. Julio, el hijo, era mi buen amigo. Nos divertíamos con toda clase de juegos típicos del campo.

La casa de los Rauque quedaba junto a un lago. Una tarde, cuando estábamos jugando cerca del lago, vimos grandes llamas de fuego a la distancia. Dejamos de jugar y miramos el impresionante espectáculo. No sabíamos que eran las tres casas del hermano Leighton que se estaban incendiando. Se perdería para siempre el lugar donde entregué mi corazón a Cristo y donde mi mamá fue sanada de parálisis.

Allí, en Osorno, junto a las casas que se quemaban, estaba nuestro buen amigo, el Ford-A. Nadie lo salvó. ¡Se quemó el carro en que íbamos a los pueblos a llevar el evangelio!

UN PALACIO EN EL CIELO

El fuego arrasó con las tres casas del hermano Leighton. No perdimos solo nuestro hogar sino también el lugar donde hacíamos los cultos. Lo único que se salvó fue una sartén y una estufa de hierro fundido. En el fuego se cocieron las papas que Mamá tenía almacenadas para el invierno. ¡Los niños del vecindario se comieron las papas asadas!

Mi uniforme, mis libros de la escuela, el reloj que Papá me había regalado en mi cumpleaños, mi ropa, mis juguetes… todo se hizo cenizas. El techo y las paredes de la casa, los muebles, y todas las cosas de la iglesia se quemaron.

¿Crees que mi mamá lloró al enterarse que habíamos per-dido todo? No, porque yo estaba bien. Eso era lo más importante para ella. Mamá pensó en el hogar que Jesús nos está preparando en el cielo. Las cosas de la tierra son pasajeras. Ella se sentó a cantar: «No importa si no tengo casa aquí, porque en el cielo me espera un palacio.» ¡Así es!

Se quemaron las casas del hermano Leighton. Se quemó el lugar donde hacíamos los cultos. Se quemó el Ford-A en que salíamos a predicar. Pero hay algo que el fuego no pudo destruir: lo que pasó aquella noche más hermosa de mi vida, cuando entregué mi corazón a Cristo. ¡Ese es mi recuerdo más precioso!

Poster Rom 10

Para imprimir:

La Perlita 333 El recuerdo más precioso

Historias en color: 333 El recuerdo más precioso color

Láminas de la historia: El incendio Laminas

Hoja para colorear: 333 Jesus salva

Póster: 333 Poster Rom 10_13

Actividad: 333 Salvacion

El papá sin Dios de Elena

fondo papa perlita a

Elena y María eran amigas. Estudiaban en la misma escuela, y jugaban juntas en las tardes después de haber hecho sus tareas. Aunque eran amigas había una gran diferencia entre ellas. El papá de María creía en Dios; pero Elena tenía un «papá sin Dios».

Una tarde las niñas jugaban y conversaban alegremente en el jardín de Elena. No sabían que el «papá sin Dios» las estaba escuchando. Saltaban tomadas de la mano, cantando unas canciones de rondas.

De repente Elena dijo:

–Mi papá dice que no hay Dios. Él debe saber la verdad porque es profesor.

–Sí hay Dios –contestó María, sin vacilar–. Mi papá dice que hay Dios y él nunca miente.

–Pero mi papá dice que no hay Dios y él es profesor en la universidad –protestó Elena.

–Debe ser que tu papá no tiene Dios –dijo María–. Por eso él piensa que no hay Dios. ¡Pobrecito!

EL DIOS TAMBIÉN DE MARÍA

Las niñas siguieron saltando. Mientras saltaban, María le contó a su amiguita del Dios de su papá.

–El Dios de mi papá es grande y poderoso –dijo María–. Dios ha hecho el mundo. Él nos da la lluvia y el sol, el frío y el calor. Lo mejor de todo es que Dios nos ha dado a Jesús. Él es nuestro Salvador.

María recitó un versículo que había aprendido en la escuela dominical.

–Porque tanto amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna.

Elena escuchaba con ambos oídos bien abiertos. Luego exclamó:

–¡Qué lindo sería si mi papá tuviera un Dios así!

–No es solamente el Dios de mi papá –dijo María–. También es mi Dios. El domingo aprendí esto: Cree en el Señor Jesús; así tú y tu familia serán salvos.

EL PAPÁ DE ELENA

Las niñas no sabían que el papá de Elena había escuchado toda la conversación. Las palabras de María le dieron mucho en qué pensar.

¡Sin Dios! –se decía, sintiéndose muy solo y abandonado–. Tal vez estoy equivocado. ¿Será verdad que hay un Dios?

Pasaron los días y el papá de Elena no podía pensar en otra cosa que la conversación de las niñas: ¡Pobrecito tu papá que no tiene Dios!

Al fin, después de mucho pensar, él dijo: «Estoy muy triste. Si hay un Dios quiero conocerlo.»

Fue a visitar al papá de María y le contó sus penas. Quería saber si de veras hay un Dios.

Con mucho gozo el papá de María le habló de Dios y del Señor Jesucristo, nuestro Salvador.

La próxima vez que jugaron las niñas, Elena tuvo mucho que decirle a su amiga. Le contó que su papá ahora creía en Dios, y que toda la familia había entregado su vida a Cristo.

–¡Qué contenta estoy! –exclamó Elena–. Ahora mi papá también tiene un Dios. Todos los de mi casa creemos en Él.

Desde ese día las dos amigas no sólo jugaban juntas sino que también iban tomadas de la mano a la iglesia. ¡Y ambas tenían un papá que creía en Dios!

SÍ, HAY UN DIOS

Hay personas que no creen en Dios. Pero sí hay un Dios. La Biblia nos enseña que en el principio Dios hizo los cielos y la tierra. Dios creó todas las maravillas del universo; pero lo más grandioso es que creó al hombre y a la mujer. Las primeras personas fueron Adán y Eva. Dios les dio un hermoso jardín, donde vivían felices, hasta el día en que desobedecieron a Dios.

Ese día el pecado entró al mundo. Por eso, todos somos pecadores y merecemos el castigo y la muerte. Pero Jesucristo vino al mundo para llevar nuestro castigo. Eso es lo que aprendió el papá de Elena. Ahora él y toda su familia son felices porque creen en Jesucristo y lo han recibido como su Salvador.

¿CREES EN DIOS?

¿Crees tú en Jesús? Si tu papá y tu mamá no creen en Dios, cuéntales que Jesucristo los ama. Lo más maravilloso es que toda la familia crea en Dios y que cada uno acepte a Jesucristo como su Salvador.

Si tienes amigos que no creen en Dios, ora por ellos. Háblales del amor de Dios, para que ellos también crean en Jesús.

Hechis 16_31

Para imprimir: 327 El papá sin Dios de Elena

Historia en color: 327 El papá sin Dios de Elena color

Hoja para colorear: 327 Dos amigas

Póster: 327 Hechos 1631 Poster

Actividad: 327 Mi familia

Rolando y el reloj

Rolando estaba solo en casa. No sabía qué hacer y se puso a jugar con un hermoso reloj de pared que tenían. Era un regalo especial que les había traído el tío Marcos. Él era marinero y viajaba por diferentes lugares del mundo.

Nuestro amiguito sabía muy bien que no tenía permiso de tocar el reloj, pero… tú sabes cómo suceden las cosas de vez en cuando. De repente… ¡allí estaba Rolando con el reloj en las manos!

Reloj perlita co 6LAS MANECILLAS

No te puedo decir cómo ocurrió, pero cuando Rolando menos lo esperaba… ¡el reloj apareció en el suelo! Temblando de miedo, Rolando lo levantó y lo colocó en su lugar, pero las manecillas no se movían, y no se oía el típico «tic-tac».

Rápidamente, Rolando sacó las manecillas del reloj y se fue corriendo a casa de don Felipe, el relojero del pueblo.

–Don Felipe, don Felipe, ¡ayúdeme por favor! Se me cayó al suelo el reloj que nos regaló mi tío Marcos y ahora las manecillas no se mueven. Se las traje para que me las pueda arreglar.

–Rolando, las manecillas están bien –le dijo el buen relojero–. Es el reloj que está malogrado. Si me lo traes, lo arreglaré.

–Pero son las manecillas que no se mueven –insistió Rolando–. No marcan la hora.

–Comprendo –respondió don Felipe–. Pero como ya te expliqué, las manecillas no se mueven porque algo anda mal dentro del reloj.

Reloj perlita co 2bEL PROBLEMA ERA EL RELOJ

–Ya me doy cuenta, don Felipe –dijo Rolando–. Le voy a traer todo el reloj para que lo arregle.

Rolando fue corriendo a su casa a buscar el reloj. Se apuró todo lo que pudo, para que don Felipe lo arreglara antes de que su mamá descubriera lo que había pasado.

Mientras Rolando corría de regreso a la relojería, se encontró con su mamá.

Reloj perlita co 4–Hijo, ¿qué haces con el reloj que nos regaló el tío Marcos? –le preguntó ella, sorprendida–. ¿Cómo te atreviste a sacarlo?

–Mamita, no tuve la culpa –dijo Rolando–. Lo bajé un rato de la pared y luego se me cayó al suelo; pero don Felipe lo va a arreglar.

En ese momento, Rolando tuvo que confesarle todo a su mamá. Ella, como conocía al travieso muchachito, lo perdonó. Luego fueron juntos a la relojería.

LA MALDAD NO ESTÁ EN LAS MANOS

Cuando tú haces algo malo, ¿de dónde sale esa maldad? ¿De las manos?

Si robas, si peleas, si le tiras del pelo a una amiga, y tantas otras cosas, lo malo no sale de las manos. La maldad viene del interior, del corazón.

No nos hace ningún bien lavarnos con jabón o untarnos las manos con medicina.Tenemos que hacer algo con el corazón.

DIOS ARREGLA EL CORAZÓN

Dios es como un relojero. Él no empieza arreglándonos las manos, sino el corazón. Mediante la Biblia, que es su Santa Palabra, y por medio de su Espíritu Santo, Él nos hace ver lo que debemos hacer y lo que no debemos hacer. Nos dice que Jesús quiere ser nuestro Salvador.

Así como Rolando tuvo que llevar el reloj a don Felipe para que lo arreglara, tú y yo tenemos que entregar nuestro corazón a Dios para que lo arregle. Él cambia nuestra vida
y nos ayuda a portarnos bien.

Guarda tu corazonCUIDA TU CORAZÓN

La Biblia dice que sobre todas las cosas debes cuidar tu corazón, para no pecar contra Dios. Una manera de hacerlo es llevar su Palabra en tus pensamientos y guardarla en tu corazón.

«He guardado tu palabra en mi corazón, para no pecar contra ti», leemos en el Salmo 119:11.

Tu corazón es un tesoro que vale más que toda riqueza. Todos los días es importante que pidas a Dios que te ayude a cuidar tu corazón para que no peques contra Él.

Oración: Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; pruébame y conoce los pensamientos que me inquietan. Señálame cualquier cosa en mí que te ofenda y guíame por el camino de la vida eterna. Salmo 139:23,24 NTV

Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón,
porque de él mana la vida.

Proverbios 4:23

 

La historia: 319 Rolando y el reloj

Historia en color: 319 Rolando y el reloj color

Hoja para colorear con Rolando: 319 Cuida tu corazón Hoja

Hoja para colorear con corazón: 319 Cuida tu corazón manos

Póster: 319 Poster Prov 4_23   Actividad: 319 Cuida tu corazón

El nuevo corazón de Papita

nuevo corazon CO 3Había una vez una niña que no quería pelar papas. Ah, no sólo eso; tampoco quería ayudar a su mamá con los quehaceres, ni quería cuidar a su hermanito. Realmente no le gustaba hacer nada en casa. Lo único que le gustaba a esa niña era escribir. Ella escribía, escribía, y escribía.

LE DECÍAN «PAPITA»

Su nombre era Frida, pero sus hermanos le habían puesto el apodo de «Papita», ya que todas las veces que su mamá le pedía que pele papas se ponía de mal humor.

Papita tenía muy mal carácter. Zapateaba, gritaba, y lloraba de ira. También golpeaba a sus hermanitos. Su papá no sabía qué hacer con ella. La castigaba, pero ella seguía igual.

Papita necesitaba un nuevo corazón. Pero, ¿quién le podría cambiar el corazón? Uno de sus hermanos pensaba que sería bueno que la operaran y le pusieran un corazón de una niña buena. Pero no sería fácil encontrar una niña que quisiera regalar su corazón a Papita. ¿Quién podría ayudarla?

CORAZÓN SIN REMEDIO

Un día, una niña invitó a Papita a la escuela dominical. Por primera vez ella escuchó las hermosas historias de la Biblia. Le gustó tanto que volvió a asistir, semana tras semana.

Poco a poco Papita comprendió cómo era su corazón. Un domingo aprendió un texto que le hizo reflexionar:

«Quitaré de ustedes ese corazón duro como la piedra y les pondré un corazón dócil.»

Eso es algo para mí –pensó Papita–. Necesito un corazón nuevo. Soy mala; tengo un corazón duro. ¿Qué puedo hacer? ¿Quién podría alguien darme un nuevo corazón? Quisiera tener un corazón bueno.

nuevo corazon CO 2JESÚS EN EL TRONO

Un día la maestra habló del trono que tenemos en el corazón. ¿Para quién será ese trono? El Señor Jesucristo quiere sentarse en el trono, pero nosotros muchas veces estamos tan bien sentados allí que no le damos cabida.

La Biblia dice que Jesús está tocando a la puerta de nuestro corazón. Él quiere entrar y cambiar nuestra vida. Jesús es el único que nos puede dar un nuevo corazón. Cuando Él está sentado en el trono nos ayuda a hacer lo bueno.

PAPITA BUENITA

Muchas veces Papita había tratado de portarse bien; pero no podía. En sus cuadernos había escrito: QUIERO PORTARME BIEN. Pero nuestra amiguita Frida no se portaba bien.

Al escuchar la enseñanza de la maestra decidió pedir a Jesucristo que se sentara en el trono de su corazón. No fue difícil. Ella simplemente dijo:

«Señor Jesús, tú sabes que soy mala. Soy desobediente, mentirosa, peleadora. Quiero portarme bien; pero no puedo. Por favor, entra en mi corazón y cambia mi vida. Siéntate en el trono y ayúdame a ser obediente.»

Esa sencilla oración de Papita cambió todo. Jesús le dio un nuevo corazón, bueno y obediente,

«¿Qué ha pasado con nuestra Papita? –preguntaba el papá–. Creo que ya tenemos que decirle Papita buenita, porque ya no es la misma niña de antes.»

Esa era la pura verdad. Papita ya no era la misma. Jesús estaba sentado en el trono de su corazón y le ayudaba a hacer lo bueno.

nuevo corazon CO1PELABA PAPAS CANTANDO

¿Recuerdas que a Papita no le gustaba pelar papas? Ahora las pelaba cantando. No sólo pelaba papas. También cuidaba a su hermanito y ayudaba en casa con todo lo que su mamá le pedía que hiciera. Y lo hacía con gozo.

Muy pronto su papá, su mamá y sus hermanos fueron a la escuela dominical. Ellos también querían conocer a Jesús.

«Si Jesús ha cambiado a Papita, nos puede cambiar a nosotros también», dijo el papá. Y Jesús lo hizo. La salvación no era solamente para Papita, sino para toda la familia.

PARA TI TAMBIÉN

Así como Jesús cambió el corazón de Frida «Papita», quiere cambiar el tuyo también. Él quiere sentarse en el trono de tu corazón, perdonar tus pecados, y hacerte un niño o una niña diferente. Pídeselo, como hizo Papita.

ORACIÓN

«Señor Jesús, te pido que cambies mi corazón. Perdona mis pecados y dame un nuevo corazón. Quiero tener un corazón obediente. Amén.»

305 Poster Corazon

Para imprimir: El nuevo corazon de Papita     El nuevo corazon de Papita color

Para colorear: Papita buenita  Póster: Corazon  Actividad: Un corazon nuevo

Carina e hijosSaludos de mi parte y de mi hija y mis nietos.

¡Feliz y bendecido 2016!

Manos feas pero hermosas

Alicia se avergonzaba de las manos de su madre. Eran unas manos feísimas, llenas de cicatrices.Ella nunca quería andar en compañía de su madre ni quería invitar a sus amigas a su casa a jugar. No quería que vieran las manos cicatrizadas de su madre.

La mamá de Alicia se sentía triste por la manera en que su hija la trataba. Un día decidió contarle la razón de sus horribles manos. Ambas se sentaron en el sofá de la sala de estar. Alicia se alejó un poco de su madre, pero ella la tomó de las manos y le habló con mucho cariño.

–Hijita, te voy a contar lo que sucedió cuando todavía eras bebé –dijo la mamá, con voz suave y una mirada tierna–. Una tarde, cuando tú dormías la siesta y yo trabajaba en el jardín, nuestra casa comenzó a incendiarse. El fuego rápidamente llegó al cuarto donde tú te encontrabas durmiendo.

»Sin pensar más que en ti, me metí entre las llamas para rescatarte. Mientras te llevaba entre mis brazos mis manos empezaron a arder. Se quemaron mucho, y al sanar, quedaron las cicatrices. Por eso, hijita, mis manos son tan feas.

Alicia quedó muy conmovida por lo que le contó su mamá. Se sintió avergonzada por su mal comportamiento. De inmediato abrazó a su linda madre y, entre sollozos, exclamó:

–Mamá, tú tienes las manos más lindas del mundo. Gracias porque me salvaste.

Desde ese día, Alicia andaba con orgullo tomada de la mano de su madre. A todas sus amigas les contó la historia de cómo su mamá la había salvado del incendio.

Manos feas

MARCAS DE SALVACIÓN

La madre de Alicia llevaba en sus manos las marcas de la salvación de su hijita. ¿Sabes? Hay alguien que lleva las marcas de nuestra salvación.

«Grabada te llevo en las palmas de mis manos».

Jesús tiene cicatrices en las manos porque lo clavaron en una cruz. Él murió en la cruz por ti y por mí, para salvarnos del fuego del infierno. Pero no quedó en la tumba. Jesús resucitó; no está muerto. ¡Él vive!

No olvides que Jesús te lleva grabado en las palmas de sus manos. Su amor es grande; eres precioso a los ojos del Señor. Él te perdona cuando se lo pides.

LAS MANOS DE JESÚS

¿Qué hacía Jesús con sus manos? Jesús hacía bienes. Cuando le traían enfermos, ponía las manos sobre ellos, y los sanaba.

Cuando las madres traían a los niños a Jesús, Él los tomaba en sus brazos y los bendecía.

Una vez tomó en sus manos el almuerzo de un muchachito y lo bendijo tanto que el pan y los peces alcanzaron para alimentar a miles de personas.

¿CÓMO SON TUS MANOS?

Cuando alguien mira tus manos, ¿qué ve? Tus manos, ¿pelean o ayudan? ¿Son manos obedientes o desobedientes? ¿Sabes acariciar o das bofetadas?

Con tus manos puedes ayudar a mamá y a papá. Si vives con tus abuelos o con un apoderado, ayúdalos a ellos. Con tus manos puedes hacer las tareas de la escuela y ser un alumno aplicado.

Con tus manos pueden sostener una Biblia y con tus ojos pueden leer las palabras escritas en ella. Lo mejor que puedes hacer con tus manos es juntarlas en oración.

USA TUS MANOS PARA HACER EL BIEN

Dios te ha dado las manos para que con ellas hagas el bien. Decide hoy que tus manos serán limpias y puras, que no harás maldades con ellas.

Dios te ayudará a ser un niño (o una niña) obediente y respetuoso, que usa sus manos para hacer lo bueno.

Alicia se avergonzaba de las manos de su madre. Sé tú un niño o una niña tan honorable que nadie se avergüence de ti.

Isaias 49_16

Para imprimir la historia: 293 Manos feas pero hermosas color

Para colorear: 293 Manos hermosas

Póster: 293 Poster Is 49_16

 

La bondad de Rut

Rut despertó temprano. Sin hacer ruido, se levantó de la cama y fue a conversar con su muñeca favorita. «Antioneta, quisiera llevarte a la iglesia, pero creo que es mejor que te quedes en casa. Es el aniversario de nuestra iglesia y nos van a dar sorpresas. A ver si te traigo alguna cosa.»

En ese momento, entró al cuarto el papá de Rut.

–Ah, veo que mi pequeña se ha despertado –dijo cariñosamente, dándole un fuerte abrazo.

–Buenos días, papá –respondió Rut–. Me levanté temprano porque tengo que ir a la iglesia a ensayar con el coro, antes de la escuela dominical.

–¡Qué bien, hija! Creo será un lindo día. Ahora, vístete.

Y así lo hizo Rut. Dejó a su muñeca en una silla y se vistió con su ropa de domingo.

LIBERTAD DE ADORAR A DIOS

En el desayuno, su papá leyó un capítulo de la Biblia y luego todos oraron juntos; siempre lo hacían así. Ese día les tocó leer el Salmo 122.

Rut memorizó la primera parte: Yo me alegro cuando me dicen: «Vamos a la casa del Señor».

Salmo 122_1

El papá les hizo recordar que en muchos países los que aman a Jesucristo no pueden reunirse libremente para adorar a Dios; no hay escuelas dominicales, y muchos papás están presos en la cárcel por creer en Jesús.

–Hijos, nunca dejen de agradecer que en nuestro país podemos adorar a Dios libremente –dijo el papá antes de que se levantaran de la mesa.

Rut no lo olvidaría. A ella le encantaba ir a la escuela dominical y tenía una maestra muy buena.

ES LINDO COMPARTIR

El programa de aniversario fue muy bonito. La clase de Rut ganó un premio y cada niña recibió una bolsa de caramelos. Ahora sí, tengo algo para Antonieta, pensó Rut.

dibujo perlita 1

Junto a Rut se había sentado Tito, un niño que por primera vez asistía a la iglesia. Rut se interesó en él para que no se sintiera solo. Le parecía que Tito estaba triste.

–Te regalo mis caramelos –dijo, alcanzándole la bolsa, y agregó–: Espero que te guste nuestra iglesia.

–Gracias –dijo Tito–. ¿Por qué me regalas tus caramelos?

–Es lindo compartir –le respondió Rut–. Papá dice que uno se siente más feliz al dar que al recibir. Eso está en la Biblia. Todos los días leemos la Biblia en casa.

–Mi papá nunca lee la Biblia. Sólo nos pega y nos grita.

ALEGRÍA PARA UN NIÑO TRISTE

–Mi papá también era así –dijo Rut–, pero desde que entregó su corazón Cristo, ha cambiado. Ahora es el papá más bueno del mundo.

–Yo quisiera que mi papá cambie. ¿Qué puedo hacer?

–Chsst, después te lo digo. No debemos conversar durante la reunión. Eso no le gusta a mi maestra.

Y siguió el hermoso programa de aniversario. Los niños presentaron cantos y poesías y el pastor de la iglesia relató una hermosa historia de la Biblia.

Todos se sintieron felices al volver a sus casas; pero más feliz que todos estaba Rut. Ella había alegrado a un niño triste y le había contado acerca de Jesucristo.

Al llegar a casa Rut fue a recoger a su muñeca de la silla, y le dijo: «Antonieta, pensaba traerte unos caramelos, pero se los di a un niño que por primera vez vino a la iglesia. No te importa, ¿verdad que sí?»

Claro que no le importaba; era sólo una muñeca.

EL DÍA MÁS FELIZ PARA TITO

Tito fue silbando alegremente a su casa. Le contó a su mamá acerca de la niña bondadosa que le había obsequiado sus caramelos.

–Mamita –dijo Tito–, ya sé cómo papá puede cambiar. Me lo contó esa niña. Jesús cambió al papá de ella. Él ya no les pega ni les grita. Yo quisiera tener un papá así.

¿Sabes qué? Tito siguió asistiendo a la iglesia. Con el tiempo su mamá y su papá lo acompañaron. El día en que ellos entregaron su corazón a Cristo fue el más feliz para Tito.

Ahora Tito tiene un papá y una mamá cambiados por el poder de Dios. ¡Todo comenzó cuando una niña bondadosa compartió sus caramelos con un niño triste!

Para imprimir la historia: 292 La bondad de Rut color

Para colorear: 291 Rut y Tito