Estrella y el cromosoma del amor

La novedad en el vecindario era la llegada de una nueva familia. Los niños corrieron para mirar el camión de mudanza. Querían ver cuántos niños había en la familia.

Pepita divisó a una niña de su edad. De inmediato la niña le sonrió. Tenía carita redonda, con nariz pequeña y levantada. Sus ojos alargados daban la impresión de que era china. Eso es lo que pensó Pepita y le pareció muy emocionante. Se acercó para darle un abrazo de bienvenida.

–Me llamo Estrella –dijo la niña–. ¿Y tú?

–Yo soy Pepita. ¿Quisieras ser mi amiga?

Estrella le dio un fuerte abrazo y empezó a saltar alegre.

–¡Sí! ¡Sí! ¡Si! –gritó sonriente–. ¡Quiero ser tu amiga!

Desde ese día las niñas andaban de brazo por todas partes.

UN CROMOSOMA EXTRA

Estrella no era china. Le explicó a Pepita que tenía un cro-mosoma extra y que por eso se veía un poco diferente.

–Papá dice que es el cromosoma del amor –dijo Estrella–. ¡Eso me hace querer a todo el mundo!

¡Era cierto! Cuando los niños se burlaban de ella por su carita redonda y sus ojos alargados, Estrella les sonreía.

–Tienes un buen cromosoma –le dijo Pepita–. Yo les daría un puntapié si se burlaran de mí.

Llegado el sábado, Pepita llevó a su amiga Estrella a la reunión del Club Tesoros. Doña Beatriz le dio una calurosa bienvenida. Los niños ya la habían visto cuando llegó el camión de mudanza; pero solo Pepita se había hecho amiga de ella.

Estrella estaba sonriente y quería ver a todos tan contentos como ella. Fue de uno en uno a darles un abrazo y un beso.

–Yo no quiero que una niña me bese –dijo Sal. Pero Estrella igual le dio un beso en la mejilla,

–No me gustan los besos –dijo Pimienta; pero recibió uno.

–Tengo el cromosoma del amor –dijo Estrella–. Yo quiero que todos estén contentos.

–¿Cromosoma? ¿Qué es eso? –preguntó una niña.

EL CROMOSOMA DEL AMOR

Doña Beatriz les dio una sencilla explicación. Los niños sabían que el cuerpo humano está compuesto de muchísimas células y que cada célula tiene sus características. En las células hay cromosomas que definen ciertas cosas, como el sexo, si serás hombre o mujer. También algunos de tus rasgos físicos.

Cromosoma es un palabra compuesta, que proviene del griego: cromo, «color», y soma, «cuerpo».

Los niños como Estrella tienen un cromosoma extra. Su diagnóstico es Síndrome de Down. Sus rasgos físicos son un poco diferentes y no tienen la misma capacidad mental que otros niños. Pero hay algo muy especial que los caracteriza. Son alegres y amorosos.

–Yo tengo el cromosoma del amor –volvió a repetir Estrella. Ella se sentía feliz y orgullosa de ser diferente. No le importaba que había niños que se burlaban de ella.

UN NIÑO DADIVOSO

Jesús ama a todos, no importa la raza ni el color. Él ama igual a niños como Estrella, y quiere que tratemos a todos con amor. Los niños que tienen un cromosoma extra pueden enseñarnos a sonreír y expresar amor con todo nuestro corazón.

Doña Beatriz contó a los niños acerca de un muchachito que ayudó a Jesús con una cosa que él tenía. Jesús hizo algo grande con lo que le dio el niño.

Lee la historia en Juan 6:1-14.

No sabemos su nombre; quizá haya sido Daniel. Él y sus amigos fueron de paseo para escuchar a Jesús. El niño llevó una merienda; no mucho, sólo cinco panes y dos pescados.

Esa tarde, al volver del paseo, Daniel iba acompañado de once de sus amigos. Él y cada uno llevaba una cesta llena de pan. ¡Eran las sobras de la merienda de Daniel!

Daniel había experimentado el milagro de su vida. No podía explicar cómo había sucedido, sólo sabía que había compartido su comida con Jesús, que Jesús la había bendecido, y que sus discípulos la habían repartido a miles de personas. Daniel casi lloraba de alegría por el gran milagro que había hecho Jesús.

LA ALEGRÍA DE DAR AMOR

–Yo tengo el cromosoma del amor –volvió a decir Estrella.

–Nos alegra tenerte en nuestro Club –dijo doña Beatriz–. Sal y Pimienta tendrán que aceptar que te gusta mostrar tu amor con abrazos y besos. ¿Verdad, muchachos?

De mala gana ellos asintieron con la cabeza.

El niño de la historia bíblica dio su merienda a Jesús. Era poco en comparación con toda la gente reunida; cinco mil hombres, sin contar las mujeres y los niños. ¡Tal vez veinte mil personas!

«Hay más dicha en dar que en recibir», nos enseña el Señor Jesús. Aunque no tengas el cromosoma extra, como Estrella, Dios ha puesto su amor en tu corazón para que lo compartas. Sé bueno y cariñoso con todas las personas. No tienes que dar besos y abrazos; pero con palabras y acciones esparce amor.

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Invitación a la fiesta del cielo

Pepita no estaba acostumbrada a recibir correspondencia; pero un día llegó a su casa el cartero. ¡Y la carta que traía era para ella!

El sobre se veía muy bonito, con su nombre y su dirección, y una linda estampilla. Corrió adonde su mamá para pedirle que le ayudara a abrir el sobre con cuidado. Su mamá lo cortó por uno de los bordes con una tijera y con mucho cuidado.

En el sobre había una invitación. Era doña Beatriz que le invitaba a una fiesta. La última vez que habían hecho fiesta era para celebrar el cumpleaños de Pepita.

Ésta iba a ser una fiesta para celebrar que Pepita y sus amigos del Club Tesoros habían recibido a Jesús como su Salvador. «Vamos a hablar del cielo», decía la tarjeta de invitación.

Pepita no dejaba de saltar de alegría; iba con su sobre corriendo por todas partes, mostrándolo a todos. «Doña Beatriz me ha invitado a una fiesta –decía Pepita–. ¡Vamos a hablar del cielo!»

Cuando se encontró con Sal y Pimienta, ellos traían la misma noticia. También habían recibido una invitación, lo mismo que los otros amigos del Club.

LA FIESTA DE DOÑA BEATRIZ

El sábado, cuando llegaron al Club, encontraron que doña Beatriz había decorado su sala. Todo estaba tan bonito que parecía el cielo, por lo menos en los colores.

–Estamos de fiesta –dijo doña Beatriz al saludar a los niños–. ¿Recibieron la invitación?

–¡Sí! –gritaron todos–. ¡Muchas gracias!

Jesús dijo que cada vez que alguien se arrepiente de sus pecados y lo recibe como su Salvador, hay fiesta en el cielo. Dios y los ángeles se alegran. La buena vecina quería celebrar lo que había pasado en la reunión del Club la semana pasada. Los niños habían orado para recibir a Jesucristo como su Salvador, ¡habían nacido de nuevo!

–Cuando vi la felicidad que sintió Pimienta al entregar su corazón a Cristo, decidí que debíamos festejarlo –dijo la buena vecina–. Me alegro por todos ustedes. ¡Por eso hay fiesta!

–Me encantan las fiestas –dijo Pepita.

LA FIESTA MÁS GRANDE DE TODAS

–Hablemos ahora de la fiesta más grande de todos los tiempos –dijo doña Beatriz–. Habrá gente de todas las naciones, tribus, pueblos y lenguas. La multitud será tan grande que no se podrá contar.

–¿Qué significa eso de lenguas? –preguntó Pimienta.

–Quiere decir que habrá gente de todos los idiomas. Ruso, castellano, sueco, inglés, chino, ruso, japonés, quechua…

–¿Cómo nos vamos a entender? –preguntó Sal.

–Todos hablaremos el idioma del cielo –respondió doña Beatriz–. El cielo es un lugar de alegría. Allí no habrá más lágrimas; no habrá dolor, tristeza ni muerte.Todo será puro y perfecto. No habrá gente mala, ni siquiera habrá mentirosos.

Doña Beatriz les habló del hermoso hogar que espera a todos los que han nacido de nuevo, así como Nicodemo.

DESCRIPCIÓN DEL CIELO

Jaspe, zafiro, esmeralda, crisólito, berilo, topacio… Imagina una ciudad en que los cimientos están decorados con estas piedras preciosas, una ciudad de oro puro, como cristal pulido; una ciudad con murallas de jaspe.


Las puertas del cielo son de perlas; cada puerta es una perla. Del trono de Dios sale un río de agua cristalina. A cada lado del río está el árbol de vida, que produce un fruto cada mes.

Lo más maravilloso del cielo no son las calles de oro ni los ángeles. Jesús, que nos ha abierto la puerta al cielo, es lo más maravilloso. ¡Qué lindo será cuando nos dé la bienvenida!

Pimienta imagina que camina con Jesús
en calles de oro

La santa ciudad del cielo es la nueva Jerusalén. Es el lugar donde viviremos todos los que amamos al Señor Jesús.

LA INVITACIÓN DE DIOS

Así como Pepita y los niños del Club recibieron la invitación a una fiesta en casa de doña Beatriz, Dios nos ha invitado. La Biblia es la gran carta de invitación de Dios. Todo estamos invitados a la fiesta del cielo, a vivir con Dios para siempre.

«El que tiene sed, venga; y el que quiera, tome del agua
de la vida gratuitamente.»

Jesús le ofreció el agua de la vida a la samaritana, un manantial de alegría en su corazón. Los niños del Club aceptaron la invitación de recibir el perdón de sus pecados y la vida eterna. Para ti también es el agua de la vida. ¿Has aceptado la invitación de Dios de recibir a Jesús como tu Salvador?

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Nicodemo nace de nuevo

Hoy les voy a contar acerca del nuevo nacimiento de Nicodemo –dijo doña Beatriz cuando los niños se reunieron para el Club.

–Nuevo nacimiento, ¿qué es eso? –preguntó Pimienta–. No creo que alguien pueda nacer dos veces.

–Lo mismo pensaba Nicodemo –respondió la buena vecina–. Ahora verán que hay dos nacimientos.

–No lo creo –dijo Pimienta.

–No seas tan terco –le dijo Sal a su amigo–. ¿Por qué siempre dudas de las cosas que dice doña Beatriz?

–Es que ella habla de cosas imposibles.

–Doña Beatriz nos habla de Dios –dijo Pepita–. Dios hace cosas imposibles. Cada vez que vengo al club me siento emocionada por aprender algo nuevo.

Los niños siguieron discutiendo un rato, hasta que doña Beatriz les contó la historia. Todos escucharon atentos, especialmente Pimienta, porque él quería saber qué cosa rara era eso de nacer de nuevo.

UNA VISITA NOCTURNA

Nicodemo era fariseo y miembro de la corte suprema de los judíos. Para él era muy importante observar la ley. Muchas veces había escuchado hablar acerca de Jesús. Tal vez lo había visto hacer milagros y había escuchado alguna de sus enseñanzas. Ahora quería hablar con Jesús y hacerle preguntas.

Una noche Nicodemo fue a ver a Jesús. No sabemos por qué fue de noche. Quizá no quería que sus compañeros fariseos lo vieran. Los fariseos despreciaban a Jesús.

Jesús seguramente estaba cansado después de un día de mucho trabajo; pero recibió a Nicodemo, porque Jesús nunca rechazaba a nadie.

LA PREGUNTA DE NICODEMO

¿Qué quería Nicodemo preguntarle a Jesús? Él quería averiguar quién era Jesucristo realmente. Quería estar seguro de que Él era el Hijo de Dios.

Entre la gente de aquellos días habían muchas diferentes opiniones acerca de Jesús. Unos decían que Él era un profeta, otros decían que era un simple maestro que reunía alumnos alrededor suyo; pero nadie sabía exactamente quién era Jesús.

–Rabí, sabemos que has venido de Dios como maestro –le dijo Nicodemo–. Sin la ayuda de Dios nadie podría hacer los milagros que tú haces.

La respuesta de Jesús sorprendió Nicodemo.

–Te aseguro que si no naces de nuevo no puedes ver el reino de Dios.

¿Qué? ¿Hacerme pequeño y entrar otra vez en el vientre de mi madre y volver a nacer? pensó Nicodemo.

–¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? –preguntó.

Jesús hablaba de otra clase de nacimiento. Él quería enseñarle a Nicodemo cómo llegar a ser miembro de la familia de Dios.

–Nacer de nuevo significa llegar a ser hijo de Dios –dijo Jesús–. Cuando creas que yo soy el Hijo de Dios, el Salvador, puedes pertenecer a la familia de Dios.

LA SERPIENTE EN EL DESIERTO

Luego Jesús le puso un ejemplo de algo que pasó cuando Moisés guió al pueblo de Dios a la Tierra Prometida.

Cuando el pueblo murmuró contra Dios y Moisés, Dios mandó serpientes venenosas. Para que se salvaran de las mordeduras, Dios dijo a Moisés que hiciera una serpiente de metal y la pusiera en un palo. Cualquiera que miraba a la serpiente se sanaba de las mordeduras.

–La serpiente que Moisés levantó en el desierto era un ejemplo. Un día yo tengo que ser levantado –dijo Jesús–. Así como ellos miraron a la serpiente y se sanaron, todo el que cree en mí será salvo. Yo les doy vida eterna. Ese es el nuevo nacimiento.

Jesús hablaba del día en que Él iba a morir en la cruz.

JUAN 3:16

Para explicarle a Nicodemo sobre la salvación, Jesús dijo las palabras que son las más conocidas en todo el mundo.

«Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.»

–¡Yo lo sé! –dijo Pepita–. Es Juan 3:16. Lo he marcado en mi Biblia y lo he aprendiendo de memoria.

–Todos aprenderemos este versículo –dijo doña Beatriz.

A una voz, todos repitieron juntamente con Pepita Juan 3:16.

Pimienta estaba pensativo. Quería saber más sobre lo que Jesús dijo a Nicodemo. ¡Era cierto que hay dos nacimientos!

¿Por qué siempre tengo dudas? –se dijo nuestro amiguito–. Quiero creer en Jesús; quiero ser hijo de Dios; quiero nacer de nuevo. Es importante que nacer de nuevo. Pero, ¿cómo?

Pimienta decidió pedir a doña Beatriz que le explicara más…

¡No te pierdas el próximo número!

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Un manantial de agua viva

Ondas. Doña Beatriz preguntó a los niños si alguna vez habían formado ondas en el agua lanzando piedritas.

–A mí me encanta formar esas ondas –dijo Sal.

–Sal es experto –informó Pimienta–. Me está enseñando cómo lanzar las piedras para formar ondas. ¡No es fácil!

–Hay que lanzar las piedras de costado –dijo Sal.

–¿Sabían que dar una noticia es como formar ondas en el agua? –dijo doña Beatriz–. Así como se forman más y más ondas, una noticia se esparce. Pasa de nuestra familia a nuestros amigos, y de allí a nuestros vecinos y a otros conocidos. Al fin, ¡todos han oído la noticia!

JESÚS PASA POR SAMARIA

Hoy veremos a una mujer que dio una gran noticia.

Jesús y sus discípulos iban de Judea a Galilea. Jesús dijo que tenía que pasar por Samaria. Jesús era judío. Los judíos solían dar una gran vuelta para no pasar por Samaria, porque había enemistad entre judíos y samaritanos.

A los judíos no se les permitía hacer favores a los samaritanos y usaban la palabra «samaritano» para mostrar desprecio. Jesús no era como otros judíos. Él no hace distinción de raza ni color. Para Él todos tienen el mismo valor.

Jesús estaba cansado del viaje; tenía hambre y sed. Se sentó junto al pozo de Jacob a las afueras de la ciudad de Sicar. Los discípulos fueron a la ciudad en busca de algo para comer.

UNA MUJER DESPRECIADA

Era mediodía y el sol quemaba con fuerza. Llegó una mujer a sacar agua del pozo. Era costumbre que las mujeres iban al pozo; pero no al mediodía, cuando hacía mucho calor.

La mujer que llegó al pozo era despreciada por su mala vida. Para librarse de las burlas y las miradas de desprecio de las mujeres de su pueblo, iba a buscar agua a esas horas.

–Tengo sed –dijo Jesús–. ¿Puedes darme un poco de agua?

–¿Qué? –repondió la mujer, sorprendida–. Tú eres judío y me pides a mí, una samaritana, que te dé agua. No lo entiendo.

–¡Ah! Tú no sabes quién soy yo –dijo Jesús–. Si me conocieras, me pedirías que te dé agua viva.

–¿De dónde vas a sacar esa agua? Este pozo es hondo y no tienes con qué sacar agua.

UN MANANTIAL DE AGUA VIVA

–Yo soy el agua de vida –dijo Jesús, y le explicó a la mujer sobre sí mismo–. El agua que yo doy fluye como un manantial en tu corazón. Si crees en mí recibes la vida eterna.

Al hablar con Jesús la mujer sintió que Él sabía todo acerca de su mala vida, y que sin embargo la amaba. ¡Así es Jesús!

Tal como Jesús hace con cualquiera que cree en Él, perdonó los pecados de la mujer. En su corazón corría el manantial.

Tan feliz estaba la mujer que se olvidó de que había ido al pozo a sacar agua. Dejó su cántaro y volvió corriendo a Sicar. Calle arriba y calle abajo iba gritando:

–¡Vengan! Vean a un hombre que me ha dicho todo lo malo que he hecho. ¿No será el Hijo de Dios?

Ella corría y gritaba, y la gente la seguía. ¡Qué sensación!

Los samaritanos de Sicar conocían a esta mujer y querían ver al hombre que le había revelado todas sus maldades.

MUCHOS SAMARITANOS CREEN

Al ver a la gente Jesús se olvidó de que estaba cansado, y de que tenía hambre y sed. Para Él lo más importante era hablar a los samaritanos del camino de la salvación. Jesús no había venido a salvar sólo a los judíos, sino también a los samaritanos.

Cuando la mujer corrió con la noticia acerca de Jesús, se hicieron ondas cada vez más grandes, como cuando se lanza una piedra al agua. Muchos creyeron en Jesús por lo que ella anunciaba.

Los samaritanos estaban tan contentos que pidieron a Jesús que se quedara con ellos un tiempo. Él y sus discípulos se quedaron dos días en Sicar. ¡Y se formaron ondas! Muchos más supieron del camino al cielo. Llenos de gozo le decían a la mujer:

«Ya no creemos sólo por lo que tú has dicho, porque nosotros mismos hemos oído a Jesús, y sabemos que verdaderamente Él es el Salvador del mundo.»

–Jesús amaba a los samaritanos; por eso tenía que pasar por Samaria –dijo doña Beatriz–. ¿Creen que Jesús diría lo mismo si pasara por aquí?

–Yo quisiera que Jesús vaya a mi casa –dijo Pepita.

Jesús no viene hoy en persona a tu casa; pero puedes recibirlo en tu corazón por el Espíritu Santo. El gozo que Él te da es como si tuvieras en tu interior un manantial de agua viva.

–Sal, así como lanzas las piedritas al agua y se forman ondas, puedes anunciar la noticia de la salvación en Jesús –dijo doña Beatriz–. No sólo nuestro amigo Sal, sino todos. Podemos decir:

“¡Ven a conocer a alguien que te ama más que nadie! ¡Conoce a Jesús que pone en tu corazón un manantial de agua viva!”

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Jesús visita a Zaqueo

Imaginemos que hemos regresado en el tiempo dos mil años –dijo doña Beatriz una tarde en el Club Tesoros–. Estamos con Jesús entrando a Jericó.

Jericó era una ciudad hermosa en el valle del Jordán, cerca de Jerusalén, en el país de Israel. Cuando Jesús visitó Jericó, era una ciudad reconstruida. Miles de años antes, cuando el pueblo de Dios llegó de Egipto para conquistar la Tierra Prometida, cayeron los muros y toda la ciudad.

Lee la historia en Josué, capítulo 6.

Los israelitas, al mando de Josué, marcharon siete días alrededor de Jericó. El séptimo día rodearon la ciudad siete veces. Entonces cayeron los muros y los israelitas conquistaron la ciudad. En sus excavaciones, los arqueólogos han descubierto restos de esos muros.

JESÚS PASA POR JERICÓ

Era una tarde hermosa. De boca en boca corría la noticia de que Jesús pasaba por la ciudad. Las nuevas llegaron también a oídos de Zaqueo.

¿Quién era Zaqueo? Él era un hombre odiado por la gente. ¿Por qué lo odiaban? Zaqueo era cobrador de impuestos, un hombre muy rico. Él trabajaba para los romanos, que gobernaban sobre los judíos, el pueblo al que pertenecía Jesús.

Zaqueo había escuchado hablar mucho acerca de Jesús, y ahora que Él pasaba por su ciudad, no quería perder la oportunidad de verlo. Pero era imposible para Zaqueo acercarse a Jesús, porque lo rodeaba mucha gente.

–Ábranme paso, ábranme paso –pedía Zaqueo; pero nadie le hacía caso.

ZAQUEO SE SUBE A UN ÁRBOL

No había manera de que Zaqueo llegara cerca del Señor. Él era pequeño de estatura, y no podía mirar sobre las cabezas de los demás. Zaqueo era rico; pero para ver a Jesús de nada le valía su dinero.

¡Ah! Pero Zaqueo conocía su ciudad. Sabía que más adelante en el camino había un sicómoro. Un sicómoro es un tipo de higuera. Corrió para adelantarse a la gente y se subió al árbol.

¡Qué buena vista tenía desde allí! Podía ver y escuchar a Jesús. Lo mejor de todo era que nadie lo veía. Como la gente no quería a Zaqueo, él se sentía feliz de estar escondido en el árbol.

JESÚS LLAMA A ZAQUEO

De repente sucedió algo inesperado. Jesús y la multitud que lo acompañaba iban avanzando por el camino. Entonces Él hizo un alto. Justamente debajo del lugar donde estaba Zaqueo, Jesús se detuvo. Miró hacia arriba y dijo:

–Zaqueo, apúrate, ¡bájate del árbol! Quiero ir a tu casa.

¿Qué? ¡Jesús ir a la casa de Zaqueo! La gente se miraba una a otra, asombrada. ¿Sería posible? ¡Jesús ir a la casa del odiado cobrador de impuestos! ¡No podía ser! ¿Cómo Jesús podía rebajarse tanto? ¡Imposible!

Pero era posible. La gente odiaba a Zaqueo, pero el Señor Jesús lo amaba, así como Él ama a todas las personas. Jesús quería visitar a Zaqueo en su casa.

ALEGRÍA PARA ZAQUEO

Zaqueo no lo pensó dos veces. Inmediatamente, bajó del árbol y corrió a su casa. Sin duda mandó preparar una deliciosa cena para recibir a Jesús. ¡Qué gran alegría!

En la Biblia leemos que Zaqueo recibió a Jesús muy contento. La gente murmuraba porque Jesús había entrado a la casa de un pecador. Jesús no le dio importancia, porque Él había venido para buscar y salvar a pecadores.

Cuando Jesús entró a la casa de Zaqueo, pasó algo maravilloso. ¡Zaqueo fue cambiado! Los cobradores de impuestos engañaban a la gente; cobraban más de lo debido y se hacían ricos. Es posible que Zaqueo había engañado y que por eso era un hombre rico.

Zaqueo ya no pensaba en sus riquezas. Quería, más bien, arreglar todas sus cuentas.

–Si en algo he defraudado a alguien, le voy a devolver cuatro veces la cantidad –dijo Zaqueo–. ¡Y voy a dar la mitad de mis bienes a los pobres!

–Hoy ha venido la salvación a esta casa –dijo Jesús.

JESÚS TE INVITA

A Jesús no le importa si somos chicos o grandes, ricos o pobres. Todos somos pecadores y necesitamos de su perdón.

Los niños del Club Tesoros se imaginaron que estaban con Jesús y Zaqueo. Pero para recibir a Jesús no hay nada que imaginar. Jesús te invita a que lo recibas como tu Salvador. Él quiere perdonar tus pecados y darte un corazón limpio.

Zaqueo recibió al Señor Jesús con alegría. ¿Recibirás tú con corazón alegre la invitación de Jesús?

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El Club Tesoros del Rey

Pepita estaba triste y desilusionada. En la fiesta del perrito Dino había ganado una Biblia como premio. Pero su papá le había hecho devolver ese tesoro. Y no quería darle permiso para que vaya al club de la vecina.

El día del club, doña Beatriz fue a casa de Pepita para suplicar al papá que la dejara ir al club.

–Mi hija tiene que ayudar a su mamá –dijo don Pepe, el papá de Pepita, con voz dura y mirada seria–. Los sábados son para los quehaceres, no para divertirse.

–Por favor, papito, quiero ir al club –le suplicó Pepita, a la vez que prometió que sería obediente y que antes de ir al club haría los mandados.

–Pepe, no seas tan duro con Pepita –intervino la ma-má–. Cuando yo era niña escuché muchas enseñanzas de la Biblia. Me gustaban las historias de Jesús. Lamento que no he seguido los caminos de Dios.

DON PEPE SE RINDE

La abuela, que hasta ese momento no había dicho nada, también dio su opinión.

–Hijo, no seas tan duro con mi nieta. ¿Qué daño le puede hacer a tu hija ir a casa de la vecina? He visto que ella es una buena mujer.

–¡Mujeres! –gritó don Pepe–. ¡Cuatro mujeres en mi contra! ¿Qué puede hacer un hombre contra tantas mujeres? Está bien, la amabilidad de doña Beatriz me ha convencido.

Con una risa como de hombre vencido miró a Pepita y dijo:

–Hija, ve al club y aprende a ser tan respetuosa y amable como nuestra vecina.

–Gracias, papá –gritó Pepita y le dio un fuerte abrazo–. ¿Me das permiso de tener también la Biblia?

–¡Mujeres! –gritó don Pepe levantando los brazos, en señal de haberse rendido–. ¡Me convencieron! Sí, hija, puedes tener la Biblia, si es que la vecina no se la ha dado a otra niña.

Ese fue el comienzo de muchas cosas buenas que pasaron en la casa de Pepita. Don Pepe dijo a doña Beatriz que era bienvenida a visitarlos cuando ella quisiera.

UN NOMBRE PARA EL CLUB

Esa tarde, la buena vecina Beatriz recibió a los niños en su casa. Los invitó a pasar a la sala, donde había despejado un espacio para que todos se sentaran en círculo en el piso.

–En este club aprenderemos los tesoros de la sabiduría –dijo doña Beatriz–. ¿Han pensado en un nombre para el club?

Los niños se sintieron un poco tímidos y no dieron muchas sugerencias.

–Ya que es un club para descubrir tesoros, ¿por qué no le damos ese nombre? –dijo doña Beatriz–. Club Tesoros.

–¡Sí! –gritaron todos–. ¡Tesoros! ¡Tesoros! ¡Tesoros!

–Tesoros será –afirmó doña Beatriz–. Pero no cualquier clase de tesoros. Vamos a descubrir tesoros del Rey Jesús.

Doña Beatriz tenía Biblias que dio a los niños para que empezaran la búsqueda de tesoros. Les explicó cómo encontrar libros, capítulos y versículos. Luego todos buscaron Colosenses capítulo 2, versículo 3, y leyeron juntos:

En él están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y el conocimiento.

–Esto habla de Jesús –explicó doña Beatriz–. Jesús es el Rey de reyes y Señor de señores. Él es el Creador del universo que vino al mundo para ser nuestro Salvador. En Jesús está todo lo que necesitamos. Descubriremos juntos todos los maravillosos tesoros de la sabiduría y el conocimiento.

EL LEMA DEL CLUB

–Tendremos un lema para el club. Busquen Deuteronomio capítulo 10, y los versículos 12 y 13.

¿Qué espera Dios de ustedes? Que lo respeten y obedezcan, que lo amen y adoren con todo su ser, y que obedezcan todos sus mandamientos.

–Aprenderemos el lema usando los dedos de la mano, con cinco palabras: honrar, seguir, amar, servir, cumplir.

Aquí en el club, y en todo momento, vamos a respetar y honrar a Dios, seguir sus caminos, amarlo con todo nuestro ser, servirle con corazón dispuesto, y cumplir sus mandamientos. ¿Todos de acuerdo?

Los niños repitieron el lema y prometieron cumplirlo. «¡Que viva el Club Tesoros del Rey!» gritaron alegres.

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Fanny, una ciega agradecida

Cierra los ojos e imagina cómo sería vivir así. Imagina que nunca hubieras visto la luz del sol, las maravillas de la naturaleza, los rostros de tu familia, ni siquiera tu propio rostro. ¿Cómo crees que sería eso?

¿Has visto alguna vez a un ciego? Los ciegos suelen caminar con una vara blanca para sentir lo que hay en su camino y para que la gente sepa que allí va un ciego.

Durante todos los tiempos ha habido ciegos. Dios ha puesto una advertencia en su Palabra de que no pongamos tropiezo a los ciegos; más bien, debemos ayudarles.

 

Fanny Crosby, poeta ciega que escribió 8.000 himnos.

JESÚS Y LOS CIEGOS

Cuando Jesús estuvo en la tierra sanó a muchos ciegos. Una vez Él escupió en los ojos de un ciego para sanarlo; otra vez hizo barro para untar los ojos de un ciego. «Ve a lavarte en el estanque de Siloé», le dijo.

¿Qué crees que pasó? El ciego fue a lavarse y, por primera vez en su vida, pudo ver. ¡Qué maravilla!

Si fueras ciego, ¿quisieras recibir la vista? Uno de los ciegos sanados por Jesús se llamaba Bartimeo. Cuando él clamó por ayuda, Jesús le preguntó: «¿Qué quieres que haga por ti?»

El ciego dijo: «Quiero ver.» ¡Y recibió la vista!

LA CIEGA FANNY CROSBY

Hace muchos años, una bebé llamada Fanny quedó ciega. Fanny vivió 94 años sin ver nada. Nunca vio a sus padres. Tampoco vio a sus amigas, y muchas veces no podía hacer lo que ellas hacían. Pero decidió algo importante, que aunque no pudiera ver, sería feliz y estaría agradecida en todo.

Fanny aprendió a leer y escribir en Braille, el alfabeto de los ciegos. Cada letra es un conjunto de puntitos. En vez de leer con la vista, los ciegos «leen» con los dedos.

Durante toda su vida Fanny escribió poesías y canciones. Esas canciones eran alabanzas a Dios, que se llaman himnos. ¿Puedes creer que escribió 8.000 himnos?

LA PRIMERA POESÍA DE FANNY

A los ocho años de edad Fanny escribió su primera poesía, que es toda una expresión de alegría. Esto escribió:

Soy una persona muy feliz aunque no puedo ver.
Me he propuesto que en este mundo satisfecha voy a ser.
¡Cuántas bendiciones tengo, que otros no pueden tener!
No voy a llorar y suspirar por ser ciega. ¡No, no lo voy a hacer!

LA ABUELA DE FANNY

Fanny quería mucho a su abuela, que le describía todas las cosas hermosas que ella no podía ver: el amanecer y la puesta del sol, las estrellas, las nubes… Y le contaba de los pajaritos y sus costumbres. Mientras Fanny tocaba y olía las flores, su abuela describía la forma y el color de cada una. Junto al arroyo recogían violetas.

Lo mejor de todo era que su abuela le enseñaba las hermosas historias de la Biblia.

En las noches la abuela le contaba a Fanny acerca de Dios, el Padre celestial, que mandó a su Hijo Jesucristo a este mundo para que sea nuestro Salvador. Fanny amaba su Biblia más que cualquier otro libro y a temprana edad aceptó a Cristo como su Salvador.

ESCUELA DE CIEGOS

Cuando Fanny tenía quince años de edad pudo ir a una escuela especial para ciegos. Allí aprendió a hacer muchas cosas que le ayudaron. Con el tiempo llegó a ser maestra.

Fanny era ciega, pero tal vez ella veía más que tú y yo que tenemos dos ojos. Ella veía las maravillas de Dios y escribía poesías sobre esto. Cuando comenzó a escribir himnos, dijo: «He encontrado el trabajo que Dios tiene para mí. Soy la persona más feliz del mundo.»

SIRVIÓ A DIOS CON GOZO

Fanny vivió 94 años. ¿Cómo pasó ella todos esos años de ceguera?  Fanny sirvió con gozo al Señor Jesús. Todos sus himnos expresan alegría y gratitud. Muchas veces decía: «Pudo haber sido peor. ¿Cómo podría haber llevado una vida útil si no hubiera sido ciega? Mi corazón está lleno de gratitud hacia Jesús.» ¡Qué buen ejemplo!

Trata siempre a los ciegos con respeto y amabilidad.

 

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