El Club Tesoros del Rey

Pepita estaba triste y desilusionada. En la fiesta del perrito Dino había ganado una Biblia como premio. Pero su papá le había hecho devolver ese tesoro. Y no quería darle permiso para que vaya al club de la vecina.

El día del club, doña Beatriz fue a casa de Pepita para suplicar al papá que la dejara ir al club.

–Mi hija tiene que ayudar a su mamá –dijo don Pepe, el papá de Pepita, con voz dura y mirada seria–. Los sábados son para los quehaceres, no para divertirse.

–Por favor, papito, quiero ir al club –le suplicó Pepita, a la vez que prometió que sería obediente y que antes de ir al club haría los mandados.

–Pepe, no seas tan duro con Pepita –intervino la ma-má–. Cuando yo era niña escuché muchas enseñanzas de la Biblia. Me gustaban las historias de Jesús. Lamento que no he seguido los caminos de Dios.

DON PEPE SE RINDE

La abuela, que hasta ese momento no había dicho nada, también dio su opinión.

–Hijo, no seas tan duro con mi nieta. ¿Qué daño le puede hacer a tu hija ir a casa de la vecina? He visto que ella es una buena mujer.

–¡Mujeres! –gritó don Pepe–. ¡Cuatro mujeres en mi contra! ¿Qué puede hacer un hombre contra tantas mujeres? Está bien, la amabilidad de doña Beatriz me ha convencido.

Con una risa como de hombre vencido miró a Pepita y dijo:

–Hija, ve al club y aprende a ser tan respetuosa y amable como nuestra vecina.

–Gracias, papá –gritó Pepita y le dio un fuerte abrazo–. ¿Me das permiso de tener también la Biblia?

–¡Mujeres! –gritó don Pepe levantando los brazos, en señal de haberse rendido–. ¡Me convencieron! Sí, hija, puedes tener la Biblia, si es que la vecina no se la ha dado a otra niña.

Ese fue el comienzo de muchas cosas buenas que pasaron en la casa de Pepita. Don Pepe dijo a doña Beatriz que era bienvenida a visitarlos cuando ella quisiera.

UN NOMBRE PARA EL CLUB

Esa tarde, la buena vecina Beatriz recibió a los niños en su casa. Los invitó a pasar a la sala, donde había despejado un espacio para que todos se sentaran en círculo en el piso.

–En este club aprenderemos los tesoros de la sabiduría –dijo doña Beatriz–. ¿Han pensado en un nombre para el club?

Los niños se sintieron un poco tímidos y no dieron muchas sugerencias.

–Ya que es un club para descubrir tesoros, ¿por qué no le damos ese nombre? –dijo doña Beatriz–. Club Tesoros.

–¡Sí! –gritaron todos–. ¡Tesoros! ¡Tesoros! ¡Tesoros!

–Tesoros será –afirmó doña Beatriz–. Pero no cualquier clase de tesoros. Vamos a descubrir tesoros del Rey Jesús.

Doña Beatriz tenía Biblias que dio a los niños para que empezaran la búsqueda de tesoros. Les explicó cómo encontrar libros, capítulos y versículos. Luego todos buscaron Colosenses capítulo 2, versículo 3, y leyeron juntos:

En él están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y el conocimiento.

–Esto habla de Jesús –explicó doña Beatriz–. Jesús es el Rey de reyes y Señor de señores. Él es el Creador del universo que vino al mundo para ser nuestro Salvador. En Jesús está todo lo que necesitamos. Descubriremos juntos todos los maravillosos tesoros de la sabiduría y el conocimiento.

EL LEMA DEL CLUB

–Tendremos un lema para el club. Busquen Deuteronomio capítulo 10, y los versículos 12 y 13.

¿Qué espera Dios de ustedes? Que lo respeten y obedezcan, que lo amen y adoren con todo su ser, y que obedezcan todos sus mandamientos.

–Aprenderemos el lema usando los dedos de la mano, con cinco palabras: honrar, seguir, amar, servir, cumplir.

Aquí en el club, y en todo momento, vamos a respetar y honrar a Dios, seguir sus caminos, amarlo con todo nuestro ser, servirle con corazón dispuesto, y cumplir sus mandamientos. ¿Todos de acuerdo?

Los niños repitieron el lema y prometieron cumplirlo. «¡Que viva el Club Tesoros del Rey!» gritaron alegres.

En MIS PERLITAS hay mucho lindo material pra esta historia.

Fanny, una ciega agradecida

Cierra los ojos e imagina cómo sería vivir así. Imagina que nunca hubieras visto la luz del sol, las maravillas de la naturaleza, los rostros de tu familia, ni siquiera tu propio rostro. ¿Cómo crees que sería eso?

¿Has visto alguna vez a un ciego? Los ciegos suelen caminar con una vara blanca para sentir lo que hay en su camino y para que la gente sepa que allí va un ciego.

Durante todos los tiempos ha habido ciegos. Dios ha puesto una advertencia en su Palabra de que no pongamos tropiezo a los ciegos; más bien, debemos ayudarles.

 

Fanny Crosby, poeta ciega que escribió 8.000 himnos.

JESÚS Y LOS CIEGOS

Cuando Jesús estuvo en la tierra sanó a muchos ciegos. Una vez Él escupió en los ojos de un ciego para sanarlo; otra vez hizo barro para untar los ojos de un ciego. «Ve a lavarte en el estanque de Siloé», le dijo.

¿Qué crees que pasó? El ciego fue a lavarse y, por primera vez en su vida, pudo ver. ¡Qué maravilla!

Si fueras ciego, ¿quisieras recibir la vista? Uno de los ciegos sanados por Jesús se llamaba Bartimeo. Cuando él clamó por ayuda, Jesús le preguntó: «¿Qué quieres que haga por ti?»

El ciego dijo: «Quiero ver.» ¡Y recibió la vista!

LA CIEGA FANNY CROSBY

Hace muchos años, una bebé llamada Fanny quedó ciega. Fanny vivió 94 años sin ver nada. Nunca vio a sus padres. Tampoco vio a sus amigas, y muchas veces no podía hacer lo que ellas hacían. Pero decidió algo importante, que aunque no pudiera ver, sería feliz y estaría agradecida en todo.

Fanny aprendió a leer y escribir en Braille, el alfabeto de los ciegos. Cada letra es un conjunto de puntitos. En vez de leer con la vista, los ciegos «leen» con los dedos.

Durante toda su vida Fanny escribió poesías y canciones. Esas canciones eran alabanzas a Dios, que se llaman himnos. ¿Puedes creer que escribió 8.000 himnos?

LA PRIMERA POESÍA DE FANNY

A los ocho años de edad Fanny escribió su primera poesía, que es toda una expresión de alegría. Esto escribió:

Soy una persona muy feliz aunque no puedo ver.
Me he propuesto que en este mundo satisfecha voy a ser.
¡Cuántas bendiciones tengo, que otros no pueden tener!
No voy a llorar y suspirar por ser ciega. ¡No, no lo voy a hacer!

LA ABUELA DE FANNY

Fanny quería mucho a su abuela, que le describía todas las cosas hermosas que ella no podía ver: el amanecer y la puesta del sol, las estrellas, las nubes… Y le contaba de los pajaritos y sus costumbres. Mientras Fanny tocaba y olía las flores, su abuela describía la forma y el color de cada una. Junto al arroyo recogían violetas.

Lo mejor de todo era que su abuela le enseñaba las hermosas historias de la Biblia.

En las noches la abuela le contaba a Fanny acerca de Dios, el Padre celestial, que mandó a su Hijo Jesucristo a este mundo para que sea nuestro Salvador. Fanny amaba su Biblia más que cualquier otro libro y a temprana edad aceptó a Cristo como su Salvador.

ESCUELA DE CIEGOS

Cuando Fanny tenía quince años de edad pudo ir a una escuela especial para ciegos. Allí aprendió a hacer muchas cosas que le ayudaron. Con el tiempo llegó a ser maestra.

Fanny era ciega, pero tal vez ella veía más que tú y yo que tenemos dos ojos. Ella veía las maravillas de Dios y escribía poesías sobre esto. Cuando comenzó a escribir himnos, dijo: «He encontrado el trabajo que Dios tiene para mí. Soy la persona más feliz del mundo.»

SIRVIÓ A DIOS CON GOZO

Fanny vivió 94 años. ¿Cómo pasó ella todos esos años de ceguera?  Fanny sirvió con gozo al Señor Jesús. Todos sus himnos expresan alegría y gratitud. Muchas veces decía: «Pudo haber sido peor. ¿Cómo podría haber llevado una vida útil si no hubiera sido ciega? Mi corazón está lleno de gratitud hacia Jesús.» ¡Qué buen ejemplo!

Trata siempre a los ciegos con respeto y amabilidad.

 

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El error de Balín

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Balín era un perrito inteligente y cariñoso. Vivía con sus amos en una casa de campo. Le encantaba corretear con su amo, un muchachito llamado Javier.

Cuando Javier iba a la escuela Balín lo esperaba sentado a la puerta, y cuando su pequeño amo llegaba a casa daba saltos de alegría. Luego Javier lo abrazaba y el perrito le lamía la cara.

–Tú eres mi mejor amigo –le decía Javier a su querido perrito. Como si Balín comprendiera lo que le decía Javier, se paraba en dos patitas y con las otras dos abrazaba a su amo y amigo.

–Yo quiero que siempre estés conmigo –le repetía Javier muchas veces–. Me encanta cuando me lames la cara.

¡Y como si Balín comprendiera, lo lamía más!

UN HERMOSO INSECTO

Un día cuando Balín jugaba en el patio, se fijó en un insecto que andaba en el suelo. Al perrito le interesó el insecto y se acercó para mirarlo. El insecto tenía un cuerpo de hermoso color azul y sus alas eran de rojo vivo.

Después de dar unas vueltas alrededor del insecto, Balín comenzó a dar saltos y a ladrar; pero se cuidaba de no acercarse demasiado. Si Javier hubiera estado en casa le hubiera dicho: «¡Cuidado, Balín!» Pero Javier estaba en la escuela.

TENTADO POR EL INSECTO

El insecto estaba indiferente, y seguía andando, a la vez que movía sus hermosas alas, como si tratara de atraer a Balín. Balín se puso más valiente y se acercó poco a poco al insecto.

Las hermosas alas rojas del insecto lo tentaban. Como el insecto no le hacía nada, decidió una vez por todas mostrarle que él era más grande y fuerte. Muy decidido, pisó con una de sus patitas al insecto.

Parece que el insecto sólo estaba esperando el momento preciso, porque con la rapidez de un rayo se dio vuelta, sacó un aguijón que hasta ese momento tenía escondido, y lo clavó en la patita de Balín.

UN GRITO DE DOLOR

¿Te imaginas el grito de dolor que dio el pequeño Balín? Se fue corriendo en tres patitas, dando gritos de angustia: «¡Guau, guau, GUAU!» Con esto aprendió una lección importante: no hay que jugar con los insectos.

Cuando Javier llegó de la escuela lo encontró sentado en el fondo del jardín, lamiendo su patita.

–¿Qué te pasa, amiguito? –le preguntó a su querido Balín.

Como los perros no pueden hablar, lo único que hizo Balín fue mirar a su amo con ojos grandes y tristes. En vez de lamerle la cara a Javier, seguía lamiendo su patita.

Javier tomó a Balín en sus brazos y lo llevó a la cocina, donde estaba su mamá. Ella examinó la patita de Balín y encontró el aguijón. ¡Qué alivio para Balín cuando se lo sacó!

–¿Qué hiciste perrito travieso? –dijo la mamá.

Lo único que Balín hizo para contestar fue mover rápidamente la cola y lamer la cara de su amo Javier.

¡Qué bueno era para Balín estar en los brazos de su amo!

EL AGUIJÓN DEL PECADO

La experiencia de Balín nos enseña algo importante. En la vida hay muchas cosas que buscan atraer nuestra atención. El diablo quiere atacarnos con el aguijón del pecado.

Ten cuidado con lo que miras en la televisión y cuídate de los juegos en video, que pueden llenar tu mente con mucha violencia. Si tienes acceso a computadora o a un teléfono, cuídate de los lugares que visitas en la Internet.

Así como a Balín le pareció interesante jugar con el insecto, hay niños que juegan con el pecado. No se dan cuenta del gran peligro que representan las cosas que el diablo presenta como bonitas y atractivas.

RESISTE LA TENTACIÓN

La Biblia considera dichosos a los que resisten la tentación. ¿Sabes por qué? Cada vez que haces lo bueno en vez de lo malo, ganas una victoria sobre el pecado. El premio de obedecer a Dios es la vida eterna.

Así como Javier amaba a su perrito Balín, y nunca quería separarse de él, Dios te ama y quiere que siempre estés con Él.

Pero Dios es santo y puro, y en su presencia no puede haber pecado. Por eso Jesucristo vino al mundo para ser nuestro Salvador. Si aceptas su amor podrás estar siempre con Dios.

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En MIS PERLITAS está todo lo que corresponde a esta historia.

El árbol más favorecido

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En una colina del bosque crecían tres árboles. De vez en cuando conversaban acerca del futuro y lo que querían ser.  Uno de los árboles dijo: «Quisiera ser la camita de un bebé. Ellos son lo más precioso que jamás he visto.»

El segundo árbol dijo: «Yo quisiera ser algo importante. Quiero convertirme en un barco grande y majestuoso.»

El tercer árbol dijo: «Quisiera quedarme en esta colina y señalarles a los hombres el camino a Dios. Me parece que es lo mejor que pudiera hacer un árbol.»

pesebreEL ÁRBOL Y EL PESEBRE

Pasaron los años y los árboles fueron creciendo altos y majestuosos. Un día llegaron al bosque unos leñadores y cortaron el primer árbol. «¿Llegaré a ser una camita de bebé?», se preguntó al árbol.

Pero el árbol no llegó a ser una cama de bebé. Un carpintero lo cortó en pedazos desiguales y ásperos y el árbol se convirtió en un pesebre para un establo en el pueblito de Belén. Muy triste, el árbol dijo: «Esto no es lo que soñé. No quería ser un cajón de donde comieran los animales.»

Dios, que ama a los árboles, le susurró: «Ten paciencia, te mostraré algo hermoso.»

Una noche fría y de luna, María y José llegaron al establo. Allí nació Jesús, el Hijo de Dios, y María lo acostó en el pesebre.

«¡Qué maravilloso! –susurró el árbol–. Nunca soñé que podría llegar a ser la camita de un bebé tan importante. ¡Esto es mejor que todo lo que he imaginado!»

la-barcaEL ÁRBOL Y EL BOTE PESQUERO

Pasó el tiempo y nuevamente llegaron los leñadores al bosque. Cortaron el segundo árbol. «¿Harán de mí un barco para que navegue por los mares?», pensó el árbol.

Pero el árbol llegó a ser un pequeño bote pesquero. Su dueño fue un sencillo pescador de Galilea llamado Pedro. El árbol estaba muy descontento. «¡Qué tristeza, soy sólo un viejo barco pesquero!», se quejó el árbol.

Entonces Dios, que ama a los árboles, le dijo: «Ten paciencia, tengo un hermoso plan para ti.»

Un día, Jesús se sentó en el bote para enseñar a la gente que se había reunido. Luego dijo a Pedro que echara la red de pescar. La red se llenó con tantos peces que las redes empezaron a romperse.

El pequeño bote pesquero se estremeció, no tanto del peso de los peces como de la maravilla en su corazón. Muy emocionado, dijo: «Nunca pensé que podría llevar una carga como ésta. ¡Esto es mucho mejor que mis sueños!»

la-cruzEL ÁRBOL Y LA CRUZ

Pasó el tiempo y un día los leñadores llegaron al bosque y cortaron el tercer árbol. Ese era el árbol que quería indicar a los hombres el camino a Dios. Estaba muy triste cuando el hacha se hundió en su corteza.

«No quiero ir al valle –gritó el árbol–. ¿Por qué no me dejan en paz?» Pero los leñadores lo cortaron en pedazos, y de esoz pedazos formaron una cruz.

«¡Qué terrible! –gimió el árbol–. Me van a usar para dar muerte a alguien. Mi único deseo es señalar a los hombres el camino a Dios.»

Entonces Dios, que ama a los árboles, dijo: «Ten paciencia, te mostraré la gran misión que tengo para ti.»

Días después, se reunió en las afueras de Jerusalén una gran multitud. Jesús encabezaba la procesión, cargando una cruz. Cuando llegaron al Calvario, lo clavaron en la cruz. La cruz se estremeció bajo el peso de la agonía y la vergüenza. Pero entonces sucedió un milagro.

Cuando Jesús clamó en alta voz y expiró, la tierra se sacudió y las rocas temblaron. Un centurión romano al ver esto, exclamó: «Verdaderamente éste era el Hijo de Dios.»

Entonces el árbol que había sido transformado en una cruz comprendió el gran milagro y dijo: «Nunca pensé que podría indicar el camino a Dios de esta manera. ¡Esto es mejor que todos mis sueños!»

Cientos de árboles han crecido al pie de la colina, pero sólo uno se convirtió en la cruz en que Jesús murió para salvarnos del pecado. Ése fue el árbol más favorecido. –Adaptado

Para ti también
Dios tiene una misión especial.

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Todos los materiales para esta historia en MIS PERLITAS.

 

El barquito que se perdió

niño con barco2A Juanito le gustaba hacer cosas con las manos, especialmente tallar en madera. Un día se sintió muy feliz y orgulloso de haber terminado un barquito. Había demorado varias semanas en hacerlo.

niño con barco3No era un barquito cualquiera. Cada detalle lo había hecho con sumo cuidado. Cuando quedó satisfecho con su trabajo, lo pintó de azul con franjas blancas. Después le puso unas velas y una banderita.

Cerca de donde vivía Juanito había un lago. Era un lugar excelente para hacer navegar al barquito, porque las aguas eran tranquilas.

Un día de sol Juanito decidió probar si su barquito flotaba. Le puso una soga para que pudiera guiarlo por la orilla. Imagínate cómo se divertía al hacer navegar su barquito.

EL GRAN INCENDIO

De repente, cuando iba corriendo por la orilla y el barquito navegaba feliz en el lago, se oyó el sonido de la alarma de incendios. ¡Piiiiiii! ¡Piiiiiii! Después Juanito oyó el camión de bomberos en la distancia. Soltó la soga de su barquito y corrió hacia donde oía a los bomberos.

Era un gran incendio. Se quemaron todas las casas de una manzana completa. Juanito miraba asombrado cómo los bomberos se esforzaban en su trabajo de salvar a la gente atrapada dentro de las casas en llamas y cómo trataban de apagar el fuego.

Juanito estaba tan interesado en lo del incendio que se olvidó por completo de su barquito. En el lago, el barco fue navegando solo, alejándose más y más de la orilla.

Al fin Juanito se acordó de su barquito y volvió corriendo al lago. Miró de un lado a otro, corrió por la orilla, pero el barco había desaparecido. «¿Dónde te has ido, mi barquito?» preguntó Juanito entre lágrimas. Había dedicado mucho trabajo a tallarlo y a darle todo el acabado de un barco de velas. Ahora lo había perdido.

¿DÓNDE ESTABA EL BARQUITO?

Todos días Juanito se paseaba por la orilla del lago, con la esperanza de recuperar su tesoro. Su papá, al verlo muy triste por la pérdida de su barquito, dijo que le compraría un nuevo barco; pero Juanito no quería eso.

–No sería mi barco –dijo nuestro amiguito–. Quiero encontrar el barco que yo hice. No quiero otro barquito.

Pasaron las semanas, y luego, un día, sucedió algo extraño. Juanito caminaba por la calle principal de la ciudad en compañía de su padre. Cuando pasaron por la tienda de juguetes, vio allí a su pequeño barco.

–¡Papá, mira! –exclamó Juanito–. En la vitrina está mi barco, mi pequeño bote azul con franjas blancas.

–¿Estás seguro, hijo? –le preguntó su papá.

–Claro que estoy seguro. Hasta tiene la banderita que le puse.

–Pero el barquito tiene precio –dijo su papá–. Está en venta.

A Juanito no le importó eso. Entró en la tienda, decidido a recuperar su gran tesoro.

–He venido por mi barco –le dijo a don Edgar, el dueño de la tienda.

–¿Tu barco? ¡Ése no es tu barco!

–Sí, es mi barco. Yo lo hice. Yo lo pinté. Yo le puse las velas. Yo lo adorné con una banderita.

Entonces el papá de Juanito le explicó a don Edgar lo que había pasado con el pequeño barco azul y blanco.

–Yo lo compré de un pescador el día después del gran incendio –dijo don Edgar.

JUANITO RECUPERA SU BARCO

Juanito trataba de contener las lágrimas. Allí estaba su barquito; pero ya no era suyo

–No llores, hijo –dijo don Edgar–. Te voy a vender el barco por el precio que le pagué al pescador. ¿Te parece bien?

niño con barco4–Sí, sí –dijo Juanito entre sollozos–. Voy a vaciar mi alcancía para comprar mi barquito.

Eso es lo que hizo. Al día siguiente él y su papá volvieron a la tienda. Con rostro radiante Juanito le entregó a don Edgar el dinero que había sacado de su alcancía.

–Barquito, te compro con mi propio dinero –dijo Juanito–. Primero te hice y ahora te compro. ¡Eres realmente mío!

Cuando don Edgar le entregó el barco, Juanito lo abrazó con fuerza. Desde ese día, nunca soltó de la soga que tenía el barquito. Con sumo cuidado lo hacía navegar en el lago.

Primero te hice nino

JESÚS TE HA COMPRADO

Juanito y su barco nos hacen pensar en el Señor Jesús. Somos hijos de Dios porque nos ha creado; pero más que nada somos de Él porque nos ha comprado al morir por nosotros en la cruz. Si amas a Jesucristo y le has entregado tu vida, así como dijo Juanito a su barco, Jesús te dice: «Eres doblemente mío. Primero te hice, después te compré.»

Primero te hice Jesus Para imprimir:

La Perlita 330 El barquito que se perdió    Color:  330 El barquito que se perdió

Hoja para colorear:  330 El barco de Juanito     Póster:  1 Cor 6_20

Actividad:  330 El precio que Jesus pagó

www.freepix4all.com

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El siervo que no perdonó

¿Has pensado alguna vez en cuántas veces debes perdonar? Si alguien te ofende, ¿bastará que le perdones una vez?

Pedro, uno de los discípulos de Jesús, pensaba en esto. Un día le preguntó a Jesús cuántas veces debía perdonar a alguien que le había ofendido.

–¿Siete veces?

–No siete veces –dijo Jesús–. Más bien, ¡70 veces 7!

Si alguien te ofende, ¿contarías cuántas veces le perdonas? Tal vez podrías llevar la cuenta cuatro o cinco veces, pero después sería difícil. Jesús quiso decir que debemos perdonar cada vez que alguien nos ofende.

EL REY Y EL SIERVO DEUDOR

Jesús le puso un ejemplo a Pedro contándole una parábola. Las parábolas son historias con enseñanzas.

Un rey quiso poner al día las cuentas con sus siervos. Uno de sus siervos le debía millones de monedas de plata. Como el siervo no tenía dinero para pagar su deuda, el rey ordenó que lo vendieran como esclavo, con su esposa y sus hijos. Esa era la costumbre cuando alguien no podía pagar una deuda.

Inmediatamente el siervo cayó de rodillas ante el rey y suplicó que le perdonara.

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–Tenga paciencia conmigo –le rogó–, y se lo pagaré todo.

El rey tuvo compasión del siervo y le perdonó la deuda.

EL COMPAÑERO DEL SIERVO

Apenas salió de la presencia del rey, el siervo se encontró con un compañero que le debía unos miles de monedas de plata. Eso no era nada en comparación con la deuda que el rey le había perdonado. Pero el siervo no pensó en eso, sino que agarró al hombre por el cuello y le exigió que le pagara lo que le debía.

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–Ten paciencia conmigo –le suplicó su compañero–, y te lo pagaré.

Pero el siervo que había sido perdonado no quiso perdonar. Hizo arrestar su a compañero y lo puso en la cárcel hasta que pagara toda la deuda.

EL REY CASTIGA AL SIERVO

Cuando los compañeros del siervo vieron que éste no quiso perdonar, les pareció muy injusto. Inmediatamente se lo informaron al rey.

Entonces el rey mandó llamar nuevamente a este siervo.

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–¡Siervo malvado! –le dijo–. Te perdoné una tremenda deuda porque me rogaste. ¿No deberías haber tenido compasión de tu compañero, así como yo fui amable contigo?

Muy enojado, el rey entregó al siervo a los carceleros, para que lo pongan en la cárcel hasta que cancele todo lo que debía.

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PERDONA DE CORAZÓN

¿Qué crees que pensó Pedro al escuchar esta historia? ¿Te parece cosa seria no perdonar? Fíjate lo que dijo Jesús al finalizar esta historia:

«Así también mi Padre celestial los tratará a ustedes,
si no perdonan de corazón a su hermano.»

NO GUARDES RENCOR

Si alguien te ofende, no guardes rencor en tu corazón. Perdona y pon en manos de Dios la ofensa.

No es fácil perdonar, especialmente si te te tratan injustamente. Puede ser un amigo o un vecino que te ofende. A veces, hasta alguien de tu propia familia te puede tratar mal. ¡Perdona a la persona!

El rencor es un veneno mortal. Te roba la paz en tu corazón. Dios quiere que en vez de odio llenes tu vida de amor.

SIGUE EL EJEMPLO DE JESÚS

Jesús vino a este mundo para darnos perdón. No todos lo aceptaron; muchos lo odiaron. Fue maltratado, lo acusaron falsamente, lo insultaron, se burlaron de Él… Pero al morir en la cruz, pidió a Dios que perdone a los que lo maltrataron.

Con la ayuda de Dios, sigue el ejemplo de Jesús. Perdona a los que te tratan mal. ¡Perdona cualquier ofensa!

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Ayudas visuales para la historia bíblica de Mateo 18:23-35

El siervo que no perdono AV BN    El siervo que no perdono AV CO

El siervo que no perdono AV GR

Multimedia: El siervo que no perdonó PDF   El siervo que no perdonó PPT

La Perlita 328 El siervo que no perdono   Color: 328 El siervo que no perdono

Hoja para colorear:  328 El perdon

Póster:  328 Col 3_13 Poster

Actividad:  328 El perdon

El regalo extraordinario de María

Regalos. ¿A quién no le gusta recibir regalos? A todos, ¿verdad?

Hoy te voy a contar de alguien que recibió un regalo extraordinario, algo fuera de lo común. Ya verás que fue un regalo muy especial.

Acompáñame a visitar a María y Marta en Betania, en el lejano país llamado Israel. Betania queda cerca de Jerusalén, la ciudad capital.

Esta visita es imaginaria porque estamos volviendo atrás dos mil años. Marta y María eran dos hermanas que amaban a Jesús y hacían todo de su parte para mostrarle su amor.

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LA HOSPITALARIA MARTA
Marta era una experta ama de casa. Ella mostró su amor a Jesús con hospitalidad. Cantaba alegremente en la cocina mientras preparaba una exquisita cena para Jesús y sus discípulos, que estaban de visita.

Marta dejó de cantar y miró alrededor. ¿Dónde estaba María? ¿Por qué no le ayudaba en la cocina? La alegre Marta se enojó.

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María. ¿Qué hacía María? Estaba sentada a los pies de Jesús escuchando su enseñanza. Ahora Marta estaba furiosa. «¿Cómo es posible que María me deje sola en la cocina?» murmuró entre dientes. Y fue a quejarse donde Jesús.

–Maestro, ¿no te importa que María me haya dejado sola con todo el trabajo? Dile que me ayude.

MARÍA Y LA BUENA PARTE
Jesús miró de una hermana a otra. Ambas lo amaban; ambas querían hacer todo por demostrarle su amor. Pero sólo una de ellas había escogido lo mejor, sentarse a los pies de Jesús.

Con mirada tierna Jesús respondió:

–Marta, Marta, estás preocupada con muchas cosas. María ha escogido «la buena parte» y no se la voy a quitar.

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EL TESORO DE MARÍA
¿Crees que María era perezosa, que por eso no ayudaba a su hermana? Al contrario, María debe haber sido una mujer muy laboriosa. Ya verás por qué.

María tenía un tesoro, un frasco de alabastro, con un perfume costoso de nardo puro, valorado en 300 denarios. Su precio representaba el salario de todo un año. Seguramente trabajó mucho para conseguir ese perfume.

¿Qué hizo María con su tesoro, con el perfume? Antes de que Jesús muriera en la cruz hicieron en Betania una cena para Él. Allí María le ofreció su tesoro. ¿Cómo?

María hizo algo que sorprendió a todos los que lo vieron. Derramó el perfume sobre los pies de Jesús; después le secó los pies con sus cabellos. ¡Y la casa se llenó del olor del perfume!

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Los discípulos se indignaron y dijeron que era un desperdicio. Pero nada que damos a Jesús es un desperdicio.

–¿Por qué la molestan? –dijo Jesús–. Ella ha hecho una buena obra. En cualquier lugar donde se predique este evangelio, se contará también lo que ella ha hecho por mí.

¡Por eso, ahora, tú te enteras del tesoro que María regaló a Jesús!

UN REGALO FRAGANTE
Cuando Jesús visitó el hogar en Betania, María escogió «la buena parte»; se sentó a los pies de Jesús para escuchar sus palabras. El día que se hizo la cena para Jesús, María sacó su tesoro y lo derramó a sus pies.

¡Qué regalo extraordinario! ¿Obsequiarías algo que te hubiera costado todo un año de trabajo?

Todos sintieron la fragancia del tesoro que María regaló a Jesús.

Tu vida puede ser un regalo fragante. María hizo lo que pudo para mostrar su amor a Jesús, y lo mismo hizo Marta.

¿Cómo mostrarás tu amor a Jesús?

Lucas 10_42

Para imprimir:

La Perlita El regalo extraordinario de Maria

Historia en color: El regalo extraordinario de Maria color

Hoja para colorear: Jesus y Maria

Póster:  Lucas 1042

Multimedia: Amor extravagante

Actividad: 312 La buena parte