El alfabeto de fragancia

Pepita y Estrella inventaron una canción acerca del «otro camino». Salieron del Club camino a casa cantando una melodía alegre:

Con Jesús vamos por otro camino.
Con Jesús vamos por el camino de victoria.

La semana siguiente entraron de brazo a la sala de doña Beatriz, donde se reunía el Club, cantando alegres lo mismo. Toda la semana habían cantado acerca del camino de victoria. Los niños que ya habían llegado se unieron con ellas y todos cantaron.

Pimienta entró saltando, moviendo un papel.

–Tengo palabras –gritó, mirando a doña Beatriz–. He hecho una lista de palabras para el alfabeto. ¿Quién más ha traído palabras?

Pimienta miró a sus amigos del Club, moviendo con más fuerza su papel. Pero nadie más había traído una lista.

Doña Beatriz saludó a los niños y felicitó a Pimienta.

–Vecinita, ¿quiere ver mi lista? –le preguntó el niño.

Doña Beatriz se inclinó para mirar la lista de palabras. Por cada letra Pimienta había escrito una o dos palabras, excepto en K, Ñ, Q, y las últimas letras del alfabeto.

–Te felicito, Pimienta –dijo la buena vecina–. ¿Cómo conseguiste tantas palabras?

–¡Fácil! –respondió nuestro amiguito–. Mi papá me prestó su diccionario. Sal y Samuel me ayudaron.

Pimienta estaba tan animado que no quiso esperar a que lleguen los demás niños. Al momento quería leer su lista; pero tuvo que esperar.

Zorrillo o fragancia

Doña Beatriz explicó a los niños el significado de la palabra fragancia, que es algo agradable, como el aroma de una flor.

–¿Qué es un zorrillo? –les preguntó.

–Ni se acerquen a ese animal –dijo Sal–. Mi papá sabe cómo es eso. Una tarde se encontró con un zorrillo, que desprendió un olor muy desagradable sobre él. Cuando llegó a la casa nos tapamos la nariz porque olía horrible. Mi mamá lavó sus pantalones pero no salía el olor.

–A veces mi hermano me dice que huelo a zorrillo –dijo uno de los niños.

–Oler a zorrillo es feo y desagradable –dijo doña Beatriz–. La fragancia es todo lo contario. Es como el perfume agradable de una flor. Cuando nos portamos mal con alguien olemos a zorrillo; dejamos un hedor.

Vamos a aprender cómo nuestra vida puede ser un aroma fragante como de una flor.

–Mi lista… ¿cuándo voy a leer mi lista? –preguntó Pimienta, moviendo nuevamente su papel.

Así que, comenzaron a armar la lista en la pizarra.

Una lista de bellas palabras

Doña Beatriz escribió todo el alfabeto en fila y los niños nombraron palabras. Pimienta tuvo que tener paciencia para dejar que sus compañeros participen, aunque realmente él quería decir todas las palabras.

Amor, bueno, compasión, energía, fiel, gracias, honrado, inspirado… Los niños daban las sugerencias y doña Beatriz las escribía en la pizarra para llenar el alfabeto.

–¡Jesús! –gritaron varios niños cuando llegaron a la jota–. Jesús… justo, joya.

–¿Qué palabra has escrito para la o? –le preguntó doña Beatriz a Pimienta cuando llegaron a la o.

–Sólo encontré una palabra.

–Obedecer –dijo Sal–. Para no ser como zorrillos creo que debemos obedecer; pero muchas veces es difícil.

–La obediencia es un aroma fragante –dijo la buena vecina–. Sal tiene razón. Desobedecer es como el olor feo del zorrillo. Agradamos a Dios al ser obedientes.

–Hablar malas palabras huele a zorrillo –dijo Pepita.

–Hablar mal de alguien también huele feo –agregó Estrella–. A mí me gusta dar abrazos y besos. No quiero oler a zorrillo. ¿Quién quiere que le dé un abrazo?

Cuando ninguno de los niños quiso recibir un abrazo, para que ella no se sintiera triste, doña Beatriz dijo:

–Yo quiero un abrazo.

Estrella tiene un diagnóstico llamado Síndrome de Down. Sus rasgos físicos son un poco diferentes y no tiene la misma capacidad mental que otros niños. Pero hay algo muy especial que la caracteriza; ella es alegre y amorosa.

Con el alfabeto de fragancia doña Beatriz quiere enseñar a los niños la importancia de que nuestra vida sea un aroma. Juntamente con los niños del Club Tesoros aprenderás muchas cosas lindas para que tu vida sea como un perfume que anuncia el amor de Dios.

¡No te pierdas ningún capítulo de la serie del ABC de fragancia!

¿Qué crees que piensa Pimienta?

MIS PERLITAS

En Mis Perlitas está el material que corresponde con esta historia.

 

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El camino de victoria

Estrella, la amiga de Pepita, estaba feliz con su corona de estrellas.

–Soy Estrella y tengo estrellas –repetía una y otra vez.

Cada vez, doña Beatriz le decía que no interrumpa la historia que ella les estaba contando; pero Estrella se olvidaba y volvía a repetir: «¡Soy Estrella y tengo estrellas!»

Pimienta, que había recibido la corona para representar al rey Herodes, bromeó con Estrella, diciendo:

–Soy Herodes y tengo una corona. ¡Tú tienes estrellas pero yo tengo una corona!

–No te sientas tan orgulloso –le dijo su amigo Sal–. El rey Herodes era un rey malo.

–Pero yo soy un Herodes bueno –dijo Pimienta.

–Herodes buscó al niño Jesús para matarlo –dijo Pepita.

–Yo soy un Herodes bueno –volvió a decir Pimienta.

–Yo soy una maestra buena –dijo doña Beatriz, y sacó una estrella de una caja sobre la mesa. La estrella tenía un palito para que sea fácil sostenerla.

UNA ESTRELLA PARA ESTRELLA

–Estrellita, ahora serás la estrella de Belén –le dijo doña Beatriz y le dio la estrella–. Vas a guiar a los magos para que encuentren a Jesús. ¡Eres una estrella brillante!

–¡Bravo! Soy la estrella de Belén –gritó Estrella.

Fue una tarde muy divertida. Cada uno de los niños representó a uno de los personajes de la historia del nacimiento de Jesús. Doña Beatriz había llevado disfraces para todos, y una muñeca para que represente a Jesús.

Pimienta, que había estado tan orgulloso de su corona, ya no quería ser Herodes.

–¿Quién quiere mi corona? –preguntó al sacársela–. Yo quiero ser uno de los reyes magos.

Nadie quería ser el rey malo; pero al fin Sal aceptó serlo.

Los padres de doña Beatriz estaban de visita, así que ella los invitó a que vieran la actuación.

–Me llamo Estrella y soy la estrella de Belén –dijo Estrella y le dio un fuerte abrazo a la mamá de doña Beatriz. A ella le gusta sonreír y dar abrazos.

ESTRELLAS PARA TODOS

Después que los niños actuaron la historia de los pastores y el pesebre, y de los magos y los regalos que ofrecieron al niño Jesús, doña Beatriz sacó más estrellas de su caja y dio una a cada uno.

–Las estrellas tienen palabras –dijo la buena vecina–. Con las palabras vamos a formar un versículo.

–A mí me tocó “Jesús” –gritó Pimienta.

–Yo tengo la palabra “Dios” –dijo Estrella.

–A mí me tocó “triunfo” –dijo Sal–. Eso significa “victoria”. Me gusta esa palabra.

Uno por uno mencionaron la palabra que les había toca-do y empezaron a formarse en orden. Doña Beatriz les ayudó. Los que no tenían palabras en su estrella se sentaron, y leyeron lo que sus compañeros formaron:

Mas a Dios gracias, el cual nos lleva siempre en triunfo en Cristo Jesús.

–Cuando los magos visitaron a Jesús, ¿por qué regresaron a su país por otro camino? –preguntó doña Beatriz.

–Porque soñaron que debían hacerlo –dijo Pimienta.

–Dios les advirtió que no vuelvan al palacio –dijo Sal–. Era porque Herodes iba a buscar a Jesús para matarlo.

–Vamos a aprender lo que significa andar por otro camino –dijo doña Beatriz–. Haremos un abecedario que muestra cómo seguir por otro camino. Lo llamo el camino de victoria.

UNA CANCIÓN DE VICTORIA

Pepita y Estrella inventaron una canción acerca del «otro camino» y la cantaron con una melodía alegre.

Con Jesús vamos por otro camino.
Con Jesús vamos por el camino de victoria.

Varios de los niños se unieron con ellas y cantaron. Doña Beatriz también cantó. Les dijo que tenían todo un año para aprender del camino de victoria.

–Quiero que todos piensen en una palabra para nuestro abecedario. En la próxima reunión lo armaremos.

–Fácil –dijo Pimienta–. ¡Para mí que la A es por amor!

Pepita y Estrella se despidieron y fueron cantando la canción de victoria por el camino de regreso a casa.

–Yo digo que la V es por victoria –dijo Estrella. Luego le sonrió a su amiga Pepita y le dio un fuerte abrazo.

MIS PERLITAS

En Mis Perlitas está todo lo que corresponde con esta historia.

 

Los magos y el otro camino

Era la reunión de fin de año. Como siempre, doña Beatriz tenía sorpresas y regalos para los niños. A Estrella, la amiga de Pepita, le puso una corona de estrellas.

–Estrella, hoy serás la «estrella» del Club –le dijo doña Beatriz.

–¡Bravo! Soy Estrella y tengo estrellas –gritó la niña llena de emoción.

El salón estaba decorado con estrellas y todos recibieron estrellas, con una vela en el medio. Al encender la vela, la estrella les protegería para que no se quemaran.

–¿Qué vamos a hacer hoy y para qué es la vela? –preguntó Pimienta, el amigo de Sal que siempre tenía preguntas–. ¿Y por qué sólo Estrella ha recibido una corona?

–Lo siento, Pimienta –respondió doña Beatriz–. Te pondré una corona para que seas el rey Herodes. Las velas son para encender como estrellas.

La buena vecina les advirtió que tuvieran mucho cuidado con las velas encendidas. Luego apagó la luz, encendió su vela, y pasó de uno a otro niño encendiendo las velas de cada uno. Fue emocionante cuando todas las velas estaban encendidas y los niños las movían lentamente de un lado a otro en la oscuridad del salón.

–Brillen estrellitas, brillen –cantó doña Beatriz. Y los niños le siguieron en el canto. Pimienta se hizo oír sobre todos por cantar con todas sus fuerzas.

Luego apagaron las velas y doña Beatriz les contó la historia de la estrella de Belén. Ella dejó encendida su vela. Su rostro brillaba en la oscuridad del salón. A un lado tenía a Estrella y al otro a Pimienta. Los niños del Club escucharon atentos.

La estrella de Belén

La noche cuando Jesús nació en Belén Dios puso en el cielo una estrella mensajera. Lejos de Belén, en el Oriente, unos magos, hombres sabios que estudiaban las estrellas, habían oído que nacería un rey de los judíos. Decidieron viajar en busca del rey.

Al llegar a Jerusalén preguntaron dónde estaba el niño que había nacido para ser el rey de los judíos. Habían visto su estrella y ahora venían para adorarlo.

En Jerusalén vivía el rey Herodes. Él se puso nervioso al oír la pregunta de los magos. Herodes sabía que iba a nacer un rey, el Mesías, y preguntó a los sacerdotes y a los maestros de la Ley dónde tenía que nacer ese rey.

Cientos de años antes un profeta de Dios había anunciado que en Belén de Judea iba a nacer Cristo, el rey que guiaría al pueblo de Dios.

El rey Herodes mandó a llamar en secreto a los magos y les dijo que vayan a Belén y averigüen todo acerca del niño. «Cuando lo encuentren, avísenme –les dijo–. Yo también quiero ir a adorarlo.» ¡Pero eso no era verdad!

La estrella que los magos habían visto en su país los guió hasta que se detuvo sobre la casa donde estaba Jesús. ¡Qué felices se sintieron al ver la estrella!

Los magos habían viajado desde muy lejos. Habían pasado mucho tiempo viajando. Jesús ya no era un bebé acostado en un pesebre; era un niñito que seguramente ya corría y jugaba. Estaba en la casa con María, su madre. Cuando los magos lo vieron, se arrodillaron para adorarlo. Luego abrieron sus cofres y le regalaron oro, incienso y mirra.

Dios salva a su Hijo

El rey Herodes tenía planes malvados. En un sueño, Dios les avisó a los magos que no volvieran al palacio del rey. Entonces, regresaron a su país por otro camino.

Cuando Herodes comprendió que los magos no volverían a Jerusalén, se puso furioso. No quería saber nada del rey que había nacido en Belén. En su ira, mandó matar a todos los niños menores de dos años de la ciudad de Belén y alrededores.

¿Cómo se salvó el niñito Jesús? Un ángel de Dios se le apareció a José en un sueño y le advirtió que Herodes iba a buscar a Jesús para matarlo. Esa misma noche José escapó a Egipto con Jesús y María, y se quedó allí hasta que Herodes murió.

Así salvó Dios a su Hijo Jesús, y guió a los magos para que
volvieran a su país por otro camino.

 

MIS PERLITAS

En MIS PERLITAS está todo el material que corresponde con esta historia.

 

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Fiesta de luz en el Club Tesoros

Sal y Pimienta son dos amigos inseparables. Sal tiene piel blanca y Pimienta es más oscuro. Sal y Pimienta son sobrenombres y nadie recuerda quién se los puso. Algunos ni siquiera saben que Sal es Alberto y Pimienta es Félix.

Deberían haberles puesto Leche y Chocolate, o ¿por qué no Café con Leche? La piel de Pimienta es de un hermoso color café. Pero no hablemos de los sobrenombres de estos niños, porque hay algo más importante que tratar.

Club Tesoros del Rey

Sal y Pimienta tienen una amiga llamada Pepita. Una de sus vecinas es doña Beatriz. Todos los sábados los niños del vecindario se reúnen en casa de la buena vecina para la reunión del Club Tesoros del Rey. Allí aprenden hermosas historias de la Biblia. Doña Beatriz les habla del amor de Dios y les enseña cómo ser buenos ciudadanos.

Ahora la buena amiga de los niños los había llamado a una reunión especial para hablar con ellos de algo importante.

–¿Qué será tan importante que doña Beatriz nos haya llamado a una reunión especial? –le dijo Pimienta a su amigo Sal mientras iban de brazo a casa de la buena vecina.

–Quizá sea por el halloween –dijo Sal.

–¿Por qué piensas que sea por el halloween? –respondió Pimienta, sorprendido. Él es un muchachito que siempre tiene muchas dudas y preguntas.

Conversando, estos amiguitos llegaron a la casa de doña Beatriz. Varios niños del Club ya estaban reunidos. Sal saludó a todos con un fuerte «Hola», moviendo la mano. Pimienta siguió su ejemplo, aunque su saludo no fue tan fuerte.

–Gracias por venir –dijo doña Beatriz, con una sonrisa alegre, a la vez que movía la mirada de un niño a otro–. Quiero explicarles acerca del halloween y hacerles una invitación.

–Ya ves –le susurró Sal a su amigo–. ¡Lo sabía!

No era la primera vez que Sal adivinaba cosas.

–¡Shhh! ¡No conversen! –les amonestó su amiga Pepita.

¿Qué es el halloween?

Doña Beatriz había puesto un cartel en la pared, que decía «no» al halloween y «sí» a Jesús. Ella quería explicar a los niños el significado de esta celebración, que no tiene nada que ver con el amor de Jesucristo, que es la luz del mundo.

–¿Les gusta el halloween? –preguntó.

–¡Sííí! –gritaron todos levantando las manos.

Entonces doña Beatriz les habló de su preocupación, de que el halloween no honra al Señor Jesucristo.

Jesús es la luz del mundo. Todo lo hermoso y puro viene de Él. Así también, los que creemos en Él somos luz.

El halloween es una noche de brujas y de muerte, que de ninguna forma honra a Dios. Muchos piensan que solamente es un juego inocente de disfrazarse e ir de casa en casa pidiendo caramelos; pero en realidad es una fiesta al diablo.

Su origen es muy antiguo, desde antes del nacimiento de Jesús. Comenzó como un «festival de la muerte». Se celebra la oscuridad, y no debemos participar porque somos luz.

–Quisiera que estén aquí conmigo en halloween –dijo doña Beatriz–. Haremos una fiesta de luz. Traigan a sus amigos e invitaremos a la fiesta a los que vienen a la puerta.

–¡Una fiesta de luz! –gritó Pepita, que recordó el día que doña Beatriz le hizo una fiesta de cumpleaños–. ¡Me encantan las fiestas!

Todos comenzaron a hablar a la vez, cada uno con ideas de cómo sería la fiesta.

–Pidan permiso a sus padres –les dijo la buena vecina–. Y avísenme si vendrán.

Una fiesta de luz

En la noche de halloween Pepita llegó a la fiesta con su amiga Estrella, la niña con síndrome de Down. A Estrella nunca antes la habían invitado a una fiesta tan bonita, con globos, golosinas, juegos y premios.

–Doña Beatriz me quiere –le dijo Estrella a Pepita.

–Ella nos quiere a todos –respondió Pepita–. Es la vecina más buena de todas. Siempre te hace sentir importante.

Para que doña Beatriz no tuviera que interrumpir la fiesta cuando alguien tocara la puerta, Sal se ofreció a saludar a los que llegaran. Él los invitaba a entrar. Los que no se quedaban recibían una bolsita con golosinas y una tarjeta dibujada por doña Beatriz, con un mensaje de luz y amor.

Al terminar la fiesta, cuando los padres venían a recoger a sus hijos, para que no volvieran a casa solos en la oscuridad, los niños no querían irse. Entonces doña Beatriz les prometió que pronto harían otra fiesta.

–¡La fiesta de luz ha sido mejor que cualquier halloween! –dijo Pimienta–. Gracias doña Beatriz.

MIS PERLITAS

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La serpiente de bronce

Había serpientes venenosas en todo el campamento. ¿Qué había pasado? Otra vez el pueblo de Israel estaba descontento.

–Estamos cansados del maná –decía la gente.

El maná era el pan que Dios mandaba cada día.

–Tenemos sed. ¡No hay agua! –se quejaban otros–. ¡Queremos agua!

–Moisés, ¿por qué nos sacaste de Egipto? ¿Para hacernos morir en el desierto?

¿Te parece que los israelitas eran malagradecidos? Dios les mandaba todos los días comida del cielo, y ellos se cansaron de esa comida.

El pueblo de Israel se parece un poco a ti y a mí. ¡Cuántas veces nos quejamos! Si hace calor, decimos que hace calor; si hace frío, nos quejamos del frío. Cuando llueve, no nos gusta mojarnos, y el día que no llueve, nos fastidia el polvo.

Algo más… ¿Te gustaría comer todos los días la misma cosa? Eso es lo que hacían los israelitas.

Los israelitas se quejan del maná

Serpientes venenosas

Cuando Dios oyó las quejas del pueblo decidió castigarlos. Envió serpientes venenosas que los mordieron. Muchos de los israelitas murieron.

¿Cómo habrá sido vivir en el campamento de Israel? ¡Las serpientes venenosas se resbalaban y se retorcían sobre la gente! ¡Era horrible!

Las serpientes mordían a unos en el brazo, a otros en las piernas. Alguien tal vez fue mordido en el estómago. Las heridas eran dolorosas. «Ay, ay, ay», gritaba la gente por todo el campamento.

Eleazar y Raquel miraban asombrados lo que pasaba. A ellos no les atacaron las serpientes ni tampoco a sus padres. ¿Sería porque ellos no se habían quejado? Simón, el papá de Eleazar, desde el principio había apoyado a Moisés.

El pueblo se arrepiente

El pueblo que se había quejado fue a hablar con Moisés. Todos estaban arrepentidos.

–Moisés, hemos pecado al hablar contra el Señor y contra ti. No debíamos habernos quejado. ¿Puedes pedirle al Señor que quite las serpientes del campamento?

Moisés tenía mucha paciencia. Hizo lo que el pueblo desobediente y malagradecido le pidió. Oró al Señor; le pidió que perdonara al pueblo.

–Raquel, vamos a la colina que está en medio del campamento –le dijo Eleazar a su amiga–. Dicen que allí Moisés está levantando una serpiente en un palo.

–¡Vamos! –dijo Raquel–. ¿Qué hará él con la serpiente?

La serpiente de sanidad

Los niños vieron a Moisés subido en una escalera sobre un palo grande. Estaba colgando allí una serpiente.

Los que miraban la serpiente, se sanaban

Moisés mandó mensajeros por todo el campamento.

«¡Atención! –gritaban los mensajeros–. ¡Miren a la serpiente que Moisés ha puesto en el palo! Si les muerde una serpiente, ¡miren a esa serpiente de metal y serán sanados.»

Eleazar y Raquel vieron muchos milagros ese día. Cada persona que tenía una mordedura venenosa, tan pronto miraba a la serpiente que Moisés había puesto en un palo sobre la colina, se sanaba. Uno tras otro de los que se estaban muriendo por el veneno, se levantaban.

¡Qué fácil fue para los israelitas ser sanados! Sólo tenían que mirar a la serpiente. Los que decían que era ridículo, y no la miraron, murieron por las picaduras venenosas.

No fue la serpiente de bronce que sanó a los israelitas que tenían mordeduras venenosas. Ellos fueron sanados por el poder de Dios, al ser obedientes. Dios dijo que miraran a la serpiente de bronce, y cuando obedecieron, fueron sanados.

«Como levantó Moisés la serpiente en el desierto,
así también tiene que ser levantado el Hijo del hombre.»

Como Moisés puso la serpiente sobre un palo grande y lo levantó en alto, Jesús fue levantado al morir en la cruz. Todo el que cree el Él recibe la salvación.

No es la cruz de Jesús que te salva, sino creer en Jesús que murió en la cruz, eso te da el perdón de pecados.

Todos los que miraron a la serpiente fueron sanados.

Todos los que creen en Jesús que murió en la cruz son salvos. Jesús murió y resucitó para ser tu Salvador. ¿Lo crees?

En Mis Perlitas encontrarás muchas ayudas para esta historia.

MIS PERLITAS

Jesús, el burrito y los niños de Jerusalén

Se acercaba la Pascua. Jesús iba camino a Jerusalén. Él necesitaba un burrito. Pidió a dos de sus discípulos que fueran a la aldea de enfrente y le trajeran uno que estaba atado allí.

–Si alguien les pregunta por qué lo desatan, díganle que el Señor lo necesita.

Entrada Triunfal 1

Los discípulos trajeron al burrito y Jesús lo montó.

Entrada Triunfal 2

La gente que seguía a Jesús estaba emocionada. Tendieron mantos y ramas de palma por el camino para que Jesús pasara. El burrito se sentía feliz de llevar a Jesús.

Al llegar cerca de la bajada del monte de los Olivos la gente comenzó a alabar a Jesús. Chicos y grandes gritaban:

«¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en
el nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas!»

EL PROFETA DE NAZARET

Toda la ciudad estaba conmovida.

La gente, asombrada de ver a Jesús montado en un burrito, se preguntaba: «¿Quién es éste?»

–Es el profeta Jesús de Nazaret de Galilea –respondieron los discípulos.

El burrito sonrió feliz. ¡Qué privilegio de llevar montado a Jesús!

Entrada Triunfal 3
¿Adónde crees que fue Jesús?

Jesús fue directamente al templo, la casa de oración. El templo era un lugar sagrado para honrar y alabar a Dios. Pero había mucho desorden.

Entrada Triunfal 4

En el templo había mesas de cambistas de dinero y venta de palomas para los sacrificios. Jesús, que recién había estado alegre y sonriente, se enojó y empezó a volcar las mesas de los cambistas.

Las monedas volaban y caían sonando por todo lado. Jesús también volcó los puestos de los que vendían palomas. ¡Y volaron las palomas!

Entrada Triunfal 5

–¡Ésta es la casa de mi Padre! –dijo Jesús, indignado, con voz como de trueno–. Está escrito que el templo debe ser casa de oración. ¡Ustedes lo han convertido en cueva de ladrones!

Marcos 11_17

LOS CAMBISTAS

¿Por qué había cambistas de dinero en el templo? Era la Pascua y venían judíos de diferentes lugares, con distintas monedas. Necesitaban cambiar su dinero para las monedas que se usaban en el templo.

¿Por qué vendían palomas? Ofrecían palomas en los sacrificios. Los viajeros no habían traído palomas. ¡Pero no debían convertir el templo en un mercado!

COJOS Y CIEGOS SANADOS

En el templo venían ciegos y cojos para ser sanados. ¡Jesús los sanó a todos!

Entrada Triunfal 6
Los niños seguían gritando alabanzas: «¡Hosanna al Hijo de David!»

Pero no todos estaban felices. Los líderes religiosos se quejaron de las alabanzas.

–¿Oyes lo que éstos están diciendo? –le preguntaron a Jesús.

–Claro que sí –respondió Jesús–. ¿No han leído que en los labios de los pequeños Dios ha puesto la perfecta alabanza? Además, si la gente no me alababa, lo harán las piedras.

¡Qué bueno que los niños alabaron a Jesús en la casa de oración! Si no, lo hubieran hecho las piedras.

CONDENADO A MUERTE

Esa Pascua en Jerusalén fue la más dramática y asombrosa de la historia humana.

Un día Jesús entró a Jerusalén montado en un burrito. La gente tendió mantos y ramas de palma en el camino para que pasara el rey Jesús. Chicos y grandes le cantaron alabanzas y hosannas.

Unos días más tarde, la misma gente gritaba ante el gobernador Pilato:

–¡Crucifícale! ¡Crucifica a Jesús!

Los jefes religiosos habían condenado de muerte a Jesús; pero ellos tenían que recibir la aprobación de Pilato, el gobernador romano. Pilato no encontró culpa en Jesús; sin embargo, hizo lo que la gente reclamó, que mande crucificar a Jesús.

JESÚS MURIÓ POR TI

¿Era Jesús un criminal? ¡No! Pero fue crucificado como un criminal. Jesús nunca había hecho nada malo. Él es el único hombre que nunca ha pecado. Su muerte en la cruz fue el sacrificio que Dios aceptó para perdonar los pecados de cualquiera que reciba a Jesús como su Salvador.

Así como los niños en Jerusalén alabaron a Jesús, alábale tú. Jesús es digno de toda alabanza, no sólo en la iglesia sino en todo lugar, y en todo momento. Lo más hermoso es ver a los niños en la casa de oración.

¡Alaba a Jesús con Hosannas!

 

El 5 de abril vendrá el siguiente capítulo de…

La Promesa que se cumplió en Belén

MIS PUERTAS ABIERTAS TE ESPERAN

A rústico albergue llegaste, Señor.
Ni un sitio te hicieron en todo el mesón.
Apenas las bestias te dieron calor,
Y allí entre pajas naciste, Señor.

A todas las puertas tu madre llamó,
Y nadie a su angustia la puerta le abrió.
Hallaste la vida cerrada al amor
Y sólo un pesebre el hombre te dio.

Florece en mi vida la nueva canción
Que al mundo trajiste naciendo en Belén.
No importa que encuentres cerrado el mesón.
Mis puertas abiertas te esperan, Señor.

FRANCISCO E. ESTRELLO

 

Con el nacimiento de Jesús se cumplió la gran promesa
de Dios de enviar un Salvador.

 

DIOS DIO UNA PROMESA

«Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar.» Génesis 3:15

En el principio, cuando Dios creó el mundo y a Adán y Eva, nuestros primeros padres, ellos vivían felices en el huerto del Edén. Pero desobedecieron a Dios y dejaron entrar el pecado.

La desobediencia trajo tristes consecuencias. Ya no podían vivir en el hermoso huerto en comunión con Dios. Pero Dios en su gran amor les dio una promesa: un día enviaría un Salvador para restaurar la comunión con Dios.

DIOS CUMPLE SU PROMESA

Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley, para que redimiese a los que estaban bajo la ley, a fin de que recibiésemos la adopción de hijos. Gálatas 4:4,5

Durante cuatro mil años las personas esperaron el cumplimiento de la promesa de Dios. Tal vez algunos pensaban que Dios se había olvidado de su promesa.

Pero no era así. Dios siempre cumple lo que promete. Un día nació el Salvador Jesús. En la Navidad celebramos su nacimiento.

CRISTO CONSUMÓ LA PROMESA 

Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros. Romanos 5:8

No era suficiente con el nacimiento del Salvador; era necesario que Jesús diera su vida por nosotros. Él murió en la cruz para perdonar nuestros pecados. Antes de morir, Jesús dijo: «Consumado es».

Cuando Jesús dijo esto significaba que había cumplido la promesa. Lo que Dios prometió en el huerto del Edén, Cristo lo cumplió en la Cruz.

CREO EN LA PROMESA

«El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él.»  Juan 3:36

Dios prometió un Salvador, y el Salvador vino. Esto quiere decir que por medio de Él tenemos vida eterna.  Jesús nos dará en el cielo la corona de la vida.

ESPERO LA GRAN PROMESA

«No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí. En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis.»
Juan 14:1-3

Pronto Jesús volverá otra vez para llevarnos al cielo. Él está preparando un lugar para cada uno que creen en Él. Jesús vino la primera vez para cumplir la promesa que Dios dio a Adán y Eva en el huerto del Edén. Jesús volverá otra vez, porque Él mismo lo ha prometido. ¡Será un día maravilloso!

«EL QUE CREE EN EL HIJO TIENE VIDA ETERNA.»

Si aún no has entregado tu corazón al Señor y lo has recibido como tu Salvador, hazlo ahora. Jesús quiere ser tu Salvador personal.

En LA PERLITA hay material para acompañar a esta historia.