Los panaderos y el pan de Pascua

Cierta vez tres amigos panaderos se desafiaron mutuamente a elaborar el mejor pan que pudieran y compartirlo con la gente del pueblo para que ellos califiquen cuál era el mejor.

El primero pensó: Seré el ganador. Haré que mi pan sea el más vistoso. Cuando lo vean no dudarán en premiarme.

Inmediatamente juntó los ingredientes y comenzó la preparación. «Pondré el doble de levadura, así lograré hacer el pan más grande para que la gente lo admire», dijo.

El segundo panadero decidió hacer el pan que siempre hacía porque prefirió dormir antes que planificar. Juntó todos los ingredientes y comenzó a elaborarlo.

Este pan ya lo conocen todos –pensó–. Tendré que sobornar a algunos del pueblo para que me favorezcan.

La masa sin levadura

El tercer panadero demoró mucho en comenzar la preparación de su masa. Ayudó a unos ancianos a llevar sus bolsas de compra; luego prepararó comida para una joven viuda que tenía cuatro hijos, y que acababa de llegar al pueblo.

Cuando por fin llegó a su panadería, hizo una masa rápida, con harina, agua y un poco de sal. Al mezclar los ingredientes pensó: Sólo tengo unos minutos, ya que debo ir donde Juana, la joven viuda. Ella necesita que cuide a sus hijos para que vaya a su trabajo.

El panadero puso su pan al horno rápidamente y oró: «Dios mío, tú sabes que no tuve mucho tiempo para elaborar este pan, pero lo hice con todo cariño para mis paisanos. Te pido que les haga mucho bien, que los fortifique y que todos lo compartan con amor.»

Cuando sacó el pan del horno vio que le quedó plano y algo duro. ¡Se había olvidado de ponerle levadura!

Ya no había tiempo para hacer otro pan. Lo guardó en una caja y corrió a la casa de la viuda Juana, para ayudarle.

Presentación de los panes

Más tarde, los tres panaderos presentaron su pan a la gente del pueblo. Todos se habían juntado en la plaza principal. El pan del primer panadero se vio grande y fofo. Los primeros en probarlo dijeron que les estaba haciendo doler el estómago, así que el resto ya no quiso probarlo.

Al ver los panes del segundo panadero la gente comentó que era el mismo pan de siempre, que no tenía nada de novedoso, así que muy pocos comieron. Aquellos a quienes el panadero había sobornado para que convenzan a la gente de su «excelente producto», no lograron convencer a nadie.

El pan de Pascua

Finalmente, al ver el pan del tercer panadero, la gente del pueblo observó que estaba plano, y algo duro; pero al probarlo les pareció delicioso.

–Este pan está hecho por el hombre más generoso del pueblo –comentó una señora.

–Tiene sabor a bondad y amor –dijo otra.

–Me hace pensar en el pan que los judíos comieron antes de salir de Egipto –comentó un señor.

–¡Es el pan de Pascua! –exclamó una niña.

–Sí, es el pan sin levadura que representa la justicia de Jesucristo, el verdadero pan de vida –explicó un anciano.

Fue así que, ese día, el panadero que se olvidó de ponerle levadura al pan, porque estaba ocupado en ayudar a su prójimo, elaboró el mejor pan, el pan de Pascua.

¿Por qué sin levadura?

La levadura se usa en el pan para que no salga duro. Cuando la masa se prepara con levadura, y se deja reposar, después de una o dos horas crece al doble o triple de su tamaño. El efecto de la levadura hace que la masa se contamine y crezca y que el pan salga suave.

Durante la Pascua el pueblo de Dios debía comer pan sin levadura. Era una fiesta de siete días llamada de los «Panes sin levadura». Dios quería que se recuerde cuán duro había sido para los israelitas cuando huyeron de Egipto.

Hace más de dos mil años, cuando se celebraba esta fiesta, Jesús fue crucificado. Murió en la cruz por nuestros pecados, para ser nuestro Salvador. Fue sepultado; pero no quedó en la tumba sino que resucitó. ¡Jesús vive!

Ahora Jesús está en el cielo; pero volverá. Prometió a sus discípulos que iría para preparar lugar en las mansiones de Dios. Un día vendrá para llevar allá a todos los que le aman.

¿Has entregado tu vida a Jesús? ¿Estás listo para ir con Él?

MIS PERLITAS

En Mis Perlitas están todos los componentes de esta historia.

 

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El día más triste de Pedro

Sal, el niño llamado Alberto, llegó muy emocionado al Club. Había hecho un escudo con tres letras. Sus amigos tendrían que adivinar el significado.

Q H J, ¿qué quiere decir? –preguntó Sal.

–Quiero Hacer Juegos –gritó Pimienta.

–Sabemos que te gusta jugar –dijo Sal–. Pero estas palabras significan algo más importante.

–Jugar es importante –dijo Pimienta–. El que no juega se muere de tristeza.

–¿Quién trae más alegría? ¡Es Jesús! –gritó Pepita.

–¿Qué Hace Jesús? –sugirió Samuel–. Él me hace feliz. Siempre soy feliz con Jesús.

 

¿Qué haría Jesús?

–He estado pensando en el tema de la Fragancia y en las palabras que hemos aprendido –dijo Sal.

–Amor, Bondad, Compasión, Dadivosidad, Entusiasmo… –repitieron los niños del Club.

–Me pregunté cómo puedo tener esa fragancia –dijo Sal–. Entonces pensé: ¿Qué haría Jesús?
Cuando no sé lo que debo hacer, me pregunto lo que haría Jesús.

A doña Beatriz le gustó tanto el escudo y la idea de Sal que sugirió que todos hagan un escudo. Y les dio los materiales para hacerlo.

Mientras los niños trabajaban, ella les enseñó un versículo que habla de hacer todo en el nombre de Jesús. Es como preguntar: ¿qué haría Jesús?

Y todo lo que hagan o digan, háganlo
en el nombre del Señor Jesús, dando gracias
a Dios el Padre por medio de él.

 

El día más feliz de Pedro

–¿Cuál fue el día más feliz de Pedro? –preguntó doña Beatriz, como repaso de la historia del entusiasmo de Pedro.

–Cuando encontró la moneda en el pez –gritó Pimienta.

–Cuando pescó tanto que su barco se hundía –gritó otro.

Los niños se divirtieron gritando sus respuestas.

Fue un día feliz cuando Pedro conoció a Jesús

–Creo que el día más feliz y emocionante fue cuando Pedro conoció a Jesús –dijo doña Beatriz–. ¿Y cuál fue el día más triste?

–Cuando perdió la moneda que había encontrado –dijo Pimienta, bromeando.

Luego doña Beatriz les habló del día más triste de Pedro.

 

Pedro niega a Jesús

El día que Pedro conoció a Jesús fue el más feliz. Pedro decidió que sería fiel al Señor todos los días de su vida. Dijo que aunque todos abandonaran a Jesús, él nunca lo haría.

Llegó el día en que los enemigos de Jesús lo arrestaron. Lo odiaban por los milagros que hacía; pero más que nada porque Jesús decía que Dios era su Padre.

Pedro niega a Jesús tres veces

Cuando llevaron a Jesús para juzgarlo, Pedro siguió de lejos. Era de noche y hacía frío; en medio del patio había un fuego. Allí se sentó Pedro para calentarse. Cuando le preguntaron si conocía a Jesús, lo negó tres veces.

Pedro, que amaba tanto a su Maestro, y que había prometido ser fiel aunque todos dejaran a Jesús, lo negó. Desde donde Jesús estaba ante el tribunal, miró a Pedro.

 

Una mirada de amor

Pedro no soportó esa mirada. Era una mirada de profundo amor. ¿Qué había hecho? Salió de allí y lloró amargamente. Pedro, que con tanto entusiasmo había prometido ser fiel a Jesús, le había fallado. Ese fue su día más triste.

Pedro llora amargamente por haber negado a Jesús

Esa noche Jesús fue condenado a muerte por sus enemigos. Murió en la cruz llevando el castigo del pecado por toda la humanidad. Aunque Pedro fue infiel a la promesa que hizo a Jesús, Cristo Jesús lo amó y lo perdonó.

La mirada de amor no fue solamente para Pedro; es para todos. La Biblia dice que aunque nosotros seamos infieles, Dios permanece fiel. Él siempre cumple sus promesas.

 

Q H J

Las letras en el escudo que hizo Sal son una forma excelente de recordar que debemos hacer y decir solamente las cosas que son agradables a Dios. Llévalas siempre en tu corazón, y en todas las cosas pregunta: ¿qué haría Jesús?

 

MIS PERLITAS

En Mis Perlitas está todo lo que corresponde a esta historia.

La moneda en el pez

Samuel había encontrado algo; pero no quería contarles a sus amigos lo que era. ¿Qué había encontrado? Una moneda; la más grande que jamás había tenido.

Nuestro amiguito no sabía si quedarse con la moneda o ponerla en el «frasco de amor», donde reunían dinero para alegrar a alguien.

«Mas bienaventurado es dar que recibir» era un versículo de la Biblia que había aprendido.

«¿Doy o no doy?» se preguntaba Samuel.

Sus amigos estaban esperando que les cuente lo que había encontrado.

–¿Qué ha encontrado Samuel? –dijo doña Beatriz–. No lo sabemos. Ahora les voy a contar de algo que encontró Simón Pedro, uno de los discípulos más cercanos de Jesús.

Pedro el pescador

Pedro era pescador. Un día Jesús usó la barca de Pedro para enseñar a la gente que se había reunido junto al mar. Era más fácil para Jesús enseñar desde la barca.

Después de enseñar, Jesús hizo un gran milagro. Le dio a Pedro una pesca tan grande quea él tuvo que llamar a sus compañeros para que le ayuden, porque su barca se hundía.

Ese día, Pedro dejó su trabajo de pescador para seguir a Jesús y ser pescador de hombres.

Pedro era entusiasta. Lo que otros no se atrevían a hacer, él lo hacía. ¿Quién ha andado sobre el agua? ¡Pedro!

Una noche, cuando los discípulos cruzaban el mar en una tormenta, Jesús vino a ellos andando sobre el mar. Los discípulos se asustaron porque pensaban que era un fantasma; pero Jesús les dijo que era Él y que no tuvieran miedo.

Cuando Pedro se dio cuenta de que era Jesús, le pidió que lo dejara ir hacia Él sobre las aguas. Cuando Jesús le dijo «¡Ven!», Pedro se aventuró y salió de la barca. ¡Qué emoción!

¡Pedro anduvo sobre el agua! Pero al ver el viento y las olas tuvo miedo y empezó a hundirse. «¡Jesús, ayúdame!» gritó. Jesús le extendió la mano, y juntos subieron a la barca.

La moneda para el impuesto

¿Cuántas veces crees que Pedro les contó a sus nietos acerca de la noche cuando anduvo con Jesús sobre el mar?

Otra experiencia extraordinaria de Pedro fue cuando encontró una moneda en la boca de un pez.

Un día, cuando Jesús y sus discípulos llegaron a Capernaúm, los cobradores le preguntaron a Pedro si Jesús pagaba el impuesto del templo. Entonces Jesús lo mandó a pescar.

Para Pedro el pescador eso era fácil; pero ¿cuánto tendría que pescar para conseguir el dinero del impuesto? Necesitaba cuatro dracmas; dos para él y dos para Jesús.

Esta pesca fue diferente. El primer pez que Pedro sacó con el anzuelo tenía una moneda en la boca. ¿No necesitaba cuatro monedas? Sí; pero este era un estatero. El estatero era una moneda que equivalía a cuatro dracmas.

Imagínate el entusiasmo de Pedro cuando fue a pagar el impuesto. ¡Llevaba cuatro dracmas en una moneda! Esta era otra historia emocionante para contarle a su familia. La moneda del pez era exactamente lo que él y Jesús necesitaban.

La moneda de Samuel

Cuando Samuel escuchó esta historia no pudo callarse.

–¡Yo también encontré una moneda! –gritó Samuel–. ¡Aquí está! Ese es mi secreto. Es una moneda grande.

Samuel fue a mostrarle a doña Beatriz la moneda que había encontrado. Estaba decidido a que pondría en el «frasco de amor» su moneda, la más grande que jamás había tenido.

–Es una moneda grande y valiosa –dijo la buena vecina–. ¡Qué bendición! ¿Dónde la encontraste?

–La encontré en la calle. Ahora va a ser mi regalo de amor. La moneda que Pedro encontró fue para el templo. Yo quiero que mi moneda sirva para alegrar a alguien.

Al poner su moneda en el «frasco de amor» Samuel sintió tanto entusiasmo como Pedro. Una vez, cuando muchos de los discípulos se fueron y ya no siguieron a Jesús, el Señor les preguntó a Pedro y sus amigos si ellos también se irían.

«Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna», respondió Pedro.

¡Así tan fiel como Pedro quería ser Samuel!

¿Y tú? ¿Seguirás a Jesús con entusiasmo?

MIS PERLITAS

EN MIS PERLITAS ENCUENTRA LAS AYUDAS PARA ESTA HISTORIA.

Un cimiento firme para tu vida

Los niños del Club aprendieron que la fragancia es como el perfume agradable de una flor. Lo opuesto a fragancia es el feo y desagradable olor a zorrillo.

–Cuando nos portamos mal con alguien olemos a zorrillo –dijo Estrella–. No quiero oler a zorrillo.

–Tú siempre hueles a perfume –le dijo Pepita–. Me gusta que eres buena y sonríes a todos.

–Papá dice que tengo el cromosoma del amor –dijo Estrella–. Me gusta ese cromosoma.

–¿Qué es un cromosoma? –preguntó Pimienta, el niño que siempre quiere saber todas las cosas.

Doña Beatriz miró cariñosamnte a Pimienta y le dio una sencilla explicación.

–El cuerpo humano está compuesto de muchísimas células y cada una tiene sus características. En las células hay cromosomas que definen cosas, como si serás hombre o mujer, y también algunos de los rasgos físicos.

–Yo tengo el cromosoma del amor –repitió Estrella.

–Sí, Estrella –dijo doña Beatriz–. Hay 46 cromosomas; pero tú tienes uno más. Eso te hace una niña alegre y amorosa.

–¿Por qué yo no tengo ese cromosoma? –dijo Pimienta.

–La siguiente semana vamos a hablar del amor –le respondió la buena vecina–. Tú y tu amigo Sal pueden investigar acerca de los cromosomas. Traigan un informe. Pero hoy vamos a hablar de casas, de dos casas y dos contructores.

Pimienta se sintió importante. No sabía cómo iba a investigar sobre cromosomas; pero estaba seguro de que Sal le ayudaría. Nunca había tenido un amigo tan bueno como Sal.

La enseñanza de Jesús

Imagina que tu vida es una casa. ¿Cómo quisieras que sea esa casa? Seguramente te gustaría que la casa de tu vida sea fuerte y que tenga un fundamento sólido, para que cuando haya vientos y tempestades esté firme.

Jesús enseñó acerca de dos hombres, uno prudente y otro insensato. Cada uno construyó su casa.

Casa con fundamento firme      Casa sin fundamento firme

La casa del hombre prudente

«El que viene a mí y escucha mis enseñanzas y las obedece es como el hombre prudente que construyó su casa sobre la roca», dijo Jesús.

Muy profundo, debajo de la superficie de la tierra, hay roca sólida, llamada roca madre. El hombre prudente hizo un hoyo profundo, hasta encontrar esa roca, y allí puso las bases. Sobre la roca madre construyó un cimiento firme para su casa.

Cuando vino una inundación, con tormenta y vientos fuertes, el torrente de agua golpeó contra la casa pero no pudo ni siquiera hacerla tambalear, porque estaba construida sobre piedra firme.

La casa del hombre insensato

«Quienes escuchan lo que enseño y no me obedecen son como el hombre insensato que construyó su casa sobre la arena, sobre terreno blando y sin cimientos», dijo Jesús.

Al hombre insensato no le importó cavar un hoyo profundo para poner las bases de su casa sobre la roca madre. Este hombre construyó su casa sin fundamento.

Las dos casas eran bonitas; ambas se veían fuertes. Los dos hombres estaban contentos por el trabajo que habían hecho de construir cada uno su casa.

Pero cuando vino la corriente de agua, cuando el viento sopló con fuerza, cuando hubo inundación, ¿qué crees que pasó con la casa del hombre insensato? ¡La casa se derrumbó y quedó totalmente destruida!

«¿Por qué no me obedecen?»

Multitudes seguían a Jesús cuando estaba en la tierra. Si tú hubieras estado allí seguramente habrías corrido a su lado, te habrías sentado lo más cerca posible de Él para escuchar sus enseñanzas. A la hora del almuerzo quizá hubieras compartido con Jesús tu fiambre, ¿no crees?

Un día, en medio de su enseñanza, Jesús miró fijamente a la gente y preguntó: «¿Por qué me llaman “Señor, Señor”, y no hacen lo que les digo?» Luego les puso el ejemplo de los dos hombres constructores.

Un hombre escuchó las enseñanzas de Jesús y las obedeció. El otro hombre también escuchó las enseñanzas de Jesús; pero a él no le importó obedecerlas.

Una base firme para tu vida

Para que la casa de tu vida sea fuerte y soporte los contratiempos y las tormentas, necesitas una base sólida. Mira las dos casas del dibujo. ¿En cuál quisieras estar?

Aprende las enseñanzas de Jesús, obedece lo que te dice en su Palabra, y tu vida tendrá un cimiento firme. Jesús es el mejor fundamento para tu vida.

Edifica tu vida sobre Jesús y sus enseñanzas.

MIS PERLITAS

En Mis Perlitas está todo el material para esta historia.

Los dos constructores y las dos casas

El hombre prudente cavó profundo para poner
un fundamento firme

Su casa soportó la tormenta

La casa estuvo firme después de la inundación

El hombre insensato en medio de la tormenta

Su casa fue destruida porque no puso fundamento

Edifica tu vida sobre Jesús y sus enseñanzas
y tendrás un cimiento firme.

El alfabeto de fragancia

Pepita y Estrella inventaron una canción acerca del «otro camino». Salieron del Club camino a casa cantando una melodía alegre:

Con Jesús vamos por otro camino.
Con Jesús vamos por el camino de victoria.

La semana siguiente entraron de brazo a la sala de doña Beatriz, donde se reunía el Club, cantando alegres lo mismo. Toda la semana habían cantado acerca del camino de victoria. Los niños que ya habían llegado se unieron con ellas y todos cantaron.

Pimienta entró saltando, moviendo un papel.

–Tengo palabras –gritó, mirando a doña Beatriz–. He hecho una lista de palabras para el alfabeto. ¿Quién más ha traído palabras?

Pimienta miró a sus amigos del Club, moviendo con más fuerza su papel. Pero nadie más había traído una lista.

Doña Beatriz saludó a los niños y felicitó a Pimienta.

–Vecinita, ¿quiere ver mi lista? –le preguntó el niño.

Doña Beatriz se inclinó para mirar la lista de palabras. Por cada letra Pimienta había escrito una o dos palabras, excepto en K, Ñ, Q, y las últimas letras del alfabeto.

–Te felicito, Pimienta –dijo la buena vecina–. ¿Cómo conseguiste tantas palabras?

–¡Fácil! –respondió nuestro amiguito–. Mi papá me prestó su diccionario. Sal y Samuel me ayudaron.

Pimienta estaba tan animado que no quiso esperar a que lleguen los demás niños. Al momento quería leer su lista; pero tuvo que esperar.

Zorrillo o fragancia

Doña Beatriz explicó a los niños el significado de la palabra fragancia, que es algo agradable, como el aroma de una flor.

–¿Qué es un zorrillo? –les preguntó.

–Ni se acerquen a ese animal –dijo Sal–. Mi papá sabe cómo es eso. Una tarde se encontró con un zorrillo, que desprendió un olor muy desagradable sobre él. Cuando llegó a la casa nos tapamos la nariz porque olía horrible. Mi mamá lavó sus pantalones pero no salía el olor.

–A veces mi hermano me dice que huelo a zorrillo –dijo uno de los niños.

–Oler a zorrillo es feo y desagradable –dijo doña Beatriz–. La fragancia es todo lo contario. Es como el perfume agradable de una flor. Cuando nos portamos mal con alguien olemos a zorrillo; dejamos un hedor.

Vamos a aprender cómo nuestra vida puede ser un aroma fragante como de una flor.

–Mi lista… ¿cuándo voy a leer mi lista? –preguntó Pimienta, moviendo nuevamente su papel.

Así que, comenzaron a armar la lista en la pizarra.

Una lista de bellas palabras

Doña Beatriz escribió todo el alfabeto en fila y los niños nombraron palabras. Pimienta tuvo que tener paciencia para dejar que sus compañeros participen, aunque realmente él quería decir todas las palabras.

Amor, bueno, compasión, energía, fiel, gracias, honrado, inspirado… Los niños daban las sugerencias y doña Beatriz las escribía en la pizarra para llenar el alfabeto.

–¡Jesús! –gritaron varios niños cuando llegaron a la jota–. Jesús… justo, joya.

–¿Qué palabra has escrito para la o? –le preguntó doña Beatriz a Pimienta cuando llegaron a la o.

–Sólo encontré una palabra.

–Obedecer –dijo Sal–. Para no ser como zorrillos creo que debemos obedecer; pero muchas veces es difícil.

–La obediencia es un aroma fragante –dijo la buena vecina–. Sal tiene razón. Desobedecer es como el olor feo del zorrillo. Agradamos a Dios al ser obedientes.

–Hablar malas palabras huele a zorrillo –dijo Pepita.

–Hablar mal de alguien también huele feo –agregó Estrella–. A mí me gusta dar abrazos y besos. No quiero oler a zorrillo. ¿Quién quiere que le dé un abrazo?

Cuando ninguno de los niños quiso recibir un abrazo, para que ella no se sintiera triste, doña Beatriz dijo:

–Yo quiero un abrazo.

Estrella tiene un diagnóstico llamado Síndrome de Down. Sus rasgos físicos son un poco diferentes y no tiene la misma capacidad mental que otros niños. Pero hay algo muy especial que la caracteriza; ella es alegre y amorosa.

Con el alfabeto de fragancia doña Beatriz quiere enseñar a los niños la importancia de que nuestra vida sea un aroma. Juntamente con los niños del Club Tesoros aprenderás muchas cosas lindas para que tu vida sea como un perfume que anuncia el amor de Dios.

¡No te pierdas ningún capítulo de la serie del ABC de fragancia!

¿Qué crees que piensa Pimienta?

MIS PERLITAS

En Mis Perlitas está el material que corresponde con esta historia.

 

El camino de victoria

Estrella, la amiga de Pepita, estaba feliz con su corona de estrellas.

–Soy Estrella y tengo estrellas –repetía una y otra vez.

Cada vez, doña Beatriz le decía que no interrumpa la historia que ella les estaba contando; pero Estrella se olvidaba y volvía a repetir: «¡Soy Estrella y tengo estrellas!»

Pimienta, que había recibido la corona para representar al rey Herodes, bromeó con Estrella, diciendo:

–Soy Herodes y tengo una corona. ¡Tú tienes estrellas pero yo tengo una corona!

–No te sientas tan orgulloso –le dijo su amigo Sal–. El rey Herodes era un rey malo.

–Pero yo soy un Herodes bueno –dijo Pimienta.

–Herodes buscó al niño Jesús para matarlo –dijo Pepita.

–Yo soy un Herodes bueno –volvió a decir Pimienta.

–Yo soy una maestra buena –dijo doña Beatriz, y sacó una estrella de una caja sobre la mesa. La estrella tenía un palito para que sea fácil sostenerla.

UNA ESTRELLA PARA ESTRELLA

–Estrellita, ahora serás la estrella de Belén –le dijo doña Beatriz y le dio la estrella–. Vas a guiar a los magos para que encuentren a Jesús. ¡Eres una estrella brillante!

–¡Bravo! Soy la estrella de Belén –gritó Estrella.

Fue una tarde muy divertida. Cada uno de los niños representó a uno de los personajes de la historia del nacimiento de Jesús. Doña Beatriz había llevado disfraces para todos, y una muñeca para que represente a Jesús.

Pimienta, que había estado tan orgulloso de su corona, ya no quería ser Herodes.

–¿Quién quiere mi corona? –preguntó al sacársela–. Yo quiero ser uno de los reyes magos.

Nadie quería ser el rey malo; pero al fin Sal aceptó serlo.

Los padres de doña Beatriz estaban de visita, así que ella los invitó a que vieran la actuación.

–Me llamo Estrella y soy la estrella de Belén –dijo Estrella y le dio un fuerte abrazo a la mamá de doña Beatriz. A ella le gusta sonreír y dar abrazos.

ESTRELLAS PARA TODOS

Después que los niños actuaron la historia de los pastores y el pesebre, y de los magos y los regalos que ofrecieron al niño Jesús, doña Beatriz sacó más estrellas de su caja y dio una a cada uno.

–Las estrellas tienen palabras –dijo la buena vecina–. Con las palabras vamos a formar un versículo.

–A mí me tocó “Jesús” –gritó Pimienta.

–Yo tengo la palabra “Dios” –dijo Estrella.

–A mí me tocó “triunfo” –dijo Sal–. Eso significa “victoria”. Me gusta esa palabra.

Uno por uno mencionaron la palabra que les había toca-do y empezaron a formarse en orden. Doña Beatriz les ayudó. Los que no tenían palabras en su estrella se sentaron, y leyeron lo que sus compañeros formaron:

Mas a Dios gracias, el cual nos lleva siempre en triunfo en Cristo Jesús.

–Cuando los magos visitaron a Jesús, ¿por qué regresaron a su país por otro camino? –preguntó doña Beatriz.

–Porque soñaron que debían hacerlo –dijo Pimienta.

–Dios les advirtió que no vuelvan al palacio –dijo Sal–. Era porque Herodes iba a buscar a Jesús para matarlo.

–Vamos a aprender lo que significa andar por otro camino –dijo doña Beatriz–. Haremos un abecedario que muestra cómo seguir por otro camino. Lo llamo el camino de victoria.

UNA CANCIÓN DE VICTORIA

Pepita y Estrella inventaron una canción acerca del «otro camino» y la cantaron con una melodía alegre.

Con Jesús vamos por otro camino.
Con Jesús vamos por el camino de victoria.

Varios de los niños se unieron con ellas y cantaron. Doña Beatriz también cantó. Les dijo que tenían todo un año para aprender del camino de victoria.

–Quiero que todos piensen en una palabra para nuestro abecedario. En la próxima reunión lo armaremos.

–Fácil –dijo Pimienta–. ¡Para mí que la A es por amor!

Pepita y Estrella se despidieron y fueron cantando la canción de victoria por el camino de regreso a casa.

–Yo digo que la V es por victoria –dijo Estrella. Luego le sonrió a su amiga Pepita y le dio un fuerte abrazo.

MIS PERLITAS

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Los magos y el otro camino

Era la reunión de fin de año. Como siempre, doña Beatriz tenía sorpresas y regalos para los niños. A Estrella, la amiga de Pepita, le puso una corona de estrellas.

–Estrella, hoy serás la «estrella» del Club –le dijo doña Beatriz.

–¡Bravo! Soy Estrella y tengo estrellas –gritó la niña llena de emoción.

El salón estaba decorado con estrellas y todos recibieron estrellas, con una vela en el medio. Al encender la vela, la estrella les protegería para que no se quemaran.

–¿Qué vamos a hacer hoy y para qué es la vela? –preguntó Pimienta, el amigo de Sal que siempre tenía preguntas–. ¿Y por qué sólo Estrella ha recibido una corona?

–Lo siento, Pimienta –respondió doña Beatriz–. Te pondré una corona para que seas el rey Herodes. Las velas son para encender como estrellas.

La buena vecina les advirtió que tuvieran mucho cuidado con las velas encendidas. Luego apagó la luz, encendió su vela, y pasó de uno a otro niño encendiendo las velas de cada uno. Fue emocionante cuando todas las velas estaban encendidas y los niños las movían lentamente de un lado a otro en la oscuridad del salón.

–Brillen estrellitas, brillen –cantó doña Beatriz. Y los niños le siguieron en el canto. Pimienta se hizo oír sobre todos por cantar con todas sus fuerzas.

Luego apagaron las velas y doña Beatriz les contó la historia de la estrella de Belén. Ella dejó encendida su vela. Su rostro brillaba en la oscuridad del salón. A un lado tenía a Estrella y al otro a Pimienta. Los niños del Club escucharon atentos.

La estrella de Belén

La noche cuando Jesús nació en Belén Dios puso en el cielo una estrella mensajera. Lejos de Belén, en el Oriente, unos magos, hombres sabios que estudiaban las estrellas, habían oído que nacería un rey de los judíos. Decidieron viajar en busca del rey.

Al llegar a Jerusalén preguntaron dónde estaba el niño que había nacido para ser el rey de los judíos. Habían visto su estrella y ahora venían para adorarlo.

En Jerusalén vivía el rey Herodes. Él se puso nervioso al oír la pregunta de los magos. Herodes sabía que iba a nacer un rey, el Mesías, y preguntó a los sacerdotes y a los maestros de la Ley dónde tenía que nacer ese rey.

Cientos de años antes un profeta de Dios había anunciado que en Belén de Judea iba a nacer Cristo, el rey que guiaría al pueblo de Dios.

El rey Herodes mandó a llamar en secreto a los magos y les dijo que vayan a Belén y averigüen todo acerca del niño. «Cuando lo encuentren, avísenme –les dijo–. Yo también quiero ir a adorarlo.» ¡Pero eso no era verdad!

La estrella que los magos habían visto en su país los guió hasta que se detuvo sobre la casa donde estaba Jesús. ¡Qué felices se sintieron al ver la estrella!

Los magos habían viajado desde muy lejos. Habían pasado mucho tiempo viajando. Jesús ya no era un bebé acostado en un pesebre; era un niñito que seguramente ya corría y jugaba. Estaba en la casa con María, su madre. Cuando los magos lo vieron, se arrodillaron para adorarlo. Luego abrieron sus cofres y le regalaron oro, incienso y mirra.

Dios salva a su Hijo

El rey Herodes tenía planes malvados. En un sueño, Dios les avisó a los magos que no volvieran al palacio del rey. Entonces, regresaron a su país por otro camino.

Cuando Herodes comprendió que los magos no volverían a Jerusalén, se puso furioso. No quería saber nada del rey que había nacido en Belén. En su ira, mandó matar a todos los niños menores de dos años de la ciudad de Belén y alrededores.

¿Cómo se salvó el niñito Jesús? Un ángel de Dios se le apareció a José en un sueño y le advirtió que Herodes iba a buscar a Jesús para matarlo. Esa misma noche José escapó a Egipto con Jesús y María, y se quedó allí hasta que Herodes murió.

Así salvó Dios a su Hijo Jesús, y guió a los magos para que
volvieran a su país por otro camino.

 

MIS PERLITAS

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