Un nuevo papá para Pedrito

Había terminado otra hora de la escuela dominical. Los niños salían alegres rumbo a sus hogares. Sólo Pedrito se quedó sentado, muy pensativo.

–¿Qué te pasa, hijo? –le preguntó bondadosamente su maestro–. ¿Te ha impresionado la historia de Zaqueo?

–Sí, me ha hecho pensar. Me pregunto si Jesús puede hacer lo mismo hoy.

Los ojos de Pedrito, ansiosos y llenos de lágrimas, espe­raban una respuesta. El maestro de sentó a su lado, y le preguntó a qué se refería.

papá xUNA VIDA TRISTE

Pedrito le contó su triste historia. No había felicidad en su hogar, pues su padre gastaba su tiempo y su dinero en la cantina con sus amigos. Cuando estaba en casa peleaba son su esposa y golpeaba a los niños. Pedrito le tenía miedo.

La noche anterior él apenas había podido dormir; pensaba en lo que le podría hacer su padre, porque para ir a la iglesia Pedrito tenía que escaparse de la casa.

–¿Podría el Señor cambiar a mi padre, así como cambió a Zaqueo? –preguntó entre sollozos al terminar su relato.

–Es fácil para el Señor hacerlo –le respondió el maestro–. Pero mucho depende de tu padre. Él tiene que desear ser cambiado. Oremos que el Señor ponga ese deseo en su cora­zón. Para Dios nada es imposible.

–Sí, por favor –dijo Pedrito, y dobló sus rodillas junto a su maestro.

Ambos oraron con fervor y, con nue­vas esperanzas, Pedrito salió corrien­do para su casa.

papa y PedritoPOR PRIMERA VEZ EL PAPÁ FUE A LA IGLESIA

Esa misma noche Pedrito entró al templo tomado de la mano de su pa­dre. Era un milagro que él y su padre se habían dirigido juntos al Templo Evangélico.

Dios había empezado a contestar la oración de Pedrito, porque su padre había aceptado acompañarlo al culto.

Al llegar, se sentaron en una de las últimas bancas. Un grupo de jóvenes dirigió los cantos. Luego el pastor pre­dicó un mensaje que parecía dirigirse exclusivamente al papá de Pedrito.

PEDRITO ORA DURANTE LA PRÉDICA

Al principio el papá de Pedrito no quiso prestar atención al mensaje, pero sin que se dé cuenta, poco a poco fue escuchando. Se sintió incómodo porque ero como que el predicador le estaba describiendo su vida.

El papá dio un vistazo a Pedrito para decirle que quería irse; pero su hijo no lo vio porque estaba sentado con la cabeza agachada, moviendo los labios en una silenciosa oración.

Mientras Pedrito oraba, el Espíritu Santo estaba obrando en el duro corazón de su padre.

historia nuevo papá co–Vamos adelante, papá –le dijo Pedrito cuando el predica­dor hizo una invitación para los que necesitaban entregar su vida a Cristo.

–Sí, hijo, quisiera pasar adelante –le respondió su padre–. Pero ya es tarde para mí. Mi vida es un enriedo y temo que nunca podré vivir como cristiano.

–Papá –insistió Pedrito–, basta que desees ser cambiado. ¿Recuerdas lo que te conté acerca de Zaqueo? Él no pudo cambiarse a sí mismo. Jesús transformó su vida y le ayudó a poner en orden sus negocios. ¡Vamos, papá!

UN NUEVO PAPÁ

Pedrito tomó de la mano a su padre y lo llevó hacia adelante, hacia el altar. El pobre hombre no podía resistir ni a Dios ni a Pedrito. Cayó de rodillas, arrepenti­do, y entre lágrimas pidió perdón a Dios.

¡Qué felicidad para Pedrito! Dios había salvado a su padre. Alegres volvieron a casa.

El domingo siguiente el maestro se encontró con un Pedrito feliz y radiante. Había venido acompañado a la iglesia de su papá, su mamá y sus hermanos.

–¡Jesús hace lo mismo hoy que cuan­do cambió a Zaqueo! –le dijo sonriendo a su maestro al saludarlo.

–¡Sí, así es! –le respondió el maestro.

CON CRISTO EN LA FAMILIA

Si tienes padres y hermanos que creen en Jesucristo, agradece a Dios de todo tu corazón. No hay nada mejor.

Si, como Pedrito, tus padres no aman al Señor, ora a Dios que entreguen su vida a Jesucristo. ¡Dios quiere salvar a tu familia para que todos amen a Cristo!

Lee le historia de Zaqueo en Lucas 19:1-10.

Lucas 10_10Para imprimir la historia: 278 Un nuevo papa para Pedrito

Para hacer tarjetas: Tarjetas para el padre

Dia del padre

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La desobediencia de José

Jose coSamuel y José eran hermanos, hijos de un carpintero. Desde pequeños habían aprendido a usar martillo y clavos. José soñaba con ser carpintero como su padre.

José se sentía muy honrado porque llevaba el mismo nombre que un carpintero muy famoso. Ese carpintero fue escogido por Dios para ser el padre de Jesús. Esa fue la mayor honra que jamás se ha dado a un hombre. José tuvo el privilegio de criar en su hogar al Hijo de Dios.

José se imaginaba a Jesús ayudando a su padre en la carpintería. Jesús era el hijo mayor y, como tal, le tocaba aprender el oficio de su padre. Pero Jesús no era como otros niños. José era solamente su padre de crianza. Dios era el Padre de Jesús. Jesús nunca sería carpintero. Su misión al venir al mundo era ser nuestro Salvador. Jesús iba a ser maestro y predicador.

Jesús había clavado muchos clavos en la carpintería de Nazaret, la aldea donde él vivía. Como era un hijo obediente, ayudaba a José en la carpintería. Un día, alguien iba a clavar a Jesús en la cruz. ¿Crees que Jesús pensaba en eso cuando trabajaba en la carpintería? Desde niño Jesús sabía que su misión era salvar al mundo de sus pecados.

JESÚS, UN HIJO OBEDIENTE

Así como Jesús ayudaba a José en la carpintería, ayudaba también a su madre con algunos quehaceres. Según la costumbre, Jesús acompañaba a María al pozo para traer agua, y le ayudaba a hacer los panes. Jesús también cuidaba a sus hermanitos. Los hermanos de Jesús eran Jacobo, José, Simón y Judas. También tenía hermanas.

Jesus de nino

Jesús y sus hermanos asistían a la escuela, pero no sus hermanas. En ese tiempo solo los varones estudiaban; las niñas no podían ir a la escuela. La escuela estaba en la sinagoga, que era la «iglesia» de los judíos.

Los niños se sentaban en un semicírculo en el piso, con las piernas cruzadas, y escuchaban las enseñanzas del rabí (rabí significa maestro). Allí aprendían de memoria los libros que escribió Moisés: Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio. ¡Trabajo duro para los muchachos!

hermanos carpinteros coSOÑABA CON SER CARPINTERO

José había aprendido todo esto acerca de Jesús. Muchas veces pensaba en esto cuando martillaba con su hermano Samuel. Ellos eran muy diestros en ayudar a su padre. «Voy a ser muy buen carpintero cuando sea grande», decía José. Ese era su gran sueño.

Un día pasó algo muy triste. José desobedeció a su padre y se subió a jugar sobre un montón de maderas que estaban en el patio de la casa.

Samuel le advirtió que no jugara allí, porque su padre lo había prohibido. Era peligroso que se subiera a las maderas. Pero José no quiso oír a su hermano.

Las maderas estaban mal amontonadas, y cuando José saltó encima del montón, las maderas mal puestas se movieron, y el niño cayó de golpe al suelo.

Jose enyesado coEL SUEÑO ARRUINADO

Sus padres no estaban en casa y Samuel se desesperó al ver a su hermano tirado en el suelo, gritando de dolor. Felizmente tenían teléfono y pudo llamar al celular de su madre. Samuel también llamó al hospital y pidió que mandaran una ambulancia.

Esa caída arruinó los sueños de José. Al caer, se rompió el brazo derecho. Los médicos hicieron todo de su parte para curarlo; pero el brazo se había roto de tal modo que no volvió a su estado original. El brazo quedó muy débil y José nunca más pudo usar martillo y clavos.

Murió para siempre el sueño de José de ser carpintero. ¡Toda la vida sufrió por su desobediencia!

OBEDECE A TUS PADRES

Jesús es el Hijo de Dios. Él tenía mucho más fuerza y poder que José y María. Jesús pudo haberse rebelado contra ellos, como hacen muchos niños y jóvenes. Pero Jesús fue un hijo obediente. La Biblia dice que él se sujetó a sus padres. Lee esto en Lucas 2:51,52.

Aprende de Jesús y sé obediente a tus padres. Pero si te piden que hagas algo que va en contra de la Palabra de Dios, responde con respeto; pero no desobedezcas a Dios.

Lucas 2 52

Para imprimir la historia: 274 La desobediencia de Jose co

 

 

 

Elmer y el mal genio

Elmes y la cerca EX 2Elmer tenía muy mal genio. Por cualquier cosa que decía, explotaba. Un día su papá decidió enseñarle una lección. Tomó su Biblia, una bolsa con clavos y un martillo, y llevó a Elmer a la cerca que había en el patio de la casa.

–Hijo, tienes muy mal genio –le dijo–. Esto te va a causar muchos problemas en la vida si no aprendes a controlarte.

–No quiero enojarme, papá –dijo Elmer–. Pero es difícil dejar de hacerlo.

–Voy a leerte algo que dijo el sabio rey Salomón –dijo el papá y abrió su Biblia–. Los necios dan rienda suelta a su enojo, pero los sabios calladamente lo controlan.

Cerró la Biblia y sacó el martillo y los clavos.

Elmes y la cerca EX 3LOS CLAVOS Y EL MARTILLO

–Quiero que aprendas una lección. Aquí tienes clavos y un martillo. Cada vez que pierdas los estribos, clavarás en la cerca; un clavo por cada vez que te enojes y le grites a alguien.

Eso no le pareció gran cosa a Elmer. Sería divertido clavar.

–Cada vez que claves –siguió diciendo el papá–, quiero que pidas a Dios que te perdone por enojarte y que te ayude a controlar tu mal genio.

Eso iba a ser más difícil. Clavar sería fácil… pero pedir perdón, ¡eso era otra cosa!

El primer día Elmer clavó quince clavos en la cerca.

Sus hermanos, que lo vieron ir a la cerca a cada rato, le preguntaron lo que estaba haciendo. Cada vez que le preguntaban algo, Elmer estallaba en rabia. Por cada explosión de mal genio, ¡más tenía que clavar!

–¿Cuántos clavos has puesto en la cerca? –le preguntó su hermana Anita, entre risas.

Eso causó otra explosión, y otro clavo fue a dar en la cerca.

Elmes y la cercaMEJOR CONTROLAR QUE CLAVAR

Poco a poco Elmer se dio cuenta de que era más fácil controlar el mal genio que ir a clavar, así que cada día era menos lo que clavaba. Pronto, casi no iba a la cerca.

–¿Cómo te va, hijo? –le preguntó un día su papá–. ¿Sigues clavando?

–Papá, estos últimos días casi no he clavado nada –dijo Elmer, con bastante orgullo.

–Ahora, hijo, quiero que saques los clavos. Cada vez que te controles y no estalles en ira cuando te enojes, saca un clavo. ¿Recuerdas lo que dijo el rey Salomón?

–Sí, papá. Los sabios calladamente controlan la ira.

YA NO HABÍA CLAVOS

Pasó el tiempo. Una tarde, cuando el papá volvió del trabajo, Elmer lo tomó del brazo y le dijo que quería mostrarle algo. Fueron a la cerca, ¡y allí no había ni un solo clavo!

–Has hecho muy bien, hijo –le dijo el papá–. Pero quedaron agujeros. La cerca nunca será la misma.

Elmer bajó la vista, avergonzado. Luego empezó a contar los agujeros. ¡Había casi cincuenta!

CICATRICES EN EL CORAZÓN

–Estos agujeros son como las cicatrices que dejas en el corazón de las personas cuando te enojas y les gritas. Cuando dices cosas feas es como si les metieras un cuchillo.

Elmer siguió mirando los agujeros y empezó a comprender qué feas cicatrices había dejado en sus hermanos y sus amigos. ¡Cuántas veces les había gritado!

–Puedes pedir perdón a tus amigos pero no puedes borrar las cosas feas que has dicho. Tu mal genio ha dejado muchas cicatrices. La amistad es como una planta hermosa que hay que cultivar con sumo cuidado. Las palabras feas y cortantes pueden destruir una amistad.

Esa tarde, a la hora de la cena, Elmer pidió perdón a sus hermanos por todo lo feo que había dicho cuando estaba de mal humor. Elmer no había gritado a su mamá ni a su papá; pero muchas veces murmuraba entre dientes cuando le mandaban a hacer alguna cosa. Eso también dejaba cicatrices. Así que Elmer también pidió perdón a sus padres.

Elmes y la cerca EX 1VENCIENDO EL MAL GENIO

En la noche, antes de acostarse, Elmer dobló sus rodillas junto a la cama.

–¿Qué haces arrodillado, santito? –le preguntó Anita.

Elmer quiso estallar pero recordó acerca de las cicatrices que dejan las palabras hirientes, y más que nada recordó por qué se había arrodillado. Quería pedir perdón a Dios y también pedir que le ayude a cuidar sus palabras para no herir.

Esa noche durmió más feliz que nunca. ¡Con la ayuda de Dios y los consejos de su padre estaba venciendo el mal genio!

Proverbios  29_11

Para imprimir la historia:  262 Elmer y el mal genio color

Ladrillo por ladrillo

albañil7Carlos no quería hacerlo. ¿Qué? No quería recoger su ropa que estaba tirada en el piso. Una media sucia por aquí, otra media sucia por allá, un pantalón debajo de la cama, una camisa sobre la silla…

Mamá tiene razón. Esto es un gran desorden, pero no quiero recoger mi ropa. ¡Nunca, nunca! No creo que Dios espere que un niño como yo recoja su ropa, pensó Carlos.

Para Carlos era difícil poner las cosas en su lugar, aunque sabía que su deber era obedecer a su mamá. Él había aprendido un texto de la Biblia que dice:

Efesios 6_1

QUERÍA Y NO QUERÍA

Mientras Carlos miraba su ropa tirada en el piso, su mamá lo llamó, preguntando si había terminado de ordenar la ropa.

Carlos sintió ganas de llorar. Quería obedecer a su mamá, pero no estaba con ánimo de meterse debajo de la cama para sacar su pantalón, ni quería llevar sus medias sucias a la canasta donde toda la familia ponía la ropa para lavar.

«¡No puedo recoger mis cosas!» dijo Carlos, lloriqueando en voz baja. Lo que debería haber dicho es: «¡No quiero!» Esa era la pura verdad.

Ladrillos3

EL MONTÓN DE LADRILLOS

Dejando las cosas tiradas, salió a la calle. Allí vio a unos albañiles que estaban construyendo una casa.

–¡Hola! –les saludó Carlos–. ¿Ya están comenzando a poner los ladrillos?

–Sí –le contestó uno de ellos–. Primero un ladrillo, luego otro, y otro, y otro hasta terminar.

albañil5Carlos miró el montón de ladrillos que estaba en el suelo. Parecía una montaña de ladrillos.

–Me parece que nunca van a terminar de colocar tantos ladrillos –comentó Carlos.

–Oh, sí –afirmó el albañil–. Los voy poniendo uno por uno en su lugar. Cuando menos lo siento, el pequeño trabajo, BIEN hecho, se convierte en un gran trabajo BIEN terminado.

HACERLO UNO POR UNO

albañil6Carlos sonrió y pensó en el pantalón que estaba tirado debajo de la cama y en las medias sucias.

–Bien, así vamos. Yo también tengo un trabajo que hacer.

–¡Qué bueno! –le dijo el albañil–. Recuerda que hay que colocar «ladrillo por ladrillo».

–Eso es lo que voy a hacer –respondió Carlos y corrió a su casa para ordenar sus cosas.

Carlos rápidamente recogió su ropa y la puso en su lugar.
Al poco rato, su mamá lo volvió a llamar, preguntando si había terminado.

–Sí, mamá –respondió Carlos–. Lo he hecho «ladrillo por ladrillo».

UN LADRILLO A LA VEZ

Desde ese día, Carlos hizo las cosas «ladrillo por ladrillo». El Señor Jesús lo ayudó a ser obediente.

Su mamá se dio cuenta de que Carlos ya era más obediente y le preguntó qué había pasado.

–Ahora hago las cosas «ladrillo por ladrillo» –dijo Carlos y le explicó lo que había aprendido del albañil.

ALGO PARA TODA LA FAMILIA

A la mamá de Carlos le pareció muy buena la idea. A veces ella no tenía ganas de hacer los deberes del hogar. Se cansaba de cocinar todos los días, de lavar y planchar la ropa, de hacer la limpieza. Ella decidió hacer sus deberes «ladrillo por ladrillo».

Carlos le contó también a su papá lo que le había enseñado el albañil.

–Buena idea –dijo el papá–. Creo que yo también voy a hacer así mi trabajo.

Pronto toda la familia hizo sus deberes «ladrillo por ladrillo».

Un pequeño trabajo BIEN hecho, se convirtió en un gran trabajo BIEN terminado.

¿Lo mejor de todo? El papá, la mamá, Carlos, y sus hermanos fueron más felices cuando cada uno cumplía sus deberes «ladrillo por ladrillo».

Para imprimir la historia: 258 Ladrillo por ladrillo color

 

 

Un regalo para todo el año

Tonno1Toño amaba al Señor Jesús de todo corazón. Le gustaba orar, porque cuando lo hacía, era como si conversara con el Señor.

Se acercaba la Navidad y Toño quería regalar algo bonito a sus padres; por eso, pidió al Señor Jesús que le diera una buena idea.

Creo que debo ir a visitar a mi abuela –pensó Toño–. Seguramente, ella me podrá dar una buena sugerencia.

Dicho y hecho. Toño pidió permiso a su mamá y fue a la casa de la abuela María.

La abuela María se alegró mucho al ver a Toño. Él era el mayor de sus nietos y siempre se portaba bien cuando la visitaba. La abuela pensaba que él era un niño extraordinario, que nunca hacía travesuras; pero Toño no era diferente a los demás muchachos. Hacía travesuras como otros niños, pero en casa de su abuela se portaba como un caballero.

EL PROBLEMA DE TOÑO

–Abuelita –dijo Toño–, tengo un problema. Quiero regalar algo lindo a mis padres, pero no tengo dinero. Mamá necesita un vestido nuevo y papá necesita un martillo, y no sé cómo haría para regalarles eso.

–Toñito (ella siempre le decía así) –contestó la abuela–, ellos mismos tendrán que comprarse esas cosas. Regálales algo que muestre tu amor, que muestre que los honras.

–Creo que no me entiendes, abuelita –dijo Toño–. ¿Cómo puedo regalarles algo que muestre amor y honra?

–No necesitas dinero para regalar algo bueno, ni necesitas darles un regalo costoso para mostrar que los quieres –dijo la abuela–. El Señor Jesús te dará una buena idea.

regalo navidad 4UNA BUENA IDEA

Cuando Toño llegó a casa, su papá lo estaba esperando.

–¡Qué bien, hijo! Necesito una bolsa de clavos y quisiera que vayas a comprarlos.

Toño fue silbando a la ferretería. Volvió con los clavos que su papá le había pedido. Al regresar, su mamá lo llamó:

regalo navidad 3–Toño, por favor, pon los platos en la mesa y luego anda a llamar a tu hermanita, que está en casa de la vecina.

Mientras Toño ponía la mesa le vino una idea. ¡Eso era lo que les iba a regalar! Tan pronto como terminaron de comer fue a su cuarto para preparar el regalo.

EL REGALO DE TOÑO

regalo navidad 1coEn el día de la Navidad, muy sonriente, Toño entregó un sobre a su mamá y otro a su papá, y dio a ambos un fuerte abrazo.

Su mamá se alegró mucho por el lindo regalo, y también su papá. Toño les había dado un conjunto de cheques sin fecha, que podían cobrar en cualquier fecha del año. No los podían cobrar en un banco, sino sólo donde Toño.

 Cheques para la mamá:

  • Poner la mesa
  • — Ayudar a servir la comida
  • — Cuidar a mi hermanita
  • — Ir por huevos y leche
  • — Ayudar a hacer las compras
  • — Barrer el patio y la vereda
  • — Hacer lo que mamá me ordene

Tarjetas colorCheques para el papá:

  •   Ir de compras
  • — Comprar el periódico
  • — Regar las plantas
  • — Cortar el césped
  • — Hacer lo que papá me pida

 EL MEJOR REGALO

¿Qué piensas que dijeron los padres de Toño al recibir el regalo?

–Es el mejor regalo que jamás he recibido –dijo la mamá.

–Nunca imaginé recibir algo tan bueno –dijo el papá.

Toño sonrió, y en su corazón dio gracias al Señor por haberle dado una idea tan buena.

Su abuela María tenía razón. No es necesario tener dinero para dar un buen regalo. Sólo se necesita un corazón lleno de amor y querer demostrarlo.

Con su regalo Toño hizo lo que enseña uno de los Diez Mandamientos: ¡honró a sus padres! Lo mejor de todo es que su regalo fue para todo el año.

¿Honras a tus padres? ¡Muéstralo con amor y obediencia!

Efesios 6_2 34

 

Para imprimir la historia: 253 Un regalo para todo el anno color

Un verdadero amigo

SantiagoSantiago era nuevo en el barrio. Hacía poco que se había mudado allí con sus padres, dejando atrás todos sus amigos. ¡Qué difícil le parecía acostumbrarse en un nuevo ambiente! Su papá recibió un nuevo trabajo y por eso tuvieron que mudarse.

NO TENÍA NADA QUE HACER

Era sábado y no había clases en la escuela. Su hermana Rosa ya había conseguido amigas y estaba jugando con ellas. Santiago no tenía nada que hacer así que decidió salir a caminar. Al menos podía aprender los nombres de las calles.

Iba caminando con las manos en los bolsillos, silbando para no mostrar lo triste que estaba.

Miraba con ansias a los niños que jugaban felices. Llegó al parque y allí unos muchachos jugaban un partido de fútbol. Se recostó contra un árbol para mirar. Tenía que pestañear constantemente para no dejar caer las lágrimas. ¡Cómo echaba de menos a sus amigos!

Julio¿QUIERES JUGAR?

Cerró los ojos para olvidarse del partido que los muchachos jugaban y se asustó un poco cuando sintió que alguien le dio unas palmadas en el hombro.

–Eh, muchacho, ¿eres nuevo por aquí?

–Sí, recién nos hemos mudado.

–¿Quisieras jugar con nosotros?

–Claro, ¡me encantaría!

–Pues, juega en vez de mí.

–Gracias, gracias.

Santiago dejó de pestañear. Se olvidó de las lágrimas y con una sonrisa se metió con todo ánimo a patear la pelota.

Santiago y Julio

UN NUEVO AMIGO

Terminado el partido Santiago se acercó al muchacho que le había ofrecido que jugara en vez de él.

–¿Dónde vives? –le preguntó el muchacho.

–Allá en esa casa verde –contestó Santiago, indicando con el dedo–. Es el número 246.

–Si quieres te acompaño a tu casa. Tú puedes llevar la pelota. Te la puedo prestar hasta el lunes porque no juego fútbol los domingos.

Muy alegre Santiago aceptó la oferta. ¡Qué bueno era tener otra vez un amigo!

JULIO ERA DIFERENTE

Al acostarse esa noche Santiago pensó en su nuevo amigo. Se llamaba Julio y era diferente a los demás. ¡Prestar a alguien desconocido su pelota! Santiago no lo comprendía.

Desde ese día llegaron a ser buenos amigos. Julio era siempre muy amable.

–¿Por qué me diste tu lugar en el partido de fútbol? –le preguntó Santiago–. ¿Por qué te hiciste mi amigo?

–No te había visto antes y se notaba que estabas triste.

Entonces Julio le contó a su nuevo amigo que siempre trataba de portarse como lo haría Jesús si fuera él.

–¡Ah, eres evangélico!

–Sí. Te invito a que me acompañes a la iglesia.

–Lo voy a pensar –dijo Santiago.

JUlio y Santiago

EL MEJOR AMIGO

Esa noche Santiago nuevamente estuvo pensativo. Nunca había asistido a una iglesia evangélica; pero decidió que valía la pena ir si allí la gente era tan amable como Julio.

Con el tiempo Santiago tuvo muchos nuevos amigos, y lo mejor de todo es que conoció al Mejor Amigo, el Señor Jesús.

Por ser un verdadero amigo para Santiago, Julio tuvo la gran dicha de guiarlo a conocer a Cristo.

Prov 17_17

SÉ UN BUEN AMIGO

¿Eres un buen amigo? ¿Quieren otros seguir a Cristo porque ven tu buen ejemplo?

Fíjate en la escuela o en tu vecindario si hay niños que andan solos, y que tal vez estén tristes como Santiago.

Sé un buen amigo y muéstrales así el amor de Cristo.

 

Para imprimir: 247 Un verdadero amigo color

 

 

Un perrito para Javier

perrito titeres 1A Javier le encantan los perros. Ahora verás cómo consiguió un perrito que es como él.
perrito titeres 2
Felipe, un joven amable y compasivo, tenía unos cachorros que necesitaba vender. Un día puso un aviso para anunciar la venta.

 
cachorro 2,1 co
Cerca de su casa había un poste, y allí fijó el aviso. No bien había acabado de clavarlo, escuchó la voz tímida de un niño. Era Javier que al pasar por allí vio el aviso y se interesó en comprar un perrito.

cachorro 3 co

–Felipe, quisiera comprar uno de tus perros.
–Muy bien, muchacho –respondió Felipe, mientras se limpiaba el sudor de la frente–, pero estos cachorros son de raza pura y cuestan mucho dinero.

Javier, cabizbajo, metió la mano en el bolsillo. Sacó un puñado de monedas y se las mostró a Felipe.
–No tengo más que esto. ¿Puedo verlos?

–Claro que sí –le aseguró Felipe.

cachorro color

Con un silbido llamó a la madre de los cachorros. La perra salió corriendo de la casa, seguida de cuatro encantadores perritos. Javier no pudo disimular el placer que sintió al verlos.

Mientras los cachorros se acercaban a la cerca de alambre, Javier se dio cuenta de que otro perrito se había asomado a la puerta.

Ese perro salió lentamente, sin poder ocultar lo pequeño que era comparado con los demás. Se esforzó al máximo por alcanzar a sus hermanitos, pero le costó mucho trabajo porque cojeaba de una pata.cachorro 6 co

–Yo quiero ése –dijo Javier y señaló al perrito que cojeaba.

Felipe se arrodilló junto a Javier y le aconsejó:

–Ese cachorro no te conviene. Él jamás podrá correr y jugar contigo como otros perros.

Javier dio un paso atrás, se inclinó, y comenzó a remangarse el pantalón, mostrando una pierna. Al hacerlo reveló un aparato ortopédico que lo ayudaba a caminar, sujetado con tornillos a un zapato especial.

Mirando de nuevo a Felipe, le explicó:

–Como puedes ver, yo tampoco puedo correr muy bien, y él va a necesitar a alguien que lo comprenda.cachorro 7 co

¡Qué bello corazón el de Javier! Desde pequeño había aprendido a ser amable y compasivo. Sus padres le habían enseñado a tener una buena actitud en todo momento.

El joven Felipe quedó tan conmovido por la actitud de Javier que decidió darle el perrito.

–Muchacho, ese perrito te necesita –dijo Felipe–. Te lo regalo. ¡Llévalo y cuídalo!

–¿Me lo regalas? –exclamó Javier, emocionado–. ¡No lo puedo creer!

–Sí, muchacho, me doy cuenta de que tienes un buen corazón. Este perrito va a ser feliz contigo.

–Gracias, Felipe. Gracias, ¡muchas gracias!

cachorro 8 coJavier miró al perrito y dijo:

–¡Feliz! Te llamarás Feliz. Tú y yo seremos felices. ¡Qué bueno que encontré un perro que es como yo!

Javier dio un fuerte abrazo a Feliz y ambos se fueron cojeando por la calle. El perrito cojo ahora tenía un amo que lo iba a comprender y amar.

Sean amables, sean de buen corazón.

Efesios 4:32

 

Para hacer títeres y ver una historia ilustrada, visita:

hermanamargarita.com/historias ilustradas

Para imprimir la historia: 235 Un perrito para Javier color

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