La bendición de Moisés

Eleazar y Raquel pasaron cuarenta años en el desierto. Se habían sentido muy emocionados de ir a conquistar la Tierra Prometida. Pero porque el pueblo no creyó que Dios podía ayudarles en la conquista, tuvieron que vagar por el desierto hasta que murieran todos los incrédulos.

Había pasado el tiempo y ahora estaban cerca de la conquista. Nada les había faltado. La ropa no se gastó y las sandalias seguían como nuevas. Eleazar tenía las sandalias de su papá y estaban en perfecto estado. ¡A nadie se les había hinchado los pies en el camino!

No había mucho que hacer en el desierto; pero los niños eran expertos en inventar juegos. La diversión de Eleazar y Raquel era ver quién salía primero en la mañana a recoger maná, esas semillitas que cubrían el suelo como rocío. El sabor era como de hojuelas con miel. ¡Riquísimo!

Se casan Eleazar y Raquel

Simón y Elizabet, los padres de Eleazar, y Joel, el papá de Raquel, eran buenos amigos. Un día se reunieron para hablar de algo muy importante. Eleazar ya era grande y estaba en el ejército de los israelitas. Raquel era una joven muy hermosa, con un buen corazón. Como no tenía mamá, ella se encargaba de atender a su padre.

–Nuestros hijos han sido amigos desde que Eleazar rescató a Raquel –dijo Simón–. Ellos se quieren mucho.

–Sí –dijo Joel–. Eleazar es el mejor amigo de Raquel.

–Pienso que deben casarse y formar una familia –dijo Simón–. No puedo imaginar una mejor esposa para mi hijo que la bella Raquel.

Después de ponerse de acuerdo decidieron hablar con Moisés para pedir que les diera la bendición. También dieron la noticia a Eleazar y Raquel. Para ellos era natural que sus padres escogieran la persona con quien se casarían.

–Raquel, me siento feliz de que serás mi esposa –dijo Eleazar y le dio un fuerte abrazo.

–No puedo imaginar un mejor esposo para mí –dijo Raquel, con una hermosa sonrisa dibujada en su rostro.

Felices hicieron los preparativos para la boda. Fue un gran honor que Moisés aceptara darles la bendición.

Invitaron a sus parientes y amigos para que los acompañaran.

Eleazar firmó un documento, llamado ketubbah, en que prometía ser fiel a su esposa. Él lo tenía en su mano durante la ceremonia.

Después de la bendición, Moisés dijo:

–Ahora, hijo, te toca hacer feliz a tu linda esposa. Tal como Dios ha ordenado, no irás


al ejército por un año. Te quedarás en casa para alegrar a Raquel. Trátala con mucho cariño.

Un año para hacer feliz a Raquel

¡Qué alegría! Eleazar tendría todo un año para disfrutar con su amada esposa, la amiga de su niñez. Lo primero que hizo fue preparar una linda carpa donde armarían su hogar.

La vida seguía su curso. Cada mañana se levantaban para recoger maná; pero ahora en vez de volver a las carpas de sus padres iban a su propia carpa y Raquel preparaba ricas tortillas de maná para el desayuno, el almuerzo y la cena.

Todos los días comían la misma cosa. Era una comida monótona pero llena de vitaminas y de todos los nutrientes que necesitaban para estar sanos. En el campamento de los israelitas nadie se enfermaba.

Un día salió una orden a los soldados de que se reunieran, porque los atacaba el rey de Arad. Eleazar se alistó para ir a defender a Israel. Entonces recordó lo que Moisés le había dicho, de que se quedara en casa para hacer feliz a Raquel.

–No te preocupes mi linda Raquel –dijo Eleazar–. Te voy a defender aquí en nuestra carpa. Nadie te hará daño.

En los brazos de Dios

Pasaron los años. Moisés bendijo al pueblo antes de su muerte. Tenía 120 años; pero no parecía viejo. Era tan fuerte como cuando salió con el pueblo de la esclavitud de Egipto.

Para Raquel fue especial la parte de la bendición, que decía que Dios siempre nos sostiene entre sus brazos.

Raquel se sentía segura en los brazos de su amado Eleazar. Sus hijos y sus nietos se sentían seguros porque el papá y abuelo Eleazar los defendía contra cualquier peligro. Pero nada era como sentirse protegida en los brazos de Dios.

Dios también es tu refugio. Confía siempre en Él.

Mis Perlitas

Encuentra en MIS PERLITAS todo lo referente a esta historia.

 

 

 

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Cada día es un regalo

Mi padre tuvo muchos «relagos». Dios le concedió 97 años de vida. El martes Dios lo llamó a su presencia. Él aprovechó bien su tiempo y ha dejado un legado de fe. Ese mismo día a mí me atacó la influenza. Mis estimados, estoy muy enferma. Oren por mí.

Les sugiero que lean la historia 211, de enero 2014. Hay una historia ilustrada.

Aquí está: Cada día es un regalo

Muchas bendiciones

Saludos a todos los que fielmente siguen esta página. Debido a una mudanza, no habrá nuevas historias durante el mes de enero.

LA PERLITA volverá en el mes de febrero. cuando ya esté instalada en mi nuevo hogar. Te deseo ricas bendiciones de Dios.

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Con la maestra Pilar Cabrera y su hija Mildred cuando visitamos
la iglesia Casa de Oración en Springfield, Missouri.

Pilar es la autora del material «Un corazón misionero», que puedes encontrar en hermanamargarita.com.

La niña más buena

Competencias. Hay distintas clases de competencias. ¿Has participado alguna vez en una competencia? Cuando yo era niña y vivíamos un tiempo en Canadá, gané una competencia por traer más invitados a la escuela dominical. Pero había un problema. Estábamos en camino al Perú, donde mis padres iban a hacer obra misionera.

¿Cuál era el problema? El premio que gané fueron unos canarios. Esos pajaritos no podían viajar con nosotros. El viaje de Canadá al Perú iba a ser primero en auto, desde Toronto hasta Miami en Florida. De allí íbamos a viajar en barco y no nos permitían llevar a bordo una jaula con canarios. ¡Tuve que dejar mi premio!

Los profesores prometieron vender los canarios y mandarme el dinero. Ese dinero se perdió por el camino. ¡Quizá se lo comió un pez! Nunca llegó, y quedé muy decepcionada. ¿De qué vale ganar un premio si no lo puedes disfrutar?

VOTACIÓN POR EL NIÑO MÁS BUENO

Ahora vamos a hablar de otro tipo de competencia. En uno de los canales de televisión de mi país hicieron votación por el niño más bueno. ¿Qué harías tú para ganar ese puesto?

Sierra, una niña de 7 años, sanada de cáncer de los riñones, quiso hacer algo por los niños enfermos en el hospital. Ella y su hermana mayor empezaron a reunir dinero para llevar regalos a estos niños. Cuando ella va al hospital conversa con los niños y les da buenos consejos.

Kayden, un niño de 6 años, inició una campaña de «Sonrisas para Navidad». Cuando se enteró de que su tío, que es militar, iba a pasar la Navidad en Afganistán, él y sus compañeros de clase en la escuela hicieron tarjetas para alegrar a los soldados. Este amiguito hizo más de 300 tarjetas para los soldados.

Jayla, una niña de 5 años, hizo bolsitas con regalos para los niños que viven en la calle. Tuvo esa idea cuando vio a una madre con su hijita que mendigaban.

Colin, un niño de 8 años, se ocupó en reunir casacas y abrigos para niños pobres. Su meta fue reunir 100 casacas o abrigos y entregarlos por medio del Ejército de Salvación. Le vino la idea cuando vio a una madre y su niño sin abrigos en el frío del invierno.

Tavin, un niño de 5 años, entregó todos sus ahorros para ayudar a las víctimas de un tornado. Él dice que su trabajo es ayudar a los necesitados.

Ser chico no significa que no se puede hacer algo grande por otros. En esta com-petencia, ¿quién fue nombrado el más bueno?

Después del conteo de los votos, Sierra salió ganadora. La niña que lleva regalos a los niños en el hospital fue nombrada «la niña más buena».

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UN NIÑO CON HABILIDADES DIFERENTES

Alguien que no entró en la competencia fue Zach (se pronuncia Zak). Durante toda su vida ha apoyado a su hermano discapacitado, un niño con habilidades diferentes. Siempre lo ha cuidado con mucho amor. Su esperanza es que cuando lleguen al cielo, su hermano va a correr y hablar, porque su hermano es sordomudo y cojo.

Zach ahora va a ingresar a la universidad para estudiar pediatría. Quiere especializarse en niños con habilidades diferentes, para ayudar a niños como su hermanito.

Un niño sordomudo y cojo es tan importante como cualquier niño. Todos llegan al mundo con promesa y esperanza; cada uno trae su propia bendición. A un niño discapacitado debemos apreciarlo por los talentos y las habilidades que tiene. Todos podemos contribuir con algo.

¿QUÉ PUEDES HACER?

¿Qué podrías hacer tú esta Navidad para traer sonrisas? Piensa en tu escuela, tu vecindario, tu iglesia… Pide que Dios te muestre lo que puedes hacer para alegrar a alguien.

Podrías ayudar a un niño con sus tareas escolares; podrías ayudar a un anciano con algún mandado; podrías ayudar a tu mamá con la limpieza… cualquier cosa que hagas para ayudar traerá sonrisas.

Regala muchas sonrisas en esta Navidad. Te quiere, Tía Margarita

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Todos los materiales pertinentes a esta historia están en MIS PERLITA.