Por qué Amy no recibió ojos azules

Amy tenía un solo deseo: tener ojos azules. No porque sus ojos fueran feos, al contrario, eran de un hermoso color café; pero quería tener ojos azules como los de su mamá.

Dios escogió a Amy desde que era muy pequeña, aun antes de que naciera. Él tenía un plan muy emocionante para su vida, por eso le dio ojos de color café.

Cuando Amy pidió a Dios ojos azules, la respuesta fue «no»; pero no también es una respuesta.

Misionera en la India

De muy niña, Amy entregó su corazón al Señor Jesús y prometió servirle y hacer su voluntad. Cuando Amy creció, viajó como misionera a la India.

Desde un principio se esforzó en aprender el idioma que se hablaba allí, para contar a la gente del amor de Dios. Muchas veces deseaba disfrazarse como una mujer india para entrar en alguno de los enormes templos de piedra, donde muchos niños habían sido ofrecidos para servir a dioses falsos.

La India era un país con muchos secretos y Amy estaba decidida a descubrir algunos de ellos. ¿Cómo podría contar a la gente acerca del Dios vivo y verdadero, y de Jesucristo que murió en la cruz para perdonar sus pecados?

Un teñido perfecto

Amy era de Irlanda, y una mujer extranjera no podía andar libremente por las calles, ni podía entrar en los templos de ese país. ¿Qué podía hacer? Su Padre celestial le mostraría cómo hacerlo.

Amy hizo algunos experimentos, hasta que descubrió que con café en polvo podía teñirse los brazos y la cara para que aparecieran de un color como el que tenían las mujeres indias.

Después de pintarse los brazos y la cara, se puso ropa típica de la India: una túnica como usaban las mujeres, y un turbante sobre la cabeza, enrollado en un brazo.

«Te pareces a una mujer de aquí –le decían sus amigas–. ¡Qué suerte que tus ojos son de color café y no azules! Si no fuera por esos ojos castaños, no pudieras hacerte pasar por una mujer india.»

Ojos de color café

¿Ojos de color café y no azules? Amy recordó la gran tristeza que tuvo de niña cuando pidió ojos azules y Dios le dijo que no. Ahora comprendió por qué. Necesitaba ojos de color café. ¡Dios le dio la mejor respuesta!

Un día, vestida con su mejor disfraz, Amy entró por las puertas de un gran templo. En una enorme torre estaba sentado un ídolo negro, sucio y pegajoso. En la pared colgaban platillos con mechas ardientes y detrás del ídolo había un cuarto oscuro, con telarañas.

Amy tembló al ver que ese lugar tan feo era el único templo que la gente conocía y que ese pequeño monstruo gordo era el dios de la India. Era un dios muerto que no podía escuchar ni contestar las oraciones.

«Mamá» para muchos niños

Desde ese momento, Amy sabía por qué Dios no le había dado ojos azules. Él la necesitaba para salvar a muchos niños que no tenían mamá ni papá. Amy fue una mamá para ellos. Más de cincuenta años se quedó en la India, amando y cuidando a casi mil niños sin hogar.

Han pasado muchos años desde que los ángeles de Dios llevaron a «mamá» Amy al cielo. Está allí esperándonos para que nos cuente qué bueno fue que Dios le dijera que no cuando ella pidió ojos azules. Junto con Amy están muchos niños y niñas de la India, que por la bondad de ella conocieron a Jesús.

MIS PERLITAS

Todo el material referente a esta historia está en Mis Perlitas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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La niña que pidió ojos azules

Una semana antes de la Navidad, el año 1867, nació en un pequeño pueblo de Irlanda una niña con lindos ojos de color café.

Sus padres le pusieron el nombre de Amy. Ella creció en un pueblo junto al mar, y desde muy pequeña llegó a amar los colores y los sonidos del océano. Su color favorito era azul, como el color de los ojos de su mamá.

Desde muy pequeña, su gran deseo era tener ojos azu­les. No estaba contenta con sus ojitos de color café: brillantes, traviesos y llenos de vida.

Amy siempre escuchó hablar del Hijo de Dios, el Señor Jesús. Sus padres le leían la Biblia todos los días.

Ella aprendió que Jesús la amaba y que había venido del cielo para morir por sus pecados en la Cruz y ser su Salvador. También sabía que Jesús no está muerto sino que vive y que escucha las oracio­nes.

Amy pide ojos azules

Amy tenía solamente tres años cuando le pidió al Señor que le diera ojos azules. Una noche, se arrodilló junto a su cama y oró a Dios, pidiendo que cambiara sus ojos de color café por un hermoso azul. Pidió con toda fe, y estaba convencida de que iba a contestar su oración.

«Dios siempre contesta las oraciones», le había dicho su mamá muchas veces.

Amy sabía que Jesús había prometido: «Pidan, y se les dará… Porque todo el que pide, recibe.» Confiada en que esas palabras eran verdad, se durmió.

A la mañana siguiente, se despertó feliz como un pajarito. Rápidamente fue a mirarse en el espejo. Es­taba emocionada pensado en que tendría ojos azules.

¿Ojos azules? ¡NO! Solamente unos trágicos ojos de color café se reflejaban en el espejo. Unos ojos muy tristes. ¡Dios no había contesta­do! Nada había ocurrido.

No también es una respuesta

Amy había orado, se había porta­do bien (aunque no es porque te portas bien que Dios responde a la oración), había creído en Dios; sin embargo, Él no había contestado a su oración.

Amy hizo un esfuerzo por no llorar. Entonces pasó algo muy importante. Tal vez lo oyó en el apagado cuchi­cheo de las olas, quizá su mamá al entrar al cuarto se lo dijo. Tal vez Dios mismo estaba ayudando a Amy a entender un secreto que ella iba a recordar por el resto de su vida: «No también es una respuesta.»

Las palabras llegaron tan claras a su mente, como si alguien las hubiera dicho en alta voz. Amy pensó que Dios no había prestado atención cuando oraba… pensó que Él sencillamente no había contestado; pero sí contestó la oración de Amy, aunque la respuesta fue «no».

Los planes de Dios

Muchos años más tarde, Amy en­tendió por qué Dios no le dio ojos de color azul. Él tenía un plan muy emocionante para su vida. Para cumplir ese plan, Amy necesitaba ojos de color café.

Dios tiene un plan también para tu vida, y por medio de las experiencias de cada día, Él quiere enseñarte lecciones muy importantes.

Si le pides algo, y la res­puesta es «no», recuerda que Dios sabe lo que es mejor para ti. ¡No también es una respuesta!

¿Tienes un deseo especial? ¡Cuéntaselo a Dios en oración! Cualquiera que sea la respuesta, ten la seguridad de que es la mejor para ti.

MIS PERLITAS 424

Encuentra en MIS PERLITAS dibujos, actividades, láminas, tarjetas bíblicas
y multimedia para esta historia.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Aventura en la selva peruana

Cuando vas a la escuela, entiendes lo que dice tu maestro, ¿verdad que sí? Lo entiendes porque habla tu idioma. Cuando yo crecí a veces no entendía al profesor porque él hablaba otro idioma. Eso pasó porque mis padres eran misioneros y habían viajado de su patria, Suecia, a Chile en Sudamérica para predicar el evangelio. Después fueron al Perú.

Yo estudié en 4 países, en 4 idiomas, y en 12 escuelas. Ahora te voy a contar lo que pasó cuando mis padres nos mandaron a Tournavista, en la selva del Perú, a estudiar en una escuela americana para hijos de misioneros. Yo hablaba un poco de inglés; pero mis hermanas, no. Iba a ser difícil entender a nuestros profesores antes de que aprendiéramos el inglés.

UNA ESCUELA EN LA SELVA

Para llegar a la escuela tuvimos que viajar en avioneta. Yo tenía 12 años de edad, mi hermana Ingrid tenía 9 años y nuestra hermanita Agneta tenía 7 años. Éramos tres gringuitas que viajaríamos solas, a un lugar desconocido, a estudiar en una escuela donde no hablaban nuestro idioma. ¡Qué valientes éramos de viajar solas y qué valientes nuestros padres que nos mandaron solas!

Pero yo no era muy valiente. La verdad es que era una niña muy tímida. Con el tiempo y los años he ganado confianza, así que si tú que lees esto eres tímido, anímate. Vas a aprender a ser valiente.

UNA AVENTURA EN EL AIRE

La primera aventura que tuvimos pasó en el aire, en medio del vuelo. Mi hermanita Agneta estaba sentada junto a la puerta de la avioneta. De repente, ¡se abrió la puerta! De no haber sido por un pasajero atento, ella se hubiera caído del avión. Caerse de un avión no es como caerse de un auto. El avión vuela a miles de metros sobre la tierra. El Señor Jesús protegió a mi hermanita. Ella estaba en las manos de Dios.

Misionerita timida

LA VISITA EN PUERTO INCA

Hicimos algunas paradas en pequeños puertos y aldeas. Una parada fue en Puerto Inca. El piloto dijo que tenía que arreglar un desperfecto en la avioneta. No recuerdo si pudo hacerlo durante el día o si tuvimos que quedarnos a pasar la noche allí. Lo que recuerdo es que fui muy tímida y que no me atreví a confesar el nombre de Cristo. Han pasado casi 60 años desde ese día, y hasta ahora me avergüenzo de no haber hablado de Cristo a los pobladores de Puerto Inca.

Allí estábamos Ingrid, Agneta y yo, seguramente bastante asustadas de estar solas en ese lugar. Entonces se acerca un hombre, muy feliz de vernos, y dice que había visto en sueños que íbamos a llegar, y que les traeríamos el evangelio. Yo me avergoncé. En mi timidez no supe qué decir, y no dije nada.

Amiguito/a de La Perlita: ésta es una de las experiencias más tristes de mi vida. Lo peor que podemos hacer es avergonzarnos de Cristo. Ese día no tuve la valentía de confesar al Señor Jesús.

NO TE AVERGÜENCES DEL EVANGELIO

El apóstol Pablo fue valiente. Predicó el evangelio aunque a veces fue azotado y encarcelado por los que no querían oír la Palabra de Dios. En una de sus cartas escribió: «No me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios.»

Yo podría haberles hablado de Jesús en Puerto Inca. Al llegar a Tournavista conocí a unos misioneros que me invitaron a acompañarlos los domingos por la tarde a hacer una escuela dominical en el pueblito. ¡Allí no me avergoncé!

Sé valiente; no te avergüences del evangelio. Si eres tímido, pide al Señor Jesús que te dé valor para que nunca dejes de confesar su nombre.

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Si no has recibido a Jesucristo como tu Salvador, hazlo ahora mismo. Confiésale tus pecados e invítalo a que sea el Señor de tu vida. El evangelio es poder de Dios para salvación a todo el que cree.

¡Cree en Jesucristo y serás salvo!

 

Para imprimir: La Perlita 322 Aventura en la selva peruana

Historia en color: 322 Aventura en la selva peruana

Hoja para colorear: 322 El evangelio Hoja

Póster: 322 Poster Rom 1_16

Actividad: 322 El evangelio

 

La niña que nació un Viernes Santo

Recuerdos de Evita

Quisiera contarte de mi hija Eva-Marie. Sus amigos le decían Evita. Ella nació el 27 de marzo de 1970. Ese día era Viernes Santo.

Evita tenía una enfermedad llamada fibrosis quística, que afecta principalmente los pulmones pero también el estómago. En los pulmones se acumula moco espeso y pegajoso. El problema con el estómago es que no se digieren bien los alimentos.

SIEMPRE SABOR A SAL

Otro problema de los que tienen fibrosis quística es la sal que se acumula en el sudor. Evita siempre tenía sabor a sal.

No hay ningún tratamiento para curar esta enfermedad; pero hay tratamientos que mejoran los síntomas y alargan la esperanza de vida.

Cuando Evita era pequeña y le dieron el diagnóstico, el doctor dijo que máximo viviría hasta los 12 años; pero Evita vivió 31 años.

A Evita le administraron muchos antibióticos. Tomaba pastillas, y le daban medicamentos inyectándolos en las venas y por inhalación. Toda su vida fue una lucha para descongestionar las vías respiratorias.

UN MILAGRO ANDANTE

Muchas veces Evita tuvo que ser hospitalizada; pero en medio de todas sus luchas Dios hizo milagros. Una vez un médico le dijo que era un milagro andante.

Pasé mucho tiempo orando a Dios por la sanidad de Evita. Dios no la sanó aquí en la tierra; pero ahora que está en el cielo ya no tiene problemas, porque allí nadie está enfermo.

En la escuela muchas veces se burlaban de Evita. Ella no tenía fuerzas para hacer las actividades que hacían los demás. Otra cosa era que siempre tosía. Ella tuvo que aprender a toser para botar el moco y la flema que se acumulaban en sus pulmones.

En las noches buscábamos algo bueno en qué pensar.

Si estás en la escuela y tus compañeros te tratan mal, haz lo posible por pensar en las cosas buenas que te pasan. Cada noche Evita contestaba la pregunta: «¿Qué cosa bonita te ha pasado hoy?» ¡Siempre hay algo bueno!

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LA MAESTRA EVA-MARIE

Lo que más le gustaba a Evita era enseñar la Palabra de Dios. Su papá y yo éramos misioneros en Huancayo, Perú. También sus abuelos eran misioneros.

En Huancayo Evita por primera vez habló a los niños de la escuela dominical acerca de Jesús. En toda oportunidad que tenía, ella enseñaba. Le gustaba ser maestra. Cuando nos mudamos a Cochabamba, Bolivia, allí también enseñó.

A los 10 años de edad Evita predicó por primera vez. Ella habló del cielo y de los cristianos que somos la esposa de Cristo. Un día Jesús va a venir para llevarnos a nuestro hogar eterno. Habrá un cielo nuevo y una tierra nueva. En Apocalipsis 21 puedes leer lo maravilloso que será.

UN HOGAR EN EL CIELO

Jesús nos está preparando un hermoso hogar en el cielo.Evita ya está allí con Dios. Tal vez te preguntas cómo lo sé. Lo sé porque cuando entregamos nuestro corazón a Cristo y lo aceptamos como nuestro Salvador, podemos tener la seguridad de que un día estaremos en el cielo con Dios

«Es muy emocionante tener a Jesús en el corazón –decía Evita–. Tal vez piensas que uno tiene que tener un cuerpo fuerte y sano para creer en Jesús. Pero no es así. Aunque yo estoy enferma Jesús me ha salvado.»

Si Evita pudiera hablarte desde el cielo te contaría todas las maravillas que Jesús nos ha preparado. Te hablaría de las calles de oro, de los ángeles, del trono de Dios, de la alegría de estar con Jesús. Pero tú mismo tendrás que descubrirlo cuando Jesús venga a llevarte al cielo.

En la Biblia está todo lo que necesitas saber.

Te quiere siempre,  Tía Margarita

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Historia: La nina que nacio en Viernes Santo  

Historia en color:  La nina que nacio en Viernes Santo

Para colorear: La maestra EvaMarie   Actividad: Instruccion   Poster: Prov 22_6

Recuerdos de Evita 2Hojas en PDF    Recuerdos de Evita    Recuerdos de Evita 2

 

Domingo de Resurreccion

El burrito que no se perdió

La Perlita cumple 60 años

 

Mi primer viaje misionero

–¡No quiero montar el burrito!

–¡Tienes que subirte al burro!

–¡No! Tengo miedo…

Yo discutía con mi papá. Estábamos en una senda angosta que daba vueltas por las montañas en la selva de los Andes del Perú. Había profundos precipicios.

Tenía apenas cumplidos 13 años y estaba acompañando a mi papá en uno de sus viajes misioneros.

Nos encontrábamos lejos de la ciudad, lejos de la carretera. Habíamos pasado la noche en un pueblito donde dejamos el auto. La gente nos miraba, sorprendida de ver a una gringuita tan adentro en la selva montañosa.

UN PAPÁ MUY JOVEN

Una señora discutió con mi papá porque no creía que yo era su hija, sino su esposa. Yo le insistí que él era mi papá.

–No lo creo –me dijo–. Quizá es tu hermano; pero no es tu papá. Se ve muy joven.

La verdad es que mi papá se veía joven. Cuando acompañó a mi madre para que sacara su licencia de conducir, el instructor pensaba que ella era su mamá. ¡Eso que mi madre era menor que él! Sí, tenía un papá joven.

El lugar a donde íbamos se llamaba Cedruyo. Los hermanos de la iglesia mandaron a alguien a buscarnos, que trajo dos burritos. Eran mulas, una mezcla entre caballo y asno. Nos dijeron que esos burritos eran de mucha confianza; pero yo tenía miedo y no quise montar. Mi papá me obligó porque era un viaje largo, de más de un día.

COMO MONOS EN UN ZOOLÓGICO

Camino a Cedruyo pasamos la noche en un pueblito. Nos ofrecieron alojamiento en un cuarto que daba a la plaza y tenía solo tres paredes. Allí estábamos papá y yo, sentados en la cama para acostarnos, y toda la gente del pueblo reunida para mirarnos.

–Somos como monos en un zoológico –me dijo mi papá.

Tenía razón. Esperamos hasta que uno por uno los curiosos se cansaron y se fueron a dormir. Por fin pudimos acostarnos en ese cuartito de tres paredes que daba a la plaza y que no tenía puerta protectora.
Nunca olvidaré esa experiencia interesante que tuve en mi primer viaje misionero.

EL BURRITO VOLVIÓ A SU CASA

El burrito que me habían dado para montar se cansó de mí. Eso creo, porque al día siguiente había desaparecido.

–No te preocupes –le dijo mi papá al hermano que había ido para acompañarnos. La Biblia dice que el asno conoce el pesebre de su amo. Verás que el burrito se ha ido a su casa.

Verdad que era así. ¡No se había perdido!

Isaias 1_3

Con el burro que no se había ido nos turnamos en montar hasta llegar a Cedruyo. Allí la gente me miraba con más sorpresa que el en pueblo donde dejamos el auto. ¿Cómo era posible que hubiera llegado hasta allí una gringuita?

APRENDÍ A COMER YUCA

Pasamos unos días alegres con los hermanos que se habían reunido para escuchar la enseñanza de la Biblia que les trajo mi papá. Él solía viajar a muchos lugares apartados para enseñar la Palabra de Dios.

Lo que más me sorprendió es que no había pan. La panadería quedaba muy lejos de allí. La gente comía yuca. No me gustó, porque se me pegaba al paladar. Pero me he acostumbrado y ahora me encanta comer yuca. ¿Conoces la yuca? ¿Te gusta? ¡Qué rica es la yuca frita!

Así como el burrito conocía su casa, Dios quiere que nosotros aprendamos a conocer la casa de nuestro Padre celestial. En su casa, su amor nunca se acaba. Siempre eres bienvenido a la casa de Dios.

Te quiere, Tía Margarita

 

Para imprimir: El burrito que no se perdio color    El burrito que no se perdio

Para colorear: El burrito   Póster: Isaias 1_3   Actividad: El buey y el asno 

Fotos: Cedruyo 1959

Cedruyo 1959

 

  

 

 

 

 

Testimonio de Tía Margarita

Dios habla a grandes y a pequeños y Dios usa a grandes y a pequeños. En la Biblia leemos acerca del niño Samuel a quien Dios le habló en el silencio de la noche. Jesús usó el almuerzo de un niño para alimentar a miles de personas. David era un jovencito cuando mató al gigante Goliat.

Yo tenía diez años de edad cuando Dios me llamó para que sea misionera y trabaje con niños. Todo comenzó en un culto como cualquiera. El pastor nos invitó a ponernos de pie para la oración de despedida.

LA VISIÓN

De pronto, ya no estaba en el culto sino a la orilla del mar. Allí estaba
Jesús, rodeado de niños de piel trigueña. Los ojos despiertos y alegres de los niños me cautivaron. A espalda de ellos se mecían al compás del viento hermosas palmeras.

«¿Quisieras contar a estos niños acerca de mí?» me preguntó el Señor. Un rotundo «sí» fue mi respuesta. Mi corazón de niña se inundó de alegría. ¡Jesús me había llamado para que sea misionera!

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De nuevo yo estaba en el culto y el pastor oraba. Lo que vi fue una visión. A veces Dios habla de esa forma. Al apóstol Pablo Dios le habló varias veces en visiones.

Cuando Pablo testificó de su conversión ante el rey Agripa y de cómo Jesús lo llamó para que predicara el evangelio, él dijo: «No fui rebelde a la visión celestial.»

Nunca olvidaré cuando Jesús me habló en esa visión. Han pasado muchos años desde esa noche; pronto voy a cumplir setenta años. Durante toda mi vida he servido al Señor trabajando con niños. Cuando tuve la visión estaba con mis padres en Canadá, camino de Suecia al Perú, donde íbamos a hacer obra misionera.

EVANGELIZACIÓN EN AREQUIPA

Comencé mi labor misionera en la ciudad de Arequipa en el Perú. Juntamente con mi hermanita repartíamos folletos y vendíamos porciones bíblicas en los buses y en el parque principal de la ciudad.

Los choferes nos permitían viajar gratis, quizá por la curiosidad que despertábamos las «gringuitas evangelizadoras».

MISIONERA EN HUANCAYO

Desde mis doce años fui maestra de escuela dominical. Me sentía feliz en el trabajo y amaba a los niños, quienes a su vez me brindaban su cariño.

A los dieciocho años de edad llegué a Huancayo como misionera. Allí empezó a cumplirse la visión que tuve de niña. Inicié una escuela dominical que creció asombrosamente. Con los niños hice programas de radio y televisión. Allí nació La Perlita, similar a la hoja que ahora está en tus manos.

SS_HuancayoEscuela dominical en Huancayo, Perú

LAS PALMERAS

Yo estaba feliz haciendo la obra de Dios pero me preguntaba sobre algo de la visión que tuve de niña y que no se había cumplido. No había palmeras en Huancayo.

En un viaje a Suecia conocí a Bengt Lunquist. Él fue al Perú y nos casamos en Huancayo. Tuvimos dos hijas.

De allí fuimos a trabajar en Cochabamba, Bolivia. Me pareció entonces que se cumplió la visión que tuve de niña. No me cansaba de admirar la ciudad y sus bellas palmeras. Pero no eran las palmeras que había visto en la visión.

Cuando Dios nos llevó a Miami en los Estados Unidos para producir material de escuela dominical, allí estaban las palmeras que vi en la visión que Dios me dio de niña. Se había cumplido mi espera de más de treinta años.

Con amor, Tía Margarita

No fui rebelde arte

Para imprimir la historia: 300 Testimonio    300 Testimonio color

Hoja para colorear: 300 La vision

Hoja grande: 300 La vision grande para colorear

Actividad bíblica: 300 La vision celestial

Póster: 300 Poster Vision

Boletín: Boletin 4 2015 Hermana Margarita

El trío misionero

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¡Hola! Me llamo Billy. Mis padres me pusieron ese nombre porque el misionero que les habló de Cristo se llama Billy. Es muy bueno y todos lo queremos. Yo le digo «tío Billy».

El tío Billy tiene un hijo más o menos de mi edad. Él también se llama Billy. La gente nos dice «el trío Billy». Lo de «trío» es porque somos tres.

Un día el tío Billy me invitó para que lo acompañara a visitar los pueblos adonde él llevaba el evangelio. Su hijo también iría con nosotros. ¡Imagínate qué feliz me sentí!

En la clase bíblica en la iglesia estamos estudiando del apóstol Pablo y sus viajes misioneros. Él nunca viajaba solo. En uno de sus viajes lo acompañaron Silas y Timoteo, y también el doctor Lucas. ¿Sabías que Lucas, que escribió el libro de Hechos, era médico? ¡Qué bueno que Pablo tuvo un compañero de viaje que podía atenderlo si se enfermaba!

EL VIAJE MISIONERO

Muchos de sus viajes el apóstol Pablo los hizo en barco; pero también tuvo que viajar por tierra. Tal vez algunas veces viajó a caballo.

El viaje que hicimos con el tío Billy fue por las montañas. Primero viajamos en auto; pero cuando ya no había carretera alguien nos prestó un caballo y un burro. El tío Billy montó el caballo y mi amigo Billy y yo montamos el burro.

¡Qué emocionante era cabalgar! Las sendas eran angostas y a veces pasábamos por grandes precipicios. Para Billy y yo el viaje era una gran aventura. Íbamos de pueblo en pueblo predicando la Palabra de Dios. El tío Billy daba las enseñanzas y Billy y yo cantábamos los coros que habíamos aprendido en la clase bíblica y en los cultos de la iglesia.

SE PIERDE EL BURRO

Una mañana descubrimos que habíamos perdido al burro. Lo buscamos por todas partes pero no lo encontramos.

–¿Qué será del burro? –preguntábamos Billy y yo.

–No se preocupen –decía el tío Billy–. Creo que el burro se ha cansado de viajar con nosotros y ha regresado a su casa.

–¿Cómo va a volver a su casa? –le dije al tío Billy–. Estamos lejos de allí y el burro no conoce el camino.

–Ya verás cuando volvamos al lugar –me dijo el tío Billy–. Los burros conocen su casa. Eso es bíblico.

El tío Billy siempre dice: «es bíblico». Eso quiere decir que está en la Biblia. Es verdad que en la Biblia habla de los burros. Búscalo en Isaías 1:3 y verás.

«El buey conoce a su dueño y el asno el pesebre de su amo.»

Cuando volvimos al pueblo donde nos habían prestado el caballo y el burro, ¡allí estaba el burrito!

DÍAS DE LLUVIA Y DE SOL

Al quedarnos sin el burro tuvimos que cabalgar los tres en el caballo. Te digo que íbamos bien apretados.

A veces llovía y otras veces soleaba. Un rato nos mojábamos y otro rato el sol secaba nuestra ropa. Nuestros zapatos se llenaron de barro.

–Esta es la vida de un misionero –decía el tío Billy con una sonrisa–. ¿Les gusta?

–Sí, sí –contestábamos a una voz Billy y yo.

DE REGRESO A CASA

Los días pasaron rápidamente. Después de dos semanas estuvimos de regreso a casa. Pasé varios días contándoles a mis hermanos todas las aventuras. Muchas personas habían entregado su vida a Cristo.

–Pronto vamos a hacer otro viaje –les anuncié a mis hermanos–. ¡Es lindo llevar el evangelio a los pueblos!

¿QUÉ ES UN MISIONERO?

Tal vez te preguntas qué significa ser «misionero». El misionero es una persona que ha sido enviada con un mensaje. ¿Quién nos envía? Jesús. ¿Cuál es el mensaje? El evangelio del amor de Dios. Todos los que predican el amor de Dios son misioneros. Tú también puedes ser misionero y llevar a tus amiguitos el mensaje del amor de Dios.

El apóstol Pablo es el misionero más conocido y amado. Él llevó el evangelio a muchísimos lugares donde nunca habían oído de Cristo y su amor. En una de sus cartas escribió que no se avergonzaba del evangelio.

¿Quisieras tú también ser un mensajero de Cristo y llevar el evangelio a los que no conocen su amor?

Para imprimir la historia: 290 El trio misionero color

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