Josafat y la marcha de alabanza

Doña Beatriz anunció a los niños que les tocaba la palabra GRATITUD. Estaban construyendo una torre con las virtudes del ABC de Fragancia. Ya tenían seis palabras. Ahora le tocaba a Samuel añadir la siguiente virtud.

–¿Cómo se sentirían si dos de los países vecinos nos declararan guerra? –preguntó doña Beatriz.

–Sería emocionante –dijo Sal–. Mi tío iría a pelear.

–¿Cómo puedes decir que sería emocionante? –dijo Pepita.

Después que varios dieron su opinión, doña Beatriz dijo:

–Eso pasó hace miles de años en el reino de Judá. Jerusalén era la ciudad capital y Josafat era el rey. Los pueblos de Amón y Moab les declararon guerra.

Josafat, un rey de paz

Josafat era un rey de paz, así como había sido su padre, el rey Asa. Eso significa que no quería hacer guerra.

Josafat seguía la palabra de Dios y quería que también todo el pueblo conozca la palabra de Dios. Por eso envió a sus oficiales para que fueran de ciudad en ciudad enseñando la ley de Dios. Con ellos fueron levitas y sacerdotes.

El rey no se contentó con mandar a sus oficiales, con los levitas y los sacerdotes, sino él mismo hizo viajes alrededor del país, enseñando a la gente el camino de Dios.

Todo estaba bien en el reino de Judá; había paz y tranquilidad. Pero un día todo cambió. Los moabitas y los amonitas decidieron hacerle guerra a Josafat.

¡Qué miedo tuvo! Entonces el rey se acordó de cómo Dios había ayudado a su padre cuando vino contra él un gran ejército, de un millón de soldados. ¡Un millón! Su padre había orado a Dios pidiendo ayuda. Y Dios respondió a su oración. ¡Todos esos soldados fueron derrotados!

La oración de Josafat

«Vamos a orar y ayunar –dijo Josafat–. Pediremos a Dios que nos ayude.» Y así lo hicieron.

–¿Quiénes se reunieron para orar? –preguntó doña Beatriz–. ¿Qué creen?

Pimienta sugirió que los hombres fueron a orar. Sal estaba seguro de que los jóvenes fueron.

–¿Y las mujeres? –preguntó Estrella–. ¿Fueron ellas a orar y ayunar?

–¡Sí! Como las mamás no podían dejar solos a sus hijos, los niños y las niñas, y hasta los más pequeños, fueron a reunirse delante del Señor –respondió doña Beatriz–. ¡Todos oraron!

En 2 Crónicas 20:5-12 lee la oración del rey.

Dios dijo: «Calma, hijitos, no tengan miedo. La guerra es mía y yo voy a pelear por ustedes. Párense quietos y observen lo que yo haré.»

Josafat dio gracias a Dios, y se arrodilló hasta tocar el suelo con la frente. Los hombres, las mujeres y los niños hicieron lo mismo. Aun los más pequeños se arrodillaron.

Victoria por medio de alabanza

A la mañana siguiente, madrugaron, y el rey pidió a sus cantores, vestidos con sus mejores ropas, que canten alabanzas a Dios. Ellos iban al frente del ejército y cantaban: «Den gracias al Señor; su gran amor perdura para siempre».

¿Qué pasó cuando el pueblo de Dios cantó alabanzas? Tan pronto como comenzaron a cantar y alabar al Señor, los ejércitos del enemigo pelearon unos contra otros.

Cuando el ejército de Josafat llegó al campamento del enemigo, todos los soldados estaban muertos. ¡El pueblo de Dios había ganado la victoria por medio de alabanza!

–¿Victoria por medio de alabanza? –preguntó Pimienta–. No entiendo. ¿Qué significa?

–En vez de pelear cantaron alabanzas a Dios –dijo Sal.

¡Exactamente! Dios había dicho que no peleen, y no lo hicieron. Marcharon hacia el enemigo cantando alabanzas.

El valle de alabanza

Tres días el ejército de Josafat estuvo ocupado en reunir las riquezas que los soldados enemigos habían dejado. El cuarto día se reunieron en el valle Beraca para alabar al Señor. Josafat quería agradecer a Dios por la victoria.

Beraca significa alabanza o bendición. El ejército de Josafat alabó a Dios en el valle de alabanza. Luego volvieron a Jerusalén cantando alabanzas a Dios, tocando liras, arpas y trompetas. Marcharon directamente al templo de Dios.

Cuando tengas enemigos que vencer, haz como Josafat. Pide a Dios que te ayude y luego canta alabanzas.

MIS PERLITAS

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Los nuevos zapatos de Pepe

Los zapatos de Pepe estaban tan viejos y gastados que le daba vergüenza ponérselos para ir a la escuela. Pepe se los mostró a su mamá y le preguntó si ella le podía comprar nuevos zapatos.

La mamá miró los zapatos con tristeza. Realmente estaban muy gastados, y con gusto le hubiera comprado nuevos zapatos; pero no había dinero para comprar zapatos.

–Pepe, me parece que te pueden durar un poco más estos zapatos. El dinero que tengo sólo alcanza para comprar los alimentos que necesitamos –le dijo ella–. Por favor, hijo, no me pidas zapatos.

El papá de Pepe había sufrido un accidente y no podía trabajar como antes. Pepe podía comprender por qué sus padres no podían comprarle zapatos; sin embargo, se puso a llorar.

–No llores, Pepe –le dijo su mamá–. Papá y yo no podemos comparte nuevos zapatos; pero podemos pedirlos a Dios, nuestro Padre en el cielo. Él nunca nos abandona.

Pepe pide a Dios nuevos zapatos

Sin perder tiempo se arrodillaron junto a la cama y pidieron a nuestro buen Dios nuevos zapatos para Pepe. Con la seguridad de que Dios iba a contestar la oración, la mamá fue a hacer las compras.

Don Oscar, el dueño de la tienda, la saludó amablemente y le dijo:

–¿Ha tenido usted buena suerte hoy, señora? Parece estar muy contenta.

–Estoy contenta pero no por alguna buena suerte –contestó ella–. Al contrario, el tiempo es malo. Me siento feliz porque sé que Dios nos ayuda.

–Hay gente que siempre se queja. ¿Qué la alegra a usted?

–Como le dije, Dios nos ayuda. Estoy contenta porque sé que Dios ha escuchado la oración que le hicimos mi hijo y yo.

Un par de nuevos zapatos

Cuando la mamá de Pepe terminó de hacer sus compras, don Oscar le dijo:

–Tengo un par de zapatos casi nuevos que mi hijo Alfredo no puede usar. Él es un poco más grande que su hijo Pepe. Si me permite, se los daré.

¡Qué gran sorpresa! La mamá de Pepe le contó al buen hombre que ese día ella y su hijo habían pedido a Dios un par de zapatos.

–¡Es verdad que Dios cuida de sus hijos! –repitió don Oscar una y otra vez.

Después de agradecer al buen hombre por los zapatos, la mamá de Pepe volvió a casa. Se imaginaba la cara feliz que iba a poner su hijo. ¡Una vez más su Padre en el cielo les había mostrado su amor y cuidado!

¿Quién se alegró más?

En tu opinión, ¿quién se alegró más por los nuevos zapatos?

  • Don Oscar, que Dios usó para contestar la oración de Pepe y su mamá.
  • La mamá de Pepe, que confió en su Padre celestial.
  • Pepe, al ponerse los nuevos zapatos.

Dios es tu Padre y cuida de ti

¿Tienes una necesidad? Recuerda que Dios es tu Padre y que cuida de ti.

No siempre la respuesta a nuestras oraciones llega de una vez, como con Pepe; pero Dios nunca falla. De distintas maneras nos muestra su amor. Pon tus cargas en las manos del Señor, pues Él tiene cuidado de ti. Confía en Dios de todo corazón. Él nunca te abandona.

MIS PERLITAS

En Mis Perlitas encuentra todos los materiales de esta historia.

 

Necesidad de hospedaje en Ciudad de México

Hermanos de la hermosa capital de México necesitamos su ayuda. Tres de nuestros hermanos peruanos que trabajan con niños discapacitados necesitan hospedaje en el mes de febrero. Aquí sigue una carta explicativa. Cualquiera que pueda ayudar o darnos alguna información, déjeme un comentario. En la carta hay direcciones.

Carta: Solicitud de hospedaje en Ciudad de Mexico

La niña que pidió ojos azules

Una semana antes de la Navidad, el año 1867, nació en un pequeño pueblo de Irlanda una niña con lindos ojos de color café.

Sus padres le pusieron el nombre de Amy. Ella creció en un pueblo junto al mar, y desde muy pequeña llegó a amar los colores y los sonidos del océano. Su color favorito era azul, como el color de los ojos de su mamá.

Desde muy pequeña, su gran deseo era tener ojos azu­les. No estaba contenta con sus ojitos de color café: brillantes, traviesos y llenos de vida.

Amy siempre escuchó hablar del Hijo de Dios, el Señor Jesús. Sus padres le leían la Biblia todos los días.

Ella aprendió que Jesús la amaba y que había venido del cielo para morir por sus pecados en la Cruz y ser su Salvador. También sabía que Jesús no está muerto sino que vive y que escucha las oracio­nes.

Amy pide ojos azules

Amy tenía solamente tres años cuando le pidió al Señor que le diera ojos azules. Una noche, se arrodilló junto a su cama y oró a Dios, pidiendo que cambiara sus ojos de color café por un hermoso azul. Pidió con toda fe, y estaba convencida de que iba a contestar su oración.

«Dios siempre contesta las oraciones», le había dicho su mamá muchas veces.

Amy sabía que Jesús había prometido: «Pidan, y se les dará… Porque todo el que pide, recibe.» Confiada en que esas palabras eran verdad, se durmió.

A la mañana siguiente, se despertó feliz como un pajarito. Rápidamente fue a mirarse en el espejo. Es­taba emocionada pensado en que tendría ojos azules.

¿Ojos azules? ¡NO! Solamente unos trágicos ojos de color café se reflejaban en el espejo. Unos ojos muy tristes. ¡Dios no había contesta­do! Nada había ocurrido.

No también es una respuesta

Amy había orado, se había porta­do bien (aunque no es porque te portas bien que Dios responde a la oración), había creído en Dios; sin embargo, Él no había contestado a su oración.

Amy hizo un esfuerzo por no llorar. Entonces pasó algo muy importante. Tal vez lo oyó en el apagado cuchi­cheo de las olas, quizá su mamá al entrar al cuarto se lo dijo. Tal vez Dios mismo estaba ayudando a Amy a entender un secreto que ella iba a recordar por el resto de su vida: «No también es una respuesta.»

Las palabras llegaron tan claras a su mente, como si alguien las hubiera dicho en alta voz. Amy pensó que Dios no había prestado atención cuando oraba… pensó que Él sencillamente no había contestado; pero sí contestó la oración de Amy, aunque la respuesta fue «no».

Los planes de Dios

Muchos años más tarde, Amy en­tendió por qué Dios no le dio ojos de color azul. Él tenía un plan muy emocionante para su vida. Para cumplir ese plan, Amy necesitaba ojos de color café.

Dios tiene un plan también para tu vida, y por medio de las experiencias de cada día, Él quiere enseñarte lecciones muy importantes.

Si le pides algo, y la res­puesta es «no», recuerda que Dios sabe lo que es mejor para ti. ¡No también es una respuesta!

¿Tienes un deseo especial? ¡Cuéntaselo a Dios en oración! Cualquiera que sea la respuesta, ten la seguridad de que es la mejor para ti.

MIS PERLITAS 424

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El profeta que oró por lluvia

Pepita llegó temprano al club del sábado. Traía en las manos el tesoro que había ganado por adivinar la palabra secreta; aquello que vale más que el oro. ¿Recuerdas la palabra? SA-BI-DU-RÍA.

El papá de Pepita se interesó mucho en la historia de Elías y el fuego. Le pareció tan impresionante que el fuego que cayó del cielo consumió al buey, la leña, las piedras, el polvo, y aun el agua que estaba en la zanja.

Pepita quería saber dónde en la Biblia estaba la historia para que su papá la leyera. Don Pepe había cambiado. Primero no quiso que Pepita vaya al club; ahora estaba contento y quería que su hija le contara lo que aprendía.

–Dios está contestando mis oraciones por tu papá –dijo doña Beatriz a Pepita–. Espero que un día toda tu familia siga los caminos de Dios.

La buena vecina Beatriz estaba feliz al ver el interés de Pepita en lo que ella enseñaba a los niños del club. Le marcó un lugar en la Biblia que Pepita debía leer durante la clase. Y le puso un señalador en 1 Reyes 18, para que Pepita le mostrara a su papá dónde leer acerca de Elías y el fuego del cielo.

ELÍAS ORA PARA QUE NO LLUEVA

El rey Acab y la reina Jezabel eran malvados. En vez de servir a Dios adoraban al ídolo Baal, y toda la gente seguía su mal ejemplo. Elías fue al palacio y dijo al rey: «Tan cierto como que Dios vive, a quien yo sirvo, no habrá rocío ni lluvia en los próximos años, hasta que yo lo ordene.»

El agua es muy importante. Si no llueve por un buen tiempo se secan los ríos, no hay cosechas, y la gente empieza a pasar hambre. ¡En Israel no llovió por tres años y medio!

Elías no pasó hambre. Dios lo mandó a que se escondiera en el arroyo de Querit. Los cuervos le llevaban comida: pan y carne en la mañana y en la tarde. ¿Por qué tuvo que esconderse? ¡Porque el rey Acab estaba furioso y lo buscaba!

Después Dios mandó a Elías que fuera a Sarepta. Allí lo alimentó una viuda. Ella y su hijo tenían sólo un poco de harina y un poco de aceite para hacer un pan. Dios hizo que no se acabara la harina y el aceite durante todo el tiempo que no llovió. ¡Cada día ellos comieron pan del cielo!

ELÍAS ORA PARA QUE LLUEVA

El rey buscaba a Elías por todas partes; pero no lo encontraba. Le echaba la culpa a Elías de que no llovía; pero era culpa del rey, porque adoraba al ídolo Baal. Un día, Dios le dijo a Elías que iba a mandar lluvia; pero Elías tenía que orar.

Dios es nuestro Padre y quiere que le pidamos las cosas que necesitamos, por eso Elías tenía que pedirle lluvia.

Después de la gran maravilla del fuego que cayó del cielo, Elías fue con su siervo a la cima del monte Carmelo orar. Se arrodilló, puso su cabeza entre las rodillas, y oró.

Doña Beatriz pidió a Pepita que leyera los versículos que le había marcado en su Biblia. Pepita leyó:

«El profeta Elías era un hombre como nosotros, y cuando oró con fervor pidiendo que no lloviera, dejó de llover sobre la tierra durante tres años y medio. Después, cuando oró otra vez, volvió a llover, y la tierra dio su cosecha.»
Santiago 5:17,18 DHH

DIOS MANDA LLUVIA

Elías oró y dijo a su siervo que vaya a mirar si venía la lluvia. Seis veces fue a mirar hacia el mar; pero no vio nada. La séptima vez dijo:

–Veo una nube pequeña. Parece la mano de un hombre.

–¡Es la lluvia que viene! –dijo Elías.

Elías se levantó contento. Ya no necesitaba orar más. ¡Dios le había contestado! Mandó a decir al rey Acab que prepare su carro y se vaya antes que lo detenga la lluvia.

¿Qué hizo Elías? Dios le dio fuerza extraordinaria. Se sujetó el manto con su cinturón y corrió delante del carro de Acab todo el camino desde el monte Carmelo hasta Jezreel.

–¿Cuánto corrió Elías? –preguntó Sal.

A Sal le interesan mucho los números. Siempre anda calculando cosas.

–¡Elías corrió unos 40 kilómetros! –dijo doña Beatriz.

Elías no era un súper hombre. Era como nosotros; pero confiaba en el Dios que hace maravillas. Oró con fervor que no lloviera, y no llovió. Luego oró que lloviera, ¡y llovió!

¡Ora con fervor y Dios te contestará!

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El desayuno del cielo

Era una mañana como cualquier otra. Los niños estaban sentados a la mesa esperando su desayuno. Allí estaban los platos, allí estaban las tazas; pero vacíos…

–Demos gracias a Dios por el desayuno –dijo Jorge Müller, el «papá» de los niños.

Los niños eran huérfanos y habían encontrado refugio en el hogar de este hombre bondadoso, que confiaba en Dios por todo lo que él y los niños necesitaban.

MÁS DE 10.000 NIÑOS

Jorge Müller comenzó con una casa y 30 niños. Al poco tiempo tenía cuatro casas y 150 niños que cuidar. Durante sesenta largos años, él cuidó de miles de niños huérfanos. Cuando murió, a los 93 años de edad, tenía cinco casas con más de 2.000 niños. En total, Jorge Müller refugió a más de 10.000 niños, que recibieron un hogar en el orfanato.

PEDÍA TODO DE DIOS

Los niños miraron a «papá Jorge». Ellos estaban acostumbrados a orar, a pedir a Dios lo que necesitaban.

Jorge Müller nunca pedía nada de nadie, sino solamente a Dios. Cada día se levantaba muy de mañana para orar. Todo lo que los niños necesitaban, él se lo pedía a Dios en oración. A veces Dios mandaba gran cantidad de dinero, otras veces llegaba poco; pero nunca les faltaba lo necesario.

EL LECHERO Y LA LECHE

Esa mañana, cuando los platos y las tazas en las mesas estaban vacíos, «papá Jorge» nuevamente confió en el Padre celestial y oró a Dios que les mandara desayuno.

¡Pum! ¡Pum! ¡Pum! Alguien tocaba la puerta.

Allí estaba el lechero. El carro con el que repartía la leche se había malogrado afuera de la puerta del orfanato.

–No puedo seguir repartiendo leche –dijo el lechero–. Tomen ustedes la leche.

El lechero dio toda la leche para los niños del orfanato.

EL PANADERO Y EL PAN

Al poco rato, nuevamente alguien tocó la puerta.

¡Pum! ¡Pum! ¡Pum! Era el panadero, que traía canastas y bandejas llenas de pan.

–Me levanté temprano –dijo el panadero–. Dios me dijo que tenía que traerles pan.

¡Qué rico era el aroma del pan recién horneado!

Leche y pan fue lo que Dios mandó al orfanato esa mañana. Los niños tomaron felices su desayuno del cielo. Después, Dios proveyó comida para el almuerzo y la cena.

UN PREDICADOR DE ALEMANIA

Así era la vida de Jorge Müller. Él había llegado de Alemania a Inglaterra para predicar el evangelio. Mientras iba de lugar en lugar, predicando la palabra de Dios, vio a muchos niños harapientos y sucios que jugaban en las calles. Muchos de ellos no tenían padres que los cuidaran.

Dios le habló y le dijo que quería que comenzara un orfanato para tantos niños huérfanos que había en la ciudad.

Jorge Müller vivía en Bristol. Él habló con los hermanos de la iglesia donde trabajaba, pero ellos no estaban de acuerdo con la idea. Sin embargo, Dios le había hablado y el buen hombre no pudo quedarse tranquilo.

Jorge Müller empezó a orar a Dios para que le diera lo necesario. Como respuesta a sus oraciones recibió una casa, dinero, gente que le ayudara, y niños que vivieran en el orfanato. Fue así que llegó a ser el «papá» de miles de niños.

PADRE DE LOS HUÉRFANOS

En el Salmo 68:5 dice que Dios es «Padre de los huérfanos». Dios también es la «ayuda de los huérfanos». Dios pone en el corazón de hombres y mujeres, tales como Jorge Müller, que se preocupen de los huérfanos, porque a al Señor le importa mucho el bienestar de estos niños.

¿Quisieras orar por los huérfanos allí donde tú vives?

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Una noche entre leones

Imagina que pasas una noche durmiendo entre leones. ¿Sería posible? Quizá si fueras entrenador en un zoológico.

Hace muchos años había un hombre que lo único que sabía acerca de leones era que éstos son muy bravos. En su país los tenían en un foso que se usaba para castigar a criminales. Echaban a los criminales en el foso y los leones se los comían.

Este gobernador era el mejor de los mejores. Era tan bueno y fiel que el rey pensaba ponerlo como jefe sobre todo el reino.

Sus compañeros de trabajo se morían de envidia y buscaban algo de qué acusarlo; pero no había nada.

UN PLAN MALVADO

Entonces idearon un plan muy malvado. Ellos habían visto que Daniel oraba a Dios tres veces al día. Sí, el gobernador se llamaba Daniel y en la Biblia hay un libro que lleva su nombre. Allí está esta historia, en el capítulo 6.

Daniel oraba con las ventanas abiertas hacia Jerusalén. Él estaba en tierra extraña. Cuando era sólo un adolescente lo habían llevado cautivo de Jerusalén a Babilonia. Daniel nunca olvidó al Dios de su pueblo Israel, y por eso oraba tres veces al día. ¡Qué hermosa costumbre!

Los gobernadores envidiosos engañaron al rey, llamado Darío, para que dictara una nueva ley. Era una ley para que durante un mes todos solamente oraran al rey. Si alguien oraba a algún dios u hombre, y no al rey Darío, sería echado al foso de los leones, como si fuera un criminal.

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EL REY CAYÓ EN LA TRAMPA

El rey se sintió honrado por esta propuesta; le agradó el plan. Pero cuando le trajeron al gobernador Daniel como un criminal, que no había cumplido la ley, el rey se puso pálido. ¡Había caído en una trampa!

Los gobernadores malvados habían espiado a Daniel, y lo habían visto orar a su Dios. Muy complacidos lo trajeron al rey para que fuera castigado.

–Daniel, mi muy amado Daniel –dijo el rey, desesperado–. El decreto está firmado; tengo que hacerlo; tengo que echarte a los leones. ¡El Dios tuyo, a quien tú continuamente sirves, él te libre!

LA NOCHE ENTRE LEONES

Esa noche el rey Darío no quiso comer, ni quiso escuchar música; no quiso hacer nada… ¡y no pudo dormir!

En el foso de los leones el gobernador Daniel dormía tranquilo entre leones. ¡Un león era su almohada!

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Los leones, ¿no se comieron a Daniel? ¡No! Dios mandó su ángel para cerrar la boca de los leones.

Muy de mañana, el rey apresuradamente fue al foso y llamó a gritos a Daniel.

–Daniel, mi muy amado Daniel –gritó el rey–. El Dios tuyo, a quien tú continuamente sirves, ¿te ha podido librar de los leones?

NI SIQUIERA UN RASGUÑO

¡Qué alegría para el rey cuando Daniel le contestó desde lo profundo del foso! ¡Dios lo había salvado!

Daniel era inocente; no había hecho nada malo. ¿Cuál era su «crimen»? Daniel había orado a Dios; ese era el crimen.

Cuando sacaron a Daniel del foso, no tenía un solo rasguño. Los leones no le habían hecho ningún daño, porque Daniel confiaba en su Dios.

A los hombres malvados, ¿qué les pasó? Ellos y sus familias fueron echados al foso de los leones. Antes que llegaran a tocar el suelo, los leones cayeron sobre ellos y les trituraron los huesos. ¡Qué triste suerte pagaron por su envidia!

EL DECRETO DEL REY

El rey Darío, muy impresionado por el poder de Dios, mandó una carta a todos los pueblos y naciones del mundo. ¿Qué crees que decretó? Darío decretó que en todo lugar de su reino se adore y honre al Dios de Daniel.

Paz os sea multiplicada. De parte mía es puesta esta ordenanza: Que en todo el dominio de mi reino todos teman y tiemblen ante la presencia del Dios de Daniel; porque él es el Dios viviente y permanece por todos los siglos, y su reino no será jamás destruido, y su dominio perdurará hasta el fin. El salva y libra, y hace señales y maravillas en el cielo y en la tierra; él ha librado a Daniel del poder de los leones.  (Daniel 6:26 y 27)

Aunque Daniel sabía que su castigo sería la muerte, no tuvo miedo ni dejó su costumbre de orar a Dios tres veces al día.

¿Cómo sería si tú fueras tan fiel a Dios, que el presidente de tu país hiciera un decreto de que todos debían adorar al Dios que tú sirves? ¡Piénsalo!

 

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Dios sana a Raúl

Un domingo, cuando los niños iban saliendo de sus salones de clase de la escuela dominical, Raúl se trepó a una baranda para resbalarse por el pasamano.

–No te subas allí –le dijo su amigo Humberto–. Tú sabes que la maestra nos ha prohibido hacerlo.

–¡Qué me importa! –dijo Raúl–. No me va a pasar nada.

Raul traviesoRAÚL SE ACCIDENTA

No le pasó nada en la primera resbalada ni en la segunda, pero en la tercera perdió el equilibrio, y ¡pum! fue a dar al suelo.

No fue una caída cualquiera, porque el pobre Raúl se hizo una grave herida en la cabeza. Sus amiguitos, al verlo tirado en el suelo sin poder moverse, comenzaron a gritar de angustia, y la maestra vino corriendo.

VIAJE AL HOSPITAL

Inmediatamente detuvieron un taxi y llevaron a Raúl al hospital. Los médicos y las enfermeras se mostraron muy preocupados al verlo. El médico que lo atendió dijo que la curación de Raúl podría llevar mucho tiempo. La maestra, muy asustada, tuvo que ir a avisar al papá de su alumno.

Antes de irse, compró unos chocolates para Raúl, pero él estaba tan débil que no tuvo ganas de comerlos.

niño traviezo padre coEL PADRE DE RAÚL

La mamá de Raúl había muerto, así que el papá vivía solo con sus hijos. Él culpó a la maestra por el accidente. Ella trató de explicarle que Raúl había sido desobediente, pero el papá no quiso oír eso.

El hospital quedaba lejos de la casa de Raúl. Como su papá tenía que trabajar y cuidar a sus otros hijos, era difícil para él visitar a Raúl. La maestra prometió hacerlo.

LA MAESTRA ORA POR RAÚL

Dos días después del accidente, la maestra fue a visitar a su travieso alumno. De todo corazón pidió a Jesucristo que lo sanara.

niño traviezo maestra co«Señor Jesús –oró la maestra–. Tú sabes que Raúl está muy enfermo y que su papá no puede visitarlo. Por favor, sana a Raúl.»

SANIDAD Y UNA PROMESA

Pasaron otros dos días y la maestra volvió al hospital. ¡Cuál no sería su sorpresa al ver a Raúl fuera de la cama, levantado, y andando!

–¿Qué pasó, hijo? –preguntó la maestra, asombrada.

–Jesús me sanó –respondió Raúl, sonriente–. Yo sabía que Él me iba a sanar.

–Yo también lo sabía –le dijo la maestra, dándole un fuerte abrazo a su travieso alumno.

RaulDespués, con mirada seria, dijo:

–Prométeme que nunca más te resbalarás por el pasamano.

–Lo prometo –respondió Raúl–. Ya le he pedido perdón al Señor Jesús y le pido perdón a usted también.

FELIZ REGRESO A CASA

Fue un día feliz cuando Raúl salió del hospital. Su maestra fue a buscarlo y lo llevó a casa.

El papá de Raúl había estado preocupado por su hijo. ¡Qué alegría para todos cuando Raúl estuvo de regreso!

Los hermanos de la iglesia hicieron una colecta para pagar por los gastos del accidente. El papá de Raúl estaba muy agradecido, especialmente a la maestra que trató con mucho cariño a Raúl.

Desde ese día Raúl no volvió a desobedecer a su maestra; al contrario, se portó muy bien. A pocos meses del accidente, ganó un premio por ser el niño más aplicado de la clase.

DIOS ES BUENO

Dios hizo este milagro en La Paz, Bolivia. Él puede hacer milagros también en tu vida, dondequiera que te encuentres. Aunque tú mismo seas la causa de una desgracia, Dios es bueno y fiel. Dios es compasivo y lleno de amor.

Pide al Señor que te ayude en cualquier necesidad que tengas. ¡Para Dios no hay nada imposible!

Salmo 103_8

Para imprimir la historia:  299 Dios sana a Raul   299 Dios sana a Raul.color

Hoja para colorear: 299 Raul Actividad bíblica: 299 Amor de Dios

Póster: 299 Poster Salmo 103_8