Testimonio de Tía Margarita

Dios habla a grandes y a pequeños y Dios usa a grandes y a pequeños. En la Biblia leemos acerca del niño Samuel a quien Dios le habló en el silencio de la noche. Jesús usó el almuerzo de un niño para alimentar a miles de personas. David era un jovencito cuando mató al gigante Goliat.

Yo tenía diez años de edad cuando Dios me llamó para que sea misionera y trabaje con niños. Todo comenzó en un culto como cualquiera. El pastor nos invitó a ponernos de pie para la oración de despedida.

LA VISIÓN

De pronto, ya no estaba en el culto sino a la orilla del mar. Allí estaba
Jesús, rodeado de niños de piel trigueña. Los ojos despiertos y alegres de los niños me cautivaron. A espalda de ellos se mecían al compás del viento hermosas palmeras.

«¿Quisieras contar a estos niños acerca de mí?» me preguntó el Señor. Un rotundo «sí» fue mi respuesta. Mi corazón de niña se inundó de alegría. ¡Jesús me había llamado para que sea misionera!

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De nuevo yo estaba en el culto y el pastor oraba. Lo que vi fue una visión. A veces Dios habla de esa forma. Al apóstol Pablo Dios le habló varias veces en visiones.

Cuando Pablo testificó de su conversión ante el rey Agripa y de cómo Jesús lo llamó para que predicara el evangelio, él dijo: «No fui rebelde a la visión celestial.»

Nunca olvidaré cuando Jesús me habló en esa visión. Han pasado muchos años desde esa noche; pronto voy a cumplir setenta años. Durante toda mi vida he servido al Señor trabajando con niños. Cuando tuve la visión estaba con mis padres en Canadá, camino de Suecia al Perú, donde íbamos a hacer obra misionera.

EVANGELIZACIÓN EN AREQUIPA

Comencé mi labor misionera en la ciudad de Arequipa en el Perú. Juntamente con mi hermanita repartíamos folletos y vendíamos porciones bíblicas en los buses y en el parque principal de la ciudad.

Los choferes nos permitían viajar gratis, quizá por la curiosidad que despertábamos las «gringuitas evangelizadoras».

MISIONERA EN HUANCAYO

Desde mis doce años fui maestra de escuela dominical. Me sentía feliz en el trabajo y amaba a los niños, quienes a su vez me brindaban su cariño.

A los dieciocho años de edad llegué a Huancayo como misionera. Allí empezó a cumplirse la visión que tuve de niña. Inicié una escuela dominical que creció asombrosamente. Con los niños hice programas de radio y televisión. Allí nació La Perlita, similar a la hoja que ahora está en tus manos.

SS_HuancayoEscuela dominical en Huancayo, Perú

LAS PALMERAS

Yo estaba feliz haciendo la obra de Dios pero me preguntaba sobre algo de la visión que tuve de niña y que no se había cumplido. No había palmeras en Huancayo.

En un viaje a Suecia conocí a Bengt Lunquist. Él fue al Perú y nos casamos en Huancayo. Tuvimos dos hijas.

De allí fuimos a trabajar en Cochabamba, Bolivia. Me pareció entonces que se cumplió la visión que tuve de niña. No me cansaba de admirar la ciudad y sus bellas palmeras. Pero no eran las palmeras que había visto en la visión.

Cuando Dios nos llevó a Miami en los Estados Unidos para producir material de escuela dominical, allí estaban las palmeras que vi en la visión que Dios me dio de niña. Se había cumplido mi espera de más de treinta años.

Con amor, Tía Margarita

No fui rebelde arte

Para imprimir la historia: 300 Testimonio    300 Testimonio color

Hoja para colorear: 300 La vision

Hoja grande: 300 La vision grande para colorear

Actividad bíblica: 300 La vision celestial

Póster: 300 Poster Vision

Boletín: Boletin 4 2015 Hermana Margarita

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