La billetera perdida

Víctor era un buen muchacho, pero tenía una gran dificultad: nunca podía estar limpio.

Salía por la mañana, rumbo a la escuela, con camisa limpia, pantalones planchados, y zapatos lustrados. Volvía por la tarde con la ropa manchada y arrugada, la cara sucia, y los zapatos llenos de barro.

Su pobre madre, desesperada, le decía:

–Víctor, Víctor, por favor cuida tu ropa. Me das tanto trabajo.

–Sí, mamá –le prometía Víctor. Pero nunca cumplía su promesa.

–Bueno, hijito –le decía su madre, sin esperanzas de verlo limpio todo un día–, lo de la ropa y la cara no es lo más importante. Un corazón limpio vale mucho más. Trata de agradar a Dios en todo, para no manchar tu vida con el pecado.

–Sí, mamá linda –le contestaba Víctor–. Trataré de ser honrado. Un poco sucio por fuera, pero limpio por dentro.

Esas palabras alegraban el corazón de su madre. Desde que era pequeño le había enseñado a amar al Señor Jesús.

Días más tarde Víctor pudo demostrar su honradez.

VÍCTOR ES TENTADO

Cierta mañana, cuando Víctor caminaba rumbo a la escuela, tropezó con algo en la vereda. ¡Era un billetera!

Rápidamente se agachó para recoger la billetera, mirando hacia ambos lados para controlar si alguien lo miraba.

La calle estaba casi vacía, así que estaba seguro de que nadie se había dado cuenta de lo que había encontrado. Metió la billetera en su bolsillo y corrió hacia la escuela. Entró al baño para estar solo mientras revisaba su hallazgo.

Apenas abrió la billetera vio quién era el dueño. Llevaba grabado el nombre de su profesor y, muy a la vista, estaba la foto de la esposa del profesor.

Dentro de la billetera había varios documentos del profesor y contenía también dinero en efectivo.

«Nadie te vio cuando recogiste la billetera», le susurró una voz al oído.

«La billetera no es tuya –le habló otra voz–. Tienes que devolverla.»

«Pero estaba botada y tú la encontraste –insistió la primera voz–. ¡Quédate con el dinero!»

«Ese dinero es de tu profesor y tienes que devolverlo», le decía la otra voz.

UNA LUCHA INTERIOR

¡Pobre Víctor! ¿Qué podía hacer? Él se había encontrado la billetera y necesitaba el dinero. Pero era de su profesor y tendría que devolver-lo. No podría comprar chocolates y caramelos por el dinero, pues su profesor lo necesitaba para mantener a su familia.

Fue fuerte la lucha. Dos voces batallaban en el corazón de Víctor. Una voz le decía que se quedara con la billetera, y la otra voz insistía en la honradez.

Las palabras que su madre tantas veces le había repetido decidieron el asunto: «No importa que seas un muchacho sucio por fuera; pero quiero que seas honrado. Sucio por fuera; pero limpio por dentro.»

LA RECOMPENSA

Esa tarde el profesor llamó a la puerta de la casa de
Víctor. Salió a abrir la madre del muchacho.

–Señora, vengo a felicitarla por su hijo –dijo el profesor–. Creo que es el muchacho más honrado de la escuela. Me siento orgulloso de ser su profesor.

Sorprendida, la madre de Víctor escuchó el relato acerca de la billetera perdida, y de que Víctor la había devuelto.

–Ese muchacho se merece un diploma –continuó el profesor–. No porque anda limpio y arreglado, pero sí por su honradez.

LA BILLETERA PERDIDA color

LO QUE MÁS VALE

¿Quién crees que recibió un fuerte abrazo de su madre aquella noche? Sí, Víctor, por supuesto.

–Me siento orgullosa de ser tu madre –le dijo–. Seguiré lavando tu ropa sucia cada día; no importa. Y lo haré con gusto, pues eres un muchacho honrado. Sucio por fuera, pero limpio por dentro.

El más feliz de todos era Víctor. ¡Jesús lo había ayudado a vencer la tentación!

El rey se complace en las palabras de labios justos;
ama a quienes hablan
con la verdad. –Proverbios 16:13, NTV

Para imprimir la historia: La billetera perdida

Hoja para colorear: Sé honrado

Actividad: La honradez

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