Nuevos zapatos para Pepe

PepePepe tenía un par de zapatos muy gastados. Le daba vergüenza ir a la escuela con zapatos tan viejos; pero sus padres no tenían dinero para comprarle un nuevo par. ¿Sabes qué hicieron? Confiaron en nuestro buen Dios y Padre celestial.

 

Un día Pepe le preguntó a su mamá si le podía comprar nuevos zapatos. Los que tenía estaban tan viejos y gastados que le daba vergüenza ir a la escuela.

La mamá miró los zapatos con tristeza. Realmente estaban muy gastados, y con gusto le hubiera comprado nuevos zapatos; pero no tenía dinero suficiente.

–Pepe, me parece que te pueden durar un poco más estos zapatos –le dijo–. El dinero que tengo sólo alcanza para comprar los alimentos que necesitamos. Por favor, hijo, no me pidas zapatos.

LAS LÁGRIMAS DE PEPE

Pepe no podía comprender por qué sus padres no podían comprarle zapatos. Se puso a llorar amargamente.

Su mamá se puso muy triste al verlo llorar.

–No llores, Pepe –le dijo–. Papá y yo no podemos comparte los zapatos; pero se los vamos a pedir a Dios. Él nunca nos abandona.

Sin perder tiempo se arrodillaron junto a la cama y pidieron a Dios un par de nuevos zapatos para Pepe.

DIOS OYE LA ORACIÓN

Con la seguridad de que Dios iba a contestar la oración, la mamá de Pepe fue a hacer las compras. En la tienda donde fue a comprar, el dueño le dijo:

–¿Ha tenido usted buena suerte hoy, señora? Parece estar muy contenta.

–De ninguna manera –contestó ella–. Al contrario, el tiempo es malo. Estoy contenta porque sé que Dios nos ayuda.

–Sí, eso es bueno; pero hay mucha gente que siempre se queja. ¿Qué la alegra hoy?

–Como le dije, Dios nos ayuda. Estoy contenta porque sé que Dios ha escuchado la oración que le hicimos mi hijo y yo.

Pepe y zapatosUN PAR DE ZAPATOS

Cuando la mamá de Pepe terminó de hacer sus compras, el dueño de la tienda le dijo:

–Tengo un par de zapatos casi nuevos que mi hijo Alfredo no puede usar. Creo que él es un poco más grande que su hijo Pepe. Si me permite, se los daré.

¡Qué feliz se sintió la mamá de Pepe! Le contó al buen hombre que ese día ella y Pepe habían pedido a Dios un par de zapatos.

DIOS ES UN PADRE AMOROSO

Una y otra vez el dueño de la tienda repetía: «¡Es verdad que Dios cuida de sus hijos!»

Después de agradecer al dueño de la tienda por los zapatos, la mamá de Pepe volvió a casa. Se imaginaba la cara feliz que iba a poner su hijo. ¡Una vez más Dios les había mostrado su amor!

¿QUÉ PIENSAS?

En tu opinión, ¿quién crees que se alegró más?

  • (1) El hombre que Dios usó para contestar la oración de Pepe y su mamá;
  • (2) la mamá de Pepe;
  • (3) Pepe, al ponerse los nuevos zapatos.

DIOS CUIDA DE TI

¿Tienes una necesidad? Dios es tu Padre y Él cuida de ti. No siempre la respuesta a nuestras oraciones llega tan rápido como con Pepe; pero Dios nunca falla. De distintas maneras nos muestra su amor. Confía en Él de todo corazón.

1 Pedro 5 7

Para imprimir: 301 Nuevos zapatos para Pepe    Nuevos zapatos para Pepe color

Hoja para colorear: Dios cuida de mi  Actividad: Dios cuida de ti Actividad

Póster: Poster 1 Pedro 5_7

 

 

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Benjamín Franklin y el silbato

benjamin co 2Benjamín Franklin llevaba siempre un silbato en el bolsillo. El silbato estaba gastado por el uso; pero no quería cambiarlo por otro. Ese silbato le recordaba que debía ser prudente. Nunca se había olvidado la lección que aprendió de niño, cuando cumplió siete años.

El día de su cumpleaños, sus parientes y amigos le llenaron los bolsillos con monedas de cobre. Lo primero que hizo fue correr a la tienda para ver qué cosas podía comprar.

LA COMPRA DEL SILBATO

Camino a la tienda se encontró con un niño que tenía un silbato en la mano. De vez en cuando lo llevaba a la boca y producía unos sonidos muy agudos.

–Te doy todas mis monedas de cobre si me das el silbato –le dijo Benjamín.

–Trato hecho –le respondió el niño, que tomó las monedas y le dio el silbato.

Muy satisfecho por su compra Benjamín fue a la casa, silbando con su pequeño instrumento. Se sentía feliz por su compra, creyéndose un muy buen músico.

CUATRO VECES MÁS

–¿Cuánto te costó ese silbato? –le preguntaron sus hermanos y sus primos.

–Lo compré con mis monedas de cobre –dijo Benjamín.

Cuando él les contó que el silbato le había costado todas sus monedas, lo miraron sorprendidos.

–Has pagado por lo menos cuatro veces más del valor del silbato –le dijo su hermano mayor–. ¿Quién te lo vendió?

–Un niño en la calle –respondió Benjamín.

Como no conocía al niño que le había vendido el silbato, no había nada que hacer; el negocio ya estaba hecho.

Triste y desanimado, Benjamín fue a sentarse a un rincón para estar solo. Se puso a pensar en todas las cosas que habría podido comprar con el dinero que gastó en el silbato.

–Malgasté mi dinero –dijo, arrepentido–. ¡Qué mal negocio hice!

UNA GRAN LECCIÓN

Sus hermanos y sus primos se rieron de él hasta hacerlo llorar. El cumpleaños que había comenzado bien, terminó muy mal. Pero Benjamín aprendió una lección que le sirvió toda su vida. ¡Nunca hay que pagar demasiado dinero por un silbato ni por ninguna otra cosa!

Benjamín fue uno de los Padres Fundadores de los Estados Unidos de América. Han pasado trescientos años desde que hizo el mal negocio. Lo que aprendió por la mala experiencia del silbato le ayudó a ser un hombre sabio y prudente. Pensaba antes de actuar. En vez de malgastar su dinero, lo ahorraba. Usaba bien su tiempo y cuidaba de su salud.

Benjamín Franklin fue científico e inventor. Uno de sus inventos fue el pararrayos. Busca su nombre en internet si te interesa leer acerca de su vida y sus otros inventos.

CULTIVÓ TRECE VIRTUDES

A los veinte años de edad hizo una lista de trece virtudes que buscó cultivar, entre ellas diligencia: ocuparse siempre en algo útil; justicia: no lastimar a nadie; orden: mantener todo en su sitio; humildad: imitar a Jesús y a Sócrates.

La más grande de las virtudes es seguir lo que nos aconseja el sabio rey Salomón: «No seas sabio en tu propia opinión. Teme al SEÑOR y huye del mal.»

También nos dice: «Confía en el SEÑOR de todo corazón, y no en tu propia inteligencia» (Proverbios 3:5).

Temer a Dios no significa tenerle miedo; más bien, quiere decir respetar y honrar al Señor. Confiar en Dios te hará fuerte en cuerpo, alma y espíritu.

SÉ PRUDENTE

Pide a Dios que te ayude a ser prudente y sensato; un niño o una niña que sepa distinguir entre lo bueno y lo malo. Si recibes algún dinero, no lo malgastes en algo que te impresiona, pero que sólo usarás un momento.

Nunca des todo tu dinero ni todo tu tiempo por un simple «silbato».

Proverbs 3_7

Para imprimir: 295 Benjamin Franklin y el silbato

Para colorear: 295 Benjamin

Actividad: 295 Teme al Senor

Eva y el ratoncito Pipo

Pipo estaba sentado detrás de la cocina limpiándose la boca. Se sentía tranquilo porque cerca de allí había un huequito por donde podía meterse rápidamente y llegar adonde estaba su mamá. ¡Cuántos peligros había para un ratoncito!

GATOS Y QUESO

Pipo temblaba al pensar en todas las historias que le habían contado acerca de los gatos, chicos y grandes, a quienes les gustaba comer ratones.

Debajo de la mesa había un pedacito de queso y Pipo lo vio. Se le hizo agua la boca al verlo. Pero tenía que cuidarse al ir a tomar ese queso. Primero miró a la derecha y después a la izquierda. Como no había ningún «gigante» por allí corrió hacia el queso y comenzó a comerlo. ¡Qué rico estaba!

eva y el ratonv1 color

UNA NIÑA Y MUÑECOS

Sin pensarlo, después de un rato Pipo se metió en la sala; pero se asustó cuando vio allí a una niña. Como la niña no se movía, Pipo decidió quedarse.

La niña era Eva, que estaba de rodillas junto a una mesa con muchos muñequitos. A Pipo le parecieron muy raros. Como él era curioso, se acercó a la mesa para ver lo que hacía la niña.

–Pobre niñito Jesús –decía Eva–. Todo el año te tienen metido en una caja y sólo te sacan para la Navidad. Le diré a mamá que te deje estar con nosotros siempre.

Pipo se olvidó de la niña y empezó a corretear por la sala. De pronto, Eva gritó:

–¡Un ratón! Mamá, ¡ayúdame!

PIPO SE SALVÓ

El pobre Pipo echó a correr todo lo que podía. Antes de que la mamá de Eva llegara con la escoba, Pipo ya se había metido en el hueco. ¡Qué aventura! Felizmente se salvó; pero su mamá le dio una paliza por ser tan descuidado.

–¡Qué bueno que el ratoncito se escapó! –dijo Eva.

Después le dijo a su mamá que quería que el niño Jesús estuviera con ellos todos los días.

nacimiento color

JESÚS TODO EL AÑO

–¿Por qué sólo tenemos al niño Jesús en Navidad? –preguntó Eva.

–Hijita linda –contestó su mamá–. El nacimiento que armamos cada año es sólo un adorno. El muñequito no es el niño Jesús. Jesús ya no es niño. Sabes eso, ¿no es cierto?

–Sí, pero quiero tener a Jesús todos los días.

–Evita, el Señor Jesús quiere estar contigo todos los días. Puedes invitarlo a vivir en tu corazón. Así estará contigo siempre.

LA ORACIÓN DE EVA

El mismo día que Pipo se salvó de caer muerto bajo el palo de la escoba, Eva invitó a Jesús a entrar en su vida para que estuviera siempre con ella. No fue difícil. Se lo pidió en oración, hablándole como a un amigo:

«Señor Jesús, yo no quiero tenerte sólo como un muñeco en nuestros adornos de Navidad. Quiero que vivas en mi corazón todos los días.»

No sabemos qué pasó con Pipo. Como era travieso, seguramente tuvo otras aventuras. ¿Quién sabe? Tal vez se lo comió el gato. Lo que sí sabemos es que Eva está muy contenta. Aunque después de la Navidad guardaron al muñequito Jesús en una caja, el verdadero Jesús, Cristo el Señor y Rey, siempre está con ella, porque vive en su corazón.

¿Quieres tú tener a Jesús siempre contigo? Invítalo a entrar en tu vida, tal como hizo Eva.

«Hoy les ha nacido en la ciudad de David un Salvador,
que es Cristo el Señor.»
–Lucas 2:1

Para imprimir la historia: 209 Eva y el ratoncito color

Hoja para colorear: 209 Jesus nuestro Salvador

Póster: 209 Poster Nuestro Salvador

Hoja de actividad bíblica: 209 Nuestro Salvador

209 Poster Nuestro Salvador

Carlos y la moto Honda

Se acercaba la Navidad. En la escuela dominical la profesora les preguntó a los niños que le habían pedido a Dios para la Navidad.

–Yo le he pedido una muñeca con ojos azules –dijo Rosita.

–Yo le he pedido un carrito –dijo Juan.

–Yo le he pedido una pelota roja –dijo Marcela.

–Yo le he pedio un avioncito –dijo Pepe.

Carlos no dijo nada.

CARLOS Y SU MOTO posterLO QUE CARLOS PIDIÓ A DIOS

La profesora lo miró y le preguntó:

–Carlos, ¿qué le has pedido a Dios?

Carlos no quería que todos se enteren del deseo más profundo que tenía; pero como la profesora le hizo la pregunta, y él no quería mentir, respondió con la verdad.

–Yo le he pedido una moto Honda.

–¿Una moto Honda? ¡Ja, ja, ja! –se rieron los niños.

¿Por qué se rieron los niños? Ellos sabían que ni en mil años el papá de Carlos podría comprarle una moto.

–¿Cómo crees que vas a tener una moto? –le dijo Felipe–. ¡Tus papás son más pobres que los míos! Ellos no tienen plata como para comprarte una moto.

Era cierto que los padres de Felipe eran pobres y que los padres de Carlos también eran pobres. Pero Carlos le estaba pidiendo a Dios que le diera una moto.

DIOS EN PRIMER LUGAR

En el hogar de Carlos había una riqueza que no se mide en dinero u otros bienes materiales. Los padres de Carlos amaban a Dios sobre todas las cosas y les enseñaban a sus hijos a buscar en primer lugar las cosas de Dios.

El padre de Carlos siempre le decía a su hijo: «Busca primero el reino de Dios y tendrás las cosas que necesites.»

Aunque los niños ser rieron de él, Carlos no se desanimó. Siempre seguía pidiendo que Dios le diera una moto. Y no pedía cualquier moto. El sueño de Carlos era tener una moto de marca Honda y de color rojo.

Pasaron los años. Cada Navidad, cuando sus compañeros le preguntaban a Carlos lo que le había pedido a Dios, contestaba lo mismo: ¡una moto Honda! Se burlaban de él y le preguntaban cuándo su papá le iba a comprar la moto.

CARLOS Y MOTO jpgUNA MOTO PRESTADA

Cuando Carlos ya era joven y empezó a trabajar, le dieron una moto Honda para que se movilizara. Era emocionante para él manejar esa motocicleta; pero no era
su moto.

Carlos oraba y decía: «Señor, yo deseo tener una moto propia de esta marca.»

Además de orar, Carlos ahorraba dinero de lo que ganaba en su trabajo.

Siguieron pasando los años y Carlos llegó a ser pastor en un pueblo de la selva del Perú. Él seguía ahorrando de su dinero todo lo que podía, porque no perdía su sueño de tener una moto Honda.

Carlos ahorraba para su moto pero también regalaba el dinero. Siempre había necesidad de dinero para algún evento en la iglesia, y Carlos contribuía de sus ahorros. A veces para un retiro de jóvenes, otras veces para algún matrimonio.

«Señor, ahí se va la inicial para mi moto», decía Carlos. Pero con alegría él daba de sus ahorros para los jóvenes que iban de retiro o para alguna pareja que contraía matrimonio.

¿Crees que Dios se olvidó del deseo y la oración de Carlos? No, Dios nunca olvida a sus hijos. A veces la respuesta demora un poco; pero siempre llega.

LA MOTO DE SUS SUEÑOS

Ahora Carlos tiene una moto Honda de color rojo, tal y como su corazón lo había deseado y pedido. En la moto ha pegado una calcomanía que dice «Cristo es buena Honda». Con esa moto él sale a hacer la obra de Dios. Carlos lleva
a los niños de su iglesia de paseo. Así como tú, ellos leen
La Perlita. Y Carlos les enseña que, aunque sus padres sean pobres, nuestro Padre celestial es dueño del universo.

Dios oyó la oración de un niño pobre de Ica, Perú, y le dio la moto Honda que le pidió. ¿Por qué no recibió la moto de una vez? Porque los niños no manejan motocicletas. Eso es muy peligroso. Dios sabía el momento exacto en que le daría a Carlos el regalo de Navidad que le pidió desde niño.

Fotos de la moto y el pastor Carlos 208 Los suenos se cumplen

PARA TI TAMBIÉN

¿Tienes un deseo especial? No dejes que nadie se burle de ti y te diga que no se puede cumplir. Recuerda siempre lo que el padre de Carlos le decía a su hijo: «Busca primero el reino de Dios y tendrás las cosas que necesites.»

La Perlita para imprimir 208 Carlos y la moto Honda color

Hoja para colorear 208 Carlos

Actividad bíblica 208 Lo mas importante

Poster para exhibir 208 Mateo 6_33 poster

 

Las dos canastas

CANASTAS 2 COLORAnita se sentía muy triste y afligida. Su mamá estaba en cama, gravemente enferma.

En la casa reinaba un silencio absoluto. Anita caminaba de puntillas de un cuarto a otro. No sabía qué hacer. Se le habían ido las ganas de jugar, y tampoco tenía con quien conversar. Estaba muy, pero muy triste.

UNA BUENA IDEA

De pronto tuvo una idea. En su mente sonaba un ver-sículo de la Biblia que había aprendido en la escuela dominical:«¡PIDAN Y RECIBIRÁN

CANASTAS 3 COLOREntró corriendo a su dormitorio, dobló sus rodillas junto a la cama, y pidió de todo corazón la sanidad de su querida mamá.

CANASTAS 4 COLORSalió de su cuarto calmada. Entonces se encontró con la enfermera, y ella le dijo: «Acaba de irse el médico; dijo que pronto verás sana a tu mamá. Ella está mejorando.»

¡Qué buenas noticias! Anita comenzó a saltar de alegría. Dios había escuchado su oración.

UN SUEÑO EXTRAÑO

Antes de dormirse esa noche, Anita oró como de costumbre. Durante la noche tuvo un sueño muy extraño. Ella iba caminando por las calles de un país muy hermoso; era el cielo.

Mientras caminaba vio a dos ángeles. Cada uno de ellos estaba halando una canasta desde la tierra. Una de las canastas se veía muy pesada. El ángel sonreía.

dos canastas colorUNA CANASTA VACÍA

Anita miró al otro ángel, que no parecía nada contento. Cada vez que halaba su canasta llegaba vacía. Anita sintió lástima al ver al ángel tan triste, pero a la vez una curiosidad grande por saber la razón de todo esto. Por fin se animó a preguntárselo:

–Querido ángel, ¿por qué su canasta llega vacía?

Muy triste el ángel le respondió:

–Te lo diré, pequeña. La canasta llega vacía por-
que los hijos de Dios en la tierra se olvidan de agradecer al Señor por la ayuda que reciben. Esta es la canasta de los agradecimientos. Nunca llega llena como la canasta de las peticiones. Al contrario, muchas veces llega completamente vacía. Tú misma acabas de verlo.

Al escuchar las palabras del ángel, Anita sintió como una punzada en su corazón. Luego se despertó.

CANASTAS 1 COLOR

UNA LECCIÓN IMPORTANTE

¿Cómo he podido olvidarme de dar gracias a Dios por la mejoría de mi mamá? –pensó Anita, arrepentida–. Yo también he entristecido al buen ángel.

Por medio de ese extraño sueño, Anita aprendió una lección muy importante. Nunca dejó de enviar agradecimientos al cielo por las oraciones contestadas.

¿Qué de ti? ¿Agradeces a Dios por sus bondades?

UN LEPROSO AGRADECIDO

Una vez Jesús sanó a diez hombres que tenían una enfermedad contagiosa llamada lepra. Lo triste es que cuando los leprosos descubrieron que estaban sanos, sólo uno de ellos volvió para dar las gracias a Jesús.

APRENDE A AGRADECER

Algo de lo más hermoso en la vida es ver niños bien educados, que saben decir «muchas gracias». En primer lugar, aprende a agradecer a Dios. Anota aquí por lo menos tres cosas por las que quisieras darle gracias.

Den gracias al Señor, porque Él es bueno.
1 Crónicas 16:34, NTV

Si quieres imprimir la historia y hojas para colorear, estáan en Mis Perlitas.

La historia ilustrada de Anita esta en el sitio HermanaMargarita.

Namango y la visita de un ángel

Esta es la historia de un muchacho del África llamado Namango. Un día Namango tuvo un accidente y se rompió la pierna. Rápidamente lo llevaron al hospital. Fue atendido por un médico cariñoso que le enyesó la pierna.

Namango  tuvo que pasar un mes en el hospital. Su mamá Zusanna estaba con él y lo cuidó con mucho cariño. Cuando regresaron a casa, el papá de Namango estaba furioso y le echaba la culpa del accidente a Zusanna.

La mamá de Namango estaba muy triste. Pasó dos semanas orando y llorando. Ella le pedía a Dios que sanara completamente a Namango.

 VISITA DE LA ABUELA

Un día llegó de visita la abuela de Namango. Cuando vio a Zusanna tan preocupada, dijo:

–Voy a ir al templo para orar y ayunar. Voy a pedir que Dios haga un milagro con Namango.

La abuela pasó cuatro días en el templo, orando. Al quinto día, Dios le dijo que iba a sanar a su nieto.

Muy contenta la abuela se fue a su casa.

 EN CASA DE NAMANGO

Esto es lo que pasó en casa de Namango. Una mañana, a las 8:30, un hombre de ropa resplandeciente tocó la puerta. Zusanna lo hizo pasar y le alcanzó una silla. El hombre preguntó si había un niño enfermo en la casa. Zusanna le contó de Namango, que todavía tenía la pierna enyesada.

El visitante pidió un vaso de agua, pero cuando Zusanna se lo alcanzó, no quiso tomarlo.

–Si usted gusta, le compro un refresco –dijo Zusanna.

–Sólo quería ver si usted estaba dispuesta a darme agua –le respondió el hombre. Luego le dio varias citas bíblicas para que leyera.

Pasó un rato y el hombre dijo:

–Traiga al niño que está enfermo.

Zusanna no quiso hacerlo, aun cuando se lo pidió cuatro veces.

Al fin, con tono firme, el hombre le ordenó:

–¡Traiga al niño!

UNA GRAN SORPRESA

Zusanna obedeció. Al entrar al dormitorio se llevó una gran sorpresa. ¡No lo podía creer!

Namango estaba jugando. Las vendas y el yeso estaban amontonados en un rincón de la cama. Y, por primera vez en semanas, Namango se estaba riendo.

Zusanna corrió hacia su hijo y le dio un fuerte abrazo. Lloraba y reía de alegría.

NAMANGO 1EL VISITANTE DESAPARECIÓ

El visitante de ropa resplandeciente entró al cuarto. Puso sus manos sobre Namango y luego desapareció. No se oyeron sus pasos, pero el cuarto se transformó en un pedacito de cielo.

Zusanna salió corriendo para ver por donde había ido el hombre, pero no lo pudo ver. Preguntó a sus vecinas si lo habían visto, pero ninguna de las vecinas había visto al hombre.

Era un ángel que Dios había enviado. Así fue sanado Namango, un muchachito del África.

UN MILAGRO PARA TI

Dios puede hacer lo mismo por ti. No solamente en África el Señor sana a los enfermos. En Perú, Bolivia, Argentina, Chile, Colombia, y todos los demás lugares también Dios hace milagros.

Tú puedes confiar en Él para que haga un milagro en tu vida. No mucho reciben la visita de un ángel; pero todos tienen un ángel que los cuida.

[Dios] ordenará que sus ángeles
    te cuiden en todos tus caminos. Salmo 91:11, NVI

El ángel del Señor acampa en torno a los que le temen;
    a su lado está para librarlos. Salmo 34:7

Para imprimir la historia: Namango

Para hacer títeres: Namango

Hoja para colorear: Namango

Actividad bíblica: Visitas de ángeles

Pepito y las mentiras

Pepito tenía una mala costumbre. Mentía por aquí y mentía por allá; era el mentiroso más conocido del barrio donde vivía.

El papá de Pepito se preocupaba mucho de que su hijo fuera tan mentiroso. Castigaba a Pepito; pero el muchacho lo mismo seguía mintiendo. Un día tuvo una idea de cómo enseñarle una lección a su hijo, con la esperanza de que dejara de mentir.

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MADERA, CLAVOS, Y UN MARTILLO

–Pepito, no sé qué hacer contigo –le dijo su papá–. Tienes la muy mala costumbre de mentir. Te he dicho muchas veces que la mentira es pecado. Te voy a enseñar una lección.

El papá le dio un trozo de madera, unos clavos y un martillo, y le dijo:

–Quiero que coloques un clavo en la madera por cada mentira que has dicho esta semana.

A Pepito no le gustó la idea; pero tenía que obedecer a su papá. Se puso a recordar todas las mentiras que había dicho en los últimos días y empezó a clavar.

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UN CLAVO POR CADA MENTIRA

Un clavo por mentir a su maestro; dos clavos por las mentiras que había dicho a su hermana; un clavo por mentir a su papá; otro clavo por mentir a su mamá…

¡Clavó y clavó! Al fin, la madera se llenó de clavos. Por primera vez Pepito se dio cuenta de cuánto mentía. ¡Qué fea estaba la madera!

–¿Puedo sacar los clavos? –le preguntó a su papá–. No me gusta verlos.

–Sí, hijo, saca los clavos.

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HUECOS PARA SIEMPRE

Pepito sacó los clavos, uno por uno.

¿Cómo quedó la madera al sacar los clavos? Sí, llena de huecos.

–Pepito, puedes sacar los clavos pero no puedes borrar los huecos –le dijo su papá–. Puedes mentir y luego pedir perdón, pero no puedes borrar las cosas que has dicho. Por eso, cuida lo que dices, hijo.

Pepito tuvo mucho en qué pensar ese día. Cada vez que miraba la madera y veía los huecos, recordaba las mentiras que había dicho. Desde ese día tuvo mucho cuidado de no mentir.

EL PADRE DE LA MENTIRA

Adán y Eva, nuestros primeros padres, cometieron el primer pecado porque escucharon una mentira del diablo. ¡Él es el padre de la mentira!

La Biblia enseña que no hay lugar en el cielo para los que aman y practican la mentira. Léelo en Apocalipsis 21:27 y 22:15.

Pepito aprendió a las duras que la mentira trae consecuencias. El sabio rey Salomón escribió en uno de sus proverbios que Dios detesta los labios mentirosos pero que se deleita en los que dicen la verdad.

¿Quisieras deleitar a Dios y a tus padres?  Habla siempre la verdad.

El Señor detesta los labios mentirosos,

pero se deleita en los que dicen la verdad.

Proverbios 12:22, NTV

Para imprimir este material, lo encontrarás en Mis Perlitas