Los tesoros de la reina

Había una vez un hermoso palacio, rodeado de bellos jardines. Venía gente de todas partes para conocer al rey y observar la belleza de los jardines.

Cierto día, un grupo de personas fueron invitadas al palacio. Allí se encontraron con la reina. La reina era una persona muy amable. Uno de los visitantes dijo:

–¿Podría usted mostrarnos los tesoros reales?

–Por supuesto –respondió la reina.

La reina se dirigió a la puerta que daba a uno de los jardines, y de allí llamó a alguien.

Al poco rato entró una mujer con dos lindos niños.

–Estos son mis tesoros –dijo la reina.

Los visitantes se sorprendieron mucho. Ellos pensaban que los tesoros reales eran perlas y diamantes, oro y plata. Pero los tesoros de la reina eran sus dos lindos hijos.

TÚ ERES UN GRAN TESORO

Si al Señor Jesús le preguntaras cuáles son sus tesoros, Él diría que tú eres su tesoro. Tú eres una gran riqueza, una joya. Vales tanto a los ojos de Dios que Jesús vino al mundo y dio su vida por ti en la cruz para salvarte del pecado y darte vida eterna en el cielo.

LA REINA BETSABÉ

Hace miles de años, una madre amaba mucho a su hijo.

Él era su gran tesoro. Esta madre era Betsabé, y padre del niño era el rey David.

¿Recuerdas a David, el pastorcito valiente? David venció al gigante Goliat con su honda y una piedrita, y con su confianza en el gran Dios de los ejércitos de Israel.

David llegó a ser rey. Él le prometió a Betsabé que su hijo Salomón sería rey después de él. Pero cuando David ya era anciano, su hijo Adonías se sublevó y se proclamó rey.

Betsabé amaba mucho a su hijo Salomón. Ella fue adonde el rey para reclamarle que cumpla su promesa. Entonces David proclamó a Salomón como el rey después de él.

EL REY MÁS RICO Y SABIO

Una noche Dios le habló a Salomón, el nuevo rey, y le dijo: «Pídeme lo que quieras.»

¡Imagínate! Si Dios te dijera que puedes pedirle cualquier cosa, ¿qué pedirías? ¿Le pedirías riquezas? ¿Qué crees que pidió el hijo amado de Betsabé?

Salomón pidió sabiduría para ser un buen rey. Como no pidió riquezas y larga vida, ni la muerte de sus enemigos, Dios le dio sabiduría y muchas riquezas. Salomón llegó a ser el rey más rico y sabio. Su fama se extendió por todas partes.

LA REINA DE SABÁ

Salomón construyó un gran templo para Dios y un hermoso palacio para él y su familia. Una vez vino a visitarlo una reina de lejanas tierras, la reina de Sabá. Ella se quedó atónita al ver toda la riqueza de Salomón y al escuchar su gran sabiduría. «¡Ni siquiera me han contado la mitad de todo lo que he visto con mis propios ojos!» dijo la reina.

Aunque Salomón tenía muchas riquezas, la reina le regaló aún más: 3.960 kilos de oro. También le regaló piedras preciosas y perfumes. En 1 Reyes 10 lee acerca de la visita de la reina de Sabá y sobre las riquezas de Salomón.

¿CUÁL ES TU TESORO?

Los tesoros más preciosos no son las riquezas de oro y plata, sino las joyas como tú.

Para ti como niño, ¿cuál es tu tesoro? Aparte del Señor Jesús, ¿a quién amas más? Betsabé deseaba lo mejor para su hijo y fue a ver al rey para que cumpliera su promesa. Una madre puede hacer cualquier cosa por su hijo.

Si tienes una madre, ¡apréciala! Muéstrale cuánto la amas. Si otra persona te cría, muéstrale tu aprecio. Sé un buen hijo; una buena hija.

Dios promete que si honras a tu padre y a tu madre te dará una larga vida sobre la tierra.

Recuerda que tienes un Padre en el cielo que te ama más que cualquiera. Aunque tus padres te abandonen, Dios no lo hará. Dios es el defensor y la ayuda de los huérfanos.

Nunca olvides que tú eres un gran tesoro.

Todos los materiales que acompañan a esta historia están en MIS PERLITAS.

 

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Un nuevo papá para Pedrito

Había terminado otra hora de la escuela dominical. Los niños salían alegres rumbo a sus hogares. Sólo Pedrito se quedó sentado, muy pensativo.

–¿Qué te pasa, hijo? –le preguntó bondadosamente su maestro–. ¿Te ha impresionado la historia de Zaqueo?

–Sí, me ha hecho pensar. Me pregunto si Jesús puede hacer lo mismo hoy.

Los ojos de Pedrito, ansiosos y llenos de lágrimas, espe­raban una respuesta. El maestro de sentó a su lado, y le preguntó a qué se refería.

papá xUNA VIDA TRISTE

Pedrito le contó su triste historia. No había felicidad en su hogar, pues su padre gastaba su tiempo y su dinero en la cantina con sus amigos. Cuando estaba en casa peleaba son su esposa y golpeaba a los niños. Pedrito le tenía miedo.

La noche anterior él apenas había podido dormir; pensaba en lo que le podría hacer su padre, porque para ir a la iglesia Pedrito tenía que escaparse de la casa.

–¿Podría el Señor cambiar a mi padre, así como cambió a Zaqueo? –preguntó entre sollozos al terminar su relato.

–Es fácil para el Señor hacerlo –le respondió el maestro–. Pero mucho depende de tu padre. Él tiene que desear ser cambiado. Oremos que el Señor ponga ese deseo en su cora­zón. Para Dios nada es imposible.

–Sí, por favor –dijo Pedrito, y dobló sus rodillas junto a su maestro.

Ambos oraron con fervor y, con nue­vas esperanzas, Pedrito salió corrien­do para su casa.

papa y PedritoPOR PRIMERA VEZ EL PAPÁ FUE A LA IGLESIA

Esa misma noche Pedrito entró al templo tomado de la mano de su pa­dre. Era un milagro que él y su padre se habían dirigido juntos al Templo Evangélico.

Dios había empezado a contestar la oración de Pedrito, porque su padre había aceptado acompañarlo al culto.

Al llegar, se sentaron en una de las últimas bancas. Un grupo de jóvenes dirigió los cantos. Luego el pastor pre­dicó un mensaje que parecía dirigirse exclusivamente al papá de Pedrito.

PEDRITO ORA DURANTE LA PRÉDICA

Al principio el papá de Pedrito no quiso prestar atención al mensaje, pero sin que se dé cuenta, poco a poco fue escuchando. Se sintió incómodo porque ero como que el predicador le estaba describiendo su vida.

El papá dio un vistazo a Pedrito para decirle que quería irse; pero su hijo no lo vio porque estaba sentado con la cabeza agachada, moviendo los labios en una silenciosa oración.

Mientras Pedrito oraba, el Espíritu Santo estaba obrando en el duro corazón de su padre.

historia nuevo papá co–Vamos adelante, papá –le dijo Pedrito cuando el predica­dor hizo una invitación para los que necesitaban entregar su vida a Cristo.

–Sí, hijo, quisiera pasar adelante –le respondió su padre–. Pero ya es tarde para mí. Mi vida es un enriedo y temo que nunca podré vivir como cristiano.

–Papá –insistió Pedrito–, basta que desees ser cambiado. ¿Recuerdas lo que te conté acerca de Zaqueo? Él no pudo cambiarse a sí mismo. Jesús transformó su vida y le ayudó a poner en orden sus negocios. ¡Vamos, papá!

UN NUEVO PAPÁ

Pedrito tomó de la mano a su padre y lo llevó hacia adelante, hacia el altar. El pobre hombre no podía resistir ni a Dios ni a Pedrito. Cayó de rodillas, arrepenti­do, y entre lágrimas pidió perdón a Dios.

¡Qué felicidad para Pedrito! Dios había salvado a su padre. Alegres volvieron a casa.

El domingo siguiente el maestro se encontró con un Pedrito feliz y radiante. Había venido acompañado a la iglesia de su papá, su mamá y sus hermanos.

–¡Jesús hace lo mismo hoy que cuan­do cambió a Zaqueo! –le dijo sonriendo a su maestro al saludarlo.

–¡Sí, así es! –le respondió el maestro.

CON CRISTO EN LA FAMILIA

Si tienes padres y hermanos que creen en Jesucristo, agradece a Dios de todo tu corazón. No hay nada mejor.

Si, como Pedrito, tus padres no aman al Señor, ora a Dios que entreguen su vida a Jesucristo. ¡Dios quiere salvar a tu familia para que todos amen a Cristo!

Lee le historia de Zaqueo en Lucas 19:1-10.

Lucas 10_10Para imprimir la historia: 278 Un nuevo papa para Pedrito

Para hacer tarjetas: Tarjetas para el padre

Dia del padre

El mejor regalo para mamá

tarjeta mamá 1

Era el Día de la Madre. Juan Carlos y su hermanita Marlene corrieron a llenar de besos a su mamá Berta.

–¡Feliz día, mamita linda! –dijo Marlene–. Juan Carlos y yo hemos ahorrado todas las monedas del recreo en la escuela y te hemos comprado una sorpresa.

–¿Qué será? –preguntó mamá Berta, abriendo el lindo paquete que le entregó Marlene.

Era un lindo florero de cristal.

mama e hijos–¡Gracias, hijos! –dijo mamá Berta–. ¡Qué lindo regalo!

Todos estaban contentos y felices.

SE ROMPE EL FLORERO

Pasó el tiempo, y en uno de esos días lluviosos, en que el cielo se pone gris y nublado, Juan Carlos estaba muy aburrido. No podía salir al patio a jugar con su linda pelota de colores, así que decidió jugar con la pelota dentro de la casa. Una patada por aquí, otra por allá. ¡Qué divertido!

Juan CarlosDesde la cocina lo llamó su mamá:

–Juan Carlos, no juegues con la pelota dentro de la casa. Puedes romper algo.

A pesar de la advertencia, Juan Carlos siguió jugando. De pronto, la pelota cayó junto al florero que mamá Berta había recibido en el Día de la Madre. Dio un rebote, y… ¡PUM! ¡CRAC! ¡Se rompió el florero!

JUAN CARLOS ESCONDE LOS PEDAZOS

«¡Oh! –dijo Juan Carlos agarrándose la frente–. ¿Qué haré? No puedo avisar esto a mamá. ¡No, eso nunca! Ella se pondría triste y yo no quiero ver triste a mi mamita.»

Entonces pensó en esconder los pedazos debajo del sillón. Allí, nadie los vería. Apenas Juan Carlos terminó de esconderlos, entró mamá Berta.

–Hijito, ¿qué fue ese ruído? –le preguntó.

–¿Cuál ruido? No lo sé. Tal vez mi hermanita se cayó.

Pero eso no era verdad.

NADIE SE VA A ENTERAR

Juan Carlos estaba tan preocupado que ni siquiera pudo cenar. Si mamá se entera, se pondrá muy triste, pensaba. ¡No, ella jamás se va a enterar!

MarleneLuego pensó en Marlene. Si supiera que yo rompí el regalo que con tanto esfuerzo compramos, ella lloraría.

Juan Carlos podía imaginar a su hermanita llorando desconsoladamente. Estaba más decidido. ¡Nadie debía enterarse del florero roto!

NO PODÍA DORMIR

Llegó la noche. Había pasado la lluvia y en el cielo brillaba la blanca y hermosa luna. También había millones de estrellas. Todo estaba tranquilo. Sólo se oía a los grillos violinistas tocando sus canciones. Todo estaba tranquilo, menos Juan Carlos.

El muchacho no podía dormir. Sólo pensaba en el florero roto. ¡Ya le dolía la cabeza de tanto pensar! Unas gordas lágrimas corrieron por sus mejillas.
¡Estaba llorando!

LA VERDAD LOS HARÁ LIBRES

Bajó de la cama y se puso de rodillas. Juntó sus manos en oración y le contó al amado Señor Jesús toda la historia. Luego abrió su Biblia y leyó un versículo:

«Conocerán la verdad, y la verdad los hará libres.»

Estaba leyendo el Evangelio según Juan, capítulo 8, versículo 32.

PosterJuan 8 32 xx

«¡Viva! Ya encontré la solución», dijo, saltando de alegría. Secó sus lágrimas y fue a buscar a mamá Berta y a Marlene.

–Mamita linda, hermana querida, tengo algo que decirles –dijo Juan Carlos muy despacito–. Yo… pues, yo… rompí… el florero.

Le temblaban las rodillas mientras hablaba. Luego de decir la verdad, cerró los ojos, esperando lo peor. Pero sólo escuchó la dulce voz de su mamá:

–Ya lo sabíamos, hijito. Nada se puede esconder por mucho tiempo. Marlene y yo vimos los pedazos rotos debajo del sillón. Sólo esperábamos que tú seas valiente y nos digas la verdad.

mama e hijos co 2PERDÓN PARA JUAN CARLOS

–Te perdonamos, Juan Carlos –dijo su hermanita Marlene–. Me gusta tener un hermano valiente, que dice la verdad.

Los tres se dieron un gran abrazo. ¡Qué felicidad!

–Hijo –dijo mamá Berta–. Lo más importante no es tener un lindo florero, sino saber que mi hijo quiere hablar la verdad. Ese es el mejor regalo para cualquier mamá.

HABLA LA VERDAD

Así como Juan Carlos, tú puedes aprender que no hay nada que se pueda esconder por mucho tiempo. Sólo la verdad puede hacernos libre de las mentiras.

Una mentira es como una soga muy fuerte, que nos amarra y pone tristes. Al decir la verdad, rompemos esa soga y, ¡podemos volver a ser felices! Habla siempre la verdad.

Para imprimir la historia: 273 El mejor regalo color

Alex y la oración por su papá

padre de AlexAlex estaba preocupado. Cuando su papá llegaba del trabajo ellos jugaban con la pelota. Él era alegre y jovial, y a veces contaba chistes a la hora de comer. Ahora llegaba del trabajo de mal humor y no quería jugar con Alex ni con sus hermanos. Lo único que hacía después de la cena era mirar televisión.

–Mamá, ¿qué le he hecho a papá, que ya no juega conmigo? –le preguntó Alex a su mamá.

–Hijo, no le has hecho nada –le respondió ella con algo de preocupación.

–¿Por qué papá ya no es alegre como antes?

–Está preocupado, hijo. Su jefe lo trata mal. El jefe no puede despedirlo pero le hace la vida imposible para que tu papá se aburra y busque otro trabajo.

–Voy a orar por papá –dijo Alex.

ALEX ORABA CADA NOCHE

Pasaron los días. Alex oraba cada noche para que se diera una solución al problema.

Un domingo, en su clase bíblica, el maestro habló de la oración y de una promesa que hizo Jesús, de que si dos personas se ponen de acuerdo para pedir algo, nuestro Padre celestial los oye.

AlexAlex estuvo pensando varios días en lo que había dicho el maestro. Decidió hablar con su mamá acerca del problema que tenía su papá en el trabajo. Le preguntó:

–Mamá, ¿no podríamos orar tú y yo como dijo Jesús?

–¿A qué te refiere, hijo? –preguntó su mamá.

–Jesús dijo que podemos ponernos de acuerdo para orar. ¿No podríamos orar tú y yo que papá esté contento en su trabajo? Marcela también puede orar; y Juanito y Julio.

TODOS ORARON POR EL PAPÁ

Eso es lo que hicieron. Cada tarde, cuando Alex y Marcela llegaban de la escuela, la mamá reunía a todos en la sala y oraban por el papá. Julio era tan pequeño que apenas estaba aprendiendo a hablar, pero oraba, con sus manitas juntas y sus ojos bien cerrados: «Ayu papa.» Juanito oraba con mucho fervor: «Amado Dios, ayuda a mi papá a estar contento en su trabajo.» Así también oraban Alex y Marcela.

De lunes a viernes oraban juntos. Como el papá estaba en casa los sábados y domingos, cada uno oraba por su cuenta. Alex no dejaba pasar un día sin orar.

UNA GRAN SORPRESA

Un día hubo una sorpresa a la hora de comer. El papá contó un chiste que hizo reír a todos. Julito era muy pequeño para entender el chiste, pero se reía porque veía reír a los demás. ¡Ja, ja, ja!

Otro día, el papá llegó del trabajo con ganas de encestar la pelota con Alex. ¡Y con qué ganas jugaban!

Poco a poco regresó el papá alegre y jovial que había estado ausente por mucho tiempo. Para Alex y sus hermanos era una gran alegría tener nuevamente un papá alegre.

poster papa 2–Papá, ahora eres el papá de antes, ¿qué ha pasado? –le preguntó Alex un día.

–Perdóname, hijo, por haberles hecho sufrir – le respondió el papá–. Nos cambiaron de jefe en el trabajo. El antiguo jefe me trataba muy mal y yo me ponía de mal humor. Este jefe me trata bien.

–Papá, hemos orado por ti –dijo Alex–. Todos los días de semana nos hemos reunido con mamá para orar. Julio decía: «Ayu papa»; pero creo que Dios entendía su oración.

–Gracias, hijo. ¡Qué bueno que mi familia sabe orar!

–Hicimos lo que dijo Jesús. Nos pusimos de acuerdo para orar que estuvieras contento en tu trabajo. Queríamos tener un papá que estuviera contento también en casa.

EL PAPÁ PIDIÓ PERDÓN

Esa tarde, a la hora de cenar, el papá pidió perdón a su familia por haberles hecho sufrir.

–Los llevaré a comer un postre en la pastelería –dijo el papá–. Se merecen eso y mucho más por haberme soportado cuando estaba de muy mal humor.

–¡Bravo! –gritaron todos.

Después de ayudar a la mamá a limpiar la mesa y lavar los platos, la familia salió rumbo a la pastelería. Mariela tomó a Julio de la mano para que no saliera corriendo a la calle y lo atropellara un auto. Alex lo tomó del hombro a Juanito para que él no saliera corriendo a la calle sin pensar. La mamá y el papá iban felices, tomados de la mano.

Alex dio gracias a Dios por haber contestado a sus oraciones. Más que nada dio gracias por tener un papá, aunque éste había estado de mal humor por un tiempo.

Varios de los amigos de Alex no tienen papá. Alex oró por ellos para que comprendan que Dios es su Padre celestial que quiere estar con ellos por siempre.

Promesa de Jesús: Si dos de ustedes se ponen de acuerdo aquí en la tierra para pedir algo en oración, mi Padre que está en el cielo se lo dará. Mateo 18:19, DHH

Para imprimir la historia: 232 Alex y la oracion por su papa color