Servir y obedecer: lema para 2018

Hace algunas semanas, al leer el libro de Josué, tuve el encuentro con mi lema para este año. Siempre me gusta escoger un lema. Recordarán que el lema del año pasado fue Gozo en el Espíritu Santo. Ese «gozo» se combina muy bien con el lema para este año. ¡El servicio y la obediencia traen gozo!

Y el pueblo respondió a Josué: «A Jehová nuestro Dios serviremos, y a su voz obedeceremos.» Josué 24:24

La manifestación del pueblo de Dios cuando Josué le dio el reto que encontramos en Josué 24:15, fue la declaración de que servirían a Jehová y lo obedecerían.

«Y si mal os parece servir a Jehová, escogeos hoy a quién sirváis; si a los dioses a quienes sirvieron vuestros padres, cuando estuvieron al otro lado del río, o a los dioses de los amorreos en cuya tierra habitáis; pero yo y mi casa serviremos a Jehová.»

De allí escogí dos palabras: SERVIR Y OBEDECER.

Les comparto estas palabras, con el deseo de que ustedes, mis estimados padres y maestros que me acompañan, semana tras semana, tengan el deseo de seguir juntamente conmigo este lema. ¡Que el profundo deseo de nuestro corazón para 2018 sea servir y obedecer a nuestro Maestro!

Agradezco a los que me han apoyado en oración; estoy mejor. Todavía las fuerzas no han vuelto como para hacer un nuevo número de La Perlita. Espero que para la próxima semana me haya recuperado lo suficiente.

Con la ayuda de Cristina y Absalóm estamos preparando un número especial por las 400 Perlitas publicadas en esta página. Después tendremos una serie que acompaña a un niño imaginario del Éxodo, en la salida de Egipto y las aventuras que tuvo en el desierto.

Desde la próxima semana iremos poniendo material actualizado de Aventuras de fe con Moisés y Josué (hermanamargarita.com). Ellos son un vivo ejemplo de lo que significa servir y obedecer a Dios. ¡No hay nada más maravilloso!

Les sugiero que lean el libro de Éxodo. Lo estoy volviendo a leer para que esté fresco en la mente para esta serie. El Espíritu Santo siempre nos muestra algo nuevo cada vez que leemos su Palabra.

Gracias por sus oraciones. Saludos a los niños; ellos llenan mi corazón.

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La rosita que quería ser libre

Esta es la historia de una rosa, hermosa y fragante. Ella crecía en la punta de una larga rama, contra la pared de una casa, en un bello jardín.

Como la rosa era pequeña y débil, el jardinero la había amarrado con un hilo grueso a un clavo en la pared. Pero a la rosa no le gustaba estar amarrada.

Cada vez que venía su amigo el viento, ella le decía:

«No me gusta este hilo. No me gusta este clavo que me sostiene; ni me gusta la pared.»

La rosa no sólo se quejaba del hijo y del clavo. Tampoco le gustaba el jardinero.

LA SABIDURÍA DEL VIENTO

«Quiero ser libre para hacer lo que quiero. No me gusta el jardinero que me amarró. ¡Cómo me gustaría ser libre y suelta! Quisiera bailar y balancearme a mi gusto.»

El viento, con gran sabiduría, le hacía ver que le convenía estar amarrada a la pared.

«Tú eres pequeña y débil, bella rosita. El jardinero sabe que te conviene estar sujeta a la pared», le decía su amigo, el viento.

EL CARO PRECIO DE LA LIBERTAD

Todos los días la rosa insistía en que quería ser libre, y tanto insistió que una noche el viento sopló con gran fuerza. Sopló tan fuerte, que el hilo que sostenía la rama se cortó.

Esa noche no sólo sopló el viento, sino que llovió torrencialmente, y también cayó granizo.

A la mañana siguiente, el jardinero encontró a la rosa caída en el barro, muerta de frío. Había perdido para siempre su hermosura. La pobre rosa había pagado un precio muy caro por sus deseos de ser libre.

La rosa nunca más emanó fragancia; nadie más disfrutó de su belleza. La verdad es que fue pisoteada en el barro, y olvidada para siempre.

APRENDE A OBEDECER

Hay niños que son como esa rosa. Se quejan porque quieren ser libres. Quieren hacer sólo las cosas que les agradan, sin obedecer los consejos de sus padres, de sus maestros, y de otras personas mayores. Quizá tú has pensado así alguna vez.

¿Sabes una cosa? Todavía no eres fuerte como para que hagas las cosas a tu manera. Necesitas quienes te guíen y te ayuden. Necesitas también quienes te castiguen cuando eres desobediente. La Biblia, la Palabra de Dios, dice: «Hijos, obedezcan en el Señor a sus padres, porque esto es justo.»

Si aprendes a obedecer a tus padres y a tus maestros será más fácil hacer lo más importante: obedecer a Dios.

En MIS PERLITAS están todas las ayudas para esta historia.