El alfabeto de fragancia

Pepita y Estrella inventaron una canción acerca del «otro camino». Salieron del Club camino a casa cantando una melodía alegre:

Con Jesús vamos por otro camino.
Con Jesús vamos por el camino de victoria.

La semana siguiente entraron de brazo a la sala de doña Beatriz, donde se reunía el Club, cantando alegres lo mismo. Toda la semana habían cantado acerca del camino de victoria. Los niños que ya habían llegado se unieron con ellas y todos cantaron.

Pimienta entró saltando, moviendo un papel.

–Tengo palabras –gritó, mirando a doña Beatriz–. He hecho una lista de palabras para el alfabeto. ¿Quién más ha traído palabras?

Pimienta miró a sus amigos del Club, moviendo con más fuerza su papel. Pero nadie más había traído una lista.

Doña Beatriz saludó a los niños y felicitó a Pimienta.

–Vecinita, ¿quiere ver mi lista? –le preguntó el niño.

Doña Beatriz se inclinó para mirar la lista de palabras. Por cada letra Pimienta había escrito una o dos palabras, excepto en K, Ñ, Q, y las últimas letras del alfabeto.

–Te felicito, Pimienta –dijo la buena vecina–. ¿Cómo conseguiste tantas palabras?

–¡Fácil! –respondió nuestro amiguito–. Mi papá me prestó su diccionario. Sal y Samuel me ayudaron.

Pimienta estaba tan animado que no quiso esperar a que lleguen los demás niños. Al momento quería leer su lista; pero tuvo que esperar.

Zorrillo o fragancia

Doña Beatriz explicó a los niños el significado de la palabra fragancia, que es algo agradable, como el aroma de una flor.

–¿Qué es un zorrillo? –les preguntó.

–Ni se acerquen a ese animal –dijo Sal–. Mi papá sabe cómo es eso. Una tarde se encontró con un zorrillo, que desprendió un olor muy desagradable sobre él. Cuando llegó a la casa nos tapamos la nariz porque olía horrible. Mi mamá lavó sus pantalones pero no salía el olor.

–A veces mi hermano me dice que huelo a zorrillo –dijo uno de los niños.

–Oler a zorrillo es feo y desagradable –dijo doña Beatriz–. La fragancia es todo lo contario. Es como el perfume agradable de una flor. Cuando nos portamos mal con alguien olemos a zorrillo; dejamos un hedor.

Vamos a aprender cómo nuestra vida puede ser un aroma fragante como de una flor.

–Mi lista… ¿cuándo voy a leer mi lista? –preguntó Pimienta, moviendo nuevamente su papel.

Así que, comenzaron a armar la lista en la pizarra.

Una lista de bellas palabras

Doña Beatriz escribió todo el alfabeto en fila y los niños nombraron palabras. Pimienta tuvo que tener paciencia para dejar que sus compañeros participen, aunque realmente él quería decir todas las palabras.

Amor, bueno, compasión, energía, fiel, gracias, honrado, inspirado… Los niños daban las sugerencias y doña Beatriz las escribía en la pizarra para llenar el alfabeto.

–¡Jesús! –gritaron varios niños cuando llegaron a la jota–. Jesús… justo, joya.

–¿Qué palabra has escrito para la o? –le preguntó doña Beatriz a Pimienta cuando llegaron a la o.

–Sólo encontré una palabra.

–Obedecer –dijo Sal–. Para no ser como zorrillos creo que debemos obedecer; pero muchas veces es difícil.

–La obediencia es un aroma fragante –dijo la buena vecina–. Sal tiene razón. Desobedecer es como el olor feo del zorrillo. Agradamos a Dios al ser obedientes.

–Hablar malas palabras huele a zorrillo –dijo Pepita.

–Hablar mal de alguien también huele feo –agregó Estrella–. A mí me gusta dar abrazos y besos. No quiero oler a zorrillo. ¿Quién quiere que le dé un abrazo?

Cuando ninguno de los niños quiso recibir un abrazo, para que ella no se sintiera triste, doña Beatriz dijo:

–Yo quiero un abrazo.

Estrella tiene un diagnóstico llamado Síndrome de Down. Sus rasgos físicos son un poco diferentes y no tiene la misma capacidad mental que otros niños. Pero hay algo muy especial que la caracteriza; ella es alegre y amorosa.

Con el alfabeto de fragancia doña Beatriz quiere enseñar a los niños la importancia de que nuestra vida sea un aroma. Juntamente con los niños del Club Tesoros aprenderás muchas cosas lindas para que tu vida sea como un perfume que anuncia el amor de Dios.

¡No te pierdas ningún capítulo de la serie del ABC de fragancia!

¿Qué crees que piensa Pimienta?

MIS PERLITAS

En Mis Perlitas está el material que corresponde con esta historia.

 

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La rosita que quería ser libre

Esta es la historia de una rosa, hermosa y fragante. Ella crecía en la punta de una larga rama, contra la pared de una casa, en un bello jardín.

Como la rosa era pequeña y débil, el jardinero la había amarrado con un hilo grueso a un clavo en la pared. Pero a la rosa no le gustaba estar amarrada.

Cada vez que venía su amigo el viento, ella le decía:

«No me gusta este hilo. No me gusta este clavo que me sostiene; ni me gusta la pared.»

La rosa no sólo se quejaba del hijo y del clavo. Tampoco le gustaba el jardinero.

LA SABIDURÍA DEL VIENTO

«Quiero ser libre para hacer lo que quiero. No me gusta el jardinero que me amarró. ¡Cómo me gustaría ser libre y suelta! Quisiera bailar y balancearme a mi gusto.»

El viento, con gran sabiduría, le hacía ver que le convenía estar amarrada a la pared.

«Tú eres pequeña y débil, bella rosita. El jardinero sabe que te conviene estar sujeta a la pared», le decía su amigo, el viento.

EL CARO PRECIO DE LA LIBERTAD

Todos los días la rosa insistía en que quería ser libre, y tanto insistió que una noche el viento sopló con gran fuerza. Sopló tan fuerte, que el hilo que sostenía la rama se cortó.

Esa noche no sólo sopló el viento, sino que llovió torrencialmente, y también cayó granizo.

A la mañana siguiente, el jardinero encontró a la rosa caída en el barro, muerta de frío. Había perdido para siempre su hermosura. La pobre rosa había pagado un precio muy caro por sus deseos de ser libre.

La rosa nunca más emanó fragancia; nadie más disfrutó de su belleza. La verdad es que fue pisoteada en el barro, y olvidada para siempre.

APRENDE A OBEDECER

Hay niños que son como esa rosa. Se quejan porque quieren ser libres. Quieren hacer sólo las cosas que les agradan, sin obedecer los consejos de sus padres, de sus maestros, y de otras personas mayores. Quizá tú has pensado así alguna vez.

¿Sabes una cosa? Todavía no eres fuerte como para que hagas las cosas a tu manera. Necesitas quienes te guíen y te ayuden. Necesitas también quienes te castiguen cuando eres desobediente. La Biblia, la Palabra de Dios, dice: «Hijos, obedezcan en el Señor a sus padres, porque esto es justo.»

Si aprendes a obedecer a tus padres y a tus maestros será más fácil hacer lo más importante: obedecer a Dios.

En MIS PERLITAS están todas las ayudas para esta historia.