Se cumple la Promesa del Salvador

Lo que se dijo en el libro de Josué, de que «no faltó palabra de todas las buenas promesas» de nuestro buen Dios, podría ponerse como final de todos los libros de la Biblia. Podría ser también el calificativo de la vida de cada uno de nosotros. Dios nunca falla.

No faltó palabra de todas las buenas promesas que Jehová había hecho a la casa de Israel; todo se cumplió. Josué 21:45

El pueblo que andaba en tinieblas vio gran luz; los que moraban en tierra de sombra de muerte, luz resplandeció sobre ellos. 3 Multiplicaste la gente, y aumentaste la alegría. Se alegrarán delante de ti como se alegran en la siega, como se gozan cuando reparten despojos. 4 Porque tú quebraste su pesado yugo, y la vara de su hombro, y el cetro de su opresor, como en el día de Madián. 5 Porque todo calzado que lleva el guerrero en el tumulto de la batalla, y todo manto revolcado en sangre, serán quemados, pasto del fuego.

Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre

  • Admirable,
  • Consejero,
  • Dios Fuerte,
  • Padre Eterno,
  • Príncipe de Paz.

7 Lo dilatado de su imperio y la paz no tendrán límite, sobre el trono de David y sobre su reino, disponiéndolo y confirmándolo en juicio y en justicia desde ahora y para siempre. El celo de Jehová de los ejércitos hará esto. Isaías 9:2-7

El mensaje de La Promesa está en la página Programas de Navidad en hermanamargarita.com.

MULTIMEDIA: LA PROMESA RVR1960 PDF      LA PROMESA NVI PDF

¡Gocémonos por el nacimiento de nuestro Salvador!

La Perlita 485

Historia:  485 Dios cumple su promesa

Historia en color:  485 Dios cumple su promesa.color

Lección bíblica:  la lección 2 en La vida de Jesús

Para colorear 1 por hoja:  485 Actividad grande 1

Para colorear 2 por hoja: 485 Nacimiento Hoja

Póster:  485 Poster Galatas 4

Tarjetas bíblicas:  TB Galatas 4_4 5       A4:  TB Galatas 4_4 5 A4

Láminas:  485 CO promesa      485 GR promesa      485 BN promesa

Multimedia PDF:  485 Dios cumple su Promesa PDF

Actividad 1 por hoja:  485 Actividad grande 2

Actividad 2 por hoja:  485 Se cumple la Promesa Actividad

 Respuesta:

 

Los magos y el otro camino

Era la reunión de fin de año. Como siempre, doña Beatriz tenía sorpresas y regalos para los niños. A Estrella, la amiga de Pepita, le puso una corona de estrellas.

–Estrella, hoy serás la «estrella» del Club –le dijo doña Beatriz.

–¡Bravo! Soy Estrella y tengo estrellas –gritó la niña llena de emoción.

El salón estaba decorado con estrellas y todos recibieron estrellas, con una vela en el medio. Al encender la vela, la estrella les protegería para que no se quemaran.

–¿Qué vamos a hacer hoy y para qué es la vela? –preguntó Pimienta, el amigo de Sal que siempre tenía preguntas–. ¿Y por qué sólo Estrella ha recibido una corona?

–Lo siento, Pimienta –respondió doña Beatriz–. Te pondré una corona para que seas el rey Herodes. Las velas son para encender como estrellas.

La buena vecina les advirtió que tuvieran mucho cuidado con las velas encendidas. Luego apagó la luz, encendió su vela, y pasó de uno a otro niño encendiendo las velas de cada uno. Fue emocionante cuando todas las velas estaban encendidas y los niños las movían lentamente de un lado a otro en la oscuridad del salón.

–Brillen estrellitas, brillen –cantó doña Beatriz. Y los niños le siguieron en el canto. Pimienta se hizo oír sobre todos por cantar con todas sus fuerzas.

Luego apagaron las velas y doña Beatriz les contó la historia de la estrella de Belén. Ella dejó encendida su vela. Su rostro brillaba en la oscuridad del salón. A un lado tenía a Estrella y al otro a Pimienta. Los niños del Club escucharon atentos.

La estrella de Belén

La noche cuando Jesús nació en Belén Dios puso en el cielo una estrella mensajera. Lejos de Belén, en el Oriente, unos magos, hombres sabios que estudiaban las estrellas, habían oído que nacería un rey de los judíos. Decidieron viajar en busca del rey.

Al llegar a Jerusalén preguntaron dónde estaba el niño que había nacido para ser el rey de los judíos. Habían visto su estrella y ahora venían para adorarlo.

En Jerusalén vivía el rey Herodes. Él se puso nervioso al oír la pregunta de los magos. Herodes sabía que iba a nacer un rey, el Mesías, y preguntó a los sacerdotes y a los maestros de la Ley dónde tenía que nacer ese rey.

Cientos de años antes un profeta de Dios había anunciado que en Belén de Judea iba a nacer Cristo, el rey que guiaría al pueblo de Dios.

El rey Herodes mandó a llamar en secreto a los magos y les dijo que vayan a Belén y averigüen todo acerca del niño. «Cuando lo encuentren, avísenme –les dijo–. Yo también quiero ir a adorarlo.» ¡Pero eso no era verdad!

La estrella que los magos habían visto en su país los guió hasta que se detuvo sobre la casa donde estaba Jesús. ¡Qué felices se sintieron al ver la estrella!

Los magos habían viajado desde muy lejos. Habían pasado mucho tiempo viajando. Jesús ya no era un bebé acostado en un pesebre; era un niñito que seguramente ya corría y jugaba. Estaba en la casa con María, su madre. Cuando los magos lo vieron, se arrodillaron para adorarlo. Luego abrieron sus cofres y le regalaron oro, incienso y mirra.

Dios salva a su Hijo

El rey Herodes tenía planes malvados. En un sueño, Dios les avisó a los magos que no volvieran al palacio del rey. Entonces, regresaron a su país por otro camino.

Cuando Herodes comprendió que los magos no volverían a Jerusalén, se puso furioso. No quería saber nada del rey que había nacido en Belén. En su ira, mandó matar a todos los niños menores de dos años de la ciudad de Belén y alrededores.

¿Cómo se salvó el niñito Jesús? Un ángel de Dios se le apareció a José en un sueño y le advirtió que Herodes iba a buscar a Jesús para matarlo. Esa misma noche José escapó a Egipto con Jesús y María, y se quedó allí hasta que Herodes murió.

Así salvó Dios a su Hijo Jesús, y guió a los magos para que
volvieran a su país por otro camino.

 

MIS PERLITAS

En MIS PERLITAS está todo el material que corresponde con esta historia.

 

¿Quieres hacer las coronas de Estrella y Pimienta/Herodes?

Instrucciones:  Coronas instrucciones

La travesura de un ratón

Pimienta llegó al Club de brazo con sus amigos Sal y Samuel. Como es un muchacho observador, de inmediato vio que doña Beatriz había decorado las paredes con números; varios 200, 2018 y 1818.

–¿Para qué son los números? –preguntó a la buena vecina, y le pidió a Sal que lo ayudara a hacer cálculos.

–¿Cuánto es 2018 menos 1818? –le respondió su amigo, y sin decir más le señaló al número 200.

En la pizarra doña Beatriz había escrito «Noche de paz, noche de amor» y en la pared había puesto todos esos números. Es más, en la mesa estaba un ratón de peluche. ¿Qué sorpresa les tenía la buena vecina?

–Yo sé esa canción de Navidad –dijo Pepita.

Varios de los niños levantaron la mano para decir que también conocían «Noche de paz, noche de amor».

–Hace 200 años desde que por primera vez se cantó ese himno de Navidad, famoso por todo el mundo. Se lo debemos a un ratón travieso.

–¿Qué tiene que ver un ratón con esa canción? –le preguntó Pimienta–. ¡Cuéntenos, doña Beatriz!

 

Esta es la historia de la travesura de un ratón:

Sucedió en Obendorf, en un país de Europa llamado Austria. El profesor Franz Gruber estaba confundido. Era la Nochebuena el año 1818, y él había ido a la iglesia para tocar el órgano. Necesitaba practicar las canciones que iba a tocar en el culto de medianoche.

UN RATÓN TRAVIESO

¿Por qué estaba confundido? Por más que movía los pedales y apretaba las teclas del órgano, ¡no salía ningún sonido!

Llegó el pastor, José Mohr, y Franz le preguntó qué había pasado con el órgano. Si los ratones hablaran, un ratón travieso les hubiera dicho: «Yo sé lo que ha pasado. Es mi culpa.»

El ratón se limpió los bigotes, muy satisfecho. ¡Había pasado unos días increíbles! En sus travesuras se había comido la parte del órgano que producía el sonido. ¡Y en la víspera de la Navidad!

El ratón no les dijo eso, por supuesto; pero Franz y José lo descubrieron al revisar el órgano.

Era invierno, y en Europa hace mucho frío en esa época del año. No podían hacer nada para reparar el órgano hasta la primavera. Tenían que esperar hasta que pasara el frío para hacer las reparaciones.

LA POESÍA DE JOSÉ

–Qué triste que no tendremos música para el culto de Navidad –dijo el pastor; pero recordó que tenía una poesía.

–¿De qué vale una poesía? –le preguntó Franz.

–Podrías ponerle una tonada y tocarla con tu guitarra.

Franz se emocionó. Nunca había tocado su guitarra en la iglesia. La gente estaba acostumbrada a escuchar el órgano. José, el pastor, le sugirió que el coro de niños podría cantar la canción.

José le dio la poesía a Franz y él fue de prisa a su casa para componer una melodía. Hizo la prueba con una tonada, luego con otra, después con otra, hasta que al fin se sintió conforme. Rápidamente volvió a la iglesia. Allí lo esperaban doce niños para aprender la nueva canción.

Llegó la hora del servicio. En ese tiempo no había luz eléctrica, así que el templo estaba iluminado con velas. Se veía hermoso.

Pero algo faltaba. Así como Franz estuvo confundido porque el órgano no producía sonido, la gente estaba confundida porque Franz no tocaba el órgano.

–Ha pasado algo con nuestro órgano –dijo el pastor–. Pero no se preocupen. Franz ha traído su guitarra. Y tenemos una nueva canción.

NOCHE DE PAZ

El pastor leyó la historia del nacimiento de Jesús.

Después pasaron al frente doce niños y el profesor Franz.

Por primera vez, con el acompañamiento de guitarra, un coro de niños cantó el himno de Navidad que ahora es el más amado y conocido: «¡Noche de paz, noche de amor!»

¿Qué te parece? Porque un ratón travieso averió el órgano de una iglesia en Austria tenemos un hermoso himno de Navidad. Por 200 años se ha cantado este himno, que ha sido traducido a más de trescientos idiomas.

Doña Beatriz y los niños del Club cantaron el himno que ahora cumple 200 años. Y tú, ¿lo has cantado alguna vez?

¡Noche de paz, noche de amor!
Todo duerme en derredor
Entre los astros que esparcen su luz,
Bella anunciando al niñito Jesús
Brilla la estrella de paz,
Brilla la estrella de paz.

¡Noche de paz, noche de amor!
Oye humilde el fiel pastor
Coros celestes que anuncian salud,
Gracias y glorias en gran plenitud,
Por nuestro buen Redentor,
Por nuestro buen Redentor.

¡Noche de paz, noche de amor!
Ved qué bello resplandor,
Luce en el rostro del niño Jesús,
En el pesebre del mundo la luz,
Astro de eterno fulgor,
Astro de eterno fulgor.

 

MIS PERLITAS

En MIS PERLITAS está todo lo que corresponde a esta historia.

 

La Promesa que se cumplió en Belén

MIS PUERTAS ABIERTAS TE ESPERAN

A rústico albergue llegaste, Señor.
Ni un sitio te hicieron en todo el mesón.
Apenas las bestias te dieron calor,
Y allí entre pajas naciste, Señor.

A todas las puertas tu madre llamó,
Y nadie a su angustia la puerta le abrió.
Hallaste la vida cerrada al amor
Y sólo un pesebre el hombre te dio.

Florece en mi vida la nueva canción
Que al mundo trajiste naciendo en Belén.
No importa que encuentres cerrado el mesón.
Mis puertas abiertas te esperan, Señor.

FRANCISCO E. ESTRELLO

 

Con el nacimiento de Jesús se cumplió la gran promesa
de Dios de enviar un Salvador.

 

DIOS DIO UNA PROMESA

«Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar.» Génesis 3:15

En el principio, cuando Dios creó el mundo y a Adán y Eva, nuestros primeros padres, ellos vivían felices en el huerto del Edén. Pero desobedecieron a Dios y dejaron entrar el pecado.

La desobediencia trajo tristes consecuencias. Ya no podían vivir en el hermoso huerto en comunión con Dios. Pero Dios en su gran amor les dio una promesa: un día enviaría un Salvador para restaurar la comunión con Dios.

DIOS CUMPLE SU PROMESA

Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley, para que redimiese a los que estaban bajo la ley, a fin de que recibiésemos la adopción de hijos. Gálatas 4:4,5

Durante cuatro mil años las personas esperaron el cumplimiento de la promesa de Dios. Tal vez algunos pensaban que Dios se había olvidado de su promesa.

Pero no era así. Dios siempre cumple lo que promete. Un día nació el Salvador Jesús. En la Navidad celebramos su nacimiento.

CRISTO CONSUMÓ LA PROMESA 

Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros. Romanos 5:8

No era suficiente con el nacimiento del Salvador; era necesario que Jesús diera su vida por nosotros. Él murió en la cruz para perdonar nuestros pecados. Antes de morir, Jesús dijo: «Consumado es».

Cuando Jesús dijo esto significaba que había cumplido la promesa. Lo que Dios prometió en el huerto del Edén, Cristo lo cumplió en la Cruz.

CREO EN LA PROMESA

«El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él.»  Juan 3:36

Dios prometió un Salvador, y el Salvador vino. Esto quiere decir que por medio de Él tenemos vida eterna.  Jesús nos dará en el cielo la corona de la vida.

ESPERO LA GRAN PROMESA

«No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí. En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis.»
Juan 14:1-3

Pronto Jesús volverá otra vez para llevarnos al cielo. Él está preparando un lugar para cada uno que creen en Él. Jesús vino la primera vez para cumplir la promesa que Dios dio a Adán y Eva en el huerto del Edén. Jesús volverá otra vez, porque Él mismo lo ha prometido. ¡Será un día maravilloso!

«EL QUE CREE EN EL HIJO TIENE VIDA ETERNA.»

Si aún no has entregado tu corazón al Señor y lo has recibido como tu Salvador, hazlo ahora. Jesús quiere ser tu Salvador personal.

En LA PERLITA hay material para acompañar a esta historia.

 

Bety y la muñeca de Navidad

Era el mes de la Navidad. Los niños del Club Tesoros hablaban de regalos y lo que esperaban recibir. Doña Beatriz decidió contarles la historia de una niña que aprendió que hay más gozo en dar que en recibir, y que el bien que hacemos a otros, vuelve a nuestra vida.

Bety tenía una muñeca que sus padres le habían comprado con mucho esfuerzo. Ella les había rogado tanto, tanto que decidieron prescindir de algunas cosas que necesitaban en el hogar para que ella tuviera la muñeca. La recibió en Navidad.

¡Qué alegría sintió Bety al tener la muñeca de sus sueños! Los primeros días la llevaba a todas partes; comía con la muñeca y dormía con la muñeca. Al poco tiempo, pasó la novedad y la muñeca quedó tirada en un rincón del dormitorio.

Bety volvió a los juegos que le encantaban. Trepaba árboles con sus hermanos, jugaba a las escondidas con los niños vecinos, saltaba a la soga con sus amigas, y jugaba con su rubics.

UNA COLECTA DE JUGUETES

Un día la mamá de Bety le dijo que en la iglesia estaban haciendo una colecta de víveres y juguetes para alegrar a algunas familias en Navidad. Le sugirió que regalara su muñeca.

¿Su muñeca? ¡Nunca! No quería regalar su muñeca.

–Hijita, no juegas con la muñeca –le dijo su mamá–. Otra niña se puede alegrar muchísimo si se la regalas.

Bety se puso muy terca y por poco hace pataletas.

–¡No, no! ¡Es mí muñeca! ¿Por qué tengo que regalarla?

La mamá no insistió; solo le dijo:

–Hijita, el bien que haces a otros, vuelve a tu vida.

El pastor había animado a todos en la iglesia a dar algo para alegrar la Navidad de algunas familias. Bety reconoció que su muñeca había pasado casi todo el año tirada en un rincón; pero era su muñeca y no quería regalarla.

Abrazó a su muñeca querida y le susurró al oído: «¿Por qué tengo que regalarte? ¡Eres mía! ¡Siempre serás mía!»

Esa noche fue difícil para Bety dormir. Solo podía pensar en la muñeca y en alguna niñita que podría alegrarse al recibirla. Sus padres habían ahorrado dinero para comprarle la muñeca y ella no la había apreciado. ¡No merecía tener esa muñeca!

Al fin decidió que la regalaría. ¡Sorpresa, sorpresa! Al decidir ser generosa, se durmió tranquila.

TODOS DIERON ALGO

Cada uno en la familia regaló algo que le era precioso. Pepe regaló su auto de juguete, Yolanda regaló su chompa favorita, Andrés regaló su avioncito, y Olga regaló su pelota. ¿Y Bety? Aunque un poco de mala gana, regaló su muñeca.

–Dios te bendiga, hijita –dijo su mamá–. No olvides que el bien que haces a otros, vuelve a tu vida.

–Dios bendiga a cada uno de mis hijos por su generosidad –dijo el papá–. La Biblia dice que Dios ama al que da con alegría. Me siento contento de tener hijos generosos.

Al día siguiente la mamá llevó la caja a la iglesia. Bety se preguntaba quién tendría la suerte de recibir su muñeca.

SORPRESA EN NOCHEBUENA

Pasaron los días y llegó la Navidad. Bety casi se había olvidado de la muñeca que había regalado.

En Nochebuena toda la familia se reunió para celebrar el nacimiento del Salvador. El papá abrió su Biblia y leyó la historia de la primera Navidad. Fue interrumpido por alguien que tocó la puerta.

La mamá fue a ver quién era y regresó con una caja grande.

¡Qué emoción! Bety y sus hermanos se reunieron alrededor de la caja. Era la primera vez que recibían una caja con regalos en Nochebuena. Había un regalo para cada uno de los niños. Cuando Bety abrió su regalo, ¡era su muñeca!

–¡Mi muñeca! –gritó Bety con todas sus fuerzas, y la abrazó.

La mamá de Bety tenía razón: el bien que hacemos a otros, vuelve a nuestra vida.

SEAMOS GENEROSOS

Bety nunca ha olvidado la lección que aprendió esa Navidad acerca de la generosidad.

Cuando damos con generosidad, cosechamos con abundancia. Era verdad lo que había dicho la mamá de Bety, que una niña se alegraría mucho al recibir la muñeca. Bety no se había imaginado que ella sería esa niña.

–Sean generosos –dijo doña Beatriz–­. Nunca se sabe cómo el bien que hacemos volverá a nuestra vida.
­

–Yo quiero ser un dador como panal de miel –dijo Sal.

–A veces soy como esponja –dijo Pimienta–. Tienen que exprimirme para que dé. Pero quiero aprender a ser generoso.

–Tengo una muñeca que puedo regalar ­–dijo Pepita–. Quiero dársela a una niña que no tenga muñeca.

Así, ese día, los niños del Club hicieron planes para ser generosos y alegrar con sencillos regalos a muchos niños.

¿Quisieras tú ser un dador como panal de miel?

LOS DADORES

En MIS PERLITAS hay lindo material que acompaña a esta historia.

 

Mira el video de la historia: https://www.youtube.com/watch?v=H1VkqgePKJ8

 

Mensaje de Navidad

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Para leer historias de Navidad, busca en Categorías y encontrarás varias.

Tu «Tía» está preparando la visita de una de las maestras amiga de «La Perlita». Ella y su familia están haciendo un viaje de tres días desde México. Pasaremos una Navidad mexicana… Después viene un gran trabajo de empacar mis cosas porque me voy a mudar cerca de mi hija Carina y su familia.

LA PERLITA volverá con nuevas historias en el mes de febrero cuando ya esté instalada en mi nuevo hogar. Deseo a todos ricas bendiciones de Dios.

Mi mensaje de Navidad:

¡Jesús viene pronto!

El canto de los ángeles

Daniel era un muchacho simpático y conversador. Cuando alguien le preguntaba qué iba a ser cuando sea grande, siempre contestaba: «Voy a ser pastor de ovejas.»

No era raro que él quisiera ser pastor de ovejas, pues su papá lo era, y su tío Asaf, y también sus abuelos. Era natural que Daniel llegara a ser pastor.

UN CORDERO PROPIO

En su cumpleaños le regalaron un cordero. ¡Qué feliz se sentía de tener su propio cordero!

–Cuida tu cordero –le había dicho su papá–. Así aprenderás a ser un buen pastor de ovejas.

A Daniel le gustaba acompañar a su papá a cuidar las ovejas. Él saltaba y brincaba con las ovejas. Entre todas ellas estaba su propio cordero, haciendo travesuras. A veces Daniel escuchaba lo que su papá y los otros pastores conversaban. Él se dio cuenta de que hablaban de algo muy importante.

ESPERABAN AL MESÍAS

–¡Cuánto deseo que llegue pronto nuestro Mesías! –decía su papá–. Él va a venir. Yo estoy seguro de eso. Dios lo ha prometido por medio del rey David, del profeta Isaías, y de los otros grandes profetas. Dios va a enviar un Salvador.

Los demás pastores pensaban lo mismo.

–No sabemos cuándo será su llegada; puede ser cualquier día. Yo lo espero siempre.

–Yo también lo espero –decía Daniel.

Él sabía que Dios iba a mandar al Salvador, el Mesías.

NACIMIENTO DEL SALVADOR

Una mañana, cuando el papá de Daniel volvió a casa después de haber cuidado las ovejas toda la noche, Daniel comprendió que algo muy especial había sucedido. Su rostro brillaba de alegría. Una y otra vez exclamaba: «¡Bendito sea el Señor que ha visitado a su pueblo!»

–¿Qué pasa, papá? –preguntó Daniel–. Estás cambiado.

–¡Cómo no voy a estar cambiado! Esta noche se cumplió lo que he esperado toda mi vida. ¡Ha nacido el Mesías!

–Cuéntame todo, papito –pidió Daniel, muy emocionado.

Y su papá le contó sus experiencias.

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UN CORO DE ÁNGELES

–Estaba oscuro y las ovejas dormían. Los pastores estábamos conversando, sentados alrededor del fuego de una fogata para calentarnos. De pronto todo se iluminó alrededor nuestro y en medio de la luz vimos un ángel.

–¡Un ángel! –exclamó Daniel–. ¡Qué emocionante!

–No tengan miedo, nos dijo el ángel. Tengo buenas noticias para ustedes. Hoy ha nacido en la ciudad de David un Salvador. Es el Mesías. Vayan de prisa a Belén. Allí encontrarán al niño recién nacido acostado en un pesebre.

–¡El Mesías! –dijo Daniel–. Tú y los pastores siempre han hablado de que esperaban al Mesías.

–Sí, hijo. Los ángeles cantaron un hermoso himno que nunca voy a olvidar.

«¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz,
buena voluntad para con los hombres!»

 

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EL NIÑO EN EL PESEBRE

–Luego los ángeles regresaron al cielo y todo quedó como antes. Primero sólo nos miramos el uno al otro, pero al fin dijimos: tenemos que ir a Belén a ver lo que ha sucedido. Nos levantamos y entramos en la ciudad. Todo estaba tranquilo; pero en un establo había luz.

–¿Qué hicieron entonces?

–Entramos, y en el pesebre había un bebé. Allí estaban sus padres: María y José. Nos arrodillamos junto al niño y dimos gracias a Dios porque había nacido el Mesías.

–¡Papá, tú has visto al Mesías! –exclamó Daniel.

–Sí, hijo, esta es la felicidad más grande de mi vida.

JESÚS, NUESTRO MESÍAS

Los pastores de Belén se alegraron tanto por el nacimiento del Salvador que salieron a dar las nuevas del niño que habían visto en el pesebre. ¡Todos los que oían la hermosa historia que contaban los pastores se maravillaban!

Hoy también nos maravillamos de que Jesús nació en Belén. Celebramos la Navidad porque nació nuestro Mesías. ¡Gracias a Jesús tenemos la esperanza de ir al cielo!

¿Es Jesús la felicidad más grande de tu vida?

 

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Todos los componentes de esta historia, en MIS PERLITAS.