Bety y la muñeca de Navidad

Era el mes de la Navidad. Los niños del Club Tesoros hablaban de regalos y lo que esperaban recibir. Doña Beatriz decidió contarles la historia de una niña que aprendió que hay más gozo en dar que en recibir, y que el bien que hacemos a otros, vuelve a nuestra vida.

Bety tenía una muñeca que sus padres le habían comprado con mucho esfuerzo. Ella les había rogado tanto, tanto que decidieron prescindir de algunas cosas que necesitaban en el hogar para que ella tuviera la muñeca. La recibió en Navidad.

¡Qué alegría sintió Bety al tener la muñeca de sus sueños! Los primeros días la llevaba a todas partes; comía con la muñeca y dormía con la muñeca. Al poco tiempo, pasó la novedad y la muñeca quedó tirada en un rincón del dormitorio.

Bety volvió a los juegos que le encantaban. Trepaba árboles con sus hermanos, jugaba a las escondidas con los niños vecinos, saltaba a la soga con sus amigas, y jugaba con su rubics.

UNA COLECTA DE JUGUETES

Un día la mamá de Bety le dijo que en la iglesia estaban haciendo una colecta de víveres y juguetes para alegrar a algunas familias en Navidad. Le sugirió que regalara su muñeca.

¿Su muñeca? ¡Nunca! No quería regalar su muñeca.

–Hijita, no juegas con la muñeca –le dijo su mamá–. Otra niña se puede alegrar muchísimo si se la regalas.

Bety se puso muy terca y por poco hace pataletas.

–¡No, no! ¡Es mí muñeca! ¿Por qué tengo que regalarla?

La mamá no insistió; solo le dijo:

–Hijita, el bien que haces a otros, vuelve a tu vida.

El pastor había animado a todos en la iglesia a dar algo para alegrar la Navidad de algunas familias. Bety reconoció que su muñeca había pasado casi todo el año tirada en un rincón; pero era su muñeca y no quería regalarla.

Abrazó a su muñeca querida y le susurró al oído: «¿Por qué tengo que regalarte? ¡Eres mía! ¡Siempre serás mía!»

Esa noche fue difícil para Bety dormir. Solo podía pensar en la muñeca y en alguna niñita que podría alegrarse al recibirla. Sus padres habían ahorrado dinero para comprarle la muñeca y ella no la había apreciado. ¡No merecía tener esa muñeca!

Al fin decidió que la regalaría. ¡Sorpresa, sorpresa! Al decidir ser generosa, se durmió tranquila.

TODOS DIERON ALGO

Cada uno en la familia regaló algo que le era precioso. Pepe regaló su auto de juguete, Yolanda regaló su chompa favorita, Andrés regaló su avioncito, y Olga regaló su pelota. ¿Y Bety? Aunque un poco de mala gana, regaló su muñeca.

–Dios te bendiga, hijita –dijo su mamá–. No olvides que el bien que haces a otros, vuelve a tu vida.

–Dios bendiga a cada uno de mis hijos por su generosidad –dijo el papá–. La Biblia dice que Dios ama al que da con alegría. Me siento contento de tener hijos generosos.

Al día siguiente la mamá llevó la caja a la iglesia. Bety se preguntaba quién tendría la suerte de recibir su muñeca.

SORPRESA EN NOCHEBUENA

Pasaron los días y llegó la Navidad. Bety casi se había olvidado de la muñeca que había regalado.

En Nochebuena toda la familia se reunió para celebrar el nacimiento del Salvador. El papá abrió su Biblia y leyó la historia de la primera Navidad. Fue interrumpido por alguien que tocó la puerta.

La mamá fue a ver quién era y regresó con una caja grande.

¡Qué emoción! Bety y sus hermanos se reunieron alrededor de la caja. Era la primera vez que recibían una caja con regalos en Nochebuena. Había un regalo para cada uno de los niños. Cuando Bety abrió su regalo, ¡era su muñeca!

–¡Mi muñeca! –gritó Bety con todas sus fuerzas, y la abrazó.

La mamá de Bety tenía razón: el bien que hacemos a otros, vuelve a nuestra vida.

SEAMOS GENEROSOS

Bety nunca ha olvidado la lección que aprendió esa Navidad acerca de la generosidad.

Cuando damos con generosidad, cosechamos con abundancia. Era verdad lo que había dicho la mamá de Bety, que una niña se alegraría mucho al recibir la muñeca. Bety no se había imaginado que ella sería esa niña.

–Sean generosos –dijo doña Beatriz–­. Nunca se sabe cómo el bien que hacemos volverá a nuestra vida.
­

–Yo quiero ser un dador como panal de miel –dijo Sal.

–A veces soy como esponja –dijo Pimienta–. Tienen que exprimirme para que dé. Pero quiero aprender a ser generoso.

–Tengo una muñeca que puedo regalar ­–dijo Pepita–. Quiero dársela a una niña que no tenga muñeca.

Así, ese día, los niños del Club hicieron planes para ser generosos y alegrar con sencillos regalos a muchos niños.

¿Quisieras tú ser un dador como panal de miel?

LOS DADORES

En MIS PERLITAS hay lindo material que acompaña a esta historia.

 

Mira el video de la historia: https://www.youtube.com/watch?v=H1VkqgePKJ8

 

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