El canto de los ángeles

Daniel era un muchacho simpático y conversador. Cuando alguien le preguntaba qué iba a ser cuando sea grande, siempre contestaba: «Voy a ser pastor de ovejas.»

No era raro que él quisiera ser pastor de ovejas, pues su papá lo era, y su tío Asaf, y también sus abuelos. Era natural que Daniel llegara a ser pastor.

UN CORDERO PROPIO

En su cumpleaños le regalaron un cordero. ¡Qué feliz se sentía de tener su propio cordero!

–Cuida tu cordero –le había dicho su papá–. Así aprenderás a ser un buen pastor de ovejas.

A Daniel le gustaba acompañar a su papá a cuidar las ovejas. Él saltaba y brincaba con las ovejas. Entre todas ellas estaba su propio cordero, haciendo travesuras. A veces Daniel escuchaba lo que su papá y los otros pastores conversaban. Él se dio cuenta de que hablaban de algo muy importante.

ESPERABAN AL MESÍAS

–¡Cuánto deseo que llegue pronto nuestro Mesías! –decía su papá–. Él va a venir. Yo estoy seguro de eso. Dios lo ha prometido por medio del rey David, del profeta Isaías, y de los otros grandes profetas. Dios va a enviar un Salvador.

Los demás pastores pensaban lo mismo.

–No sabemos cuándo será su llegada; puede ser cualquier día. Yo lo espero siempre.

–Yo también lo espero –decía Daniel.

Él sabía que Dios iba a mandar al Salvador, el Mesías.

NACIMIENTO DEL SALVADOR

Una mañana, cuando el papá de Daniel volvió a casa después de haber cuidado las ovejas toda la noche, Daniel comprendió que algo muy especial había sucedido. Su rostro brillaba de alegría. Una y otra vez exclamaba: «¡Bendito sea el Señor que ha visitado a su pueblo!»

–¿Qué pasa, papá? –preguntó Daniel–. Estás cambiado.

–¡Cómo no voy a estar cambiado! Esta noche se cumplió lo que he esperado toda mi vida. ¡Ha nacido el Mesías!

–Cuéntame todo, papito –pidió Daniel, muy emocionado.

Y su papá le contó sus experiencias.

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UN CORO DE ÁNGELES

–Estaba oscuro y las ovejas dormían. Los pastores estábamos conversando, sentados alrededor del fuego de una fogata para calentarnos. De pronto todo se iluminó alrededor nuestro y en medio de la luz vimos un ángel.

–¡Un ángel! –exclamó Daniel–. ¡Qué emocionante!

–No tengan miedo, nos dijo el ángel. Tengo buenas noticias para ustedes. Hoy ha nacido en la ciudad de David un Salvador. Es el Mesías. Vayan de prisa a Belén. Allí encontrarán al niño recién nacido acostado en un pesebre.

–¡El Mesías! –dijo Daniel–. Tú y los pastores siempre han hablado de que esperaban al Mesías.

–Sí, hijo. Los ángeles cantaron un hermoso himno que nunca voy a olvidar.

«¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz,
buena voluntad para con los hombres!»

 

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EL NIÑO EN EL PESEBRE

–Luego los ángeles regresaron al cielo y todo quedó como antes. Primero sólo nos miramos el uno al otro, pero al fin dijimos: tenemos que ir a Belén a ver lo que ha sucedido. Nos levantamos y entramos en la ciudad. Todo estaba tranquilo; pero en un establo había luz.

–¿Qué hicieron entonces?

–Entramos, y en el pesebre había un bebé. Allí estaban sus padres: María y José. Nos arrodillamos junto al niño y dimos gracias a Dios porque había nacido el Mesías.

–¡Papá, tú has visto al Mesías! –exclamó Daniel.

–Sí, hijo, esta es la felicidad más grande de mi vida.

JESÚS, NUESTRO MESÍAS

Los pastores de Belén se alegraron tanto por el nacimiento del Salvador que salieron a dar las nuevas del niño que habían visto en el pesebre. ¡Todos los que oían la hermosa historia que contaban los pastores se maravillaban!

Hoy también nos maravillamos de que Jesús nació en Belén. Celebramos la Navidad porque nació nuestro Mesías. ¡Gracias a Jesús tenemos la esperanza de ir al cielo!

¿Es Jesús la felicidad más grande de tu vida?

 

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Todos los componentes de esta historia, en MIS PERLITAS.