La ofrenda generosa de Sara

Una tarde cuando los niños se reunieron en casa de doña Beatriz para el Club Tesoros, se sorprendieron al ver unas muletas junto a la mesa donde la buena vecina tenía su Biblia.

–¡Muletas! –gritó Pimienta–. Quiero andar con muletas.

–Nadie toca mis muletas hasta después de la clase –dijo doña Beatriz–. Después de la historia saldremos al jardín y uno por uno probarán a andar con las muletas.

Pepita le dio un abrazo a su amiga Estrella, emocionada al pensar que las dos andarían con muletas.

Doña Beatriz les contó acerca de Sara, una niña inválida que no podía salir a jugar con otros niños. Todos los días se arrodillaba junto a la ventana y miraba a los niños que jugaban frente a su casa. Muchas veces Sara lloraba porque no podía jugar con ellos.

Muletas para Sara

Sara vivía con su mamá y sus dos hermanitos. Ellos eran pobres; sin embargo, su mamá empezó a ahorrar dinero para comprarle muletas a su hija. Le daba mucha tristeza verla llorar.

Después de ahorrar por mucho tiempo pudo comprarle un par de muletas. ¡Imagina lo feliz que se sintió Sara al recibirlas! Ahora podía salir de la casa para estar con los niños cuando jugaban.

Sara tuvo que practicar para aprender a usar las muletas. Al poco tiempo las manejaba como una experta.

Sara recibe a Jesús

Ahora que tenía muletas, Sara podía acompañar a sus amigas a la escuela dominical. Sara llevó a sus hermanitos, y su mamá también fue con ellos.

Un inolvidable domingo, Sara recibió en su corazón al Señor Jesús. Le pidió perdón por sus pecados y lo aceptó como su Salvador. ¡Cómo cambiaron las cosas! Ya no tuvo que sentirse sola. Ahora tenía un Amigo que siempre estaba con ella.

La visita de un misionero

Poco tiempo después un misionero llegó de visita a la iglesia. Había venido para contar sus experiencias acerca de otras tierras, donde los niños también querían oír acerca de Jesucristo.

Cuando el misionero terminó de hablar, el pastor anunció que recogerían una ofrenda para que niños en otros países oyeran acerca de Jesús.

¿Qué daría Sara?

Sara no tenía ni un solo billete para dar como ofrenda, ni siquiera una moneda. Ella tenía muchas ganas de dar algo y pidió al Señor Jesús que le diera una idea.

«Mi amado Salvador Jesús –oró Sara–, quisiera dar algo para que otros niños escuchen de ti. No tengo nada para dar como ofrenda. ¡Ayúdame, Señor!»

Cuando el plato de las ofrendas llegó adonde estaba Sara, rápidamente una idea cruzó por su mente. ¡Eso es lo que daría! Tomó sus muletas y las puso atravesadas sobre el plato.

Luego oró otra vez: «Amado Jesús, me siento feliz por darte las muletas. Te pido que las uses para que niños de otras tierras puedan ser salvos.»

La mejor ofrenda

Jesucristo contestó de forma maravillosa la oración de Sara. Un buen hombre, que amaba al Señor, «compró» las muletas de Sara. Luego se las devolvió. Todo el dinero lo puso en el plato de las ofrendas.

Los hermanos adultos se avergonzaron al ver la ofrenda que dio la niña inválida. Sacaron nuevamente sus billeteras y dieron más ofrendas. ¡El plato se llenó hasta rebosar!

¡Ese día hubo gran alegría en la iglesia! Las piernas de Sara no podían saltar, pero su corazón saltaba de alegría. Ahora muchos niños podrían oír el mensaje del amor de Dios.

Cuando le tocó a Pimienta andar con las muletas, había una pregunta en su corazón: ¿qué daría a Jesús? Tal vez te preguntas lo mismo. Cada uno tiene algo. Lo más valiosos es que entregues tu corazón a Jesús.

MIS PERLITAS

En Mis Perlitas está la historia para imprimir. Hay dibujo para colorear, una actividad, tarjetas con el versículo, láminas y multimedia.

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Bety y la muñeca de Navidad

Era el mes de la Navidad. Los niños del Club Tesoros hablaban de regalos y lo que esperaban recibir. Doña Beatriz decidió contarles la historia de una niña que aprendió que hay más gozo en dar que en recibir, y que el bien que hacemos a otros, vuelve a nuestra vida.

Bety tenía una muñeca que sus padres le habían comprado con mucho esfuerzo. Ella les había rogado tanto, tanto que decidieron prescindir de algunas cosas que necesitaban en el hogar para que ella tuviera la muñeca. La recibió en Navidad.

¡Qué alegría sintió Bety al tener la muñeca de sus sueños! Los primeros días la llevaba a todas partes; comía con la muñeca y dormía con la muñeca. Al poco tiempo, pasó la novedad y la muñeca quedó tirada en un rincón del dormitorio.

Bety volvió a los juegos que le encantaban. Trepaba árboles con sus hermanos, jugaba a las escondidas con los niños vecinos, saltaba a la soga con sus amigas, y jugaba con su rubics.

UNA COLECTA DE JUGUETES

Un día la mamá de Bety le dijo que en la iglesia estaban haciendo una colecta de víveres y juguetes para alegrar a algunas familias en Navidad. Le sugirió que regalara su muñeca.

¿Su muñeca? ¡Nunca! No quería regalar su muñeca.

–Hijita, no juegas con la muñeca –le dijo su mamá–. Otra niña se puede alegrar muchísimo si se la regalas.

Bety se puso muy terca y por poco hace pataletas.

–¡No, no! ¡Es mí muñeca! ¿Por qué tengo que regalarla?

La mamá no insistió; solo le dijo:

–Hijita, el bien que haces a otros, vuelve a tu vida.

El pastor había animado a todos en la iglesia a dar algo para alegrar la Navidad de algunas familias. Bety reconoció que su muñeca había pasado casi todo el año tirada en un rincón; pero era su muñeca y no quería regalarla.

Abrazó a su muñeca querida y le susurró al oído: «¿Por qué tengo que regalarte? ¡Eres mía! ¡Siempre serás mía!»

Esa noche fue difícil para Bety dormir. Solo podía pensar en la muñeca y en alguna niñita que podría alegrarse al recibirla. Sus padres habían ahorrado dinero para comprarle la muñeca y ella no la había apreciado. ¡No merecía tener esa muñeca!

Al fin decidió que la regalaría. ¡Sorpresa, sorpresa! Al decidir ser generosa, se durmió tranquila.

TODOS DIERON ALGO

Cada uno en la familia regaló algo que le era precioso. Pepe regaló su auto de juguete, Yolanda regaló su chompa favorita, Andrés regaló su avioncito, y Olga regaló su pelota. ¿Y Bety? Aunque un poco de mala gana, regaló su muñeca.

–Dios te bendiga, hijita –dijo su mamá–. No olvides que el bien que haces a otros, vuelve a tu vida.

–Dios bendiga a cada uno de mis hijos por su generosidad –dijo el papá–. La Biblia dice que Dios ama al que da con alegría. Me siento contento de tener hijos generosos.

Al día siguiente la mamá llevó la caja a la iglesia. Bety se preguntaba quién tendría la suerte de recibir su muñeca.

SORPRESA EN NOCHEBUENA

Pasaron los días y llegó la Navidad. Bety casi se había olvidado de la muñeca que había regalado.

En Nochebuena toda la familia se reunió para celebrar el nacimiento del Salvador. El papá abrió su Biblia y leyó la historia de la primera Navidad. Fue interrumpido por alguien que tocó la puerta.

La mamá fue a ver quién era y regresó con una caja grande.

¡Qué emoción! Bety y sus hermanos se reunieron alrededor de la caja. Era la primera vez que recibían una caja con regalos en Nochebuena. Había un regalo para cada uno de los niños. Cuando Bety abrió su regalo, ¡era su muñeca!

–¡Mi muñeca! –gritó Bety con todas sus fuerzas, y la abrazó.

La mamá de Bety tenía razón: el bien que hacemos a otros, vuelve a nuestra vida.

SEAMOS GENEROSOS

Bety nunca ha olvidado la lección que aprendió esa Navidad acerca de la generosidad.

Cuando damos con generosidad, cosechamos con abundancia. Era verdad lo que había dicho la mamá de Bety, que una niña se alegraría mucho al recibir la muñeca. Bety no se había imaginado que ella sería esa niña.

–Sean generosos –dijo doña Beatriz–­. Nunca se sabe cómo el bien que hacemos volverá a nuestra vida.
­

–Yo quiero ser un dador como panal de miel –dijo Sal.

–A veces soy como esponja –dijo Pimienta–. Tienen que exprimirme para que dé. Pero quiero aprender a ser generoso.

–Tengo una muñeca que puedo regalar ­–dijo Pepita–. Quiero dársela a una niña que no tenga muñeca.

Así, ese día, los niños del Club hicieron planes para ser generosos y alegrar con sencillos regalos a muchos niños.

¿Quisieras tú ser un dador como panal de miel?

LOS DADORES

En MIS PERLITAS hay lindo material que acompaña a esta historia.

 

Mira el video de la historia: https://www.youtube.com/watch?v=H1VkqgePKJ8

 

La generosidad de Abram

Cuando Dios llamó a Abram y le prometió que haría de él una nación grande, Abram salió de su tierra y fue a una tierra que Dios le mostraría. Abram salió sin saber adónde iba. Pero estaba seguro de que Dios lo iba a guiar.

En el largo viaje hacia una tierra desconocida, Abram y su esposa Sarai, recorrieron como 1.650 kilómetros (mil millas). Demoraron días, semanas, y meses. En el viaje los acompañó su sobrino Lot con su familia.

Abram era un hombre rico. Tenía mucho ganado y muchos siervos. Una vez llevó a 318 de sus siervos para defender a su sobrino contra reyes que le hicieron guerra. Eso fue porque Abram y Lot se habían separado. ¿Por qué se separaron?

ABRAM Y LOT SE SEPARAN

Lot también era un hombre rico en ganado. Hubo peleas entre los pastores de Lot y los pastores de Abram. La tierra de Canaán, adonde Dios había llevado a Abram era hermosa, con lindos prados para el ganado. Aun así no era suficiente para que viviesen ambos juntos.

Abram y Lot eran buenos amigos; pero era un problema que había peleas entre los pastores de ellos, porque no había pasto suficiente para todo el ganado. A veces los pastores se confundían entre las ovejas de Lot y las de Abram.

–Querido sobrino –le dijo Abram a Lot–, no quiero que haya peleas. Es mejor que nos separemos. La tierra es grande y espaciosa; no hay porqué pelear. Si tú vas a la izquierda, yo voy a la derecha. Si tú vas a la derecha, yo voy a la izquierda. Escoge, sobrino.

Lot miró la tierra que estaba delante de él. Vio un valle hermoso y fértil, con lindos pastos para el ganado. Lot escogió la mejor tierra. Así fue como las dos familias se separaron.

Lot, con todo lo que le pertenecía, fue a vivir en la tierra que había escogido. Abram, a quien Dios le dio todas esas tierras, se quedó a vivir en las colinas.

UN HOMBRE GENEROSO

Abram era bueno. No le importó que Lot haya escogido lo mejor. Él sabía que Dios estaba con él y que lo seguiría ayudando en todo. Dios habló nuevamente a su amigo Abram:

«Levanta la vista y mira desde el lugar donde estás; mira hacia el norte y el sur, hacia el este y el oeste. Todo lo que ves será para ti y tu descendencia para siempre. ¡Recorre todo el país, porque a ti te lo daré!»

Dios vio el corazón generoso de Abram y le confirmó la promesa de hacerlo una nación grande. Para que todos supieran esto, Dios le cambió el nombre de Abram a Abraham, que significa padre de muchos.

A Sarai, la esposa de Abram, Dios le puso el nombre de Sara, que significa princesa.

Abraham y Sara eran ancianos y no tenían hijos. ¿Cómo podría Abraham ser padre de muchos? A los cien años de edad Dios le dio un hijo, Isaac. Con ese hijo se cumplió la promesa. Nuestro buen Dios siempre cumple lo que promete.

DIFERENTES DADORES

Al contar esta historia a los niños del Club Tesoros, doña Beatriz les habló de tres clases de dadores:

1. Dadores como piedra.

Para conseguir algo hay que darles duro con el martillo, y sólo salen chispas y polvo. A duras penas dan una limosna.

2. Dadores como esponja.

Para obtener agua hay que exprimir la esponja; mientras más se exprime, más agua da. A muchas personas hay que empujarlas para que den.

3. Dadores como panal.

El panal de miel se desborda con su propia dulzura. Hay dadores que sienten alegría al dar, sin que nadie les pida favores. La Biblia dice que Dios ama a quienes dan con alegría.

Ser generoso es como sembrar semilla. Más semilla, mayor cosecha. No demos lo que nos sobra, sino algo de valor para nosotros.

Si Roberto está comiendo unas ricas uvas, y viene su hermanito, y Roberto le dice: «Toma las que quieras», esa es una actitud generosa. Pero si Roberto de mala gana le invita con las más feas de sus uvas, eso no es generosidad.

UN REGALO GENEROSO

–Esta semana, cada uno haga un regalo generoso –les dijo doña Beatiz a los niños del Club–. Obsequien algo que tengan, no que compren. Denlo a un niño o a una niña que lo necesite más que ustedes. No regalen algo que no les sirve, o que les sobra, y háganlo con alegría.

Digamos que tienes una caja de galletas. No te las comas tú solo, sino compártelas. Sentirás la alegría de ver a todos felices comiendo las ricas galletas.

Sal, Pimienta, Pepita, Estrella, y los demás niños del Club decidieron ser generosos para alegrar a un niño o a una niña.

¿Y tú? ¿Qué puedes hacer para alegrar a alguien?

En MIS PERLITAS hay lindo material para acompañar a esta historia.

Instrucciones: Arbolito navideño

 

Ayuda para Tía Matilde

tia Matilde 5Los niños del barrio le decían Tía Matilde.

Todos la querían por su sonrisa de sol y sus ojos buenísimos. Susana, Carlos, Rita, Esteban, Maritza, Pedrito, y todos los demás niños pasaban más tiempo donde Tía Matilde que en sus casas. Apenas llegaban de la escuela, se cambiaban de ropa, y ¡a correr donde la Tía!

LA PUERTA CERRADA

Tía Matilde tenía una pequeña pastelería y hacía los dulces más ricos de toda la ciudad. Hasta de otras ciudades venían para comprar sus ricos pasteles, y los niños juntaban sus propinas para comprar dulces en la pastelería.

Una tarde cuando los niños llegaron a la pastelería la puerta estaba cerrada.

–Tal vez Tía Matilde ha ido a su casa a traer alguna receta –dijo Pedrito.

–No lo creo –dijo Susana–. Ella sabe de memoria todas las recetas.

–¡Ah, pero allá viene! –gritaron los otros niños.

–Niños –dijo la Tía al llegar–. Hoy tuve que tomar una siesta. Estoy muy cansada, tan cansada que creo que tengo que cerrar la pastelería.

–¡No! ¡No! –gritaron los niños, angustiados–. ¿Qué haremos sin sus ricos pasteles?

tia Matilde 3

LOS NIÑOS AYUDARON

–Pensábamos que usted no se cansaba –dijo Maritza–. Creo que nosotros podríamos ayudarle.

–¡Sí! ¡Sí! –dijeron todos con entusiasmo.

–En la escuela dominical cantamos un coro que me gusta mucho –dijo Carlos–. «Y si todos trabajamos unidos…» Ésta es nuestra oportunidad de trabajar juntos.

–Yo voy a barrer –dijo Esteban.

–Yo voy a lavar las ollas –dijo Rita.

–Perdónenos por no haberle ayudado antes –dijo Susana.

Todos inmediatamente se pusieron a trabajar; todos menos Carlos, que se fue a su casa.

EL CARTEL DE CARLOS

Media hora más tarde Carlos volvió con un cartel en la mano. Todos lo leyeron juntos:

tia Matilde 6

–Descanse usted, Tía –dijo Carlos–. El lunes nosotros lo tendremos todo bien limpio y usted podrá trabajar con nuevas fuerzas.

–Gracias, niños. Ésta ha sido la mejor sorpresa de mi vida. Nunca pensé tener vecinitos tan amables. Creo que iré con ustedes a la escuela dominical. Muchas veces me han invitado y no he ido. Ahora que ustedes me ayudarán podré ir.

LA TÍA FUE A LA IGLESIA

Ese domingo los niños llegaron muy alegres a sus clases. Y traían de la mano a su «visita». La tía más querida del barrio al fin había ido con ellos a la iglesia. Todo porque los niños pusieron en práctica lo que habían aprendido:

«Y si todos trabajamos unidos… ¡qué gozo será!»

tia Matilde coLa pastelería siguió con sus puertas abiertas. De uno y otro lado venía gente para comprar los ricos pasteles; todo como antes.

NO TODO COMO ANTES

Pero todo no era como antes. Porque ahora la Tía Matilde estaba más alegre y más descansada. Ya no trabajaba tan duro, porque todas las tardes unos niños muy amables iban a ayudarla. Y todos los domingos ese grupo de niños generosos iba con la tía a su querida escuela dominical.

SÉ GENEROSO

Tú también puedes ayudar. Piensa en alguna persona a quien últimamente has visto cansada. Ofrécele tu ayuda y verás cómo se va a alegrar.

Es más; tú también te sentirás feliz, porque estarás haciendo lo que el Señor Jesús quiere que hagas: ¡AYUDAR!

Prov 11_25

Para imprimir:  Ayuda para Tia Matilde color    Ayuda para Tia Matilde

Para colorear: Tia Matilde   Póster: Prov 11_25   Actividad bíblica:  Generosidad

La ofrenda de Tito

En el pueblo donde vivía Tito había gran gozo. Después de varios años de sequía habían tenido una buena cosecha. Chicos y grandes estaban muy contentos.

Dios había escuchado sus oraciones y les había enviado lluvia. «Dedicaremos un día para dar gracias a Dios por la buena cosecha», dijo el pastor de la iglesia evangélica del pueblo.

¿QUÉ DARÍA TITO?

Todos estaban de acuerdo. Cada uno traería una ofrenda a Dios. Tito amaba al Señor y quería dar su ofrenda; pero era huérfano y no tenía nada que dar. Se sintió un poco triste.

Llegó el día en que darían la ofrenda de agradecimiento. Todos estaban contentos y alababan al Señor. Algunos cantaban, otros recitaban lindas poesías.

UNA INMENSA CANASTA

Cuatro hermanos de la iglesia sostenían una canasta grande en la que cada uno ponía su ofrenda. Algunos daban dinero, otros daban frutas y verduras: plátanos, naranjas, papayas, zanahorias.

Tito miraba la canasta y se preguntaba: «¿Qué puedo dar?» Lo único que tenía era su camisa y sus pantalones.

La canasta se iba acercando más y el corazón de Tito latía con rapidez. ¡Todos daban algo!

TITO SE DIO A SÍ MISMO

Cuando la canasta llegó adonde estaba Tito, tuvo una genial. ¡Zaz! Dio un salto, y se metió en la canasta. Era la única solución para él.

«Yo me doy a mí mismo –dijo Tito, con una sonrisa de oreje a oreja–. No tengo otra cosa que dar.»

Los hermanos que llevaban la canasta la bajaron al piso y se secaron unas lágrimas que sea asomaron en sus ojos.

¡El muchacho que no tenía nada lo había dado todo!

niño en la canasta co

OTRO TITO

En la Biblia leemos de un siervo de Dios llamado Tito, que era colaborador del apóstol Pablo. Una vez Pablo le dio un encargo muy especial. Tito debía llevar una ofrenda a los hermanos necesitados en Jerusalén.

Los primeros en dar la ofrenda fueron los hermanos de las iglesias en Macedonia. Ellos eran pobres; pero eso no les impidió dar ofrendas. ¿Sabías que ellos rogaron a Pablo que les diera el privilegio de colaborar con ofrendas? Sí, es un privilegio ofrendar para la obra de Dios y para los que padecen necesidad.

Los hermanos de las iglesias en Macedonia se dieron primeramente al Señor. Aunque eran muy pobres, desbordaron en alegría, y abundaron en rica generosidad. Pablo dice que dieron más de lo que podían.

Lo primero que tenemos que hacer es entregarnos al Señor. El Tito de nuestra historia no sabía qué dar en la ofrenda, y se dio a sí mismo.

¿Quieres tú darte a ti mismo al Señor?

Poster Tito

Para imprimir: 294 La ofrenda de Tito color

Para colorear: 294 La ofrenda

 

Una niña misionera

Alida

Esta niña es mi sobrina nieta Alida,
que ha sido la imspiración para esta historia.

Bombardeos. ¿Has pensado cómo sería si todas las noches al acostarte escucharas bombardeos y todas las mañanas al despertarte escucharas lo mismo?

Esa es la suerte de miles de niños en Siria. Los más pequeños no conocen otra vida, porque desde que nacieron solo ha habido guerra. No hay cifras exactas; pero se estima que más de 10.000 niños han muerto y muchísimos han quedado huérfanos.

Alida es una niñita sueca, la sobrina nieta de Tía Margarita. Ella oyó hablar de los niños de Siria y empezó a orar por ellos. Su corazón se llenó de compasión. También por los niños de Iraq.

–Mamá –dijo Alida–. Amo mucho a los niños de Siria e Iraq. Quiero ayudarles. ¿Qué puedo hacer?

EN BICICLETA A SIRIA E IRAQ

Alida y su mamá conversaron.

–Voy a ir en bicicleta a Siria –dijo Alida–. Llevaré mis juguetes para regalar a los niños.

Alida es pequeña y no comprende aún las distancias. Llevaría mucho tiempo montar en bicicleta desde Suecia a Siria; pero sí se puede hacerlo. Sería un viaje muy largo para una niña de cuatro años.

Para llegar de Suecia a Siria en bicicleta, Alida tendría que pasar por Dinamarca, Alemania, Austria, Hungría, Serbia, Macedonia, Grecia y Turquía. Si tienes un mapamundi, busca Suecia en Europa y traza la ruta que tuviera que seguir Alida. Siria está en el Oriente Medio y limita con Iraq.

ALIDA SIENTE MUCHA COMPASIÓN

Como Alida no puede ir a Siria e Iraq, ha decidido hacer algo por los niños de allá. Ella siente mucha compasión por todos los que sufren debido a la guerra. Antes de hacer cualquier cosa, Alida ha estado orando por los niños que han perdido su hogar y sus padres debido a los conflictos en esa zona. Ya son 14 millones de niños afectados.

Alida no comprende cuánto es 14 millones. ¿Puedes tú contar hasta esa cantidad? Digamos que cuentes rápido y pudieras contar hasta 100 en un minuto. ¿Cuánto tiempo demorarías en contar hasta un millón? Practica tus conocimientos de la tabla de multiplicación para sacar la respuesta. Después, multiplica esa suma por catorce. ¿Cuánto tiempo demorarías en contar hasta 14 millones?

JESÚS SALVADOR

Alida no puede ayudar a todos esos niños. Solamente para contar a cada uno llevaría semanas y meses. ¿Recuerdas la historia del vaso de agua que dio Nelly, la niña que pensaba que no tenía nada para dar? Todos tenemos algo para dar.

Jesús es el único que puede ayudar a todos. Él murió en la cruz para salvarnos del pecado. Todos somos pecadores; pero podemos recibir a Jesús como nuestro Salvador y ser salvos. Jesús pagó el gran precio de su vida para salvarnos.

Alida y sus pulseras 2

MUCHAS PULSERAS

Alida no puede montar en bicicleta a Siria e Iraq para ayudar a los niños; pero en su casa en Suecia ha hecho algo. Alida ha dibujado tarjetas para vender y ha hecho pulseras; muchas pulseras de hermosos colores. Alida ha vendido las pulseras y ha comprado lápices de color para regalar a los niños de Siria e Iraq.

EL PRÍNCIPE DE PAZ

Siria e Iraq quedan cerca del país donde vivió Jesús cuando estuvo aquí en la tierra. Jesús ama tanto a los niños de allá como nos ama a ti y a mí. Jesús, el Príncipe de Paz, dio su vida para salvarlos también a ellos. Él vino al mundo para darnos su paz. Pero hay muchos hombres y mujeres que no aman a Jesús, que no quieren recibir la paz de Dios en su corazón. Por eso hay conflictos y guerras.

¿Quisieras unirte a Alida para orar por los niños de Siria e Iraq? Cerca de dos millones de niños sirios han tenido que dejar su hogar y su país. Se encuentran refugiados en el Líbano, en Turquía, en Jordania, y en otros países.

Muchos niños tienen que huir porque se les prohíbe creer en Jesús. No tienen permiso de reunirse para escuchar historias bíblicas. No pueden orar al Señor ni cantar alabanzas a su nombre. Ellos aman a Jesús tanto como tú lo amas, y están dispuestos a morir antes de negar su amor a Jesucristo.

ORA POR LOS NIÑOS DEL MUNDO

Alida ama muchísimo a los niños de Siria e Iraq. Además de orar por ellos ha hecho algo práctico. ¿Qué puedes hacer tú? Mira a tu alrededor. En todas partes hay niños que sufren. Pide a Jesucristo que te dé ideas para hacer algo por ellos.

Ora a Dios por los niños del mundo que padecen debido a las guerras. Sé compasivo, como Dios tu Padre es compasivo.

Lucas 6_36

Para imprimir la historia: 266 La compasion de Alida color

 

 

Mejor que helados

Esteban y Pablito son amigos, muy buenos amigos. Ellos son de un país donde a los helados le dicen «nieve». La Perlita llega a muchos distintos países, y en algunos lugares no le dicen «helado» a la deliciosa crema helada que la mayoría conoce como helado. A este postre congelado, hecho de crema de leche, en otras partes le dicen «sorbete». ¿Qué le dicen en tu país? Al mirar el dibujo te darás cuenta a qué me refiero. Escríbelo aquí.

UN VIAJE A LA CIUDAD

Estos buenos amigos viven en uno de los barrios de una gran ciudad y, por la distancia, pocas veces van al centro. Pero un día fueron allí juntos. Tuvieron que viajar en ómnibus media hora para llegar a la plaza principal.

Esteban y Pablito tenían una misión especial. Se acercaba el Día de las Madres y fueron a la ciudad para comprar regalos. Habían ahorrado dinero de lo que recibían por hacer mandados o de las propinas que les daban sus padres de vez en cuando.

COMPRA DE REGALOS

Esteban y Pablito querían comprar cada uno algún lindo regalo para su mamá. Fueron a varias tiendas a mirar las cosas que había y que podrían interesar a sus respectivas madres. Después de caminar un rato de una tienda en otra decidieron sobre las compras que harían. Pablito le compró un prendedor y Esteban le compró un pañuelo bordado.

DINERO PARA HELADOS

No gastaron todo su dinero en los regalos y, al contar sus monedas, se dieron cuenta de que lo que les sobraba podría alcanzar para comprar helados y también para pagar el pasaje en ómnibus de regreso a casa.

Iban de brazo por la vereda, conversando alegremente y «saboreando» ya  los ricos helados que servían en la pastelería de don Máximo. Eran los mejores helados de la ciudad.

Ninos con helado color

BOLSILLOS VACÍOS

Cuando llegaron a la Pastelería Dulce Nieve, Esteban descubrió que sus bolsillos estaban vacíos. ¿Adónde habían desaparecido sus monedas? Buscó desesperadamente cada rincón de sus bolsillos; pero seguían vacíos.

Siguió buscando… y… ¡lo encontró! ¿Qué crees que encontró? Sí… allí estaba… lo que encontró. ¡Un hueco!

¡Se le habían caído sus monedas por el hueco!

–Regresaremos por donde vinimos para ver si encontramos tu dinero –le dijo Pablito.

PERDIDO PARA SIEMPRE

Los muchachos volvieron por donde habían caminado tan alegremente. Iban mirando  cabeza abajo en la vereda para ver si podían encontrar las monedas perdidas de Esteban. Tanto miraban al suelo que se tropezaban con la gente. ¡Pero no encontraron nada! Seguramente otra persona ya había recogido las monedas. ¡Ese dinero se había perdido para siempre!

–Esteban –dijo Pablito–. No te preocupes. Los helados no son tan importantes. Son sabrosos pero podemos vivir sin ellos. Te voy a dar las monedas con las que yo iba a comprarme un helado. De esa manera ambos tendremos dinero para el pasaje de regreso a casa.

–Gracias, buen amigo –dijo Esteban–. Yo te lo pagaré…

LA DICHA MÁS GRANDE

Con sus regalos en la mano los muchachos fueron al paradero para esperar al ómnibus que los llevaría de regreso al barrio donde vivían. No habían tomado helados pero sin embargo se sentían contentos.

El más feliz de los dos era Pablito. Había hecho lo que vale más que tomar helados; había ayudado a un amigo que estaba en aprieto. Y ambos llevaban para su respectiva madre un hermoso regalo. ¡Eso era lo mejor de todo!

En verdad aprendieron lo que dice la Biblia:

«Hay más dicha en dar que en recibir.» Hechos 20:35, NVI

Para imprimir: Mejor que helados

Para colorear: Generosidad

Actividad bíblica: Mejor que recibir

Póster: Mejor que helados

Sarah 5 Bday

Mi nieta Sarah, con saludos de Tía Margarita