La enfermedad de Juanita

Juanita estaba enferma, muy enferma. No le dolía la cabeza, ni el estómago; no tenía sarampión, ni gripe. Juanita sufría de algo mucho peor. Estaba enferma de envidia.

El día había comenzado muy bien, y parecía que iba a terminar de la misma manera; pero fue cuando salió de la escuela con su amiga Marta, que su corazón se enfermó.

corazon-04-coDigo que su corazón se enfermó, porque la envidia es una enfermedad del corazón.

–Me van a regalar un reloj de pulsera en mi cumpleaños –le dijo Marta.

–¿Así? –contestó Juanita, que ya comenzaba a sentir los primeros síntomas de la enfermedad.

–También me van a regalar una cartera y un vestido nuevo –siguió diciendo Marta.

A Marta siempre le regalan cosas lindas –pensó Juanita–. El año pasado recibió una bicicleta roja. A mí sólo me obsequian cosas viejas, las que a mi hermano ya no le sirven.

JUANITA NO QUERÍA JUGAR

Era un día hermoso. Las flores brillaban con el sol y los pajaritos trinaban alegres en los árboles; pero Juanita no veía nada de todo lo hermoso que Dios ha hecho. Sentía frío y no tenía ganas de jugar con su amiga. Se despidió pronto y se fue a su casa.

–¿Qué te pasa, hija? –le preguntó su mamá al verla muy decaída–. ¿Estás enferma?

–No, estoy bien –respondió Juanita; pero dentro de sí se preguntaba cómo era que las mamás siempre se daban cuenta de algo que andaba mal.

corazon-05-coSE MORÍA DE ENVIDIA

Sin decir otra palabra, Juanita fue al dormitorio y se tiró sobre la cama, llorando.

Después de llorar un rato, se puso a pensar. Su papá siempre le decía que era muy bueno pensar, y pensando… ¡se dio cuenta de la terrible enfermedad que tenía! ¡Se moría de envidia! ¡Qué triste y qué feo!

Pensando un poco más, Juanita se acordó de algo que había aprendido en la iglesia.

La maestra de la clase bíblica le había dicho que la envidia, así como la mentira, la desobediencia, y tantas otras cosas feas, son enfermedades del corazón.

UN SOLO REMEDIO

Juanita recordó otra cosa; ¡que no hay remedio en el mundo para curarlas!

Además, tienen un nombre muy feo, que es: PECADO. Al dejar que la envidia llenara su corazón, Juanita estaba pecando  Dios.

¿Qué podía hacer nuestra pobre amiguita, tan triste y enferma que estaba?

corazon-01-coHay sólo una manera de curar un corazón envidioso, y es por la sangre de Jesucristo que limpia de todo pecado. (Lee 1 Juan 1:7-9.)

JESUCRISTO CURÓ A JUANITA

Juanita se arrodilló junto a la cama y pidió perdón a Dios por haber dejado que la envidia atacara a su corazón. El Señor Jesucristo, con su sangre preciosa, limpió el corazón de la niña y le quitó toda envidia. No te puedo decir cómo lo hizo, sólo sé que sí lo hizo.

Juanita pegó un salto y se puso de pie, totalmente sana. ¿Sabes? Hasta se sintió feliz de que a Marta le iban a regalar un reloj de pulsera, una cartera y un vestido nuevo.

Cantando entró a la cocina, y tomó alegremente la sopa que su mamá le invitó. Luego fue a casa de Marta, y las dos amigas salieron a jugar.

Juanita sintió como si su corazón fuera a explotar. ¡Estaba muy feliz! Al sacar la envidia, Jesús había llenado su corazón de amor, y era ese amor que la hacía feliz.

LA ENVIDIA DESTRUYE

¿Quieres tener mente sana en cuerpo sano? No te dejes dominar por la envidia, porque ese mal te destruye por completo. Alégrate cuando le vaya bien a alguno de tus amigos; gózate cuando prosperen. Y cuando alguien esté triste, consuélalo.

Sigue el ejemplo de Jesucristo de esparcir amor por dondequiera que vayas. No hay nada mejor.

prov-14_30

Para conseguir todos los materiales correspondientes a esta historia, visita:

MIS PERLITAS.WORDPRESS.COM

Para imprimir corazones: la-envidia-bn     la-envidia-co

Anuncios

La mentira de Marta

la mentira 4Marta y María eran gemelas. Se parecían como dos gotas de agua. Medían igual, pesaban igual, hablaban igual, lloraban igual, en fin… todo era igual en ellas. Solamente los padres de las niñas las podían distinguir.

Vivían en un pueblo pequeño y tranquilo. La vida les iba bien, y eran muy felices. Pero un día sucedió algo que cambió por completo el ritmo de la vida de la familia.

La mamá de las niñas cayó gravemente enferma. Ya no podía cuidar de su familia.

LA INVITACIÓN DE LA TÍA MARÍA

En la ciudad vivía la tía María. Cuando ella supo de la enfermedad de su hermana invitó a una de las niñas a la ciudad. Como María era su tocaya, ella fue la invitada.

–Ay, Marta –dijo María–. Yo no quiero ir a la ciudad. Me gusta este pueblito.

–A mi me encantaría ir –dijo Marta–. Ya me cansé de la vida tan tranquila de este pueblo. Quiero la aventura.

–¡Ojalá te hubieran invitado a ti! –suspiró María.

–¡Ya sé lo que podemos hacer! –exclamó Marta–. Yo podría ir a la ciudad en lugar tuyo. Me llamaría María. Nuestra tía no se daría cuenta de que no soy tú ya que somos tan iguales. ¿Te parece buena mi idea?

–Pero eso sería una mentira, y es pecado mentir.

–¡Qué importa! –respondió Marta–. Sería una “pequeña” mentira. A mí no me preocupa eso. Yo sé que todo va a salir bien.

la mentira 2MARTA NO PODÍA ORAR

Las niñas hicieron lo que Marta sugirió. Haciéndose pasar por María, Marta viajó a la ciudad. Su tía le brindó una alegre bienvenida y Marta quedó encantada con la nueva vida que empezó a llevar. Pensó que la mentira no tenía importancia.

Pero cada vez que Marta iba a orar, la mentira se levantaba como un gran muro entre ella y Dios. Y cada vez que alguien la llamaba María, sentía gran dolor en el fondo de su corazón.

Conforme iban pasando los días se sentía más y más triste. Ya no tenía ni ganas de comer.

¡MENTIROSA! ¡MENTIROSA!

Por cada latido de su corazón era como que una voz le decía: «¡Mentirosa! ¡Mentirosa!»

Una noche, cuando toda la familia se había reunido para leer la Biblia, las palabras que leyó el tío, de Apocalipsis 21, llegaron como flechas al corazón de Marta:

«El que salga vencedor heredará todo esto, y yo seré su Dios y él será mi hijo. Pero los cobardes, los incrédulos… los que practican artes mágicas, los idólatras y todos los mentirosos…»

Los mentirosos –pensó Marta–, mentirosos… ¡como yo!

El tío de Marta siguió leyendo:

«…recibirán como herencia el lago de fuego y azufre. Ésta es la segunda muerte.»

LA CONFESIÓN DE MARTA

Marta no pudo aguantar más la carga de pecado.

–¡Soy mentirosa! –gritó, llorando amargamente.

Sus tíos y sus primos la miraron muy asombrados. No comprendían nada.

–¡Soy mentirosa! No soy María. ¡Soy Marta!

la mentira 1Poco a poco, entre llantos y sollozos, les contó la historia de su gran mentira. ¡Qué avergonzada estaba!

Sintió gran alivio al contarles toda la verdad a sus tíos. Pero le faltaba hacer lo más importante: pedir perdón a Dios. Con la ayuda de su tío Marta pidió perdón al Señor Jesús. No hay cosa mejor que confesar los pecados y recibir el perdón de Jesucristo.

Al día siguiente Marta viajó de regreso a su pueblo. No quería irse de la ciudad, pero como castigo por su mentira tuvo que hacerlo. Ahora le tocaba a María visitar a sus tíos.

NO MIENTAS

A las duras, Marta aprendió que tarde o temprano las mentiras se descubren. No se puede engañar a Dios. Él conoce todo. Pero recuerda que Dios es amor, y si pecamos, nos perdona.

«Guarda tus labios de hablar engaño», leemos en los Salmos. El apóstol Pablo escribió en una de sus cartas: «Dejen de mentirse unos a otros».

¡Siempre di la verdad!

Salmo 34_13

La Perlita 320 La mentira de Marta    Historia en color: 320 La mentira de Marta

Hoja para colorear: 320 La mentira  Póster: Salmo 34  Actividad: 320 La verdad