Jesús y el zapatero Martín

Zapatero 01

Era la víspera de Nochebuena. El zapatero Martín tenía muchos deseos de que Jesús lo visitara y había adornado lo mejor posible su humilde zapatería.

Zapatero 02

Esa noche soñó que al día siguiente el Señor lo visitaría. Se levantó temprano para ordenar sus cosas. Limpió cada rincón de la zapatería. Quería que todo estuviera hermoso para la visita de Jesús.

Zapatero 03

LLEGÓ UN ANCIANO

Esperó toda la mañana pero lo único que pasó fue que un anciano se acercó a pedir que lo dejara descansar un rato.

Martín vio que los zapatos del anciano estaban muy gastados. Después que el anciano descansara y bebiera un poco de café, Martín le dio un par de zapatos nuevos.

–Gracias, don Martín –dijo el anciano cuando siguió feliz su camino–. Estos son los mejores zapatos que jamás he tenido.

Zapatero 04

UNA MUJER CON UN BEBÉ

Ya era mediodía y el zapatero seguía esperando la visita de Jesús. Pero sólo llegó una mujer con ropa gastada, que llevaba a su bebé en brazos. Don Martín sintió mucha compasión por ella y le dio una taza de café con leche caliente, y unas monedas. Hasta le ofreció su cobija para que envolviera al bebé, porque afuera hacía mucho frío.

–El Señor te bendiga, buen hombre –dijo ella con lágrimas en los ojos al salir de la zapatería.

Zapatero 05

UN NIÑO PERDIDO

Ya era tarde y el Señor Jesús no había venido a visitar al zapatero. Martín miró de a un lado a otro calle abajo pero no vio a Jesús. Sólo vio a un niño, parado en una esquina, que lloraba.

El niño estaba perdido, y Martín se sintió un poco disgustado porque tuvo que dejar la zapatería para ayudar al pequeño a encontrar su casa. Quizá el Señor Jesús aparezca en la zapatería cuando yo no estoy, pensaba Martín un poco preocupado; pero no podía dejar de ayudar al niño.

Zapatero 06

TRES VECES LLEGÓ JESÚS

Al regresar a la zapatería Martín estaba seguro de que ya había pasado por allí el Señor. Se imaginada cómo habría sido la llegada de Jesús. Él le hubiera abierto la puerta de par en par, lo hubiera invitado a entrar, y le hubiera servido café y pan con queso. Después le hubiera besado las manos y le hubiera lavado los pies, y se hubiera sentado a conversar con Él.

Zapatero 07

Entonces escuchó una voz al oído. «Martín, ¿no me conoces?» Y de un rincón salió el anciano, que le sonrió y luego se disipó como una nube.

«Soy yo», repitió la voz; y de la oscuridad, surgió la mujer con el bebé, que también se desvaneció en las sombras.

«Soy yo», volvió a oír; y vio al niño que había estado perdido, que le sonreía. El niño también desapareció.

Entonces Martín comprendió que el Señor Jesús lo había visitado tres veces ese día.

Jesús estaba en el anciano con los zapatos gastados, en la mujer con el bebé, y en el niño perdido.

Zapatero 08

LA MEJOR NAVIDAD

Martín comprendió que lo que hacemos por amor al prójimo es como si lo hiciéramos por Jesús. Esa noche se acostó muy contento de haber recibido la visita de Jesús en las personas que llegaron a su puerta.

Para el zapatero Martín, esa fue la mejor Navidad.

Zapatero 09

¿QUÉ PUEDES HACER?

Jesús nos enseña a amar a nuestro prójimo. Él toma en cuenta todo lo que hacemos en su nombre. Al servir a los demás es como que lo hacemos por Él.

Piensa en algo que puedes hacer para ayudar tu prójimo. No lo hagas pensando en recibir recompensa, sino solo por amor.

¡Es maravilloso servir a Jesús!

 

 

Para imprimir: Jesus y el zapatero Martin   Jesus y el zapatero Martin color

Para colorear: El zapatero  Póster: Mateo 25_40  Actividad: Por amor a Jesús

Láminas: Jesus y Martin CO     Jesus y Martin GR     Jesus y Martin BN

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Nuevos zapatos para Pepe

PepePepe tenía un par de zapatos muy gastados. Le daba vergüenza ir a la escuela con zapatos tan viejos; pero sus padres no tenían dinero para comprarle un nuevo par. ¿Sabes qué hicieron? Confiaron en nuestro buen Dios y Padre celestial.

 

Un día Pepe le preguntó a su mamá si le podía comprar nuevos zapatos. Los que tenía estaban tan viejos y gastados que le daba vergüenza ir a la escuela.

La mamá miró los zapatos con tristeza. Realmente estaban muy gastados, y con gusto le hubiera comprado nuevos zapatos; pero no tenía dinero suficiente.

–Pepe, me parece que te pueden durar un poco más estos zapatos –le dijo–. El dinero que tengo sólo alcanza para comprar los alimentos que necesitamos. Por favor, hijo, no me pidas zapatos.

LAS LÁGRIMAS DE PEPE

Pepe no podía comprender por qué sus padres no podían comprarle zapatos. Se puso a llorar amargamente.

Su mamá se puso muy triste al verlo llorar.

–No llores, Pepe –le dijo–. Papá y yo no podemos comparte los zapatos; pero se los vamos a pedir a Dios. Él nunca nos abandona.

Sin perder tiempo se arrodillaron junto a la cama y pidieron a Dios un par de nuevos zapatos para Pepe.

DIOS OYE LA ORACIÓN

Con la seguridad de que Dios iba a contestar la oración, la mamá de Pepe fue a hacer las compras. En la tienda donde fue a comprar, el dueño le dijo:

–¿Ha tenido usted buena suerte hoy, señora? Parece estar muy contenta.

–De ninguna manera –contestó ella–. Al contrario, el tiempo es malo. Estoy contenta porque sé que Dios nos ayuda.

–Sí, eso es bueno; pero hay mucha gente que siempre se queja. ¿Qué la alegra hoy?

–Como le dije, Dios nos ayuda. Estoy contenta porque sé que Dios ha escuchado la oración que le hicimos mi hijo y yo.

Pepe y zapatosUN PAR DE ZAPATOS

Cuando la mamá de Pepe terminó de hacer sus compras, el dueño de la tienda le dijo:

–Tengo un par de zapatos casi nuevos que mi hijo Alfredo no puede usar. Creo que él es un poco más grande que su hijo Pepe. Si me permite, se los daré.

¡Qué feliz se sintió la mamá de Pepe! Le contó al buen hombre que ese día ella y Pepe habían pedido a Dios un par de zapatos.

DIOS ES UN PADRE AMOROSO

Una y otra vez el dueño de la tienda repetía: «¡Es verdad que Dios cuida de sus hijos!»

Después de agradecer al dueño de la tienda por los zapatos, la mamá de Pepe volvió a casa. Se imaginaba la cara feliz que iba a poner su hijo. ¡Una vez más Dios les había mostrado su amor!

¿QUÉ PIENSAS?

En tu opinión, ¿quién crees que se alegró más?

  • (1) El hombre que Dios usó para contestar la oración de Pepe y su mamá;
  • (2) la mamá de Pepe;
  • (3) Pepe, al ponerse los nuevos zapatos.

DIOS CUIDA DE TI

¿Tienes una necesidad? Dios es tu Padre y Él cuida de ti. No siempre la respuesta a nuestras oraciones llega tan rápido como con Pepe; pero Dios nunca falla. De distintas maneras nos muestra su amor. Confía en Él de todo corazón.

1 Pedro 5 7

Para imprimir: 301 Nuevos zapatos para Pepe    Nuevos zapatos para Pepe color

Hoja para colorear: Dios cuida de mi  Actividad: Dios cuida de ti Actividad

Póster: Poster 1 Pedro 5_7

 

 

Benjamín Franklin y el silbato

benjamin co 2Benjamín Franklin llevaba siempre un silbato en el bolsillo. El silbato estaba gastado por el uso; pero no quería cambiarlo por otro. Ese silbato le recordaba que debía ser prudente. Nunca se había olvidado la lección que aprendió de niño, cuando cumplió siete años.

El día de su cumpleaños, sus parientes y amigos le llenaron los bolsillos con monedas de cobre. Lo primero que hizo fue correr a la tienda para ver qué cosas podía comprar.

LA COMPRA DEL SILBATO

Camino a la tienda se encontró con un niño que tenía un silbato en la mano. De vez en cuando lo llevaba a la boca y producía unos sonidos muy agudos.

–Te doy todas mis monedas de cobre si me das el silbato –le dijo Benjamín.

–Trato hecho –le respondió el niño, que tomó las monedas y le dio el silbato.

Muy satisfecho por su compra Benjamín fue a la casa, silbando con su pequeño instrumento. Se sentía feliz por su compra, creyéndose un muy buen músico.

CUATRO VECES MÁS

–¿Cuánto te costó ese silbato? –le preguntaron sus hermanos y sus primos.

–Lo compré con mis monedas de cobre –dijo Benjamín.

Cuando él les contó que el silbato le había costado todas sus monedas, lo miraron sorprendidos.

–Has pagado por lo menos cuatro veces más del valor del silbato –le dijo su hermano mayor–. ¿Quién te lo vendió?

–Un niño en la calle –respondió Benjamín.

Como no conocía al niño que le había vendido el silbato, no había nada que hacer; el negocio ya estaba hecho.

Triste y desanimado, Benjamín fue a sentarse a un rincón para estar solo. Se puso a pensar en todas las cosas que habría podido comprar con el dinero que gastó en el silbato.

–Malgasté mi dinero –dijo, arrepentido–. ¡Qué mal negocio hice!

UNA GRAN LECCIÓN

Sus hermanos y sus primos se rieron de él hasta hacerlo llorar. El cumpleaños que había comenzado bien, terminó muy mal. Pero Benjamín aprendió una lección que le sirvió toda su vida. ¡Nunca hay que pagar demasiado dinero por un silbato ni por ninguna otra cosa!

Benjamín fue uno de los Padres Fundadores de los Estados Unidos de América. Han pasado trescientos años desde que hizo el mal negocio. Lo que aprendió por la mala experiencia del silbato le ayudó a ser un hombre sabio y prudente. Pensaba antes de actuar. En vez de malgastar su dinero, lo ahorraba. Usaba bien su tiempo y cuidaba de su salud.

Benjamín Franklin fue científico e inventor. Uno de sus inventos fue el pararrayos. Busca su nombre en internet si te interesa leer acerca de su vida y sus otros inventos.

CULTIVÓ TRECE VIRTUDES

A los veinte años de edad hizo una lista de trece virtudes que buscó cultivar, entre ellas diligencia: ocuparse siempre en algo útil; justicia: no lastimar a nadie; orden: mantener todo en su sitio; humildad: imitar a Jesús y a Sócrates.

La más grande de las virtudes es seguir lo que nos aconseja el sabio rey Salomón: «No seas sabio en tu propia opinión. Teme al SEÑOR y huye del mal.»

También nos dice: «Confía en el SEÑOR de todo corazón, y no en tu propia inteligencia» (Proverbios 3:5).

Temer a Dios no significa tenerle miedo; más bien, quiere decir respetar y honrar al Señor. Confiar en Dios te hará fuerte en cuerpo, alma y espíritu.

SÉ PRUDENTE

Pide a Dios que te ayude a ser prudente y sensato; un niño o una niña que sepa distinguir entre lo bueno y lo malo. Si recibes algún dinero, no lo malgastes en algo que te impresiona, pero que sólo usarás un momento.

Nunca des todo tu dinero ni todo tu tiempo por un simple «silbato».

Proverbs 3_7

Para imprimir: 295 Benjamin Franklin y el silbato

Para colorear: 295 Benjamin

Actividad: 295 Teme al Senor

Nancy y su alcancía

Nancy alcancia co2

Manuel, Perico, Pocha, Ester, Felicia, Nancy, Carlos, Paco y Patricia eran hermanos. ¡Nueve felices niños!

Ahora bien, Manuel y Perico ya no se consideraban niños, pues estudiaban en la escuela secundaria; pero al tratarse de algún juego divertido, ¡allí estaban ellos también!

Cada sábado por la tarde se reunían para realizar la «Hora de la Familia». Cantaban, conversaban y jugaban; en fin, hacían cualquier cosa divertida para todos.

Paco y Patricia eran muy pequeños para comprender bien los juegos, pero se gozaban al estar juntos con todos sus hermanos.

LA BILLETERA DE PAPÁ

Lo más emocionante, era cuando papá sacaba su billetera del bolsillo y les repartía monedas a cada uno. Manuel y Perico recibían un poco más que los otros hermanos, ya que eran los mayores. ¡Ah, se me olvidó contarte que eran gemelos!

Apenas recibía sus monedas, Pocha iba corriendo a la tienda de don Eusebio y gastaba casi todo el dinero en goma de mascar. Compraba varios chicles de globo y los metía todos a la boca de una vez; luego los hacía durar toda la semana para hacer globos.

Ester y Felicia gastaban su dinero en revistas con historietas. Carlos, el más travieso de todos los hermanos, siempre compraba caramelos y chocolates. Ya tenía sus dientes picados por comer tantos dulces.

Nancy alcancia coUN CHANCHITO GORDO

Nancy era la más cariñosa de todos los hermanos y la gente decía que tenía un corazón de oro. Era también la única que sabía ahorrar.

Cuando Nancy recibía sus monedas las ponía en su chanchito, que cada semana se ponía más gordo. Su plan era ahorrar suficiente dinero para comprarse una linda muñeca.

Sus hermanos se burlaban de ella y el chanchito. Pero Nancy no les hacía caso. Ella se sentía feliz al ahorrar su dinero.

MUERTE DEL CHANCHITO

Cuando llegó el tiempo de Navidad, Nancy «mató» a su chanchito. Ya estaba tan gordo que parecía que iba a reventar. Las monedas y los billetes rodaron por el suelo y le llevó un buen rato contar todo el dinero que había ahorrado.

Nancy alcancia co1Lo primero que hizo Nancy fue apartar el diezmo. Dios nos enseña en su Palabra, la Santa Biblia, que apartemos diez por ciento de nuestros ingresos para su obra. Nancy pidió a su mamá que le ayudara a calcular cuánto era el diezmo. Lo puso en un sobre que luego llevaría a la iglesia. ¡Qué felicidad sintió en su corazón!

LA MUÑECA

Nancy tomó prestado el monedero de su mamá y puso allí el resto del dinero; luego pidió permiso para ir la tienda de juguetes. Invitó a Pocha para que la acompañara. Allí compró la muñeca más linda, la que había estado esperando todo el año para comprar.

EL DINERO QUE SOBRÓ

Después de pagar la muñeca, le sobró algo de dinero. ¿Qué crees que hizo? Compró refrescos, galletas y chocolates, pero no para ella misma.

Cuando llegó a su casa guardó la muñeca y fue a visitar a una cieguita que vivía cerca de su escuela. Con ella compartió los refrescos y las galletas. Los chocolates se los dio a Paco y Patricia y a unos amigos que jugaban con ellos.

¿QUIÉN GOZÓ MÁS?

¿Cuál de los hermanos gozó más de las monedas que les daba el papá? ¿Pocha, que mascaba chicles toda la semana? ¿Las niñas que compraban revistas con historietas? ¿Carlos, que compraba caramelos y chocolates?

Creo que fue Nancy. Gracias a sus ahorros pudo comprarse algo bonito en Navidad.

¿SABES AHORRAR?

¿Y tú? ¿Qué haces con las monedas que recibes? ¿Gastas todo en caramelos o has aprendido a ahorrar?

¿Sabías que la Biblia habla de los ahorros? La Biblia dice que quien ahorra, poco a poco se enriquece. ¿Qué te parece si para el año que viene haces un plan de ahorros?

¿Hay algo que te gustaría comprar? Decide que en vez de gastar tu dinero en caramelos lo ahorrarás. No solo vas a poder comprarte algo de valor sino que cuidarás también tus dientes para que no se caríen. Tus padres te van a agradecer eso.

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Para imprimir la historia: 252 Nancy y su alcancia color

Para colorear: 252 Nancy

 

 

La niña sin sonrisa

Patricia, ven a almorzar –llamó la mamá desde la cocina.

–No quiero –contestó Patricia–. Estoy ocupada.

Pero cuando oyó los pasos de su papá, no se atrevió a desobedecer. Con cara larga y ojos enojados fue a sentarse a la mesa.

Dad gracias colorNO QUERÍA SONREÍR

–¡Qué cara fea y triste es esa! –le dijo su papá–. Danos una sonrisa, por favor.

–No me gusta sonreír –respondió Patricia.

Cuando pidieron la bendición por los alimentos, ella cerró la boca y no dijo nada. Después de la oración, se quejó:

–No me gusta pescado frito; quiero comer pollo.

–Te gustará el pescado cuando lo pruebes –le dijo su mamá.

–¿Por qué tenemos que comer pescado con arroz? Yo tengo antojo para comer papas fritas.

–El arroz te hace bien –le respondió su mamá con paciencia.

JESÚS MIRA EL CORAZÓN

–¿Qué aprendiste hoy en la escuela dominical? –le preguntó su papá, para cambiar el tema de conversación.

Al escuchar la pregunta, Patricia sonrió un poco, ya que le gustaba mucho ir a la escuela dominical.

–Aprendimos que Jesús mira nuestro corazón. La profesora dijo que tratemos de hacer lo que alegra a Jesucristo.

El papá sonrió y asintió con la cabeza. Luego dijo:

–Está muy bueno lo que dijo tu profesora. Patricia, ¿estás alegrando a Jesús con esa cara sin sonrisa?

SE SINTIÓ AVERGONZADA

Patricia pensó por unos momentos y luego respondió:

–Creo que no. Mi corazón y mi cara están enojados y eso no agrada al Señor.

Patricia siguió pensando, y se puso más triste todavía. Sintió vergüenza de haberse portado mal.

–¿Qué puedo hacer? –preguntó a su papá.

–Pídele al Señor que te perdone. También debes pedirle perdón a tu mamá. Ella preparó la comida con mucho amor.

«Perdóname, Señor Jesús», oró Patricia.

Después de pedir perdón al Señor ella pidió perdón a su mamá, y comió todo el arroz y todo el pescado. ¡Y le gustó!

Como postre recibió una linda y dulce manzana. ¡Qué rico!

Dad gracias color 2QUERÍA SER BUENA

A la hora del té, su mamá la volvió a llamar. De nuevo el corazón de Patricia quiso decir: «NO QUIERO».

Pero en ese momento recordó que un corazón enojado y desobediente no agrada a Jesús.

«Señor Jesús –pidió Patricia–. Ayúdame a ser obediente.»

Patricia corrió a sentarse a la mesa. Su papá la felicitó por llegar rápido y por poner una sonrisa en sus labios.

–Creo que mi niña está aprendiendo a ser obediente –dijo el papá.

–Sí, papá, estoy tratando de portarme bien, pero no es fácil. No me gusta tener cara larga; quiero sonreír.

LA VOLUNTAD DE DIOS

Esa noche, Patricia pensó en otra cosa que había aprendido en la escuela dominical, de que es la voluntad de Dios que seamos agradecidos. Se sintió avergonzada por haberse quejado de la comida. Ella sabía que hay muchos niños que se duermen con el estómago vacío.

Patricia dio gracias a Dios por tener un hogar, y por su mamá que cocinaba con mucho amor para su familia. Esa noche se durmió con una gran sonrisa en sus labios. Se sentía contenta por haber sido obediente.

UN CORAZÓN AGRADECIDO

¿Qué quisieras que Jesús vea en tu corazón? Si tienes un corazón malagradecido y desobediente, haz como Patricia; pídele perdón al Señor. Puedes pedirle también que te ayude a ser agradecido y obediente.

Tus padres trabajan duro para proveerte lo que necesitas. Ellos hacen lo mejor por darte comida, ropa y vivienda. Muéstrales tu amor con agradecimiento y obediencia.

Es la voluntad de Dios que seamos agradecidos. Con una sonrisa, sé obediente y da gracias a Dios en todo.

249 Poster 1 Tes 5_18

Para imprimir la historia: 249 La nina sin sonrisa color

Para colorear: 249 Patricia

 

Las dos Tabitas

Tabita iba cantando alegre mente camino a casa de Berta para llevarla a la escuela dominical. La maestra les había prometido una sorpresa y Tabita no quería perdérsela.

Rin, rin, rin, sonó el timbre en casa de Berta y ella corrió a abrir la puerta. Tenía las manos llenas de detergente y la cara roja por el calor de la cocina. Con el delantal de su mamá parecía una perfecta ama de casa. Una ama de casa en miniatura, por supuesto.

Tabita había llegado temprano para ir con su amiga a la iglesia. Era un domingo importante, ya que la maestra había prometido una sorpresa a todos los que llegaran a la hora. Algunos niños tenían la mala costumbre de llegar tarde.

–Berta –dijo Tabita sorprendida, al ver que su amiga no estaba lista–, ya es hora que vayamos a la iglesia. No debemos llegar tarde. Quiero saber cuál es la sorpresa.

–Lo siento, Tabita. Hoy no podré ir. Mamá ha ido a visitar a una vecina enferma. Me ha dejado con los platos sucios del desayuno. Creo que me voy a pasar toda la mañana lavando platos. Vete sola y saluda a las chicas y a la maestra.

TABITA AYUDA A SU AMIGA

Pero Tabita no era la clase de niña que deja a una amiga plantada. Sin pensarlo dos veces pidió un secador y se lo puso como delantal. Luego metió las manos en el lavatorio que rebalsaba de platos sucios y de detergente.

–Mira, chiquilla –dijo alegremente–, no puedo dejarte sola con todo esto. Si lo hacemos entre las dos, podemos llegar a la iglesia, aunque sea un poco tarde. Papá siempre dice que es mejor tarde que nunca.

Tabitas color

Entre risas y cantos terminaron de lavar los platos sucios, los secaron, y los pusieron en el armario. También barrieron el piso y pelaron las papas para el almuerzo. Sería una grata sorpresa para la mamá de Berta cuando volviera de su visista a la vecina que estaba enferma.

¡Qué alegría sentían Berta y Tabita por estar ayudando!

LLEGARON TARDE

Después las niñas fueron a la iglesia, pero llegaron muy tarde. Tabita se sintió avergonzada porque nunca antes había llegado tarde.

–Siento mucho que hayan llegado tarde –dijo la maestra–. Perdieron la sorpresa y la linda lección de hoy. Tabita, hemos hablado de tu tocaya.

–¡Mi tocaya! –exclamó Tabita–. Yo no sabía que en la Biblia tuviera una tocaya.

UNA MUJER BONDADOSA

–Sí, y fue una mujer muy bondadosa. Ella cosía hermosos vestidos para las viudas y sus hijos. Pero un día sucedió algo muy triste. Tabita murió. ¡Cómo lloraban sus amigas! Se sintieron tan angustiadas que mandaron llamar a Pedro, el siervo de Dios. Por medio de él, Dios hizo el gran milagro de resucitarla. ¡Tabita volvió a vivir!

DOS TABITAS PARECIDAS

–Maestra –dijo Berta–. Creo que nuestra Tabita y la de la Biblia se parecen. Yo no iba a venir hoy porque tenía que hacer varias cosas para ayudar a mi mamá. Cuando Tabita pasó para recogerme, ella se quedó, y me ayudó a terminar pronto los quehaceres. Por eso llegamos tarde.

–¡Qué bueno! –sonrió la maestra–. Necesitamos más «Tabitas». Sería hermoso si todos fuera como Tabita. Ella ha sido buena con Berta y Berta ha sido buena con su mamá. Por eso les diré a ustedes también la sorpresa. Todos mis alumnos están invitados a tomar un té en mi casa el sábado.

–Gracias, muchas gracias –exclamaron las niñas.

¡Ambas se sentían muy felices de haber ayudado!

SÉ SERVICIAL

¿Sabes ayudar? La Tabita de la Biblia se esmeraba en hacer buenas obras. Tú también puedes ser servicial. Comienza en tu casa con ayudar a tus padres y también a tus hermanos. Es muy hermoso ver niños que saben ayudar.

Hechos 9_36

Para imprimir la historia: 248 Las dos Tabitas color

Una mujer bondadosa: DORCAS PPT

Láminas para colorear: Dorcas laminas bn

Láminas en color: Dorcas laminas color

Maritza y el hombre del teléfono

Maritza iba saltando y cantando por el camino. Era como si tenía en su corazón una maquinita de gozo. ¡Estaba súper feliz! ¿Qué había pasado? ¿Por qué estaba tan contenta?

En la ciudad donde vivía Maritza se llevaba a cabo una gran campaña evangélica y casi toda la ciudad se había puesto en movimiento para escuchar la música y la predicación.

Por radio y televisión pasaban anuncios acerca de las reuniones y los jóvenes de la iglesia repartían volantes para invitar a la gente. La entrada era libre y el coliseo donde se hacían las reuniones se llenaba cada noche.

MARITZA Y LA CAMPAÑA

Maritza también fue a las reuniones y encontró allí una gran felicidad. ¿Qué pasó? Ella recibió a Cristo en su corazón. Quería contar a todos acerca del amor de Dios.

Al subir con sus padres al ómnibus que los llevaría a casa, decidió sentarse en el asiento del fondo y hablarle de Cristo a la persona que se sentara a su lado. Pero había pocos pasajeros y nadie se sentó junto a Maritza.

¡Qué tristeza sintió nuestra amiguita! Ella tenía muchos deseo de contar a otros acerca de su nueva felicidad. ¿Cómo podría hacerlo?

MaritzaUN NÚMERO INVENTADO

Al llegar a casa Maritza tuvo una idea. Fue al teléfono y marcó un número inventado, las cifras 304 8765.

Rín… rín… rín… hasta diez veces dejó sonar el aparato. Pensó que nadie había en casa; pero al fin alguien contestó.

«¿Quién molesta?» preguntó una voz de hombre en tono enojado.

Maritza se asustó y no supo qué decir. Sólo se le ocurrió cantar un coro que había aprendido en la campaña. Con voz dulce y suave entonó:

         Jesús es mi Salvador. ¡Qué feliz estoy!

         Jesús es mi Salvador. Feliz al cielo voy.

         Para ti también es el amor del Señor.

         Jesús quiere ser hoy y siempre tu Salvador.

hombre telefono co«CANTA DE NUEVO»

Cuando Maritza terminó de cantar, el hombre del teléfono le pidió que volviera a entonar la canción, para que su esposa también la escuchara.

Nuevamente Maritza cantó ese lindo coro. Luego invitó al hombre y a su esposa a la campaña. Les dijo dónde los esperaría y qué ropa llevaría puesta, para que la pudieran reconocer.

La noche siguiente, el hombre del teléfono y su esposa fueron a la campaña. Maritza los saludó con una gran sonrisa. Noche tras noche sus invitados asistieron a las reuniones. Escucharon atentamente el mensaje del evangelio y recibieron a Cristo como su Señor y Salvador.

YA NO QUERÍAN VIVIR

El hombre del teléfono le contó a Maritza lo que él y su esposa habían pensado hacer la noche cuando ella llamó por teléfono. Tenían serios problemas y ya no tenían ganas de vivir. Pensaban que nadie podría ayudarlos a solucionar sus dificultades. «Es mejor morir que vivir», le había dicho el hombre a su esposa.

Fue en ese momento que Maritza marcó el número que había inventado y cantó para ellos el coro acerca de Jesús. «Tal vez Dios nos pueda ayudar», dijeron ellos. Cuando Maritza los invitó a la campaña decidieron asistir.

LAS COSAS CAMBIARON

Desde esa noche las cosas cambiaron. El gozo de Cristo los llenó y deseaban contarles a otros acerca de su felicidad.

La señora agradeció a Maritza y le dio un fuerte abrazo.

–No me agradezca a mí –dijo Maritza–. Demos gracias al Señor Jesús.

–Sí, demos gracias a Jesús –dijo el hombre del teléfono.

¡Y eso hicieron!

TÚ TAMBIÉN PUEDES TESTIFICAR

¡Qué bueno es contar a otros acerca del Señor Jesús!
Tú también puedes hacerlo. Jesús prometió darnos el poder del Espíritu Santo para que seamos testigos de su amor. Lee Hechos 1:8 y medita en la promesa de Jesús.

hechos 1_8

Para imprimir la historia: 245 Maritza y el hombre del telefono color

Para colorear: 245 Maritza

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