El fuego que lamió el agua

Pimienta no dejaba de hablar del fuego que no quemó a los amigos de Daniel. «No lo puedo creer –repetía una y otra vez–. Parece imposible.»

En la próxima reunión del club Pimienta siguió con sus dudas. Doña Beatriz le explicó que Dios, que ha hecho todas las maravillas de nuestro mundo, puede hacer cualquier cosa. Él controla la naturaleza.

–La semana pasada les conté del horno de fuego que no quemó a los valientes amigos de Daniel –dijo la buena vecina–. Sadrac, Mesac y Abed-nego honraron el mandamiento de no adorar imágenes sino honrar solo a Dios. ¡Jesús mismo estuvo con ellos en el horno!

La historia que doña Beatriz pasó a contarles tuvo la cabecita de Pimienta dando vueltas. El fuego que no quemó a los amigos era una cosa; pero que el fuego lamiera el agua… ¡totalmente imposible! Sigue leyendo y verás.

ELÍAS Y LOS PROFETAS DE BAAL

Elías fue un gran profeta de Dios. Un profeta es alguien que habla en nombre de Dios. Uno de los mandamientos es que no tengamos dioses ajenos, que no nos hagamos imágenes. El rey Acab y su malvada esposa Jezabel adoraban al dios falso Baal y llevaron al pueblo a pecar contra Dios.

Elías estaba muy triste porque el pueblo se había alejado de Dios. Quiso mostrar al pueblo que Jehová es Dios y dijo al rey que reuniera al pueblo de Israel en el monte Carmelo; también a los casi mil falsos profetas de Baal y de Asera.

–¿Por cuánto tiempo van a estar cambiando de dios? –dijo Elías–. Tienen que decidirse por el Dios de Israel o por Baal. Si Baal es el verdadero dios, síganlo a él. Yo les voy a mostrar que ese dios Baal es falso.

Luego Elías dijo que harían dos altares para quemar bueyes como sacrificio. Pero no prenderían fuego a los bueyes.

–Ustedes pidan fuego a su dios –dijo Elías a los profetas de Baal–. Yo pediré a Jehová Dios que mande fuego. Si Baal manda fuego, él es dios. Si mi Dios manda fuego del cielo, sabremos que él es el Dios verdadero y a Él serviremos.

Todo el día los profetas de Baal gritaron a su dios: «¡Fuego, fuego! ¡Mándanos fuego, por favor!»

¡Pero no pasó nada!

Elías se burlaba de ellos, y les decía: «¡Griten más fuerte! A lo mejor su dios está meditando, o salió de viaje. ¡Tal vez está dormido y tienen que despertarlo!»

Los profetas de Baal gritaban fuerte. Se cortaban con cuchillos hasta que les salía sangre; pero no pasó nada.

EL DIOS QUE MANDÓ FUEGO

A la tarde, Elías preparó un altar con piedras y leña. Puso encima el buey y echó agua sobre todo, tres veces. No se puede prender fuego a leña mojada, ¡pero Dios sí puede hacerlo! Elías quería mostrar lo poderoso que es nuestro Dios. Se arrodilló tranquilamente, y oró:

–¡Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob! Te pido que muestres a todos que tú eres el Dios de Israel y que yo soy tu siervo. Contéstame, Señor; contéstame para que este pueblo sepa que tú eres Dios.

¿Qué pasó? De repente, cayó fuego del cielo. El altar de piedras, la leña, el buey y el agua se quemaron. No quedó nada. Solo un inmenso hueco. ¡Ni siquiera quedó agua!

Cuando la gente vio esto, todos gritaron: «¡Jehová es Dios!»

DIOS HACE LO IMPOSIBLE

–¡iMPOSIBLE! No puede ser –gritó Pimienta–. ¿Cómo el fuego puede lamer el agua? ¡Con agua se apaga el fuego!

–Jehová es el Dios de lo imposible –respondió doña Beatriz con mucha paciencia–. Aquí en el club aprenderás todas las cosas admirables que Dios hace.

Tres años antes de este encuentro en el monte Carmelo Elías había dicho que no llovería, sino por su palabra. Era un castigo porque el rey Acab y la reina Jezabel en vez de servir a Dios adoraban a Baal, y toda la gente seguía su mal ejemplo. Acab hizo más maldad que todos los otros reyes.

¿Crees que volvió a llover? Los animales y la gente, todos tenían sed. ¡Lluvia, lluvia! Necesitaban lluvia…

Elías había orado que no lloviera. ¡Ahora oraría por lluvia!

En MIS PERLITAS están todos los lindos materiales que acompañan a esta historia.

Un accidente milagroso

Anita era una niña de grandes y hermosos ojos negros; ojos llenos de vida a los que nada se escapaba. En todas partes, y donde pasaba algo sensacional, allí estaba Anita.

Sus padres y hermanos mayores la habían apodado «Anita, la traviesa». Su papá decía que era una equivocación que fuera niña; debía haber sido hombrecito.

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UNA NIÑA FELIZ

Anita era Anita y nadie podía cambiar eso. Es cierto que era un poco traviesa, pero tenía un corazón de oro. Siempre obedecía cuando su mamá le pedía algún favor. Para decirlo en pocas palabras, Anita era una niña feliz.

Un día pasó algo que Anita nunca olvidará. Ella había estado jugando con su amiga Elisabet. Camino a casa se encontró con su papá, que le dijo:

–Hijita, por favor ve con esta receta a la farmacia. Tu mamá ha enfermado y acaba de verla el médico. Necesita esta medicina.

–¿Qué? ¿Mamá está enferma?

Anita no podía comprenderlo. Estaba acostumbrada a ver sana a su mamá. Muy triste fue a la farmacia.

–No te demores, hijita –le pidió su papá–. ¡Corre!

perlita-358-bMEDICINA PARA LA MAMÁ

Anita sabía correr y no demoró mucho en llegar a la farmacia. Entregó la receta a don Eusebio y a cambio recibió un frasco de medicina. Lo pagó, y salió corriendo para llegar pronto a casa.

perlita-358-d-coCasi había llegado cuando pasó algo. Anita no recuerda cómo, pero se tropezó y cayó. El frasco de medicina voló de su mano, cayó contra una piedra, y todo el contenido se derramó.

¡Pobre Anita! No pudo contener las lágrimas. Al caer se había golpeado la espalda y se había hecho heridas en las rodillas. Pero eso no era lo peor. Lo que más le dolía era haber derramado la medicina que llevaba para su mamá.

VENENO, NO MEDICINA

Llorando regresó a la farmacia para pedir otro frasco. Entre sollozos, y mientras las lágrimas corrían por sus mejillas, le contó a don Eusebio lo que había pasado.

–¡Gracias a Dios! –exclamó el buen hombre.

Anita lo miró sorprendida. ¿Cómo era que don Eusebio daba gracias a Dios por el accidente?

anitaUn poco después de que Anita había salido con el frasco de medicina, don Eusebio se dio cuenta de que se había equivocado de frasco.

La medicina que la mamá de Anita necesitaba aun estaba sobre el mostrador. Lo que la niña estaba llevando a casa, ¡era veneno!

DIOS HIZO UN MILAGRO

Don Eusebio amaba a Jesucristo. Él sabía que podemos orar en cualquier circunstancia y recibir respuesta. De inmediato se había puesto de rodillas y había pedido a Dios que haga algo para que Anita no llegue a casa con el veneno.

¡Qué feliz estaba don Eusebio! Con mucho cariño limpió las heridas de Anita antes de que ella regresara a su casa; pero esta vez con la medicina que su mamá necesitaba.

Muy cansada, pero contenta, Anita llegó con la medicina. Tenía sucia la ropa y la cara pero las heridas estaban limpias. En la mano llevaba un frasco de medicina, ¡y no veneno!

Una y otra vez Anita tuvo que contar a todos acerca del accidente milagroso, porque realmente fue un accidente milagroso.

DIOS VELA POR TI

¿Verdad que es maravilloso cómo Dios contestó la oración de don Eusebio, para que Anita no llegara a casa con veneno en vez de medicina?

Anita se preocupó cuando tuvo el accidente; pero no sabía que era una bendición de Dios. A veces las cosas negativas pueden ser algo positivo.

Dios te ama y vela por ti. Así como ayudó a Anita y a don Eusebio, puede ayudarte a ti. ¡Confía siempre en Él!

rom-8_28En MIS PERLITAS están las hojas que acompañan a esta historia.

Cuando las ratas desaparecieron

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Mi madre fue una mujer valiente. A los seis años de edad le preguntaron qué quería ser cuando sea grande. «Quiero ser estrella de cine o misionera», dijo ella.

Cuando tenía ocho años, murió su papá por un problema del corazón. Ella tenía un hermano mayor y una hermana menor. Para mi abuela fue muy difícil mantener a la familia, así que cuando Mamá cumplió doce años tuvo que dejar sus estudios para trabajar y ayudar a su madre con el mantenimiento de la familia.

NO FUE ESTRELLA DE CINE

Mamá no llegó a ser estrella de cine, porque el plan de Dios para su vida era que sea misionera.

Misionero es alguien que viaja a otro lugar o país para predicar el evangelio. Dios llamó a mis padres para que vayan a Chile, ese país largo y angosto de Sudamérica. Otro día te voy a contar cómo mis padres se conocieron y se casaron.

Para Mamá fue un gran sacrificio viajar a Chile porque tuvo que dejar a su madre. Para mi abuela también fue muy difícil. Mi madre era su gran apoyo, y ninguna de las dos sabía si alguna vez más volverían a verse.

UN VIAJE MUY LARGO

Suecia, donde vivía mi mamá, queda en el norte de Europa y Chile está en el sur de las Américas. El viaje iba a ser de un mes en barco hasta Buenos Aires, Argentina, y de allí tendrían que viajar en tren a Chile. ¡Qué viaje largo y pesado!

Photos 01.qxdCuando viajé con mis padres a Chile en 1948

Yo era una niñita de dos años y mi abuela no iba a verme crecer. Tampoco iba a ver a mi hermanita que pronto nacería. ¿Sabes qué? Ningún sacrificio que hagamos se compara con el sacrificio de amor que hizo Jesús al venir a la tierra para ser nuestro Salvador. Él dejó la gloria del cielo y vino a vivir entre los hombres, para morir en la cruz. Gracias al amor de Jesús por nosotros podemos recibir el perdón de pecados, si se lo pedimos.

COMPAÑÍA EN EL PRIMER HOGAR

Ahora te voy a contar lo que pasó en su primer hogar en el sur de Chile, en Traiguén. Mis padres alquilaron dos habitaciones en un caserón donde vivían muchas familias. ¿Adivina quiénes más vivían allí? ¡Ratas!

Mamá se fue acostumbrando bastante bien a todas las cosas que eran nuevas y extrañas para ella; pero ¿acostumbrarse a las ratas? ¡No, eso era imposible! La compañía que tenían en su casa no eran ratoncitos sino ratas grandes y gordas.

El caserón donde vivían era de madera, con tablas por dentro y por fuera. En las noches las ratas subían y bajaban dentro de las paredes y encima del cielo raso. Debajo de la casa se juntaba agua en la época de lluvia y allí se zambullían las ratas.

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Mamá estaba muy preocupada por mí y mi hermanita. Casi no dormía en las noches porque tenía miedo de que las ratas nos mordieran. A un amigo misionero le habían mordido el labio.

GRANDES RATAS LADRONAS

Un día, cuando Mamá estaba sentada escribiendo una carta a mi abuela, ¿quién crees que la estaba observando? ¡Una rata la miraba por un hueco en la pared!

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Las ratas eran ladronas. Mamá me había regalado un reloj de pulsera que se le había malogrado; pero un día desapareció. ¿Quiénes lo habían robado? ¡Las ratas!

Después de un terremoto, cuando tuvieron que arreglar las tejas del techo, uno de los obreros encontró el reloj. Estaba envuelto en unos papeles. Las ratas lo habían llevado allí.

El problema se hacía peor cada día. Una noche, cuando las ratas estaban de fiesta y Mamá no podía dormir, recordó lo que un hermano de su iglesia en Suecia le había contado. Él y su esposa tenían invasión de cucarachas en su casa, a veces hasta en la tetera. En ese tiempo no había insecticidas para rociar contra los bichos y ellos estaban desesperados por la situación. Entonces oraron a Dios, ¡y las cucarachas desaparecieron!

DIOS OYE LA ORACIÓN

Así como Dios quitó las cucarachas podría hacer desaparecer las ratas, pensó Mamá. Inmediatamente despertó a Papá y le dijo que le ayudara a orar. Era medianoche y él estaba soñoliento. «Si tienes fe, ora tú», le dijo, y siguió durmiendo.

La fe de Mamá había crecido, y entre lágrimas clamó a Dios, pidiendo su ayuda. Cuando terminó de orar había silencio profundo. ¡Dios había hecho desaparecer a las ratas! ¡Nunca más les molestaron! Y desde esa noche Mamá durmió tranquila.

¿Adónde se fueron? Los vecinos después se quejaron de que tenían el doble de ratas. Eso era porque una joven misionera tuvo fe en su grande y poderoso Dios, que respondió a su oración.

¿Tienes algo que te preocupa? ¡ORA! Nunca dudes del poder de Dios para responder a tu oración y hacer milagros.

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Para imprimir la historia y tener más materiales, visita Mis Perlitas.

La sombra que retrocedió

Ezequías fue un gran rey. Leemos en la Biblia que ni antes ni después hubo en Judá otro rey como él. Fue fiel al Señor, y obedeció los mandamientos que Dios dio a Moisés.

En los tiempos de Ezequías las ciudades estaban rodeadas de muros. Una vez los enemigos rodearon a la ciudad de Jerusalén, la capital del reino. Nadie podía salir al campo en busca de agua y comida. Los niños lloraban porque tenían hambre y sed. Los padres no sabían cómo consolarlos.

Los enemigos, con sus armas, se burlaban de Dios y del rey. Senaquerib, el rey enemigo, mandó una carta a Ezequías, diciendo:

Vengo con mi ejército para vencerlos a todos. No pienses que tu Dios te va a ayudar. Yo he conquistado a muchos pueblos y ninguno de sus dioses ha podido defenderlos. ¡Prepárate para una gran derrota!

Ezequías tembló de miedo… sí, seguramente, pero a la vez sabía algo que Senaquerib no conocía: que no hay rey en el mundo que sea más poderoso que nuestro Dios.

¿Qué crees que hizo el rey cuando recibió la carta? Lo que siempre acostumbraba hacer. ¡Fue al templo para orar! Se arrodilló con la carta delante de él y dijo:

Amado Señor, sólo tú eres Dios de todos los reinos de la tierra. Por favor, lee esta carta y date cuenta de todas las cosas feas que dice Senaquerib. Sálvanos, para que todos los reinos de la tierra sepan que tú eres Dios.

Ezequías oró con fervor, pensando en los niños que se morían de hambre y en los padres que no sabían qué hacer.

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BUENAS NOTICIAS

Al poco tiempo, Isaías, el profeta de Dios y amigo del rey, mandó a dar buenas noticias a Ezequías.

«Vas a recibir lo que has pedido a Dios –era el mensaje–. Senaquerib no entrará a Jerusalén. No disparará ni una sola flecha ni construirá plataformas para subir por las murallas. Dios protegerá esta ciudad.»

Dios cumplió su promesa y ayudó a Ezequías. Mandó un ángel que destruyó a todos los soldados del campamento enemigo. El rey Senaquerib volvió a su tierra, avergonzado.

ENFERMEDAD DE MUERTE

En esos días, Ezequías cayó en cama, muy enfermo. Su amigo, el profeta Isaías, fue a verlo y le dijo: «Ordena todas tus cosas porque vas a morir.»

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¡Pobre Ezequías! No quería morir; pero ¿qué podía hacer si Dios se lo había dicho? Lo que siempre hacía: ¡orar!

Volvió su cara hacia la pared y oró, llorando amargamente. «Por favor, amado Dios, acuérdate de que te he servido con mucho amor y he hecho las cosas que te agradan.»

¿Escuchó Dios la oración del rey? Sí, porque Él siempre oye nuestras oraciones. Aunque no siempre contesta como nosotros queremos. ¡Dios sabe cuál es la mejor respuesta!

QUINCE AÑOS MÁS DE VIDA

Isaías ya se había despedido de Ezequías, y volvía para su casa, cuando Dios le dijo: «Regresa al dormitorio del rey y dile que he oído su oración. Lo voy a sanar, para que dentro de tres días vaya al templo. Además, le voy a aumentar quince años de vida.» ¡Qué alegría para el rey enfermo de muerte!

–¿Cómo sabré que esto es verdad? –preguntó Ezequías–. ¿Puede Dios darme una señal?

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–¿Qué prefieres? –dijo Isaías–. ¿Quieres que la sombra en el reloj del sol de tu padre Acaz se adelante diez grados
o prefieres que retroceda? (Era como decirle: «¿Quieres que sean las nueve de la mañana o las tres de la tarde?»)

LA SOMBRA RETROCEDE DIEZ GRADOS

El rey pidió que la sombra retroceda. ¿Qué hizo Isaías? Algo que acostumbraba hacer, tal como el rey Ezequías: ¡oró a Dios! En ese momento, sucedió un gran milagro. ¡La sombra en el reloj del sol retrocedió diez grados!

Era el mediodía y volvió a ser las nueve de la mañana. Tal vez la gente tuvo que almorzar dos veces ese día. ¡Nunca más ha vuelto a suceder algo semejante!

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–Pongan una pasta de higos sobre la herida –ordenó Isaías.

Con la pasta de higos y la ayuda de Dios, Ezequías sanó.

DIOS TE AYUDA

No olvides que Dios quiere ayudarte. No importa cuál sea tu problema. ¡Dios es poderoso para socorrerte!

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Para todos los materiales que acompañan a esta historia, visita: Mis Perlitas

 

El milagro con el auto Ford-A

Un automóvil de marca Ford. Cuando yo era niña y vivíamos en Chile, mi padre compró el segundo modelo de esos autos, llamado Ford-A. El fabricante era Henry Ford. El primer modelo, el Ford-T, era sencillo y barato, con la opción de solo dos velocidades: lento y menos lento. Ya cumplió 100 años ese auto popular.

Todos los autos eran de color negro. Cuando alguien hizo un comentario sobre esto, el señor Ford respondió: «Pueden pintarlos del color que quieran, solo que sea negro.» Después empezó a fabricar modelos de otros colores, y mi padre compró uno de esos autos.

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LA LICENCIA DE CONDUCIR

Papá no sabía conducir; pero un empleado de la ferretería de la ciudad se ofreció a enseñarle. Para nosotros esto era muy emocionante. Mi mamá, mis hermanas y yo lo acompañábamos, sentadas atrás, cuando recibía la instrucción.

Después de un par de días de ensayar con el auto, Papá fue a buscar al inspector de tránsito y le dijo que quería sacar licencia de conducir.

–Venga esta tarde a mi casa –le dijo el inspector.

Papá condujo el Ford-A a la casa del inspector, pero esta vez sin su familia. El inspector, que no sabía conducir y que andaba con bastón, se sentó en el asiento del lado y Papá le preguntó qué debía hacer, si es que podían seguir por la calle que llevaba a las afueras de la ciudad.

–Está bien –dijo el inspector.

Avanzaron un trecho y luego Papá le preguntó si podían regresar a la ciudad.

–Está bien –dijo el inspector.

Papá retrocedió el auto y, al hacerlo, se salió del camino. Cuando trató de volver al camino, el auto no se movió.
Ambos bajaron del auto para investigar si había alguna piedra que estorbaba; pero no había nada.

Entonces Papá recordó una cosa. Se subió al auto y lo puso a andar otra vez. El inspector se sentó a su lado y le preguntó lo que había pasado.

–Me olvidé de soltar el freno de mano –le respondió Papá.

–¡Cómo no pensé en eso! –dijo el inspector.

Regresaron a la ciudad y el inspector le dijo a Papá que parara el auto; después le dijo que hiciera marcha atrás.

Papá retrocedió algunos metros y el inspector dijo:

–Está bien. Vamos a la oficina para que le dé su licencia.

Tan fácil fue sacar licencia de conducir en Traiguén, Chile, el año 1951.

«ESCUPE EN EL NOMBRE DEL SEÑOR»

El Ford-A llegó a ser muy útil para salir a predicar el evangelio. Papá llevaba a toda su familia cuando viajaba a los pueblos a predicar. Mi mamá tocaba guitarra y cantaba.

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De Traiguén nos mudamos a Osorno. Un domingo fuimos con Papá a hacer un culto en Purrehuin. El culto fue en la mañana porque en la noche Papá tenía que predicar en Osorno. Al regresar, en la tarde, se desinfló un neumático.

Papá sacó la rueda y se dispuso a arreglar la cámara pinchada que había dentro del neumático. Le puso un parche; pero el parche no tapó completamente el hueco que se había hecho. Ése era el único parche que tenía.

Cerca de allí vivía un sacerdote, que le regaló un parche. Papá puso el parche en la cámara; pero no funcionó. ¡Ya no había esperanza de arreglar la rueda para seguir el viaje! Estábamos a diez kilómetros de la casa.

–Escupe en el parche y ponlo en el nombre del Señor Jesús –le dijo mi mamá.

–¡Qué tonta eres! –le respondió Papá; pero para satisfacerla escupió en el parche y lo puso sobre el hueco.

Luego bombeó aire en la cámara. ¡Y funcionó! La cámara se llenó de aire y Papá pudo poner la rueda en el auto para seguir el viaje.

El Ford-A avanzó obediente por el camino; pero tan pronto llegamos a casa se oyó un ptsssss. ¡Y se fue todo el aire!

Al día siguiente, en un taller, Papá lo hizo arreglar. Después seguimos predicando en los pueblos, hasta que el Ford-A murió en un incendio. Eso te lo voy a contar otro día.

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Para imprimir:

La Perlita 329 El milagro con el Ford-A

Historia en color: 329 El milagro con el Ford-A

Hoja para colorear: 329 El milagro

Póster: 329 Poster Marcos 9_23

Actividad: 329 Todo es posible

 

 

La mamá más viejita del mundo

Sara¿Alguna vez te han hecho una  promesa? ¿Fue una que fácilmente se cumpliría o fue algo difícil? ¿Se cumplió la promesa?

En Génesis, el primer libro de la Biblia, leemos acerca de una promesa que parecía imposible de cumplir. Dios llamó a un hombre llamado Abram y a su esposa, Sarai, para que salieran de su tierra y fueran a un lugar que Dios les iba a mostrar.

UNA PROMESA IMPOSIBLE

Dios les hizo una promesa, de que su descendencia sería tan numerosa como las estrellas de los cielos y la arena del mar.

«¿Cómo será eso?» se preguntó Abram. ¡Ellos no tenían hijos! Sarai era estéril. Eso significa que ella no podía tener hijos. Pero Dios prometió: «Les voy a dar un hijo».

Pasaron los años y no llegaba el hijo. Abram y Sarai ya eran ancianos que podrían haber tenido nietos y bisnietos; pero aún no llegaba el hijo que Dios les había prometido.

¿Cómo se cumpliría la promesa de Dios?

Iba pasando más tiempo, hasta que, un día, cuando Abram tenía 99 años, Dios lo visitó. Dios dijo que le iba a cambiar de nombre. Abram significa Padre enaltecido. Abram tenía un gran familia de criados; pero no tenía el hijo prometido.

«Ahora te llamarás Abraham», dijo Dios. Abraham significa Padre de una multitud. ¡Se iba a cumplir la promesa!

Dios también le cambió de nombre a Sarai. «Ahora te llamarás Sara», dijo Dios. Sara significa Princesa.

Isaac bebitoUN NIÑO LLAMADO RISA

Abraham se rió, y dijo en su corazón: «¿A un hombre de 100 años le va a nacer un hijo?» Sara, la Princesa, también se rió. Ella tenía 90 años. ¡Iba a ser la mamá más viejita del mundo!

«¿Por qué se ríen?» dijo Dios, y les preguntó: «¿Hay para Dios alguna cosa difícil?»

Para Dios nada es difícil. Dios ha creado el maravilloso mundo en que vivimos. Dios nos ha creado a ti y a mí. También ha creado las aves, los peces y los animales. Los océanos, las montañas, los ríos… todo lo ha hecho Dios.

Gn 1814 Lc 137

Entonces Dios le dijo a Abraham: «Cuando nazca tu hijo, le pondrás de nombre Isaac.» ¿Sabes qué significa Isaac? Isaac significa Risa.

AbrahamSaraIsaacSE CUMPLE LA PROMESA

¡Dios cumplió su promesa! El viejito Abraham y la viejita Sara tuvieron un hijo llamado Risa. Cada vez que decían el nombre de su hijo, recordaban que se habían reído, porque no pensaban que tan viejitos como eran podrían ser papá y mamá.

Isaac era prueba viva de que nada hay imposible para Dios. Sara, que no podía tener hijos, poque era estéril, ahora se reía feliz cada vez que llamaba a su hijo Isaac–Risa.

La promesa más grande que Dios jamás ha dado fue en el Huerto del Edén cuando Adán y Eva habían pecado contra Dios. Él prometió que un día iba a mandar un Salvador.

La viejita mamá–abuela, Sara la Princesa, fue escogida por Dios para algo muy especial. Ella sería la madre de la gran familia en que un día, 2.000 años después, nacería el Salvador Jesús.

EL PLAN DE DIOS PARA TI

Dios tuvo un plan para Abraham y Sara; ellos serían padres de naciones, y reyes de pueblos vendría de ellos. Así como Dios guió a esa familia, hasta el nacimiento de Jesús, Dios también tiene un plan para ti y quiere guiarte.

Dios puede hacer milagros en tu vida. Para Él nada es imposible. Lo principal de su plan es que recibas a Jesús como tu Salvador y Señor. La Biblia dice que Dios quiere que todos sean salvos y conozcan la verdad. Él quiere guiarte en cada una de las decisiones que tengas que tomar.

CONFÍA EN DIOS EN TODO LO QUE HAGAS

Ahora que eres niño te toca decidir que te aplicarás en tus estudios. Más adelante tendrás que decidir qué carrera seguirás. Después tendrás que escoger con quién te vas a casar y cuántos hijos vas a tener. Luego tú y tu esposo/a tendrán que decidir cómo criarán a sus hijos. Durante toda tu vida tendrás que tomar decisiones… ¡una decisión tras otra!

Siempre confía en Dios en todo lo que hagas. Él cumple sus promesas. Una de sus promesas es que estará contigo todos los días de tu vida. Así como la mamá más viejita del mundo, tú también verás que nada es imposible para Dios.

La Perlita 323 La mamá más viejita  En color: 323 La mamá más viejita 

Hoja para colorear: Sara Princesa   Póster: Poster Gen 18_14 

Actividad: Promesa cumplida

La pierna que creció

¿Te gustan las sorpresas? Algunas son lindas; pero a veces hay sorpresas poco agradables. Cuando Dios nos sorprende, siempre es algo bueno.

Una vez Dios me sorprendió con un regalo de cumpleaños. Fue la noche antes de cumplir 33 años, la edad que tuvo Jesús cuando murió por nosotros en la cruz.

Desde niña había sufrido con dolor de espalda; pero no descubrí la razón. Cuando me sentaba a escribir tenía que buscar una posición que me aliviara un poco el dolor. Al estar parada, ponía el peso de un pie a otro; nunca sentía comodidad.

UNA PIERNA MÁS CORTA

¿Qué tiene que ver eso con la pierna que creció? ¡Esa fue la sorpresa! Yo no sabía que tenía una pierna más corta que la otra. Por eso siempre tenía dolor.

Era el 5 de marzo de 1979. Mi esposo se quedó en casa con nuestras dos hijas y yo fui al culto. Vivíamos en un pueblo a media hora de viaje de la ciudad donde estaba la iglesia. El pueblo se llamaba Villands Vånga y la ciudad era Kristianstad, en el sur de Suecia. Busca Suecia en un mapa de Europa; queda al norte. Es uno de los países escandinavos.

En marzo es invierno en Suecia y hace mucho frío. La temperatura generalmente baja varios centígrados bajo cero y hay nieve. El sol sale solo algunas horas cada día. En el norte de Suecia no sale el sol en el invierno; todo el día está oscuro. En el verano, al contrario, el sol no baja. Allá se puede ver el sol a medianoche.

La pierna que crecio

DIOS HIZO UN MILAGRO

Lo que quiero contarte ahora es el milagro que Dios hizo, la noche antes de mi cumpleaños. Tuvimos la visita de un pastor de los Estados Unidos. Después de predicar la Palabra de Dios dijo que quería orar por las personas que tenían dolor de espalda. Yo estaba tan acostumbrada a mi dolor que casi pierdo la oportunidad de recibir oración. Creo que Dios me dio un empujoncito para que yo pasara al frente.

El pastor me hizo sentar en una silla y me dijo que estirara las piernas. Yo estiré las piernas y él las tomó para mostrarme algo que yo no había visto antes. Nunca me había medido las piernas. La verdad es que una era más corta que la otra.

«Tienes dolor de espalda porque tus piernas son desiguales», me dijo el pastor. Luego oró a Dios para que me sanara, para que creciera la pierna que era más corta.

¿Qué crees que pasó? Ya oigo a alguien decir «nada»; pero no tú. ¿Verdad que te emociona saber lo que pasó?

¡Dios hizo crecer mi pierna! No era una gran diferencia; quizá dos o tres centímetros. Pero era una diferencia, y esa noche se arregló. Me paré, y por primera vez en mi vida pude pararme derecha, sin cambiar de posición de una pierna a otra. ¡Qué linda sensación tuve!

Volví a la casa volando. No, no regresé en avión, ni manejé el auto tan rápido que volaba por la carretera. Sólo sentí como que volaba. No veía la hora de contarle a mi esposo y a mis hijas acerca del milagro.

«Dios me ha dado un regalo de cumpleaños», dije cuando volví a casa. Saltaba de alegría y me paraba derecha, sin tener que mover los pies de un lado a otro.

Carina y EvaMis hijas Carina y Eva-Marie cuando Dios hizo
el milagro de la pierna que creció

Ese no es el único milagro que Dios ha hecho en mi vida. Dios me ha sanado muchas veces. Hace ocho años Dios me sanó de cáncer. No fue un milagro instantáneo, como cuando hizo crecer mi pierna. Dios usó a los médicos y las medicinas; pero fui sanada por su poder.

La «perlita» que lees ahora es un resultado de esa sanidad. Cada historia es un milagro.

Para ti también hay milagros. Dios puede hacer maravillas en tu vida. Créele de todo corazón. Quizá un día te dé a ti también un milagro sorpresa. ¿Qué necesitas? ¡Pídeselo con fe!

Salmo 77_14

Para imprimir:

La Perlita 313 La pierna que crecio

Historia en color: 313 La pierna que crecio color

Hoja para colorear: 313 El milagro

Póster:  313 Salmo 7714

Actividad bíblica:  313 Maravillas