La niña que salvó a un general

Ella era esclava. Naamán, el general del ejército del rey de Siria, la había llevado cautiva cuando hizo guerra a Israel. No sabemos cómo se llamaba la niña; pero comprendemos que era buena y cariñosa.

Naamán era un gran hombre, muy valiente y querido por el rey; pero triste es decirlo, era leproso. Tenía todo el cuerpo cubierto de unas feas escamas rojizas y blancas.

En Israel, los leprosos tenían que vivir apartados de los demás; pero no era así en Siria. Sin embargo, este mal era terrible para Naamán; seguramente había buscado por muchos medios ser sanado.

NAAMÁN Y EL PROFETA ELISEO

Eliseo, el profeta de Dios, vivía en Israel. Un día, la niña esclava dijo a su ama: «Yo sé quién puede curar al señor Naamán. Si él fuera a visitar al profeta Eliseo, Dios lo sanaría.»

Cuando el general Naamán le contó esto al rey de Siria, él dijo: «Tienes que ir allá. Voy a mandar una carta al rey de Israel para que te reciba bien.»

Después de muchos preparativos para el viaje, Naamán y sus siervos partieron. Largos días viajaron hasta Israel. Al llegar, no fueron a la casa de Eliseo sino al palacio del rey.

El rey de Israel se asustó mucho, porque el rey de Siria le pedía que sanara a Naamán. «Yo no puedo sanar a nadie –dijo el rey–. Seguramente están buscando pleito, alguna razón para hacer guerra contra nosotros.»

«LÁVATE SIETE VECES EN EL JORDÁN»

Eliseo oyó hablar de esto y mandó decir al rey que le enviara a Naamán. Naamán pensó que Eliseo iba a salir a darle la bienvenida; pero el profeta solamente mandó decir que se lavara siete veces en el río Jordán.

El general Naamán se puso furioso. ¡Cómo era posible que le pidiera que se lave en el río Jordán! En su país había ríos mucho más limpios. ¡No lo haría!

Sus criados le preguntaron: «Si el profeta hubiera pedido que usted hiciera algo difícil, ¿lo habría hecho?» Por fin lo convencieron de que hiciera la prueba y se lavara en el río Jordán.

–Contemos juntos –dijo doña Beatriz a los niños del club–. ¿Cuántas veces debía zambullirse?

Los niños contaron, con voz fuerte: una, dos, tres, cuatro, cinco, seis… ¡y no pasó nada!

–Pero Naamán debía bañarse siete veces –dijo Pimienta.

¡Exactamente! La séptima vez… sucedió un milagro. ¡Naamán salió del agua completamente sano! No tenía ni una escama en el cuerpo. Su piel era suave como la de un niño.

¡Qué feliz se sintió Naamán! Inmediatamente fue a dar las gracias a Eliseo, y le ofreció regalos.

–No puedo recibir regalos por un milagro que Dios ha hecho –dijo Eliseo–. Solamente agradece a Dios.

Naamán prometió servir a Dios todos los días de su vida, y muy contento volvió a su país.

EL ENGAÑO DE GIEZI

Giezi era el criado de Eliseo. A él le pareció un desperdicio que Eliseo no hubiera recibido los regalos de Naamán. Salió corriendo tras él. Cuando lo alcanzó, le dijo que acaban de llegar dos visitas y que Eliseo pedía que le diera tres mil monedas de plata y dos vestidos nuevos.

Naamán le dio seis mil monedas de plata y dos vestidos nuevos. También envió dos criados suyos para que le ayudaran.

–¿Estaba bien lo que hizo Giezi? –preguntó doña Beatriz.

–¡No! –gritaron todos los amiguitos–. ¡Era un gran engaño!

Al llegar Giezi de regreso Eliseo le preguntó dónde había estado, y él respondió con otro engaño.

–No he estado en ninguna parte –dijo Giezi.

–¿Crees que puedes engañarme? –le preguntó Eliseo– Yo sé que fuiste a pedirle plata y vestidos a Naamán. No pecaste contra mí, sino contra Dios.

–Niños, no se puede engañar a Dios –dijo doña Beatriz–. Como castigo, la lepra de Naamán se le pegó a Giezi, y no sólo a él, sino también a sus hijos y a sus nietos. Desde ese momento Giezi quedó completamente leproso. Pagó un precio muy caro por su codicia.

–La niña esclava fue valiente. Aunque estaba en tierra extraña no olvidó a su Dios. Por su testimonio salvó a su amo de la terrible enfermedad de la lepra. Pero más importante es que su amo llegó a conocer al Dios vivo y verdadero y a servirle.

Chicos y grandes podemos ser fieles a Dios en cualquier circunstancia. Aunque la niña estaba lejos de su hogar no olvidó a Dios. ¿Estarías dispuesto a servir a Dios aunque te lleven lejos?

 

En MIS PERLITAS hay mucho material que acompaña a esta historia.

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