El aceite que no se acababa

Cuando los niños llegaron al Club Tesoros encontraron la mesa de doña Beatriz llena de ollas, vasijas y recipientes. ¿Qué sorpresa les tendría la buena vecina?

–Doña Beatriz, ¿de dónde consiguió tantas ollas y vasijas –preguntó Pepita, a la vez que admiraba una hermosa olla de cerámica, pintada con flores.

–Tengo buenas vecinas y compañeras de trabajo muy amables. He pasado toda la semana reuniendo lo que ves en la mesa. Les voy a contar de una mujer viuda que tuvo que reunir muchas vasijas. Sus hijos le ayudaron.

UNA VIUDA AMENAZADA

Esta es la historia de una familia que vivía en tiempos del profeta Eliseo. Eran papá, mamá y dos hijos. No sabemos cómo era la casa, pero seguramente era sencilla. El papá estudiaba en la escuela de profetas que tenía Eliseo.

Sabemos que a veces el papá tenía que tomar prestado dinero; pero no sabemos por qué no lo devolvió. Tal vez el papá se enfermó, y ya no podía estudiar ni trabajar. Los niños tuvieron que correr a tomar prestado más dinero, para comida y medicinas. La mamá sin duda cuidó con mucho cariño a su esposo; pero no pudo hacer nada por su salud. Un día, el padre de la familia murió.

Fue una gran tristeza para la mamá y sus dos hijos. Enterraron al papá, entre lágrimas. ¡Cómo lo extrañaban!

¿Qué haremos para pagar nuestras deudas? pensaba la mamá. Mientras ella pensaba, el hombre a quien le debían mucho dinero, vino a hablar con ella.

–¿Creen que los niños se escondieron detrás de la puerta para oír lo que hablaban? –preguntó doña Beatriz.

–Yo hubiera querido saber cada palabra –dijo Pimienta.

–Yo sí me hubiera escondido para escuchar –dijo Sal.

¿Qué oyeron los muchachos? ¡Algo terrible!

«Mujer, si no me pagas lo que me debes, me llevo a tus hijos como esclavos», decía el hombre.

¡Pobres muchachos! ¡Ellos no querían ser esclavos de ese hombre! ¿Qué podrían hacer para salvarse?

LA SOLUCIÓN DEL PROFETA ELISEO

La mamá lloraba al pensar en que le quitarían a sus hijos.

–Mamita, no llores –dijo uno de los muchachos–, tengo una idea. ¿Por qué no vas a hablar con el profeta Eliseo? Papá trabajaba con él; seguramente nos puede ayudar.

La mamá, ahora viuda, fue a casa de Eliseo. Le contó su gran problema y le preguntó qué podrían hacer.

–¿Qué tienes en casa? –le preguntó el profeta.

–Sólo tengo un poco de aceite –respondió la viuda.

–Magnífico –dijo Eliseo–. Ve a pedir prestado vasijas, recipientes, ollas, botellas y ¡qué sé yo! Cierra luego la puerta, y tú y tus hijos echen el aceite en los recipientes.

EL MILAGRO DEL ACEITE

Doña Beatriz pasó a la mesa donde tenía las ollas, las vasijas y los recipientes. Tomó una botella de aceite y empezó a llenarlo en una olla. ¡Pero pronto el aceite se acabó!

–Niños, eso no pasó en casa de la viuda. Sus hijos habían ido de casa en casa, tocando puertas, pidiendo prestado vasijas y recipientes. Habían reunido muchas vacijas vacías. ¡Muchas!

Uno por uno, los muchachos habían traído vasijas a la casa, hasta que ya les pareció tener suficientes. Luego cerraron la puerta y la mamá comenzó a llenar aceite en las vasijas.

Los muchachos le pasaban las vasijas y la mamá las llenaba con el aceite. ¡Qué emocionante! Una vasija por aquí, otra por allá… una olla, una botella… Así, poco a poco, fueron llenando todas las vasijas y los recipientes que habían conseguido.

–Más recipientes –dijo la mamá. ¡Pero ya no había más!

¡Entonces se acabó el aceite!

Ya no había más aceite en la botella; pero la casa estaba llena de vasijas con aceite.

LA VIUDA COMERCIANTE

Nuevamente, la viuda fue a visitar al profeta Eliseo.

–¿Qué debo hacer con el aceite? –le preguntó.

–Véndelo y paga tus deudas –le dijo el siervo de Dios–. Con el dinero que sobre, compra comida para tus hijos. Vivan del dinero que les sobra.

¡Qué felidad para la familia! Los hijos ya no serían esclavos sino vendedores de aceite. Conforme iban vendiendo el aceite, devolvían las vasijas a sus dueñas. Pronto la madre pagó toda la deuda que tenía.

¡La viuda amenazada se volvió comerciante!

DIOS AMA A HUÉRFANOS Y VIUDAS

Dios tiene un cariño especial por las viudas y los huérfanos. Él sabe que no tienen un papá que les puede comprar ropa y comida; por eso, Él quiere ser ese «papá». Dios hace milagros no sólo en favor de los huérfanos y las viudas sino también en la vida de todos los que creen y confían en Él.

En MIS PERLITAS hay mucho material que acompaña a esta historia.

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