Agradece a Dios por el pan

Javier estaba enojado y triste.

–¡Pan, pan y pan! –dijo, casi llorando–. ¡Todos los días pan! ¿Por qué hoy también tengo que comer pan?

–Pero, ¿qué esperabas, hijo? –dijo su mamá.

–Es que… mamá… hoy es mi cumpleaños. ¿Por qué tengo que comer pan hoy?

–¿Por qué no puedes comer pan en tu cumpleaños?

Javier estaba tan enojado que tiró el pan al piso, justamente cuando entró su papá en la cocina.

–¿Qué es lo que estás haciendo, hijo? –preguntó el papá con voz severa al ver lo que había hecho Javier–. ¡Ni por nada quiero ver esa clase de modales!

–Perdóname, papá –dijo Javier–. Es mi cumpleaños y yo quiero comer pasteles en vez de pan.

348-pan-de-la-selva-1

PASTELES EN VEZ DE PAN

–Ah, ¿quieres pasteles? ¿No sabes que el pan vale mucho más que los pasteles?

–No lo creo, papá. Yo sé que los pasteles son más caros. Es por eso que mamá no compra pasteles.

–Es verdad que pagamos más por los pasteles, pero el pan vale más. El pan nuestro de cada día nos lo da nuestro buen Dios, mientras que los pasteles son del pastelero.

Javier miró asombrado a su papá, que prosiguió:

–Hijo, ¿qué nos enseñó el Señor Jesús?

¿Debemos pedir pan o debemos pedir pasteles?

–Pues… pan –contestó Javier, de mala gana.

–Buena respuesta, hijo. Ahora te diré lo que cuesta el pan.

EL VALOR DEL PAN

–Mientras tú aún dormías, alguien se levantó para sembrar trigo, tal vez en una mañana fría. Mientras tú te divertías jugando, alguien, bajo el calor del sol, tuvo que cosechar el trigo.

»Otros construyeron máquinas y hornos, y otros se levantaron muy de mañana para hacer el pan. A nosotros el pan sólo nos cuesta unos pesos, pero a otros les ha costado trabajo y sudor.

PAN DE LA SELVA

–¿O prefieres al pan de la selva? –preguntó la mamá.

–¿Pan de la selva? –dijo Javier.

Nunca había oído hablar de ese pan y le llamó la atención.

–Mamá, ¿qué pan es ese? –preguntó Javier348-pan-de-la-selva-3

–Verás, hijo, muchos niños no comen el pan de trigo porque donde ellos viven no hay ese pan.

Luego la mamá dijo que para los niños de la selva los plátanos o las bananas son el pan.

–Mamá, tú sabes que yo como plátanos o bananas. ¿Por qué me preguntas si prefiero ese “pan”?

–Pensaba que como no quieres comer pan de trigo hoy quizá quisieras comer un pan de la selva para el desayuno. ¡Qué bueno que ese “pan” viene envuelto, fresco y limpio!

–¿Sabían ustedes que hay más de trescientas variedades de plátanos o bananas? –preguntó el papá, que había escuchado la conversación sin interrumpir.

–¡Más de trescientas variedades! –exclamó Javier–. Yo solo conozco dos: las bananas que como de postre y los plátanos que mamá fríe para comer con arroz.

Siguió la conversación un rato más. Luego el papá de Javier sacó unas monedas del bolsillo y dijo:

–Anda, hijo. Aquí tienes para los pasteles.

EL PAN DE CADA DÍA

Pero Javier no fue a comprar pasteles. Guardó las monedas para otra cosa y comió con gusto el pan de cada día. Más tarde fue a jugar con sus amigos y les contó lo que había aprendido de su papá.

–El pan es más de Dios y los pasteles son más del pastelero –les dijo.

Desde ese día Javier come con gusto su pan, porque sabe lo mucho que cuesta. Cuando va con su mamá a hacer compras en el mercado, busca si puede descubrir otras variedades de «pan de la selva».

NO DESPRECIES EL PAN

Si te sientes aburrido del pan que comes a diario, piensa que hay muchísimos niños en el mundo que darían cualquier cosa por comer un pan fresco y calientito. Muchos se duermen con el estómago vacío y no saben si habrá pan para el desayuno.

Cuando quieras quejarte porque en vez de pasteles tienes que comer pan, agradece a Dios porque hay pan en tu mesa. Hay muchas cosas que agradecer a Dios. Haz una lista.

¿Te cuento un secreto? Tengo un cuaderno para escribir agra-decimientos. Cada día, antes de comer mi pan, escribo tres cosas por las que agradezco a Dios. Y cada día pongo algo diferente. Nunca termino de agradecer a Dios. ¿Te gustaría hacer lo mismo: escribir tus agradecimientos? ¡Hazlo!

¿Vives en la selva? Agradece a Dios por el delicioso «pan» que viene envuelto y listo para comer. ¿Vives en la ciudad? Da gracias a Dios por el campesino y el panadero que trabajan para que tengas pan.

¿No tienes pan? Como dijo Jesús, pide a tu Padre en el cielo: «El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy.»

mateo-6_11

Para conseguir todos los materiales que acompañan a esta historia,
visita Mis Perlitas.