De cojo olvidado a príncipe restaurado

Sal y Pimienta me hacen pensar en David y su amigo Jonatán –dijo doña Beatriz–. Siempre los veo juntos.

–Es verdad –dijo Pimienta–. Sal es mi mejor amigo. Pero ahora tenemos un nuevo amigo. Sal ha invitado a Samuel a andar con nosotros.

–La buena amistad dura toda la vida –dijo la buena vecina–. ¿Recuerdan la promesa que hicieron David y Jonatán?

–Hicieron un pacto de amistad –dijo Pepita–. Jonatán prometió cuidar de la familia de David si algo le pasaba a su amigo.

David y Jonatán hicieron un pacto de amistad

–Y David prometió cuidar de la familia de Jonatán –dijo Estrella–. Jonatán era hijo del rey Saúl.

El rey Saúl y su hijo Jonatán murieron en una batalla. Por muchos años Saúl odió a David y buscaba matarlo.

¿Crees que David se alegró por la muerte de su enemigo? ¡No! David lloró la muerte del rey Saúl. Mucho más lloró por la muerte de su gran amigo Jonatán.

Mefi-boset, el hijo de Jonatán

Jonatán tenía un hijo pequeño, que se llamaba Mefi-boset. Cuando llegó la noticia de que el rey Saúl y su hijo Jonatán habían muerto en la guerra, la nana del niño lo tomó en sus brazos para escapar. Con el apuro, se le cayó a Mefi-boset y el pequeño quedó herido de los pies, cojo para siempre.

Dios había escogido a David para que sea el próximo rey del pueblo de Israel. David fue proclamado rey y estableció la capital de su reino en Jerusalén. Pasaron los años. El rey estaba ocupado en defender su reino de los enemigos. Pero no se olvidó de su amigo Jonatán y del pacto de amistad que habían hecho.

David piensa en su amigo Jonatán

Un día, mientras pensaba en su amigo, David decidió averiguar si había alguien de la familia de Jonatán a quien pudiera beneficiar. Tenía que cumplir la promesa que le había hecho a su buen amigo.

David mandó llamar a Siba, que había sido administrador del rey Saúl y su familia. Le preguntó si quedaba alguien de la familia de Saúl a quien pudiera ayudar.

Siba se presenta ante el rey David

¿Qué había pasado con el hijo de Jonatán que quedó cojo cuando su nana lo hizo caer? Ahora era un hombre adulto. Siba le informó al rey acerca de Mefi-boset, el hijo de Jonatán.

Mefi-boset va al palacio

–Su Majestad –dijo Siba–. Queda un hijo de Jonatán; pero está cojo.

Eso no le importó a David. De inmediato mandó a buscarlo.

–¿Creen que Mefi-boset se emocionó cuando el rey lo hizo llamar? –preguntó doña Beatriz a los niños.

–¡Sííí! –gritaron todos.

¿O habrá sentido miedo? Mefi-boset no sabía que su padre había hecho un pacto de amistad con David. Sin duda se sintió muy nervioso, preguntándose por qué el rey lo había mandado a llamar.

Mefi-boset se inclina ante el rey David

Al llegar al palacio, Mefi-boset se inclinó ante el rey en señal de respeto.

–No tengas miedo –le dijo David–. Tu padre Jonatán y yo éramos buenos amigos. En memoria de él voy a cuidar de ti. Te voy a devolver todas las tierras de tu abuelo Saúl. Además, de ahora en adelante, comerás conmigo todos los días.

–¿Quién soy yo para que el rey se fije en mí? –dijo Mefi-boset–. ¡No valgo más que un perro muerto!

David no consideró a Mefi-boset como un perro muerto. ¡El hijo de su amigo era valioso! No le importó que Mefi-boset estuviera cojo y que la gente lo despreciara.

Mefi-boset le traía hermosos recuerdos de su amigo, con quien había hecho un pacto de amistad.

David promete restaurar a Mefi-boset
las tierras de su abuelo Saúl

Siba tenía quince hijos y veinte criados. David les encargó que cultivaran los terrenos que habían sido de Saúl, porque ahora se los daba a Mefi-boset. Siba debía encargarse de entregar toda la cosecha a Mefi-boset y su familia.

De un día para otro todo cambió. ¡Mefi-boset ya no era un cojo olvidado, sino un príncipe restaurado! A su servicio estaba toda la familia de Siba, el hombre que antes había sido el administrador de su abuelo.

Mefi-boset come siempre a la mesa del rey

Desde ese día Mefi-boset fue a vivir en Jerusalén, y siempre se sentaba a la mesa con el rey David. Se cumplió el pacto que hicieron dos buenos amigos.

¿Tienes amigos? Valora su amistad. Sé un buen y fiel amigo como el rey David. En las buenas y en las malas, defiende a tus amigos. ¡Cuida el precioso regalo de la amistad!

MIS PERLITAS

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Pablo, el misionero más amado

Pablo y su compañero Silas

Hoy quiero que conozcas al misionero más amado de todos los tiempos. ¿Amado por quién? Por todos los que gracias a su trabajo incansable llegaron a conocer el evangelio. Amado por todos los que por más de 2.000 años han leído su historia y sus cartas que tenemos en la Biblia.

Es el misionero más amado; pero también fue el más odiado.

Pablo nos cuenta algunas de las cosas que le pasaron en su vida como predicador del evangelio.

  • He estado preso muchas veces
  • Me han azotado con látigos, 39 azotes cada vez
  • Tres veces me han golpeado con varas
  • Me tiraron piedras hasta dejarme medio muerto
  • He viajado mucho, arriesgando mi vida
  • Tres veces se hundió el barco en que yo viajaba
  • He estado en peligro en muchos lugares
  • He trabajado mucho, y he tenido dificultades
  • Muchas noches las he pasado sin dormir
  • He sufrido hambre y sed, y frío por falta de ropa
  • Muchas veces he estado en peligro de muerte

Saulo el perseguidor

Al principio se conocía a Pablo con el nombre de Saulo. Cuando Saulo era joven tenía muchos deseos de servir a Dios. Él pensaba que si castigaba a los seguidores de Cristo y los hacía poner en la cárcel le hacía un gran servicio a Dios.

Una vez, cuando iba con un permiso especial a Damasco, para llevar presos a Jerusalén a los discípulos de Jesús, una luz como rayo lo rodeó en el camino.

–¡Saulo! ¡Saulo! ¿Por qué me persigues? –le dijo una voz.

–¿Quién eres, Señor? –preguntó Saulo.

–Yo soy Jesús, a quien tu persigues –respondió la voz.

Perseguir significa molestar a alguien, hacerle sufrir el mayor daño posible. Eso es lo que hacía Saulo. Al perseguir a los que amaban a Jesús era como hacerle daño a Él mismo.

Saulo se arrepintió, y en vez de perseguir a los discípulos de Jesús en Damasco, empezó a predicar. Al poco tiempo Saulo tuvo que escapar, porque las autoridades de los judíos lo buscaban para matarlo.

Los jefes religiosos odiaban a Jesús y a todos los que hablaban de Él. Saulo iba a la sinagoga a enseñar que Jesús es el Hijo de Dios; por eso decidieron matarlo.

Para salvarlo de los judíos, los discípulos lo bajaron en una canasta por una ventana en el muro de la ciudad. Así escapó Saulo… ¡y empezaron las aventuras de la vida misionera de Pablo!

El misionero Pablo

Damasco, Jerusalén, Tarso, Antioquía, Iconio, Derbe, Troas, Corinto, Filipos, Éfeso, Cesarea… estos son algunos de los lugares donde Pablo predicó. El Saulo de antes, que buscaba matar a los seguidores de Cristo, ahora era el apóstol Pablo, que quería que todos lleguen a conocer a Jesús.

En los barcos en alta mar, en las ciudades que visitaba, en los hogares donde se hospedaba, a orillas de los ríos, en las cárceles cuando lo perseguían, en las sinagogas, en presencia de reyes… ¡No había lugar donde Pablo no predicara!

Cuando Pablo le habló al rey Agripa, el rey dijo: «Por poco me convences a hacerme cristiano.»

Era como decir «casi me hago cristiano». Pero no se puede «casi» seguir a Cristo. Hay que aceptar al Señor de todo corazón; hay que servirle con todas las fuerzas; hay que dedicarle la vida cien por cien. Eso es lo que hizo Saulo en el camino a Damasco, cuando resplandeció una luz y Jesús le dijo: «¿Por qué me persigues?»

Lee Hechos 9, de cómo fue el encuentro de Saulo con Jesús.

El Señor dijo a su siervo Ananías que le iba a mostrar a Saulo cuánto tendría que sufrir por el nombre de Jesús. Hemos visto algunos de los sufrimientos de este gran hombre.

Para Pablo, seguir a Jesús y predicar el evangelio llegó a ser lo más importante; era como el aire que respiraba. Antes de recibir a Cristo en su vida, él respiraba amenazas de muerte contra los discípulos; después, su corazón estaba lleno de amor y de la fragancia de Jesús.

En una de sus cartas Pablo escribió: «no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación…»

¿Estás dispuesto a ser un valiente misionero como Pablo?

MIS PERLITAS

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El buen ejemplo del sacerdote Esdras

Imagina que estás en una cápsula del tiempo. Vas viajando por el espacio recorriendo cientos y miles de años hacia el pasado. Es emocionante porque no sabes dónde vas a aterrizar. Has apretado botones al azar. Lo único que sabes es que vas a llegar a Canaán, la tierra que Dios dio a su pueblo Israel.

De pronto empiezan a tocar bocinas y la nave hace unos movimientos bruscos. ¿Qué pasa? Ah, ya estás por aterrizar. ¿A qué edad del tiempo habrás llegado?

Miras por la ventanilla y ves a un hombre muy concentrado en el estudio de un rollo. Te preguntas por qué tiene un rollo y no un libro; pero luego recuerdas que en la antigüedad los libros eran rollos de cuero, llamados pergaminos.

LLEGADA A JERUSALÉN

Sales de la nave y el hombre se acerca. Con una gran sonrisa te saluda.

–Hola, amigo. Soy Esdras el sacerdote. Estoy en Jerusalén para enseñar al pueblo la ley de Dios y restablecer el templo.

¡Ah, estás en Jerusalén! Ahora recuerdas que Israel ha estado cautivo en Babilonia. El pueblo fue desobediente a Dios y por eso Él permitió que vinieran enemigos a llevarlos cautivos.

Saludas respetuosamente a Esdras. Miras alrededor y ves a gente muy ocupada. Están reconstruyendo los muros. Hay niños trabajando. Acarrean agua y alcanzan ladrillos a sus padres.

–Cuando terminemos de construir los muros, mi amigo Nehemías y yo reuniremos al pueblo para enseñarles la ley de Dios.

Luego Esdras te dice que el rey Artajerjes lo ha mandado para que enseñe la ley y para que nombre jueces. Nunca has oído hablar de Artajerjes así que le preguntas quién es.

–Artajerjes es el rey de Persia, el reino más poderoso de nuestra época. Me siento honrado de venir a enseñar la palabra de Dios a nombre del rey.

LA RECONSTRUCCIÓN DEL MURO

Esdras te invita a que te quedes allí un tiempo. Para ti es interesante vivir en una época antigua. Aprendes nuevas costumbres y pruebas nuevos alimentos, raros pero ricos.

Nehemías te invita a ayudar con la reconstrucción del muro.Te admiras porque todos trabajan decididos, aunque los enemigos hacen lo posible por detenerlos. No quieren ver restaurada la ciudad de Jerusalén.

Nehemías ha ordenado que nadie se quite la ropa de noche, solamente para bañarse. Y que se turnen para estar a la defensa, con su espada en la mano. No puedes entender por qué los enemigos tratan de detener la obra.

¡En 52 días terminan el muro! Hacen una gran fiesta de dedicación. Esdras se para sobre un púlpito de madera y lee el libro de la ley delante de todo el pueblo. Es la «biblia» de ellos.Además de leer, explica poco a poco el contenido.

Siete días, desde el amanecer hasta el mediodía, chicos y grandes escuchan la lectura de la palabra de Dios.

LO QUE APRENDES DE ESDRAS

Esdras conoce muy bien la ley de Dios porque la ha estudiado desde que era niño. De pie en la plaza, juntamente con todo pueblo que escucha la lectura, te das cuenta de lo privilegido que eres.

Ninguno de los niños que escucha a Esdras tiene una biblia propia; tampoco los adultos. Solamente Esdras el sacerdote tiene un pergamino, el rollo con la palabra de Dios.

Tú tienes biblia, tus padres tienen biblia. Cualquiera que desea puede comprar una biblia. Puedes tener 10 biblias si quieres.

Estás pensando en esto y no te das cuenta de que Esdras ha finalizado la lectura. Ahora él bendice al Señor por su grandeza, y el pueblo responde: «¡Amén! ¡Amén!»

Todos alzan las manos y adoran a Dios; después se humillan, inclinando su rostro hasta tocar la tierra con la frente.

Nunca has hecho eso; no te has arrodillado tan profundo. De esa forma muestran su reverencia a Dios. Decides que al volver de tu viaje en la cápsula espacial vas a mostrar más reverencia al orar; también vas a apreciar que tienes la Santa Biblia.

Los enemigos no querían saber nada de Dios; por eso trataron de impedir que se reconstruya la ciudad de Jerusalén, el centro de adoración a Dios. Y no querían que sean reparados los muros que ellos habían quemado.

Algunos de los israelitas lloraron al escuchar la lectura.

–No estén tristes –dijeron Esdras y Nehemías–. Este es día santo. ¡Alégrense! El gozo del Señor es nuestra fortaleza.

Ahora te toca regresar de tu viaje imaginario. ¿Qué has aprendido de Esdras? Él se dedica a estudiar la palabra de Dios; después pone en práctica lo estudiado. Finalmente, enseña al pueblo los mandatos de Dios. Léelo en Esdras 7:10.

De pronto oyes las bocinas de la cápsula. ¿Tan rápido ha pasado el tiempo? Te toca volver al siglo 21. Te despides de Esdras, Nehemías y tus nuevos amigos. ¿Será hasta pronto?

MIS PERLITAS

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Jesús, el burrito y los niños de Jerusalén

Se acercaba la Pascua. Jesús iba camino a Jerusalén. Él necesitaba un burrito. Pidió a dos de sus discípulos que fueran a la aldea de enfrente y le trajeran uno que estaba atado allí.

–Si alguien les pregunta por qué lo desatan, díganle que el Señor lo necesita.

Entrada Triunfal 1

Los discípulos trajeron al burrito y Jesús lo montó.

Entrada Triunfal 2

La gente que seguía a Jesús estaba emocionada. Tendieron mantos y ramas de palma por el camino para que Jesús pasara. El burrito se sentía feliz de llevar a Jesús.

Al llegar cerca de la bajada del monte de los Olivos la gente comenzó a alabar a Jesús. Chicos y grandes gritaban:

«¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en
el nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas!»

EL PROFETA DE NAZARET

Toda la ciudad estaba conmovida.

La gente, asombrada de ver a Jesús montado en un burrito, se preguntaba: «¿Quién es éste?»

–Es el profeta Jesús de Nazaret de Galilea –respondieron los discípulos.

El burrito sonrió feliz. ¡Qué privilegio de llevar montado a Jesús!

Entrada Triunfal 3
¿Adónde crees que fue Jesús?

Jesús fue directamente al templo, la casa de oración. El templo era un lugar sagrado para honrar y alabar a Dios. Pero había mucho desorden.

Entrada Triunfal 4

En el templo había mesas de cambistas de dinero y venta de palomas para los sacrificios. Jesús, que recién había estado alegre y sonriente, se enojó y empezó a volcar las mesas de los cambistas.

Las monedas volaban y caían sonando por todo lado. Jesús también volcó los puestos de los que vendían palomas. ¡Y volaron las palomas!

Entrada Triunfal 5

–¡Ésta es la casa de mi Padre! –dijo Jesús, indignado, con voz como de trueno–. Está escrito que el templo debe ser casa de oración. ¡Ustedes lo han convertido en cueva de ladrones!

Marcos 11_17

LOS CAMBISTAS

¿Por qué había cambistas de dinero en el templo? Era la Pascua y venían judíos de diferentes lugares, con distintas monedas. Necesitaban cambiar su dinero para las monedas que se usaban en el templo.

¿Por qué vendían palomas? Ofrecían palomas en los sacrificios. Los viajeros no habían traído palomas. ¡Pero no debían convertir el templo en un mercado!

COJOS Y CIEGOS SANADOS

En el templo venían ciegos y cojos para ser sanados. ¡Jesús los sanó a todos!

Entrada Triunfal 6
Los niños seguían gritando alabanzas: «¡Hosanna al Hijo de David!»

Pero no todos estaban felices. Los líderes religiosos se quejaron de las alabanzas.

–¿Oyes lo que éstos están diciendo? –le preguntaron a Jesús.

–Claro que sí –respondió Jesús–. ¿No han leído que en los labios de los pequeños Dios ha puesto la perfecta alabanza? Además, si la gente no me alababa, lo harán las piedras.

¡Qué bueno que los niños alabaron a Jesús en la casa de oración! Si no, lo hubieran hecho las piedras.

CONDENADO A MUERTE

Esa Pascua en Jerusalén fue la más dramática y asombrosa de la historia humana.

Un día Jesús entró a Jerusalén montado en un burrito. La gente tendió mantos y ramas de palma en el camino para que pasara el rey Jesús. Chicos y grandes le cantaron alabanzas y hosannas.

Unos días más tarde, la misma gente gritaba ante el gobernador Pilato:

–¡Crucifícale! ¡Crucifica a Jesús!

Los jefes religiosos habían condenado de muerte a Jesús; pero ellos tenían que recibir la aprobación de Pilato, el gobernador romano. Pilato no encontró culpa en Jesús; sin embargo, hizo lo que la gente reclamó, que mande crucificar a Jesús.

JESÚS MURIÓ POR TI

¿Era Jesús un criminal? ¡No! Pero fue crucificado como un criminal. Jesús nunca había hecho nada malo. Él es el único hombre que nunca ha pecado. Su muerte en la cruz fue el sacrificio que Dios aceptó para perdonar los pecados de cualquiera que reciba a Jesús como su Salvador.

Así como los niños en Jerusalén alabaron a Jesús, alábale tú. Jesús es digno de toda alabanza, no sólo en la iglesia sino en todo lugar, y en todo momento. Lo más hermoso es ver a los niños en la casa de oración.

¡Alaba a Jesús con Hosannas!

 

El 5 de abril vendrá el siguiente capítulo de…