El joven que se fue triste

Paco era un muchacho alegre, obediente y respetuoso, muy querido por las señoras de su barrio. Siempre les daba una mano de ayuda. Llevaba las canastas de las compras de sus vecinas, cuidaba a los niñitos, ayudaba a barrer los patios, en fin… ¡hacía casi de todo! Todas las señoras hablaban de la bondad de Paco.

–Doña Felipa, su hijo es un amor. ¡Es muy respetuoso!  –le decían las vecinas a la mamá de Paco.

–Ese hijo de los López es un encanto. Ayer estuvo toda la tarde sentado junto a la cama de un niño enfermo –le contaba doña María a doña Juana.

–¡Ah! No sabe usted…  Así hablaban las señoras.

ORGULLO EN EL CORAZÓN

Cuando Paco descubrió que las señoras lo admiraban se mostró aun más acomedido; pero los elogios le hicieron mal. Los elogios se le subieron a la cabeza.

Todas las señoras dicen que soy muy bueno, y mi mamá me asegura que ninguno de sus hijos ha sido tan obediente como yo –pensaba nuestro amiguito–. Dios debe estar muy contento conmigo.

Pero nuestro buen Señor le tenía preparada una buena lección. Un domingo, en el culto de la noche, el predicador anunció que hablaría a los orgullosos. Paco se volvió para ver si estaban allí Jaime y Manuel. Según su criterio, ellos eran muy orgullosos. No estaban allí.

Paco se distrajo durante la predicación, porque estaba seguro de que el mensaje no era para él. De pronto el predicador dijo algo que le llamó la atención.

«Hay quienes piensan que este mensaje no es para ellos. Se creen muy buenos y amables, y son admirados y queridos; pero se han olvidado que a los ojos de Dios todos somos pecadores; no hay ni uno que sea justo.»

SU CORAZÓN NECESITABA LIMPIEZA

Con cada palabra Paco agachaba más la cabeza. Comprendió que era un niño muy orgulloso y sintió vergüenza. Las palabras «todos somos pecadores» le quemaban como fuego. El hecho de ser bueno no lo justificaba ante Dios.

Su corazón orgulloso y presumido necesitaba una buena limpieza. Con lágrimas en los ojos pasó al frente cuando el predicador hizo la invitación.

¡Esa noche el muchacho bueno pidió perdón por sus pecados! Recibió la salvación que Jesús ofrece a todos los que creen en Él. Paco se fue feliz a su casa esa noche.

LA PREGUNTA MÁS IMPORTANTE

Cierto día un joven se arrodilló ante Jesús, y le hizo la pregunta más importante: «¿Qué puedo hacer para tener vida eterna?» Era un buen joven, tal y como Paco.

Cuando Jesús le dijo que guarde los mandamientos, eso no era nada nuevo para él; los había cumplido desde pequeño. Aunque había sido uno de esos muchachos buenos, como Paco, le hacía falta una cosa.

No es suficiente cumplir los mandamientos para recibir la vida eterna. Ser buenos y portarnos bien no nos da la salvación. Jesús le dijo al joven que vendiera todo lo que tenía y lo diera a los pobres, y que luego siguiera a Jesús.

SE FUE TRISTE

Paco se fue feliz la noche que entregó su vida a Cristo; pero el joven que habló con Jesús se fue triste. Tenía muchas riquezas y no quería deshacerse de ellas para seguir a Jesús. ¡Prefirió sus riquezas antes que a Jesús!

Todo en la vida tiene su precio; hasta un simple caramelo cuesta algo. Para el joven rico el precio de seguir a Jesús le pareció muy alto. No quería dejar sus riquezas.

La invitación de Jesús: «Ven y sígueme», es para todos. Hay muchas cosas que podemos amar más que a Jesús, pero nada es de tanto valor como seguirlo a Él.

No seas como el joven que se fue triste. Acepta la invitación de Jesús, síguelo, y recibe la vida eterna.

En MIS PERLITAS hay mucho bonito material que acompaña a esta historia.

Pancho, el niño que sabía esperar

Todas las tardes, Pancho espera a que su papá vuelva del trabajo. Pancho se llama Francisco, aunque todos le dicen Panchito. Él quiere que le digan Pancho, porque en su opinión ya es grande y «Panchito» es para niñitos. Pancho tiene seis años de edad y se siente muy importante.

LO QUE PANCHO ESPERA

Pancho es un niño que sabe esperar. Él espera a su mamá cada vez que ella va al mercado. Como es un niño responsable, se queda a cuidar a su hermanita. Cuando ella se pone a llorar, a Pancho le parece que su mamá demora mucho.

Pancho también espera que comiencen las clases en la escuela, pues va a entrar al primer grado. Como ya dije, él se siente grande y muy importante. En la escuela no va a permitir que le digan Panchito.

Todos los años nuestro amiguito espera a que llegue su cumpleaños. Espera también la Navidad, porque en la iglesia hay una gran fiesta. A Pancho también le gusta esperar la visita de su tía Edita. Ella siempre le trae alguna sorpresa.

Lo mejor para Pancho es esperar a sus abuelos. Lo que no le gusta son los besos de la abuela. Eso le parece que es para niñitos y, como sabes, Pancho ya es grande. Pero se aguanta los besos porque quiere mucho a su abuela.

Ahora está esperando que llegue el Domingo de Ramos, porque él va a participar en una actuación en la iglesia. Él y los otros niños van a gritar «¡Hosanna!» y agitar hojas de palma. Va a ser una gran celebración de la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén. Después van a celebrar la resurrección de Jesús. ¡Ese es un día de gran fiesta!

HAY MUCHAS COSAS QUE ESPERAR

¿Verdad que hay muchas cosas que uno puede esperar? Muchos niños esperan el día en que sean grandes. Piensan que entonces no tendrán que obedecer a nadie. Pero no es así. Siempre hay que ser obediente y respetuoso.

Lo que no le gusta a Pancho es cuando ha sido desobediente y su mamá le dice: «Espera a que llegue tu papá. Con él te las vas a arreglar.» Cuando ella le dice esas palabras, Pancho se esconde y no sale a esperar a su papá. ¿Por qué? Porque sabe que le espera un castigo.

PANCHO SE DESCUIDA

Pancho sabe que hay muchos niños que no tienen papá; por eso, antes de dormir, siempre dice: «Gracias, Dios, por mi lindo papá.» (Aun después de que su papá lo ha castigado.)

Una tarde, cuando como de costumbre esperaba a su papá, se descuidó un poco. De repente vio a unos perros que peleaban y eso lo distrajo. Después vio a un gato que cazaba a un ratón. Todo eso era muy interesante para un niño como Pancho.

¿DÓNDE ESTÁ PAPÁ?

Cuando empezó a oscurecer se acordó de su papá. ¿Dónde podía estar? ¿Por qué no regresaba del trabajo? Tenía que averiguarlo.

–Mamita, ¿dónde está papá?

–Papá está aquí; pero ¿dónde has estado tú? –le preguntó su mamá–. Papá y yo nos hemos preocupado mucho por ti.

¡Uff! Felizmente… ¡Papá estaba en casa!

Por unos momentos de descuido, Pancho perdió la alegría de recibir a su papá cuando llegó del trabajo.

UNA ESPERA DE MILES DE AÑOS

¿Sabes? La Biblia habla de esperar. Durante miles de años la gente esperó la llegada del Salvador Jesús, porque Dios lo había prometido. Cuando Jesucristo nació en Belén, se cumplió esa promesa. Después, cuando Jesús murió en la cruz, se cumplió la promesa de que Él sería nuestro Salvador.

LA PROMESA DE JESÚS

Hay una gran promesa que no se ha cumplido todavía. Es la promesa de que Jesús va a volver otra vez. Después de su muerte y resurrección, antes de que volviera al cielo, Jesús dijo: «¡VENDRÉ OTRA VEZ!»

Yo espero cada día que se cumpla esa promesa. Nadie sabe cuándo será; sólo nuestro Padre celestial.

La primera vez, Jesús vino como un niño que nació en Belén. Ahora, Jesús va a volver como Rey.

Jesús ha preparado un hermoso hogar para todos los que lo aman y esperan su venida. Esta es la gran promesa que nos ha dado:

«En el hogar de mi Padre hay muchas viviendas;
si no fuera así, ya se lo habría dicho a ustedes.
Voy a prepararles un lugar. Y si me voy y se
lo preparo, vendré para llevármelos conmigo.
 Así ustedes estarán donde yo esté.»
Juan 14:2,3 NVI

¿Qué esperas tú? No hay nada mejor que esperar el día en que Jesús volverá.

En MIS PERLITAS encontrarás los materiales que acompañan a esta lección.

La rosita que quería ser libre

Esta es la historia de una rosa, hermosa y fragante. Ella crecía en la punta de una larga rama, contra la pared de una casa, en un bello jardín.

Como la rosa era pequeña y débil, el jardinero la había amarrado con un hilo grueso a un clavo en la pared. Pero a la rosa no le gustaba estar amarrada.

Cada vez que venía su amigo el viento, ella le decía:

«No me gusta este hilo. No me gusta este clavo que me sostiene; ni me gusta la pared.»

La rosa no sólo se quejaba del hijo y del clavo. Tampoco le gustaba el jardinero.

LA SABIDURÍA DEL VIENTO

«Quiero ser libre para hacer lo que quiero. No me gusta el jardinero que me amarró. ¡Cómo me gustaría ser libre y suelta! Quisiera bailar y balancearme a mi gusto.»

El viento, con gran sabiduría, le hacía ver que le convenía estar amarrada a la pared.

«Tú eres pequeña y débil, bella rosita. El jardinero sabe que te conviene estar sujeta a la pared», le decía su amigo, el viento.

EL CARO PRECIO DE LA LIBERTAD

Todos los días la rosa insistía en que quería ser libre, y tanto insistió que una noche el viento sopló con gran fuerza. Sopló tan fuerte, que el hilo que sostenía la rama se cortó.

Esa noche no sólo sopló el viento, sino que llovió torrencialmente, y también cayó granizo.

A la mañana siguiente, el jardinero encontró a la rosa caída en el barro, muerta de frío. Había perdido para siempre su hermosura. La pobre rosa había pagado un precio muy caro por sus deseos de ser libre.

La rosa nunca más emanó fragancia; nadie más disfrutó de su belleza. La verdad es que fue pisoteada en el barro, y olvidada para siempre.

APRENDE A OBEDECER

Hay niños que son como esa rosa. Se quejan porque quieren ser libres. Quieren hacer sólo las cosas que les agradan, sin obedecer los consejos de sus padres, de sus maestros, y de otras personas mayores. Quizá tú has pensado así alguna vez.

¿Sabes una cosa? Todavía no eres fuerte como para que hagas las cosas a tu manera. Necesitas quienes te guíen y te ayuden. Necesitas también quienes te castiguen cuando eres desobediente. La Biblia, la Palabra de Dios, dice: «Hijos, obedezcan en el Señor a sus padres, porque esto es justo.»

Si aprendes a obedecer a tus padres y a tus maestros será más fácil hacer lo más importante: obedecer a Dios.

En MIS PERLITAS están todas las ayudas para esta historia.

Un accidente milagroso

Anita era una niña de grandes y hermosos ojos negros; ojos llenos de vida a los que nada se escapaba. En todas partes, y donde pasaba algo sensacional, allí estaba Anita.

Sus padres y hermanos mayores la habían apodado «Anita, la traviesa». Su papá decía que era una equivocación que fuera niña; debía haber sido hombrecito.

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UNA NIÑA FELIZ

Anita era Anita y nadie podía cambiar eso. Es cierto que era un poco traviesa, pero tenía un corazón de oro. Siempre obedecía cuando su mamá le pedía algún favor. Para decirlo en pocas palabras, Anita era una niña feliz.

Un día pasó algo que Anita nunca olvidará. Ella había estado jugando con su amiga Elisabet. Camino a casa se encontró con su papá, que le dijo:

–Hijita, por favor ve con esta receta a la farmacia. Tu mamá ha enfermado y acaba de verla el médico. Necesita esta medicina.

–¿Qué? ¿Mamá está enferma?

Anita no podía comprenderlo. Estaba acostumbrada a ver sana a su mamá. Muy triste fue a la farmacia.

–No te demores, hijita –le pidió su papá–. ¡Corre!

perlita-358-bMEDICINA PARA LA MAMÁ

Anita sabía correr y no demoró mucho en llegar a la farmacia. Entregó la receta a don Eusebio y a cambio recibió un frasco de medicina. Lo pagó, y salió corriendo para llegar pronto a casa.

perlita-358-d-coCasi había llegado cuando pasó algo. Anita no recuerda cómo, pero se tropezó y cayó. El frasco de medicina voló de su mano, cayó contra una piedra, y todo el contenido se derramó.

¡Pobre Anita! No pudo contener las lágrimas. Al caer se había golpeado la espalda y se había hecho heridas en las rodillas. Pero eso no era lo peor. Lo que más le dolía era haber derramado la medicina que llevaba para su mamá.

VENENO, NO MEDICINA

Llorando regresó a la farmacia para pedir otro frasco. Entre sollozos, y mientras las lágrimas corrían por sus mejillas, le contó a don Eusebio lo que había pasado.

–¡Gracias a Dios! –exclamó el buen hombre.

Anita lo miró sorprendida. ¿Cómo era que don Eusebio daba gracias a Dios por el accidente?

anitaUn poco después de que Anita había salido con el frasco de medicina, don Eusebio se dio cuenta de que se había equivocado de frasco.

La medicina que la mamá de Anita necesitaba aun estaba sobre el mostrador. Lo que la niña estaba llevando a casa, ¡era veneno!

DIOS HIZO UN MILAGRO

Don Eusebio amaba a Jesucristo. Él sabía que podemos orar en cualquier circunstancia y recibir respuesta. De inmediato se había puesto de rodillas y había pedido a Dios que haga algo para que Anita no llegue a casa con el veneno.

¡Qué feliz estaba don Eusebio! Con mucho cariño limpió las heridas de Anita antes de que ella regresara a su casa; pero esta vez con la medicina que su mamá necesitaba.

Muy cansada, pero contenta, Anita llegó con la medicina. Tenía sucia la ropa y la cara pero las heridas estaban limpias. En la mano llevaba un frasco de medicina, ¡y no veneno!

Una y otra vez Anita tuvo que contar a todos acerca del accidente milagroso, porque realmente fue un accidente milagroso.

DIOS VELA POR TI

¿Verdad que es maravilloso cómo Dios contestó la oración de don Eusebio, para que Anita no llegara a casa con veneno en vez de medicina?

Anita se preocupó cuando tuvo el accidente; pero no sabía que era una bendición de Dios. A veces las cosas negativas pueden ser algo positivo.

Dios te ama y vela por ti. Así como ayudó a Anita y a don Eusebio, puede ayudarte a ti. ¡Confía siempre en Él!

rom-8_28En MIS PERLITAS están las hojas que acompañan a esta historia.

La pared de protección

Esta es la historia de Pablo, un muchachito ruso que vivía en tiempos de Napoleón.

Pablo, un niño inválido, vivía en un pequeño pueblo de Rusia. Un día corrió la noticia de cabaña en cabaña de que el ejército de Napoleón se acercaba. Todos los que tenían las fuerzas suficientes para escapar lo hacían. Muy pronto el pueblo quedó desamparado, a la merced del enemigo.

En la cabaña donde vivía Pablo no había señal de que alguien se estaba preparando para escapar. El pobre Pablo no podía caminar y su madre era la única ayuda que él tenía. Su padre había muerto.

PABLO NO QUERÍA SER EGOÍSTA

Era de noche y Pablo tenía mucho miedo. Pidió a su madre y a sus hermanitos que escaparan y que lo dejaran abandonado a su suerte.

–Los vecinos ya van lejos –dijo–. No los puedo oír. No quiero ser egoísta. ¿Por qué tienen que quedarse conmigo?

Pablo les dijo que era mejor que escapen mientras había tiempo.

–Yo estoy a salvo –dijo Pablo–. No creo que los soldados hagan daño a un pobre e inútil muchacho como yo.

–Todos estamos a salvo –respondió su mamá–. Dios no nos abandonará, aunque todos los demás lo hagan.

–Pero, mamá, ¿no has escuchado hablar de los soldados? No son hombres, son bestias. ¿Por qué tengo que ser tan débil? ¡Soy un inútil! –dijo, casi llorando, el pobre Pablo.

UNA PARED SEGURA

–No tengas miedo, hijo –dijo la  mamá–. Dios no nos desamparará. Él va a edificar un muro para nosotros, una pared de protección.

–Ustedes son mi única ayuda –dijo Pablo–. ¡Gracias a Dios que no me han dejado! Parece que oigo venir a esos crueles soldados. ¡Nos castigarán y quizá nos matarán! ¡No! Ustedes deben dejarme.

Pablo sentía que no tenía derecho a retener a su madre y a sus hermanitos, y prosiguió:

–Sufriré más viéndoles sufrir a ustedes.

–Dios es nuestro refugio y nuestro escudo –respondió su mamá–. Duerme tranquilo confiando en estas palabras: El ángel del Señor acampa en torno a los que le temen; a su lado está para librarlos.

Por fin, Pablo se durmió, olvidando su preocupación. A la mañana siguiente sus hermanitos descubrieron «la pared de protección» que Dios había construido para defenderlos.

pared-protectoraUNA PARED DE NIEVE

Había comenzado a nevar la noche anterior. Un viento tempestuoso arrastró la nieve contra la pequeña cabaña y la cubrió por completo.

Dios mostró una vez más que no defrauda a los que confían en Él. Durante varios días, Pablo, su mamá y sus hermanitos quedaron en la cabaña cubiertos por una pared de nieve.

En los días que el ejército de Napoleón pasó por el pueblo, todas las casas fueron saqueadas. Los soldados robaron las mejores cosas, hasta alimento y ropa. Pero a la pequeña cabaña donde vivía el inválido Pablo no llegaron. Dios los había protegido con una pared segura.

DIOS ES TU PROTECTOR

Dios no ha cambiado. Hoy también sabe proteger a los que confían en Él. No olvides jamás que Dios es tu protector. El envía a su ángel para salvar del peligro a los que honran.

En cualquier peligro que te encuentres, pide que Dios mande su ángel para protegerte. Dios puede hacer cosas que ni te imaginas; cosas imposibles para el hombre. A esas cosas les decimos «milagros». Dios usó la nieve para proteger a un niño inválido en Rusia. ¿Qué usará Dios para hacer milagros en tu vida? No lo sabemos; pero…

¡Sirve fiel a Dios y verás que cada día será un milagro!

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En MIS PERLITAS están las ayudas para esta historia.

 

El error de Balín

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Balín era un perrito inteligente y cariñoso. Vivía con sus amos en una casa de campo. Le encantaba corretear con su amo, un muchachito llamado Javier.

Cuando Javier iba a la escuela Balín lo esperaba sentado a la puerta, y cuando su pequeño amo llegaba a casa daba saltos de alegría. Luego Javier lo abrazaba y el perrito le lamía la cara.

–Tú eres mi mejor amigo –le decía Javier a su querido perrito. Como si Balín comprendiera lo que le decía Javier, se paraba en dos patitas y con las otras dos abrazaba a su amo y amigo.

–Yo quiero que siempre estés conmigo –le repetía Javier muchas veces–. Me encanta cuando me lames la cara.

¡Y como si Balín comprendiera, lo lamía más!

UN HERMOSO INSECTO

Un día cuando Balín jugaba en el patio, se fijó en un insecto que andaba en el suelo. Al perrito le interesó el insecto y se acercó para mirarlo. El insecto tenía un cuerpo de hermoso color azul y sus alas eran de rojo vivo.

Después de dar unas vueltas alrededor del insecto, Balín comenzó a dar saltos y a ladrar; pero se cuidaba de no acercarse demasiado. Si Javier hubiera estado en casa le hubiera dicho: «¡Cuidado, Balín!» Pero Javier estaba en la escuela.

TENTADO POR EL INSECTO

El insecto estaba indiferente, y seguía andando, a la vez que movía sus hermosas alas, como si tratara de atraer a Balín. Balín se puso más valiente y se acercó poco a poco al insecto.

Las hermosas alas rojas del insecto lo tentaban. Como el insecto no le hacía nada, decidió una vez por todas mostrarle que él era más grande y fuerte. Muy decidido, pisó con una de sus patitas al insecto.

Parece que el insecto sólo estaba esperando el momento preciso, porque con la rapidez de un rayo se dio vuelta, sacó un aguijón que hasta ese momento tenía escondido, y lo clavó en la patita de Balín.

UN GRITO DE DOLOR

¿Te imaginas el grito de dolor que dio el pequeño Balín? Se fue corriendo en tres patitas, dando gritos de angustia: «¡Guau, guau, GUAU!» Con esto aprendió una lección importante: no hay que jugar con los insectos.

Cuando Javier llegó de la escuela lo encontró sentado en el fondo del jardín, lamiendo su patita.

–¿Qué te pasa, amiguito? –le preguntó a su querido Balín.

Como los perros no pueden hablar, lo único que hizo Balín fue mirar a su amo con ojos grandes y tristes. En vez de lamerle la cara a Javier, seguía lamiendo su patita.

Javier tomó a Balín en sus brazos y lo llevó a la cocina, donde estaba su mamá. Ella examinó la patita de Balín y encontró el aguijón. ¡Qué alivio para Balín cuando se lo sacó!

–¿Qué hiciste perrito travieso? –dijo la mamá.

Lo único que Balín hizo para contestar fue mover rápidamente la cola y lamer la cara de su amo Javier.

¡Qué bueno era para Balín estar en los brazos de su amo!

EL AGUIJÓN DEL PECADO

La experiencia de Balín nos enseña algo importante. En la vida hay muchas cosas que buscan atraer nuestra atención. El diablo quiere atacarnos con el aguijón del pecado.

Ten cuidado con lo que miras en la televisión y cuídate de los juegos en video, que pueden llenar tu mente con mucha violencia. Si tienes acceso a computadora o a un teléfono, cuídate de los lugares que visitas en la Internet.

Así como a Balín le pareció interesante jugar con el insecto, hay niños que juegan con el pecado. No se dan cuenta del gran peligro que representan las cosas que el diablo presenta como bonitas y atractivas.

RESISTE LA TENTACIÓN

La Biblia considera dichosos a los que resisten la tentación. ¿Sabes por qué? Cada vez que haces lo bueno en vez de lo malo, ganas una victoria sobre el pecado. El premio de obedecer a Dios es la vida eterna.

Así como Javier amaba a su perrito Balín, y nunca quería separarse de él, Dios te ama y quiere que siempre estés con Él.

Pero Dios es santo y puro, y en su presencia no puede haber pecado. Por eso Jesucristo vino al mundo para ser nuestro Salvador. Si aceptas su amor podrás estar siempre con Dios.

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En MIS PERLITAS está todo lo que corresponde a esta historia.

El príncipe y el pastor

El príncipe y el pastor eran los mejores amigos. El príncipe amaba al pastor como su propia vida. Un día hicieron un pacto de amistad y el príncipe le dio al pastor su manto; también le dio su túnica, su espada, su arco, y hasta su cinturón.

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El padre del príncipe odiaba al pastor y buscaba matarlo. Si te digo que este pastor había derrotado a un gigante enemigo, quizá recuerdes que has oído hablar de él. Y si te digo que el gigante se llamaba Goliat, seguramente te des cuenta de cómo se llamaba el pastor.

Sí, esta historia es acerca de David, y de su buen amigo Jonatán. Trágicamente, Jonatán murió en una batalla, y también su padre, el rey Saúl. ¿Crees que David se alegró de que su enemigo había muerto? ¡No! David lloró la muerte de Saúl. Y mucho más lloró por la muerte de su gran amigo Jonatán.

LA TRISTE SUERTE DE MEFI-BOSET

Jonatán tenía un hijo de cinco años, que se llamaba Mefi-boset. Cuando llegó la noticia de que el rey Saúl y su hijo Jonatán habían muerto en la guerra, la nana del niño lo cargó para escapar. Con el apuro, se le cayó a Mefi-boset y el pequeño quedó lisiado de los pies, cojo para siempre.

Dios había escogido a este pastor para que sea el próximo rey del pueblo de Israel. David fue proclamado rey y estableció la capital de su reino en Jerusalén. Pasaron los años. El rey estaba ocupado en defender su reino de los enemigos. Pero no se olvidó de su amigo Jonatán y del pacto de amistad que habían hecho.

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Un día, mientras pensaba en su amigo, David decidió averiguar si había alguien de la familia del Saúl a quien pudiera beneficiar en memoria de Jonatán.

MEFI-BOSET VISITA EL PALACIO

El que había sido administrador del rey Saúl y su familia se llamaba Siba. David lo mandó a llamar.

–¿Queda alguien de la familia de Saúl a quien yo pueda mostrar la bondad de Dios? –le preguntó el rey.

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¿Recuerdas al niñito que se había lastimado y estaba cojo? Él ya había crecido y era un hombre adulto. Siba le informó al rey acerca de Mefi-boset, el hijo de Jonatán.

–Su Majestad –dijo Siba–. Queda un hijo de Jonatán; pero está tullido de ambos pies.

Eso no le importó a David. Inmediatamente mandó a buscarlo. ¿Crees que Mefi-boset se emocionó? ¿O habrá sentido miedo? Él no sabía que su padre había hecho un pacto de amistad con David. Sin duda se sintió muy nervioso, preguntándose por qué el rey lo había mandado a llamar. Al llegar al palacio se inclinó ante el rey en señal de respeto.

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UN PRÍNCIPE RESTAURADO

–No tengas miedo –le dijo David–. Tu padre Jonatán y yo éramos muy buenos amigos. En memoria de él voy a cuidar de ti. Te voy a devolver todas las tierras de tu abuelo Saúl. Además, de ahora en adelante, comerás en mi mesa.

–¿Quién soy yo para que el rey se fije en mí? –dijo Mefi-boset–. ¡No valgo más que un perro muerto!

Para David Mefi-boset no era como un perro muerto; era muy valioso. ¡Era el hijo de su amigo! A él no le importó que Mefi-boset estuviera cojo y que la gente lo despreciara.

Mefi-boset le traía hermosos recuerdos de su amigo, con quien había hecho un pacto de amistad.

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–Todo lo que pertenecía a Saúl se lo entrego a Mefi-boset –dijo David a Siba–. Tú le cultivarás la tierra y todo la cose-cha será para Mefi-boset y su familia. Tus quince hijos y tus veinte criados te ayudarán.

Así fue. ¡De un día para otro todo cambió! Mefi-boset ya no era un cojo olvidado, sino un príncipe restaurado. A su servicio estaba toda la familia de Siba, el hombre que antes había sido el administrador de su abuelo.

Desde ese día Mefi-boset fue a vivir en Jerusalén, y siempre se sentaba a la mesa con el rey David.

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VALORA LA AMISTAD

La amistad es algo precioso. Salomón, el hijo de David, que fue el rey más sabio, dijo que «en todo tiempo ama el amigo, y es como un hermano en tiempo de angustia».

¿Tienes amigos? Valora su amistad. Sé un buen y fiel amigo como el rey David. En las buenas y en las malas, defiende a tus amigos. Sé un amigo más unido que un hermano.

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