Josué y la lectura de la Ley

Toda la semana Sal y Pimienta habían hablado de Josué y los enemigos amorreos. Se estaba acabando el día y a los israelitas les faltaba tiempo para terminar la batalla. «Sol, ¡deténte», dijo Josué.

–¿Qué piensas, Sal –le preguntó Pimienta a su amigo–. Será que el sol obedeció?

–Josué fue valiente –respondió Sal–. Creo que tenía tanta fe en Dios que pidió más tiempo para la batalla.

El sábado, se apuraron para llegar primero al Club. No querían perderse ni una parte de la historia.

–Doña Beatriz, ¡cuéntenos cómo fue lo del sol! –pidió Pimienta–. ¿Obedeció el sol a Josué?

–Sí, el sol y la luna obedecieron a Josué –dijo la buena vecina–. La Biblia dice que Dios obedeció la orden de un ser humano. El sol se detuvo casi un día entero. La noche se convirtió en día, y después hubo otro día.

–¿No se habrán cansado los guerreros? –dijo Sal.

–Así como Dios hizo que el sol siguiera alumbrando toda la noche, creo que dio fuerza a los soldados –contestó doña Beatriz–. Pero Josué había caído en una trampa.

–¿Una trampa? –preguntó Pimienta–. ¿Qué trampa?

La trampa de los gabaonitas

Los gabaonitas, de la tribu de los heveos, decidieron engañar a Josué. No querían que les pase lo mismo que había pasado con la ciudad de Jericó y con Hai, otra ciudad que Josué conquistó. Algunos de ellos se pusieron ropas y sandalias viejas y gastadas, cargaron en sus bolsas pan seco y hecho pedazos, y pusieron vino en recipientes de cuero viejos y remendados.

Así le hicieron creer a Josué que eran de un país muy lejano.

Josué y el pueblo estaban acampados en Gilgal. Cuando llegaron los gabaonitas les dijeron que venían desde lejos y que querían hacer un trato con ellos para que los dejaran vivir en paz.

Josué les hizo preguntas; pero se olvidó de lo más importante. Él hizo un pacto con los gabaonitas y prometió dejarlos vivir en paz; ¡sin consultar a Dios! Josué y los líderes de los israelitas cayeron en la trampa. Hicieron un acuerdo, sin preguntar al Señor si esos hombres hablaban la verdad.

¡Ese fue un gran error!

Josué descubre el engaño

Pasaron tres días. Entonces los israelitas descubrieron que los gabaonitas eran sus vecinos. Pero no pudieron hacerles daño, porque habían prometido que los dejarían vivir en paz.

–¿Por qué nos engañaron? –les preguntó Josué–. Ahora serán nuestros esclavos. De ahora en adelante cortarán leña y acarrearán agua para el altar de Dios.

–Mentimos, porque teníamos miedo de perder la vida –respondieron–. Estamos en sus manos.

Así, los gabaonitas fueron siervos de los israelitas.

Josué defiende a Gabaón

Un día, cinco reyes amorreos rodearon la ciudad de Gabaón y la atacaron. Inmediatamente los gabaonitas enviaron a pedir a Josué que los ayudara. Por eso, Josué salió con todo su ejército para defenderlos.

Dios le dijo que vaya sin miedo, porque les daría la victoria. Toda la noche Josué y sus tropas marcharon hacia Gabaón, y atacaron por sorpresa a los amorreos.

Dios hizo caer sobre el enemigo grandes piedras de granizo. Fue entonces que Josué oró a Dios y declaró al sol que se detenga. ¡Y el sol se detuvo!

El sol se quedó quieto en medio del cielo; casi por un día entero no se ocultó. Nunca más ha habido un día tan largo como ése. ¡Dios peleaba por los israelitas!

Lectura de la Ley en el monte Ebal

El siervo de Dios Moisés le había dado instrucciones a Josué. Al llegar a la Tierra Prometida debía levantar en el monte Ebal un altar a Dios. Las piedras debían ser enteras; piedras que nadie haya cortado.

Josué levantó el altar y allí ofrecieron ofrendas al Señor su Dios. Después Josué grabó sobre esas piedras la Ley que Dios había dado por medio de Moisés.

¿Qué le había dicho Dios a Josué al comisionarlo para que sea el sucesor de Moisés?

«Nunca dejes de leer el libro de la Ley; estúdialo de día y de noche, y ponlo en práctica.»

Junto al altar en Ebal, Josué leyó en voz alta todo lo escrito en el libro de la Ley. Escuchaban la lectura hombres, mujeres y niños; también los extranjeros.

Josué fue un líder valiente y obediente. No solamente leía y estudiaba el libro de la Ley sino que lo ponía en práctica. Su vida era un perfume fragante que daba honra y gloria al Señor.

MIS PERLITAS

En Mis Perlitas están todas las ayudas para esta historia.

 

Josué, un líder valiente

Había un aire de sorpresa cuando los niños llegaron al Club. Durante medio año habían estado armando la torre con las virtudes de fragancia.

–Sólo nos faltan 4 ladrillos para terminar el alfabeto –dijo Pepita–. Los ladrillos para V, X, Y y Z.

–La V es fácil –dijo Pimienta–. Podría ser victoria o vencedor; pero ¿qué pueden ser las
palabras de X, Y y Z?

–Les tengo una sorpresa –informó doña Beatriz mientras los niños conversaban–. Hoy vamos a poner el último ladrillo. ¿Cuántas virtudes hemos estudiado?

–¡El último ladrillo! –exclamaron los niños, emocionados, y empezaron a contar–. Un, dos, tres, cuatro…

–¡Veinte! –gritaron Pimienta y Samuel a una voz al terminar el conteo.

–Sí, veinte virtudes –confirmó doña Beatriz–. Y aquí tengo la última. No vamos a hacer nada
por las X, Y y Z.

–Tampoco hicimos la K y la Ñ –dijo Pepita–. Es una torre alta. ¿Vamos a poner victoria o vencedor?

–Ni victoria ni vencedor, sino “valiente”. ¿Quién quiere poner el último ladrillo? ¿Quién es valiente?

Sal, como el primer amigo que había venido al Club, se animó a hacerlo. Tuvo que pararse en una silla para alcanzar hasta arriba. Doña Beatriz le ayudó.

–¡Qué bonita está la torre! –exclamó Pepita–. ¡Cómo quisiera tener una torre para poner en mi casa!

–¡Yo también! –dijo Estrella. A ella le gusta hacer todo igual que Pepita.

Doña Beatriz prometió que en la siguiente reunión del Club harían sus propias torres. Pero ahora les tocaba escuchar la historia.

Dios escoge a un nuevo líder

Moisés, el gran líder de Israel que sacó al pueblo de la esclavitud de Egipto y con quien cruzaron el mar Rojo, tenía un siervo que lo acompañaba en todo lo que hacía. Su nombre era Josué.

Después de que el pueblo estuvo vagando por el desierto 40 años, llegó el momento de entrar en la Tierra Prometida. Dios designó a Josué como el nuevo líder.

Moisés tenía 120 años cuando murió; pero era tan fuerte como en su juventud. Tenía tan buena vista que ni siquiera necesitaba lentes.

Antes de su muerte, Moisés se despidió del pueblo y bendijo a Josué. Él sabía que no sería fácil para Josué ser el nuevo líder y lo animó a que sea fuerte y valiente. «Dios, el Señor, irá contigo y te ayudará», le dijo.

¿Quién más lo animó? Dios mismo. Tres veces le dijo a Josué que sea fuerte y valiente.

Dios promete estar con Josué

Durante el tiempo que Josué fue siervo de Moisés lo vio escribir las leyes que Dios le dictaba. Esas leyes se conocen como el Pentateuco, los cinco primeros libros de la Biblia. Dios le dijo a Josué que no deje de leer el libro de la ley, que lo estudie todos los días, y que siempre lo ponga en práctica.

«Así tendrás éxito en todo lo que hagas», le dijo Dios, y prometió que lo ayudaría, así como ayudó a Moisés.

Como hemos visto, Dios le repitió tres veces que sea fuerte y valiente, porque él guiaría al pueblo de Israel para que reciba la tierra que Dios les había prometido.

«No desobedezcas ni una de las leyes –dijo Dios–, y te irá bien. No tengas miedo, porque estaré contigo.»

Entrada en la Tierra Prometida

Pasaron cosas emocionantes. Cuando el pueblo de Israel llegó al río Jordán, por donde debían pasar para llegar a la Tierra Prometida, era el tiempo de la cosecha y el río se desbordaba. Dios hizo detener las aguas y los millones de israelitas pasaron al otro lado del río por tierra seca.

Para conquistar la ciudad de Jericó, que tenía grandes muros que la protegían, el pueblo marchó alrededor siete días. El séptimo día marcharon siete veces. La gente marchaba en silencio y los sacerdotes tocaban trompetas. La séptima vez todos gritaron y los muros se derrumbaron. El pueblo entró y tomó la ciudad.

A Josué y su ejército les tocó conquistar ciudad tras ciudad. Josué siempre pedía a Dios que lo ayudara.
Una vez, cuando les atacaron los enemigos amorreos, Josué necesitaba más tiempo para terminar la batalla.

«Sol, ¡deténte», dijo Josué. ¿Será que el sol obedeció?

En Josué 10:1-15 está la respuesta.

MIS PERLITAS

Encuentra en Mis Perlitas todo el material que acompaña a esta historia.

El pacto de amistad de David y Jonatán

Cuando los niños llegaron a la reunión del Club se sorprendieron. En la pizarra doña Beatriz había escrito el alfabeto.

–Doña Beatriz, esto no es la escuela –dijo Pimienta–. ¿Por qué ha puesto el alfabeto en la pizarra?

–No te preocupes, Pimienta. Creo que te va a gustar lo que vamos a hacer –respondió la buena vecina.

Luego les explicó que formarían un alfabeto de amistad, con palabras y nombres para describir a buenos amigos.

–Quiero poner Sal para la S –dijo Pimienta–, porque él es mi mejor amigo.

–Pongamos el nombre de Estrella en la E –dijo Pepita–. Ella es una muy buena amiga.

–Pepita y Pimienta para la P –dijo Estrella–. Pepita es la persona más buena que conozco. Pimienta también es bueno y siempre me hace reír.

Como el nombre de Pimienta es Félix, doña Beatriz lo puso en la F. Luego puso amable y bueno en la A y la B.

–Les voy a contar acerca de dos amigos que representan la U –dijo doña Beatriz, y puso unidos en el alfabeto. Después puso los nombres de David y Jonatán.

Terminaron de llenar el alfabeto con palabras y nombres y la buena vecina les contó la historia.

El secreto del pastorcito David

En el palacio había un grave problema. El rey, Saúl, estaba atormentado por un espíritu malo, que le causaba mucho daño. Sus siervos le aconsejaron que buscara a alguien que toque el arpa, para que la música lo calme.

Fue así que David, el pastorcito músico y cantor, llegó al palacio. David, además, era un guerrero valiente.

El joven David era humilde; amaba a Dios sobre todas las cosas. ¡Y tenía un secreto! Dios lo había escogido para que sea el próximo rey.

El profeta Samuel había ido a su casa a ungirlo con aceite, como era costumbre; pero él no se puso orgulloso sino que siguió su vida de pastor de ovejas, hasta que el rey lo llamó al palacio.

Al rey le agradó tanto David que lo hizo su escudero. David estaba siempre a su lado y le ayudaba a llevar las armas. Y siempre que el espíritu malo atacaba al rey, David tocaba el arpa y Saúl se sentía mejor.

La amistad del príncipe y el pastor

David ya no volvió a su casa, sino que estuvo en el palacio. Entonces el príncipe Jonatán se hizo muy amigo de él. Jonatán llegó a amar a David como a sí mismo y le juró que serían amigos para siempre. Para mostrarle cuánto lo quería, Jonatán le dio a David su ropa de príncipe, su arco y su espada, y también su cinturón.

Como David era un guerrero valiente, Saúl lo enviaba a la guerra contra los enemigos filisteos. David siempre salía victorioso. Así que Saúl lo puso como jefe de sus soldados. Pero pasó algo que llenó al rey Saúl de envidia.

David se convierte en héroe

En una de las batallas, David mató al gigante Goliat, que había amenazado al ejército de Saúl.

Cuando los soldados regresaron de la batalla, y las mujeres salieron a recibir al rey con danzas, el rey se enojó mucho. ¿Por qué? Porque cantaban:

«Saúl mató a mil soldados; pero David, a diez mil.»

¡Ahora sólo falta que me quite el trono! pensaba Saúl. Él no sabía el secreto de David; pero tú lo sabes. No era David que le iba a quitar el trono. Dios había decidido poner otro rey, porque Saúl lo había desobedecido.

Saúl se puso como loco dentro del palacio. No soportaba que David fuera el héroe. ¡Y le tenía miedo! Eso, porque se daba cuenta de que Dios ayudaba a David.

David no reveló su secreto, sino que seguía como siervo de Saúl y tocaba el arpa. Un día, Saúl le arrojó una lanza para clavarlo a la pared; pero David escapó.

Saúl buscó muchas formas de destruir a David; pero era imposible, porque Dios lo protegía. Lo llegó a odiar tanto que se convirtió en su enemigo de toda la vida.

Dos amigos unidos

«En todo tiempo ama el amigo, y es como un hermano en tiempo de angustia.»

Saúl no sabía que su hijo Jonatán había hecho un pacto de amistad con David. Le ordenó a él y a sus siervos que lo mataran. Pero Jonatán se opuso.

–Papá, no le hagas daño –dijo–. David no te ha hecho nada malo. Él arriesgó su vida cuando peleó contra Goliat y lo mató. David es mi mejor amigo.

Jonatán le avisó a su amigo del peligro que corría. David tuvo que escapar de Saúl hasta que se cumplió el secreto y llegó a ser rey. Pero Jonatán cumplió su pacto de amistad, porque los amigos son unidos en las buenas y en las malas.

¡Siempre unidos!

MIS PERLITAS

En Mis Perltas hay actividades, láminas y multimedia para esta historia.

La tenacidad de Job

–Hoy vamos a hablar de tenacidad –dijo doña Beatriz–. ¿Quién sabe qué es la tenacidad? ¿Cómo es una persona tenaz?

Pimienta inmediatamente corrió al estante donde había un diccionario. Con un poco de esfuerzo encontró la palabra, porque no sabía si se escribe con ese o con zeta.

–Tenaz es resistente, que se prende con fuerza –leyó Pimienta–, y que es difícil de quitar o separar.

Sal se acercó a Pimienta para mirar con él. Entonces su amigo le pasó el diccionario.

–Tenaz es firme y perseverante en un propósito –leyó Sal.

–Esto describe bien a una persona tenaz –dijo doña Beatriz y miró de uno en uno a los niños–. Vamos a hablar hoy acerca de un hombre tenaz, que era firme y persistente. Por nada quería separarse de Dios.

Sal cerró el diccionario y Pimienta lo devolvió al estante. Luego se sentó otra vez con su amigo Sal. Todos miraron atentos a la buena vecina, para saber quién era el hombre tenaz.

El siervo de Dios Job

En un país llamado Uz había un buen hombre que servía a Dios de todo corazón. Era el hombre más rico de ese país.

No había ganado su riqueza con engaño, sino que era honrado y obediente a Dios. En todo evitaba hacer lo malo. Se llamaba Job.

Job tenía una linda familia. Él y su esposa tenían siete hijos y tres hijas, y muchos criados.

¿Cuáles eran sus riquezas?

Job tenía 7.000 ovejas, 500 yuntas de bueyes, 500 asnas y 3.000 camellos.

Los hijos varones de Job organizaban banquetes en sus casas, a los que invitaban a sus tres hermanas. Se turnaban en hacer esas fiestas. Job los llamaba para presentar sacrificio a Dios, por si acaso hubieran cometido algún pecado.

Además, cada mañana, Job se levantaba temprano y ofrecía a Dios una ofrenda por cada uno de sus hijos. Para Job era importante pedir que Dios perdonara todo pecado de ellos.

El ángel acusador

Hace mucho tiempo había un hermoso ángel en el cielo. El ángel se puso orgulloso y se rebeló contra Dios. Cayó de su puesto de honor y es ahora el ángel acusador, el diablo.

Un día, en que los ángeles se presentaron ante Dios, el diablo también se presentó allí. Había estado recorriendo la tierra.

–¿Qué piensas de mi siervo Job? –le preguntó Dios–. Habrás visto que no hay nadie en toda la tierra tan intachable como él.

–¡Job te obedece por puro interés! –respondió el diablo–. Tú bendices todo lo que hace. Quítale sus riquezas y te maldecirá.

Job pierde todo en un solo día

Dios le dio permiso al acusador para que haga lo que quiera con todos los bienes de Job; pero que no lo toque a él.

Un día, cuando los hijos de Job estaban de fiesta en la casa del hermano mayor, llegó un mensajero a decirle a Job:

–Estábamos arando con los bueyes, y los asnos pastaban. ¡Unos bandidos nos atacaron y se robaron los animales! También mataron a los criados. ¡Sólo yo pude escapar!

Mientras hablaba ese hombre, llegó otro mensajero con la noticia de que un rayo acababa de matar a las ovejas y a los pastores. No terminaba de hablar, cuando llegó otro y dijo:

–¡Nos atacaron tres grupos de bandidos! Mataron a los criados y se llevaron los camellos. ¡Sólo yo escapé!

Al momento, llegó un cuarto mensajero. Le contó a Job que todos sus hijos habían muerto, cuando estaban de banquete en casa del hermano mayor. De repente, sopló un viento fuerte del desierto y derribó la casa. ¡Todos murieron aplastados!

A pesar de todo esto, Job no pecó ni le echó la culpa a Dios. En vez de maldecir todo lo malo que le había pasado, rompió su ropa en señal de dolor y se rasuró la cabeza. Luego se inclinó hasta el suelo y adoró a Dios.

Job supera las pruebas

El ángel acusador no se contentó con esos males; quería que Job maldijera a Dios. Obtuvo permiso para herir a Job; pero no quitarle la vida. Lo llenó con llagas en todo el cuerpo. Tanto era el sufrimiento de Job, que se pasaba el día sentado sobre un montón de ceniza, rascándose con un pedazo de teja.

Su esposa, que también sufría por la pérdida de sus hijos, le preguntó por qué insistía en que era inocente.

–¡Maldice a Dios y muérete! –le dijo.

Job era tenaz. Firme y perseverante se aferró de su Dios. Cuando tres de sus amigos lo acusaron de haber pecado, Job defendió su inocencia. Ni él ni sus amigos sabían que Dios permitió esto para mostrar a Satanás que Job era un siervo fiel.

Job no perdió su fe. Tenía la seguridad que debemos tener en todo lo que nos pase, y dijo: «Yo sé que mi Redentor vive».

Después de un tiempo, Dios nuevamente bendijo a Job, ¡y mucho más que antes! Le quitó su aflicción, le dio el doble de sus riquezas: 14.000 ovejas, 1.000 yuntas de bueyes, 1.000 asnas y 6.000 camellos.

Le nacieron otros diez hijos. Sus tres hijas eran las más hermosas del país. Él vivió 140 años más y gozó de sus nietos y bisnietos, hasta la cuarta generación.

MIS PERLITAS

En MisPerlitas están todos los componentes para esta historia.

Ester, la huérfana coronada

El rey Asuero reinaba sobre 127 provincias. Ofreció un banquete que duró medio año, para mostrar la enorme riqueza de su reino. ¡Imagínate estar celebrando por 180 días! Allí estaban los jefes militares de Persia y Media y todos sus funcionarios y servidores.

Después de este banquete el rey ofreció un banquete de siete días. Al séptimo día, mandó llamar a su presencia a la reina, llamada Vasti, para exhibir su belleza a todos sus invitados, porque era muy hermosa. Pero la reina se negó a ir.

El rey se enfureció y ordenó que Vasti nunca vuelva a presentarse ante él, y que se le quite el título de reina.

Al poco tiempo, cuando se calmó la furia de Asuero, el rey se acordó de Vasti y de lo que había hecho. Ya no había reina en su imperio. Entonces sus ayudantes le hicieron una propuesta. ¿Por qué no hacía un concurso entre las jovencitas de su reino para escoger una nueva reina?

A cada provincia de su reino el rey mandó delegados para que reúnan en la ciudad Susa, la capital del imperio, a todas las jóvenes hermosas. Allí les darían un tratamiento de belleza, y el rey escogería a la joven que más le guste.

Una huérfana cautiva

En Susa vivía un judío llamado Mardoqueo, que había sido llevado cautivo de Jerusalén por Nabucodonosor, rey de Babilonia. Mardoqueo tenía una prima huérfana llamada Ester, a quien había criado desde que murieron los padres de ella. Ester también había llegado como cautiva de la tierra de Israel.

Ester era muy hermosa. Cuando se proclamó el edicto y la orden del rey, ella fue llevada al palacio. Ester agradó al hombre encargado de preparar a las jóvenes para el concurso, y se ganó su simpatía. Él le dio el mejor tratamiento de belleza.

Cuando le tocó a Ester el turno de presentarse ante el rey, a él le gustó a esta joven huérfana más que todas las demás mujeres. Así que el rey le puso la corona real y la proclamó reina en lugar de Vasti.

Luego el rey ofreció un gran banquete en honor de Ester para todos sus funcionarios y servidores. No sólo eso, el rey declaró un día de fiesta en todas las provincias de su imperio y distribuyó regalos generosos, dignos de un rey.

Amenaza de muerte a los judíos

Mardoqueo se sentaba a la puerta del palacio, para saber cómo le iba a su prima Ester, su hija adoptiva. Allí se enteró de dos miembros de la guardia que tramaron asesinar al rey.

Mardoqueo le contó a la reina acerca de la conspiración, y ella se lo hizo saber al rey. Así, Mardoqueo salvó al rey.

Después de esto, el rey honró a un hombre llamado Amán, y le dio el puesto más alto de todos sus funcionarios. El rey ordenó que los servidores del palacio se arrodillaran ante Amán, y le rindieran homenaje; pero Mardoqueo no lo hizo.

¿Por qué Mardoqueo no se arrodillaba ante Amán? Porque Mardoqueo servía al Dios único y verdadero y sabía que solamente a Él hay que adorar. Esto enfureció tanto a Amán que quiso matarlo; pero desechó esa idea.

En cambio, decidió exterminar a todo el pueblo de Mardoqueo, es decir, a los judíos.

Amán logró convencer al rey Asuero a que mandara matar a todos los judíos. Él había echado suerte para determinar cuándo se haría esto. El rey no sabía que su hermosa reina Ester era del pueblo judío y autorizó a que Amán mandara un decreto a las 127 provincias sobre la muerte de los judíos.

El rey le dio a Amán su anillo para que lo usara para sellar el decreto.

Cuando Mardoqueo se enteró del decreto de matar a los judíos, se vistió de luto y se cubrió de ceniza, y salió por la ciudad dando gritos de amargura.

Ester arriesga su vida

Había solamente una solución, que Ester se presentara ante el rey para pedir la salvación de su pueblo. Eso era peligroso, porque nadie se presentaba ante el rey sin ser llamado.

Ester tenía que ser sincera, reconocer ante el rey lo que estaba pasando, y suplicar por la salvación de su pueblo. «¡Quién sabe si no has llegado al trono precisamente para un momento como este!» le dijo Mardoqueo.

Ester y sus doncellas ayunaron tres días; Mardoqueo y los judíos de Susa ayunaron. Pidieron el favor de Dios para la reina. «Y si tengo que morir, ¡moriré!» dijo Ester y se presentó ante el rey.

Dios estuvo con esta joven valiente y sincera. El rey le ofreció hasta la mitad de su reino, pero eso no le importó a Ester; solamente quiso salvar a los judíos de la muerte.

En el libro de Ester 5, 6 y 7 puedes leer el plan de Ester y el resultado.

El malvado Amán había preparado una estaca de veinticinco metros de altura para ahorcar a Mardoqueo, a quien odiaba. ¡El rey mandó ahorcar a Amán en esa estaca!

A los pies del rey, y con lágrimas en los ojos, Ester suplicó por la salvación de los judíos. Al arriesgar su vida, la hermosa reina huérfana salvó a todo un pueblo de ser aniquilado.

MIS PERLITAS

En MIS PERLITAS está todo lo que acompaña a esta historia.

Anita y el sueño de los ángeles

Doña Beatriz le había dado un tema de investigación a Pimienta. Él se sentía feliz e importante. Tanto le gustaba investigar que pensaba ser detective cuando fuera grande.

Pimienta iba a hacer una lista de las Marías que hay en el Biblia. ¿Cómo lo iba a averiguar? Ir página por página demoraría mucho tiempo.

El primo de Sal tiene computadora –pensó nuestro amiguito–. Voy a pedirle que me ayude.

¡Y eso es lo que hizo!

Sergio, el primo de Sal, era experto en buscar información. ¿Cómo haría para encontrar estos datos?

–No es tan fácil hacer esto –dijo Sergio–. Necesito tener una Biblia en la computadora.

–¿Cómo vas a conseguir eso? –preguntó Pimienta.

–Hay programas que tienen la Biblia. Voy a buscar uno que pueda instalar gratis.

Sergio estuvo ocupado toda la semana con sus estudios. No pudo dedicar mucho tiempo a buscar un programa para instalar la Biblia; pero logró hacerlo el sábado. Antes de ir a la reunión del Club Pimienta fue a su casa.

–Dime, ¿qué necesitas? –le dijo Sergio.

–Quiero saber cuántas Marías hay en la Biblia?

–Eso será fácil con el programa que tengo ahora. Vamos a poner “María” para la búsqueda y veremos lo que sale.

En la búsqueda salieron todos los versículos donde había el nombre de María. Con la ayuda de Sergio y de su amigo Sal,

Pimienta escogió seis Marías para su lista.

  • María, la hermana de Moisés
  • María, la madre de Jesús
  • María Magdalena
  • María, la madre de Jacobo y José
  • María de Betania, hermana de Marta y Lázaro
  • María, la madre de Juan Marcos

Esa tarde Pimienta fue muy feliz al Club, con su lista en la mano. Doña Beatriz le agradeció por el buen trabajo que había hecho, luego dijo:

–Poco a poco vamos a aprender acerca de cada una de estas Marías; pero ahora les voy a contar la historia de Anita, una niña que aprendió la importancia de ser agradecida.

 

Anita y los dos ángeles

Anita se sentía muy triste y afligida. Su mamá estaba en cama, gravemente enferma. En la casa reinaba silencio absoluto. Ella caminaba de puntillas de un cuarto a otro. No sabía qué hacer. Se le habían ido las ganas de jugar, y tampoco tenía con quien conversar. Estaba muy, pero muy triste.

De pronto tuvo una idea. Recordó un versículo bíblico que había aprendido en la escuela dominical:

«¡Pidan y se les dará!»

Entró corriendo a su dormitorio, dobló sus rodillas junto a la cama, y pidió de todo corazón la sanidad de su querida mamá.

Salió calmada de su cuarto. Se encontró con la enfermera, que le dijo: «Tu mamá está mejorando; pronto estará sana.»

¡Qué buenas noticias! Anita comenzó a saltar de alegría. Dios había escuchado su oración.

Esa noche, Anita tuvo un sueño extraño en que ella iba caminando por las calles del cielo. Allí vio a dos ángeles. Cada uno de ellos estaba halando una canasta desde la tierra.

Una de las canastas se veía muy pesada; pero el ángel sonreía. El otro ángel no parecía nada contento. Cada vez que halaba su canasta llegaba vacía.

Anita sintió lástima al ver al ángel tan triste. Sintió curiosidad por saber la razón, y se animó a preguntárselo:

–Querido ángel, ¿por qué tu canasta llega vacía?

Muy triste el ángel le respondió:

–Te lo diré, pequeña. La canasta llega vacía porque los hijos de Dios en la tierra se olvidan de agradecer al Señor por la ayuda que reciben. Mi canasta, de los agradecimientos, muchas veces llega completamente vacía.

El ángel sonriente, que tenía la canasta llena, dijo:

–Mi canasta es de las peticiones. Tú misma acabas de ver que llega llena. Los hijos de Dios en la tierra tienen muchas cosas que pedirle a Dios.

Anita se despertó. Sintió como una punzada en su corazón.

No he dado gracias a Dios por la mejoría de mi mamá –pensó Anita, arrepentida–. Yo también he entristecido al ángel que tiene la canasta de los agradecimientos.

Agradece a Dios por sus bondades

Por medio de ese extraño sueño, Anita aprendió una lección importante. No más dejó de enviar agradecimientos al cielo por las oraciones contestadas.

¿Qué de ti? ¿Agradeces a Dios por sus bondades?

«Den gracias al Señor, porque Él es bueno.»

 

MIS PERLITAS

Todo lo referente a esta historia está en Mis Perlitas.

El día más feliz de María

En la pizarra del Club doña Beatriz había escrito con letras grandes y de colores la palabra REGOCIJO. Era la virtud del ABC de Fragancia que les tocaba ese día. Regocijo es alegría, felicidad, placer, festejo.

–¿Cuál ha sido el día más feliz de tu vida? –preguntó la buena vecina a los niños.

–¡El día que usted me regaló mis zapatos! –gritó Pimienta lleno de emoción y levantó los pies para mostrar a todos sus nuevos zapatos, que él había lustrado con mucho esmero antes de venir al Club.

–¡Fue el día que recibí mi Biblia! –dijo Pepita.

–Para mí fue el día que conocí a Sal –dijo Samuel–. Cuando mis padres murieron vine a vivir con mis tíos. Estaba triste y no tenía amigos. Sal me trajo al Club y ahora todos ustedes son mis amigos.

Uno por uno los niños fueron diciendo lo que les había hecho más feliz. Estrella, la niña con síndrome de Down, que siempre sonríe y abraza a todos, dijo que para ella todos los días son felices.

Doña Beatriz dijo que el día más feliz fue cuando conoció a Jesucristo y le entregó su vida. Para ella los sábados, cuando se reúne el Club, son días muy felices porque le encanta estar con los niños y enseñarles acerca del amor de Dios.

–Vamos a hablar del día más feliz de María –dijo doña Beatriz.

–¿De María la mamá de Jesús? –preguntó Pimienta.

–¿María la hermana de Marta y Lázaro? –preguntó Sal.

–No, otra María –dijo doña Beatriz–. Hay muchas Marías en la Biblia. Pimienta, a ti que te gusta investigar, ¿por qué no haces una lista de las Marías que hay en el Biblia?

Eso animó a Pimienta. El primo de Sal tiene computadora; voy a pedirle que me ayude, pensó nuestro amiguito.

Doña Beatriz les contó acerca de María Magdalena.

María Magdalena y Jesús

María Magdalena llevaba una vida muy triste. Ella vivía atormentada por demonios. Siete demonios controlaban su vida. Cada día era un horrible tormento. Un día conoció a Jesús. Jesús tiene autoridad sobre los demonios y Él les ordenó que salieran de ella. ¡Qué maravilloso día para María!

Desde ese día ella siguió a Jesús. Junto con Susana y Juana, y otras mujeres, apoyó su ministerio. Estas mujeres se encargaban de cosas como buscar lugares de hospedaje, cubrir los gastos de viaje, preparar la comida, y lavar la ropa.

Era importante que Jesús y sus discípulos no tuvieran que preocuparse de esas cosas, para que atendieran a todas las personas que venían para estar con Jesús. Él les enseñaba acerca de Dios, sanaba a los enfermos, y echaba fuera demonios, como había hecho con María Magdalena.

El día que María conoció a Jesús fue el más feliz de su vida. Pero no se imaginó la gran tristeza que agobiaría su corazón.

La muerte del Maestro

–Tengo que ir a Jerusalén –dijo Jesús a sus discípulos–. Allí me espera la muerte; pero al tercer día voy a volver a la vida.

María no quería pensar en algo tan horrible como la muerte de su Maestro. Pero nadie pudo impedirlo, porque ese era el plan de Dios para que Jesús sea el Salvador del mundo.

Fue así que, un día, María y las otras mujeres seguidoras de Jesús estuvieron junto a la cruz llorando desconsoladas. ¡Los enemigos de Jesús lo habían crucificado, aunque era inocente!

Al morir Jesús, José de Arimatea y Nicodemo, dos discípulos que lo habían seguido en secreto, bajaron el cuerpo de la cruz y lo sepultaron. María vio la tumba donde lo pusieron.

Era la Pascua. María pasó muy triste esa celebración. No sólo ella, sino todos los que amaban a Jesús, porque su Maestro había muerto. Tan pronto terminara la fiesta, María iba a ir al sepulcro para ungir el cuerpo de Jesús con perfumes.

La felicidad más grande

Muy temprano el domingo, el día después de la fiesta de la Pascua, María y otras mujeres fueron al sepulcro. «¿Quién quitará la piedra de la entrada?» se preguntaban preocupadas.

Al llegar al sepulcro se llevaron una gran sorpresa. ¡La piedra estaba removida y el cuerpo de Jesús había desaparecido! ¿Quién se habrá llevado a mi Maestro? pensaba María.

Dos ángeles les hablaron: «¿Por qué buscan entre los muertos al que vive? Jesús no está aquí, ¡ha resucitado!»

María no comprendía lo que dijo el ángel. Se quedó junto al sepulcro, llorando. Jesús no sólo había muerto, sino que había desaparecido. Pero vino Jesús, aunque ella no lo reconoció.

Cuando Jesús le dijo «¡María!», su corazón saltó de alegría. ¡Su Maestro estaba vivo! Muy feliz se arrodilló y lo adoró.

Fue un día feliz cuando Jesús salvó a María Magdalena del tormento de los demonios; pero este día fue aún más feliz. María corrió a dar la noticia: «¡He visto al Señor! ¡Jesús vive!»

La dicha más grande es conocer a Jesús. Así como María Magdalena, ¡regocíjate porque Jesús vive y te ama!

MIS PERLITAS

En MIS PERLITAS encuentra todo lo que acompaña a esta historia.