Asombrosas riquezas

Hemos pasado aquí desde MIS PERLITAS, debido a que ya hemos usado el
espacio disponible. Estamos estudiando la mejor forma de seguir con las
publicaciones. Mientras tanto, aquí está la siguiente historia.

Corrían las noticias, se esparcían por el mundo. No dejaba de hablarse de un rey tan sabio que no había nadie que podía igualarlo, alguien con tanta riqueza que hasta su vajilla y las copas de las que bebía eran de oro.

Llegaron esas noticias hasta Sabá, donde la reina decidió ir a comprobar si era cierto lo que oía decir. Se preparó con gran esmero para el largo viaje a Jerusalén, donde vivía ese rey tan sabio y famoso. Hizo el viaje con un séquito muy grande, con camellos cargados de especias, oro en abundancia y piedras preciosas.

Llegada la reina a visitar al rey Salomón, le hizo preguntas difíciles; pero no hubo nada que el rey no le contestara. Cuando la reina vio toda la riqueza del rey y oyó su sabiduría, dijo que ni siquiera le habían contado la mitad de todo lo que ella había visto.

¡Todo lo que escuché en mi país acerca de tus triunfos y tu sabiduría es cierto! No podía creerlo; pero ahora lo he visto con mis propios ojos… no me habían contado ni siquiera la mitad. ¡Eres más sabio y rico de lo que yo había escuchado!

Esto me hace pensar en el Rey de reyes y Señor de señores. Oímos las «noticias» de su sabiduría y grandeza; pero no es nada en comparación con lo que Dios tiene preparado para los que le aman.

Antes bien, como está escrito: Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido en corazón de hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman.
1 Corintios 2:9

Parece increíble la riqueza y la sabiduría que tuvo Salomón. En su riqueza se rodeó de mil mujeres: 700 mujeres reinas y 300 concubinas; pero fueron esas mujeres que lo llevaron a alejarse del camino de Dios (véase 1 Reyes 11:1-6).

Sabiduría de Salomón: 1 Reyes 4:29-34

Riquezas de Salomón: 1 Reyes 10:14-22, 26-29

Fama de Salomón: 1 Reyes 10:23-25

Templo de Salomón: 1 Reyes 6 y 8

Palacio de Salomón: 1 Reyes 7:1-12

Salomón comenzó bien. Fue humilde al pedirle a Dios sabiduría para guiar a la nación de Israel; pero terminó alejándose de Dios, al punto de que «el Señor se enojó con Salomón» (1 Reyes 11:9).

¡Qué importante es ser fiel hasta el fin! La corona de la vida espera a todo el que es «fiel hasta la muerte» (Apocalipsis 2:10). Es vital que entendamos esto, de seguir a Cristo todos los días de nuestra vida, de ser fiel hasta el fin. Es un gran privilegio conocerlo desde niño. Lo digo por experiencia.

¡Jesús viene pronto! Estamos cerca del día en que veremos toda la gloria de la que solamente «oímos» ahora. ¡Que Dios nos ayude a estar preparados para ese día!

He aquí yo vengo pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra… Ciertamente vengo en breve… Amén; sí, ven, Señor Jesús. Apocalipsis 22:12,20

La Perlita 466

Historia:  466 La reina que visitó a Salomón

Historia en color:  466 La reina que visitó a Salomón color

Para colorear 1 por hoja:  466 Actividad grande 1

Para colorear 2 por hoja:  466 La reina de Sabá Hoja

Póster:  466 Poster 1 Reyes 10_7

Tarjetas bíblicas: TB 1 Reyes 10_7      A4:  TB 1 Reyes 10_7 A4

Láminas:  466 CO Sabiduria      466 GR Sabiduría      466 BN Sabiduría

Multimedia:  PPT:  Sabiduría de Salomón    PDF:  Sabiduría de Salomón

Actividad 1 por hoja:  466 Actividad grande 2

Actividad 2 por hoja:  466 La reina de Sabá Actividad

Respuesta:

Salomón juzga con justicia

El rey Salomón ordena que le pasen una espada. Entonces por toda la corte resuena su voz:

–¡Partan por el medio a este bebé!

–¡Nooooooo! –se oye el grito angustiado de una mujer–. ¡No maten a mi bebé! Prefiero que se lo den a esta otra mujer para que viva.

–¡Denle a ella el niño! –ordena el rey.

¿Qué ha pasado? ¿Será verdad que el rey piensa partir por la mitad a un bebé?

Dos mujeres y un bebé

Dos mujeres han llegado a la corte del rey Salomón.

–Esta mujer se ha robado a mi bebé –se queja una de ellas–. Su bebé murió y se robó a mi hijo.

–Su Majestad, el bebé es mío –dice la otra mujer.

–¡No! El bebé es mío –afirma la madre del niño–. Las dos dimos a luz casi al mismo tiempo. Anoche ambas estábamos en casa con nuestros bebés, profundamente dormidas. Esta mujer, seguramente sin quererlo, aplastó a su bebé y el niño murió asfixiado.

–¡Mentira! ¡Mi hijo es el que está vivo!

–Su Majestad –prosigue la madre del niño vivo–. Al despertarse y ver a su hijo muerto lo cambió por mi bebé, que estaba vivo.

La mujer llora desconsolada al contarle al rey lo que ha pasado, y en medio de su llanto, dice:

–En la madrugada, cuando me desperté para amamantar a mi hijo, sentí su cuerpo sin vida; pero al momento y me di cuenta de que no era mi bebé. ¡Esta mujer cambió a mi hijo!

–¡No! Tu hijo es el muerto, y mi hijo es el que vive.

Es entonces que el rey pide una espada para partir por la mitad al niño.

–¡Noooooo! –grita la madre, angustiada–. Su Majestad, no mate a mi niño. Prefiero que lo tenga la otra mujer.

–¡Esta es la madre! –dice Salomón, y ordena que a ella le den el bebé vivo.

Juicio con justicia

Así juzgó el rey con justicia. Y corrió por todo Israel la fama de que Salomón tenía sabiduría de Dios para juzgar.

–¿Qué hubieran hecho ustedes? –preguntó doña Beatriz.

–Yo hubiera mandado a hacer un examen de ADN –dijo Sal, que había visto en un programa de televisión que con ADN se puede definir si dos personas son de la misma familia.

Eso no hubiera sido posible –informó doña Beatriz–, porque hace miles de años no conocían la tecnología necesaria para hacer esos exámenes.

–Yo me hubiera fijado en el bebé para ver a quién se parecía –dijo Pepita–, aunque para mí los bebés se ven iguales.

–A mí me parece buena idea lo que hizo el rey –intervino Pimienta–. Me gustaría ser como él.

–Salomón juzgó con justicia –dijo doña Beatriz.

El principio de la sabiduría

–¿Cómo es que el rey iba a partir al bebé? Eso me parece malo –dijo Estrella con lágrimas en los ojos. El cromosoma del amor que tiene hace que sea muy sensible.

¿Recuerdas que Estrella les ha contado a sus amigos que es un poco diferente porque tiene un cromosoma extra? Su papá dice que es un cromosoma de amor. Es verdad, porque Estrella es muy amorosa, como generalmente son los niños con Síndrome de Down.

–No llores, Estrella –dijo doña Beatriz–. Salomón no pensaba partir al bebé. Era solamente una prueba. Él estaba seguro de que la madre del niño no iba a permitir eso.

–¡Y tuvo razón! –dijo Sal–. ¡Qué buena idea! Yo quisiera ser sabio como Salomón.

–Dios le dio sabiduría –dijo doña Beatriz–. Por eso supo juzgar con justicia. La justicia es un aroma fragante. Más que ofrendas y sacrificios, a Dios le agrada que se haga justicia. Eso significa hacer lo correcto, sin engaño.

Salomón fue el rey más sabio y famoso. De todo el mundo venían para ver sus riquezas y oír su sabiduría.

«Respetar al Señor es el principio de la sabiduría», dice uno de los proverbios de Salomón. Él compuso 3.000 proverbios y 1.005 cantos.

Sal está emocionado porque en la próxima reunión del Club van a aprender cómo Salomón recibió su sabiduría y sus riquezas. ¡No te lo pierdas!

MIS PERLITAS

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¿Cómo te portas cuando nadie te ve?

La reunión del Club se hizo en la sala de doña Beatriz porque afuera llovía. No había canto de pajaritos pero sí se oía el ronroneo de la gata Dina, que se había quedado dormida en la falda de doña Beatriz.

–¿Cómo te portas cuando nadie te ve? –preguntó doña Beatriz y escribió en la pizarra esta definición:

«Hacer lo justo y honesto aun cuando nadie te ve».

–La virtud que nos toca estudiar ahora es integridad –dijo doña Beatriz–. ¿Conocen a alguien así, que siempre hace lo correcto, aun cuando nadie lo ve?

–¡Estrella! –gritó Pepita–. Siempre puedo confiar en ella. Es una niña que no miente ni engaña.

–Sal también es así –dijo Pimienta–. Desde que lo conozco nunca me ha engañado.

–Tienes razón, Pimienta –asintió doña Beatriz–. He notado que Sal es alguien en quien se puede confiar.

–Para mí Pepita tiene inte… integ… –Estrella no podía recordar la palabra–. Integ… ¿cómo es?

¿Qué es integridad?

–In-te-gri-dad –dijo doña Beatriz pronunciando cada sílaba.

Borró la definición en la pizarra y escribió la palabra integridad. Luego invitó a Estrella a pegar en la torre el ladrillo con INTEGRIDAD.

–Inte… inte-gri-dad. Pepita dice que yo tengo in-te-gri-dad –dijo Estrella y sonrió con esa sonrisa tan especial de ella. Se sentía feliz por lo que su amiga había dicho.

Doña Beatriz se paró. Eso molestó a Dina, que estaba cómoda en la falda de su ama. «¡Miau, miau!» se quejó.

–Ven conmigo –le dijo Pepita. Y la gata Dina fue a estar con Pepita. Pronto estaba ronroneando otra vez.

–¿Qué es integridad? –preguntó Pimienta–. No entiendo. Solo sé que es así como se comporta mi amigo Sal.

–Aquí está el diccionario –dijo doña Beatriz–. Busca el significado. A ti te gusta investigar.

Con la ayuda de su amigo Sal, Pimienta encontró que una persona que tiene integridad es recta, honrada e intachable.

La buena vecina Beatriz dibujó un círculo en la pizarra y lo dividió en cuatro partes: sentimientos, emociones, cuerpo y espíritu.

–Este dibujo es como cada uno de nosotros; tenemos diferentes partes. Una persona íntegra mantiene pureza y perfección en todas las partes de su ser. Como ya hemos dicho, es alguien en quien se puede confiar.

–Pepita dice que yo tengo inte…integridad –repitió Estrella.

La integridad de Pablo

El apóstol Pablo tuvo integridad. Desde niño amó a Dios de todo corazón. Lo amaba tanto que mandaba poner en la cárcel a los seguidores de Jesús, porque creía que ellos estaban equivocados, que no amaban a Dios.

Era Pablo que estaba equivocado. Cuando Jesús le habló y le hizo la pregunta: «¿Por qué me persigues?», él se arrepintió de sus pecados y empezó a seguir a Jesús.

«¿Por qué me persigues?»

La mitad del libro de Hechos habla de los viajes de Pablo para predicar el evangelio. Trece de las cartas del Nuevo Testamento las escribió Pablo a las iglesias que fundó. Su vida de servicio a Dios es un gran ejemplo de integridad.

Pablo servía a Dios con humildad. Se contentaba con lo que tenía; no ambicionaba riquezas materiales. Sabía que era vencedor con la ayuda del Espíritu Santo. Tenía la meta clara de servir a Dios de todo corazón y acabar la carrera.

Sé una persona íntegra

¿Te gustan los deportes? ¿Sabías que un cristiano tiene que comportarse como un buen atleta que se esfuerza en ganar la carrera? Para ganar la carrera, el atleta cuida su cuerpo, come de forma saludable, dedica tiempo y esfuerzo al entrenamiento, y dice que no a las cosas que no le ayudan a fortalecerse.

Lee 2 Timoteo 4:7. Pablo peleó la batalla: luchó por obedecer a Dios en todo; acabó la carrera: llegó a la meta; y guardó la fe: no dejó de confiar en Dios.

Para seguir el ejemplo del apóstol Pablo y llevar una vida de integridad recibe a Jesucristo como tu Señor y Salvador. Apártate de las cosas malas y de los malos amigos.

Escoge buenos amigos. Busca agradar a Dios en todo lo que hagas y enfoca tus pensamientos en las enseñanzas de la Biblia. Pide a Dios que te ayude a vivir en integridad.

¡Alégrate!

¡En los íntegros es
hermosa la alabanza!

El misionero Pablo

MIS PERLITAS

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Moisés, un libertador humilde

Los niños del Club se habían reunido en el jardín de doña Beatriz. El clima estaba perfecto para estar afuera; pero algunos daban más atención a las flores y los pajaritos que a la enseñanza.

–¿Quién puede decir qué es la humildad? –preguntó doña Beatriz.

–La humildad es ser pobre –dijo Samuelito.

–Es verdad que muchos asocian la humildad con la pobreza –respondió la buena vecina–. Pero puede haber un pobre orgulloso o un rico humilde.

–La humildad es ser humilde –dijo Estrella.

–Esa definición no vale –dijo Pimienta–. Creo que ser humilde significa no ser orgulloso.

Los niños siguieron dando opiniones. Luego doña Beatriz preguntó:

–¿Quién creen que ha sido la persona más humilde?

–Yo creo que ha sido Jesús –dijo Sal, sin titubear.

–Así es –dijo doña Beatriz–. Jesús es el mayor ejemplo de humildad. Aunque Jesús fue igual a Dios, se humilló y se hizo igual a nosotros. Se hizo hombre para salvarnos.

»Cuando nos toque estudiar la palabra obediencia –prosiguió–vamos a hablar de cómo Jesús se humilló y fue obediente a Dios. Ahora vamos a hablar de otro hombre humilde.

Doña Beatriz sacó una pizarra portátil en la que había escrito: Moisés era muy humilde, más humilde que cualquier otro sobre la tierra.

–¡Moisés! –gritaron los niños–. ¡Moisés era humilde!

De príncipe a pastor

Entonces empezaron a recordar las cosas que doña Beatriz les había contado acerca de Moisés. Nació en un tiempo en que el pueblo de Israel era esclavo en Egipto. Su madre lo puso en una canasta en el río para salvarlo de la orden del rey de que debían matar a todos los varoncitos.

La princesa, la hija del rey de Egipto, lo encontró y lo adoptó como su hijo. Moisés creció rodeado de todos los lujos y privilegios que tenían los príncipes en Egipto; pero no se olvidó de su familia y la vida de esclavos de su pueblo.

Un día, Moisés observó que un egipcio golpeaba a un esclavo de su pueblo Israel, así que mató al egipcio. Cuando el rey faraón se enteró de esto, quiso matar a Moisés. Entonces Moisés huyó a la tierra de Madían.

Allí comenzó una nueva vida, como pastor de ovejas. Se casó con una muchacha llamada Séfora.

De pastor a libertador

Pasaron cuarenta años. Un día, mientras pastoreaba las ovejas, Dios se le apareció en medio de una zarza que ardía y no se consumía. ¡Qué cosa asombrosa! Desde la zarza Dios llamó a Moisés para que vaya a liberar a Israel.

¿Liberar a Israel? Moisés no se creía capaz de hacer tal cosa. El pueblo de Israel era grande, con miles de personas; en realidad, dos o tres millones. Liberar a toda esa gente sería una labor tremendamente delicada y difícil. Dios le prometió su ayuda, y le dio poder para obrar milagros. Moisés fue humilde y obedeció la voluntad de Dios.

El rey faraón no quiso soltar al pueblo de Israel; pero Dios hizo muchas maravillas, hasta que el faraón ordenó que se fueran. Comandados por Moisés, los israelitas salieron rápidamente de Egipto.

Cuando llegaron al mar Rojo, donde no había pase, Dios les abrió un camino por en medio del mar, que sirvió para que los israelitas pasen tranquilamente. El ejército de Egipto que los perseguía murió ahogado en el agua.

Dios mismo defiende a Moisés

María y Aarón, los hermanos de Moisés, lo ayudaban a guiar al pueblo. Pero se quejaron contra él, diciendo: «¿Acaso Dios habla solamente por medio de Moisés?»

Entonces Dios mismo salió en defensa de Moisés. «Mi siervo Moisés es fiel en toda mi casa –dijo Dios–. Moisés es humilde. ¿Cómo se atreven a hablar contra él?»

Por haber hablado en contra de Moisés, Dios castigó a María. Quedó con todo el cuerpo cubierto de lepra.

Con toda humildad Moisés oró al Señor por su hermana, pidiendo que Dios la perdonara. ¡Y Dios perdonó a María!

Cuarenta años Moisés, el libertador humilde, guió al pueblo de Israel.

MIS PERLITAS

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La próxima virtud es INTEGRIDAD. ¿Qué significa para ti integridad? Busca el significado y piensa en una definición. ¿Qué dirías si alguien te pregunta lo que es la integridad?

La oración de Alex por su papá

Alex estaba preocupado. Cuando su papá llegaba del trabajo ellos jugaban con la pelota. Su papá era alegre y jovial, y a veces contaba chistes a la hora de comer.

Ahora llegaba del trabajo de mal humor y no quería jugar con Alex ni con sus hermanos. Lo único que hacía después de la cena era mirar televisión.

–Mamá, ¿qué le he hecho a papá, que ya no juega conmigo? –preguntó Alex.

–Hijo, no le has hecho nada –le respondió su mamá con algo de preocupación.

–¿Por qué papá ya no es como antes?

–Está preocupado, hijo. Su jefe lo trata mal. El jefe no puede despedirlo pero le hace la vida imposible a tu papá para que se aburra y busque otro trabajo.

–Voy a orar por papá –dijo Alex.

ALEX ORABA CADA NOCHE

Pasaron los días. Alex oraba cada noche para que se diera una solución al problema.

Un domingo, en su clase bíblica, el maestro habló de la oración y de una promesa que hizo Jesús, de que si dos personas se ponen de acuerdo para pedir algo, nuestro Padre celestial los oye.

Alex estuvo pensando varios días en lo que había dicho el maestro. Decidió hablar con su mamá acerca del problema que tenía su papá en el trabajo. Le preguntó:

–Mamá, ¿no podríamos orar tú y yo como dijo Jesús?

–¿A qué te refieres, hijo? –preguntó su mamá.

–Jesús dijo que podemos ponernos de acuerdo para orar. ¿No podríamos orar tú y yo que papá esté contento en su trabajo? Marcela también puede orar; y Juanito y Julio.

TODOS ORARON POR EL PAPÁ

Eso es lo que hicieron. Cada tarde, cuando Alex y Marcela llegaban de la escuela, la mamá reunía a todos en la sala y oraban por el papá.

Julio era tan pequeño que apenas estaba aprendiendo a hablar, pero oraba, con sus manitas juntas y sus ojos bien cerrados: «Ayu papa.»

Juanito oraba con mucho fervor: «Amado Dios, ayuda a mi papá a estar contento en su trabajo.»

Así también oraban Alex y Marcela.

De lunes a viernes oraban juntos. Como el papá estaba en casa los sábados y domingos, cada uno oraba por su cuenta. Alex no dejaba pasar un día sin orar.

UNA GRAN SORPRESA

Un día hubo una sorpresa a la hora de comer. El papá contó un chiste que hizo reír a todos. Julito era muy pequeño para entender el chiste, pero se reía porque veía reír a los demás. ¡Ja, ja, ja!

Otro día, el papá llegó del trabajo con ganas de encestar la pelota con Alex. ¡Y con qué ganas jugaban!

Poco a poco regresó el papá alegre y jovial que había estado ausente por mucho tiempo. Para Alex y sus hermanos era una gran alegría tener nuevamente un papá feliz.

–Papá, ahora eres el mismo de antes, ¿qué ha pasado? –le preguntó Alex un día.

–Perdóname, hijo, por haberles hecho sufrir –le respondió el papá–. Nos cambiaron de jefe en el trabajo. El antiguo jefe me trataba muy mal y yo me ponía de mal humor. Este jefe me trata bien.

–Papá, hemos orado por ti –dijo Alex–. Todos los días de semana nos hemos reunido con mamá para orar. Julio decía: «Ayu papa»; pero creo que Dios entendía su oración.

–Gracias, hijo. ¡Qué bueno que mi familia sabe orar!

–Hicimos lo que dijo Jesús. Nos pusimos de acuerdo para orar que estuvieras contento en tu trabajo. Queríamos tener un papá que estuviera contento también en casa.

EL PAPÁ PIDIÓ PERDÓN

Esa tarde, a la hora de cenar, el papá pidió perdón a su familia por haberles hecho sufrir.

–Los llevaré a comer un postre en la pastelería –dijo el papá–. Se merecen eso y mucho más por haberme soportado cuando estaba de muy mal humor.

–¡Bravo! –gritaron todos.

Después de ayudar a la mamá a limpiar la mesa y lavar los platos, la familia salió rumbo a la pastelería.

Mariela tomó a Julio de la mano para que no saliera corriendo a la calle. Alex y Juanito caminaron abrazados.

La mamá y el papá iban felices, tomados de la mano.

Alex dio gracias a Dios por haber contestado a sus oraciones. Más que nada agradeció por tener un papá, aunque éste había estado de mal humor por un tiempo.

Varios de los amigos de Alex no tienen papá. Alex oró por ellos para que comprendan que Dios es su Padre celestial que quiere estar con ellos por siempre.

A los papás deseamos:

MIS PERLITAS

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Pepito y las mentiras

Lee acerca de Ananías y Safira en Hechos 5:1-11.

A los niños del Club les impresionó lo que pasó con Ananías y Safira, dos hermanos de la iglesia en Jerusalén que se pusieron de acuerdo para mentir.

–Ellos cayeron muertos por mentir –dijo Pimienta.

–Dios los puso como ejemplo para mostrar que delante de Dios la mentira es pecado –añadió Sal.

–No mintieron a Pedro sino a Dios –dijo Samuel.

–Sí –respondió doña Beatriz, la buena vecina que dirigía el Club–. Toda mentira es pecado. Me alegra que hayan prestado atención a la historia. Ahora les voy a contar acerca de Pepito, que tenía una muy mala costumbre.

El niño más mentiroso

Pepito era un niño mentiroso. Mentía por aquí y mentía por allá. En el barrio donde vivía, era conocido como el niño más mentiroso.

El papá de Pepito se preocupaba mucho de que su hijo fuera tan mentiroso. Castigaba a Pepito; pero el muchacho lo mismo seguía mintiendo. Oró a Dios por su hijo y el problema de las mentiras.

Un día tuvo una idea de cómo enseñarle una lección, con la esperanza de que Pepito dejara de mentir.

Una lección para Pepito

–Pepito, no sé qué hacer contigo –le dijo su papá–. Tienes la muy mala costumbre de mentir. Te he dicho muchas veces que la mentira es pecado. Ahora te voy a enseñar una lección. Pero primero vamos a orar para que Dios te ayude.

Después de la oración, el papá le dio a Pepito un trozo de madera, unos clavos y un martillo, y le dijo:

–Quiero que coloques un clavo en la madera por cada mentira que has dicho esta semana.

A Pepito no le gustó la idea; pero tenía que obedecer a su papá. Con la madera, el martillo y los clavos, se puso a recordar todas las mentiras que había dicho en los últimos días y empezó a clavar.

La madera y los clavos

Un clavo por mentir a su maestro; dos clavos por las mentiras que había dicho a su hermana; un clavo por mentir a su papá; otro clavo por mentir a su mamá… ¡Clavó y clavó!

Al fin, la madera se llenó de clavos. Por primera vez Pepito se dio cuenta de cuánto mentía. ¡Qué fea estaba la madera!

–Papá, ¿puedo sacar los clavos? –preguntó Pepito–. No me gusta verlos porque me recuerdan las mentiras.

–Sí, hijo, saca los clavos.

Pepito sacó los clavos, uno por uno. ¿Cómo quedó la madera sin los clavos? ¡Llena de huecos!

–Pepito, puedes sacar los clavos pero no puedes borrar los huecos –le dijo su papá–. Después de mentir puedes pedir perdón, pero no se borran las cosas que has dicho. Por eso, cuida lo que dices, hijo.

¡Una nueva madera!

Pepito tuvo mucho en qué pensar ese día. Cada vez que miraba la madera y veía los huecos, recordaba las mentiras.

–Papá, no quiero mentir –dijo Pepito–. ¿Qué puedo hacer?

–Solo Jesús puede ayudarte –contestó su papá.

Con todo amor le explicó que el Señor Jesús no solo perdona nuestros pecados, sino que limpia y borra todo el pasado. Nosotros no podemos borrar los «huecos» que dejan las mentiras. Pero Jesús hace más que borrar los huecos. ¡Él nos da una nueva madera!

–Con Cristo Jesús somos una nueva creación –le explicó el papá a Pepito–. Dios nos perdona todas las cosas de antes y nos hace comenzar una vida nueva.

Pepito oró al Señor y pidió perdón por sus mentiras.

«Gracias, amado Jesús, por perdonar mis pecados –dijo Pepito–. ¡Ayúdame a hablar siempre la verdad.»

Un nuevo Pepito

Con la ayuda del Señor, Pepito cambió. Ya no lo conocen como el muchacho mentiroso del barrio sino como un niño honrado que habla la verdad.

–Quiero ser como Pepito –dijo Pimienta–. En mi casa todos mienten; pero yo no quiero mentir sino hablar la verdad.

–Tú puedes dar un buen ejemplo –dijo doña Beatriz–.Dios te ayudará a cumplir lo que escribió el apóstol Pablo en una de sus cartas: «Dejen de mentirse unos a otros».

MIS PERLITAS

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