El jardín del amor

Después de escuchar la historia de María y el perfume que derramó sobre los pies de Jesús, Pepita no podía dejar de pensar en ese regalo extraordinario.

Cada semana Pepita recibe una propina de 10 pesos para gastar en lo que quiere. ¿Estaría dispuesta a ahorrar ese dinero y regalar más de 500 pesos después de un año? Eso significaba que pasaría todo el año sin comprar caramelos y otras cositas que le gustan.

Pepita conversó de esto con su amiga Estrella. En la reunión del Club habló con doña Beatriz acerca de su idea.

Pimienta no recibe propinas. Al oír lo que dijo Pepita se puso pensativo. ¿Qué haría si tuviera dinero?

–Yo no podría regalar 500 pesos –dijo nuestro amiguito.

Un año sin caramelos

Pepita no podía dejar de pensar en la idea de ahorrar sus propinas. Decidió que por lo menos guardaría algo cada semana. En un papel dibujó un corazón rojo y escribió: «Regalo de amor»; luego tomó un frasco con tapa y pegó ese papel en el frasco. Decidió que se esforzaría todo lo posible para poner cada semana algunas monedas en el frasco; pero ¿dejar de comer caramelos? Iba a ser difícil.

Una de las primas de Pepita había dejado de comer caramelos y chocolates todo un año. Su papá le dio 100 pesos como recompensa. ¿Cómo sería si ella hiciera un trato con su papá? Si dejaba de gastar sus propinas en caramelos y reunía 500 pesos en un año, y si su papá le daba 100 pesos, ¡Pepita tendría 600 pesos para regalar!

Tengo que preguntarle a Papá si haría un trato conmigo, pensó Pepita. Pero ¿estaba ella dispuesta a ahorrar?

–Estrella, ¿qué me aconsejas? –le preguntó a su amiga.

–Yo digo que hagas un regalo de amor. Te voy a ayudar a juntar pesos; más pesos, ¡muchos pesos! –le prometió Estrella, y le dio un abrazo y un beso en la mejilla.

¿Crees que Pepita lo va a hacer? ¿Lo harías tú?

El jardín sorpresa

En la reunión del Club doña Beatriz tenía una sorpresa para los niños. El árbol del amor ahora estaba en un jardín; un jardín donde había mucho lugar vacío.

Como título doña Beatriz había puesto: «Jardín de la bondad».

–Aquí vamos a armar un hermoso jardín –dijo la buena vecina–. Por cada acto de bondad pondremos alguna cosa en el jardín; puede ser una flor, una mariposa o una abejita.

–Pepita va a juntar sus propinas para regalar –dijo Estrella.

–Quiero ser como María que regaló su costoso perfume –dijo Pepita–. Voy a ahorrar para ver cuánto puedo juntar en un año. Tengo un frasco en que voy a poner el dinero.

Pepita les contó a todos su idea. A doña Beatriz le gustó tanto que sugirió a los niños que hicieran lo mismo.

–¿Qué les parece si todos juntamos dinero por tres meses? Sería nuestro proyecto de amor. Luego podemos hacer un regalo, tal vez a una familia que necesita ayuda.

Los niños se entusiasmaron. Iban a juntar dinero, iban a armar el jardín, e iban a hacer un regalo.

–Nuestro Club Tesoros será el «club de los niños buenos» –dijo doña Beatriz–. Con nuestros actos de bondad vamos a honrar a Dios. Escuchen lo que dijo Jesús.

Doña Beatriz les leyó Mateo 5:16. Luego, palabra por palabra, los niños repitieron este versículo:

Un regalo, ¿para quién?

Los niños estaban felices con sus nuevos proyectos. Hicieron trabajos en el vecindario para poner dinero en el frasco de amor. Así le decían al frasco en que ponían sus monedas. Y cada vez que ayudaban a alguien pegaban una figura en el jardín, que se veía cada vez más bonito.

Pronto en el jardín había muchas flores y el frasco estaba lleno de monedas. Doña Beatriz preguntó a quién lo darían.

–¿Por qué no le damos el frasco a Samuel? –dijo Estrella.

–¿Por qué a Samuel? –preguntó Pimienta. En su corazón dijo: ¿Por qué no a mí? Mis padres no me dan propina.

–Samuel no tiene papá ni mamá para que le compren sus cosas –dijo Estrella y fue a darle un abrazo a Samuel.

Doña Beatriz dijo que la próxima semana lo decidirían.

¿Qué piensas? ¿Crees que le darán el dinero a Samuel?

 

MIS PERLITAS

En Mis Perlitas están todos los componentes de esta historia.

 

 

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ABC de Fragancia están en:

hermanamargarita.com

 

¡Bendiciones!

Dios te ayude a ser bueno.

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El regalo de amor de María

Sal, Pimienta y Samuel andaban por el vecindario abrazando árboles. ¿Qué? ¿Por qué abrazaban árboles? Desde que habían investigado acerca de árboles, y aprendieron que algunos llegan a tener más de cinco mil años, se divertían adivinando la edad de los árboles en el vecindario. Entre los tres formaban una ronda alrededor un árbol, y a veces llamaban a otros niños para formar esa ronda.

–Yo soy un árbol de amor –decía Pimienta–. Tengo raíces profundas.

Doña Beatriz les había enseñado que para ser fuertes como los árboles que crecen por miles de años, necesitaban raíces profundas.

–Raíces profundas, fundamento firme –cantaba Sal, con una melodía alegre–. Las enseñanzas de Jesús me dan esas raíces.

–Raíces profundas, árbol de amor –cantaba Pimienta.

Samuel, el niño huérfano que había venido a vivir con sus tíos después de la muerte de sus padres, cantaba con Sal y Pimienta. Cuando doña Beatriz los miraba desde su ventana, se alegraba porque estaban aprendiendo lo que les enseñaba.

Regalo de amor

El AMOR es una de las virtudes en el árbol del amor. Cuando los niños llegaron a la reunión del Club había muchos regalos al pie del árbol que doña Beatriz había fijado en la pared.

Regalos. ¿Para quién eran los regalos? Para todos, y para una actividad de adivinanza.

–Abran los regalos –dijo la buena vecina.

En cada regalo había un corazón con una letra. El propósito era que formaran palabras con esas letras.

También había chocolates y caramelos. ¡Qué rico, verdad?

Fue divertido, como un rompecabezas. Pepita, Sal y otros dos niños formaron la palabra amor. Samuel y Estrella formaron de. Doña Beatriz tuvo que ayudar a los demás a formar la otra palabra, que era regalo. «Regalo de amor» leyeron los niños.

regalos con corazones 4a

–Hoy les voy a contar de alguien que recibió un regalo muy especial –dijo doña Beatriz–, algo fuera de lo común. Ya verán quién dio ese regalo y a quién lo dio. Fue un regalo de amor.

María y Marta

Volvamos atrás dos mil años. Imaginemos que vamos de visita al país de Israel. Llegamos a Jerusalén, la ciudad capital. De allí queda cerca el pueblo de Betania.

En Betania visitamos a María y Marta, dos hermanas que amaban a Jesús y hacían todo para mostrarle su amor.

Marta era una experta ama de casa. Ella mostró su amor a Jesús con hospitalidad. Cantaba alegremente en la cocina mientras preparaba una exquisita cena para Jesús y sus discípulos. María estaba sentada a los pies de Jesús, escuchando.

Marta dejó de cantar y miró alrededor. ¿Dónde estaba María? ¿Por qué no le ayudaba en la cocina? La vio sentada a los pies de Jesús escuchando su enseñanza. ¿Cómo era posible que María la deje sola en la cocina?

–Maestro, ¿no te importa que María me haya dejado sola con todo el trabajo? –se quejó Marta–. Dile que me ayude.

Jesús miró de una hermana a otra. Ambas lo amaban; ambas querían hacer todo por demostrarle su amor.

Pero sólo una de ellas había escogido lo mejor, sentarse a sus pies.

Con mirada tierna Jesús respondió:

–Marta, Marta, estás preocupada con muchas cosas. María ha escogido la buena parte y no se la voy a quitar.

Un regalo fragante

¿Crees que María era perezosa, que por eso no ayudaba a su hermana? Al contrario, María debe haber sido una mujer muy laboriosa. Ya verás por qué.

María tenía un tesoro, un frasco de alabastro, con un perfume costoso de nardo puro, valorado en 300 denarios. Su precio representaba el salario de todo un año. Seguramente trabajó mucho para conseguir ese perfume.

¿Qué hizo María con su tesoro, con el perfume? Antes de que Jesús muriera en la cruz hicieron en Betania una cena para Él. Allí María le ofreció su tesoro. ¿Cómo?

María hizo algo que sorprendió a todos los que lo vieron. Derramó el perfume sobre los pies de Jesús; después le secó los pies con sus cabellos. ¡Y la casa se llenó con la fragancia del perfume!

Cuando Jesús visitó el hogar en Betania, María escogió la buena parte; se sentó a los pies de Jesús para escuchar sus palabras. Ahora María derramó su tesoro a los pies de Jesús.

¡Qué regalo extraordinario! ¿Obsequiarías algo que te hubiera costado todo un año de trabajo? Todos en la casa sintieron la fragancia del tesoro que María regaló a Jesús.

Tu vida puede ser un regalo fragante. María regaló su tesoro para mostrar su amor a Jesús. Marta fue hospitalaria.

¿Qué podrías hacer tú para mostrar tu amor a Jesús?

MIS PERLITAS

En Mis Perlitas están todos los materiales para esta historia.

El árbol del amor

Pimienta quería saber sobre los cromosomas. Entonces doña Beatriz lo puso de investigador. Le dijo que vaya a la biblioteca y busque información sobre el cuerpo humano. Toda la semana estuvo hablando de cromosomas.

Sal le ayudó a investigar. Como el hermano mayor de Sal tiene computadora, ayudó a Sal y Pimienta a buscar información en internet.

En la próxima reunión del Club, Pimienta trajo una sencilla explicación, que había escrito en una hoja de papel.

–El cuerpo humano está compuesto de muchas células –leyó Pimienta en su papel–. Cada célula tiene sus características. Hay cromosomas, en forma de X, que definen nuestros rasgos físicos y si seremos hombre o mujer. Cromosoma es un palabra que proviene del griego. Cromo significa “color” y soma significa “cuerpo”.

»Tenemos 46 cromosomas; pero las personas como Estrella, diagnosticadas con Síndrome de Down, tienen 47 cromosomas. Sus rasgos físicos y su capacidad mental son un poco diferentes. Pero son personas alegres y amorosas.

–Estrella es la persona más linda que conozco –dijo Pepita.

–Papá dice que tengo el cromosoma del amor –dijo Estrella.

–Nos encanta tenerte en el Club –aseguró la buena vecina–. Eres una niña muy buena y amorosa.

El «investigador» Pimienta

Luego volvió la mirada hacia Pimienta y dijo:

–Muchas gracias, Pimienta. Has hecho tan buen trabajo que puedes ser el investigador de nuestro Club.
Pimienta se dio unas palmadas en el pecho y levantó sus dos pulgares para indicar que se sentía contento de sí mismo.

–Yo también quiero investigar –dijo Samuel, el niño huérfano.

–Todos pueden ser mis investigadores –prosiguió doña Beatriz–. En efecto, quiero que investiguen acerca de árboles. ¿Cuántos años creen que tiene el árbol más viejo?

Los niños adivinaron. Algunos pensaban que tendría 10 años, ó 50, ó 100. Alguien hasta dijo 1.000 años.

–¿Cómo un árbol puede ser de mil años? –observó Estrella.

–Eso es lo que vamos a descubrir –respondió doña Beatriz–. Vayan a la biblioteca y busquen libros sobre árboles. O pidan a alguien que tiene computadora que les ayude a buscar en internet. Pongan “árboles viejos” en el buscador.

Para Pimienta fue otra semana muy interesante. Él nunca se había dado cuenta de cuánto le gustaba investigar.

–Cuando seas grande puedes ser detective –le dijo Sal.

–Detective. Sí, eso voy a ser. ¡Detective! –dijo Pimienta.

A la próxima reunión del Club Pimienta llegó bien preparado. Había descubierto que hay un árbol de más de 5.000 años.

El árbol más viejo

–¡Cinco mil años! –exclamó Pepita–. ¿Cómo es posible?

–La ubicación es secreta –informó Pimienta–. Pero se sabe que está en California en los Estados Unidos. Allí hay muchos árboles de miles de años.

–A un árbol de casi cinco mil años le han puesto un nombre bíblico –dijo Sal–. Su ubicación también es secreta. Si va mucha gente a ver el árbol pueden destruirlo.

–¿Cómo se llama? –preguntó Estrella.

–Como el hombre más viejo de la Biblia –le respondió Sal.

¿Sabes tú cómo se llama? Búscalo en Génesis 5:27.

–Esto es otra cosa para investigar –dijo doña Beatriz–. Lo dejaremos para Pimienta, nuestro investigador. Pero ahora hablaremos de un árbol especial, el árbol del amor.

–¿Dónde está ese árbol? –preguntó Estrella–. ¿En California?

–No, niña linda. ¡Aquí está! –dijo doña Beatriz, y sacó un papel grande que fijó en la pared. En el papel había un árbol con muchas hojas verdes. Cada hoja tenía una palabra.

–Jesús y sus enseñanzas nos dan un cimiento firme para nuestra vida. Para que seamos fuertes como los árboles que crecen por miles de años, necesitamos raíces profundas.

–Raíces profundas, fundamento firme –dijo Sal, pensativo.

A él le gusta inventar esa clase de frases.

–¡Qué buena frase! –dijo doña Beatriz–. ¡Repitámosla!

Todos repitieron: «Raíces profundas, fundamento firme.»

–Vamos a aprender cómo es un árbol con raíces profundas, un árbol de amor. En las hojas del árbol de amor hay un abecedario de virtudes, de conductas hermosas.

Una por una los niños buscaron las palabras en el árbol: amor, bondad, compasión… así siguieron con todo el alfabeto.

Antes de terminar, Pimienta les leyó Génesis 5:27. Metusalén fue el hombre más viejo. Vivió 969 años. Así se llama un árbol que tiene 4.850 años.

Los niños recibieron una tarjeta con el árbol del amor. Toda la semana estudiarían las virtudes en las hojas de ese árbol.

MIS PERLITAS

En Mis Perlitas está todo el material para esta historia.
Encuentra allí también la tarjeta del árbol del amor.

Un cimiento firme para tu vida

Los niños del Club aprendieron que la fragancia es como el perfume agradable de una flor. Lo opuesto a fragancia es el feo y desagradable olor a zorrillo.

–Cuando nos portamos mal con alguien olemos a zorrillo –dijo Estrella–. No quiero oler a zorrillo.

–Tú siempre hueles a perfume –le dijo Pepita–. Me gusta que eres buena y sonríes a todos.

–Papá dice que tengo el cromosoma del amor –dijo Estrella–. Me gusta ese cromosoma.

–¿Qué es un cromosoma? –preguntó Pimienta, el niño que siempre quiere saber todas las cosas.

Doña Beatriz miró cariñosamnte a Pimienta y le dio una sencilla explicación.

–El cuerpo humano está compuesto de muchísimas células y cada una tiene sus características. En las células hay cromosomas que definen cosas, como si serás hombre o mujer, y también algunos de los rasgos físicos.

–Yo tengo el cromosoma del amor –repitió Estrella.

–Sí, Estrella –dijo doña Beatriz–. Hay 46 cromosomas; pero tú tienes uno más. Eso te hace una niña alegre y amorosa.

–¿Por qué yo no tengo ese cromosoma? –dijo Pimienta.

–La siguiente semana vamos a hablar del amor –le respondió la buena vecina–. Tú y tu amigo Sal pueden investigar acerca de los cromosomas. Traigan un informe. Pero hoy vamos a hablar de casas, de dos casas y dos contructores.

Pimienta se sintió importante. No sabía cómo iba a investigar sobre cromosomas; pero estaba seguro de que Sal le ayudaría. Nunca había tenido un amigo tan bueno como Sal.

La enseñanza de Jesús

Imagina que tu vida es una casa. ¿Cómo quisieras que sea esa casa? Seguramente te gustaría que la casa de tu vida sea fuerte y que tenga un fundamento sólido, para que cuando haya vientos y tempestades esté firme.

Jesús enseñó acerca de dos hombres, uno prudente y otro insensato. Cada uno construyó su casa.

Casa con fundamento firme      Casa sin fundamento firme

La casa del hombre prudente

«El que viene a mí y escucha mis enseñanzas y las obedece es como el hombre prudente que construyó su casa sobre la roca», dijo Jesús.

Muy profundo, debajo de la superficie de la tierra, hay roca sólida, llamada roca madre. El hombre prudente hizo un hoyo profundo, hasta encontrar esa roca, y allí puso las bases. Sobre la roca madre construyó un cimiento firme para su casa.

Cuando vino una inundación, con tormenta y vientos fuertes, el torrente de agua golpeó contra la casa pero no pudo ni siquiera hacerla tambalear, porque estaba construida sobre piedra firme.

La casa del hombre insensato

«Quienes escuchan lo que enseño y no me obedecen son como el hombre insensato que construyó su casa sobre la arena, sobre terreno blando y sin cimientos», dijo Jesús.

Al hombre insensato no le importó cavar un hoyo profundo para poner las bases de su casa sobre la roca madre. Este hombre construyó su casa sin fundamento.

Las dos casas eran bonitas; ambas se veían fuertes. Los dos hombres estaban contentos por el trabajo que habían hecho de construir cada uno su casa.

Pero cuando vino la corriente de agua, cuando el viento sopló con fuerza, cuando hubo inundación, ¿qué crees que pasó con la casa del hombre insensato? ¡La casa se derrumbó y quedó totalmente destruida!

«¿Por qué no me obedecen?»

Multitudes seguían a Jesús cuando estaba en la tierra. Si tú hubieras estado allí seguramente habrías corrido a su lado, te habrías sentado lo más cerca posible de Él para escuchar sus enseñanzas. A la hora del almuerzo quizá hubieras compartido con Jesús tu fiambre, ¿no crees?

Un día, en medio de su enseñanza, Jesús miró fijamente a la gente y preguntó: «¿Por qué me llaman “Señor, Señor”, y no hacen lo que les digo?» Luego les puso el ejemplo de los dos hombres constructores.

Un hombre escuchó las enseñanzas de Jesús y las obedeció. El otro hombre también escuchó las enseñanzas de Jesús; pero a él no le importó obedecerlas.

Una base firme para tu vida

Para que la casa de tu vida sea fuerte y soporte los contratiempos y las tormentas, necesitas una base sólida. Mira las dos casas del dibujo. ¿En cuál quisieras estar?

Aprende las enseñanzas de Jesús, obedece lo que te dice en su Palabra, y tu vida tendrá un cimiento firme. Jesús es el mejor fundamento para tu vida.

Edifica tu vida sobre Jesús y sus enseñanzas.

MIS PERLITAS

En Mis Perlitas está todo el material para esta historia.

Los dos constructores y las dos casas

El hombre prudente cavó profundo para poner
un fundamento firme

Su casa soportó la tormenta

La casa estuvo firme después de la inundación

El hombre insensato en medio de la tormenta

Su casa fue destruida porque no puso fundamento

Edifica tu vida sobre Jesús y sus enseñanzas
y tendrás un cimiento firme.

El alfabeto de fragancia

Pepita y Estrella inventaron una canción acerca del «otro camino». Salieron del Club camino a casa cantando una melodía alegre:

Con Jesús vamos por otro camino.
Con Jesús vamos por el camino de victoria.

La semana siguiente entraron de brazo a la sala de doña Beatriz, donde se reunía el Club, cantando alegres lo mismo. Toda la semana habían cantado acerca del camino de victoria. Los niños que ya habían llegado se unieron con ellas y todos cantaron.

Pimienta entró saltando, moviendo un papel.

–Tengo palabras –gritó, mirando a doña Beatriz–. He hecho una lista de palabras para el alfabeto. ¿Quién más ha traído palabras?

Pimienta miró a sus amigos del Club, moviendo con más fuerza su papel. Pero nadie más había traído una lista.

Doña Beatriz saludó a los niños y felicitó a Pimienta.

–Vecinita, ¿quiere ver mi lista? –le preguntó el niño.

Doña Beatriz se inclinó para mirar la lista de palabras. Por cada letra Pimienta había escrito una o dos palabras, excepto en K, Ñ, Q, y las últimas letras del alfabeto.

–Te felicito, Pimienta –dijo la buena vecina–. ¿Cómo conseguiste tantas palabras?

–¡Fácil! –respondió nuestro amiguito–. Mi papá me prestó su diccionario. Sal y Samuel me ayudaron.

Pimienta estaba tan animado que no quiso esperar a que lleguen los demás niños. Al momento quería leer su lista; pero tuvo que esperar.

Zorrillo o fragancia

Doña Beatriz explicó a los niños el significado de la palabra fragancia, que es algo agradable, como el aroma de una flor.

–¿Qué es un zorrillo? –les preguntó.

–Ni se acerquen a ese animal –dijo Sal–. Mi papá sabe cómo es eso. Una tarde se encontró con un zorrillo, que desprendió un olor muy desagradable sobre él. Cuando llegó a la casa nos tapamos la nariz porque olía horrible. Mi mamá lavó sus pantalones pero no salía el olor.

–A veces mi hermano me dice que huelo a zorrillo –dijo uno de los niños.

–Oler a zorrillo es feo y desagradable –dijo doña Beatriz–. La fragancia es todo lo contario. Es como el perfume agradable de una flor. Cuando nos portamos mal con alguien olemos a zorrillo; dejamos un hedor.

Vamos a aprender cómo nuestra vida puede ser un aroma fragante como de una flor.

–Mi lista… ¿cuándo voy a leer mi lista? –preguntó Pimienta, moviendo nuevamente su papel.

Así que, comenzaron a armar la lista en la pizarra.

Una lista de bellas palabras

Doña Beatriz escribió todo el alfabeto en fila y los niños nombraron palabras. Pimienta tuvo que tener paciencia para dejar que sus compañeros participen, aunque realmente él quería decir todas las palabras.

Amor, bueno, compasión, energía, fiel, gracias, honrado, inspirado… Los niños daban las sugerencias y doña Beatriz las escribía en la pizarra para llenar el alfabeto.

–¡Jesús! –gritaron varios niños cuando llegaron a la jota–. Jesús… justo, joya.

–¿Qué palabra has escrito para la o? –le preguntó doña Beatriz a Pimienta cuando llegaron a la o.

–Sólo encontré una palabra.

–Obedecer –dijo Sal–. Para no ser como zorrillos creo que debemos obedecer; pero muchas veces es difícil.

–La obediencia es un aroma fragante –dijo la buena vecina–. Sal tiene razón. Desobedecer es como el olor feo del zorrillo. Agradamos a Dios al ser obedientes.

–Hablar malas palabras huele a zorrillo –dijo Pepita.

–Hablar mal de alguien también huele feo –agregó Estrella–. A mí me gusta dar abrazos y besos. No quiero oler a zorrillo. ¿Quién quiere que le dé un abrazo?

Cuando ninguno de los niños quiso recibir un abrazo, para que ella no se sintiera triste, doña Beatriz dijo:

–Yo quiero un abrazo.

Estrella tiene un diagnóstico llamado Síndrome de Down. Sus rasgos físicos son un poco diferentes y no tiene la misma capacidad mental que otros niños. Pero hay algo muy especial que la caracteriza; ella es alegre y amorosa.

Con el alfabeto de fragancia doña Beatriz quiere enseñar a los niños la importancia de que nuestra vida sea un aroma. Juntamente con los niños del Club Tesoros aprenderás muchas cosas lindas para que tu vida sea como un perfume que anuncia el amor de Dios.

¡No te pierdas ningún capítulo de la serie del ABC de fragancia!

¿Qué crees que piensa Pimienta?

MIS PERLITAS

En Mis Perlitas está el material que corresponde con esta historia.

 

El camino de victoria

Estrella, la amiga de Pepita, estaba feliz con su corona de estrellas.

–Soy Estrella y tengo estrellas –repetía una y otra vez.

Cada vez, doña Beatriz le decía que no interrumpa la historia que ella les estaba contando; pero Estrella se olvidaba y volvía a repetir: «¡Soy Estrella y tengo estrellas!»

Pimienta, que había recibido la corona para representar al rey Herodes, bromeó con Estrella, diciendo:

–Soy Herodes y tengo una corona. ¡Tú tienes estrellas pero yo tengo una corona!

–No te sientas tan orgulloso –le dijo su amigo Sal–. El rey Herodes era un rey malo.

–Pero yo soy un Herodes bueno –dijo Pimienta.

–Herodes buscó al niño Jesús para matarlo –dijo Pepita.

–Yo soy un Herodes bueno –volvió a decir Pimienta.

–Yo soy una maestra buena –dijo doña Beatriz, y sacó una estrella de una caja sobre la mesa. La estrella tenía un palito para que sea fácil sostenerla.

UNA ESTRELLA PARA ESTRELLA

–Estrellita, ahora serás la estrella de Belén –le dijo doña Beatriz y le dio la estrella–. Vas a guiar a los magos para que encuentren a Jesús. ¡Eres una estrella brillante!

–¡Bravo! Soy la estrella de Belén –gritó Estrella.

Fue una tarde muy divertida. Cada uno de los niños representó a uno de los personajes de la historia del nacimiento de Jesús. Doña Beatriz había llevado disfraces para todos, y una muñeca para que represente a Jesús.

Pimienta, que había estado tan orgulloso de su corona, ya no quería ser Herodes.

–¿Quién quiere mi corona? –preguntó al sacársela–. Yo quiero ser uno de los reyes magos.

Nadie quería ser el rey malo; pero al fin Sal aceptó serlo.

Los padres de doña Beatriz estaban de visita, así que ella los invitó a que vieran la actuación.

–Me llamo Estrella y soy la estrella de Belén –dijo Estrella y le dio un fuerte abrazo a la mamá de doña Beatriz. A ella le gusta sonreír y dar abrazos.

ESTRELLAS PARA TODOS

Después que los niños actuaron la historia de los pastores y el pesebre, y de los magos y los regalos que ofrecieron al niño Jesús, doña Beatriz sacó más estrellas de su caja y dio una a cada uno.

–Las estrellas tienen palabras –dijo la buena vecina–. Con las palabras vamos a formar un versículo.

–A mí me tocó “Jesús” –gritó Pimienta.

–Yo tengo la palabra “Dios” –dijo Estrella.

–A mí me tocó “triunfo” –dijo Sal–. Eso significa “victoria”. Me gusta esa palabra.

Uno por uno mencionaron la palabra que les había toca-do y empezaron a formarse en orden. Doña Beatriz les ayudó. Los que no tenían palabras en su estrella se sentaron, y leyeron lo que sus compañeros formaron:

Mas a Dios gracias, el cual nos lleva siempre en triunfo en Cristo Jesús.

–Cuando los magos visitaron a Jesús, ¿por qué regresaron a su país por otro camino? –preguntó doña Beatriz.

–Porque soñaron que debían hacerlo –dijo Pimienta.

–Dios les advirtió que no vuelvan al palacio –dijo Sal–. Era porque Herodes iba a buscar a Jesús para matarlo.

–Vamos a aprender lo que significa andar por otro camino –dijo doña Beatriz–. Haremos un abecedario que muestra cómo seguir por otro camino. Lo llamo el camino de victoria.

UNA CANCIÓN DE VICTORIA

Pepita y Estrella inventaron una canción acerca del «otro camino» y la cantaron con una melodía alegre.

Con Jesús vamos por otro camino.
Con Jesús vamos por el camino de victoria.

Varios de los niños se unieron con ellas y cantaron. Doña Beatriz también cantó. Les dijo que tenían todo un año para aprender del camino de victoria.

–Quiero que todos piensen en una palabra para nuestro abecedario. En la próxima reunión lo armaremos.

–Fácil –dijo Pimienta–. ¡Para mí que la A es por amor!

Pepita y Estrella se despidieron y fueron cantando la canción de victoria por el camino de regreso a casa.

–Yo digo que la V es por victoria –dijo Estrella. Luego le sonrió a su amiga Pepita y le dio un fuerte abrazo.

MIS PERLITAS

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Los magos y el otro camino

Era la reunión de fin de año. Como siempre, doña Beatriz tenía sorpresas y regalos para los niños. A Estrella, la amiga de Pepita, le puso una corona de estrellas.

–Estrella, hoy serás la «estrella» del Club –le dijo doña Beatriz.

–¡Bravo! Soy Estrella y tengo estrellas –gritó la niña llena de emoción.

El salón estaba decorado con estrellas y todos recibieron estrellas, con una vela en el medio. Al encender la vela, la estrella les protegería para que no se quemaran.

–¿Qué vamos a hacer hoy y para qué es la vela? –preguntó Pimienta, el amigo de Sal que siempre tenía preguntas–. ¿Y por qué sólo Estrella ha recibido una corona?

–Lo siento, Pimienta –respondió doña Beatriz–. Te pondré una corona para que seas el rey Herodes. Las velas son para encender como estrellas.

La buena vecina les advirtió que tuvieran mucho cuidado con las velas encendidas. Luego apagó la luz, encendió su vela, y pasó de uno a otro niño encendiendo las velas de cada uno. Fue emocionante cuando todas las velas estaban encendidas y los niños las movían lentamente de un lado a otro en la oscuridad del salón.

–Brillen estrellitas, brillen –cantó doña Beatriz. Y los niños le siguieron en el canto. Pimienta se hizo oír sobre todos por cantar con todas sus fuerzas.

Luego apagaron las velas y doña Beatriz les contó la historia de la estrella de Belén. Ella dejó encendida su vela. Su rostro brillaba en la oscuridad del salón. A un lado tenía a Estrella y al otro a Pimienta. Los niños del Club escucharon atentos.

La estrella de Belén

La noche cuando Jesús nació en Belén Dios puso en el cielo una estrella mensajera. Lejos de Belén, en el Oriente, unos magos, hombres sabios que estudiaban las estrellas, habían oído que nacería un rey de los judíos. Decidieron viajar en busca del rey.

Al llegar a Jerusalén preguntaron dónde estaba el niño que había nacido para ser el rey de los judíos. Habían visto su estrella y ahora venían para adorarlo.

En Jerusalén vivía el rey Herodes. Él se puso nervioso al oír la pregunta de los magos. Herodes sabía que iba a nacer un rey, el Mesías, y preguntó a los sacerdotes y a los maestros de la Ley dónde tenía que nacer ese rey.

Cientos de años antes un profeta de Dios había anunciado que en Belén de Judea iba a nacer Cristo, el rey que guiaría al pueblo de Dios.

El rey Herodes mandó a llamar en secreto a los magos y les dijo que vayan a Belén y averigüen todo acerca del niño. «Cuando lo encuentren, avísenme –les dijo–. Yo también quiero ir a adorarlo.» ¡Pero eso no era verdad!

La estrella que los magos habían visto en su país los guió hasta que se detuvo sobre la casa donde estaba Jesús. ¡Qué felices se sintieron al ver la estrella!

Los magos habían viajado desde muy lejos. Habían pasado mucho tiempo viajando. Jesús ya no era un bebé acostado en un pesebre; era un niñito que seguramente ya corría y jugaba. Estaba en la casa con María, su madre. Cuando los magos lo vieron, se arrodillaron para adorarlo. Luego abrieron sus cofres y le regalaron oro, incienso y mirra.

Dios salva a su Hijo

El rey Herodes tenía planes malvados. En un sueño, Dios les avisó a los magos que no volvieran al palacio del rey. Entonces, regresaron a su país por otro camino.

Cuando Herodes comprendió que los magos no volverían a Jerusalén, se puso furioso. No quería saber nada del rey que había nacido en Belén. En su ira, mandó matar a todos los niños menores de dos años de la ciudad de Belén y alrededores.

¿Cómo se salvó el niñito Jesús? Un ángel de Dios se le apareció a José en un sueño y le advirtió que Herodes iba a buscar a Jesús para matarlo. Esa misma noche José escapó a Egipto con Jesús y María, y se quedó allí hasta que Herodes murió.

Así salvó Dios a su Hijo Jesús, y guió a los magos para que
volvieran a su país por otro camino.

 

MIS PERLITAS

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Instrucciones:  Coronas instrucciones