Jesús visita a Zaqueo

Imaginemos que hemos regresado en el tiempo dos mil años –dijo doña Beatriz una tarde en el Club Tesoros–. Estamos con Jesús entrando a Jericó.

Jericó era una ciudad hermosa en el valle del Jordán, cerca de Jerusalén, en el país de Israel. Cuando Jesús visitó Jericó, era una ciudad reconstruida. Miles de años antes, cuando el pueblo de Dios llegó de Egipto para conquistar la Tierra Prometida, cayeron los muros y toda la ciudad.

Lee la historia en Josué, capítulo 6.

Los israelitas, al mando de Josué, marcharon siete días alrededor de Jericó. El séptimo día rodearon la ciudad siete veces. Entonces cayeron los muros y los israelitas conquistaron la ciudad. En sus excavaciones, los arqueólogos han descubierto restos de esos muros.

JESÚS PASA POR JERICÓ

Era una tarde hermosa. De boca en boca corría la noticia de que Jesús pasaba por la ciudad. Las nuevas llegaron también a oídos de Zaqueo.

¿Quién era Zaqueo? Él era un hombre odiado por la gente. ¿Por qué lo odiaban? Zaqueo era cobrador de impuestos, un hombre muy rico. Él trabajaba para los romanos, que gobernaban sobre los judíos, el pueblo al que pertenecía Jesús.

Zaqueo había escuchado hablar mucho acerca de Jesús, y ahora que Él pasaba por su ciudad, no quería perder la oportunidad de verlo. Pero era imposible para Zaqueo acercarse a Jesús, porque lo rodeaba mucha gente.

–Ábranme paso, ábranme paso –pedía Zaqueo; pero nadie le hacía caso.

ZAQUEO SE SUBE A UN ÁRBOL

No había manera de que Zaqueo llegara cerca del Señor. Él era pequeño de estatura, y no podía mirar sobre las cabezas de los demás. Zaqueo era rico; pero para ver a Jesús de nada le valía su dinero.

¡Ah! Pero Zaqueo conocía su ciudad. Sabía que más adelante en el camino había un sicómoro. Un sicómoro es un tipo de higuera. Corrió para adelantarse a la gente y se subió al árbol.

¡Qué buena vista tenía desde allí! Podía ver y escuchar a Jesús. Lo mejor de todo era que nadie lo veía. Como la gente no quería a Zaqueo, él se sentía feliz de estar escondido en el árbol.

JESÚS LLAMA A ZAQUEO

De repente sucedió algo inesperado. Jesús y la multitud que lo acompañaba iban avanzando por el camino. Entonces Él hizo un alto. Justamente debajo del lugar donde estaba Zaqueo, Jesús se detuvo. Miró hacia arriba y dijo:

–Zaqueo, apúrate, ¡bájate del árbol! Quiero ir a tu casa.

¿Qué? ¡Jesús ir a la casa de Zaqueo! La gente se miraba una a otra, asombrada. ¿Sería posible? ¡Jesús ir a la casa del odiado cobrador de impuestos! ¡No podía ser! ¿Cómo Jesús podía rebajarse tanto? ¡Imposible!

Pero era posible. La gente odiaba a Zaqueo, pero el Señor Jesús lo amaba, así como Él ama a todas las personas. Jesús quería visitar a Zaqueo en su casa.

ALEGRÍA PARA ZAQUEO

Zaqueo no lo pensó dos veces. Inmediatamente, bajó del árbol y corrió a su casa. Sin duda mandó preparar una deliciosa cena para recibir a Jesús. ¡Qué gran alegría!

En la Biblia leemos que Zaqueo recibió a Jesús muy contento. La gente murmuraba porque Jesús había entrado a la casa de un pecador. Jesús no le dio importancia, porque Él había venido para buscar y salvar a pecadores.

Cuando Jesús entró a la casa de Zaqueo, pasó algo maravilloso. ¡Zaqueo fue cambiado! Los cobradores de impuestos engañaban a la gente; cobraban más de lo debido y se hacían ricos. Es posible que Zaqueo había engañado y que por eso era un hombre rico.

Zaqueo ya no pensaba en sus riquezas. Quería, más bien, arreglar todas sus cuentas.

–Si en algo he defraudado a alguien, le voy a devolver cuatro veces la cantidad –dijo Zaqueo–. ¡Y voy a dar la mitad de mis bienes a los pobres!

–Hoy ha venido la salvación a esta casa –dijo Jesús.

JESÚS TE INVITA

A Jesús no le importa si somos chicos o grandes, ricos o pobres. Todos somos pecadores y necesitamos de su perdón.

Los niños del Club Tesoros se imaginaron que estaban con Jesús y Zaqueo. Pero para recibir a Jesús no hay nada que imaginar. Jesús te invita a que lo recibas como tu Salvador. Él quiere perdonar tus pecados y darte un corazón limpio.

Zaqueo recibió al Señor Jesús con alegría. ¿Recibirás tú con corazón alegre la invitación de Jesús?

En MIS PERLITAS hay mucho lindo material para esta historia.

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Un nuevo papá para Pedrito

Había terminado otra hora de la escuela dominical. Los niños salían alegres rumbo a sus hogares. Sólo Pedrito se quedó sentado, muy pensativo.

–¿Qué te pasa, hijo? –le preguntó bondadosamente su maestro–. ¿Te ha impresionado la historia de Zaqueo?

–Sí, me ha hecho pensar. Me pregunto si Jesús puede hacer lo mismo hoy.

Los ojos de Pedrito, ansiosos y llenos de lágrimas, espe­raban una respuesta. El maestro de sentó a su lado, y le preguntó a qué se refería.

papá xUNA VIDA TRISTE

Pedrito le contó su triste historia. No había felicidad en su hogar, pues su padre gastaba su tiempo y su dinero en la cantina con sus amigos. Cuando estaba en casa peleaba son su esposa y golpeaba a los niños. Pedrito le tenía miedo.

La noche anterior él apenas había podido dormir; pensaba en lo que le podría hacer su padre, porque para ir a la iglesia Pedrito tenía que escaparse de la casa.

–¿Podría el Señor cambiar a mi padre, así como cambió a Zaqueo? –preguntó entre sollozos al terminar su relato.

–Es fácil para el Señor hacerlo –le respondió el maestro–. Pero mucho depende de tu padre. Él tiene que desear ser cambiado. Oremos que el Señor ponga ese deseo en su cora­zón. Para Dios nada es imposible.

–Sí, por favor –dijo Pedrito, y dobló sus rodillas junto a su maestro.

Ambos oraron con fervor y, con nue­vas esperanzas, Pedrito salió corrien­do para su casa.

papa y PedritoPOR PRIMERA VEZ EL PAPÁ FUE A LA IGLESIA

Esa misma noche Pedrito entró al templo tomado de la mano de su pa­dre. Era un milagro que él y su padre se habían dirigido juntos al Templo Evangélico.

Dios había empezado a contestar la oración de Pedrito, porque su padre había aceptado acompañarlo al culto.

Al llegar, se sentaron en una de las últimas bancas. Un grupo de jóvenes dirigió los cantos. Luego el pastor pre­dicó un mensaje que parecía dirigirse exclusivamente al papá de Pedrito.

PEDRITO ORA DURANTE LA PRÉDICA

Al principio el papá de Pedrito no quiso prestar atención al mensaje, pero sin que se dé cuenta, poco a poco fue escuchando. Se sintió incómodo porque ero como que el predicador le estaba describiendo su vida.

El papá dio un vistazo a Pedrito para decirle que quería irse; pero su hijo no lo vio porque estaba sentado con la cabeza agachada, moviendo los labios en una silenciosa oración.

Mientras Pedrito oraba, el Espíritu Santo estaba obrando en el duro corazón de su padre.

historia nuevo papá co–Vamos adelante, papá –le dijo Pedrito cuando el predica­dor hizo una invitación para los que necesitaban entregar su vida a Cristo.

–Sí, hijo, quisiera pasar adelante –le respondió su padre–. Pero ya es tarde para mí. Mi vida es un enriedo y temo que nunca podré vivir como cristiano.

–Papá –insistió Pedrito–, basta que desees ser cambiado. ¿Recuerdas lo que te conté acerca de Zaqueo? Él no pudo cambiarse a sí mismo. Jesús transformó su vida y le ayudó a poner en orden sus negocios. ¡Vamos, papá!

UN NUEVO PAPÁ

Pedrito tomó de la mano a su padre y lo llevó hacia adelante, hacia el altar. El pobre hombre no podía resistir ni a Dios ni a Pedrito. Cayó de rodillas, arrepenti­do, y entre lágrimas pidió perdón a Dios.

¡Qué felicidad para Pedrito! Dios había salvado a su padre. Alegres volvieron a casa.

El domingo siguiente el maestro se encontró con un Pedrito feliz y radiante. Había venido acompañado a la iglesia de su papá, su mamá y sus hermanos.

–¡Jesús hace lo mismo hoy que cuan­do cambió a Zaqueo! –le dijo sonriendo a su maestro al saludarlo.

–¡Sí, así es! –le respondió el maestro.

CON CRISTO EN LA FAMILIA

Si tienes padres y hermanos que creen en Jesucristo, agradece a Dios de todo tu corazón. No hay nada mejor.

Si, como Pedrito, tus padres no aman al Señor, ora a Dios que entreguen su vida a Jesucristo. ¡Dios quiere salvar a tu familia para que todos amen a Cristo!

Lee le historia de Zaqueo en Lucas 19:1-10.

Lucas 10_10Para imprimir la historia: 278 Un nuevo papa para Pedrito

Para hacer tarjetas: Tarjetas para el padre

Dia del padre