Por qué Amy no recibió ojos azules

Amy tenía un solo deseo: tener ojos azules. No porque sus ojos fueran feos, al contrario, eran de un hermoso color café; pero quería tener ojos azules como los de su mamá.

Dios escogió a Amy desde que era muy pequeña, aun antes de que naciera. Él tenía un plan muy emocionante para su vida, por eso le dio ojos de color café.

Cuando Amy pidió a Dios ojos azules, la respuesta fue «no»; pero no también es una respuesta.

Misionera en la India

De muy niña, Amy entregó su corazón al Señor Jesús y prometió servirle y hacer su voluntad. Cuando Amy creció, viajó como misionera a la India.

Desde un principio se esforzó en aprender el idioma que se hablaba allí, para contar a la gente del amor de Dios. Muchas veces deseaba disfrazarse como una mujer india para entrar en alguno de los enormes templos de piedra, donde muchos niños habían sido ofrecidos para servir a dioses falsos.

La India era un país con muchos secretos y Amy estaba decidida a descubrir algunos de ellos. ¿Cómo podría contar a la gente acerca del Dios vivo y verdadero, y de Jesucristo que murió en la cruz para perdonar sus pecados?

Un teñido perfecto

Amy era de Irlanda, y una mujer extranjera no podía andar libremente por las calles, ni podía entrar en los templos de ese país. ¿Qué podía hacer? Su Padre celestial le mostraría cómo hacerlo.

Amy hizo algunos experimentos, hasta que descubrió que con café en polvo podía teñirse los brazos y la cara para que aparecieran de un color como el que tenían las mujeres indias.

Después de pintarse los brazos y la cara, se puso ropa típica de la India: una túnica como usaban las mujeres, y un turbante sobre la cabeza, enrollado en un brazo.

«Te pareces a una mujer de aquí –le decían sus amigas–. ¡Qué suerte que tus ojos son de color café y no azules! Si no fuera por esos ojos castaños, no pudieras hacerte pasar por una mujer india.»

Ojos de color café

¿Ojos de color café y no azules? Amy recordó la gran tristeza que tuvo de niña cuando pidió ojos azules y Dios le dijo que no. Ahora comprendió por qué. Necesitaba ojos de color café. ¡Dios le dio la mejor respuesta!

Un día, vestida con su mejor disfraz, Amy entró por las puertas de un gran templo. En una enorme torre estaba sentado un ídolo negro, sucio y pegajoso. En la pared colgaban platillos con mechas ardientes y detrás del ídolo había un cuarto oscuro, con telarañas.

Amy tembló al ver que ese lugar tan feo era el único templo que la gente conocía y que ese pequeño monstruo gordo era el dios de la India. Era un dios muerto que no podía escuchar ni contestar las oraciones.

«Mamá» para muchos niños

Desde ese momento, Amy sabía por qué Dios no le había dado ojos azules. Él la necesitaba para salvar a muchos niños que no tenían mamá ni papá. Amy fue una mamá para ellos. Más de cincuenta años se quedó en la India, amando y cuidando a casi mil niños sin hogar.

Han pasado muchos años desde que los ángeles de Dios llevaron a «mamá» Amy al cielo. Está allí esperándonos para que nos cuente qué bueno fue que Dios le dijera que no cuando ella pidió ojos azules. Junto con Amy están muchos niños y niñas de la India, que por la bondad de ella conocieron a Jesús.

MIS PERLITAS

Todo el material referente a esta historia está en Mis Perlitas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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