Jesús obedece a su Padre

Pepita y Estrella iban saltando felices por la calle, cantando una canción que Sal había inventado y que les había enseñado a sus amigos del Club.

Obedecer, ese es nuestro deber.
Si quieres ser feliz debes obedecer.

Luego inventaron sus propias palabras:

Es mi deber obedecer. Porque quiero ser feliz voy a obedecer.

–¿A quién vas a obedecer? –le preguntó Pepita a su amiga Estrella.

–A papá y a mamá –respondió Estrella, cantando. Luego ella le hizo la misma pregunta a Pepita.

Las niñas siguieron preguntando y respondiendo, cantando acerca de las personas a quienes iban a obedecer.

Resultó una lista larga: abuelos, maestros, tíos, hermanos, doña Beatriz, policías y otros.

Llegaron al Club cantando, y le contaron a doña Beatriz acerca de todas las personas a quienes iban a obedecer.

–Creo que se han olvidado de la Persona más importante –les dijo la buena vecina–. ¿No van a obedecer a Dios?

–¡Dios! –exclamó Pepita–. ¿Cómo nos olvidamos de Dios?

–Yo no me olvidé –dijo Estrella–. Quería que tú lo digas.

–¿Recuerdan que Dios es el Padre de Jesús? –les preguntó doña Beatriz–. Jesús obedeció a su Padre en todo.

La obediencia de Jesús

Cuando Dios creó el mundo, puso allí un hermoso jardín. En ese jardín puso al primer hombre y a la primera mujer.

Había armonía y paz en el hermoso mundo de Dios. En las tardes Él se paseaba en el jardín y conversaba con el hombre y la mujer.

–Yo sé a quién Dios puso en el hermoso jardín –dijo Pepita–. Dios puso a Adán y a Eva en el jardín.

–Pero ellos fueron desobedientes –dijo Sal–. Y se escondieron cuando oyeron que Dios se paseaba en el jardín.

Con ellos entró el pecado en el mundo. Dios tuvo que expulsarlos del hermoso jardín. Pero los amaba y prometió que enviaría un Salvador para pagar el castigo por el pecado. El Hijo de Dios sería ese Salvador.

Para cumplir el plan de Dios, su Hijo se hizo humano. Jesús dejó toda la gloria del cielo y vino a nacer como hombre. Llegó a un hogar humilde y sencillo. Nació en un establo y su primera cuna fue un pesebre.

Como Hijo de Dios Jesús pudo haber escogido un palacio o una casa lujosa; pero dejó de lado todas las comodidades del cielo porque quería obedecer a su Padre.

Cuando inició su ministerio, Jesús fue al río Jordán para ser bautizado por Juan el Bautista, que predicaba el arrepentimiento y bautizaba. Jesús no necesitaba arrepentirse porque nunca había hecho nada malo. Pero quería obedecer a su Padre, y fue bautizado.

El cielo se abrió y el Espíritu de Dios bajó sobre Jesús como una paloma. Dios habló del cielo y dijo:
«Este es mi Hijo amado. Estoy muy complacido con Él.»

Obediencia absoluta a su Padre

Jesús no hizo nada por sí mismo, sino solamente lo que le indicaba Dios su Padre. Él andaba de pueblo en pueblo y de ciudad en ciudad enseñando a la gente, sanando a los enfermos, y echando fuera demonios.

Una noche lo visitó un fariseo llamado Nicodemo. Nicodemo le dijo que sabía que Jesús había venido de Dios, porque nadie podía hacer las obras que Él hacía. Jesús le dijo las palabras más conocidas y amadas, Juan 3:16.

«Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado
a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree,
no se pierda, mas tenga vida eterna.»

Cuando se encontró con una mujer despreciada porque llevaba una mala vida, Jesús le ofreció el agua de vida, que es la salvación. ¡Jesús cambió la vida de esta mujer y de todo el pueblo donde ella vivía! Así, Jesús obedecía a su Padre.

Obediente hasta la muerte

Jesús había venido al mundo con un propósito, el de obedecer a su Padre, y llevar el castigo de nuestros pecados. Para hacer esto, Jesús debía morir en la cruz. Eso sería muy difícil. Jesús necesitaba mucha ayuda de su Padre para hacerlo. Fue con sus discípulos a orar a Dios en el huerto de Getsemaní.

Tres veces Jesús pidió a su Padre que lo librara del sufrimiento de morir en la cruz.

Pero oró: «Padre, no se haga mi voluntad, sino la tuya.»

Fue tanta la agonía de Jesús que sudó gotas de sangre. Dios mandó ángeles para fortalecerlo.

El plan de Dios era que Jesús sea el Salvador. Jesús murió en la cruz por nuestros pecados y nuestras enfermedades. Todo lo hizo en obediencia a Dios y por amor a nosotros.

Como Jesús obedeció a su Padre, Dios lo ha exaltado y le ha dado el honor más grande. Un día, todos doblarán las rodillas ante Jesús y reconocerán que Él es el Rey y Señor.

Así como Jesús fue obediente a su Padre, busca en todo ser obediente a Dios y su Palabra.

MIS PERLITAS

En Mis Perlitas están los materiales para esta historia.

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