La levadura de bondad

Historia escrita por Ximena Soliz de Piérola, La Paz, Bolivia

 

Alina y Ever eran hijos ejemplares de la familia Gómez. Sus padres no tenían que andar regañándolos, porque ellos cumplían sus deberes con agrado.

Una tarde, los dos hermanos fueron al cumpleaños de un primo, a quien le gustaba invitar a mucha gente para ser homenajeado.

Alina y Ever se divertían jugando una y otra cosa con los otros niños; pero Alan, un niño cojo, no quería jugar. Uno de los muchachos le grito:
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–Alan, ven a jugar. ¿Qué te parece si jugamos a remedar cómo caminas?

Y comenzó a remedar la forma en que Alan cojeaba. Todos los niños soltaron una gran carcajada, mientras Alan, avergonzado, agachaba la cabeza. Casi todos los niños comenzaron a caminar cojeando por el patio.

–Mira cómo cojeo –decía una niña.

–Yo cojeo mucho más –decía otra, mientras otros reían y se burlaban.

Burlarse no es un juego

Alina y Ever se habían quedado callados observando la escena, mientras sus amigos los llamaban para que jugaran.

–Vamos –le dijo Alina a su hermano Ever.

–¡No! –exclamó Ever–. Burlarse de otros no es un juego.

–No pretendo burlarme, sólo divertirme –contestó Alina.

Ever se dio la vuelta para dirigirse a donde estaba Alan, que trataba de disimular las lágrimas que le caían. Se acercó suavemente, y poco a poco logró entablar una conversación con él.

Después de unos minutos, ambos estaban conversando amigablemente, y luego se pusieron a jugar lanzando una pelota.

Por la noche, cuando ya Ever y Alina habían vuelto a casa, Alina casi no quería hablar.

–¿Por qué estás así hija? ¿Qué pasó en el cumpleaños? –le preguntó la mamá.

Alina no pudo aguantar más y se echó a llorar.

–Hoy hice algo muy feo, mamá –dijo Alina–. Los niños comenzaron a burlarse de la forma en que cojea Alan.
Remedaban su forma de caminar, y yo también lo hice.

Alina lloraba desconsolada, y entre suspiros dijo:

–No entiendo qué pasó. ¿Por qué me porté tan feo?

Su mamá le alcanzó un pañuelo y luego le explicó:

–Nuestro corazón es engañoso, Alina, por eso debemos tener mucho cuidado. La maldad crece, así como la masa de pan cuando la preparo con levadura.

Efectos de la levadura

La levadura es un hongo de una sola célula, que se junta a muchos otros hongos iguales, y se reproduce rápidamente. Sólo un grano contiene cerca de 25 mil millones de células. Por eso, cuando el pan se prepara con levadura, y la masa se deja reposar, crece al doble o triple de su tamaño.

Hay levadura de malicia y de maldad. El apóstol Pablo nos exhorta a que no dejemos que obren en nosotros. La malicia es como un mal pensamiento que te dice: «no harás nada malo jugando al cojito; sólo te divertirás un poco con tus amigos». Pero a los malos pensamientos no les gusta obrar solos. Se reproducen rápidamente si les damos el medio apropiado para eso, así como la levadura.

Practica la bondad

La mamá les siguió explicando a Alina y Ever los efectos negativos de la levadura de malicia y de maldad.

–Es verdad, mamá –dijo Ever–. Yo también tuve la idea de seguir a mis amigos en su burla; pero luego me pregunté: ¿qué haría Jesús en mi lugar? Y decidí no hacerlo.

Al alejarse del engañoso pensamiento de malicia, Ever no dejó que se reproduzca. Prefirió pensar en lo que haría Jesús.

–Mamá, ¿qué puedo hacer para reparar el mal que hice? –preguntó Alina.

–Primero, hija, debes pedirle perdón al Señor Jesús. Luego debes pedirle un sincero perdón a Alan. Él debe estar sufriendo mucho por lo que pasó en la fiesta de cumpleaños.

Alina se puso de rodillas y oró pidiendo perdón a Dios. Después le pidió a su mamá que la llevara a casa de Alan para que le pidiera perdón por haberse burlado de él.

Esa noche Alina durmió feliz. Dios le había perdonado por su mal comportamiento y Alan se había alegrado cuando le pidió perdón, y le aseguró que la perdonaba.

En vez de levadura de malicia, Alina practicaría la bondad.

MIS PERLITAS

En Mis Perlitas hay muchas ayudas para esta historia.

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Rut, la nuera bondadosa

Los niños del Club hacían brillar su luz, como dijo Jesús que hagamos. La gente en el vecindario los veía haciendo trabajos para llenar con monedas el frasco de amor.

Cuando el frasco estaba lleno, doña Beatriz preguntó a quién lo darían. Estrella sugirió al amiguito Samuel.

–Samuel no tiene papá ni mamá para que le compren sus cosas –dijo Estrella–. Nosotros podemos ayudarle.

Samuel es huérfano. Sus padres han muerto en un accidente y ahora vive con sus tíos. ¡Cómo extraña a sus padres! También echa de menos a sus amigos que ha tenido que dejar al venir a vivir con sus tíos.

Cuando Estrella sugirió que le dieran el frasco con las monedas, Samuel sintió algo muy especial en su corazón. Sus nuevos amigos realmente lo amaban.

Doña Beatriz dijo que lo pensaran y dieran otras sugerencias. Luego les les contó la historia de Rut y Noemí. Ellas hubieran comprendido a Samuel porque también habían perdido a seres amados y habían ido a vivir en otro lugar.

La familia de Noemí

Elimelec y Noemí, y sus hijos Mahlón y Quelión, vivían en Belén de Judá. Belén quiere decir «casa de pan», pero no había allí mucho pan. En toda la tierra de Judá había hambre, por no haber buenas cosechas.

Elimelec decidió llevar a su familia a un lugar donde había pan en abundancia. Fueron a vivir en Moab. Pero allí la gente no adoraba a nuestro Dios sino a dioses falsos.

En la tierra de Moab, Noemí tuvo una experiencia muy triste. Murió su esposo Elimelec y ella quedó sola con sus hijos. ¡Noemí, Mahlón y Quelión quedaron sin el padre de familia en una tierra extraña!

Mahlón y Quelión se casaron con mujeres de Moab, con Rut y Orfa. Pero al tiempo, ellos también enfermaron y murieron. Noemí seguramente se sintió muy sola.

Noemí vuelve a Belén

Después de un tiempo Noemí decidió volver a su tierra. Empacó sus cosas, cerró la puerta de su casa, y empezó a caminar. Iba acompañada de sus dos nueras, Rut y Orfa.

Noemí les dijo que regresen a su casa y que vuelvan a casarse. Orfa decidió hacerlo; pero Rut no quiso abandonar a su suegra. Era bondosa y no quería dejar sola a Noemí.

«Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios mi Dios», dijo Rut.

(Lee en Rut 1:16,17 todas las lindas palabras de Rut.)

Un hermoso día de otoño, cuando estaba comenzando la cosecha de cebada, Noemí y Rut llegaron a Belén. Todos los que la recordaban se admiraron de verla.

De inmediato Rut se puso a trabajar. Fue a espigar cebada en los campos de Booz, un pariente de Elimelec. Él era un hombre bueno y dejó que Rut trabajara con sus segadores.

«¡Que Dios te lo pague! ¡Que el Señor Dios de Israel te premie!» le dijo Booz.

La costumbre en Israel era que los segadores no recogían espigas hasta los últimos rincones, sino que dejaban algo para los pobres y los extranjeros; por eso, Rut fue a trabajar. Cada noche volvía a casa con cebada para ella y Noemí.

Rut, un tesoro para Noemí

Al poco tiempo, Dios premió a la bondadosa Rut. Booz, que la había dejado trabajar en su campo, decidió casarse con ella. Rut y Noemí ya no tendrían que vivir solas. ¡Qué día feliz!

Otro día feliz fue cuando Booz y Rut tuvieron su primer bebé. Era un lindo varoncito, a quien nombraron Obed.

¿Sabes? Obed fue el abuelo del rey David. Booz y Rut fueron sus bisabuelos. Dios realmente los premió.

Las mujeres de Belén decían a Noemí: «¡Qué feliz eres por tener una nuera tan cariñosa como Rut! Ella te vale más que siete hijos.» ¡La bondadosa Rut era un tesoro para Noemí!

Seamos bondadosos

Rut nos enseña a ser buenos con las personas mayores. Realmente, con todos. Sé bueno con los niños de tu edad y también con los que son menores. Respeta a las personas mayores, y pórtate muy bien con los ancianos.

–Estrella ha sugerido que seamos buenos con Samuel –dijo doña Beatriz–. Él necesita un nuevo uniforme para la escuela y útiles escolares.

La buena vecina dijo a los niños que sigan pensando en quién recibiría el dinero que habían juntado. Mientras tanto, podían empezar a llenar un segundo «frasco de amor».

 

¿A quién le darías tú el frasco de amor?

La próxima semana los niños del Club lo decidirán. ¿A quién se lo darán?

 

 

MIS PERLITAS

En Mis Perlitas está todo el material que acompaña a esta historia.

 

Bienvenido a leer el boletín de este mes:

Boletin Febrero 2019 Amor

El jardín del amor

Después de escuchar la historia de María y el perfume que derramó sobre los pies de Jesús, Pepita no podía dejar de pensar en ese regalo extraordinario.

Cada semana Pepita recibe una propina de 10 pesos para gastar en lo que quiere. ¿Estaría dispuesta a ahorrar ese dinero y regalar más de 500 pesos después de un año? Eso significaba que pasaría todo el año sin comprar caramelos y otras cositas que le gustan.

Pepita conversó de esto con su amiga Estrella. En la reunión del Club habló con doña Beatriz acerca de su idea.

Pimienta no recibe propinas. Al oír lo que dijo Pepita se puso pensativo. ¿Qué haría si tuviera dinero?

–Yo no podría regalar 500 pesos –dijo nuestro amiguito.

Un año sin caramelos

Pepita no podía dejar de pensar en la idea de ahorrar sus propinas. Decidió que por lo menos guardaría algo cada semana. En un papel dibujó un corazón rojo y escribió: «Regalo de amor»; luego tomó un frasco con tapa y pegó ese papel en el frasco. Decidió que se esforzaría todo lo posible para poner cada semana algunas monedas en el frasco; pero ¿dejar de comer caramelos? Iba a ser difícil.

Una de las primas de Pepita había dejado de comer caramelos y chocolates todo un año. Su papá le dio 100 pesos como recompensa. ¿Cómo sería si ella hiciera un trato con su papá? Si dejaba de gastar sus propinas en caramelos y reunía 500 pesos en un año, y si su papá le daba 100 pesos, ¡Pepita tendría 600 pesos para regalar!

Tengo que preguntarle a Papá si haría un trato conmigo, pensó Pepita. Pero ¿estaba ella dispuesta a ahorrar?

–Estrella, ¿qué me aconsejas? –le preguntó a su amiga.

–Yo digo que hagas un regalo de amor. Te voy a ayudar a juntar pesos; más pesos, ¡muchos pesos! –le prometió Estrella, y le dio un abrazo y un beso en la mejilla.

¿Crees que Pepita lo va a hacer? ¿Lo harías tú?

El jardín sorpresa

En la reunión del Club doña Beatriz tenía una sorpresa para los niños. El árbol del amor ahora estaba en un jardín; un jardín donde había mucho lugar vacío.

Como título doña Beatriz había puesto: «Jardín de la bondad».

–Aquí vamos a armar un hermoso jardín –dijo la buena vecina–. Por cada acto de bondad pondremos alguna cosa en el jardín; puede ser una flor, una mariposa o una abejita.

–Pepita va a juntar sus propinas para regalar –dijo Estrella.

–Quiero ser como María que regaló su costoso perfume –dijo Pepita–. Voy a ahorrar para ver cuánto puedo juntar en un año. Tengo un frasco en que voy a poner el dinero.

Pepita les contó a todos su idea. A doña Beatriz le gustó tanto que sugirió a los niños que hicieran lo mismo.

–¿Qué les parece si todos juntamos dinero por tres meses? Sería nuestro proyecto de amor. Luego podemos hacer un regalo, tal vez a una familia que necesita ayuda.

Los niños se entusiasmaron. Iban a juntar dinero, iban a armar el jardín, e iban a hacer un regalo.

–Nuestro Club Tesoros será el «club de los niños buenos» –dijo doña Beatriz–. Con nuestros actos de bondad vamos a honrar a Dios. Escuchen lo que dijo Jesús.

Doña Beatriz les leyó Mateo 5:16. Luego, palabra por palabra, los niños repitieron este versículo:

Un regalo, ¿para quién?

Los niños estaban felices con sus nuevos proyectos. Hicieron trabajos en el vecindario para poner dinero en el frasco de amor. Así le decían al frasco en que ponían sus monedas. Y cada vez que ayudaban a alguien pegaban una figura en el jardín, que se veía cada vez más bonito.

Pronto en el jardín había muchas flores y el frasco estaba lleno de monedas. Doña Beatriz preguntó a quién lo darían.

–¿Por qué no le damos el frasco a Samuel? –dijo Estrella.

–¿Por qué a Samuel? –preguntó Pimienta. En su corazón dijo: ¿Por qué no a mí? Mis padres no me dan propina.

–Samuel no tiene papá ni mamá para que le compren sus cosas –dijo Estrella y fue a darle un abrazo a Samuel.

Doña Beatriz dijo que la próxima semana lo decidirían.

¿Qué piensas? ¿Crees que le darán el dinero a Samuel?

 

MIS PERLITAS

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ABC de Fragancia están en:

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¡Bendiciones!

Dios te ayude a ser bueno.

La bondad de Rut

Rut despertó temprano. Sin hacer ruido, se levantó de la cama y fue a conversar con su muñeca favorita. «Antioneta, quisiera llevarte a la iglesia, pero creo que es mejor que te quedes en casa. Es el aniversario de nuestra iglesia y nos van a dar sorpresas. A ver si te traigo alguna cosa.»

En ese momento, entró al cuarto el papá de Rut.

–Ah, veo que mi pequeña se ha despertado –dijo cariñosamente, dándole un fuerte abrazo.

–Buenos días, papá –respondió Rut–. Me levanté temprano porque tengo que ir a la iglesia a ensayar con el coro, antes de la escuela dominical.

–¡Qué bien, hija! Creo será un lindo día. Ahora, vístete.

Y así lo hizo Rut. Dejó a su muñeca en una silla y se vistió con su ropa de domingo.

LIBERTAD DE ADORAR A DIOS

En el desayuno, su papá leyó un capítulo de la Biblia y luego todos oraron juntos; siempre lo hacían así. Ese día les tocó leer el Salmo 122.

Rut memorizó la primera parte: Yo me alegro cuando me dicen: «Vamos a la casa del Señor».

Salmo 122_1

El papá les hizo recordar que en muchos países los que aman a Jesucristo no pueden reunirse libremente para adorar a Dios; no hay escuelas dominicales, y muchos papás están presos en la cárcel por creer en Jesús.

–Hijos, nunca dejen de agradecer que en nuestro país podemos adorar a Dios libremente –dijo el papá antes de que se levantaran de la mesa.

Rut no lo olvidaría. A ella le encantaba ir a la escuela dominical y tenía una maestra muy buena.

ES LINDO COMPARTIR

El programa de aniversario fue muy bonito. La clase de Rut ganó un premio y cada niña recibió una bolsa de caramelos. Ahora sí, tengo algo para Antonieta, pensó Rut.

dibujo perlita 1

Junto a Rut se había sentado Tito, un niño que por primera vez asistía a la iglesia. Rut se interesó en él para que no se sintiera solo. Le parecía que Tito estaba triste.

–Te regalo mis caramelos –dijo, alcanzándole la bolsa, y agregó–: Espero que te guste nuestra iglesia.

–Gracias –dijo Tito–. ¿Por qué me regalas tus caramelos?

–Es lindo compartir –le respondió Rut–. Papá dice que uno se siente más feliz al dar que al recibir. Eso está en la Biblia. Todos los días leemos la Biblia en casa.

–Mi papá nunca lee la Biblia. Sólo nos pega y nos grita.

ALEGRÍA PARA UN NIÑO TRISTE

–Mi papá también era así –dijo Rut–, pero desde que entregó su corazón Cristo, ha cambiado. Ahora es el papá más bueno del mundo.

–Yo quisiera que mi papá cambie. ¿Qué puedo hacer?

–Chsst, después te lo digo. No debemos conversar durante la reunión. Eso no le gusta a mi maestra.

Y siguió el hermoso programa de aniversario. Los niños presentaron cantos y poesías y el pastor de la iglesia relató una hermosa historia de la Biblia.

Todos se sintieron felices al volver a sus casas; pero más feliz que todos estaba Rut. Ella había alegrado a un niño triste y le había contado acerca de Jesucristo.

Al llegar a casa Rut fue a recoger a su muñeca de la silla, y le dijo: «Antonieta, pensaba traerte unos caramelos, pero se los di a un niño que por primera vez vino a la iglesia. No te importa, ¿verdad que sí?»

Claro que no le importaba; era sólo una muñeca.

EL DÍA MÁS FELIZ PARA TITO

Tito fue silbando alegremente a su casa. Le contó a su mamá acerca de la niña bondadosa que le había obsequiado sus caramelos.

–Mamita –dijo Tito–, ya sé cómo papá puede cambiar. Me lo contó esa niña. Jesús cambió al papá de ella. Él ya no les pega ni les grita. Yo quisiera tener un papá así.

¿Sabes qué? Tito siguió asistiendo a la iglesia. Con el tiempo su mamá y su papá lo acompañaron. El día en que ellos entregaron su corazón a Cristo fue el más feliz para Tito.

Ahora Tito tiene un papá y una mamá cambiados por el poder de Dios. ¡Todo comenzó cuando una niña bondadosa compartió sus caramelos con un niño triste!

Para imprimir la historia: 292 La bondad de Rut color

Para colorear: 291 Rut y Tito

 

Un vaso de agua

niña con valdeNelly era una niña pobre pero muy cariñosa. Ella había oído hablar del versículo bíblico acerca del «vaso de agua fresca». Jesús prometió que si damos siquiera un vaso de agua fresca a uno de sus discípulos, no perderemos una recompensa.

Muchas veces Nelly pensaba en esa promesa; pero le parecía que era tan pobre que no tenía siquiera un vaso de agua para ofrecerle a alguien.

UNA CASA SENCILLA

La casita en que vivía Nelly era muy sencilla. El piso era de tierra y no había agua potable y tampoco servicios higiénicos. Nelly y sus hermanos iban a un pozo para sacar agua, que llevaban en baldes a su casa.

Muchas veces su padre hablaba de que quería mejorar la casa; pero trabajaba largas horas para mantener a su familia y no le alcanzaba el tiempo ni el dinero para hacer mejoras en la casita.

niña con valde coAGUA PARA UN NIÑO

Un día, cuando Nelly volvía a su casa cargando un balde de agua, se encontró con una mujer que tenía un niño que le pedía agua.

–Señora, si quiere puedo darle agua a su hijo –dijo la cariñosa Nelly y bajó el balde que llevaba.

–Gracias, niña –dijo la mujer–. ¡Que Dios te lo pague!

Nelly tomó la taza que colgaba del balde y le dio agua al niño. Él tenía tanta sed que pidió más agua.

–Señora, quisiera que usted ayude a alguien que necesita ayuda –le dijo Nelly al despedirse.

UNA CADENA DE AYUDA

Más tarde, esa mujer ayudó a otra mujer. Y le dijo las mismas palabras que Nelly le había dicho. Esa mujer prestó ayuda a un vecino y le dijo más o menos lo mismo.

Ese vecino ayudó a otra persona, y esa persona ayudó a otra. Así se formó una cadena de ayuda.

Llegó el día en que el dueño de la casita en que vivía Nelly recibió ayuda. La persona que lo ayudó, le dijo:

–No me pague. Sólo quisiera que usted ayude a alguna persona que necesita ayuda.

Adivina dónde fue a terminar esa cadena de ayuda.

¡En la casita donde vivía Nelly!

LA CADENA VUELVE A NELLY

Una tarde el dueño de la casa fue a hablar con el padre de Nelly. Le dijo que había recibido ayuda y que la persona le había dicho que ayude a otra persona.

–Esta casa es muy pequeña para su familia –dijo el dueño de la casa–. Y no tiene agua ni servicios higiénicos. He visto que sus hijos tienen que traer agua del pozo.

El padre de Nelly asintió. En verdad la casa era muy pequeña para su familia.

–Les voy a hacer otra casa –dijo el hombre.

UNA CASA NUEVA

Así fue que Nelly y su familia recibieron una casa nueva. La niña que creía que no tenía nada para ayudar a alguien, inició una gran cadena de buenas obras. Su pequeño acto de amor resultó en una linda casa para ella y su familia.

TÚ TAMBIÉN AYUDA

¡Qué grandes sorpresas nos puede traer «un vaso de agua»! La próxima vez que ayudes a alguien, diles como dijo Nelly: «Quisiera que usted también ayude a alguien.»

El mundo sería mucho mejor si todos fueran bondadosos. Tú puedes mejorar tú mundo. Comienza una cadena de bondad, aunque sea con algo tan sencillo como un vaso de agua fresca.

Mateo 10 42

Para imprimir la historia: 264 Un vaso de agua color

 

 

Los lentes mágicos de la abuela

Rocío había pasado dos semanas en casa de su abuela. Le encantaba ir a visitarla. Allí no tenía que pelear con sus hermanos, tenía su propio cuarto, y la abuela la mimaba. Y la abuela parecía estar orgullosa de ella.

ABUELITARocío admiraba todo acerca de su abuela: su pelo rizado color de plata; su collar de perlas; sus aretes; en fin, ¡todo! Más que nada admiraba los lentes de su abuela. ¡Eran mágicos!

EL GATO Y LOS LENTES

Un día, pasó algo trágico. Los lentes de la abuela estaban sobre la mesita donde los ponía después de leer su Biblia. El gato, muy juguetón, saltó sobre la mesa. En ese salto empujó los lentes… ¡pum! cayeron al suelo.

–¡Tus lentes, abuela! –exclamó Rocío–. ¡El gato los hizo caer!

–¡Gato travieso! –gritó la abuela–. ¿Cuántas veces te he dicho que no saltes sobre la mesa?

Pero el gato ya se había escapado, y allí estaban los lentes en el piso… La montura por un lado y las lunas por otro.

–¡Qué desgracia! –dijo la abuela–. Ya no voy a poder ver para leer mi Biblia.

ROCÍO ENTRA EN ACCIÓN

Entonces Rocío entró en acción. De alguna manera tenía que ayudar a su abuela. Pero, ¿cómo? Con cuidado alzó la montura y las lunas. Felizmente no se habían quebrado. Las puso en una cartuchera. Ella no sabía cómo poner las lunas en la montura; pero sí podía acompañar a su abuela a la óptica.

Esa misma tarde fueron a hacer arreglar los lentes y la abuela pudo leer nuevamente su Biblia. La abuela dio un fuerte abrazo de agradecimiento a su nieta.

–Quiero tener lentes como los tuyos –le dijo Rocío.

–¿Por qué, hija? Tú necesitas lentes como usa la juventud.

–Es que tus lentes son mágicos.

En casa se quejaban de ella; sus hermanos la criticaban… pero nunca la abuela. En casa de la abuela Rocío no quería portarse mal, porque entonces, detrás de los lentes mágicos, aparecían unos ojos muy tristes. Rocío no soportaba eso.

ABUELA con nieta CO

UNA ABUELA COMPASIVA

Rocío veía mucha bondad en su abuela. Si algún niño entre sus vecinos necesitaba ayuda con sus tareas, la abuela solía ayudarle. Todos los niños del vecindario sabían eso. Cuando había necesidad en algún hogar, ella les llevaba víveres. Y la abuela visitaba a los enfermos en el hospital.

Siempre que se cruzaba con alguien en la calle, sea chico o grande, la abuela lo saludaba con un sonrisa. Ella hacía sentir importante a cualquiera.

MIRAR CON EL CORAZÓN

Cuando la vista de Rocío empeoró y ella necesitó lentes, le rogó a su mamá que le comprara unos como los de su abuela.

–Quiero tener lentes mágicos –dijo.

–Los lentes de tu abuela no son mágicos –le dijo su mamá–. ¡Es su corazón! Tu abuela mira con el corazón.

¿Qué significaba mirar con el corazón? pensaba Rocío

Tu abuela ve las necesidades de la gente y les ayuda. Eso es mirar con el corazón.

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LENTES MÁGICOS

Rocío y su mamá recorrieron todas las ópticas de la ciudad hasta encontrar lentes tan iguales como los de la abuela, que parecían gemelas. ¡Y eran mágicos!

Los lentes de Rocío eran tan mágicos como los de su abuela. Desde el día que ella consiguió esos lentes, empezó a portarse como su abuela. Rocío aprendió a mirar con el corazón.

Cuando algún niño del vecindario necesitaba ayuda con las tareas escolares, Rocío dejaba sus juegos y le ayudaba. A veces ella veía a alguien en la escuela que parecía estar triste, entonces se acercaba para ofrecer su amistad. Otras veces su mamá le dejaba llevar víveres a alguna familia pobre, tal como hacía su abuela.

UN CORAZÓN COMPASIVO

Tú también puedes tener un corazón compasivo. La Biblia nos enseña que seamos bondadosos y compasivos. También debemos perdonarnos unos a otros como Dios nos persona. Así como Rocío y su abuela puedes aprender a tener un corazón compasivo. ¡Sé bondadoso!

Para imprimir la historia: 237 Los lentes de la abuela color

Virtudes Col 3