Ayuda para Tía Matilde

tia Matilde 5Los niños del barrio le decían Tía Matilde.

Todos la querían por su sonrisa de sol y sus ojos buenísimos. Susana, Carlos, Rita, Esteban, Maritza, Pedrito, y todos los demás niños pasaban más tiempo donde Tía Matilde que en sus casas. Apenas llegaban de la escuela, se cambiaban de ropa, y ¡a correr donde la Tía!

LA PUERTA CERRADA

Tía Matilde tenía una pequeña pastelería y hacía los dulces más ricos de toda la ciudad. Hasta de otras ciudades venían para comprar sus ricos pasteles, y los niños juntaban sus propinas para comprar dulces en la pastelería.

Una tarde cuando los niños llegaron a la pastelería la puerta estaba cerrada.

–Tal vez Tía Matilde ha ido a su casa a traer alguna receta –dijo Pedrito.

–No lo creo –dijo Susana–. Ella sabe de memoria todas las recetas.

–¡Ah, pero allá viene! –gritaron los otros niños.

–Niños –dijo la Tía al llegar–. Hoy tuve que tomar una siesta. Estoy muy cansada, tan cansada que creo que tengo que cerrar la pastelería.

–¡No! ¡No! –gritaron los niños, angustiados–. ¿Qué haremos sin sus ricos pasteles?

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LOS NIÑOS AYUDARON

–Pensábamos que usted no se cansaba –dijo Maritza–. Creo que nosotros podríamos ayudarle.

–¡Sí! ¡Sí! –dijeron todos con entusiasmo.

–En la escuela dominical cantamos un coro que me gusta mucho –dijo Carlos–. «Y si todos trabajamos unidos…» Ésta es nuestra oportunidad de trabajar juntos.

–Yo voy a barrer –dijo Esteban.

–Yo voy a lavar las ollas –dijo Rita.

–Perdónenos por no haberle ayudado antes –dijo Susana.

Todos inmediatamente se pusieron a trabajar; todos menos Carlos, que se fue a su casa.

EL CARTEL DE CARLOS

Media hora más tarde Carlos volvió con un cartel en la mano. Todos lo leyeron juntos:

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–Descanse usted, Tía –dijo Carlos–. El lunes nosotros lo tendremos todo bien limpio y usted podrá trabajar con nuevas fuerzas.

–Gracias, niños. Ésta ha sido la mejor sorpresa de mi vida. Nunca pensé tener vecinitos tan amables. Creo que iré con ustedes a la escuela dominical. Muchas veces me han invitado y no he ido. Ahora que ustedes me ayudarán podré ir.

LA TÍA FUE A LA IGLESIA

Ese domingo los niños llegaron muy alegres a sus clases. Y traían de la mano a su «visita». La tía más querida del barrio al fin había ido con ellos a la iglesia. Todo porque los niños pusieron en práctica lo que habían aprendido:

«Y si todos trabajamos unidos… ¡qué gozo será!»

tia Matilde coLa pastelería siguió con sus puertas abiertas. De uno y otro lado venía gente para comprar los ricos pasteles; todo como antes.

NO TODO COMO ANTES

Pero todo no era como antes. Porque ahora la Tía Matilde estaba más alegre y más descansada. Ya no trabajaba tan duro, porque todas las tardes unos niños muy amables iban a ayudarla. Y todos los domingos ese grupo de niños generosos iba con la tía a su querida escuela dominical.

SÉ GENEROSO

Tú también puedes ayudar. Piensa en alguna persona a quien últimamente has visto cansada. Ofrécele tu ayuda y verás cómo se va a alegrar.

Es más; tú también te sentirás feliz, porque estarás haciendo lo que el Señor Jesús quiere que hagas: ¡AYUDAR!

Prov 11_25

Para imprimir:  Ayuda para Tia Matilde color    Ayuda para Tia Matilde

Para colorear: Tia Matilde   Póster: Prov 11_25   Actividad bíblica:  Generosidad

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