La ofrenda generosa de Sara

Una tarde cuando los niños se reunieron en casa de doña Beatriz para el Club Tesoros, se sorprendieron al ver unas muletas junto a la mesa donde la buena vecina tenía su Biblia.

–¡Muletas! –gritó Pimienta–. Quiero andar con muletas.

–Nadie toca mis muletas hasta después de la clase –dijo doña Beatriz–. Después de la historia saldremos al jardín y uno por uno probarán a andar con las muletas.

Pepita le dio un abrazo a su amiga Estrella, emocionada al pensar que las dos andarían con muletas.

Doña Beatriz les contó acerca de Sara, una niña inválida que no podía salir a jugar con otros niños. Todos los días se arrodillaba junto a la ventana y miraba a los niños que jugaban frente a su casa. Muchas veces Sara lloraba porque no podía jugar con ellos.

Muletas para Sara

Sara vivía con su mamá y sus dos hermanitos. Ellos eran pobres; sin embargo, su mamá empezó a ahorrar dinero para comprarle muletas a su hija. Le daba mucha tristeza verla llorar.

Después de ahorrar por mucho tiempo pudo comprarle un par de muletas. ¡Imagina lo feliz que se sintió Sara al recibirlas! Ahora podía salir de la casa para estar con los niños cuando jugaban.

Sara tuvo que practicar para aprender a usar las muletas. Al poco tiempo las manejaba como una experta.

Sara recibe a Jesús

Ahora que tenía muletas, Sara podía acompañar a sus amigas a la escuela dominical. Sara llevó a sus hermanitos, y su mamá también fue con ellos.

Un inolvidable domingo, Sara recibió en su corazón al Señor Jesús. Le pidió perdón por sus pecados y lo aceptó como su Salvador. ¡Cómo cambiaron las cosas! Ya no tuvo que sentirse sola. Ahora tenía un Amigo que siempre estaba con ella.

La visita de un misionero

Poco tiempo después un misionero llegó de visita a la iglesia. Había venido para contar sus experiencias acerca de otras tierras, donde los niños también querían oír acerca de Jesucristo.

Cuando el misionero terminó de hablar, el pastor anunció que recogerían una ofrenda para que niños en otros países oyeran acerca de Jesús.

¿Qué daría Sara?

Sara no tenía ni un solo billete para dar como ofrenda, ni siquiera una moneda. Ella tenía muchas ganas de dar algo y pidió al Señor Jesús que le diera una idea.

«Mi amado Salvador Jesús –oró Sara–, quisiera dar algo para que otros niños escuchen de ti. No tengo nada para dar como ofrenda. ¡Ayúdame, Señor!»

Cuando el plato de las ofrendas llegó adonde estaba Sara, rápidamente una idea cruzó por su mente. ¡Eso es lo que daría! Tomó sus muletas y las puso atravesadas sobre el plato.

Luego oró otra vez: «Amado Jesús, me siento feliz por darte las muletas. Te pido que las uses para que niños de otras tierras puedan ser salvos.»

La mejor ofrenda

Jesucristo contestó de forma maravillosa la oración de Sara. Un buen hombre, que amaba al Señor, «compró» las muletas de Sara. Luego se las devolvió. Todo el dinero lo puso en el plato de las ofrendas.

Los hermanos adultos se avergonzaron al ver la ofrenda que dio la niña inválida. Sacaron nuevamente sus billeteras y dieron más ofrendas. ¡El plato se llenó hasta rebosar!

¡Ese día hubo gran alegría en la iglesia! Las piernas de Sara no podían saltar, pero su corazón saltaba de alegría. Ahora muchos niños podrían oír el mensaje del amor de Dios.

Cuando le tocó a Pimienta andar con las muletas, había una pregunta en su corazón: ¿qué daría a Jesús? Tal vez te preguntas lo mismo. Cada uno tiene algo. Lo más valiosos es que entregues tu corazón a Jesús.

MIS PERLITAS

En Mis Perlitas está la historia para imprimir. Hay dibujo para colorear, una actividad, tarjetas con el versículo, láminas y multimedia.

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Pablo, el misionero más amado

Pablo y su compañero Silas

Hoy quiero que conozcas al misionero más amado de todos los tiempos. ¿Amado por quién? Por todos los que gracias a su trabajo incansable llegaron a conocer el evangelio. Amado por todos los que por más de 2.000 años han leído su historia y sus cartas que tenemos en la Biblia.

Es el misionero más amado; pero también fue el más odiado.

Pablo nos cuenta algunas de las cosas que le pasaron en su vida como predicador del evangelio.

  • He estado preso muchas veces
  • Me han azotado con látigos, 39 azotes cada vez
  • Tres veces me han golpeado con varas
  • Me tiraron piedras hasta dejarme medio muerto
  • He viajado mucho, arriesgando mi vida
  • Tres veces se hundió el barco en que yo viajaba
  • He estado en peligro en muchos lugares
  • He trabajado mucho, y he tenido dificultades
  • Muchas noches las he pasado sin dormir
  • He sufrido hambre y sed, y frío por falta de ropa
  • Muchas veces he estado en peligro de muerte

Saulo el perseguidor

Al principio se conocía a Pablo con el nombre de Saulo. Cuando Saulo era joven tenía muchos deseos de servir a Dios. Él pensaba que si castigaba a los seguidores de Cristo y los hacía poner en la cárcel le hacía un gran servicio a Dios.

Una vez, cuando iba con un permiso especial a Damasco, para llevar presos a Jerusalén a los discípulos de Jesús, una luz como rayo lo rodeó en el camino.

–¡Saulo! ¡Saulo! ¿Por qué me persigues? –le dijo una voz.

–¿Quién eres, Señor? –preguntó Saulo.

–Yo soy Jesús, a quien tu persigues –respondió la voz.

Perseguir significa molestar a alguien, hacerle sufrir el mayor daño posible. Eso es lo que hacía Saulo. Al perseguir a los que amaban a Jesús era como hacerle daño a Él mismo.

Saulo se arrepintió, y en vez de perseguir a los discípulos de Jesús en Damasco, empezó a predicar. Al poco tiempo Saulo tuvo que escapar, porque las autoridades de los judíos lo buscaban para matarlo.

Los jefes religiosos odiaban a Jesús y a todos los que hablaban de Él. Saulo iba a la sinagoga a enseñar que Jesús es el Hijo de Dios; por eso decidieron matarlo.

Para salvarlo de los judíos, los discípulos lo bajaron en una canasta por una ventana en el muro de la ciudad. Así escapó Saulo… ¡y empezaron las aventuras de la vida misionera de Pablo!

El misionero Pablo

Damasco, Jerusalén, Tarso, Antioquía, Iconio, Derbe, Troas, Corinto, Filipos, Éfeso, Cesarea… estos son algunos de los lugares donde Pablo predicó. El Saulo de antes, que buscaba matar a los seguidores de Cristo, ahora era el apóstol Pablo, que quería que todos lleguen a conocer a Jesús.

En los barcos en alta mar, en las ciudades que visitaba, en los hogares donde se hospedaba, a orillas de los ríos, en las cárceles cuando lo perseguían, en las sinagogas, en presencia de reyes… ¡No había lugar donde Pablo no predicara!

Cuando Pablo le habló al rey Agripa, el rey dijo: «Por poco me convences a hacerme cristiano.»

Era como decir «casi me hago cristiano». Pero no se puede «casi» seguir a Cristo. Hay que aceptar al Señor de todo corazón; hay que servirle con todas las fuerzas; hay que dedicarle la vida cien por cien. Eso es lo que hizo Saulo en el camino a Damasco, cuando resplandeció una luz y Jesús le dijo: «¿Por qué me persigues?»

Lee Hechos 9, de cómo fue el encuentro de Saulo con Jesús.

El Señor dijo a su siervo Ananías que le iba a mostrar a Saulo cuánto tendría que sufrir por el nombre de Jesús. Hemos visto algunos de los sufrimientos de este gran hombre.

Para Pablo, seguir a Jesús y predicar el evangelio llegó a ser lo más importante; era como el aire que respiraba. Antes de recibir a Cristo en su vida, él respiraba amenazas de muerte contra los discípulos; después, su corazón estaba lleno de amor y de la fragancia de Jesús.

En una de sus cartas Pablo escribió: «no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación…»

¿Estás dispuesto a ser un valiente misionero como Pablo?

MIS PERLITAS

Encuentra en Mis Perlitas muchas ayudas para esta historia.

 

El muchacho que ya no tuvo miedo

Teodoro vivía en la selva del África, donde había leones, elefantes, tigres, leopardos… Había muchos otros animales salvajes, que si tú los vieras seguramente tendrías miedo.

Teodoro era valiente y sabía defenderse de los peligros de la selva. Pero había algo que le daba mucho miedo.

Todos lo sabían. A veces los muchachos del pueblo donde vivía Teodoro se burlaban de él. ¿Qué le daba mucho miedo? ¡La oscuridad!

MIEDO A LA OSCURIDAD

En la selva del África la oscuridad puede ser tan negra como el carbón. Teodoro nunca quería andar solo de noche. Los leones y los tigres no le daban tanto miedo como la oscuridad.

Una noche, Teodoro y algunos de sus amigos estaban conversando con el misionero que había llegado al pueblo. ¿Sabes lo que es un misionero? Es alguien que lleva el mensaje del amor de Dios a otras tierras.

Los muchachos hablaban del temor. Aunque a veces se burlaban de Teodoro porque él no quería andar solo en la oscuridad, ellos también tenían temores. Los muchachos temían a los brujos y los espíritus malos.

El misionero les había enseñado acerca del Señor Jesús, que puede quitarnos el temor y darnos su paz.

–¿Sabían ustedes que Teodoro ya no tiene miedo? –dijo el misionero–. Él ha entregado su corazón a Cristo.

EL TÍMIDO TEODORO TOCA LA CAMPANA

Los muchachos no podían creer que el tímido Teodoro no tuviera miedo.

–Pidan a Teodoro que vaya a la iglesia a tocar la campana –les sugirió el misionero.

Todos se rieron. Eso les parecía imposible. Era de noche y no había luna. La oscuridad, de veras, era negra como el carbón. ¿Quién se atrevería a salir solo?

Entonces Teodoro salió a la oscuridad. Los muchachos se miraron asombrados. Al rato se escuchó el repicar de la campana de la iglesia. Cuando Teodoro regresó, los maravillados muchachos le preguntaron si no tuvo miedo.

Con una sonrisa, que mostraba sus hermosos dientes blancos, Teodoro les contestó que ahora amaba a Jesús y que ya no tenía tanto miedo.

GANÓ RESPETO

Desde ese día los muchachos ya no se burlaron de Teodoro. Cuando salió solo en la oscuridad y fue a tocar la campana de la iglesia, se ganó el respeto y la admiración de los que antes se habían burlado de él.

¿Crees que Teodoro ya no sentía miedo? Siempre temblaba un poco cuando salía a la oscuridad; pero el saber que Jesús estaba con él le daba ánimo. Cuando sus amigos le preguntaban cómo era que ya no tenía miedo, Teodoro respondía: «Amo a Jesús. Por eso no tengo miedo.»

DOS MISIONEROS VALIENTES

Muchísimos años antes de que Teodoro corrió a tocar la campana esa noche negra como el carbón, en una fría y oscura celda estaban sentados dos hombres, con las espaldas completamente heridas por azotes. Tenían los pies aprisionados en unas maderas llamadas cepos.

Esos dos hombres eran Pablo y Silas, dos misioneros que habían viajado a Europa para predicar el evangelio.

¿Por qué estaban en la cárcel? ¿Habían robado? ¿Habían matado a alguien? ¡No! ¿Qué habían hecho? Una muchacha adivina había sido sanada en el nombre de Jesús. Sus amos se enojaron porque ella ya no podía adivinar y traerles ganancias. Acusaron a Pablo y Silas ante las autoridades; por eso estaban en la cárcel.

Lee en Hechos 16:11-34 el emocionante milagro que Dios hizo para ponerlos en libertad.

NO TEMAS

En el frío de la noche Pablo y Silas cantaron alabanzas a Dios. No tenían miedo porque Jesús estaba con ellos.

Con la ayuda de Dios Teodoro venció sus temores. Así también tú puedes vencer el miedo.

Si contaras todas las veces que en la Biblia dice «no temas», encontrarías una para cada día. Dios quiere que sepas con toda seguridad que Él está contigo. ¡No temas!

En MIS PERLITAS están las ayudas para esta historia.