La generosidad de Abram

Cuando Dios llamó a Abram y le prometió que haría de él una nación grande, Abram salió de su tierra y fue a una tierra que Dios le mostraría. Abram salió sin saber adónde iba. Pero estaba seguro de que Dios lo iba a guiar.

En el largo viaje hacia una tierra desconocida, Abram y su esposa Sarai, recorrieron como 1.650 kilómetros (mil millas). Demoraron días, semanas, y meses. En el viaje los acompañó su sobrino Lot con su familia.

Abram era un hombre rico. Tenía mucho ganado y muchos siervos. Una vez llevó a 318 de sus siervos para defender a su sobrino contra reyes que le hicieron guerra. Eso fue porque Abram y Lot se habían separado. ¿Por qué se separaron?

ABRAM Y LOT SE SEPARAN

Lot también era un hombre rico en ganado. Hubo peleas entre los pastores de Lot y los pastores de Abram. La tierra de Canaán, adonde Dios había llevado a Abram era hermosa, con lindos prados para el ganado. Aun así no era suficiente para que viviesen ambos juntos.

Abram y Lot eran buenos amigos; pero era un problema que había peleas entre los pastores de ellos, porque no había pasto suficiente para todo el ganado. A veces los pastores se confundían entre las ovejas de Lot y las de Abram.

–Querido sobrino –le dijo Abram a Lot–, no quiero que haya peleas. Es mejor que nos separemos. La tierra es grande y espaciosa; no hay porqué pelear. Si tú vas a la izquierda, yo voy a la derecha. Si tú vas a la derecha, yo voy a la izquierda. Escoge, sobrino.

Lot miró la tierra que estaba delante de él. Vio un valle hermoso y fértil, con lindos pastos para el ganado. Lot escogió la mejor tierra. Así fue como las dos familias se separaron.

Lot, con todo lo que le pertenecía, fue a vivir en la tierra que había escogido. Abram, a quien Dios le dio todas esas tierras, se quedó a vivir en las colinas.

UN HOMBRE GENEROSO

Abram era bueno. No le importó que Lot haya escogido lo mejor. Él sabía que Dios estaba con él y que lo seguiría ayudando en todo. Dios habló nuevamente a su amigo Abram:

«Levanta la vista y mira desde el lugar donde estás; mira hacia el norte y el sur, hacia el este y el oeste. Todo lo que ves será para ti y tu descendencia para siempre. ¡Recorre todo el país, porque a ti te lo daré!»

Dios vio el corazón generoso de Abram y le confirmó la promesa de hacerlo una nación grande. Para que todos supieran esto, Dios le cambió el nombre de Abram a Abraham, que significa padre de muchos.

A Sarai, la esposa de Abram, Dios le puso el nombre de Sara, que significa princesa.

Abraham y Sara eran ancianos y no tenían hijos. ¿Cómo podría Abraham ser padre de muchos? A los cien años de edad Dios le dio un hijo, Isaac. Con ese hijo se cumplió la promesa. Nuestro buen Dios siempre cumple lo que promete.

DIFERENTES DADORES

Al contar esta historia a los niños del Club Tesoros, doña Beatriz les habló de tres clases de dadores:

1. Dadores como piedra.

Para conseguir algo hay que darles duro con el martillo, y sólo salen chispas y polvo. A duras penas dan una limosna.

2. Dadores como esponja.

Para obtener agua hay que exprimir la esponja; mientras más se exprime, más agua da. A muchas personas hay que empujarlas para que den.

3. Dadores como panal.

El panal de miel se desborda con su propia dulzura. Hay dadores que sienten alegría al dar, sin que nadie les pida favores. La Biblia dice que Dios ama a quienes dan con alegría.

Ser generoso es como sembrar semilla. Más semilla, mayor cosecha. No demos lo que nos sobra, sino algo de valor para nosotros.

Si Roberto está comiendo unas ricas uvas, y viene su hermanito, y Roberto le dice: «Toma las que quieras», esa es una actitud generosa. Pero si Roberto de mala gana le invita con las más feas de sus uvas, eso no es generosidad.

UN REGALO GENEROSO

–Esta semana, cada uno haga un regalo generoso –les dijo doña Beatiz a los niños del Club–. Obsequien algo que tengan, no que compren. Denlo a un niño o a una niña que lo necesite más que ustedes. No regalen algo que no les sirve, o que les sobra, y háganlo con alegría.

Digamos que tienes una caja de galletas. No te las comas tú solo, sino compártelas. Sentirás la alegría de ver a todos felices comiendo las ricas galletas.

Sal, Pimienta, Pepita, Estrella, y los demás niños del Club decidieron ser generosos para alegrar a un niño o a una niña.

¿Y tú? ¿Qué puedes hacer para alegrar a alguien?

En MIS PERLITAS hay lindo material para acompañar a esta historia.

Instrucciones: Arbolito navideño

 

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