Las agujas de la abuela

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La abuela Teresa era muy cariñosa. No tenía nietos propios, pero todos los niños del pueblo le decían «abuelita» y la querían mucho.

Vivía en una casa de un solo cuarto, con una puerta y una ventana. Además de una pequeña cocina tenía una cama, una silla, y una mesa.

Cuando los niños del pueblo visitaban a su «abuelita» se sentaban en la cama, y ella se sentaba en la silla para coser o a tejer. La abuela Teresa tejía hermosos suéteres para los niños pobres.

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LA CAJA DE TESOROS DE LA ABUELA

Como todas las abuelas tenía una caja con muchas cosas interesantes: agujas, alfileres, botones, hilos, retazos de tela de todo color, y muchas cositas más. De vez en cuando sacaba su caja y dejaba que los niños jueguen con los botones y las telas.

Algunos de sus «nietos» jugaban al papá y la mamá con los tesoros de la abuela Teresa. Los botones representaban niños y las telas representaban casas.

abuela5fLA DISCUSIÓN DEL ALFILER Y LA AGUJA

Un día pasó algo en la caja de tesoros de la abuela. Uno de los alfileres se puso a discutir con la aguja.

–Quisiera saber para qué sirves tú –le dijo–. Nunca vas a llegar a ser algo importante porque no tienes cabeza.

–Y de qué te sirve a ti tener cabeza, si no tienes ojo –contestó la aguja.

–Me gustaría saber para qué te vale, si siempre tienes un hilo metido en tu ojo –dijo el alfiler.

–Puedo mirar y hacer algún trabajo. Soy mejor que tú.

–Puede ser; pero siempre estás hincando a todos los que se te acercan.

–¡Tú eres ridículo! –le gritó la aguja al alfiler–. Te sacaré la cabeza si no dejas de molestarme.

–Y yo te voy a sacar el ojo si te atreves a tocarme –gritó el alfiler–. No olvides que tu vida está colgada de un hilo.

EL TRISTE FIN DEL ALFILER Y LA AGUJA

Mientras discutían vino la abuela Teresa para sacar algo de su caja. Iba a coser y tomó la aguja, pero se le quebró. Entonces tomó el alfiler y amarró el hilo junto a la cabecita, y trató de coser. Pero era imposible. Se rompió la cabeza del alfiler.

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–Tendré que ir a comprar otra aguja –dijo la abuela y tiró en el tacho de basura la aguja y el alfiler.

abuela5a–Aquí estamos tirados los dos –se quejó la aguja.

–Sí, y no tenemos de qué discutir –dijo el alfiler.

–No, pues nos habíamos olvidado que somos hermanos
–respondió la aguja–. Los dos fuimos hechos para servir, pero en diferentes maneras.

AMÉMONOS COMO HERMANOS

Los niños que venían a jugar donde la abuela Teresa nunca supieron de la discusión que hubo entre la aguja y el alfiler. Pero una cosa importante aprendieron en casa de ella: a amarse como hermanos.

–Cada uno de nosotros es diferente –decía la abuela Teresa–. Pero todos tenemos un lugar especial en el corazón de Dios. Así como Dios nos amó, Él quiere que nos amemos los unos a los otros.

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¡No hay nada más bello ni más agradable
que ver a los hermanos vivir juntos y en
armonía!  –Salmo 133:1, TLA

Para más material sobre esta historia: hermanamargarita.com/historias ilustradas

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