Comida del cielo

El pueblo de Israel había estado de viaje un mes en el desierto. La comida que habían traído de Egipto se les acababa y tenían hambre. Comenzaron a quejarse.

–¡Ojalá nos hubiéramos muerto en Egipto! –decían algunos–. Allí teníamos carne y pan.

–Moisés y Aarón nos han traído al desierto para que muramos de hambre –decían otros.

¡Había quienes amenazaban a Moisés! Estaban descontentos y querían volver a Egipto.

Eleazar escuchaba asombrado las quejas.

¿Se habrán olvidado de que en Egipto eran esclavos? pensaba nuestro amiguito.

Cena de codornices

Un día Moisés mandó mensajeros por todo el campamento. «Dice Dios que esta tarde habrá carne para comer –gritaban ellos para que todos oyeran–. ¡Y mañana va a llover pan del cielo!»

–¡Pan del cielo! Eleazar, ¿oíste la noticia?

Raquel fue corriendo adonde su amigo. ¿Pan del cielo? ¿Tenía Dios una panadería en el cielo? ¿Prepararían los ángeles pan para tres millones de personas?

Los israelitas eran por lo menos tres millones. Raquel no entendía esa cantidad; pero sabía que era mucha, mucha gente que estaba de viaje a la Tierra Prometida.

–¡Sí, va a llover pan! –dijo Eleazar–. ¿Oíste que también habrá carne? El mensajero dijo que esta tarde Dios nos dará carne. ¿De dónde sacará nuestro Dios carne para todos?

Los niños corrieron a dar aviso entre las carpas.

–¡Va a llover pan! ¡Va a llover pan!

Mientras ellos corrían y saltaban, vieron que el cielo se iba llenando de manchas negras. Cuando las «manchas» se acercaron, se dieron cuenta de que eran pájaros.

De pronto el cielo se cubrió de pájaros.

–¡Son codornices! –gritó alguien–. ¡Vienen hacia aquí!

Antes de que se dieran cuenta había codornices por todas partes. El campamento se llenó de codornices. Esa noche, todas las familias comieron codorniz asada.

Pan del cielo

Para Raquel fue difícil dormir. No porque tenía su estómago lleno de codorniz sino porque pensaba en el pan que vendría. Se daba vueltas de un lado a otro sobre su camilla.

Raquel no podía dejar de pensar en el pan que iba a llover del cielo. ¡Tenía que levantarse temprano para no perderse eso!

A la mañana siguiente, cuando Raquel y su amigo Eleazar salieron de sus carpas, vieron todo el suelo cubierto con algo que parecía rocío. Pero no era rocío. La cosa rara que había en el suelo era como escarcha o semillas.

–¿Qué es esto? –se preguntaban los israelitas.

Moisés nuevamente dio instrucciones a sus mensajeros. «Esto es el pan que Dios les manda del cielo –les ordenó que dijeran–. Recojan lo que necesitan para hacer pan; pero solamente lo necesario para hoy. No dejen nada para mañana. Los viernes deben recoger el doble. El sábado es nuestro día de descanso y nadie debe cocinar ese día.»

–¡Qué lindo! –gritaban los niños mientras ayudaban a sus padres a recoger las semillas.

Eleazar ayudó a su mamá a preparar un rico pan. Esa noche comieron tortillas con sabor a miel.

Los israelitas llamaron «maná» al pan que Dios hizo llover como rocío. Todos recogían con alegría las semillas.

Moisés había dicho que recogieran solo lo que iban a necesitar para cada día; pero muchos fueron desobedientes.

–Recojamos para muchos días –dijo una mamá.

–Niños, ayuden a recoger más semillas –dijo un papá.

Al día siguiente, los que habían recogido más maná que para un día, lo encontraron lleno de gusanos.

Dios quería enseñar a sus hijos que Él les podía dar cada día el pan que necesitaban.

Durante todos los años que anduvieron en el desierto, cada mañana el maná cubría el suelo. Era importante que se levantaran temprano para recogerlo, porque cuando calentaba el sol se derretía.

Si Eleazar y Raquel vivieran hoy, orarían a Dios lo mismo que tú puedes pedir: «Danos hoy nuestro pan cotidiano».

 

MIS PERLITAS

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