Los doce espías

Espías. Era el juego popular entre Eleazar y sus amigos. Durante más de un mes habían jugado a los espías. Era emocionante porque el pueblo de Dios tenía espías de verdad.

Después de pasar un año en el campamento junto al monte de Sinaí, habían seguido el viaje hacia la Tierra Prometida. Dios había dado a Moisés todas las leyes para el pueblo. Ahora iban a conquistar la tierra. Ya no vivirían en carpas. ¡Tendrían casas y jardines propios!

Moisés había enviado a doce hombres para explorar la tierra, un líder de cada una de las tribus de Israel. Todos esperaban con ansias las noticias que iban a traer.

Cuando Eleazar no jugaba a los espías, él y Raquel contaban historias de su imaginación acerca de la tierra que Dios les iba a dar. Esperaban que allí sus padres decidieran ser vecinos. No querían separarse.

Regreso de los espías

–¡Eleazar! ¡Eleazar!

Raquel fue corriendo a la carpa de su amigo para contarle la noticia. ¡Los espías estaban de regreso!

–¡Eleazar, ven a ver lo que traen los espías!

¡Era increíble! Caleb, el amigo de Josué, y otro espía cargaban en un palo un inmenso racimo de uvas.

Además de las uvas los espías traían higos y granadas. A Raquel se le hacía agua la boca. ¡Cómo quisiera probarlos! En el desierto no había frutas.

Todo el pueblo se reunió para escuchar los informes.

–La tierra que fuimos a ver es muy hermosa –dijo uno de los espías–. Miren y vean los frutos que hemos traído. En Canaán la leche y la miel son tan comunes como agua.

–Pero la gente que vive allí es muy fuerte –dijo otro espía–, y las ciudades están bien protegidas.

–¡También hay gigantes! –gritó un tercer espía.

–No vamos a poder conquistar la tierra –dijeron varios de ellos a la vez.

El informe de Caleb y Josué

Entonces Caleb, uno de los espías, él que había traído el gran racimo de uvas, levantó las manos y gritó:

–¡Sí podemos conquistar la tierra!

–¡No! –dijeron los demás espías–. (Todos menos Josué.) ¡Es imposible! Los hombres que vimos allí son enormes.

–¡Pero Dios está con nosotros! –dijo Caleb.

–¡Sí! Dios está con nosotros –dijo Josué.

Caos en el campamento

Hubo caos en el campamento. La gente gritaba. Casi todos pasaron la noche llorando. Pensaban en volver a Egipto.

–¿Por qué seguimos a Moisés? ¡Vamos a elegir otro jefe!

Eleazar y Raquel escuchaban asombrados lo que estaba pasando. Había sido emocionante para los muchachos jugar a los espías. Ahora, todo era caos. Nadie jugaba.

–¡No desesperen! –dijeron Caleb y Josué, tratando de calmar al pueblo–. Dios nos va a ayudar a conquistar la tierra.

–Vamos a comer a esos gigantes como si fueran pan –dijo Caleb–. ¡El Señor está con nosotros!

Pero la gente no les hizo caso. Más bien, ¡querían apedrear a Josué y Caleb! Todos se habían desanimado.

Pero no todos. El papá de Eleazar y algunos otros hombres creyeron a Josué y Caleb. ¡Eso animó a Eleazar!

El castigo de Dios

Dios castigó al pueblo por haber dudado. Tendrían que vagar por el desierto durante cuarenta años, hasta que murieran. Sólo los niños y los jóvenes verían la Tierra Prometida. También Josué y Caleb, porque ellos confiaron en Dios.

–No es justo –dijo Eleazar–. Por culpa de los que no creen todos vamos a sufrir. Quiero ir a la Tierra Prometida.

–Yo también quiero ir –dijo Raquel–. ¡Nos vamos a volver viejos vagando en el desierto!

¡Así fue! Eleazar y Raquel crecieron, se casaron, tuvieron hijos, y también nietos. ¡Y seguían vagando en el desierto!

Ya no era divertido jugar a los espías.

Viene pronto el siguiente capítulo: Agua de la roca

 

MIS PERLITAS

En Mis Perlitas hay historia para imprimir, dibujos, actividades, versículo, multimedia y láminas.

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El altar de Andy

Andy iba silbando calle abajo, mirando de un lado a otro, buscando piedras, piedras lisas. Iba a construir un altar, como hicieron en los tiempos del Antiguo Testamento. Él había aprendido cosas nuevas en la iglesia. El altar le pareció tan interesante que quería hacer una réplica. Hacer una réplica es reproducir una obra artística tal como el original.

El maestro les había dado una lección de cómo Dios ha preservado su Palabra a través de los tiempos. Andy se sabía los Diez Mandamientos pero nunca antes había oído que Dios escribió los mandamientos en tablas de piedra.

LAS TABLAS CON LOS MANDAMIENTOS

Moisés, el siervo de Dios que sacó al pueblo de Israel de la esclavitud de Egipto, estuvo en el monte Sinaí cuarenta días cuando Dios le dio esas tablas con los mandamientos. Como demoró mucho tiempo, el pueblo pensó que él ya no volvería y se hicieron un dios para adorar, un becerro de oro.

Cuando Moisés bajó del monte y vio a la gente adorando a ese becerro, se enojó tanto que arrojó las tablas y las quebró. ¡Las tablas escritas por el dedo de Dios!

Para Dios era tan importante que el pueblo tuviera los mandamientos que ordenó a Moisés que hiciera nuevas tablas.

ROSTRO RESPLANDECIENTE

Nuevamente Moisés subió al monte y estuvo allí otros cuarenta días en la presencia de Dios, sin comer ni beber. Andy no podía imaginar cómo sería eso. Él apenas aguantaba del desayuno al almuerzo sin comer algo. Siempre tenía hambre. ¡Moisés pasó más de un mes sin comer!

Cuando Moisés bajó del monte con las nuevas tablas de la ley, que Dios le había ordenado escribir, su rostro brillaba. Tuvo que ponerse un velo porque el resplandor de su rostro era tan fuerte que la gente no podía mirarlo.

EL ALTAR CON LA LEY

Andy no buscaba piedras para hacer dos tablas sino un altar. Josué, el sucesor de Moisés, que guió al pueblo a conquistar la Tierra Prometida, edificó un altar y escribió la ley de Dios en las piedras. Ésa es la réplica que quería hacer Andy.

Andy tenía su propia Biblia; pero no la cuidaba. Él la dejaba tirada por cualquier lado. Su mamá le llamaba la atención y le decía que cuidara su Biblia. Después de oír la enseñanza de su maestro compendió por qué es importante cuidar la Biblia.

Después que la ley fuera escrita en piedras, la escribieron en pergaminos. Éstos eran rollos de pieles de animales, curtidas. Por miles de años la Palabra de Dios fue escrita a mano en estos pergaminos, y después en libros. Con la llegada de la imprenta se empezó a traducir la Biblia en muchos idiomas.

ENTONCES Y AHORA

Ahora podemos tener la Biblia en computadora y hasta en teléfonos celulares. El papá de Andy tiene la Biblia en su celular. Cuando Andy tenga su propio teléfono celular piensa hacer lo mismo. ¡Qué maravilla! Lo que hace miles de años Moisés escribió en tablas de piedra y Josué escribió en un altar de piedras, ahora se puede tener en un teléfono celular.

AYUDA PARA ANDY

Para hacer una réplica Andy iba a necesitar ayuda. Les contó acerca de su plan a sus amigos Roberto y Antonio. Ahora los tres muchachos iban calle abajo buscando piedras…

Cuando Andy y sus amigos habían reunido más de cien piedras lisas, escribieron los mandamientos en las piedras más grandes. El papá de Andy les ayudó a unirlas con cemento para formar el altar. ¡Qué feliz se sintió Andy al tener su propio altar con los Diez Mandamientos!

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LA BIBLIA EN EL CORAZÓN

«Podemos tener cientos de Biblias –dijo el maestro–. Pero eso nada vale si no cumplimos lo escrito en las Sagradas Escrituras. La Biblia dice que no debemos solo oír la Palabra de Dios sino también hacer lo que dice. Dios quiere escribir sus mandamientos en las tablas de nuestro corazón.»

«Pues este es el amor de Dios, que guardemos sus mandamientos.» El altar de Andy sería un recordatorio de la importancia de cumplir los mandamientos y de tenerlos en su corazón. ¿Estás tú dispuestos a tener los mandamientos de Dios en tu corazón y de cumplirlos, así como Andy?

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