La doble salvación de Leonardo

En un hermoso día de verano, Adolfo y Leonardo se paseaban alegremente en sus bicicletas. Eran viejos amigos. Estudiaban en la misma escuela y asistían a la misma iglesia. Pero había una gran diferencia. Andaban juntos como amigos pero iban en direcciones opuestas. Adolfo tenía marcado su rumbo al cielo; pero Leonardo, no.

ADOLFO SEGUÍA A CRISTO

Adolfo había recibido a Cristo en su vida y se sentía feliz. Su destino final era el cielo. Esa tarde, mientras disfrutaban del paseo, Adolfo le dijo a su amigo:

–Leonardo, desde que acepté a Jesucristo como mi Salvador, Él me ha hecho muy feliz. ¿Por qué no lo aceptas tú también?

— Adolfo, quizás eso esté bien para ti; pero yo no veo la necesidad de hacerlo. Tú sabes que yo no hago mal a nadie y ayudo a mi prójimo en lo que pueda.

–Sí, es cierto –le contestó su amigo–. Pero las buenas obras no nos salvan. Solo Jesucristo salva.

Adolfo sabía que Leonardo era un buen muchacho. Todos en el vecindario lo apreciaban; pero no había aceptado a Cristo y ¡Jesús es el único camino al cielo! Adolfo se propuso orar por su amigo.

UN DÍA DE PESCA

Al día siguiente el papá de Adolfo los llevó a pescar en su lancha. Era un día hermoso para ir de pesca. Salieron temprano para aprovechar el día.

–Ojalá tengamos una buena pesca hoy –dijo Adolfo, esperanzado.

Las cosas les fueron muy bien esa mañana y a pesar que había correntada tuvieron una buena pesca.

Cerca del mediodía comieron los sándwiches que la mamá de Adolfo les había preparado. Como el día estaba hermoso, siguieron con la pesca.

LEONARDO CAYÓ AL AGUA

En un momento de descuido, Leonardo, que estaba muy cerca del borde, perdió el equilibrio y cayó al agua, dando un grito.

Debido a la correntada, las aguas lo arrastraron inmediatamente lejos de la lancha.

Esto tomó de sorpresa a Adolfo y a su papá, que no supieron qué hacer. Pero reaccionando de inmediato y el papá de Adolfo hizo girar en redondo la lancha, dirigiéndola hacia el lugar donde el agua arrastraba a Leonardo.

Mientras tanto, Leonardo hacía despedrados esfuerzos para mantenerse a flote y acercarse a la lancha. Aunque sabía nadar, todos los esfuerzos que hacía eran inútiles, pues la correntada era demasiado fuerte.

Si la lancha no llegaba pronto, Leonardo estaría perdido. En aquellos momentos de desesperación, él se dio cuenta de que por sí solo no podía hacer nada y que a menos que alguien lo ayudara estaba destinado a perecer.

UNA LUCHA EN EL CORAZÓN

En esos momentos de angustia, Leonardo recordó unos versículos que había aprendido en la escuela dominical. Uno era Juan 1:12, donde dice que todos

Los que reciben a Jesús y creen en su nombre, tienen el derecho de ser hijos de Dios.

Recordó también Juan 3:36, que dice: «El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rechaza al Hijo no sabrá lo que es esa vida, sino que permanecerá bajo el castigo de Dios.»

En esos momentos comprendió que todo lo que había hecho de bueno no era suficiente para presentarse ante Dios.

Allí en el río, luchando contra la corriente, Leonardo exclamó: «Oh, Dios, ayúdame a no perecer. ¡Sálvame!»

Aunque Leonardo sabía lo que necesitaba hacer para ser salvo, algo le impedía aceptar a Jesús como su Salvador. Leonardo luchaba contra la corriente, nadando lo mejor que podía. Pero también había una lucha en su corazón. Aunque Leonardo sabía que solo Jesús podía salvarlo, no le salían las palabras para entregar su vida a Cristo. No era difícil decir «Dios, ¡sálvame!». La lucha era decir «Jesús, ¡sálvame!»

A SALVO EN LA LANCHA

Cuando todo parecía perdido, en un último esfuerzo, el papá de Adolfo acercó la lancha lo sufriente como para alcanzarle una soga a Leonardo, aunque corría el peligro de que fueran arrastrados hacia una cascada.

Leonardo se aferró a la soga y luego de unos minutos se encontraba a salvo en la lancha. ¡Qué alivio! La faltaron palabras para agradecer a Adolfo y a su papá.

LA PESCA

DOBLE SALVACIÓN

Cuando pudo reponerse un poco y estuvo a solas, Leonardo abrió su corazón a Jesús. Comprendió que ninguna buena obra que él hiciera podía salvar su corazón del pecado. Era como cuando luchaba en el agua para salvarse. Solo la soga que le extendió el papá de Adolfo lo salvó de morir ahogado. Y solo clamar a Jesús podía salvarlo del pecado y cambiar el rumbo de su vida.

–Adolfo, tú tenías razón –le dijo Leonardo a su amigo–. Cuando me estaba ahogando en el agua solo la soga que me extendió tu papá me salvó la vida. Me he dado cuenta de que todos mis esfuerzos han sido vanos y que solo Jesús me puede salvar.

–Sí, Leonardo –dijo Adolfo–.  Mi papá y yo nos asustamos al ver que la corriente de agua te arrastraba. ¡Qué bueno que logramos salvarte!

–Fue una doble salvación –dijo Leonardo, muy contento–. Ustedes me salvaron del agua corrientosa pero Jesús me ha salvado para ir al cielo.

–Ahora somos dos amigos que vamos rumbo al mismo destino eterno –dijo Adolfo.

Si por casualidad llegaras al barrio donde viven Adolfo y Leonardo los verías montando sus bicicletas o en la lancha, en un día de pesca. Lo mejor para estos dos amigos es que saben que un día van a pasearse juntos en las calles de oro del cielo.

TÚ PUEDES SER SALVO

Amiguito o amiguita: ¿Has aceptado a Cristo como tu Salvador?  Si no lo has hecho, hazlo ahora mismo para que estés listo para ir al cielo con Jesús.

Mas a cuantos lo recibieron, a los que creen en su nombre,
les dio el derecho de ser hijos de Dios.
Juan 1:12

Para imprimir: La doble salvación de Leonardo

Hoja para imprimir: Leonardo y Adolfo

Actividad: Solo Jesucristo salva

Póster: La doble slavación de Leonardo

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Perdido en la ciudad

Ramón vivía en un pequeño pueblo campestre. No había allí muchos de los atractivos que hay en una ciudad; pero sí había una iglesia. A Ramón le encantaba la escuela dominical. Tenía una profesora muy buena y cariñosa. Todas las semanas Ramón escuchaba con mucha atención las lindas historias de la Biblia que ella les contaba.

Ramón pasaba toda la semana esperando que llegue el domingo. Una historia bíblica favorita era la del pastorcito David. Ramón solía ayudar a su papá con las ovejas, por eso comprendía cómo era el trabajo de David, de cuidar las ovejas de su padre. A Ramón le admiraba que David hubiera matado a leones y osos para defender a las ovejas; pero más que nada le gustaba oír cómo David mató al gigante Goliat con una piedrecita de su honda.

Yo quisiera ser como David, decía Ramón. Él quería ser tan fuerte y valiente como su héroe de la Biblia.

Lee tú mismo la historia en 1 Samuel 17.

JEHOVÁ ES MI PASTOR

Un día la maestra les enseñó un hermoso versículo del Salmo 23. Ese salmo es una de las muchas canciones que escribió David. Tal vez lo escribió cuando estaba en el campo cuidando las ovejas.

«Jehová  es  mi  pastor,  nada  me  faltara.»

Para que nunca se olviden este versículo, lo aprendieron con los dedos. El pulgar para Jehová, el índice para es, el dedo grandulón para la palabra mi, y el anular para pastor. Y lo repetían usando ambas manos.

Dos pulgares hacia arriba para Jehová; dos dedos índice para es. Cuando llegaban a mí ya tenían tres dedos levantados en ambas manos. Pero al llegar a la palabra pastor era difícil levantar los cuatro dedos simultáneamente, así que levantaban los cinco dedos de cada mano y daban un fuerte aplauso.

EL BUEN PASTOR

–Nunca se olviden que Dios es el Buen Pastor –decía la maestra–, y que les cuida como un pastor a sus ovejas.

Todo el camino a casa Ramón iba repitiendo: «Jehová es MI pastor. Jehová es MI pastor.» Cada vez decía MI más fuerte. ¡Qué lindo que Dios es MI pastor!, pensaba Ramón.

UN PASEO A LA CIUDAD  

Un día vino el tío de Ramón y lo llevó de paseo a la ciudad. Había muchísimos carros, mucha gente, y un sinfín de cosas interesantes para ver. Ramón no se cansaba de mirar todo. Pero… ¡ay!… sin darse cuenta de ello se separó de su tío. Y en un dos por tres… ¡Ramón se había perdido!

PERDIDO TODA UNA NOCHE

Ramón empezó a buscar a su tío, y su tío empezó a buscar a Ramón; pero sin resultado. Ramón siguió perdido.

Pasaron las horas y llegó la noche. Ramón no pudo encontrar a su tío, y el tío no pudo encontrar a Ramón. ¡Ramón estaba solo en la gran ciudad!

Al fin, al día siguiente, en uno de los bancos de la plaza principal, amaneció un muchachito bien agarrado de su dedo grandulón; como diciendo: MI. Era Ramón. Así lo encontró un policía, que estaba enterado de que el tío de Ramón buscaba desesperado a su sobrino.

RAMONCITO

RAMÓN NO TUVO MIEDO

Cuando Ramón volvió a casa y les contó las aventuras de la ciudad a sus padres y hermanos, su papá le preguntó:

–Ramón, ¿no tenías miedo de estar solo en la ciudad?

–¡No! –dijo Ramón–. Pasé repitiendo “Jehová es MI pastor”. Cada vez que lo decía me sentía más contento. ¡Ven que Dios me cuidó!

JEHOVÁ ES TU PASTOR

Amiguito/a: Jehová es uno de los nombres de Dios, y Él quiere ser TU pastor. Así como David, el pastorcito de la Biblia, y como Ramón de esta historia, confiaron en Dios cuando estaban en peligro, tú puedes confiar en su ayuda. En los momentos de alegría o de tristeza, cuando todo esté bien o cuando tengas angustia, Jehová es tu pastor.

Jehová es mi pastor; nada me faltará.
Salmo 23:1

Para imprimir la historia: Perdido en la ciudad

Hoja para colorear: MI pastor

Actividad: El Salmo del Pastor

Llegó la primavera

En una parte del mundo, llamado hemisferio norte, ha llegado la primavera. En la otra parte, el hemisferio sur, reina el otoño y ponto llegará el invierno. Cuando a los que ahora celebramos la primavera nos toque llegar al otoño, ustedes amiguitos, que ahora se acercan al frío del invierno, estarán disfrutando de la primavera. Así tan maravilloso creó Dios a nuestro mundo.

LLEGO LA PRIMAVERA

Llegó  la  primavera  al gran bosque. Una linda mañana, un pajarito cantor despertó a todos los animales del bosque con sus trinos arrebatadores.

–¡Viva! ¡Bravo! Llegó la primavera… ¡Yuppy! –cantaba de rama en rama–. Despierten todos, ¡llegó la primavera!

Al escuchar al pajarito, uno por uno, los animales sacaron sus cabezas por las puertas de sus casitas. Luego salieron felices a pasear por el bosque, cantando, saltando, y agradeciendo a Dios. ¡Cuánta bulla hacían!

ALGUIEN SEGUÍA RONCANDO

De pronto, todos quedaron callados al escuchar que alguien seguía roncando.

–¿Quién sigue durmiendo en un día tan lindo? –preguntó una abejita, y alguien le dijo que era el señor oso.

–Despierte, don oso –susurró la abejita en su oído–. Mire, ya llegó la primavera.

Estirando su pesado cuerpo, don oso abrió uno de sus ojos… luego el otro, y miró de un lado para otro. Le costó bastante esfuerzo despertar del largo sueño; pero al fin pudo unirse en la alegría de los demás animales.

ÁRBOLES CON NUEVO FOLLAJE

Los árboles vestían un nuevo, frondoso, y verde follaje. La semillitas que habían dormido en la tierra, despertaron y empezaron a crecer. Muy pronto, lindas flores, de mil colores, adornaban las praderas. ¡Qué perfumado estaba el aire!

El río cantaba feliz, al ver a tantos pececitos nadando y saltando en sus aguas.

EL SOL OBSERVABA

El sol, observaba sonriente cómo se divertían todos los animales, especialmente, al ver todos los lindos hijitos que Dios les había dado.

Doña pajarita tuvo dos rosados pichoncitos. El señor sapo y su esposa tuvieron cuatro sapitos saltarines. Doña pata tuvo cinco patitos amarillos.

PADRES FELICES

Las mamás y los papás estaban muy orgullosos y felices con sus nuevos hijos.

–¡Miren cuántos hijos ha tenido doña coneja! –dijo la tortuga, y empezó a contarlos–. Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho… ¡Ocho preluditos y orejones conejos!

Esos chiquillos saltaban felices por todas partes. El papá y la mamá no sabían bien qué hacer con tantos saltarines.

–Mamá, mira cómo puedo saltar –gritó el más pequeñín.

–Papito, me lastimé la colita –se quejó su hermano.

Y así, cada uno de los animales saltaba y corría feliz, porque había llegado la primavera.

Cariños de tu amiga, Sonia

 DIOS ESTABLECIÓ LAS ESTACIONES

Dios es el maravilloso Creador. En el Salmo 74:17 leemos que Dios ha establecido los límites de la tierra, que Él hizo el verano, así como el invierno. Antes del verano viene la primavera, y después del verano viene el otoño, y al otoño sigue el invierno. Dios manda el frío y el calor. Dios da la lluvia, la nieve, y el sol. Todo en la naturaleza sigue el orden establecido por Dios.

¿Qué estaciones hay donde tú vives? En algunos lugares solo hay invierno y verano; días de lluvia y días de sol. En otros lugares las estaciones son bien pronunciadas. En el invierno cae nevada y en el verano hay lluvia y sol.

¿Has dado gracias a Dios por ser el maravilloso Creador y por haber hecho todo con mucho orden? Ésta es una promesa que nos ha dado:

Mientras la tierra permanezca, habrá
cultivos y cosechas, frío y calor, verano e invierno, día y noche.
Génesis 8:22, NTV

Para imprimir: Llegó la primavera

Hoja para colorear: La primavera

Actividad bíblica: Una gran promesa

LA PALABRA MÁS BELLA

Alberto y Fabiola estaban muy emocionados. La directora de su escuela había anunciado un concurso. El concurso consistía en escoger la palabra más bella. La directora había prometido un trofeo para el ganador.

EL CONCURSO

Llegó el día del concurso. Todos los que querían participar habían escrito en un papel la palabra que les parecía la más bella.

La directora puso una caja grande donde todos podían poner sus papeles. Junto a la caja puso el trofeo que sería el premio.

Cuando todos habían puesto sus papeles en la caja, la directora comenzó el concurso.

Uno por uno fue sacando los papeles escritos por los alumnos de la escuela. Cuando le parecía necesario llamaba al que había escrito cierta palabra.

LA PALABRA DINERO

En el primer papel que sacó la directora estaba escrita la palabra DINERO.

–¿De quién es este papel? –preguntó.

–Es mío –contestó uno de los niños de aspecto miserable.

–¿Por qué te parece que la palabra DINERO es la más bella del mundo? –le preguntó la directora.

–Porque con el dinero se puede comprar muchas cosas. Todo el mundo quiere tener dinero. Cuando hay dinero hay alegría.

–No estoy de acuerdo contigo –le respondió la directora–. En la Biblia dice que «el amor al dinero es la raíz de todos los males». No te puedo dar el premio.

LA PALABRA FAMA

La directora sacó otro papel de la caja. Con grandes letras estaba escrita la palabra FAMA.

–¿Quién escribió esta palabra? –preguntó la directora.

–Yo lo hice –respondió un muchacho simpático.

–¿Por qué crees que FAMA es la palabra más bella?

–Directora, usted sabe que  todos desean FAMA. En los estudios y en sus juegos los niños queremos fama. Al hacer planes para el futuro queremos ser famosos. Yo quiero ser famoso y estoy seguro de que mis padres quieren que sea famoso. Todos quieren ser famosos.

–No estoy de acuerdo contigo –le respondió la directora–. La FAMA produce mucho orgullo en el corazón. No te puedo dar el premio.

LA PALABRA AMOR

De nuevo la directora sacó un papel de la caja. Esta vez había una linda palabra escrita sobre el papel: AMOR.

–¿De quién es este papel?

–Es mío –contestó una niña.

–¿Por qué te parece que AMOR es la palabra más hermosa?

–Porque sin AMOR no se puede vivir. Los niños lo necesitamos de nuestros padres. Los jóvenes buscan AMOR; también los adultos y los ancianos. Pero lo más hermoso es que «Dios ES AMOR» –respondió la niña.

–Estoy muy de acuerdo –dijo la directora–, pero quiero pensarlo un poco antes de decidirme.

LA PALABRA JESÚS

El siguiente papel que la directora sacó de la caja era el de Fabiola. Ella había escrito la palabra JESÚS.

–¿Quién ha escrito esta palabra? –preguntó la directora en tono suave y dulce.

–Yo lo escribí –contestó Fabiola con timidez.

Su carita se puso roja de vergüenza al ver que todos la miraban.

–No tengas vergüenza, niña –dijo la directora–. Cuéntanos por qué te parece que JESÚS es la palabra más bella.

–No se lo podría decir –respondió Fabiola–. Solamente lo siento así.

–Tienes razón, niña querida, yo también lo siento así –dijo la directora–. Todo lo más lindo, lo más bello, y lo más hermoso está en Jesús. En todo el mundo se canta al mismo nombre. Es la palabra más bella en el cielo y en la tierra.

LA PALABRA MAS BELLA

UN TROFEO Y UNA CORONA

Fabiola sintió gran emoción. ¿Podría ser ella la ganadora? Eso no era lo importante, sino que ella había dicho ante todos que Jesús era lo más bello en su vida.

Luego la directora dijo:

–Ven a mi lado, niña amada. Has ganado el concurso y recibirás el trofeo.

Cuando Fabiola pasó al frente recibió no solo el trofeo sino también una corona.

Al colocar la corona sobre la cabeza de la niña, la directora dijo:

–Espero que un día Jesús ponga sobre tu cabeza la corona de la vida.

–Sí –respondió la niña tímidamente–. Jesús es mi Salvador.

EL NOMBRE SALVADOR

Cuando Alberto y Fabiola regresaron de la escuela ese día, Alberto llevaba en la mano el trofeo de su hermana. Él estaba muy contento de que Fabiola había ganado por dar testimonio de que Jesús era lo más valioso en su vida.

No hay otro nombre más importante, porque Jesús es el nombre salvador. ¿Es Jesús tu Salvador?

De hecho, en ningún otro hay salvación,
porque no hay bajo el cielo otro nombre dado a los hombres
mediante el cual podamos ser salvos.  Hechos 4:12

Para imprimir: La palabra más bella

Hoja para colorear: El concurso

Hoja de actividad: Nombres de Jesús

175 Nombres de Jesus

 

La muelita miedosa

Sara iba caminando alegremente por la calle. Por mirar al cielo, casi… casi… casi pisa algo. Bajó la vista y vio junto a sus pies algo muy raro. Era una muelita que estaba sentada en medio de la calle, llorando. Con todo cariño, Sara se inclinó hacia la muelita para preguntarle por qué lloraba.

–Ay, ay, mira mi cabeza –dijo la muela–. Me duele mucho.

Muelita color

UN HUECO PARA CURAR

Sara se fijó en la cabecita de la muela y vio un tremendo hueco. Parecía una gran mancha negra.

–No llores muelita –le dijo para consolarla–. No es para tanto. Puedes ir al dentista y él te la va a curar.

La muelita le tenía mucho miedo al dentista, y por eso no iba a hacerse curar.

LA MUELITA EMPEORA

Pasaron varios días y cierta tarde Sara volvió a encontrarse con la muelita. La pobrecita seguía llorando.

–¿Cómo estás ahora? –le preguntó Sara.

–Peor; mucho peor. ¡Ay, ay, me duele la cabeza!

–¿Cómo es posible? ¿No fuiste al dentista?

–No, no. Tengo mucho miedo al dentista. Prefiero soportar el dolor de cabeza. Espero mejorar algún día.

UN FIN TRISTE

Pero la muelita no mejoró. Cada día el hueco se fue haciendo más grande, más grande, y más grande.

Después de varios meses ya no quedaba casi nada de la muela. ¡La pobrecita se murió!

PEOR QUE DOLOR DE MUELA

No sé si has sentido alguna vez dolor en una muela. ¡Yo, sí! Es tan horrible que casi no se puede soportar. Cuando te duele la muela no puedes reír; solamente llorar. Apenas puedes comer. Lo mejor es ir al dentista. Él nos cura la muela, o la extrae. ¡Y se acaba el dolor!

Hay algo peor que tener dolor de muela. Es el dolor del corazón que ha pecado contra Dios.

LAS HERIDAS DEL CORAZÓN

Puedes ir al dentista para que te cure la muela; pero sólo Jesús puede curar las heridas de tu corazón. Esas heridas tienen un nombre que seguramente conoces; es PECADO.

No pienses que mañana serás más obediente, que mentirás menos, y que ya no pelearás. Cada día el pecado se hace más grande y más grave, de la misma manera que el hueco en una muela se hace más profundo cada día.

PIDE PERDÓN A JESÚS

Seguramente no quieres que tus pecados vayan aumentando, hasta que te causen peor dolor que el dolor de muelas. Pide a Jesús que quite el pecado de tu corazón. Él quiere perdonarte y hacerte un niño o una niña feliz.

VIVIR CON JESÚS ES LO MEJOR

Yo era una niña de seis años cuando entregué mi corazón y mi vida a Jesucristo. Han pasado muchos años desde ese día. Ahora soy mamá y abuela; pero nunca me he arrepentido de haber tomado esa decisión. ¡Vivir con Jesús es lo mejor!

Te deseo de todo corazón esa vida,

   Tía Margarita

Si confesamos nuestros pecados, Dios,
que es fiel y justo, nos los perdonará y limpiará de toda maldad.  –Juan 1:9, NVI

 Para imprimir: La muelita miedosa

Hoja para colorear: Sara y la muelita

Actividad: ¿Quién soy?

Muela Color

Títere: Muelita

Eduardito, de triste a feliz

Los que no conocían a Eduardito, pensaban que era un niño muy feliz. Vivía en una hermosa casa de dos pisos rodeada de jardines. Sus padres le compraban mucha ropa, y todos los juguetes que él quería. Muchas veces los vecinitos lo miraban por las rejas del jardín. Les parecía que era un niño muy afortunado.

EDUARDITO NO ERA FELIZ

Pero Eduardito no era un niño feliz. Se sentía muy solo.

Sus padres trabajaban todo el día y a Eduardito lo cuidaba su abuela. Ella no lo dejaba jugar con otros niños. Pensaba que los juguetes eran buena compañía para su nieto.

Ni los juguetes, ni el dinero de sus padres lo podían hacer feliz. Eduardito quería tener amigos.

Eduardo color

ALEGRÍA PARA EL NIÑO

Un día, la mamá de Eduardito contrató a una joven para que lo llevara a la escuela y lo acompañara en las tardes.

Eduardito saltó de alegría. Parecía un conejito de ojos tristes que salía a la libertad. Y tenía razón de saltar. La joven, que se llamaba Clara, era muy buena. Eduardito lo pudo ver en su rostro la primera vez.

SE HICIERON BUENOS AMIGOS

Clara amaba al Señor Jesús y le había pedido un trabajo donde pudiera alegrar a alguien. Jesucristo la llevó a la casa de Eduardito.
Desde el primer día se hicieron muy buenos amigos. Clara le contaba a su amiguito acerca de Jesús.

EDUARDITO QUERÍA OÍR MÁS

Eduardito nunca había oído hablar acerca de Jesús. Ahora, todos los días, Clara le contaba las hermosas historias de la Biblia.

–¡Cuéntame más de Jesús! –le pedía Eduardito.

Él no era tan grande todavía, pero ya había mentido, y muchas veces había sido desobediente.

Clara era profesora de escuela dominical en su iglesia. Las mismas historias que Clara contaba a los niños los domingos, se las contaba a Eduardito.

Un día él le dijo:

–Clara, ¿cuándo voy a dejar que Jesús entre en mi corazón? Quiero que Él perdone

–Ahora puedes hacerlo –le dijo Clara–. Jesús está aquí con nosotros.

Eduardito juntó sus manos, cerró sus ojos, y pidió a Jesús perdonara sus pecados.

EL DÍA MÁS FELIZ

–¡Qué contento estoy! –le dijo después a Clara–. Ya no me siento solo. Te quiero mucho, Clara. Tú me has contado acerca de Jesús.

Le dio a Clara un beso y un fuerte abrazo. Era el día más feliz de su vida, porque no hay gozo más grande que tener a Jesús en
el corazón.

Eduardo 1 color

SE FUE EL MIEDO

Eduardito siempre había tenido miedo de los grandes ruidos. Los aviones que pasaban por encima de su casa lo llenaban de terror.
El Señor Jesús le quitó ese miedo. Eduardito mismo se lo pidió, y Él contestó su oración.

VERDADERAMENTE FELIZ

Ahora, los niños que miran por las rejas del jardín, pueden ver que Eduardito es verdaderamente feliz.

La abuela y los padres del niño se sorprendieron al ver la alegría y el gran cambio en él.

–Jesús me hace feliz –les dijo Eduardito.

¡Qué bueno que Jesucristo llevó a Clara a la casa de un niño triste! Ahora él es muy feliz.

¡En tu presencia soy muy feliz! ¡A tu lado soy siempre dichoso!

Salmo 16:11, tomado de la Biblia Traducción en Lenguaje Actual

Para imprimir la historia: Eduardito

Hoja para colorear: Eduardito

Actividad: El lugar más felliz

caritas

Para hacer un títere: Triste o feliz

Gurruchaneo, el gato aristócrata

Así como lo ves, elegante y feliz, Garruchaneo, el gato aristócrata, no siempre fue  noble sino tuvo un principio muy triste.

Teresa iba saltando calle abajo cuando lo vio. Era una bolita amarilla que maullaba con dolor, apenas audible: «miau, miau, miau».

QUEMADO CON ACEITE

¿Qué le había pasado al pobre gato? Alguien le había echado encima aceite caliente. Estaba quemado y adolorido. No tenía nada de aristócrata. ¿Qué quiere decir eso? Un aristócrata es alguien de una clase noble, una persona que sobresale entre las demás.

Teresa fue corriendo a su casa en busca de su padre. Necesitaba su ayuda para rescatar al gato.

–Papito lindo, hay un gato herido en la calle.

–¡Qué gato ni gato! –dijo el papá–. Estoy ocupado; tengo cosas que hacer.

Teresa no se dejó disuadir. Ella insistió:

–Papito, tienes que ayudar al gato; está llorando.

TERESA SALVÓ AL GATO

Y fue así que el papá de Teresa acompañó a su hija para ver al gato. Con sumo cuidado lo tomó en sus brazos y lo llevó a casa. Allí Teresa cuidó de la «bolita» amarilla, que poco a poco fue mejorando.

–Garruchaneo –dijo Teresa–. Te llamarás Garruchaneo. Eres un gato noble, muy especial.

Poco a poco el gato quemado fue recuperando las fuerzas. Se sanaron sus heridas y pudo empezar a jugar y correr como hacen los gatos. Llegó a ser el mejor amigo se Teresa. Se hicieron inseparables.

Gatito color

CÓMO ERA GARRUCHANEO

Garruchaneo tenía una cola larga y muy útil. El papá le dijo a Teresa que la cola es parte de la columna vertebral de un gato. El cuerpo es muy flexible y la cola le ayuda a mantener el equilibrio. Si Garruchaneo se caía, su cola se movía como un abanico y retorcía su cuerpo hasta quedar otra vez sobre sus cuatro patitas. Teresa se reía de buena gana al verlo.

Garruchaneo tenía diferentes maneras de comunicarse con Teresa. Cuando estaba contento, como casi siempre, ronroneaba. Cuando se enojaba o tenía miedo, siseaba y gruñía, movía la cola de un lado a otro, arqueaba la espalda, y su pelo se hinchaba. Cuando quería mostrar su amistad, levantaba la cola como un asta de bandera.

TERESA LO TRANSFORMÓ

¿Cómo Garruchaneo mostraba que Teresa era su amiga? Le daba golpecitos con la cabeza y frotaba su cuerpo contra el de ella. Entonces Teresa lo ​​rascaba detrás de las orejas.

Cuando Garrucha-neo sanó de sus heridas, Teresa le hizo las mejores ropas y lo vistió como a un rey, pero en lugar de una corona le dio un gran sombrero de paja. Así es como Garruchaneo llegó a ser un gato aristócrata.

ROPAS DE SALVACIÓN

¿Sabías que tú también eres aristócrata? Si amas al Señor Jesús y lo has recibido como tu Salvador, la Biblia dice que eres hijo del Rey. Dios te ha vestido con ropas de salvación. ¿Has visto a un novio en su traje de bodas o a una novia con sus joyas? Así somos cuando Dios nos salva y perdona.

Cuando estamos infectados por el pecado somos impuros y ante Dios nuestras obras son como trapos sucios. Pero Jesús nos viste con ropas de salvación.

Como Teresa vistió a Garruchaneo y lo hizo un gato aristócrata, Dios te da su salvación y te acepta como su hijo o su hija. ¡Eres un príncipe o una princesa!

¡Me llené de alegría en el SEÑOR mi Dios!

Pues él me vistió con ropas de salvación.

Isaías 61:10, NTV

 Para imprimir la historia: Garruchaneo, el gato aristócrata

Hoja para colorear: Garruchaneo

Hoja de actividad: Ropas de salvacion

El títetre Garruchaneo color

El títetre Garruchaneo para colorear

Garrucha Garruco x