Ester, la huérfana coronada

El rey Asuero reinaba sobre 127 provincias. Ofreció un banquete que duró medio año, para mostrar la enorme riqueza de su reino. ¡Imagínate estar celebrando por 180 días! Allí estaban los jefes militares de Persia y Media y todos sus funcionarios y servidores.

Después de este banquete el rey ofreció un banquete de siete días. Al séptimo día, mandó llamar a su presencia a la reina, llamada Vasti, para exhibir su belleza a todos sus invitados, porque era muy hermosa. Pero la reina se negó a ir.

El rey se enfureció y ordenó que Vasti nunca vuelva a presentarse ante él, y que se le quite el título de reina.

Al poco tiempo, cuando se calmó la furia de Asuero, el rey se acordó de Vasti y de lo que había hecho. Ya no había reina en su imperio. Entonces sus ayudantes le hicieron una propuesta. ¿Por qué no hacía un concurso entre las jovencitas de su reino para escoger una nueva reina?

A cada provincia de su reino el rey mandó delegados para que reúnan en la ciudad Susa, la capital del imperio, a todas las jóvenes hermosas. Allí les darían un tratamiento de belleza, y el rey escogería a la joven que más le guste.

Una huérfana cautiva

En Susa vivía un judío llamado Mardoqueo, que había sido llevado cautivo de Jerusalén por Nabucodonosor, rey de Babilonia. Mardoqueo tenía una prima huérfana llamada Ester, a quien había criado desde que murieron los padres de ella. Ester también había llegado como cautiva de la tierra de Israel.

Ester era muy hermosa. Cuando se proclamó el edicto y la orden del rey, ella fue llevada al palacio. Ester agradó al hombre encargado de preparar a las jóvenes para el concurso, y se ganó su simpatía. Él le dio el mejor tratamiento de belleza.

Cuando le tocó a Ester el turno de presentarse ante el rey, a él le gustó a esta joven huérfana más que todas las demás mujeres. Así que el rey le puso la corona real y la proclamó reina en lugar de Vasti.

Luego el rey ofreció un gran banquete en honor de Ester para todos sus funcionarios y servidores. No sólo eso, el rey declaró un día de fiesta en todas las provincias de su imperio y distribuyó regalos generosos, dignos de un rey.

Amenaza de muerte a los judíos

Mardoqueo se sentaba a la puerta del palacio, para saber cómo le iba a su prima Ester, su hija adoptiva. Allí se enteró de dos miembros de la guardia que tramaron asesinar al rey.

Mardoqueo le contó a la reina acerca de la conspiración, y ella se lo hizo saber al rey. Así, Mardoqueo salvó al rey.

Después de esto, el rey honró a un hombre llamado Amán, y le dio el puesto más alto de todos sus funcionarios. El rey ordenó que los servidores del palacio se arrodillaran ante Amán, y le rindieran homenaje; pero Mardoqueo no lo hizo.

¿Por qué Mardoqueo no se arrodillaba ante Amán? Porque Mardoqueo servía al Dios único y verdadero y sabía que solamente a Él hay que adorar. Esto enfureció tanto a Amán que quiso matarlo; pero desechó esa idea.

En cambio, decidió exterminar a todo el pueblo de Mardoqueo, es decir, a los judíos.

Amán logró convencer al rey Asuero a que mandara matar a todos los judíos. Él había echado suerte para determinar cuándo se haría esto. El rey no sabía que su hermosa reina Ester era del pueblo judío y autorizó a que Amán mandara un decreto a las 127 provincias sobre la muerte de los judíos.

El rey le dio a Amán su anillo para que lo usara para sellar el decreto.

Cuando Mardoqueo se enteró del decreto de matar a los judíos, se vistió de luto y se cubrió de ceniza, y salió por la ciudad dando gritos de amargura.

Ester arriesga su vida

Había solamente una solución, que Ester se presentara ante el rey para pedir la salvación de su pueblo. Eso era peligroso, porque nadie se presentaba ante el rey sin ser llamado.

Ester tenía que ser sincera, reconocer ante el rey lo que estaba pasando, y suplicar por la salvación de su pueblo. «¡Quién sabe si no has llegado al trono precisamente para un momento como este!» le dijo Mardoqueo.

Ester y sus doncellas ayunaron tres días; Mardoqueo y los judíos de Susa ayunaron. Pidieron el favor de Dios para la reina. «Y si tengo que morir, ¡moriré!» dijo Ester y se presentó ante el rey.

Dios estuvo con esta joven valiente y sincera. El rey le ofreció hasta la mitad de su reino, pero eso no le importó a Ester; solamente quiso salvar a los judíos de la muerte.

En el libro de Ester 5, 6 y 7 puedes leer el plan de Ester y el resultado.

El malvado Amán había preparado una estaca de veinticinco metros de altura para ahorcar a Mardoqueo, a quien odiaba. ¡El rey mandó ahorcar a Amán en esa estaca!

A los pies del rey, y con lágrimas en los ojos, Ester suplicó por la salvación de los judíos. Al arriesgar su vida, la hermosa reina huérfana salvó a todo un pueblo de ser aniquilado.

MIS PERLITAS

En MIS PERLITAS está todo lo que acompaña a esta historia.