Los nuevos zapatos de Pepe

Los zapatos de Pepe estaban tan viejos y gastados que le daba vergüenza ponérselos para ir a la escuela. Pepe se los mostró a su mamá y le preguntó si ella le podía comprar nuevos zapatos.

La mamá miró los zapatos con tristeza. Realmente estaban muy gastados, y con gusto le hubiera comprado nuevos zapatos; pero no había dinero para comprar zapatos.

–Pepe, me parece que te pueden durar un poco más estos zapatos. El dinero que tengo sólo alcanza para comprar los alimentos que necesitamos –le dijo ella–. Por favor, hijo, no me pidas zapatos.

El papá de Pepe había sufrido un accidente y no podía trabajar como antes. Pepe podía comprender por qué sus padres no podían comprarle zapatos; sin embargo, se puso a llorar.

–No llores, Pepe –le dijo su mamá–. Papá y yo no podemos comparte nuevos zapatos; pero podemos pedirlos a Dios, nuestro Padre en el cielo. Él nunca nos abandona.

Pepe pide a Dios nuevos zapatos

Sin perder tiempo se arrodillaron junto a la cama y pidieron a nuestro buen Dios nuevos zapatos para Pepe. Con la seguridad de que Dios iba a contestar la oración, la mamá fue a hacer las compras.

Don Oscar, el dueño de la tienda, la saludó amablemente y le dijo:

–¿Ha tenido usted buena suerte hoy, señora? Parece estar muy contenta.

–Estoy contenta pero no por alguna buena suerte –contestó ella–. Al contrario, el tiempo es malo. Me siento feliz porque sé que Dios nos ayuda.

–Hay gente que siempre se queja. ¿Qué la alegra a usted?

–Como le dije, Dios nos ayuda. Estoy contenta porque sé que Dios ha escuchado la oración que le hicimos mi hijo y yo.

Un par de nuevos zapatos

Cuando la mamá de Pepe terminó de hacer sus compras, don Oscar le dijo:

–Tengo un par de zapatos casi nuevos que mi hijo Alfredo no puede usar. Él es un poco más grande que su hijo Pepe. Si me permite, se los daré.

¡Qué gran sorpresa! La mamá de Pepe le contó al buen hombre que ese día ella y su hijo habían pedido a Dios un par de zapatos.

–¡Es verdad que Dios cuida de sus hijos! –repitió don Oscar una y otra vez.

Después de agradecer al buen hombre por los zapatos, la mamá de Pepe volvió a casa. Se imaginaba la cara feliz que iba a poner su hijo. ¡Una vez más su Padre en el cielo les había mostrado su amor y cuidado!

¿Quién se alegró más?

En tu opinión, ¿quién se alegró más por los nuevos zapatos?

  • Don Oscar, que Dios usó para contestar la oración de Pepe y su mamá.
  • La mamá de Pepe, que confió en su Padre celestial.
  • Pepe, al ponerse los nuevos zapatos.

Dios es tu Padre y cuida de ti

¿Tienes una necesidad? Recuerda que Dios es tu Padre y que cuida de ti.

No siempre la respuesta a nuestras oraciones llega de una vez, como con Pepe; pero Dios nunca falla. De distintas maneras nos muestra su amor. Pon tus cargas en las manos del Señor, pues Él tiene cuidado de ti. Confía en Dios de todo corazón. Él nunca te abandona.

MIS PERLITAS

En Mis Perlitas encuentra todos los materiales de esta historia.

 

Necesidad de hospedaje en Ciudad de México

Hermanos de la hermosa capital de México necesitamos su ayuda. Tres de nuestros hermanos peruanos que trabajan con niños discapacitados necesitan hospedaje en el mes de febrero. Aquí sigue una carta explicativa. Cualquiera que pueda ayudar o darnos alguna información, déjeme un comentario. En la carta hay direcciones.

Carta: Solicitud de hospedaje en Ciudad de Mexico

Anuncios

La pared de protección

Esta es la historia de Pablo, un muchachito ruso que vivía en tiempos de Napoleón.

Pablo, un niño inválido, vivía en un pequeño pueblo de Rusia. Un día corrió la noticia de cabaña en cabaña de que el ejército de Napoleón se acercaba. Todos los que tenían las fuerzas suficientes para escapar lo hacían. Muy pronto el pueblo quedó desamparado, a la merced del enemigo.

En la cabaña donde vivía Pablo no había señal de que alguien se estaba preparando para escapar. El pobre Pablo no podía caminar y su madre era la única ayuda que él tenía. Su padre había muerto.

PABLO NO QUERÍA SER EGOÍSTA

Era de noche y Pablo tenía mucho miedo. Pidió a su madre y a sus hermanitos que escaparan y que lo dejaran abandonado a su suerte.

–Los vecinos ya van lejos –dijo–. No los puedo oír. No quiero ser egoísta. ¿Por qué tienen que quedarse conmigo?

Pablo les dijo que era mejor que escapen mientras había tiempo.

–Yo estoy a salvo –dijo Pablo–. No creo que los soldados hagan daño a un pobre e inútil muchacho como yo.

–Todos estamos a salvo –respondió su mamá–. Dios no nos abandonará, aunque todos los demás lo hagan.

–Pero, mamá, ¿no has escuchado hablar de los soldados? No son hombres, son bestias. ¿Por qué tengo que ser tan débil? ¡Soy un inútil! –dijo, casi llorando, el pobre Pablo.

UNA PARED SEGURA

–No tengas miedo, hijo –dijo la  mamá–. Dios no nos desamparará. Él va a edificar un muro para nosotros, una pared de protección.

–Ustedes son mi única ayuda –dijo Pablo–. ¡Gracias a Dios que no me han dejado! Parece que oigo venir a esos crueles soldados. ¡Nos castigarán y quizá nos matarán! ¡No! Ustedes deben dejarme.

Pablo sentía que no tenía derecho a retener a su madre y a sus hermanitos, y prosiguió:

–Sufriré más viéndoles sufrir a ustedes.

–Dios es nuestro refugio y nuestro escudo –respondió su mamá–. Duerme tranquilo confiando en estas palabras: El ángel del Señor acampa en torno a los que le temen; a su lado está para librarlos.

Por fin, Pablo se durmió, olvidando su preocupación. A la mañana siguiente sus hermanitos descubrieron «la pared de protección» que Dios había construido para defenderlos.

pared-protectoraUNA PARED DE NIEVE

Había comenzado a nevar la noche anterior. Un viento tempestuoso arrastró la nieve contra la pequeña cabaña y la cubrió por completo.

Dios mostró una vez más que no defrauda a los que confían en Él. Durante varios días, Pablo, su mamá y sus hermanitos quedaron en la cabaña cubiertos por una pared de nieve.

En los días que el ejército de Napoleón pasó por el pueblo, todas las casas fueron saqueadas. Los soldados robaron las mejores cosas, hasta alimento y ropa. Pero a la pequeña cabaña donde vivía el inválido Pablo no llegaron. Dios los había protegido con una pared segura.

DIOS ES TU PROTECTOR

Dios no ha cambiado. Hoy también sabe proteger a los que confían en Él. No olvides jamás que Dios es tu protector. El envía a su ángel para salvar del peligro a los que honran.

En cualquier peligro que te encuentres, pide que Dios mande su ángel para protegerte. Dios puede hacer cosas que ni te imaginas; cosas imposibles para el hombre. A esas cosas les decimos «milagros». Dios usó la nieve para proteger a un niño inválido en Rusia. ¿Qué usará Dios para hacer milagros en tu vida? No lo sabemos; pero…

¡Sirve fiel a Dios y verás que cada día será un milagro!

salmo-34

En MIS PERLITAS están las ayudas para esta historia.

 

El hombre más feliz

Don Miguel era muy simpático y siempre andaba cantando. Los niños del pueblo por cariño le decían tío Miguel. Pero él no siempre había sido feliz. Un pajarito le enseñó una gran lección. Ahora tiene fama de ser el hombre más feliz…

don-miguel

UN GRAN SECRETO

Un día, una niña le preguntó:

–¿Es verdad que usted nunca está triste? ¿No tiene problemas, don Miguel? Yo quisiera ser tan feliz como usted.
Don Miguel no se rió de la pregunta, sino le contestó:

–Claro que todos nos hallamos algunas veces en dificultades, tanto los niños como los grandes; pero te voy a contar un secreto, hijita.

Don Miguel le dijo que un día Dios usó a un pajarito para enseñarle una lección. Desde esa vez, le es mucho más fácil vencer las dificultades de la vida.

–Cuénteme cómo fue eso –le pidió la niña.

Entonces don Miguel le contó la siguiente historia:

ESTABA MUY TRISTE

–Una vez estaba pasando por una prueba muy grande.

Era un día triste y lluvioso; nubes negras, truenos y relámpagos anunciaban que se acercaba una tormenta.

»Yo me sentía muy triste por mi problema y no podía reír, ni tenía ganas de cantar. Esa tarde, cuando fui a ordeñar la vaca, sólo podía pensar: ¡pobre de mí!

»De repente oí algo que me extrañó. Era un pajarito que cantaba. No lo podía ver, pero lo escuché en medio de la oscura tormenta. Cantaba dulcemente, como si no se diera cuenta de la tempestad.

perlitaaveUN PAJARITO VALIENTE

»Se fue el pajarito, pero no pude olvidarme de él. Esa criatura era más valiente que yo, pues se había atrevido a salir aquella tarde tan tempestuosa. El pajarito estaba alabando a su Creador.

»En cambio yo, que había recibido muchas bendiciones de Dios, me había olvidado de alabarlo. En ese mismo momento pedí perdón al Señor por ser un hijo suyo muy ingrato.

»Esa es mi pequeña historia, querida niña –dijo don Miguel–. Un pajarito me enseñó a ser feliz.

–Gracias –dijo la niña–, y se fue de prisa a contarles a sus amigas el porqué de la felicidad del tío Miguel.

¿POR QUÉ CANTAN LOS PAJARITOS?

Los pajaritos saben que Dios cuida de ellos. Jesús dijo que las aves no tienen que sembrar ni cosechar ni guardar semilla en graneros, porque el Padre celestial las alimenta.

Dios también sabe exactamente cuántos pajaritos hay y ni siquiera uno de ellos muere sin que Él lo permita.

Jesús dijo a sus discípulos: «¿Acaso no valen ustedes mucho más que las aves?»

Los pajaritos cantan porque confían en su Padre celestial.

APRENDE A SER FELIZ

Amigo o amiga: tú también puedes aprender a ser feliz todos los días. Dios te ama y cuida de ti. Así como don Miguel puedes cantar alegre. ¿Sabes qué? La alegría es contagiosa. Con tu sonrisa y tus cantos puedes llenar el mundo de felicidad.

Jesús también habló de las flores. Dios es quien las viste con todos sus hermosos colores.

Lee la promesa de Jesús en Mateo 6:25-33.

Tú vales mucho más que los pajaritos y las flores. Eres tan importante para Dios que Él hasta cuenta cuántos cabellos tienes en la cabeza. ¿No te parece que el amor y el cuidado de Dios es motivo de que sonrías y cantes?

¡Alaba al Señor por su gran amor por ti!

mateo-6_26

En MIS PERLITAS están las actividades para esta historia.