El sobrenombre de José

Pimienta llegó con cara sonriente al Club. Venía con zapatos nuevos y monedas en la mano. ¡Quería poner algo en el «frasco de amor» para mostrar que él también era compasivo! Estaba listo para escuchar la historia que les había prometido doña Beatriz. Sería acerca de alguien que era tan bueno que sus amigos le cambiaron de nombre.

¿Habrá sido tan bueno como doña Beatriz? –se preguntaba Pimienta–. Yo le pondría a ella el nombre Buenísima.

Para que todos vieran sus nuevos zapatos, Pimienta movía los pies de un lado a otro, causando desorden. Doña Beatriz tuvo que decirle que estuviera quieto.

–¡Mis zapatos! –dijo Pimienta–. ¡Quiero que todos vean mis zapatos!

Doña Beatriz invitó a Pimienta a que pasara al frente para mostrar a sus compañeros sus nuevos zapatos.

–Doña Beatriz es buenísima –dijo Pimienta–. Ella me ha comprado los zapatos.

¡Qué sorpresa para los niños! Samuel recordó los ojos tristes de Pimienta del otro día. Ahora su rostro brillaba.

–Gracias doña Beatriz por comprarle zapatos a Pimienta –dijo Samuel–. Ahora todos venimos al Club con zapatos.

Doña Beatriz sonrió. ¡Qué compasivo era Samuel! Seguramente le iba a gustar la historia del sobrenombre de un hombre compasivo de la Biblia.

Bernabé, el que consuela

José era un buen hermano y amigo. Era tan bueno y compasivo que los apóstoles le pusieron un sobrenombre. Lo llamaron Bernabé, que significa «el que consuela».

Saulo, que después llegó a ser el apóstol Pablo, era un furioso perseguidor de los cristianos. Un día Jesús le habló, y le hizo entender que perseguir a los cristianos era perseguirlo a Él. Ese día Saulo cambió de rumbo, y en vez de perseguir a los cristianos llegó a ser un gran siervo de Dios.

Pero muchos de los hermanos de la iglesia no creían en Saulo. Pensaban que los estaba engañando. Cuando fue a Jerusalén, los hermanos le tenían miedo.

¿Sabes qué hizo Bernabé? Tomó a Saulo y lo trajo a los apóstoles. Les dijo que podían confiar en él, porque Saulo se había entregado al Señor, y ya no los iba a perseguir. Entonces los apóstoles aceptaron como hermano a Saulo.

De Tarso a Antioquía

Saulo viajó a Tarso, la ciudad donde había nacido. Sin duda, fue para contar a su familia lo que Dios había hecho en su vida. Es importante hablar a nuestros familiares de Cristo.

Bernabé fue a la iglesia en Antioquía. Los hermanos necesitaban un pastor y los apóstoles lo enviaron allá.

Antioquía era una ciudad hermosa, rodeada de bellas montañas. La calle principal estaba pavimentada con mármol. Ninguna ciudad se comparaba con Antioquía.

La iglesia era grande y había mucho trabajo. A Bernabé no le alcanzaba el tiempo para todo lo que tenía que hacer.

Necesito alguien que me ayude –pensaba Bernabé–. ¿Quién me ayudará? ¡Ah, ya sé! Saulo, por supuesto.

Entonces Bernabé fue a Tarso para buscar a Saulo.

–¡Vamos! –dijo Saulo–. Dios me ha llamado a predicar.

No era fácil ser un seguidor de Jesús en Antioquía. La gente se dedicaba a fiestas pecaminosas y se portaba mal ante Dios.

Cuando veían a los seguidores de Jesús se burlaban, diciendo: «Miren, son los que tanto hablan de Cristo. Allá van los que pertenecen a Jesucristo. ¡Son cristianos!»

Así, por primera vez, se les llamó cristianos a los seguidores de Jesús. Ellos se parecían tanto a Cristo, que les pusieron el nombre de «cristianos».

Todo un año estuvieron trabajando allí Bernabé y Saulo.

Primer viaje misionero

Bernabé era un hombre bueno, lleno del Espíritu Santo y de fe. Dios lo escogió para que sea el compañero de Saulo en su primer viaje misionero. Juan Marcos, el sobrino de Bernabé, los acompañó en parte del viaje. Saulo ahora empezó a usar su nombre Pablo.

Estos misioneros viajaron por mar y por tierra. Fueron a Chipre, Perge, Iconio, Listra, Derbe… y a otros lugares. Dondequiera que iban predicaban la Palabra de Dios. ¡Qué felicidad para Pablo tener tan buen compañero como Bernabé!

A Pimienta le impresionó la historia. Así como José, a quien sus amigos llamaron Bernabé, también quería ser compasivo.

¿Y tú? ¿Quisieras tener un corazón lleno de compasión?

 

Los misioneros Pablo y Bernabé

 

MIS PERLITAS

En Mis Perlitas están todos los materiales para esta historia.

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Sean de buen corazón

El frasco de amor. La gran pregunta era a quién se lo darían. Estrella había sugerido al amiguito Samuel, el niño huérfano que ha perdido a sus padres en un accidente y que ahora vive con sus tíos.

Doña Beatriz hizo una lista en la pizarra de las sugerencias de los niños. Casi todos eran nombres de familiares y vecinos.

 

Pepita tenía preocupación por la vecina Damaris, que vive sola y se alegra mucho cuando alguien la visita.

–Sugiero que le demos el frasco a la abuelita Damaris.

A mí me gustaría recibir ese dinero, pensaba Pimienta. Necesito zapatos. No me gusta venir al Club con sandalias.

–Mis padres me hacen venir al Club con sandalias –dijo nuestro amiguito–. Los zapatos son para ir a la escuela. Doña Beatriz, ¿puede poner mi nombre en la lista? Quisiera tener zapatos como los de Sal.

Todos votan por Samuel

Doña Beatriz podía entender que Pimienta quería tener zapatos como los de Sal, y puso su nombre en la lista.

Después de las sugerencias doña Beatriz puso los nombres a votación. Comenzaron con Samuel. Todos levantaron la mano, menos Pimienta. Pero cuando él vio que todos habían levantado la mano, no quiso ser el único que no votara por Samuel. Así que también lo hizo.

Al ver las manos levantadas de sus amigos del Club, Samuel sintió tanta emoción y alegría que le salieron lágrimas en los ojos. Ellos realmente lo amaban.

¿Habrá suficiente dinero para comprar mi uniforme? se preguntaba Samuel. ¿O tal vez algunos útiles escolares?

Entonces vio la carita triste de Pimienta. Sintió compasión por él. Quizás el dinero alcanzaría para comprarle zapatos. ¿Le daría el frasco a su amigo? Pimienta quería venir al Club con zapatos y no sandalias.

La compasión de Samuel

Como Sal era el amigo que había invitado a Samuel al Club, doña Beatriz decidió que él le entregaría el frasco con las monedas. Sal se sintió muy feliz al darle el «frasco de amor» a su nuevo amigo.

–Quiero que le pases el frasco a Pimienta –dijo Samuel–. Él quiere venir al Club con zapatos.

–Esto es para ti –dijo Sal–. Eres un niño compasivo y de buen corazón. Pero todos queremos que sea para ti.

Entonces Samuel recibió el «frasco de amor» con una gran sonrisa de agradecimiento.

Al ver la alegría de Samuel los niños se sintieron motivados a llenar un segundo frasco con monedas.

¡Ojalá esta vez sea para mis zapatos! pensaba Pimienta.

Una sorpresa para Pimienta

Pimienta no tuvo que esperar hasta que llenaran otro frasco con monedas. Doña Beatriz sintió compasión por él. Félix, el niño conocido como Pimienta, era muy especial para ella. La verdad es que le había robado el corazón. Decidió sorprender a Pimienta con lo que él más deseaba.

Doña Beatriz fue a la zapatería. El dueño era muy amable y le ayudó a escoger unos zapatos bonitos. Calcularon más o menos la talla, y él prometió que si le quedaban chicos, Pimienta podía venir a cambiarlos por la talla correcta.

¿Crees que doña Beatriz se sintió emocionada al ir a la casa de Pimienta? Sí; pero a la vez pensaba que ahora todos los niños querrían que les compre zapatos. Pero Pimienta era el único que venía al Club con sandalias.

No hay nada malo en tener sandalias; pero cuando hace frío los zapatos abrigan los pies. Aunque donde hace calor todos usan saldalias.

Pimienta saltó de alegría cuando vio a la buena vecina Beatriz y el regalo que le traía.

–¡Zapatos! –gritó Pimienta–. ¡Ahora tengo zapatos como los de Sal! Puedo ir al Club con zapatos. ¡Muchas gracias!

–Dios te ama mucho, Pimientita. Él vio el deseo de tu corazón, y puso en mi corazón el deseo de ayudarte.

–La quiero mucho, doña Beatriz –dijo Pimienta, y le dio un fuerte abrazo.

El próximo «frasco de amor» será para la abuelita Damaris, pensó Pimienta. Y decidió ayudar a reunir muchas monedas.

El siguiente día del Club Pimienta fue con zapatos nuevos y monedas en la mano. ¡Él también quería ser compasivo!

MIS PERLITAS

En Mis Perlitas hay hermosos materiales para esta historia.

Un cachorrito como Javier


A Javier, el sobrino de doña Beatriz, le encantan los perros. Un día, la buena vecina les contó a los niños del Club Tesoros acerca de su sobrino Javier y cómo consiguió un perrito que es como él.

Felipe, un joven amable y compasivo, tenía unos cachorros que necesitaba vender. Un día puso un aviso cerca de su casa para anunciar la venta.

No bien había acabado de ponerlo, escuchó la voz tímida de un niño. Era Javier que al pasar por allí vio el aviso y se interesó en comprar un perrito.

CACHORROS DE RAZA PURA

–Felipe, quisiera comprar uno de tus perros.

–Muy bien, muchacho –respondió Felipe, mientras se limpiaba el sudor de la frente–, pero estos cachorros son de raza pura y cuestan mucho dinero.

Javier, cabizbajo, metió la mano en el bolsillo y sacó un puñado de monedas.

–Es todo lo que tengo –dijo Javier–. ¿Puedo verlos?

–Claro que sí –le respondió Felipe.

Con un silbido llamó a la madre de los cachorros. La perra salió corriendo de la casa, seguida de cuatro encantadores perritos. Javier no pudo disimular el placer que sintió al verlos.

EL PERRITO QUE COJEABA

Mientras los cachorros se acercaban a la cerca de alambre, Javier se dio cuenta de que otro perrito se había asomado a la puerta.

Ese perro salió lentamente, sin poder ocultar lo pequeño que era comparado con los demás. Se esforzó al máximo por alcanzar a sus hermanitos, pero le costó mucho trabajo porque cojeaba de una pata.

–Yo quiero ése –dijo Javier y señaló al perrito cojo.

Felipe se acercó a Javier y le aconsejó:

–Ese cachorro no te conviene. Él jamás podrá correr y jugar contigo como otros perros.

Javier dio un paso atrás, se inclinó, y comenzó a remangarse el pantalón. Tenía un aparato ortopédico que lo ayudaba a caminar, sujetado a su zapato con tornillos.

Miró a Felipe, y le explicó:

–Como puedes ver, para mí también es difícil correr. El cachorrito va a necesitar a alguien que lo comprenda.

UN CORAZÓN COMPASIVO

¡Qué bello corazón el de Javier! Desde pequeño había aprendido a ser amable y compasivo. Sus padres le habían enseñado a tener una buena actitud, a pesar de su discapacidad.

El joven Felipe quedó tan conmovido por la actitud de Javier que decidió darle el perrito.

–Muchacho, ese perrito te necesita –dijo Felipe–. Te lo regalo. ¡Llévalo y cuídalo!

–¿Me lo regalas? –exclamó Javier, muy emocionado–. ¡No lo puedo creer!

–Sí, muchacho, veo que tienes un buen corazón. Este perrito va a ser feliz contigo.

–Gracias, Felipe. Gracias, ¡muchas gracias!

Muy feliz, Javier miró al perrito y dijo:

–¡Feliz! Te llamarás Feliz. Tú y yo seremos felices. ¡Qué bueno que encontré un perro que es como yo!

Javier dio un fuerte abrazo a Feliz y ambos se fueron cojeando por la calle. El perrito cojo ahora tenía un amo que lo iba a comprender y amar.

Doña Beatriz animó a los niños a ser amables y compasivos, tal como Javier. El Señor Jesús puede ayudarte a ti también a ser amable y de buen corazón.

 

MIS PERLITAS

En Mis Perlitas hay todo el material que acompaña a esta historia.

La invitación de Frida

flores mamasFrida mostró a su amiga una linda tarjeta que había hecho para su mamá. Pero en ese momento sopló un viento fuerte y, sin que Frida se diera cuenta, ¡voló la tarjeta!

–¡Qué pena! –dijo Dina–. El viento se llevó la tarjeta y ahora está en el jardín de doña Renegona.

–Doña Renegona, ¡qué nombre más raro!

–Ese no es su nombre. Todos los niños del barrio le decimos así porque siempre está enojada. Ahora has perdido tu tarjeta para siempre –dijo Dina–. Nadie se atreve a entrar al jardín de doña Renegona.

–Yo sólo voy a abrir la puertita para sacar mi tarjeta.

–No lo hagas. ¿Quién sabe lo que te hará doña Renegona?

señora renegonaPROPIEDAD PRIVADA

Frida no se intimidó, sino que con mucho cuidado entró al jardín para sacar su tarjeta. Al instante se abrió una ventana y se oyó una voz enojadísima que gritó:

–¿Qué estás haciendo en mi jardín? Esta es propiedad privada. ¡Sal inmediatamente!

–Pero sólo quiero sacar mi tarjeta… –comenzó Frida.

–Nada de peros. Todos los niños me arman líos. ¡Vete!

Frida salió corriendo, muerta de miedo. Grandes lágrimas corrían por sus mejillas.

–Ahora, ¿qué hago? Tendré que hacer otra tarjeta. Tanto trabajo, y en vano.

–Ya te lo dije; perdiste la tarjeta –dijo Dina.

FRIDA SIENTE COMPASIÓN

Las niñas caminaron en silencio, hasta que Frida dijo:

–Siento tristeza por doña Renegona, o lo que se llame.

–¡Tristeza! ¿Por ella? ¡No lo puedo creer! –exclamó Dina.

–Me imagino que reniega porque se siente muy triste. Seguramente no sabe que Dios la ama.

–Quizá; pero qué nos importa.

–A mí me importa –dijo Frida–. Quisiera contarle acerca del Señor Jesús. Si ella conociera a Cristo sin duda fuera buena.

–¿Cómo lo vas a hacer? Ni siquiera puedes entrar a tocar la puerta de la casa.

–Voy a orar que Dios me dé una idea –dijo Frida.

A la mañana siguiente Frida ya sabía lo que iba a hacer y se lo contó a su amiga.

Bienvenida–Pienso hacer una tarjeta para doña Renegona. Va a ser una invitación para que el domingo vaya a la iglesia. Lo malo es que no sé cómo se llama.

–Yo lo sé –dijo Dina–. Se llama Consuelo Pérez. No podrás entregarle la tarjeta.

–Tendré que orar y pedirle a Dios que me ayude.

Cuando Frida volvió a entrar por la puertita del jardín de doña Consuelo, de nuevo ella gritó:

–¿Quién se atreve a entrar en mi propiedad? Si no sales llamaré a la policía. Quiero estar en paz.

señora renegona co1Frida no se desanimó. Aunque temblaba de miedo, se quedó parada, orando en su corazón.

–Señora –dijo Frida–, sólo vine a decirle que quisiera que usted sea mi amiga. Quiero decirle que Dios la ama, y por eso yo la amo. Le traigo una tarjeta de invitación.

–Niña linda –dijo doña Renegona con lágrimas en los ojos–. Desde que murió mi hija nadie se ha preocupado de mí. Vivo sola y triste. Nunca pensé que yo le importara a Dios.

–Sí, señora, y por eso yo quiero ser su amiga.

Desde ese día, todo cambió. Doña Consuelo aceptó la invitación de Frida y fue a la iglesia. Allí escuchó acerca del amor de Dios y entregó su vida a Cristo. Los niños nunca más le dijeron doña Renegona porque ella cambió, y se convirtió en la mujer más amable del barrio. Todo, gracias a una pequeña invitación de una niña.

SÉ BONDADOSO

Tal vez conoces a alguien que vive solo y triste y que reniega mucho. Háblale de Cristo e invítalo a la iglesia. Muchas personas se sienten solas y abandonadas porque no saben que Dios las ama. Hoy mismo, ¡cuéntales del amor de Dios!

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Para imprimir: 296 La invitacion de Frida.color

Para colorear: 296 Consuelo

Actividad: 296 Compasion

 

Los lentes mágicos de la abuela

Rocío había pasado dos semanas en casa de su abuela. Le encantaba ir a visitarla. Allí no tenía que pelear con sus hermanos, tenía su propio cuarto, y la abuela la mimaba. Y la abuela parecía estar orgullosa de ella.

ABUELITARocío admiraba todo acerca de su abuela: su pelo rizado color de plata; su collar de perlas; sus aretes; en fin, ¡todo! Más que nada admiraba los lentes de su abuela. ¡Eran mágicos!

EL GATO Y LOS LENTES

Un día, pasó algo trágico. Los lentes de la abuela estaban sobre la mesita donde los ponía después de leer su Biblia. El gato, muy juguetón, saltó sobre la mesa. En ese salto empujó los lentes… ¡pum! cayeron al suelo.

–¡Tus lentes, abuela! –exclamó Rocío–. ¡El gato los hizo caer!

–¡Gato travieso! –gritó la abuela–. ¿Cuántas veces te he dicho que no saltes sobre la mesa?

Pero el gato ya se había escapado, y allí estaban los lentes en el piso… La montura por un lado y las lunas por otro.

–¡Qué desgracia! –dijo la abuela–. Ya no voy a poder ver para leer mi Biblia.

ROCÍO ENTRA EN ACCIÓN

Entonces Rocío entró en acción. De alguna manera tenía que ayudar a su abuela. Pero, ¿cómo? Con cuidado alzó la montura y las lunas. Felizmente no se habían quebrado. Las puso en una cartuchera. Ella no sabía cómo poner las lunas en la montura; pero sí podía acompañar a su abuela a la óptica.

Esa misma tarde fueron a hacer arreglar los lentes y la abuela pudo leer nuevamente su Biblia. La abuela dio un fuerte abrazo de agradecimiento a su nieta.

–Quiero tener lentes como los tuyos –le dijo Rocío.

–¿Por qué, hija? Tú necesitas lentes como usa la juventud.

–Es que tus lentes son mágicos.

En casa se quejaban de ella; sus hermanos la criticaban… pero nunca la abuela. En casa de la abuela Rocío no quería portarse mal, porque entonces, detrás de los lentes mágicos, aparecían unos ojos muy tristes. Rocío no soportaba eso.

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UNA ABUELA COMPASIVA

Rocío veía mucha bondad en su abuela. Si algún niño entre sus vecinos necesitaba ayuda con sus tareas, la abuela solía ayudarle. Todos los niños del vecindario sabían eso. Cuando había necesidad en algún hogar, ella les llevaba víveres. Y la abuela visitaba a los enfermos en el hospital.

Siempre que se cruzaba con alguien en la calle, sea chico o grande, la abuela lo saludaba con un sonrisa. Ella hacía sentir importante a cualquiera.

MIRAR CON EL CORAZÓN

Cuando la vista de Rocío empeoró y ella necesitó lentes, le rogó a su mamá que le comprara unos como los de su abuela.

–Quiero tener lentes mágicos –dijo.

–Los lentes de tu abuela no son mágicos –le dijo su mamá–. ¡Es su corazón! Tu abuela mira con el corazón.

¿Qué significaba mirar con el corazón? pensaba Rocío

Tu abuela ve las necesidades de la gente y les ayuda. Eso es mirar con el corazón.

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LENTES MÁGICOS

Rocío y su mamá recorrieron todas las ópticas de la ciudad hasta encontrar lentes tan iguales como los de la abuela, que parecían gemelas. ¡Y eran mágicos!

Los lentes de Rocío eran tan mágicos como los de su abuela. Desde el día que ella consiguió esos lentes, empezó a portarse como su abuela. Rocío aprendió a mirar con el corazón.

Cuando algún niño del vecindario necesitaba ayuda con las tareas escolares, Rocío dejaba sus juegos y le ayudaba. A veces ella veía a alguien en la escuela que parecía estar triste, entonces se acercaba para ofrecer su amistad. Otras veces su mamá le dejaba llevar víveres a alguna familia pobre, tal como hacía su abuela.

UN CORAZÓN COMPASIVO

Tú también puedes tener un corazón compasivo. La Biblia nos enseña que seamos bondadosos y compasivos. También debemos perdonarnos unos a otros como Dios nos persona. Así como Rocío y su abuela puedes aprender a tener un corazón compasivo. ¡Sé bondadoso!

Para imprimir la historia: 237 Los lentes de la abuela color

Virtudes Col 3

Los tres amigos

Juan y José eran muy buenos amigos. Iban juntos a la escuela. Hacían juntos sus tareas. Asistían a la iglesia juntos. Hasta jugaban en el mismo equipo de fútbol.

Pedrito se sentía triste porque no tenía amigos. A veces lloraba y su mamá hacía lo posible por consolarlo.

–Mamá, creo que los niños no me quieren porque soy negro –decía él.

–No lo creo, hijito –le decía su mamá–. Tu piel es negra pero tienes un corazón tierno.

PEDRITO ESTABA SOLO

Un día Juan se fijó en Pedrito, que estaba sentado solo debajo de uno de los árboles en el jardín de la escuela.

–Mira qué triste está Pedrito –le dijo Juan a su amigo José.

José miró a Pedrito y asintió con la cabeza. Luego le preguntó a su amigo:

–¿Qué crees que podríamos hacer para alegrarlo?

DEBEMOS SER AMIGABLES

–La Biblia dice que seamos amigables –dijo Juan–. Una vez el discípulo Pedro invitó a Jesús a su casa.

–Ah, sí. Eso fue cuando su suegra estaba enferma con fiebre y Jesús la sanó.

–Creo que voy a invitar a Pedrito a mi casa  –dijo Juan, pensativo.

–Buena idea –respondió José.

Los dos amigos se acercaron a Pedrito. No sabían si él iba a aceptar la invitación.

–Hola, Pedrito –dijo Juan–. Quisiera invitarte a mi casa a jugar fútbol. ¿Puedes venir?

El rostro de Pedrito se iluminó de felicidad.

–¡Me encantaría!

Pero Pedrito titubeó un poco y luego les preguntó:

–¿No les importa que yo sea negro?

DIOS AMA A TODOS

Juan y José se miraron asombrados. Ellos nunca habían pensado en que el color de la piel fuera un problema.

–¿Crees que nadie te quiere porque eres negro? La Biblia dice que debemos ser amigables. Dios nos ama a todos por igual. A Él no le importa el color de la piel.

–Lo que Dios mira es nuestro corazón –dijo José.

Pedrito pensó en lo que le había dicho su mamá, de que él tenía un corazón tierno. ¿Qué significaba eso?

–Queremos ser tus amigos –dijo José–. ¿Te importa a ti que somos blancos?

NUEVOS AMIGOS

Los muchachos se rieron y Pedrito abrazó a sus nuevos amigos. A él no le importaba la raza ni el color. ¡Qué feliz se sentía!

Desde ese día los tres muchachos siempre anduvieron juntos y Pedrito ya no se sintió solo. Y nunca más volvió a pensar que nadie lo quería porque era negro.

UN CORAZÓN TIERNO

La mamá de Pedrito dijo que él tenía un corazón tierno. Él se preguntaba el significado de eso. Quiere decir que uno es compasivo, sensible, piadoso, caritativo. Busca esas palabras en un diccionario para mayor explicación.

Lo que a Dios le importa es cómo está tu corazón, y no el color de tu piel. Busca ser amable y compasivo, así como Juan y José, que se preocuparon por un niño que estaba solo y triste. Nuestro mundo necesita más niños y niñas amables y generosos.

La gente juzga por las apariencias,
pero el Señor mira el corazón.

1 Samuel 16:7, NTV

Para imprimir la historia: Tres buenos amigos

Hojas para colorear:

Pedrito

Dos buenos amigos

Hoja de actividad: ¿Qué mira Dios?