Josué, un guerrero valiente

Eliab y Elizabet eran los nietos mellizos de Eleazar y Raquel. Ellos habían nacido en el desierto, lo mismo que sus padres.

Cuarenta años el pueblo de Dios había vagado en el desierto. Era el castigo porque el pueblo no creyó que Dios podía ayudarles a conquistar la Tierra Prometida.

Ahora estaban nuevamente listos para conquistar la tierra. Tenían un nuevo líder. Dios lo había escogido. Era Josué, el siervo que había acompañado a Moisés todos los años en el desierto.

–Abuelito –dijo Eliab–, yo sé lo que Dios le ha dicho a Josué.

–¿Cómo lo sabes? –preguntó Elizabet–. ¿Por qué siempre tú te enteras de todas las cosas y yo no?

–Mis amigos lo oyeron cuando Josué se lo dijo a su amigo Caleb. Ellos me pasan las noticias.

–¿Qué le dijo Dios?

–Le dijo que sea valiente y obediente, que Dios estaría con él como había estado con Moisés.

Victoria sobre Amalec

–¡Cuéntanos, abuelo! ¡Cuéntanos cómo fue! –le pidió Elizabet.

A los niños les encantaba oír las historias que el abuelo les contaba. Y les contó…

Cuando los amalecitas vinieron a atacarnos, Moisés le ordenó a Josué que escogiera algunos de los hombres como soldados y saliera a combatir al enemigo. Le dijo que él estaría en la cima de la colina con la vara de Dios en la mano.

Josué se puso valiente y obedeció a Moisés. Fue a la batalla contra los amalecitas. Moisés, con Aarón y Hur, subieron a cima de la colina. Moisés levantó los brazos en oración a Dios. Mientras mantenía los brazos levantados, nosotros ganábamos; pero cuando los bajaba, los amalecitas ganaban

Pero Moisés se cansó de tener los brazos levantados. Entonces su hermano Aarón y Hur tomaron una piedra grande para que se sentara. Luego ellos le sostuvieron los brazos, a ambos lados.

Todo el día Moisés siguió sentado en la piedra con los brazos en alto. A la puesta del sol, ¡Josué derrotó al ejército amalecita!

–Me hubiera gustado estar allí –dijo Eliab.

–Yo estuve allí –dijo el abuelo–. Mis amigos y yo éramos muy curiosos. Nos subimos a la colina para mirar. Mi papá no fue escogido para esa batalla; pero sí uno de mis tíos. Yo hubiera ido; pero no aceptaban a niños como soldados. Tenía que esperar hasta cumplir veinte años para entrar al ejército.

–Entonces te casaste con la abuela –dijo Elizabet–.Yo sé lo que pasó. Moisés dijo que te quedaras en casa un año para hacerla feliz.

–¡Y sigo haciéndola feliz! –dijo el abuelo con una gran sonrisa–. ¿Verdad que sí, Raquel?

–El abuelo me ha hecho feliz desde que yo era niña –contestó Raquel–. Eleazar es un muy buen hombre.

Valiente y obediente

–Estábamos hablando de nuestro nuevo líder –les recordó el abuelo–. Tenemos que orar por Josué para que Dios lo ayude en la conquista.

–Dios le dijo que no tenga miedo, que no se desanime.

–¿Qué pasó después que Josué y los soldados vencieron a los amalecitas? –preguntó Elizabet.

–Moisés escribió en un rollo de cuero toda la historia de cómo vencimos a Amalec, para que nunca lo olvidemos –respondió el abuelo–. Además, Moisés ha escrito todo lo que pasó en el desierto, y también todas las leyes. Moisés ha sido un gran líder.

–Yo me acuerdo que Moisés edificó un altar y lo llamó “El Señor es mi estandarte”. Todos hicimos fiesta porque Josué ganó la batalla –dijo la abuela Raquel.

–Josué ganó porque Moisés levantó las manos –dijo Eliab–. Seguramente estuvo orando a Dios.

–¿Quién va a levantar las manos ahora, para que nuestro nuevo líder siga ganando batallas? –preguntó Elizabet.

–Nosotros vamos a apoyar a Josué –dijo el abuelo–. Todos los días oraremos para que nuestro nuevo líder siga siendo valiente y obediente. Tenemos una gran conquista por delante.

–Yo también quiero ser valiente –dijo Eliab–. Ya verán cuando sea soldado. Los voy a defender con todas mis fuerzas.

–Pero cuando te cases te quedarás en casa un año –dijo Elizabet–. ¡Ja, ja, ja! Tendrás que hacer feliz a tu esposa.

–No te rías, nieta preciosa –dijo el abuelo–. Ese año que pasé con Raquel fue el mejor de mi vida.

–Eliab, espero que seas un hombre tan bueno como tu abuelo –dijo Raquel–. ¡Mi amado Eleazar es campeón!

–Vamos a ir a la conquista con nuestro nuevo líder –dijo el abuelo–. Con la ayuda de Dios Josué va a ser nuestro campeón.

MIS PERLITAS

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