Baloo de la selva y su ofrenda de amor

baloo selva 1

Baloo era huérfano. Vivía en la selva del África. Sus padres habían muerto cuando él era pequeño y había quedado solo con su hermano mayor; pero su hermano no le daba importancia.

El muchachito africano trabajaba de casa en casa, ayudando en cualquier cosa. Le daban comida y un lugar para pasar la noche. A veces alguien también le daba alguna ropa. Así, Baloo pasaba su vida yendo de un lugar a otro.

¿Crees que Baloo era un muchacho triste y deprimido? Sí, a veces lloraba porque quería tener mamá y papá. Pero después se secaba las lágrimas. ¡Había alguien que lo consolaba!

PADRE DE HUÉRFANOS

Baloo amaba al Señor Jesús de todo corazón. Cuando se sentía triste, Jesús le traía alegría. A veces Baloo sentía como que Jesús lo abrazaba, y que con voz dulce le susurraba en su oído: «No llores, Baloo. Pronto tendrás mamá y papá.»

Poco a poco pasaban los días. Todos los domingos Baloo iba a la iglesia y aprendía muchas lindas cosas de la Biblia. Un día aprendió el Salmo 68:5, que llegó a ser su versículo favorito: «Padre de huérfanos… es Dios en su santa morada.»

Salmo 68_5
Baloo se puso muy feliz al comprender que Dios era su Padre. «Dios es mi Padre… Dios es mi Padre», repetía una y otra vez. «Él me va a dar un hogar.»

AGRADECIMIENTO POR LAS COSECHAS

Cada año los campesinos del pueblo donde vivía Baloo se reunían en la iglesia para dar gracias a Dios por las cosechas. Solían traer una ofrenda de lo que habían cosechado: papa, maíz, trigo o cebada, por ejemplo.

¿Qué hacían con las ofrendas? Vendían los productos y usaban las ganancias para dar a los jóvenes que salían a predicar el evangelio. Algún día voy a ir a predicar con los jóvenes, pensaba Baloo. ¡Eso le parecía muy emocionante!

El domingo que tocaba dar gracias a Dios por las buenas cosechas, cada familia llegó con canastas o costales de lo que habían cosechado. Nuestro amigo Baloo fue como siempre a la iglesia; pero estaba un poco triste porque tuvo que ir con las manos vacías. Era un niño trabajador pero no tenía nada que pudiera dar como ofrenda.

El pastor invitó a las familias a pasar al frente con lo que habían traído. Algunos testificaban acerca de cómo Dios les había ayudado. En ese momento Baloo echó de menos aún más a su papá y a su mamá. Su hermano mayor tampoco estaba presente.

LO QUE DIO BALOO

En el corazón de Baloo había una gran lucha. Lo único que tenía era un pantaloncito corto de colores. ¿Le gustaría a Dios su pantalón? ¡Pero no sería bueno que diera eso como ofrenda y se quedara sin pantalones!

El corazón de Baloo latía fuerte al ver que todos daban algo. En vez de un pantalón, ¿qué pudiera dar? Entonces pensó que podía darse a sí mismo como ofrenda.

«Señor, aparte de los pantalones –dijo Baloo–, lo único que tengo para ofrecerte soy yo. Si me doy a mí mismo, ¿recibirías mi ofrenda?»

Baloo pasó al frente. El muchacho huérfano sonreía de oreja a oreja; sus dientes blancos lucían hermosos. Se paró entre las canastas y los costales. En el fondo de su corazón sentía que Dios había aceptado su ofrenda.

–Todos saben que soy huérfano –dijo Baloo–. Me conocen porque hago trabajos para algunos de ustedes.

Las mujeres amas de casa asentían con la cabeza. Baloo era un buen trabajador. Nadie podía quejarse. Él no era un muchacho que hacía travesuras.

–Me doy a mí mismo –dijo Baloo–. Es todo lo que tengo. Cuando sea grande quiero salir con los jóvenes a predicar el evangelio.

Me doy a mi mismo

Los hombres padres de familia asentían con la cabeza. Baloo era un buen muchacho. Nadie podía quejarse. Sería un buen predicador del evangelio. Pero ¿por qué vivía solo? ¿Por qué nadie le había ofrecido un hogar? Algunos bajaron la cabeza avergonzados. ¡Baloo merecía tener un hogar!

UN HOGAR PARA BALOO

Ese día las cosas cambiaron para el muchacho que se paró entre canastas y costales de papa, maíz, trigo y cebada para ofrecerse a sí mismo como ofrenda.

Varios de los campesinos se acercaron a Baloo para ofrecerle un hogar. Ahora el niño que no tenía mamá ni papá tuvo que escoger. ¿Quién sería su nuevo papá? ¿Quién sería su nueva  mamá?

Baloo fue a vivir con su amigo Otanga. Se cumplió la promesa de Jesús, de que pronto tendría mamá y papá.

Años más tarde, cuando el pantaloncito de colores ya le quedaba chico y tenía nueva ropa, que había recibido de su nuevo papá y su nueva mamá, Baloo salió a predicar el evangelio. De pueblo en pueblo anunció el amor de Cristo.

Cuando Baloo, el muchacho con pantaloncitos cortos, se entregó a sí mismo, ¡Dios aceptó esa ofrenda!

¡Entrégate tú también como ofrenda de amor a Dios!

2 Cor 8_5.

La Perlita Baloo de la selva y su ofrenda

Historia en color: Baloo de la selva y su ofrenda color

Hojas para colorear: Baloo 2 Cor 8_5      Baloo Salmo 68_5

Pósters: Poster 2 Cor 8_5      Poster Salmo 68_5

Actividad: La mejor ofrenda

Gracias maestros

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Namango y la visita de un ángel

Esta es la historia de un muchacho del África llamado Namango. Un día Namango tuvo un accidente y se rompió la pierna. Rápidamente lo llevaron al hospital. Fue atendido por un médico cariñoso que le enyesó la pierna.

Namango  tuvo que pasar un mes en el hospital. Su mamá Zusanna estaba con él y lo cuidó con mucho cariño. Cuando regresaron a casa, el papá de Namango estaba furioso y le echaba la culpa del accidente a Zusanna.

La mamá de Namango estaba muy triste. Pasó dos semanas orando y llorando. Ella le pedía a Dios que sanara completamente a Namango.

 VISITA DE LA ABUELA

Un día llegó de visita la abuela de Namango. Cuando vio a Zusanna tan preocupada, dijo:

–Voy a ir al templo para orar y ayunar. Voy a pedir que Dios haga un milagro con Namango.

La abuela pasó cuatro días en el templo, orando. Al quinto día, Dios le dijo que iba a sanar a su nieto.

Muy contenta la abuela se fue a su casa.

 EN CASA DE NAMANGO

Esto es lo que pasó en casa de Namango. Una mañana, a las 8:30, un hombre de ropa resplandeciente tocó la puerta. Zusanna lo hizo pasar y le alcanzó una silla. El hombre preguntó si había un niño enfermo en la casa. Zusanna le contó de Namango, que todavía tenía la pierna enyesada.

El visitante pidió un vaso de agua, pero cuando Zusanna se lo alcanzó, no quiso tomarlo.

–Si usted gusta, le compro un refresco –dijo Zusanna.

–Sólo quería ver si usted estaba dispuesta a darme agua –le respondió el hombre. Luego le dio varias citas bíblicas para que leyera.

Pasó un rato y el hombre dijo:

–Traiga al niño que está enfermo.

Zusanna no quiso hacerlo, aun cuando se lo pidió cuatro veces.

Al fin, con tono firme, el hombre le ordenó:

–¡Traiga al niño!

UNA GRAN SORPRESA

Zusanna obedeció. Al entrar al dormitorio se llevó una gran sorpresa. ¡No lo podía creer!

Namango estaba jugando. Las vendas y el yeso estaban amontonados en un rincón de la cama. Y, por primera vez en semanas, Namango se estaba riendo.

Zusanna corrió hacia su hijo y le dio un fuerte abrazo. Lloraba y reía de alegría.

NAMANGO 1EL VISITANTE DESAPARECIÓ

El visitante de ropa resplandeciente entró al cuarto. Puso sus manos sobre Namango y luego desapareció. No se oyeron sus pasos, pero el cuarto se transformó en un pedacito de cielo.

Zusanna salió corriendo para ver por donde había ido el hombre, pero no lo pudo ver. Preguntó a sus vecinas si lo habían visto, pero ninguna de las vecinas había visto al hombre.

Era un ángel que Dios había enviado. Así fue sanado Namango, un muchachito del África.

UN MILAGRO PARA TI

Dios puede hacer lo mismo por ti. No solamente en África el Señor sana a los enfermos. En Perú, Bolivia, Argentina, Chile, Colombia, y todos los demás lugares también Dios hace milagros.

Tú puedes confiar en Él para que haga un milagro en tu vida. No mucho reciben la visita de un ángel; pero todos tienen un ángel que los cuida.

[Dios] ordenará que sus ángeles
    te cuiden en todos tus caminos. Salmo 91:11, NVI

El ángel del Señor acampa en torno a los que le temen;
    a su lado está para librarlos. Salmo 34:7

Para imprimir la historia: Namango

Para hacer títeres: Namango

Hoja para colorear: Namango

Actividad bíblica: Visitas de ángeles