Alex y la oración por su papá

padre de AlexAlex estaba preocupado. Cuando su papá llegaba del trabajo ellos jugaban con la pelota. Él era alegre y jovial, y a veces contaba chistes a la hora de comer. Ahora llegaba del trabajo de mal humor y no quería jugar con Alex ni con sus hermanos. Lo único que hacía después de la cena era mirar televisión.

–Mamá, ¿qué le he hecho a papá, que ya no juega conmigo? –le preguntó Alex a su mamá.

–Hijo, no le has hecho nada –le respondió ella con algo de preocupación.

–¿Por qué papá ya no es alegre como antes?

–Está preocupado, hijo. Su jefe lo trata mal. El jefe no puede despedirlo pero le hace la vida imposible para que tu papá se aburra y busque otro trabajo.

–Voy a orar por papá –dijo Alex.

ALEX ORABA CADA NOCHE

Pasaron los días. Alex oraba cada noche para que se diera una solución al problema.

Un domingo, en su clase bíblica, el maestro habló de la oración y de una promesa que hizo Jesús, de que si dos personas se ponen de acuerdo para pedir algo, nuestro Padre celestial los oye.

AlexAlex estuvo pensando varios días en lo que había dicho el maestro. Decidió hablar con su mamá acerca del problema que tenía su papá en el trabajo. Le preguntó:

–Mamá, ¿no podríamos orar tú y yo como dijo Jesús?

–¿A qué te refiere, hijo? –preguntó su mamá.

–Jesús dijo que podemos ponernos de acuerdo para orar. ¿No podríamos orar tú y yo que papá esté contento en su trabajo? Marcela también puede orar; y Juanito y Julio.

TODOS ORARON POR EL PAPÁ

Eso es lo que hicieron. Cada tarde, cuando Alex y Marcela llegaban de la escuela, la mamá reunía a todos en la sala y oraban por el papá. Julio era tan pequeño que apenas estaba aprendiendo a hablar, pero oraba, con sus manitas juntas y sus ojos bien cerrados: «Ayu papa.» Juanito oraba con mucho fervor: «Amado Dios, ayuda a mi papá a estar contento en su trabajo.» Así también oraban Alex y Marcela.

De lunes a viernes oraban juntos. Como el papá estaba en casa los sábados y domingos, cada uno oraba por su cuenta. Alex no dejaba pasar un día sin orar.

UNA GRAN SORPRESA

Un día hubo una sorpresa a la hora de comer. El papá contó un chiste que hizo reír a todos. Julito era muy pequeño para entender el chiste, pero se reía porque veía reír a los demás. ¡Ja, ja, ja!

Otro día, el papá llegó del trabajo con ganas de encestar la pelota con Alex. ¡Y con qué ganas jugaban!

Poco a poco regresó el papá alegre y jovial que había estado ausente por mucho tiempo. Para Alex y sus hermanos era una gran alegría tener nuevamente un papá alegre.

poster papa 2–Papá, ahora eres el papá de antes, ¿qué ha pasado? –le preguntó Alex un día.

–Perdóname, hijo, por haberles hecho sufrir – le respondió el papá–. Nos cambiaron de jefe en el trabajo. El antiguo jefe me trataba muy mal y yo me ponía de mal humor. Este jefe me trata bien.

–Papá, hemos orado por ti –dijo Alex–. Todos los días de semana nos hemos reunido con mamá para orar. Julio decía: «Ayu papa»; pero creo que Dios entendía su oración.

–Gracias, hijo. ¡Qué bueno que mi familia sabe orar!

–Hicimos lo que dijo Jesús. Nos pusimos de acuerdo para orar que estuvieras contento en tu trabajo. Queríamos tener un papá que estuviera contento también en casa.

EL PAPÁ PIDIÓ PERDÓN

Esa tarde, a la hora de cenar, el papá pidió perdón a su familia por haberles hecho sufrir.

–Los llevaré a comer un postre en la pastelería –dijo el papá–. Se merecen eso y mucho más por haberme soportado cuando estaba de muy mal humor.

–¡Bravo! –gritaron todos.

Después de ayudar a la mamá a limpiar la mesa y lavar los platos, la familia salió rumbo a la pastelería. Mariela tomó a Julio de la mano para que no saliera corriendo a la calle y lo atropellara un auto. Alex lo tomó del hombro a Juanito para que él no saliera corriendo a la calle sin pensar. La mamá y el papá iban felices, tomados de la mano.

Alex dio gracias a Dios por haber contestado a sus oraciones. Más que nada dio gracias por tener un papá, aunque éste había estado de mal humor por un tiempo.

Varios de los amigos de Alex no tienen papá. Alex oró por ellos para que comprendan que Dios es su Padre celestial que quiere estar con ellos por siempre.

Promesa de Jesús: Si dos de ustedes se ponen de acuerdo aquí en la tierra para pedir algo en oración, mi Padre que está en el cielo se lo dará. Mateo 18:19, DHH

Para imprimir la historia: 232 Alex y la oracion por su papa color

 

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Cada día es un regalo

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Rosita y Pablo son hermanos; más o menos  como tú y tus hermanos. A veces pelean, y otras veces son los mejores amigos. Lo que más les gusta es visitar a sus abuelos. Cada vez que van a casa de los abuelos, la abuela les invita caramelos, y pueden comer cuantos quieren.

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EL ABUELO

El abuelo les cuenta sus aventuras de la juventud. Él ha sido marinero y tiene mucho que contar acerca de todos los puertos que ha visitado.

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–He pasado por muchos distintos días en mi vida –dijo un día el abuelo, medio pensativo.

Pablo también se puso a pensar, y después de un rato preguntó:

–Abuelo, ¿de dónde vienen los días?

de Dios
LOS DÍAS VIENEN DE DIOS

–Los días vienen de Dios –respondió el abuelo–. Él nos da cada día limpio y brillante, para que lo llenemos de buenas obras, lindos pensamientos, y buenas palabras.

–No hay dos días que sean iguales –siguió di-ciendo el abuelo–. Tu día, Pablo, es muy diferente al mío; el mío es diferente al de tu abuela; y el día de tu abuela es muy diferente al de Rosa. Tu día es tuyo, y de nadie más. Es el regalo de Dios para ti y debes usarlo de la mejor manera.

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Pablo escuchó con atención y siguió pensando un rato, luego volvió a preguntar. Él siempre hacía muchas preguntas. El abuelo le había dicho que eso era bueno, porque así aprendía muchas cosas.

–Abuelo, ¿a dónde van los días?

cad.reg.12color3LOS DÍAS VUELVEN A DIOS

–Los días vuelven a Dios, Pablito. En la mañana, nuestro día llega como una hoja de papel en blanco, y en la noche regresa a Dios, lleno de figuras de nuestras experiencias.

Pablo miró por la ventana antes de volver a hablar. De pronto, dio un fuerte suspiro.

–¿Estás triste? –le preguntó el abuelo.

–No, solamente estaba pensando en que quisiera que Dios me devuelva algunos días que he vivido. Me arrepiento de muchas cosas malas que he hecho.

–Te comprendo –dijo el abuelo–. Yo también me arrepiento de muchos de mis días; pero lo que está hecho, no se borra. Pero podemos pedir a Dios que nos perdone y que nos ayude a vivir mejor los días que están por delante.

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LA OBSERVACIÓN DE ROSITA

Rosita y la abuela habían escuchado en silencio la conversación.

–Ahora recuerdo algo –dijo Rosita–. Aprendí en la escuela dominical que cuando Dios nos perdona se olvida de todo lo malo que hemos hecho.

–Sí, hijita –dijo con una sonrisa la abuela–, pero muchas veces nuestros amigos no olvidan las ofensas. Lo mejor es pedir a Dios que nos ayude para que cada día sea un buen día.

–Voy a pedir a Dios que me perdone por los días no tan buenos que le he devuelto –dijo Pablo.

cad.reg.11color–Yo también –dijo Rosita–. Quiero devolverle lindos días a Dios.

Entonces el abuelo, la abuela, Pablo y Rosita se arrodillaron junto a la mesa de la sala y oraron a Dios. Pidieron que Él les ayude para que cada día sea un buen día.

PIDE A DIOS QUE TE AYUDE

Es importante que aprovechemos bien los días que Dios nos da. Con su ayuda los podemos usar sabiamente y no desperdiciarlos.

Así como hicieron Pablo y Rosita, tú puedes pedir a Dios que te ayude a usar de la mejor manera los días que Él te regala.

Salmo 90_12

Para imprimir la historia:

211 Cada dia es un regalo color

Más material en

Misperlitas.wordpress.com

Láminas para enseñanza en:

Hermanamargarita.com bajo

Historias ilustradas

Ariel y las ascuas de fuego

ASCUAS DE FUEGO

Ariel iba silbando por la calle camino a la escuela. El sol había salido, los pajaritos trinaban, el aire todavía estaba fresco. Llegado el mediodía el calor sería sofocante. Así era donde vivía Ariel.

En un dos por tres Ariel cayó de bruces. Los libros que llevaba salieron volando por todo lado. Era el despreciable matón del barrio que le había puesto el pie en el camino, y por eso se cayó Ariel.

OBJETO DE MALAS JUGADAS

No era la primera vez que el matón del barrio se interponía. Había escogido a Ariel como el objeto para sus malas jugadas. Ariel soportaba callado los feos golpes que le daba el matón. Así fue que, este día, como en otros, empezó a recoger sus libros para seguir su camino a la escuela.

El matón se creía el gran «Supermán» y se reía de Ariel, que tan fácilmente caía presa de sus feas jugadas. Pero ese muchacho no sabía que él era motivo de algo grande e importante. Ariel había decidido amontonar ascuas de fuego sobre la cabeza del matón. ¿Ascuas de fuego? El papá de Ariel se lo había sugerido cuando nuestro amiguito le había contado acerca del chico malo que le hacía bromas pesadas y que se burlaba de él.

ASCUAS DE FUEGO

El matón, llamado Fabio, no era feliz. Sus padres peleaban todo el tiempo. A veces el papá pasaba tiempo en la cárcel por robo. Fabio había escogido a Ariel y a otros niños más para desquitarse de sus penas.

–Oremos cada día por Fabio –dijo el papá da Ariel–. Siento mucho que esto te esté pasando, hijo. Podríamos reportarlo al director de la escuela; pero prefiero que oremos por Fabio y que tú amontones ascuas de fuego sobre su cabeza.

–No entiendo lo de las ascuas –dijo Ariel–. ¿Qué significa eso, papá? ¿Me lo puedes explicar?

–La Biblia enseña que debemos tratar a nuestros enemigos con bondad; eso es como amontonar sobre su cabeza ascuas de fuego. Si tú eres bueno con Fabio, aunque él te trate mal, pones carbones encendidos en su cabeza. El fuego quema. Cada acto de bondad de tu parte hará que Fabio se avergüence de su conducta. Al fin no lo va a soportar.

EL SECRETO DE ARIEL Y SU PADRE

Ariel se quedó pensativo; no entendía cómo eso sería posible, pero confió en la sabiduría de su padre.

–Será nuestro secreto –le dijo su papá–. Oraremos que Dios haga un milagro con Fabio. Oraremos también por sus padres. Dios puede transformar la vida de esa familia. No hay nada tan poderoso como la oración.

Rolando pensó en esa conversación cuando recogía sus libros después de la caída. Oyó a Fabio que se reía burlonamente de él. Le dio ganas de desquitarse con ese muchacho malo, pero recordó el secreto que tenía con su padre, sobre las ascuas de fuego, y se mordió los labios para no gritarle.

–¡Cobarde! –le grito Fabio–. Eres un cobarde. ¡Defiéndete, si te atreves!

ASCUAS DE FUEGO transv1EL MILAGRO DE LAS ASCUAS

Pasaron días, semanas, y meses. Ariel y sus padres no dejaron pasar ni un día sin orar por Fabio y su familia.

Una mañana Fabio se acercó a Ariel y le preguntó:

–¿Qué tienes, muchacho, que nunca te defiendes? Ya no es divertido molestarte.

–Estoy coleccionando ascuas –dijo Ariel–. Ascuas de fuego sobre tu cabeza.

–¡Eres más ridículo de lo que pensaba! –le dijo Fabio.

Pero desde ese día no volvió a molestar a Ariel. Al contrario, se hicieron amigos. Y Fabio fue a la iglesia con Ariel.

¡El secreto hizo efecto! Después, la familia de Fabio fue a la iglesia. Los padres de Fabio conocieron a Cristo, y su vida cambió. Todo, gracias a las «ascuas de fuego». Fabio nunca dijo cuánto le habían quemado las ascuas que Ariel amontonó sobre su cabeza. ¡Pero surtió efecto!

 PARA TI TAMBIÉN

Muchos niños sufren  por el acoso. Si hay alguien que te molesta, sigue el ejemplo de Ariel y lo que enseña la Biblia. Jesucristo es poderoso para ayudarte, por más difícil que sea la situación. Y si tú eres alguien que acosa a niños indefensos, deja de inmediato esa mala costumbre.

Para más material sobre esta historia:  Mis Perlitas206 Romanos 12_20 poster

La astilla y la viga

Yvonne le gustaba fijarse en los demás. Si la ropa estaba planchada, si alguien no había hecho la tarea, si una niña la miraba de reojo, si una compañera se olvidaba de saludarla… Sus padres y sus hermanos ya estaban cansados de oír sus comentarios. Lo peor de todo era que ella se creía perfecta.

Un día su hermano Alex decidió enseñarle una lección. En la clase bíblica de la iglesia su maestro les había enseñado acerca de la astilla y la viga.

LA ENSEÑANZA DE JESÚS

¿Por qué te fijas en la astilla que tiene tu hermano en el ojo, y no le das importancia a la viga que está en el tuyo? ¿Cómo puedes decirle a tu hermano: “Déjame sacarte la astilla del ojo”, cuando ahí tienes una viga en el tuyo? ¡Hipócrita!, saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás con claridad para sacar la astilla del ojo de tu hermano. (Mateo 7:3-5, NVI)

EL EJEMPLO QUE DIO ALEX

Alex tenía un amigo carpintero. A veces él hacía trabajos en la carpintería de su amigo y ganaba unos centavos para sus gastos. Fue a pedirle un pedazo de madera a su amigo. Además de la maderas llenó una bolsita de papel con astillas, de las que sobraban cuando el carpintero cortaba la madera.

A la hora de la cena Yvonne empezó con uno de sus comentarios. De una vez Alex sacó una astilla y la madera.

–Esta es la viga que está en tu ojo –le dijo Alex–. Las cosas que tú nos cuentas son como astillas comparadas con la madera. ¿Por qué no te fijas en tus propios errores?  ¿Te crees perfecta?

ast y viga color

EL RAP DE JAVIER

Yvonne dió un suspiro de sorpresa. Sintió una punzada en el corazón; su conciencia le remordió. Vio como en película todas las cosas feas que había dicho de los demás.

Al hermanito Javier le pareció gracioso y comenzó un rap:

  Yvonne tiene una viga; se queja de su amiga.
  Yvonne tiene una viga; se queja de su amiga.
  Yvonne tiene una viga; se queja de su amiga.

–¡Silenció! –ordenó el papá–. No es solo problema de Yvonne. Todos tenemos tendencia a fijarnos en los errores de los demás.

Alex esparció las astillas en un plato.

–Miren estas astillas. Jesús dijo que así son las cosas de los demás. Nuestros errores son como una viga.

–¿Qué es una viga? –preguntó Javier.

–La viga es una madera grande, como el tronco de un árbol. La madera que he traído es pequeña en comparación.

tronco y palilloLa comparación que hizo Jesús

UN NUEVO RAP

Javier se quedó pensativo, y a la vez se avergonzó por el rap que había hecho acerca de la viga y la amiga.

–Perdóname, Yvonne –dijo, y dio un abrazo a su hermana.

–Tenías razón, hermanito –contestó Yvonne y le devolvió el abrazo–. Tengo que dejar de fijarme en las cosas ajenas.

Entonces Javier hizo otro rap.

–Yvonne dejó la viga; no se queja de su amiga.

LAS COSAS CAMBIARON

Desde ese día el ambiente a la hora de comer fue más placentero. Yvonne traía informes positivos. Ella aprendió a ver lo bueno en las personas.

El papá felicitó a Alex por ser tan despierto y por prestar atención a lo que le enseñaban en la iglesia.

Pasó el tiempo. Un día Yvonne comenzó a dar un mal informe de una de sus compañeras. Javier de inmediato la puso en alerta:

–Yvonne tiene otra viga; habla mal de su amiga.

En media frase que oyó, Yvonne se tapó la boca y agachó la cabeza. No era fácil dejar su mala costumbre. Pidió al Señor que le ayude, porque sola no podía hacerlo.

NUESTRO AYUDADOR

El Espíritu Santo está con nosotros para ser nuestro Ayudador. Ahora Yvonne ora cada mañana antes de ir a la escuela y pide que Dios le ayude a observar lo bueno en los demás. Y Dios le ayuda a no fijarse en las «astillas»
de los demás.

El Señor es también tu Ayudador. Si tienes la mala costumbre de fijarte en otros, sin considerar cómo es tu comportamiento, pide a Dios que te ayude a no hacerlo.

Saca primero la viga de tu propio ojo.

Mateo 7:5, NVI

Para imprimir la historia y demás materiales: http://misperlitas.wordpress.com

Las semillitas de mostaza

Cuando Ángel y Angela nacieron, nadie creía que iban a sobrevivir. Eran tan pequeñitos que sus padres podían tenerlos en la mano, como si fueran dos pajaritos. Habían nacido a los seis meses de gestación en lugar de los nueve meses, como es propio que desarrolle un niño en el vientre de su madre.

–Si estos niños sobreviven será un milagro –dijo el médico que atendió a la madre de los gemelos.

–Voy a pedir a Dios que nos conceda ese milagro –dijo el padre de los gemelos–. Estas semillitas de mostaza van a crecer tan grandes como cualquiera.

Desde ese momento los padres de Ángel y Angela oraron con fe que sus «semillitas de mostaza» crecieran normalmente.

NADA SERÁ IMPOSIBLE

Jesús dijo algunas cosas acerca de las semillas de mostaza. Una de ellas es que si tenemos fe, aunque sea tan pequeña como una semilla de mostaza, podemos decirle a una montaña que se mueva de aquí hasta allá, y la montaña se moverá. Nada será imposible.

La «montaña» de estos padres era los dos angelitos, tan pequeños que los podían tener en la mano. En verdad eran angelitos; por eso los nombraron Ángel y Angela. Pero el papá les decía Semillitas de Mostaza.

UNA SEMILLA DE MOSTAZA

Jesús comparó al reino del cielo con una semilla de mostaza. Es la más pequeña de todas las semillas, pero cuando se siembra en un huerto se convierte en la planta más grande. Esa planta crece hasta llegar a ser un árbol y los pájaros hacen nidos en las ramas.

Como pequeñas semillitas Ángel y Angela habían crecido, como cualquier bebé nacido normalmente, y ya habían cumplido diez años. El papá y la mamá hicieron una gran fiesta para celebrar a sus «semillitas». Ángel celebraba que había ganado un concurso en la iglesia y le habían dado una hermosa Biblia ilustrada con láminas en color. Pero no podía gozarse ralamente porque una voz en su interior le decía: «Esa Biblia no te corresponde; hiciste trampa».

LA TRAMPA DE ÁNGEL

La maestra les había hablado de lo que Jesús enseñó acerca de la semilla de mostaza y había llenado una botella con semillitas. Los niños debían adivinar cuántas semillas de mostaza había en la botella y el premio sería una Biblia ilustrada. Les dio una semana para pensarlo.

Angelito2 colorÁngel había visto una botellita de semillas de mostaza en la despensa de la cocina. Cuando nadie lo vio tomó la botella y fue a un lugar privado para hacer la trampa. Contó las semillitas y, según lo que había en la botellita de su mamá, calculó que en la botella de la maestra debía haber unas 6.000 semillitas. Esas semillas son granos diminutos.

El total de la maestra era 6.251. Fue así que Ángel acertó y se llevó la Biblia. Pero, como ya sabes, no disfrutó del premio porque su conciencia lo acusaba. «Hiciste trampa… hiciste trampa… hiciste trampa…»

Ángel solía contarle todo a su hermana pero no le contó acerca de la trampa que había  hecho. Se excusaba diciendo que la maestra no había dicho que era prohibido contar semillas; pero en el fondo Ángel sabía que era una trampa lo que había hecho.

LA VOZ DE LA CONCIENCIA

Dos voces luchaban en su corazón. Seguramente tú también has oído la voz de la conciencia. Por fin, la voz «buena» ganó, y Ángel confesó su pecado. «No merezco este premio», le dijo a la maestra, y le devolvió la Biblia.

Angela no podía creerlo. ¡Su hermano estaba devolviendo la Biblia! Ella estaba muy contenta por la Biblia, y ahora él la devolvía. Pero se alegró al ver una mirada de alivio en su hermano. ¡Ángel ahora respiraba tranquilo!

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Cuando Ángel les contó a sus padres lo que había pasado, su papá le dijo:

–Eres un verdadero granito de mostaza. Sigue en este camino. Escucha a tu conciencia. Obedece a la voz del Espíritu Santo. Jesús no dijo que tenemos que tener gran fe. Basta que sea como un granito de mostaza.

Otra vez el papá contó a sus «ángeles» el gran milagro que era su vida. Como un granito de mostaza, sembrado en un terreno de amor, habían crecido… y seguirían creciendo.

TU VIDA ES UN MILAGRO

Aunque tu llegada al mundo no haya sido tan espectacular como la de Ángel y Angela, tu vida también es un milagro.
Las promesas de Jesús son para ti. Si tienes fe, aunque sea solo como un granito de mostaza… ¡Nada será imposible!

Lee Mateo 17:20 y 13:31-32.

Para imprimir la historia y otras ayudas, visita http://misperlitas.wordpress.com

 

UNA CARTA PARA JESÚS

Quiero contarte acerca del Conde Nicolás Zinzendorf, que vivió hace mucho tiempo, hace como trescientos años. Era dueño de muchas tierras y tenía un inmenso castillo. No le hacía falta nada.

LE ENSEÑARON ACERCA DE JESÚS

Nicolás tenía solamente seis semanas de nacido cuando murió su padre, un hombre que amaba al Señor Jesús. Antes de morir entregó a su pequeño hijo en las manos del amoroso Salvador.

Su madre y si abuela le leyeron la Biblia y le enseñaron acerca de Jesucristo.

¿Has leído acerca de Timoteo en la Biblia? A él también su madre y su abuela le enseñaron acerca de Jesús. Nuestro amiguito Nicolás vivía muy feliz en su castillo.

ESCRIBIÓ UNA CARTA

Un día Nicolás decidió escribir una carta al Señor Jesús. Cuando estaba lista la tiró por la ventana y el viento se la llevó lejos.

¿Qué crees que escribió Nicolás en su carta? Él sabía que el viento al fin iba a dejar la carta en el suelo, pero estaba seguro de que Jesús la leería. En su carta él entregó su vida a Jesús. No dudaba que Jesús era ahora su Salvador. ¡Qué feliz se sentía!

Nicolas

LE GUSTABAN LOS ANIMALES

A Nicolás le gustaban mucho los animales y los pájaros. Un día vio a dos palomas que estaban luchando en el río. Se sentó en un bote y remó hasta donde estaban las palomas. A pesar del miedo que sentía, logró rescatarlas.

UNA GRAN PREGUNTA

Cuando fue más grande estudió en la universidad. Después hizo un largo viaje para conocer las principales ciudades del mundo. Como ya dije, a él no le hacía falta el dinero. Podía viajar todo lo que quería.

En uno de sus viajes visitó una galería de arte y allí vio un cuadro del Señor Jesús con la corona de espinas sobre su cabeza. Debajo del cuadro estaba escrito:

TODO ESTO HICE POR TI.

¿QUÉ HAS HECHO TÚ POR MÍ?

El Conde Nicolás Zinzendorf pasó varias horas parado junto al cuadro. Pensó en todas sus riquezas y en Jesús que se había hecho pobre para venir a salvar a los pecadores.

Nicolás recordó la carta que le había escrito de niño. Sabía que Jesús lo había salvado, pero tuvo que reconocer que nunca había hecho nada para servir al Señor.

«Quiero hacer algo para servir a Jesús», dijo Nicolás.

MUCHOS CRISTIANOS ERAN PERSEGUIDOS

En aquel tiempo muchos cristianos eran perseguidos, y hasta los maltaban por su fe en Cristo. Así como sufrió el apóstol Pablo por predicar el evangelio, ellos sufrían.

Nicolás recibió en su castillo a los que sufrían por servir a Cristo. Ellos podían venir allí para orar y estudiar la Palabra de Dios. Algunas de esas personas sentían que Dios quería que vayan a otras tierras a predicar el evangelio. Entonces Nicolás les dio lo que necesitaban para que vayan a predicar el evangelio.

TÚ PUEDES SERVIR A JESÚS

Nicolás mandó una carta a Jesús para decir que quería entregarle su vida. No necesitas escribir una carta; basta que lo digas en oración a Jesús. Luego dedícate a servirle.

¿Sabías que hoy también hay muchas personas que sufren porque aman al Señor Jesús? Hay países donde los persiguen y los ponen en la cárcel. Tal vez alguien se ha burlado de ti porque eres evangélico.

Pide a Dios que ayude a los niños que sufren porque aman al Señor. Si tus amigos se burlan de ti porque amas a Cristo, pide a Dios que te ayude a tratarlos con amor.

Jesucristo dijo:
«Amen a sus enemigos y oren
por quienes los persiguen.»
Mateo 5:44, NVI

Para imprimir la historia y una hoja para colorear: Mis Perlitas

Pepito y las mentiras

Pepito tenía una mala costumbre. Mentía por aquí y mentía por allá; era el mentiroso más conocido del barrio donde vivía.

El papá de Pepito se preocupaba mucho de que su hijo fuera tan mentiroso. Castigaba a Pepito; pero el muchacho lo mismo seguía mintiendo. Un día tuvo una idea de cómo enseñarle una lección a su hijo, con la esperanza de que dejara de mentir.

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MADERA, CLAVOS, Y UN MARTILLO

–Pepito, no sé qué hacer contigo –le dijo su papá–. Tienes la muy mala costumbre de mentir. Te he dicho muchas veces que la mentira es pecado. Te voy a enseñar una lección.

El papá le dio un trozo de madera, unos clavos y un martillo, y le dijo:

–Quiero que coloques un clavo en la madera por cada mentira que has dicho esta semana.

A Pepito no le gustó la idea; pero tenía que obedecer a su papá. Se puso a recordar todas las mentiras que había dicho en los últimos días y empezó a clavar.

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UN CLAVO POR CADA MENTIRA

Un clavo por mentir a su maestro; dos clavos por las mentiras que había dicho a su hermana; un clavo por mentir a su papá; otro clavo por mentir a su mamá…

¡Clavó y clavó! Al fin, la madera se llenó de clavos. Por primera vez Pepito se dio cuenta de cuánto mentía. ¡Qué fea estaba la madera!

–¿Puedo sacar los clavos? –le preguntó a su papá–. No me gusta verlos.

–Sí, hijo, saca los clavos.

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HUECOS PARA SIEMPRE

Pepito sacó los clavos, uno por uno.

¿Cómo quedó la madera al sacar los clavos? Sí, llena de huecos.

–Pepito, puedes sacar los clavos pero no puedes borrar los huecos –le dijo su papá–. Puedes mentir y luego pedir perdón, pero no puedes borrar las cosas que has dicho. Por eso, cuida lo que dices, hijo.

Pepito tuvo mucho en qué pensar ese día. Cada vez que miraba la madera y veía los huecos, recordaba las mentiras que había dicho. Desde ese día tuvo mucho cuidado de no mentir.

EL PADRE DE LA MENTIRA

Adán y Eva, nuestros primeros padres, cometieron el primer pecado porque escucharon una mentira del diablo. ¡Él es el padre de la mentira!

La Biblia enseña que no hay lugar en el cielo para los que aman y practican la mentira. Léelo en Apocalipsis 21:27 y 22:15.

Pepito aprendió a las duras que la mentira trae consecuencias. El sabio rey Salomón escribió en uno de sus proverbios que Dios detesta los labios mentirosos pero que se deleita en los que dicen la verdad.

¿Quisieras deleitar a Dios y a tus padres?  Habla siempre la verdad.

El Señor detesta los labios mentirosos,

pero se deleita en los que dicen la verdad.

Proverbios 12:22, NTV

Para imprimir este material, lo encontrarás en Mis Perlitas