Josué y la lectura de la Ley

Toda la semana Sal y Pimienta habían hablado de Josué y los enemigos amorreos. Se estaba acabando el día y a los israelitas les faltaba tiempo para terminar la batalla. «Sol, ¡deténte», dijo Josué.

–¿Qué piensas, Sal –le preguntó Pimienta a su amigo–. Será que el sol obedeció?

–Josué fue valiente –respondió Sal–. Creo que tenía tanta fe en Dios que pidió más tiempo para la batalla.

El sábado, se apuraron para llegar primero al Club. No querían perderse ni una parte de la historia.

–Doña Beatriz, ¡cuéntenos cómo fue lo del sol! –pidió Pimienta–. ¿Obedeció el sol a Josué?

–Sí, el sol y la luna obedecieron a Josué –dijo la buena vecina–. La Biblia dice que Dios obedeció la orden de un ser humano. El sol se detuvo casi un día entero. La noche se convirtió en día, y después hubo otro día.

–¿No se habrán cansado los guerreros? –dijo Sal.

–Así como Dios hizo que el sol siguiera alumbrando toda la noche, creo que dio fuerza a los soldados –contestó doña Beatriz–. Pero Josué había caído en una trampa.

–¿Una trampa? –preguntó Pimienta–. ¿Qué trampa?

La trampa de los gabaonitas

Los gabaonitas, de la tribu de los heveos, decidieron engañar a Josué. No querían que les pase lo mismo que había pasado con la ciudad de Jericó y con Hai, otra ciudad que Josué conquistó. Algunos de ellos se pusieron ropas y sandalias viejas y gastadas, cargaron en sus bolsas pan seco y hecho pedazos, y pusieron vino en recipientes de cuero viejos y remendados.

Así le hicieron creer a Josué que eran de un país muy lejano.

Josué y el pueblo estaban acampados en Gilgal. Cuando llegaron los gabaonitas les dijeron que venían desde lejos y que querían hacer un trato con ellos para que los dejaran vivir en paz.

Josué les hizo preguntas; pero se olvidó de lo más importante. Él hizo un pacto con los gabaonitas y prometió dejarlos vivir en paz; ¡sin consultar a Dios! Josué y los líderes de los israelitas cayeron en la trampa. Hicieron un acuerdo, sin preguntar al Señor si esos hombres hablaban la verdad.

¡Ese fue un gran error!

Josué descubre el engaño

Pasaron tres días. Entonces los israelitas descubrieron que los gabaonitas eran sus vecinos. Pero no pudieron hacerles daño, porque habían prometido que los dejarían vivir en paz.

–¿Por qué nos engañaron? –les preguntó Josué–. Ahora serán nuestros esclavos. De ahora en adelante cortarán leña y acarrearán agua para el altar de Dios.

–Mentimos, porque teníamos miedo de perder la vida –respondieron–. Estamos en sus manos.

Así, los gabaonitas fueron siervos de los israelitas.

Josué defiende a Gabaón

Un día, cinco reyes amorreos rodearon la ciudad de Gabaón y la atacaron. Inmediatamente los gabaonitas enviaron a pedir a Josué que los ayudara. Por eso, Josué salió con todo su ejército para defenderlos.

Dios le dijo que vaya sin miedo, porque les daría la victoria. Toda la noche Josué y sus tropas marcharon hacia Gabaón, y atacaron por sorpresa a los amorreos.

Dios hizo caer sobre el enemigo grandes piedras de granizo. Fue entonces que Josué oró a Dios y declaró al sol que se detenga. ¡Y el sol se detuvo!

El sol se quedó quieto en medio del cielo; casi por un día entero no se ocultó. Nunca más ha habido un día tan largo como ése. ¡Dios peleaba por los israelitas!

Lectura de la Ley en el monte Ebal

El siervo de Dios Moisés le había dado instrucciones a Josué. Al llegar a la Tierra Prometida debía levantar en el monte Ebal un altar a Dios. Las piedras debían ser enteras; piedras que nadie haya cortado.

Josué levantó el altar y allí ofrecieron ofrendas al Señor su Dios. Después Josué grabó sobre esas piedras la Ley que Dios había dado por medio de Moisés.

¿Qué le había dicho Dios a Josué al comisionarlo para que sea el sucesor de Moisés?

«Nunca dejes de leer el libro de la Ley; estúdialo de día y de noche, y ponlo en práctica.»

Junto al altar en Ebal, Josué leyó en voz alta todo lo escrito en el libro de la Ley. Escuchaban la lectura hombres, mujeres y niños; también los extranjeros.

Josué fue un líder valiente y obediente. No solamente leía y estudiaba el libro de la Ley sino que lo ponía en práctica. Su vida era un perfume fragante que daba honra y gloria al Señor.

MIS PERLITAS

En Mis Perlitas están todas las ayudas para esta historia.

 

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