José, un hermano perdonador

Imagina que eres un muchacho bueno y respetuoso, el favorito de tu padre. Tus hermanos te odian y te tienen envidia. ¿Por qué? Porque tu padre te trata de forma especial. Un día te venden como esclavo.

¿Cómo te sentirías? ¿Perdonarías a tus hermanos?

Hay un muchacho a quien le pasó estas cosas. Su nombre es José, hijo de Jacob. Tenía diez hermanos mayores y un hermano menor. Su hermana era Dina.

José era el favorito de su padre. Jacob le regaló una hermosa túnica de colores que mandó hacer para el. Sus hermanos le tenían envidia y lo odiaban.

Los sueños de José

José tuvo sueños que parecían ambiciosos. Una noche soñó que estaba con sus hermanos en el campo haciendo manojos de trigo. De pronto el manojo de José se levantó y quedó derecho, mientras que los manojos de sus hermanos lo rodeaban y le hacían reverencias.

–¿Qué piensas? –le dijeron–. ¿Crees que vas a gobernar sobre nosotros? ¿Nos vamos a inclinar ante ti?

En otro sueño, José vio que el sol, la luna y once estrellas le hacían reverencias. Cuando les contó el sueño a su padre y a sus hermanos, su padre lo reprendió, y dijo:

–¿Qué sueño es ese? ¿Acaso crees que tu madre, tus hermanos y yo vendremos a hacerte reverencias?

Después de esto más odio y envidia le tuvieron sus hermanos; tanto era su desprecio que ni siquiera lo saludaban.

Vendido como esclavo

José tenía diecisiete años. Sus hermanos mayores eran pastores de ovejas. Cuando estaban lejos de casa con el ganado, Jacob mandó a José para que fuera a ver cómo estaban. Ellos aprovecharon para venderlo como esclavo a unos comerciantes que iban para Egipto, un país lejano.

En Egipto hablaban otro idioma, tenían otras costumbres, la comida era diferente, y habían muchos dioses falsos. José llegó a ser esclavo de un oficial llamado Potifar.

José aprendió el idioma y las costumbres de Egipto. Se acostumbró a la nueva comida; pero no empezó a servir a los dioses de Egipto. Siguió fiel al Dios de su padre Jacob, de su abuelo Isaac y de su bisabuelo Abraham. Él es el Dios único y verdadero.

Dios no abandonó a José; siempre estaba con él. Lo bendijo tanto que su amo lo puso a cargo de toda su casa.

Todo iba muy bien. Potifar, el amo de José, no tenía que preocuparse de nada, porque José atendía todos sus asuntos.

Pero había un problema; la esposa de su amo lo acosaba. A ella le molestó que José no le hacía caso, y lo acusó con su esposo, diciendo mentiras. Potifar lo puso en la cárcel.

¿Cómo crees que se sintió José al ser encarcelado injustamente? ¿Se habrá sentido solo y abandonado?

Lo trataron mal; pero Dios estaba con él. Cuando el jefe de la cárcel vio el buen comportamiento de José, lo puso como encargado principal de los prisioneros.

José interpreta sueños

El copero y el panadero del rey también habían sido encarcelados. Una noche tuvieron sueños extraños. ¿Cuál sería su significado? Dios dio sabiduría a José para que los interpretara. Los sueños se cumplieron exactamente como José les dijo.

Pasó el tiempo, y el propio faraón tuvo unos sueños extraños que no podía entender. Sus sabios y adivinos intentaron interpretarlos; pero no pudieron. Entonces el copero se acordó de José, y le contó al rey acerca del prisionero que interpretaba sueños.

Inmediatamente, el faraón mandó llamar a José. Dios le dio sabiduría e interpretó el sueño del rey. Vendrían siete años de abundantes cosechas y luego siete años de hambre.

José aconsejó al rey sobre qué hacer para que Egipto no sufra en los años de hambre que llegarían. Esto agradó tanto al rey, que lo nombró gobernador. Puso en su mano el anillo oficial.

Perdón para los hermanos

¿Recuerdas los manojos de trigo en el sueño de José? ¿Esos manojos que se inclinaban ante el manojo de José? Ahora todo Egipto le hacía reverencias. El rey ordenó que la gente gritara: «¡Inclínense!» cuando José pasaba en su carro.

José administró las cosechas en los años de abundancia. Cuando vinieron los tiempos de hambre en todo el mundo, en Egipto había alimentos. Jacob mandó a sus hijos a que fueran a comprar comida, sin saber que su propio hijo era el gobernador.

¿Qué pasó cuando llegaron los hermanos de José? Él los reconoció de inmediato; pero ellos no lo reconocieron. José los trató un poco duro y les hizo algunas pruebas para ver si habían cambiado. ¿Estaban arrepentidos?

Ahora los hermanos que lo vendieron por envidia le hicieron reverencias. Al fin, José no pudo más. En medio de llantos les confesó: «¡Soy José!» ¡Qué sorpresa para ellos! José los abrazó y los perdonó.

¿Crees que fue fácil? No es fácil perdonar cuando alguien nos hace daño. Los hermanos de José habían sido malos con él. Pero Dios ayudó a José a perdonarlos.

Dios quiere ayudarte a ti también a ser un perdonador.

MIS PERLITAS

En MIS PERLITAS hay muchas ayudas para esta historia.

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