Sean de buen corazón

El frasco de amor. La gran pregunta era a quién se lo darían. Estrella había sugerido al amiguito Samuel, el niño huérfano que ha perdido a sus padres en un accidente y que ahora vive con sus tíos.

Doña Beatriz hizo una lista en la pizarra de las sugerencias de los niños. Casi todos eran nombres de familiares y vecinos.

 

Pepita tenía preocupación por la vecina Damaris, que vive sola y se alegra mucho cuando alguien la visita.

–Sugiero que le demos el frasco a la abuelita Damaris.

A mí me gustaría recibir ese dinero, pensaba Pimienta. Necesito zapatos. No me gusta venir al Club con sandalias.

–Mis padres me hacen venir al Club con sandalias –dijo nuestro amiguito–. Los zapatos son para ir a la escuela. Doña Beatriz, ¿puede poner mi nombre en la lista? Quisiera tener zapatos como los de Sal.

Todos votan por Samuel

Doña Beatriz podía entender que Pimienta quería tener zapatos como los de Sal, y puso su nombre en la lista.

Después de las sugerencias doña Beatriz puso los nombres a votación. Comenzaron con Samuel. Todos levantaron la mano, menos Pimienta. Pero cuando él vio que todos habían levantado la mano, no quiso ser el único que no votara por Samuel. Así que también lo hizo.

Al ver las manos levantadas de sus amigos del Club, Samuel sintió tanta emoción y alegría que le salieron lágrimas en los ojos. Ellos realmente lo amaban.

¿Habrá suficiente dinero para comprar mi uniforme? se preguntaba Samuel. ¿O tal vez algunos útiles escolares?

Entonces vio la carita triste de Pimienta. Sintió compasión por él. Quizás el dinero alcanzaría para comprarle zapatos. ¿Le daría el frasco a su amigo? Pimienta quería venir al Club con zapatos y no sandalias.

La compasión de Samuel

Como Sal era el amigo que había invitado a Samuel al Club, doña Beatriz decidió que él le entregaría el frasco con las monedas. Sal se sintió muy feliz al darle el «frasco de amor» a su nuevo amigo.

–Quiero que le pases el frasco a Pimienta –dijo Samuel–. Él quiere venir al Club con zapatos.

–Esto es para ti –dijo Sal–. Eres un niño compasivo y de buen corazón. Pero todos queremos que sea para ti.

Entonces Samuel recibió el «frasco de amor» con una gran sonrisa de agradecimiento.

Al ver la alegría de Samuel los niños se sintieron motivados a llenar un segundo frasco con monedas.

¡Ojalá esta vez sea para mis zapatos! pensaba Pimienta.

Una sorpresa para Pimienta

Pimienta no tuvo que esperar hasta que llenaran otro frasco con monedas. Doña Beatriz sintió compasión por él. Félix, el niño conocido como Pimienta, era muy especial para ella. La verdad es que le había robado el corazón. Decidió sorprender a Pimienta con lo que él más deseaba.

Doña Beatriz fue a la zapatería. El dueño era muy amable y le ayudó a escoger unos zapatos bonitos. Calcularon más o menos la talla, y él prometió que si le quedaban chicos, Pimienta podía venir a cambiarlos por la talla correcta.

¿Crees que doña Beatriz se sintió emocionada al ir a la casa de Pimienta? Sí; pero a la vez pensaba que ahora todos los niños querrían que les compre zapatos. Pero Pimienta era el único que venía al Club con sandalias.

No hay nada malo en tener sandalias; pero cuando hace frío los zapatos abrigan los pies. Aunque donde hace calor todos usan saldalias.

Pimienta saltó de alegría cuando vio a la buena vecina Beatriz y el regalo que le traía.

–¡Zapatos! –gritó Pimienta–. ¡Ahora tengo zapatos como los de Sal! Puedo ir al Club con zapatos. ¡Muchas gracias!

–Dios te ama mucho, Pimientita. Él vio el deseo de tu corazón, y puso en mi corazón el deseo de ayudarte.

–La quiero mucho, doña Beatriz –dijo Pimienta, y le dio un fuerte abrazo.

El próximo «frasco de amor» será para la abuelita Damaris, pensó Pimienta. Y decidió ayudar a reunir muchas monedas.

El siguiente día del Club Pimienta fue con zapatos nuevos y monedas en la mano. ¡Él también quería ser compasivo!

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