Rut, la nuera bondadosa

Los niños del Club hacían brillar su luz, como dijo Jesús que hagamos. La gente en el vecindario los veía haciendo trabajos para llenar con monedas el frasco de amor.

Cuando el frasco estaba lleno, doña Beatriz preguntó a quién lo darían. Estrella sugirió al amiguito Samuel.

–Samuel no tiene papá ni mamá para que le compren sus cosas –dijo Estrella–. Nosotros podemos ayudarle.

Samuel es huérfano. Sus padres han muerto en un accidente y ahora vive con sus tíos. ¡Cómo extraña a sus padres! También echa de menos a sus amigos que ha tenido que dejar al venir a vivir con sus tíos.

Cuando Estrella sugirió que le dieran el frasco con las monedas, Samuel sintió algo muy especial en su corazón. Sus nuevos amigos realmente lo amaban.

Doña Beatriz dijo que lo pensaran y dieran otras sugerencias. Luego les les contó la historia de Rut y Noemí. Ellas hubieran comprendido a Samuel porque también habían perdido a seres amados y habían ido a vivir en otro lugar.

La familia de Noemí

Elimelec y Noemí, y sus hijos Mahlón y Quelión, vivían en Belén de Judá. Belén quiere decir «casa de pan», pero no había allí mucho pan. En toda la tierra de Judá había hambre, por no haber buenas cosechas.

Elimelec decidió llevar a su familia a un lugar donde había pan en abundancia. Fueron a vivir en Moab. Pero allí la gente no adoraba a nuestro Dios sino a dioses falsos.

En la tierra de Moab, Noemí tuvo una experiencia muy triste. Murió su esposo Elimelec y ella quedó sola con sus hijos. ¡Noemí, Mahlón y Quelión quedaron sin el padre de familia en una tierra extraña!

Mahlón y Quelión se casaron con mujeres de Moab, con Rut y Orfa. Pero al tiempo, ellos también enfermaron y murieron. Noemí seguramente se sintió muy sola.

Noemí vuelve a Belén

Después de un tiempo Noemí decidió volver a su tierra. Empacó sus cosas, cerró la puerta de su casa, y empezó a caminar. Iba acompañada de sus dos nueras, Rut y Orfa.

Noemí les dijo que regresen a su casa y que vuelvan a casarse. Orfa decidió hacerlo; pero Rut no quiso abandonar a su suegra. Era bondosa y no quería dejar sola a Noemí.

«Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios mi Dios», dijo Rut.

(Lee en Rut 1:16,17 todas las lindas palabras de Rut.)

Un hermoso día de otoño, cuando estaba comenzando la cosecha de cebada, Noemí y Rut llegaron a Belén. Todos los que la recordaban se admiraron de verla.

De inmediato Rut se puso a trabajar. Fue a espigar cebada en los campos de Booz, un pariente de Elimelec. Él era un hombre bueno y dejó que Rut trabajara con sus segadores.

«¡Que Dios te lo pague! ¡Que el Señor Dios de Israel te premie!» le dijo Booz.

La costumbre en Israel era que los segadores no recogían espigas hasta los últimos rincones, sino que dejaban algo para los pobres y los extranjeros; por eso, Rut fue a trabajar. Cada noche volvía a casa con cebada para ella y Noemí.

Rut, un tesoro para Noemí

Al poco tiempo, Dios premió a la bondadosa Rut. Booz, que la había dejado trabajar en su campo, decidió casarse con ella. Rut y Noemí ya no tendrían que vivir solas. ¡Qué día feliz!

Otro día feliz fue cuando Booz y Rut tuvieron su primer bebé. Era un lindo varoncito, a quien nombraron Obed.

¿Sabes? Obed fue el abuelo del rey David. Booz y Rut fueron sus bisabuelos. Dios realmente los premió.

Las mujeres de Belén decían a Noemí: «¡Qué feliz eres por tener una nuera tan cariñosa como Rut! Ella te vale más que siete hijos.» ¡La bondadosa Rut era un tesoro para Noemí!

Seamos bondadosos

Rut nos enseña a ser buenos con las personas mayores. Realmente, con todos. Sé bueno con los niños de tu edad y también con los que son menores. Respeta a las personas mayores, y pórtate muy bien con los ancianos.

–Estrella ha sugerido que seamos buenos con Samuel –dijo doña Beatriz–. Él necesita un nuevo uniforme para la escuela y útiles escolares.

La buena vecina dijo a los niños que sigan pensando en quién recibiría el dinero que habían juntado. Mientras tanto, podían empezar a llenar un segundo «frasco de amor».

 

¿A quién le darías tú el frasco de amor?

La próxima semana los niños del Club lo decidirán. ¿A quién se lo darán?

 

 

MIS PERLITAS

En Mis Perlitas está todo el material que acompaña a esta historia.

 

Bienvenido a leer el boletín de este mes:

Boletin Febrero 2019 Amor

El jardín del amor

Después de escuchar la historia de María y el perfume que derramó sobre los pies de Jesús, Pepita no podía dejar de pensar en ese regalo extraordinario.

Cada semana Pepita recibe una propina de 10 pesos para gastar en lo que quiere. ¿Estaría dispuesta a ahorrar ese dinero y regalar más de 500 pesos después de un año? Eso significaba que pasaría todo el año sin comprar caramelos y otras cositas que le gustan.

Pepita conversó de esto con su amiga Estrella. En la reunión del Club habló con doña Beatriz acerca de su idea.

Pimienta no recibe propinas. Al oír lo que dijo Pepita se puso pensativo. ¿Qué haría si tuviera dinero?

–Yo no podría regalar 500 pesos –dijo nuestro amiguito.

Un año sin caramelos

Pepita no podía dejar de pensar en la idea de ahorrar sus propinas. Decidió que por lo menos guardaría algo cada semana. En un papel dibujó un corazón rojo y escribió: «Regalo de amor»; luego tomó un frasco con tapa y pegó ese papel en el frasco. Decidió que se esforzaría todo lo posible para poner cada semana algunas monedas en el frasco; pero ¿dejar de comer caramelos? Iba a ser difícil.

Una de las primas de Pepita había dejado de comer caramelos y chocolates todo un año. Su papá le dio 100 pesos como recompensa. ¿Cómo sería si ella hiciera un trato con su papá? Si dejaba de gastar sus propinas en caramelos y reunía 500 pesos en un año, y si su papá le daba 100 pesos, ¡Pepita tendría 600 pesos para regalar!

Tengo que preguntarle a Papá si haría un trato conmigo, pensó Pepita. Pero ¿estaba ella dispuesta a ahorrar?

–Estrella, ¿qué me aconsejas? –le preguntó a su amiga.

–Yo digo que hagas un regalo de amor. Te voy a ayudar a juntar pesos; más pesos, ¡muchos pesos! –le prometió Estrella, y le dio un abrazo y un beso en la mejilla.

¿Crees que Pepita lo va a hacer? ¿Lo harías tú?

El jardín sorpresa

En la reunión del Club doña Beatriz tenía una sorpresa para los niños. El árbol del amor ahora estaba en un jardín; un jardín donde había mucho lugar vacío.

Como título doña Beatriz había puesto: «Jardín de la bondad».

–Aquí vamos a armar un hermoso jardín –dijo la buena vecina–. Por cada acto de bondad pondremos alguna cosa en el jardín; puede ser una flor, una mariposa o una abejita.

–Pepita va a juntar sus propinas para regalar –dijo Estrella.

–Quiero ser como María que regaló su costoso perfume –dijo Pepita–. Voy a ahorrar para ver cuánto puedo juntar en un año. Tengo un frasco en que voy a poner el dinero.

Pepita les contó a todos su idea. A doña Beatriz le gustó tanto que sugirió a los niños que hicieran lo mismo.

–¿Qué les parece si todos juntamos dinero por tres meses? Sería nuestro proyecto de amor. Luego podemos hacer un regalo, tal vez a una familia que necesita ayuda.

Los niños se entusiasmaron. Iban a juntar dinero, iban a armar el jardín, e iban a hacer un regalo.

–Nuestro Club Tesoros será el «club de los niños buenos» –dijo doña Beatriz–. Con nuestros actos de bondad vamos a honrar a Dios. Escuchen lo que dijo Jesús.

Doña Beatriz les leyó Mateo 5:16. Luego, palabra por palabra, los niños repitieron este versículo:

Un regalo, ¿para quién?

Los niños estaban felices con sus nuevos proyectos. Hicieron trabajos en el vecindario para poner dinero en el frasco de amor. Así le decían al frasco en que ponían sus monedas. Y cada vez que ayudaban a alguien pegaban una figura en el jardín, que se veía cada vez más bonito.

Pronto en el jardín había muchas flores y el frasco estaba lleno de monedas. Doña Beatriz preguntó a quién lo darían.

–¿Por qué no le damos el frasco a Samuel? –dijo Estrella.

–¿Por qué a Samuel? –preguntó Pimienta. En su corazón dijo: ¿Por qué no a mí? Mis padres no me dan propina.

–Samuel no tiene papá ni mamá para que le compren sus cosas –dijo Estrella y fue a darle un abrazo a Samuel.

Doña Beatriz dijo que la próxima semana lo decidirían.

¿Qué piensas? ¿Crees que le darán el dinero a Samuel?

 

MIS PERLITAS

En Mis Perlitas están todos los componentes de esta historia.

 

 

Todos los materiales para el

ABC de Fragancia están en:

hermanamargarita.com

 

¡Bendiciones!

Dios te ayude a ser bueno.

El regalo de amor de María

Sal, Pimienta y Samuel andaban por el vecindario abrazando árboles. ¿Qué? ¿Por qué abrazaban árboles? Desde que habían investigado acerca de árboles, y aprendieron que algunos llegan a tener más de cinco mil años, se divertían adivinando la edad de los árboles en el vecindario. Entre los tres formaban una ronda alrededor un árbol, y a veces llamaban a otros niños para formar esa ronda.

–Yo soy un árbol de amor –decía Pimienta–. Tengo raíces profundas.

Doña Beatriz les había enseñado que para ser fuertes como los árboles que crecen por miles de años, necesitaban raíces profundas.

–Raíces profundas, fundamento firme –cantaba Sal, con una melodía alegre–. Las enseñanzas de Jesús me dan esas raíces.

–Raíces profundas, árbol de amor –cantaba Pimienta.

Samuel, el niño huérfano que había venido a vivir con sus tíos después de la muerte de sus padres, cantaba con Sal y Pimienta. Cuando doña Beatriz los miraba desde su ventana, se alegraba porque estaban aprendiendo lo que les enseñaba.

Regalo de amor

El AMOR es una de las virtudes en el árbol del amor. Cuando los niños llegaron a la reunión del Club había muchos regalos al pie del árbol que doña Beatriz había fijado en la pared.

Regalos. ¿Para quién eran los regalos? Para todos, y para una actividad de adivinanza.

–Abran los regalos –dijo la buena vecina.

En cada regalo había un corazón con una letra. El propósito era que formaran palabras con esas letras.

También había chocolates y caramelos. ¡Qué rico, verdad?

Fue divertido, como un rompecabezas. Pepita, Sal y otros dos niños formaron la palabra amor. Samuel y Estrella formaron de. Doña Beatriz tuvo que ayudar a los demás a formar la otra palabra, que era regalo. «Regalo de amor» leyeron los niños.

regalos con corazones 4a

–Hoy les voy a contar de alguien que recibió un regalo muy especial –dijo doña Beatriz–, algo fuera de lo común. Ya verán quién dio ese regalo y a quién lo dio. Fue un regalo de amor.

María y Marta

Volvamos atrás dos mil años. Imaginemos que vamos de visita al país de Israel. Llegamos a Jerusalén, la ciudad capital. De allí queda cerca el pueblo de Betania.

En Betania visitamos a María y Marta, dos hermanas que amaban a Jesús y hacían todo para mostrarle su amor.

Marta era una experta ama de casa. Ella mostró su amor a Jesús con hospitalidad. Cantaba alegremente en la cocina mientras preparaba una exquisita cena para Jesús y sus discípulos. María estaba sentada a los pies de Jesús, escuchando.

Marta dejó de cantar y miró alrededor. ¿Dónde estaba María? ¿Por qué no le ayudaba en la cocina? La vio sentada a los pies de Jesús escuchando su enseñanza. ¿Cómo era posible que María la deje sola en la cocina?

–Maestro, ¿no te importa que María me haya dejado sola con todo el trabajo? –se quejó Marta–. Dile que me ayude.

Jesús miró de una hermana a otra. Ambas lo amaban; ambas querían hacer todo por demostrarle su amor.

Pero sólo una de ellas había escogido lo mejor, sentarse a sus pies.

Con mirada tierna Jesús respondió:

–Marta, Marta, estás preocupada con muchas cosas. María ha escogido la buena parte y no se la voy a quitar.

Un regalo fragante

¿Crees que María era perezosa, que por eso no ayudaba a su hermana? Al contrario, María debe haber sido una mujer muy laboriosa. Ya verás por qué.

María tenía un tesoro, un frasco de alabastro, con un perfume costoso de nardo puro, valorado en 300 denarios. Su precio representaba el salario de todo un año. Seguramente trabajó mucho para conseguir ese perfume.

¿Qué hizo María con su tesoro, con el perfume? Antes de que Jesús muriera en la cruz hicieron en Betania una cena para Él. Allí María le ofreció su tesoro. ¿Cómo?

María hizo algo que sorprendió a todos los que lo vieron. Derramó el perfume sobre los pies de Jesús; después le secó los pies con sus cabellos. ¡Y la casa se llenó con la fragancia del perfume!

Cuando Jesús visitó el hogar en Betania, María escogió la buena parte; se sentó a los pies de Jesús para escuchar sus palabras. Ahora María derramó su tesoro a los pies de Jesús.

¡Qué regalo extraordinario! ¿Obsequiarías algo que te hubiera costado todo un año de trabajo? Todos en la casa sintieron la fragancia del tesoro que María regaló a Jesús.

Tu vida puede ser un regalo fragante. María regaló su tesoro para mostrar su amor a Jesús. Marta fue hospitalaria.

¿Qué podrías hacer tú para mostrar tu amor a Jesús?

MIS PERLITAS

En Mis Perlitas están todos los materiales para esta historia.

El árbol del amor

Pimienta quería saber sobre los cromosomas. Entonces doña Beatriz lo puso de investigador. Le dijo que vaya a la biblioteca y busque información sobre el cuerpo humano. Toda la semana estuvo hablando de cromosomas.

Sal le ayudó a investigar. Como el hermano mayor de Sal tiene computadora, ayudó a Sal y Pimienta a buscar información en internet.

En la próxima reunión del Club, Pimienta trajo una sencilla explicación, que había escrito en una hoja de papel.

–El cuerpo humano está compuesto de muchas células –leyó Pimienta en su papel–. Cada célula tiene sus características. Hay cromosomas, en forma de X, que definen nuestros rasgos físicos y si seremos hombre o mujer. Cromosoma es un palabra que proviene del griego. Cromo significa “color” y soma significa “cuerpo”.

»Tenemos 46 cromosomas; pero las personas como Estrella, diagnosticadas con Síndrome de Down, tienen 47 cromosomas. Sus rasgos físicos y su capacidad mental son un poco diferentes. Pero son personas alegres y amorosas.

–Estrella es la persona más linda que conozco –dijo Pepita.

–Papá dice que tengo el cromosoma del amor –dijo Estrella.

–Nos encanta tenerte en el Club –aseguró la buena vecina–. Eres una niña muy buena y amorosa.

El «investigador» Pimienta

Luego volvió la mirada hacia Pimienta y dijo:

–Muchas gracias, Pimienta. Has hecho tan buen trabajo que puedes ser el investigador de nuestro Club.
Pimienta se dio unas palmadas en el pecho y levantó sus dos pulgares para indicar que se sentía contento de sí mismo.

–Yo también quiero investigar –dijo Samuel, el niño huérfano.

–Todos pueden ser mis investigadores –prosiguió doña Beatriz–. En efecto, quiero que investiguen acerca de árboles. ¿Cuántos años creen que tiene el árbol más viejo?

Los niños adivinaron. Algunos pensaban que tendría 10 años, ó 50, ó 100. Alguien hasta dijo 1.000 años.

–¿Cómo un árbol puede ser de mil años? –observó Estrella.

–Eso es lo que vamos a descubrir –respondió doña Beatriz–. Vayan a la biblioteca y busquen libros sobre árboles. O pidan a alguien que tiene computadora que les ayude a buscar en internet. Pongan “árboles viejos” en el buscador.

Para Pimienta fue otra semana muy interesante. Él nunca se había dado cuenta de cuánto le gustaba investigar.

–Cuando seas grande puedes ser detective –le dijo Sal.

–Detective. Sí, eso voy a ser. ¡Detective! –dijo Pimienta.

A la próxima reunión del Club Pimienta llegó bien preparado. Había descubierto que hay un árbol de más de 5.000 años.

El árbol más viejo

–¡Cinco mil años! –exclamó Pepita–. ¿Cómo es posible?

–La ubicación es secreta –informó Pimienta–. Pero se sabe que está en California en los Estados Unidos. Allí hay muchos árboles de miles de años.

–A un árbol de casi cinco mil años le han puesto un nombre bíblico –dijo Sal–. Su ubicación también es secreta. Si va mucha gente a ver el árbol pueden destruirlo.

–¿Cómo se llama? –preguntó Estrella.

–Como el hombre más viejo de la Biblia –le respondió Sal.

¿Sabes tú cómo se llama? Búscalo en Génesis 5:27.

–Esto es otra cosa para investigar –dijo doña Beatriz–. Lo dejaremos para Pimienta, nuestro investigador. Pero ahora hablaremos de un árbol especial, el árbol del amor.

–¿Dónde está ese árbol? –preguntó Estrella–. ¿En California?

–No, niña linda. ¡Aquí está! –dijo doña Beatriz, y sacó un papel grande que fijó en la pared. En el papel había un árbol con muchas hojas verdes. Cada hoja tenía una palabra.

–Jesús y sus enseñanzas nos dan un cimiento firme para nuestra vida. Para que seamos fuertes como los árboles que crecen por miles de años, necesitamos raíces profundas.

–Raíces profundas, fundamento firme –dijo Sal, pensativo.

A él le gusta inventar esa clase de frases.

–¡Qué buena frase! –dijo doña Beatriz–. ¡Repitámosla!

Todos repitieron: «Raíces profundas, fundamento firme.»

–Vamos a aprender cómo es un árbol con raíces profundas, un árbol de amor. En las hojas del árbol de amor hay un abecedario de virtudes, de conductas hermosas.

Una por una los niños buscaron las palabras en el árbol: amor, bondad, compasión… así siguieron con todo el alfabeto.

Antes de terminar, Pimienta les leyó Génesis 5:27. Metusalén fue el hombre más viejo. Vivió 969 años. Así se llama un árbol que tiene 4.850 años.

Los niños recibieron una tarjeta con el árbol del amor. Toda la semana estudiarían las virtudes en las hojas de ese árbol.

MIS PERLITAS

En Mis Perlitas está todo el material para esta historia.
Encuentra allí también la tarjeta del árbol del amor.