Juntos de nuevo

Algo interesaba mucho al asno ¿Qué sería? Joel miraba asombrado. ¿Sería que… no… imposible… Pero, no era imposible. ¡El asno estaba mirando a Raquel!

La hija de Joel estaba durmiendo en la playa.

A su lado dormían un niño y un corderito. Los niños estaban tomados de la mano.

Joel no quería despertar a Raquel y al niño. Podía ver en sus caritas que estaban totalmente agotados. La caminata para cruzar el mar había sido muy larga. Raquel apretaba contra su pecho una hermosa conchita.

¿Quién será el niño? –se preguntaba Joel–. ¿También se habrá separado de sus padres?

Joel juntó sus manos. Miró al cielo y agradeció a Dios por haber salvado a su hija. Estaba muy feliz de haberla hallado con vida.

También pidió a Dios por el niño que dormía junto a Raquel. Él también necesitaba encontrar a sus padres.

Cuando Joel terminó de orar vio a un hombre y una mujer con caras muy preocupadas.

¡Qué raro! –pensó Joel–. Hoy todos están alegres. ¿Será que ellos andan buscando a su hijo? ¡Claro! ¡Así es!

Joel pensó que era una ocurrencia rara. Pero de pronto estaba convencido. El niño que dormía al lado de su hija tenía que ser el hijo de esa pareja triste.

Perdidos y encontrados

–¡Hola! ¡Vengan por acá! –gritó Joel–. ¿Es éste su hijo?

Simón y Elizabet volvieron la cabeza sorprendidos. Allí, en la playa, estaba Eleazar. Sí, ¡era Eleazar!

Elizabet se lanzó al suelo. Se arrodilló junto a Eleazar y lo llenó de besos. Nada podía impedirle.

–Nuestro pequeño, ¡al fin te encontramos!

La felicidad era completa. Todos lloraban de alegría: Joel, Simón y Elizabet.

Los niños se despertaron y miraron sorprendidos a su alrededor. ¿Qué estaba pasando? ¿Sería que el ejército del faraón los había atrapado al fin?

En eso, Eleazar vio a sus padres. Y Raquel vio a su papá. De un salto corrió hacia él y lo abrazó fuerte.

Cuando Elizabet dejó de hacerle cariños a Eleazar, le tocó el turno a Simón. Agarró a su hijo y le dio un par de vueltas y muchas palmadas en la espalda. Así hacía siempre cuando quería mostrarle a Eleazar cuánto lo quería.

«Dios es mi ayuda»

Todos se sentaron en la arena. Querían escuchar sobre las aventuras de los niños. Al principio no era fácil comprender lo que decían, porque estaban muy emocionados.

Raquel y Eleazar hablaban a la vez y era imposible para los padres de ellos entender lo que estaban diciendo. Pero eso no era lo más importante. Lo que más alegraba a todos era que una vez más estaban juntos.

Raquel mostraba orgullosa su linda conchita. Eleazar levantó al corderito. Joel miró muy satisfecho a Eleazar.

–Eres un muchacho valiente –le dijo–. Gracias por haber cuidado a mi hija. Sin tu ayuda no sé cómo se hubiera salvado Raquel.

Eleazar se sintió orgulloso, pero a la vez un poco tímido.

–Todos estamos contentos –dijo Elizabet y miró con mucho amor a su hijo.

–Eleazar, ¿sabes el significado de tu nombre? –le preguntó su papá–. Significa «Dios es mi ayuda».

Eleazar quedó pensativo. No sabía que su nombre significaba algo tan hermoso. Recordó la multitud de gente, las vacas que lo habían empujado, las inmensas olas que se habían alzado como dos muros, los pescados, y también el ejército del faraón. Luego afirmó:

–Sin la ayuda de Dios no nos hubiéramos salvado.

Todos inclinaron la cabeza para agradecer a Dios por haberlos salvado de la esclavitud en Egipto. Al fin eran un pueblo libre.

¡Estaban en camino a una patria propia!

El próximo capítulo: COMIDA DEL CIELO

Mis Perlita

Dibujos, actividades, láminas, multimedia, y más… encuéntralo en Mis Perlitas.

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